Salario emocional y otros cuentos

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Summary

Durante una capacitación para formadores internos de una importante empresa en la que trabajaba, los sonrientes disertantes empiezan a mostrar otras facetas que enrarecen el clima. Un pibe humilde se fractura la pierna y necesita recuperar el año escoilar. Enfrente tiene dos mounstruos: Matemática y Física...

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Prólogo

Él tiene 75 años, jubilado con la mínima, esposa también jubilada pero gana un poquito más. Tornero y herrero de toda la vida, supo rebuscárselas en carpintería metálica, en el rubro del cromado y en el de la fabricación de explosivos. Ahora hace changas de tapicería. Hombre de mil oficios se podría decir.

Trabajó desde su adolescencia y tuvo decenas de empleos, algunos en negro, en otros facturaba, uno de ellos en blanco pero del cual fue despedido luego de 15 años de servicio, sin poder cobrar un peso de indemnización gracias a la triste faena de su abogado que durmió la demanda hasta su prescripción. Sus condiciones laborales no fueron las mejores. Entre golpes de cinceles fue arruinando paulatinamente sus oídos hasta prácticamente inutilizarlos.

Pero Don Oscar duerme tranquilo por las noches. Se despierta de buen humor, se viste con una bermuda y una camisa y se apresta a desayunar en la galería de la casa de su hija, feliz. Su yerno le pide ayuda para trabajar unas maderas que requieren las uñas de un buen guitarrero y la prestancia para usar la amoladora como si fuera una tijera. Él, siempre generoso, acepta pero comenta: “Esperá que me ponga ropa para laburar, esta que tengo puesta es fina”. Ambos ríen.

Un rato más tarde nuestro hombre, munido de sus herramientas, se dispone a arrancar la tarea. Su yerno advierte que mantiene la misma vestimenta y lo indaga. Él, divertido, repregunta “¿No ves que esta es ropa de fajina, la otra era para salir, más delicada?”. Vuelven a reír.

Oscar, optimista y burlón, le pone onda a su humildad. No la disfraza de otra cosa, sólo la mira desde donde mejor se ve. Y desde ese mismo ángulo se muestra ante quienes tienen la suerte de disfrutar de un tipo que después de trabajar 60 años y percibir el haber mínimo, sabe valorar cada cosa que tiene, cada momento que vive.

¿Muy bello todo no? pero no se debe confundir esta linda anécdota con lo que Pedro Saborido expresa en su libro “Una historia del conurbano” cuando habla del peligro de romantizar la carencia. Allí nos aclara que “valorizar lo que puede surgir de la pobreza no tiene que ser un aliciente para soportarla”

Desde hace un tiempo los grandes “gurúes del capital humano” andan a sus anchas de empresa en empresa sugiriendo la idea del “Salario emocional” como el elixir de su plantel de colaboradores. Algo difícilmente tangible pero de un contenido subjetivo tan fuerte que puede edulcorar cualquier necesidad insatisfecha y toda forma de frustración, al punto de trocarlas mágicamente por sensaciones de alegría desbordante de esas que te animan a golpearte el pecho y salir a llevarte todo por delante envuelto en torbellinos de proactividad y amor corporativo. Y lo mejor es que prácticamente al mismo precio. Una ganga…

Feng shui en las oficinas, gratificaciones puntuales, algún cursito pago con viático incluido y quién sabe cuántas otras maneras de adornar una paga deficiente, componen la mayoría de las “ideas” que pululan en las coquetas salas de convenciones donde confluyen personajes de dudosa ética e imperdonable cinismo.

Por supuesto que es importante trabajar en instalaciones bien cuidadas y con ambientes agradables. Tampoco se puede ser tan tonto/a de rechazar una gratificación por una tarea bien hecha o capacitaciones relacionadas a las labores que prestan las y los trabajadores y que pueden mejorar sus habilidades. Pero una cosa es aceptar beneficios y otra muy distinta es permitir enrocar derechos adquiridos por bonificaciones a discreción. De ocurrir esto último, significaría que no hemos aprendido la lección que nos dejaron los saqueadores de América del siglo XV con sus coloridos espejos de escaso valor.

Salario emocional y otros cuentos busca destejer esa maraña de cinismo e hipocresía que ensucia numerosas situaciones de nuestras vidas. Pretende desenmascarar las golosinas que se disfrazan de pastel, destacar eso verdadero y noble que suele ser mirado de soslayo e injustamente solapado por clichés superficiales y prejuicios insanos.