Three words Love

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Summary

En 2017, cuando los idols dominan las redes sociales y los corazones adolescentes, Jaein Kurose, un chico rebelde de preparatoria con una moto imposible de ignorar, solo quiere sobrevivir entre su trabajo de medio tiempo y cuidar a su hermana menor. Lo último que espera es que una limpieza rutinaria lo lleve al departamento de un idol famoso… y que detrás del brillo, las sonrisas perfectas y los millones de fans, encuentre a un chico apagado, desordenado y roto por dentro. Mientras una hermana fanática grita por posters y lightsticks, y un idol lucha contra una depresión silenciosa, una relación improbable comienza a formarse entre trapas, discusiones incómodas y momentos absurdamente humanos. Porque a veces, las palabras más simples pueden cambiarlo todo.

Genre
Lgbtq
Author
Alexis
Status
Complete
Chapters
69
Rating
n/a
Age Rating
18+

Morning Noise

Eran las 5:00 a.m. cuando el despertador de Jaein sonó por tercera vez… aunque él ya llevaba despierto casi media hora.

La cocina del departamento estaba apenas iluminada por la luz amarillenta sobre la encimera. Jaein tenía el cabello algo despeinado, una camiseta vieja y los lentes finos puestos mientras cortaba verduras con precisión, revisando de reojo una hoja pegada al refrigerador.

—Sin sal… sin azúcar… sin grasa —murmuró—. Maldición, ¿qué sí puedes comer?

En la otra habitación, el sonido del agua de la ducha competía con algo peor.

~ NEBULA:IX, NEBULA:IX ~

Jaein apretó los labios.

—Cinco de la mañana… cinco de la maldita mañana —gruñó—. Esto debería ser ilegal.

Desde el baño, la voz de Miyu se escuchó fuerte y feliz.

—¡Oppa! ¡Es el nuevo single! ¡Escúchalo bien, es Hayun en el coro!

—¡No quiero escuchar a Hayun, ni al coro, ni a la galaxia completa! —respondió él desde la cocina—. ¡Baja eso o voy a lanzar el arroz por la ventana!

—¡Exagerado! —rió ella—. ¡Además, hoy es martes, necesito energía!

—Tú necesitas dormir más —dijo él, abriendo la lonchera—. Y yo necesito silencio.

Preparó primero el bento de Miyu, acomodando todo con más cuidado del habitual. Verduras al vapor, arroz medido, proteínas contadas. Revisó dos veces antes de cerrarlo.

—Dieta estricta… como si no tuviera ya suficiente encima —susurró.

Luego hizo su propio desayuno rápido, casi sin pensar. Cuando Miyu salió del baño, con el cabello mojado y el uniforme todavía a medio poner, se lanzó directo a la mesa.

—¿Ya está mi bento?

—Buenos días para ti también —dijo Jaein sin mirarla—. Siéntate.

—¡Huele rico!

—No significa que lo esté —respondió—. Come despacio.

Miyu infló las mejillas.

—Eres peor que mamá.

—Alguien tiene que serlo cuando ellos están en otro país cada dos semanas.

Ella bajó un poco la mirada, pero enseguida sonrió.

—Gracias, oppa.

Después de desayunar, Jaein se duchó rápido. Salió con el cabello aún húmedo, se puso una chaqueta negra de lana, tomó lo primero que encontró y agarró las llaves.

Cuando salió del cuarto, Miyu ya estaba en la puerta, saltando de un pie a otro.

—¡Vamos, vamos, vamos! ¡Voy a llegar tarde!

—Si llegaras tarde una vez menos por hablar de idols, ya estaríamos —dijo él.

Ella lo miró de arriba abajo.

—Con esos lentes pareces un nerd tranquilo.

—Guárdate esa opinión —respondió, sonriendo de lado.

Porque en cuanto salían del departamento, Jaein se quitaba esa imagen. Alto, atractivo, con piercing en el labio inferior, aretes discretos en la oreja… nada de chico tranquilo.

Bajaron corriendo. Jaein ayudó a Miyu a subir a la moto.

—Casco.

—Ya.

—Bien ajustado.

—Sí.

—¿Tus pastillas?

—En la mochila.

—¿Desayunaste todo?

—Sí, sí, sí.

—¿Te mareaste ayer?

—No, oppa.

Jaein suspiró y se colocó su casco.

—Agárrate bien.

La moto arrancó, cortando el aire de la madrugada. No iba exageradamente rápido, pero sí lo suficiente para esquivar el tráfico antes de la hora punta.

Cuando llegaron a la secundaria, Jaein bajó primero y acompañó a Miyu hasta la entrada. Le apoyó la mano en la cabeza.

—Que tengas un buen día.

—Oppa… —ella sonrió—. ¿La bendición?

Jaein cerró los ojos un segundo, incómodo, y murmuró las mismas palabras que su madre solía decir.

—Que no te duela nada, que vuelvas a casa sana y que sonrías.

Luego le revisó el uniforme, la mochila, el rostro.

—Si te sientes mal, llamas. ¿Entendido?

—Entendido.

Cuando Miyu iba a entrar, una mujer se acercó.

—¿Kurose-san?

Jaein se giró.

—¿Sí?

—Soy Ayako Fujimoto, la tutora de Miyu. ¿Podría hablar un momento con usted?

Jaein miró el reloj.

—Eh… claro.

Ayako sonrió con amabilidad profesional.

—Miyu ha estado bajando un poco sus notas últimamente… y algunos profesores han notado que se queda dormida en clase.

—¿Dormida? —frunció el ceño—. ¿En qué cursos?

—Principalmente matemáticas y ciencias. Sabemos de su condición médica, pero…

—No, entiendo —interrumpió—. Yo hablaré con ella.

—También… —Ayako dudó— la directora pidió verlo cuando tuviera tiempo.

Jaein suspiró.

—Claro. Hoy todos quieren hablar conmigo.

En la oficina de la directora, el ambiente era serio pero no hostil. La directora, Reiko Nakamura, lo observó con atención.

—Kurose-san, apreciamos mucho que usted se haga cargo de su hermana.

—Es mi responsabilidad —respondió él—. Dígame qué ocurre.

—Nada grave por ahora —dijo ella—. Solo queremos asegurarnos de que Miyu esté bien… y de que usted también lo esté.

Jaein se quedó en silencio un segundo.

—Hago lo que puedo.

—Lo sabemos —sonrió la directora—. Pero recuerde que no está solo.

Cuando finalmente salió de la oficina, algunas estudiantes lo miraron al pasar.

—¿Ese no es el hermano de Kurose Miyu?

—Es alto…

—Y guapo…

—¿Viste el piercing?

Jaein fingió no escucharlas y se colocó los lentes.

—Genial —murmuró—. Llegaré tardísimo.

Una hora después, apareció en la preparatoria… solo para que un profesor lo detuviera.

—Kurose, tarde otra vez.

—Lo siento —dijo sin discutir.

—Detención.

En la detención, el director solo suspiró.

—Tu situación es conocida, Jaein. Pero avisa la próxima vez.

—Sí, señor.

Las clases continuaron. En el descanso, sus amigos lo rodearon.

—¡Llegó el protagonista! —rió Hiroto Sakamaki.

—Otra vez tarde por tu hermana —dijo Renji Okada.

—¿Todo bien? —preguntó el tercero, con acento ligero—. ¿Sí, hermano?

—Sí, Mateo —respondió Jaein—. Todo normal.

Mateo Álvarez, mexicano, sonrió.

—Siempre dices eso.

—Y siempre es mentira —añadió Hiroto.

Una chica pasó cerca, mirando a Jaein.

—Oye, Kurose… ¿vas a la fiesta del viernes?

—No —respondió él sin mirarla.

—¿Ni aunque te invite?

—No.

Los chicos rieron.

—Eres cruel —dijo Renji.

—No —corrigió Jaein—. Solo estoy cansado.

La tarde cayó rápido, demasiado rápido para el gusto de Jaein.

—¡Mañana nos vemos! —gritó Hiroto desde el pasillo.

—No te metas en problemas —añadió Renji.

—Eso nunca pasa —dijo Mateo, sonriendo—. Cuida a tu hermana, ¿sí?

Jaein levantó la mano a modo de despedida y salió casi corriendo del edificio. Apenas puso un pie fuera, su celular vibró.

Secundaria Kiyose – Enfermería

El pecho se le apretó de inmediato.

—…mierda.

No pensó. No respiró. Solo corrió hacia la moto y aceleró como si el tiempo estuviera en su contra.

—Por favor… por favor… —murmuraba mientras manejaba—. Que esté bien… que solo sea un mareo…

Cuando llegó, dejó la moto mal estacionada y entró a la enfermería empujando la puerta.

—¡MIYU!

—¡Onii-chan! —respondió ella desde la camilla—. ¡No grites!

Jaein ya estaba frente a ella, agachado, revisándola con los ojos abiertos de par en par.

—¿Te duele la cabeza? ¿Te sientes rara? ¿Te mareaste mucho? ¿Te falta el aire?

—Onii-chan, respira tú primero…

La enfermera, una mujer de voz suave, intervino.

—Soy Seiko Tanabe. Tranquilo, joven. Está estable, solo fue un mareo.

—¿Seguro? —preguntó Jaein, ya sacando cosas de su mochila—. Miyu, dame el dedo.

—¡Aquí no! —protestó ella—. ¡Qué vergüenza!

—Miyu.

Ella lo miró un segundo y obedeció.

—Hemoglobina… —murmuró él, concentrado—. Está dentro del rango… pulso normal…

Jaein dejó caer los hombros recién ahí.

La enfermera sonrió.

—Les daré unos minutos a solas.

Cuando la puerta se cerró, Jaein apoyó la frente contra la camilla.

—No vuelvas a hacerme esto.

—Onii-chan…

—Casi me da algo —dijo con la voz baja—. Pensé que…

—Estoy bien —susurró ella—. De verdad.

Él levantó la cabeza y la miró serio.

—Si te pasa algo… yo no sabría qué hacer.

—No digas eso —respondió Miyu, apretando su manga—. Tú siempre sabes qué hacer.

Jaein cerró los ojos un segundo.

—Eres todo lo que tengo.

Miyu sonrió, suave.

—Entonces… —dijo de repente—, como estoy viva…

—No.

—Onii-chaaan…

—No.

—¿Podemos ir a comprar merch?

—No.

—De NEBULA:IX.

—Menos.

—Del vocalista.

—Miyu.

—De Hayun.

—MIYU.

Ella juntó las manos.

—Casi me desmayo.

—Eso es chantaje emocional.

—Funciona.

Jaein suspiró largo.

—Una cosa.

—¡Dos!

—Una.

—Una grande.

—Una pequeña.

—Una… mediana.

—Miyu.

—Una —cedió ella, sonriendo—. Gracias, onii-chan.

Salieron de la secundaria. Jaein la ayudó a subir a la moto con cuidado.

—¿La tienda cerca de casa? —preguntó ella.

—No.

—¿Eh?

—Centro comercial.

—¡¿En serio?!

—Cállate y ponte bien el casco.

En la plaza comercial, Miyu estaba saltando de emoción, mirando cada tienda… hasta que de pronto se detuvo.

—Onii-chan…

Jaein se giró de inmediato.

—¿Qué pasa?

—Me cuesta… respirar…

Él la sostuvo antes de que cayera.

—Ey, ey, mírame —dijo firme—. Respira conmigo. Uno… dos…

—No te vayas…

—No lo haré —respondió, abrazándola fuerte—. Nunca.

La sostuvo así, sin importar las miradas.

—Mientras yo esté aquí —susurró—, nada te va a pasar.

Miyu cerró los ojos, tranquila.

—Te quiero, onii-chan.

Jaein apretó los labios.

—Y yo más.0