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Dicen que el infierno no es un lugar, sino una grieta en la existencia.
Un eco que no pertenece a ningรบn mundo.
Un espacio que estรก y no estรก, que existe y a la vez se disuelve, como si el universo se negara a recordarlo.
Allรญ, donde el tiempo se arrastra sin direcciรณn y las sombras no tienen dueรฑo, el vacรญo respira.
Y su aliento es fuego.
El infierno no tiene forma, pero adopta miles de rostros.
A veces parece una ciudad que nunca duerme, otras, un desierto cubierto de lamentos, o una prisiรณn que devora sus propios barrotes.
Cada pecador camina sobre su propio castigo, encerrado en un sueรฑo que se repite hasta que la cordura se vuelve ceniza.
Fue Juda, el dios de este abismo, quien decidiรณ que el sufrimiento fuera ley.
No por crueldad, sino por equilibrio.
Porque aquรญ โen este fragmento olvidado entre mundosโ el dolor es lo รบnico que mantiene el orden.
Cada grito alimenta las raรญces del infierno.
Cada lรกgrima se evapora y forma las nubes negras que giran en su cielo.
Cada alma condenada mantiene viva la frontera entre lo que existeโฆ y lo que no deberรญa existir.
Los demonios lo llaman justicia.
Los humanos lo llaman castigo.
Yoโฆ lo llamo rutina.
Dicen que Juda observa todo desde su trono hecho de columnas retorcidas, donde la sangre cae como lluvia inversa.
No habla mucho, pero cuando lo hace, el suelo tiembla y las almas en pena se arrodillan.
Es el dios que siempre sonrรญe, el arquitecto del silencio.
Su deber es hacer que cada pecador sufra lo que merece.
Pero รบltimamente, algo ha cambiado.
Los รกngeles โesas criaturas que deberรญan vivir por encima del fuegoโ han comenzado a descender.
Cruzan las fronteras del infierno como si fueran suyas, matando a algunos pecadores al azar, borrando su existencia sin motivo aparente.
Dicen que lo hacen โpor limpiezaโ.
Pero el infierno no necesita limpieza.
El infierno es la consecuencia.
Y aunque nadie lo diga en voz alta, todos lo sospechan:
Juda lo permite.
No hay explicaciones, no hay decretos. Solo silencio.
Un silencio tan profundo que duele mรกs que el grito de los torturados.
En los cรญrculos mรกs bajos, donde el aire sabe a รณxido y los rรญos de azufre no reflejan nada, se murmura otro rumor.
Uno que ni siquiera los demonios se atreven a repetir con el alma intacta:
Que Juda y Anthony, el dios del cielo, no son enemigos.
Que entre ambos no hay guerra, sino un pacto silencioso.
Una alianza que sostiene el equilibrio del sufrimiento.
Anthony โorgulloso, intocable, cegado por su propio resplandorโ observa desde las alturas como si la existencia fuera un espejo en el que solo รฉl puede mirarse.
Su luz no calienta.
Su justicia no perdona.
Y aun asรญ, todos se inclinan ante su nombre, incluso aquellos que ya no recuerdan cรณmo era la esperanza.
Nunca he oido su voz, ni en sueรฑo.
Pero podrรญa ser hermosa.
Y frรญa.
Yo no recuerdo venir del infierno.
No tengo recuerdos de un cielo, ni de una vida antes del fuego.
Tal vez los tuve, pero el calor los fundiรณ con los demรกs.
Aquรญ, los nombres se deforman, los cuerpos se vuelven ecos, y los pensamientos se enredan con la condena de los otros.
El infierno no es solo fuego.
Es memoria deformada.
Es el sonido de lo que quisiste ser y nunca fuiste.
Es mirarte al reflejo y no reconocerte.
He caminado siglos en este vacรญo y todavรญa siento que apenas lleguรฉ ayer.
El tiempo no pasa aquรญ, solo sangra lentamente.
Y cada gota que cae deja una marca nueva en las paredes de mi mente.
Recuerdo cuando pensรฉ que nada podรญa sorprenderme.
Habรญa visto cรณmo los cielos se partรญan en dos, cรณmo los รกngeles descendรญan con sus lanzas y el infierno se abrรญa para recibirlos.
Habรญa visto demonios rezar y santos arder.
Nada me parecรญa nuevo.
Hasta hoy.
El aire cambiรณ.
Un olor distinto flotaba entre las ruinas.
No era azufre, ni sangre, ni miedo. Eraโฆ madera vieja, humo y vino derramado.
Lo seguรญ.
Caminรฉ por una grieta que no recordaba haber visto.
Las sombras se estiraban como si quisieran detenerme, pero el silencio las empujaba hacia atrรกs.
Y entonces lo vi.
Un edificio.
Si asรญ podรญa llamarse.
Una estructura improvisada, entre ruinas y huesos fundidos.
Tenรญa un cartel colgando torcido, iluminado por una lรกmpara que chispeaba en tonos rojos.
El cartel decรญa: โBar del Olvidoโ.
Mire con disgusto sin saber por quรฉ.
Era absurdo.
ยฟUn bar en el infierno?
Entrรฉ.
El sonido de las copas, las risas roncas, el humo flotandoโฆ
Por un momento, parecรญa otro mundo.
Habรญa demonios hablando entre sรญ, pecadores con miradas vacรญas y un pianista de piel ceniza tocando una melodรญa que sonaba a despedida eterna.
La barra estaba hecha de piedra negra.
Las botellas parecรญan contener almas lรญquidas, vibrando bajo la luz como si quisieran escapar.
Pedรญ una bebida. No sabรญa quรฉ.
El barman, un ser con ojos sin pupilas, me sirviรณ algo espeso, casi vivo.
Tenรญa el color del atardecerโฆ si el infierno tuviera atardeceres.
โยฟNuevo por aquรญ? โpreguntรณ.
Solo asentรญ.
No era necesario decir nada.
Aquรญ, todos estรกbamos muertos de alguna forma.
Mientras bebรญa, recordรฉ lo que habรญa dicho hace tiempo, cuando aรบn creรญa que el infierno era castigo.
Pero ahoraโฆ lo veo distinto.
El infierno es un espejo del alma.
Refleja tus cicatrices hasta que aprendes a amarlas o te destruyen por completo.
Y en ese proceso, te das cuenta de algo que ni el cielo ni la tierra quieren aceptar:
no hay salvaciรณn sin locura.
Tal vez por eso los รกngeles bajan a matar.
Tal vez ellos tambiรฉn buscan entenderse a sรญ mismos, ver quรฉ tan lejos pueden llegar sin romperse.
O tal vez solo cumplen รณrdenes de un dios demasiado egรณlatra para mirar lo que ha creado.
De cualquier forma, no hay diferencia.
Aquรญ, la muerte es solo un cambio de escenario.
Una carcajada estallรณ al fondo del bar.
Una criatura sin rostro apostaba sus recuerdos contra un pecador que solo tenรญa un brazo.
Ambos parecรญan felices.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentรญ algo parecido a la "paz", pero en realidad sentรญ asco.
No porque el lugar fuera agradable, sino porque me di cuenta de que, incluso aquรญ, donde todo estรก condenado, el instinto de vivir persiste.
Incluso en el abismo, la vida se las arregla para disfrazarse de rutina, de humo, de una canciรณn olvidada.
Me quedรฉ mirando el reflejo de mi bebida.
No vi mi rostro.
Solo fuego.
Y detrรกs de รฉl, un destello blancoโฆ
Quizรกs un รกngel, quizรกs una ilusiรณn.
El vacรญo volviรณ a respirar.
Y su aliento me hablรณ:
โTodo lo que existe aquรญโฆ alguna vez fue amado.โ
Suspirรฉ.
El infierno era mรกs grande de lo que imaginaba.
Un universo dentro de un cadรกver, un pensamiento que se niega a morir.
Mientras salรญa del bar, las luces parpadeaban, y el sonido del piano se apagรณ poco a poco.
El aire volviรณ a oler a azufre, y el horizonte se abriรณ como una herida.
Mire hacia arriba y cerrรฉ los ojos.
Porque al final de todoโฆ
hasta el infierno necesitaba sus rincones para olvidar.
โParece que incluso en el vasto infierno โdije, mirando la neblina ardienteโ hay lugares para divertirse.








