El Nuevo Profesor
El salón de ciencias olía a desinfectante barato y papeles viejos. Jeongin se dejó caer en su asiento junto a la ventana, escuchando la voz de Hyunjin que se quejaba por el cambio de profesora.
-No puedo creer que la señorita Choi nos haya dejado -dijo Hyunjin, girando su silla hacia Jisung- ¿Y justo ahora? ¡Con lo difícil que es Biología!
-Está embarazada, Hyun. Su bebé necesita prioridad, no tus quejas -respondió Jisung con una sonrisa burlona, mientras Félix se recargaba en su brazo.
-Igual, yo solo espero que quien venga no sea un viejo amargado -murmuró Félix, cerrando su cuaderno de apuntes.
Fue entonces cuando la puerta del aula se abrió con un leve rechinido. Todos los murmullos cesaron. Jeongin alzó la vista y lo vio: un hombre joven, alto, de rostro sereno y con gafas apenas perceptibles que no ocultaban sus ojos oscuros y agudos. Vestía con sencillez, pero había algo en su postura recta, en su voz firme pero cálida, que atrajo de inmediato la atención de todo el salón.
-Buenos días. Soy Kim Seungmin, su nuevo profesor de Biología hasta que la señorita Choi pueda reincorporarse -dijo, colocando sus libros sobre el escritorio.
Un silencio incómodo se apoderó del aula mientras todos lo observaban. Jeongin sintió su corazón latir con fuerza. Seungmin no solo era joven... era increíblemente atractivo.
-¿Alguien tiene alguna pregunta antes de comenzar? -preguntó Seungmin, mirando alrededor.
Hyunjin fue el primero en levantar la mano. Su tono era travieso.
-¿Cuántos años tiene, profesor?
Seungmin sonrió con paciencia.
-Tengo 23. Estoy en el último ciclo de la universidad y este trabajo es parte de mis prácticas profesionales -explicó-. Ahora sí, abramos el libro en la página 122. Hoy hablaremos sobre el sistema reproductivo.
Una risa ahogada recorrió el salón.
Jeongin se hundió un poco en su asiento, sintiendo el calor subirle al rostro. La simple idea de hablar del cuerpo humano con el profesor Seungmin guiando la clase le provocaba un nerviosismo extraño... y una emoción que no quería admitir. Mientras tomaba apuntes, sus ojos se desviaban una y otra vez al profesor. Cada vez que Seungmin giraba hacia la pizarra, Jeongin lo miraba sin disimulo.
Y no era el único. Hyunjin, Jisung y Félix también lo hacían. Pero había una diferencia: ellos solo lo veían como "el profesor joven". Jeongin, en cambio, sentía cómo su pecho se agitaba cada vez que Seungmin caminaba cerca de su mesa.
El primer mes pasó más rápido de lo esperado. Las clases de Biología se volvieron el momento favorito de muchos. Seungmin era estricto, pero justo. No toleraba la indisciplina, pero tampoco se mostraba cruel. Siempre estaba dispuesto a resolver dudas y su manera de explicar hacía que incluso los temas más complicados parecieran simples.
Sin embargo, Jeongin comenzó a comportarse diferente.
Primero, pequeños gestos. Permanecer unos minutos más después de clase, decir que tenía dudas solo para hablar con él. Luego, comentarios cargados de doble sentido, miradas que duraban más de lo necesario. Sonrisas sugerentes que Seungmin intentaba ignorar, aunque cada vez le resultaba más difícil.
En el fondo, sabía que aquello era peligroso. No solo por el puesto que ocupaba, sino por lo joven que era Jeongin. Técnicamente, todavía era un estudiante. Y aunque le faltaban pocos meses para graduarse, la barrera ética seguía estando ahí, firme como una muralla.
Un viernes, mientras corregía trabajos al final de la jornada, Seungmin escuchó unos nudillos golpeando la puerta del aula.
-¿Profesor?
Era Jeongin. Su uniforme estaba ligeramente desordenado, como si hubiera estado corriendo por los pasillos. Llevaba la mochila colgada de un solo hombro y el cabello despeinado.
-Jeongin. Ya terminó la jornada. ¿Ocurre algo? -preguntó Seungmin, alzando la vista.
-Olvidé mi cuaderno de biología. ¿Puedo pasar?
-Claro.
El menor entró y cerró la puerta tras de sí. Caminó hasta su pupitre, pero no recogió el cuaderno de inmediato. En lugar de eso, se acercó al escritorio del profesor, apoyándose ligeramente.
-¿Está corrigiendo tareas?
-Sí -respondió Seungmin sin levantar la mirada- Y tú deberías estar camino a casa.
Jeongin soltó una risa baja.
-¿No le molesta si me quedo un rato?
-Preferiría que no. No quiero problemas con la dirección.
-¿Problemas por qué? Solo soy un alumno que admira a su profesor -susurró Jeongin, inclinándose un poco más sobre la mesa.
Esa frase provocó un escalofrío en Seungmin. Finalmente alzó la vista y se encontró con esos ojos brillantes, llenos de una intención clara.
-Jeongin... no digas cosas así.
-¿Por qué no? No estoy mintiendo.
Seungmin se incorporó, serio.
-Porque esto es inapropiado. No deberías ver a tu profesor así.
-¿Y usted no me ve de ninguna forma? -preguntó Jeongin, esta vez con una voz más suave, casi vulnerable- ¿Nunca ha pensado en mí... de otra manera?
El silencio llenó el espacio por unos segundos. Jeongin bajó la mirada, sus dedos jugando con el borde de su cuaderno.
-Lo siento. Me pasé -dijo, sin atreverse a mirarlo de nuevo.
Seungmin suspiró. Caminó hasta él y colocó una mano sobre su hombro, pero enseguida la retiró, como si se quemara.
-Jeongin... eres un buen chico. Pero esto no puede pasar. No aquí. No ahora.
Jeongin asintió. Tomó su cuaderno y salió en silencio. Pero mientras se alejaba por el pasillo, en su rostro se dibujó una sonrisa tímida. No había recibido un "no". Solo un "no ahora".
Esa noche, Seungmin no pudo dormir. Su mente volvía una y otra vez a esa escena, al brillo en los ojos de Jeongin, a la voz baja y provocadora con la que le había hablado. No quería admitirlo, pero sentía algo. No era amor, al menos no todavía. Pero sí una atracción que iba creciendo, empujando los límites de su moral.
Y Jeongin... Jeongin sabía lo que hacía. Tal vez jugaba con fuego. Tal vez solo era una fantasía juvenil. Pero no parecía dispuesto a rendirse.
La semana siguiente, el ambiente entre ellos se volvió más tenso. Miradas furtivas. Comentarios entre líneas. Una vez, Jeongin dejó caer "accidentalmente" un bolígrafo al lado del escritorio de Seungmin y al agacharse para recogerlo, su cuerpo rozó brevemente la pierna del profesor. Fue solo un segundo, pero suficiente para que ambos se quedaran paralizados.
Nadie más pareció notarlo. Pero para ellos, el mundo se detuvo un instante.
Una tarde, mientras corregía los últimos exámenes antes del fin de semestre, Seungmin recibió un mensaje en su correo institucional. Era un archivo adjunto con un título simple: "Tarea de repaso Jeongin".
Lo abrió por inercia, sin sospechar nada. Pero lo que apareció no fue un documento académico.
Era una foto.
Una imagen tomada en un espejo, donde Jeongin aparecía con el uniforme desabotonado, el cuello abierto dejando al descubierto su clavícula, y una nota escrita sobre su pecho con marcador rojo: "¿Aún crees que no es el momento?"
Seungmin cerró la laptop de golpe, su corazón retumbando como un tambor en su pecho.
Y supo, con claridad desgarradora, que las cosas ya no serían iguales.