HÉROES EN ACCIÓN: PROYECTO ASHENTI

Summary

📝 Agradecimientos y descargo de responsabilidad My Hero Academia / Boku no Hero Academia y todos sus personajes pertenecen a Kōhei Horikoshi, al equipo del manga y a las productoras del anime. Yo no soy dueña de la obra original, ni de los personajes, ni obtengo ningún beneficio económico con este fanfic. Este trabajo es un homenaje hecho con cariño como fan, y está escrito solo con fines de entretenimiento. Las escenas de este fanfic no siguen el orden real del anime ni del manga. La cronología, situaciones, diálogos, relaciones entre personajes y el concepto de “serie de acción dentro del mundo de MHA” son una interpretación totalmente libre y creativa. Muchas escenas son inventadas desde cero y otras están inspiradas de manera muy libre en momentos del canon. La construcción de esta historia fue realizada por mí como autora, con apoyo creativo de una IA (ChatGPT), pero todas las decisiones finales de trama, tono y desarrollo pertenecen a mí como escritora de este fanfic. Si te gusta este mundo, por favor apoya siempre al autor original consumiendo el manga, el anime y el material oficial. 💚✨

Status
Ongoing
Chapters
34
Rating
n/a
Age Rating
18+

INTRODUCCIÓN

Touya apenas había conseguido acomodarse en el sofá cuando lo oyó.

—¡LO TENGO! —el grito salió desde la otra punta del departamento, seguido del golpeteo apresurado de unas suaves pantuflas de gatito —. ¡TOUYA, LO TENGO, LO TENGO, LO TENGO!

Él parpadeó, el control remoto a medio camino de encender la televisión. Reconocía ese tono. Esa combinación peligrosa entre euforia creativa y ligera demencia productora.

Oh, no.

—…¿Qué tienes? —preguntó, por pura cortesía, sabiendo que era una trampa verbal.

Ashenti apareció en la entrada de la sala como si fuera la protagonista de un anuncio de café, pero en modo caótica. Llevaba un chongo mal hecho, lápiz sujetado entre los dientes, una libreta llena de garabatos bajo el brazo y una sudadera enorme que antes era de Touya… y que jamás había vuelto a ver en su clóset.

Sus ojos brillaban. Eso era lo realmente peligroso.

Se dejó caer a su lado en el sofá, rebotando lo suficiente como para hacerle perder el equilibrio.

—Una serie de acción —dijo, dramáticamente, sacando el lápiz de su boca para señalar el techo, como si ahí estuviera Dios, la inspiración y el presupuesto de la producción—. No solo acción. Acción, drama, política, sangre controlada para horario familiar, rating asegurado… y héroes. Muchos héroes.

Touya estrechó los ojos.

—…Ashenti.

—¿Sí, amor de mi vida, luz de mis desvelos y razón por la que aún no me tiran del edificio de la productora por loca? —sonrió con una dulzura que solo podía significar problemas.

—La última vez que dijiste “tengo una idea” terminé colgado de cables durante doce horas, en una escena de pelea que ni siquiera salió en el tráiler.

—¡Pero esa escena fue arte! —protestó, apoyando los pies en la mesita de centro y abriendo la libreta—. El público no estaba listo, eso es todo. Esta vez sí lo estarán.

Touya suspiró.

—Está bien. Suelta la bomba.

Ella se giró hacia él, sentándose de rodillas en el sofá, tan cerca que el olor a café frío y marcador permanente lo envolvió.

—Vamos a adaptar el mundo de los héroes —dijo, bajando la voz como si fuera secreto de Estado—. Héroes licenciados, villanos, agencias, todo. Pero no como caricatura, no como “mira qué bonito vuela este prota”. No. Una serie de acción. Cruda. Realista. Donde se sienta el peso de ser un héroe y no solo de ponerse un traje ajustado.

—Entonces cero trajes ajustados, qué tragedia —ironizó Touya, llevándose una mano al pecho—. La industria está llorando.

—No, no, sí hay trajes ajustados —lo apuntó con el lápiz—. El marketing necesita algo que promocionar en los posters. Pero quiero que la historia sea… más. Que veas un edificio destruido y no pienses “wow, qué cool la explosión”, sino “¿quién va a pagar eso y quién va a dormir tranquilo después?”.

Touya la miró fijamente.

—…¿Dormir tranquilo? Tú no duermes desde preproducción de tu primera película.

—Detalles —chistó ella, pasando de página—. Escucha. Estoy hablando en serio. Héroes con contratos, cláusulas absurdas, rankings, redes sociales cancelándolos por cualquier cosa. Villanos que no son solo “malos porque sí”, sino gente rota por el sistema. Y en medio de todo eso, un grupo de estudiantes entrenando para convertirse en los próximos símbolos de paz.

Touya abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir.

—Eso suena… enorme. Y caro. —Alzó una ceja—. De esas ideas por las que los inversionistas nos miran como si quisiéramos prenderles fuego al presupuesto.

—Para eso tengo a Horikoshi —respondió ella, como si mencionar al novelista lo resolviera todo—. Él sabe construir el mundo. Yo lo convierto en algo filmable. Tú… —lo escaneó con la mirada de arriba abajo, ese escaneo profesional de productora que lo hacía sentir examen de casting—, tú pones la cara bonita, el trauma y la pirotecnia emocional.

Touya se hundió un poco más en el sofá.

—¿Y qué clase de papel exacto tendría esta “cara bonita”? —preguntó con desconfianza.

Su sonrisa se amplió. Eso, para él, era una sirena de ambulancia.

—El antihéroe favorito de todos. Trágico, confundido, carismático, con issues familiares que van a hacer llorar a la mitad de la audiencia y a la otra mitad le van a recordar a su propio papá. —Se dio golpecitos en la sien con el lápiz—. Visualmente, cicatrices, fuego, mirada intensa. ¿Te suena familiar, Todoroki-san?

Touya se llevó la mano a la cara, masajeándose el puente de la nariz.

—Sabía que era sobre mí en cuanto sonreíste —murmuró—. No me gustó cómo sonreíste.

Ella se inclinó y le dio un beso rápido en la mejilla.

—Te encantan mis ideas, no mientas.

—Me encanta verte feliz. Tus ideas vienen en combo.

—Lo tomaré como un “sí, firmo donde me digas”.

Touya soltó una carcajada cansada.

—Ni siquiera has hablado con la cadena.

—Ya tengo cita con la cadena.

—¿Desde cuándo?

—Desde que mandé el pitch preliminar esta mañana.

—¿Esta mañana? —repitió Touya, incrédulo—. O sea que gritaste “¡lo tengo!” cuando ya lo tenías.

—Dramaturgia básica —alzando los hombros—. Además, necesitaba ver tu cara.

Se acomodó de nuevo junto a él, esta vez apoyando la cabeza en su hombro, mientras le mostraba los garabatos de la libreta: esquemas de agencias de héroes, flechas que conectaban palabras como “ranking”, “merchandising”, “trauma”, “explosión emocional en ep. 12”, y en el centro un título subrayado diez veces.

MY HERO ACADEMY

(“Título tentativo”, escrito en pequeñito al lado).

—¿Academy? —leyó Touya—. ¿No es muy… gringo?

—Vende —replicó ella sin pudor—. Además, la idea es que se distribuya mundialmente. Imagínate: subtítulos, doblajes, fanarts, teorías en foros, ships imposibles, gente peleando en redes por cuál héroe es mejor.

Lo miró de reojo, con una medio sonrisa.

—Y tú en medio, convertido en el nuevo crush problemático de internet.

Touya se sonrojó apenas, arrugando la nariz.

—Eso último no me interesa.

—A tu agente sí —apretó los labios para contener una risa—. Ya me mandó un correo con el asunto: “¿QUÉ NUEVA LOCURA LE ESTÁS PROPONIENDO A MI ACTOR?”.

—Es muy perceptivo.

Ashenti dejó el lápiz sobre la mesa y se giró por completo hacia él.

—Hablando en serio, Touya. —Su voz bajó un tono, más suave—. Quiero hacer algo que no sea solo “otra serie de héroes”. Quiero que la gente vea a estos personajes y sienta que podrían existir. Que cuando un héroe se quiebre en pantalla, se note que no es invencible. Que cuando un villano haga algo horrible, también puedas ver el camino que lo llevó ahí.

Pasó la punta de los dedos por las cicatrices de él, trazando líneas que conocía de memoria, pero no como productora, sino como novia.

—Y… quiero que seas tú quien cargue con esa historia en pantalla. Porque confío en lo que puedes hacer. Porque tú entiendes lo que es… —buscó la palabra—, quemarse por expectativas que no pediste.

Touya la miró en silencio un instante, con esa mezcla rara de sarcasmo, ternura y un cansancio antiguo escondido en los ojos.

—Sabes usar muy bien mis traumas como argumento de venta —dijo al final, con una media sonrisa.

—Productora del año, bebé —alzando dos dedos en señal de victoria—. Pero también tu fan número uno.

Él resopló, pero la sonrisa le llegó hasta los ojos.

—Está bien —cedió, al fin—. Haré el casting, aprenderé el guion, me colgaré de cables otra vez y fingiré que no tengo vértigo si eso significa ver tu nombre en créditos como la productora más joven que se atrevió a hacer este desastre.

—No es un desastre —lo corrigió con entusiasmo—. Es una obra maestra en construcción.

Se dejó caer de espaldas en el sofá, levantando la libreta como si estuviera brindando con una copa invisible.

—A nuestra serie de acción —proclamó.

Touya tomó el control, lo apuntó a la tele… y luego lo bajó.

—A nuestra serie de acción —repitió, dándole un golpecito en la libreta—. Y a que, cuando esto explote en popularidad, te acuerdes de este momento y admitas que tenías razón.

—Yo siempre tengo razón —respondió automática.

—Ese es el problema.

Ella rió, y en esa risa estaba todo: el vértigo del riesgo, el brillo de la ambición, el cansancio de demasiadas noches sin dormir… y esa chispa peligrosa que, cada vez que aparecía, convertía su vida tranquila en otra temporada más de caos.

Y, sin embargo, Touya pensó mientras la veía seguir garabateando, explicándole cómo quería filmar la primera escena, con lluvia, sirenas de ambulancia y un héroe sangrando en una azotea…

No lo cambiaría por nada.

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