;𝐃𝐢𝐬𝐩𝐚𝐫𝐚━━━

Summary

Su deseo de dejar el mundo de la mafia, al cual nunca sintio que pertenecía, se cumple. Los demás tienen que luchas contra sus propios arrepentimientos y elecciones. Tsuna esta...cansado

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

O:O1



Tsuna siempre fue manso, a causa del bullying y el acoso que sufrió. Su ineptitud para socializar y hacer amigos, era otro de sus problemas, pero eso no significaba que nunca tuviera cosas que decir al respecto.

Por supuesto que quería gritar, llorar e incluso golpear a Mochida y sus acosadores; sus sentimientos por la injusticia que sufría, eran tantos, que no sería una sorpresa que se desbordaran algún día.

Como una quemadura lenta, crecía todos los días en su corazón, herido pero nunca se rendía; aún tenía la esperanza de encontrar a las personas correctas que quisieran ser su amigo.

No tardó mucho en cumplirse su deseo, cuando su tutor reunió a un grupo de personas a su alrededor, suficientemente confiables para abrirles su corazón, que siempre llevaba en sus manos.

“Estos días han sido divertidos, jamás había tenido a personas tan cercanas que estuvieran dispuestas a escucharme” dijo con voz suave y tímida, preparándose para recibir las distintas reacciones de lo que diría a continuación “Reborn, aprecio que hayas conseguido para mi un guardián del sol y uno de la Nube; aprecio que Hayato sea mi mano derecha y que Yamamoto quiera seguir este juego de la mafia, pero, no quiero continuar haciendo esto. No seguiré el camino de un jefe mafioso, no quiero ser parte de esto. Reborn...esto no es para mi, no es mi lugar y...y lo sabes, te lo dije al principio. No quiero esto”

Tsuna se sorprendió así mismo, hablando y hablando de todas estas situaciones incómodas y desagradables que tuvo que enfrentar, solo para complacer a su tutor hasta ese momento. Fue sincero respecto a sus sentimientos, nunca quiso mentir sobre cuánto apreciaba los esfuerzos de haberle conseguidos estas amistades; pero la realidad era esa, que no importaba cuántos más guardianes Reborn pudiera conseguir, Tsunayoshi no iba a seguir este camino de mafioso.

“No se porque mencionas esto ahora. Lo que quieres y deseas, no importa, no va cambiar el hecho de que te seguiré entrenando”

Fue la primera vez que el castaño sintió como si sus palabras chocaron contra un frío muro de concreto. Aquella mirada imperturbable de su tutor, fue todo lo que necesitó para entender que, aún volviera a pedirle que no sería Jefe Vongola, Reborn no escuchaba razones.

Temió que la próxima vez, él no le respondería con esa misma tranquilidad en su voz; en su lugar, seguramente lo forzaría a más trabajos y entrenamientos extenuantes, sin palabras amables ni miradas complacientes. Si Tsuna volvía a abrir su boca, aún más, abrir su corazón, temía ser pisoteado y herido de gravedad.

Aceptó su realidad, se tragó su rechazo. Entonces no dudó en seguir las órdenes de su tutor, sólo para mantener a sus amigos cerca y luchar para que nada les pasará, en este camino que no escogió.

Los años como jefe, lo llevaron a través de muchos conflictos, guerras que atravesó gracias a la ayuda de todos sus guardianes; por supuesto sufrió heridas y terminó con uno que otro hueso roto, pero eran ‘gajes del oficio’, como diría su tutor.

Reborn conocía el dolor de sentir huesos rotos y heridas sangrantes, incluso quemaduras y cicatrices de bala, heridas que finalmente podían sanar tras una larga recuperación. Pero su corazón, que late contra su caja torácica, es más que un órgano encargado de bombear sangre. Es el eje de su vida, el centro que alberga la mayor parte de sus emociones que al mismo tiempo, lo hace tan vulnerable. Y duele, porque tiene heridas sin cerrar, heridas difíciles de medir y de ver. Sabe que guardarse tantas emociones tanto negativas como positivas, lo hace una bomba de relojería, tan inestable que sabe, algún día explotará.

“¿¡Tienes idea de lo malditamente difícil que es esforzarse por algo que no me gusta?!

¡Es desgastante! ¡Lo odio!

Cada día...cada día despierto con el pensamiento de querer desaparecer.

Huir, largarme de aquí... O simplemente morir.”

“Y no lo hago, porque amo a todos aquí y los extrañaría si me fuera...sin embargo comienzo a preguntarme si ustedes me extrañaría de la misma forma. O siquiera, si se preocupan por mí, así como yo lo hago.”

Jamás antes se había sentido tan controlado por su ira. Embravecido hasta el punto de querer golpear algo, tirar todo a su alrededor; pero sabía que este no era el momento y estas personas eran tan importantes como para lastimarlas.

En lugar de eso, su manos sangran de heridas en forma de media luna. Sus uñas se encajan en sus palmas y deja que el dolor palpite.

“Hibari-san, tú habías dicho que te sientes atado por el cielo y no podías ser libre. Pero te equivocas, soy yo quien está atrapado y…— mira a Reborn con ira acumulada — y Eres tu quien me tiene atado aquí

Soy infeliz ¿No lo ves?”

Alzó sus brazos desnudos ante ellos, mostrando su piel lechosa y pálida, por el poco tiempo que se expone al sol. Sin embargo, su piel no estaba libre de marcas, al contrario, había líneas gruesas y delgadas, todas sobrepuestas, líneas visibles de cortes sobre sus muñecas y se extendían hasta el pliegue de su brazo.

Eran cortes autoinfligidos, eran su escape y sobre todo, eran su manera de aliviar la carga pesada de su corazón.

“Si pudieras mirarte al espejo mientras me miras— ríe amargamente, bajando sus brazos— Es justo esa mirada de decepción, la que provoca un dolor más profundo y desgarrante que estos cortes.

Se suponía que apoyarias mis decisiones, pero me obligaste a algo que nunca quise y te negaste a escucharme. No me importa ser Neo Vongola primo, es lo mismo para mí.”

“Podemos...puedo arreglarlo”

De nuevo emitió esa risa amarga y cansada, frotando sus brazos con ansiedad.

“¿Arreglar que? ¿Conseguirás un nuevo jefe? No puedes, no existe nadie más que acepte el anillo”

“¿Por qué no nos dijiste antes?”

“¿Que no lo mencione? ¡Gokudera, por todos los dioses! ¡Desde que me conocen todos ustedes, he repetido hasta el cansancio que no quería ser jefe de una mafia! ” grito con un gran nudo en su garganta, apenas conteniendo las lágrimas de sus ojos. Él miró a cada uno de su familia y apartó sus ojos con desagrado “Ni siquiera sé porque les conté esto, no sirve nada, esto no va a cambiar nada...” exhaló un suspiro tembloroso, dejando escapar las primeras lágrimas de frustración.

Dándole la espalda a los chicos, se fue de ahí, antes de escuchar más de sus excusas, dejándolos quietos, en incómodo silencio durante un tiempo. Sólo miraron al moreno alejarse, jorobado del cansancio. Reborn, simplemente no se atrevió a seguir esa pequeña espalda, que había revelado muchas verdades dolorosas.

“Que...¿Qué haremos con la reunión de mañana?” se relamió los labios, entre tanto preguntaba la tormenta.

“Ustedes deben dejar todo preparado y dormir. La reunión de mañana sigue en pie” fingió toser al acomodar su corbata y salir de la habitación.

La noche pasó dolorosamente imperturbable. Ellos, en su mayoría, lograron alcanzar la inconsciencia, pero Tsunayoshi, como siempre en las últimas semanas, el sueño jamás llegaba a visitarlo.

Por más intentos que hacía cerrando sus parpados, el sueño lo abandonaba, lo que lo llevaba a estar encerrado solo con sus pensamientos, y eso era peor que una tortura.

Pensar en las palabras, recordar esas miradas de profunda decepción en los ojos de su tutor, provocaba que su pecho doliera como si lo oprimieran y no pudiera respirar.

«No te estás esforzando, por eso no salen las cosas»

«Es mediocre, debes aprender más. Estudiaras más sobre política»

«¿Te estás tomando esto en serio? Porque lo estas arruinando de nuevo»

«Estoy comenzando a pensar que estas fallando a propósito, Tsunayoshi. Deja ya las tonterías »

Por cada palabra que emergía de sus recuerdos, inconscientemente sus manos terminaron sobre su rostro y sus uñas irregulares, arañaron sin piedad cada centímetro de este. Estiró su cabello hasta que el dolor silencio los pensamientos intrusivos y los recuerdos que salían como cascada.

Fue una noche agotadora, y solo cuando despertó, fue consciente de las heridas, el dolor y la sensación de cansancio.

“Puedes hacerlo” se trató de convencer a sí mismo, mirándose frente a un espejo “Ya lo has ensayado muchas veces, con ayuda de Yuni. Lo harás bien”

Las personas que vería hoy, eran una nueva familia mafiosa, que se estableció demasiado rápido en el mercado de armamento y por la facilidad al momento de usar las herramientas, se popularizó muy rápido. Reborn le dijo que tenía que controlar a esa familia, hacer negocios, una alianza y amistad falsa, para mantenerlos vigilados y tenerlos bajo control. Y, que en dado caso que la reunión de mañana fallará, tendría que acabar con los jefes y toda esa familia entera.

Así de importante era su trabajo, pero esto no era cosa solo de la reunión de mañana, así era como funcionaban todas sus alianzas con las demás familias. Así fuera la familia de Enma o la de Byakuran, incluso la alianza con los Cavallone funcionaba así.

Si algo en algún momento dejaba de funcionar, Tsunayoshi tenía la obligación de ordenar la exterminación de dicha familia aliada.

Con el tiempo, Vongola indudablemente se hizo de grandes aliados y los negocios iban bien, pero entre más alianza existiera la presión en su trabajo aumentaba. Al punto de que tenía que gestionar cinco reuniones a la vez, diez tratados por semana y casi veinte nuevas peticiones de alianza al día.

El agotamiento y desgaste lo alcanzó con los años, su cuerpo ya no era el de un joven de 14, pero tampoco aparentaba el de uno de 25. Tsunayoshi era tan delgado, aunque no débil, pero su masa muscular podría desaparecer ya que él no iba a las misiones directamente; era el hombre detrás del escritorio, que solo salía para asesinar a sangre fría a algún otro jefe traidor.

Ha ocurrido más veces de lo que desearía, matar con un arma, que ya no puede recordar la primera vez que su rostro quedó salpicado de sangre. El miedo, el temblor que sentía al tomar el arma de fuego, había desaparecido hace mucho, al igual que sus emociones y aquel corazón amable; se convirtió en un monstruo frío y sin misericordia. Lo que dolía, era que su familia estuviera conforme con eso y que no notaran lo cansado que era.

Mañana repetirá el proceso, dentro de un par de horas en cuanto salga el sol, volverá a repetir la misma rutina. Tsunayoshi matará a alguien y su familia se encargará del resto. Podía sentirlo gracias a su hiper intuición.

Ojalá no existiera.

Y la reunión resultó tan bien como su intuición le marcó. Aquella familia desapareció del mapa, así como su mercancía, herederos, familias aliadas y aquellos compradores. Todo lo que existía de ellos, Vongola se encargó de desaparecerlo.

Por supuesto, Tsuna no estaba contento, pero su queja no iba a ser escuchada a este punto; agarró su arma, el metal se sintió caliente al contacto con su piel, aunque ya habían pasado unas horas de haberla usado. El olor a pólvora e hierro inundaba sus fosas nasales, y si no estuviera acostumbrado, él hubiera vomitada por aquel olor.

Deslizó sus hábiles dedos sobre las líneas y estructura sencilla que le daba forma a aquella arma tan letal. Pronto el metal comenzó a arder bajo sus manos, como si pudiera anticipar su dolor. Con un movimiento practicado, desactivó el seguro del arma, enredó sus dedos en el gatillo sin disparar y finalmente bajo su barbilla, colocó la boca del arma. Fue el único lugar que sintió frío al contacto con su piel.

Podía sentir su corazón martillar en sus oídos, con genuina sorpresa notó que su caja torácica subía y bajaba con rapidez. Exhalaba como si hubiera corrido una maratón.

Solo tenía que apretar el gatillo y la bala se clavaría en su cabeza, lo mataría al instante. Ese boton tan pequeño y ligero, estaba a su alcance, además, la puerta de su habitación estaba cerrada, nadie a su alrededor podia detener su suicidio y solo vendrían una vez que escucharan el sonido del disparo.

Esta era su oportunidad, la única salida.

Se obligó a relajar sus músculos, comenzando a inhalar y exhalar lentamente para estabilizar su respiración, para que sus hombros dejaran de temblar y sus manos tomarán firmemente el arma que seguía bajo su mentón. Si esta era su oportunidad, si iba a morir de esa manera, no podía permitirse fallar la bala y terminar herido en lugar de muerto.

Cerró sus ojos miel, mientras podía sentir la calma envolviendo sus sentidos. Sus músculos finalmente se relajaron, ya no le dolía respirar.

Aunque su mente lo amenazó con traer a la memoria aquellos lejanos recuerdos en los que se sentía especial para su familia. Aquellas pocas ocasiones en las que sintió que lo escuchaban y hacía caso a sus palabras.

Sin embargo, nada de eso le servía como mecanismo para arrepentirse de lo que iba a hacer.

Tsunayoshi estaba cansado de luchar solo, hartó de que su voz no fuera escuchada; angustiado por llevar una pesada carga como jefe, de una causa que odiaba.

Haberlo obligado a ser jefe de todo esto//, de esta mafia absurda, fue peor que algún entrenamiento de Reborn, algo aun más horrible que alguna tortura.

Fue vivir tantos años con sus sentimientos y opiniones pisoteadas; escuchadas, pero ignoradas. Tan doloroso como una quemadura lenta y supurante, comenzando desde su pecho y extendiéndose por todo su cuerpo, y nunca extinguiéndose.

Fue como haber llevado su corazón en mano para luego ser arrebatado y ser lastimado.

“Es suficiente, estoy cansado”

Cuántas veces sus huesos no fueron rotos y sus costillas fueron aplastadas, tras una pelea brutal contra alguna familia enemiga.

Si, tal vez Byakuran, Xanxus y Mukuro al final fueron sus aliados; pero el dolor y la incertidumbre de lo próximo que vendría, eran suficientes para agotar todas sus fuerzas y recordar su deseo original.

“No quiero ser el jefe de ninguna mafia” “Nunca más”

Murmuró para nadie en particular, era un mantra para impedir que su corazón volviera a latir con prisa.

“Estoy seguro que pueden encontrar un reemplazo para mi. Mientras necesiten a Vongola de pie, nada más les va a importar”

Sus últimos sentimientos no fueron tristeza u odio. Simplemente fue alivio lo que llenó su corazón.

Su corazón herido y pisoteado dejaría de arder.

Apretó el gatillo y la oscuridad lo comió a la misma velocidad que el arma fue disparada. No hubo dolor, todo fue instantáneo.