Entre mundos

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Summary

One Shot Un chico inconforme con la monotonía de la realidad descubre una forma de huir hacia mundos imaginarios donde la vida es intensa y peligrosa. Entre hospitales, portales y aventuras imposibles, su búsqueda por vivir “de verdad” lo llevará a enfrentarse con la única frontera que nunca consideró cruzar.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cuento corto

Alguna vez quise escapar a otros mundos; la realidad me parecía tan aburrida que la idea resultaba emocionante. Dragones, magia, zombies, monstruos, enanos, elfos, alienígenas, apocalipsis… pobre de mí que creí que la vida podía ser tan colorida como siempre soñé.

Muchas veces me llamaron loco y quizá tenían razón. En mundos de fantasía mi vida no estaría segura, no tendría las comodidades que tengo ahora, pero ¡al diablo! ¿A quién le importa la seguridad? Yo buscaba algo más real, algo que hiciera correr mi sangre sin frenos.

Sí, yo buscaba vivir de verdad.

Si mi cuerpo no podía viajar a los lugares de ilusión, entonces lo haría mi mente. Me tomó tiempo pero logré que mi cuerpo se moviera en automático. Podía trabajar, estudiar y hablar con amigos mientras mi corazón viajaba a los sitios de ensueño.

La primera vez fue un accidente. Iba por la calle mientras lideraba un escuadrón por el bosque junto al hechicero Albus en busca de la reliquia sagrada. De pronto nos emboscaron los lacayos del rey. Corrimos deprisa para que no nos vieran. En medio del escape, una flecha iba a lastimar a Albus, así que me interpuse para protegerlo. ¿Cómo iba a saber que aquella flecha en realidad era una motocicleta?

Cuando revisaron las grabaciones, mi madre quedó horrorizada. Su hijo hablaba y se movía completamente solo. Al principio creyó que estaba poseído pero su gran amor la llevó a internarme.

¡Cuántas fablillas! ¡Qué osadía! ¡Qué emocionante!

Un doctor cualquiera dijo que estaba enfermo. Algo de ensoñación o yo que sé, así que me encerraron. Al inicio estaba molesto, pero luego me di cuenta de la gran oportunidad que era. Mi cuerpo y mente ya no tenían que estar desincronizados; podía vivir en mis mundos sin preocuparme por obligaciones.

El encierro resultó ser un sueño hecho realidad. Los otros loquitos nunca me juzgaron y muchas veces me acompañaron a mis aventuras. Me daban de comer, podía dormir cuanto quisiera y lo único que debía hacer era tomar un extraño elixir de energía mientras le contaba al curandero lo que veía.

Con el tiempo las cosas se complicaron. Entrar a mis mundos se volvió difícil, borroso. Cuando le pregunté a mi amigo Frank él me dijo que era porque la matriz estaba presentando anomalías debido a la introducción de sustancias nocivas. A mi mente llegó la imagen del líquido que cibernético me daba.

Aún es confuso. Recuerdo que estaba molesto, le grité al doctor que por su culpa todo se estaba volviendo aburrido. Ya no me sentía feliz en aquel lugar, así que quise escapar. De algún modo lo logré, aunque no sé cómo. Entonces, por fin mis deseos fueron escuchados.

Corrí bajo la tormenta, sin darme cuenta de que un camión se acercaba. Nunca sentí más alegría que en ese momento: el corazón me cosquilleaba, la sangre me hervía y mis entrañas se retorcían con regocijo. Sabía lo que seguía. ¡Era mi boleto de entrada!

Casi no sentí el golpe. No hubo dolor. Lo último que escuché fue una pequeña risa.

Cuando abrí los ojos por fin estaba en el lugar que siempre había deseado. El espacio era oscuro, pequeñas luces brillaban con fulgor y en el centro de todo, un portal.

No me importaba a dónde me llevaría. Me había preparado toda la vida para esto, así que sin dudarlo corrí. Dejé escapar toda mi euforia y me lancé dentro.

Aparecí en un bosque verde, cálido y reconfortante. Sabía lo que debía hacer. Observé mi cuerpo y me di cuenta que era un monstruo humanoide. No sé cómo lucía mi cara, pero debí sonreír tanto que me dolió. Me tocó un mundo mágico y en modo difícil: quizá yo era el villano.

Fue fácil acostumbrarme. Me alimenté de savia, gusanos y monstruos menores. Fue una gran aventura. Los héroes querían matarme, ¡a mí, el Lord del Bosque!

Viví muchas hazañas: mi vida estuvo en peligro muchas veces, conocí compañeros, secuestré princesas, monté bestias, luché, goberné y muchas cosas más. Pero un día empecé a sentirme mal. Creí que se acercaba mi fin, pero no importaba; había vivido plenamente y feliz. A veces escuchaba susurros, otras veces veía sombras. No eran fantasmas, aquí no existían. Le pregunté a Orc, mi curador privado y me dijo que eran fuerzas externas tratando de hacerme daño. Yo simplemente lo ignoré.

Hasta que un día los susurros se volvieron gritos. Me cubrí los oídos; la cabeza me punzaba. De pronto hubo silencio.

Abrí los ojos lentamente y lo que ví me hizo llorar.

Era mi madre con lágrimas en los ojos.

¡Maldición! ¡Joder!

Seguía en este maldito mundo insípido y apagado. Estaba tan molesto que no quise ver a nadie. Escuché palabras, pero no las entendí.

Una vez más estuve encerrado. Paredes blancas, medicamentos, charlas absurdas, doctores tratando de arreglarme y la familia llorona que me mira con lástima. ¿Por qué no me dejan morir? Si lo hicieran podría irme a mis mundos en paz.

Durante años se volvió un ciclo: me encerraban, escapaba, me pasaba algo, llegaba al portal, vivía aventuras y al final despertaba en el hospital con la misma madre llorando.

Cuando aparecieron las arrugas en mi rostro, mi voz se quebró y mi cuerpo apenas podía sostenerme, me resigne. Ya no escapaba, ya no trataba de morir. Me quedé ahí, esperando e imaginando.

Una mañana cualquiera, un fuerte golpe en el pecho me dejó sin aliento. Las enfermeras a mi alrededor corrieron gritando códigos. Por fin.

Por fin iba a morir.

El escenario era el de siempre: espacio negro, brillantes estrellas y un portal en el centro. Pero esta vez alguien me detuvo. Una pequeña hada, risueña y hermosa, me tomó del brazo. Me dijo que no debía saltar, que la vida allí sería difícil, que los retos pondrían a prueba toda mi fuerza. Lo mejor era no entrar.

¡Ridículo! Esperé toda mi vida para esto. Le aseguré que sin importar qué, yo podría superarlo. Derrotaré a quien sea, pelearé y nada podría derribarme. Ella insistió, pero de nada sirvió.

Estaba decidido.

De pronto, rió. No como un hada, fue cruel, despectiva y penetrante.

Meh, da igual si era un hada o un demonio; yo quería mi vida de fantasía. Sin pensarlo más, me lancé al portal.

Una brillante luz me envolvió. Se sentía frío y cálido al mismo tiempo. Pronto me di cuenta que estaba mojado, cubierto de algo viscoso y no podía ver. Pasaron varios minutos cuando al fin otra luz se hizo presente. Algo me tomó de la pierna y me jaló hacia abajo.

La emoción me carcomía: por fin iba a comenzar otra aventura.

Tarde en abrir los ojos, me sentía débil. Demasiado.

Alguien me golpeó en la espalda y solté un chillido. Tenía los oídos tapados y se me dificultaba encontrar formas.

El tiempo pareció eterno cuando por fin pude ver y escuchar.

Una mujer me estaba cargando.

Un hombre me observaba atento.

Mi cuerpo era pequeño.

Mi voz eran gritos.

Yo conocía a aquella mujer.

Más jóven, pero inconfundible.

—¿Madre?