Quizás le pido al amor demasiado

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Summary

Este libro es un inventario de realidades donde el amor se pone a prueba; un viaje en el cual este sentimiento se transforma, se rompe o se eleva, dejándonos una pregunta: ¿es el amor suficiente para salvarnos o le pedimos demasiado?

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Promesas muertas

Estaba concentrada estrujando cuidadosamente cada limón, porque a él le encantaba la limonada. No era la primera vez que se la preparaba, pero aquel día sería diferente. Ella tenía instrucciones claras y ya no podía seguir dilatando la situación.

Bastaron tres semanas para darse cuenta que no era mala persona. Al contrario, quizás era el único ser inocente en su vida. Su trabajo era matarlo, no enamorarse de él y, ahora, a pesar de querer dejar ese modo de vivir, debía cumplir con su última misión como sicaria. Ya era tarde para arrepentimientos ¿o no?

Vertió el veneno en la refrescante bebida y se la acercó hacia donde estaba sentado. El hombre le sonrió como siempre. ¿Podría perdonarla algún día por haberle mentido? ¿Por no ser lo que imaginaba? Él iba a tomar el vaso de la bandeja cuando…

—Lo lamento —intervino afligida, dejando caer el líquido al suelo con bandeja y todo—. ¡Vete de aquí, corre! ¡No mires atrás!

Entonces huyó de la casa, mientras él gritaba su nombre, desconsolado. Prefirió ser una fugitiva en vez de cargar con la culpa de su asesinato; no otro más. Ya no deseaba ser ese tipo de persona.

Se ocultó en medio de la oscuridad del bosque aquella noche. Sollozó en silencio, pues su pasado no dejaba de atormentarla una y otra vez.

La joven de cabellos dorados entró nuevamente a una enorme y oscura construcción rodeada de nieve. Se quedó de pie frente al lugar donde antes se sentaba su padre para ejercer su autoridad. Ahora aquel puesto lo ocupaba uno de sus discípulos más prometedores, sí, el sucesor que él mismo eligió antes de morir.

—¿Estás lista para cumplir con tu nuevo cargo?

La voz del hombre que la superaba por cuatro años era profunda y fría. Ella lo miró directo a los ojos, esos hermosos ojos azules que conoció desde niña y que ahora solo evidenciaban crueldad.

—Aunque sea su hija, no acepto —contestó decidida, sin dar un paso atrás, a pesar del asombro de los presentes.

—Debo vengar la muerte de tu padre, sea que estés de mi lado o no —rebatió el nuevo líder—. Llevas su sangre. Fuiste entrenada para esto. ¿De verdad vas a decepcionarnos?

—No quiero permanecer en este lugar. ¡Tú admirabas a mi padre, no yo! ¡Su justicia no era más que una excusa para matar sin remordimientos!

La actitud rebelde de la joven le hizo perder la paciencia. Aquel hombre, que la sobrepasaba bastante en altura, se levantó de su asiento, provocando un pánico silencioso en todos. Ella se mantuvo firme, sin despegar sus ojos verdes de la pálida piel de su oponente.

—Déjennos solos —ordenó, de modo que todos los miembros de aquel clan salieron abruptamente de esa enorme sala—. ¿Por qué te comportas así? ¡Tienes que apoyarme! —le exigió cuando ya no había nadie más en el salón.

—Lo haría si quisieras hacer las cosas de una forma diferente. Si el legado de mi padre es más importante que mi opinión, entonces déjame partir.

—¿No lo entiendes, Berenice? Esto es lo que eres, ¡lo que somos! —intentó convencerla, tomándola de los hombros.

—¡No seré de nuevo la marioneta de mi padre, mucho menos la tuya! —Se soltó de su agarre, dándole la espalda.

—Crees que eres mejor que yo, pero sabes que no es cierto. Ya no queda luz en tus ojos. Ahora somos iguales.

Sabía que el escalofrío que experimentó no se debía al gélido clima. No, era por él. No existía segundo en su vida donde aquella voz no le erizara la piel.

—¿Por qué intentas ocultar el miedo que embarga tu corazón? Te sientes sola, pero no lo estás. ¿Crees que podrás olvidar lo que eres?

—¡Basta! ¡Sé que hago lo correcto! —gritó en su cara—. Tú fuiste el que prefirió seguir con esto. Te escondes, como un cobarde asesino.

—Deberías estar orgullosa de lo que tu padre edificó durante todos estos años. ¿Así le pagas? ¿Renegando tu identidad? ¿Cuestionando sus decisiones? —la interrogó indignado.

—Nunca me valoró como hija. Solo era una sicaria más. ¡Ya no quiero seguir!

—Ni tú te crees tus mentiras. Mírate: tu corazón es más oscuro que la noche. Sigue escondiéndote de esa realidad, pero ella misma se estrellará contra ti —la condenó.

—¡No te atrevas a tratarme así! —lo contradijo irritada.

—¿No quieres que te diga la verdad? —Acarició con suavidad su perfecta mejilla blanca—. Siempre te he respetado, incluso en momentos como estos. ¿Por qué rehúyes?

—Porque ya no eres… —Se trabó por la tristeza, observando cada detalle de aquel varonil rostro que le encantó en su adolescencia. Luego de serenarse, continuó—: Ya no eres esa persona. Ya no sé cómo hacerte razonar. Vives ciego por lo que te enseñó mi padre. Quisiera creer que todavía queda algún sentimiento noble en ti, antes que sea demasiado tarde. —¡Tú eres la irrazonable!

—¡Déjame ir, Markus! Algún día hundiré lo que mis antepasados forjaron, estés tú al mando o no —lo amenazó, tratando de sonar indiferente, para que no notara el dolor que le causaba decir algo así.

—¿Y qué harás? ¿Matarme? —la desafió, conociendo lo sólidos que eran sus ideales—. Podrías hacerlo y con eso demostrarías que es cierto lo que digo. Deja tus falsas ilusiones antes que se destruyan frente a ti.

—Si tan solo comprendieras lo que te intento decir…

—He oído suficiente —la interrumpió, volviendo a su asiento honorífico—. Vete si lo deseas. Hagas lo que hagas, jamás nos olvidarás. Vivimos en las sombras, estamos en cualquier lugar. Solo cumple tu última misión, porque se lo debes a tu padre. Y si alguien se atreve a tocarte, te juro que yo mismo lo mataré.

Su respiración seguía agitada, debido a todo lo que corrió. El frío tampoco ayudaba a calmar sus nervios. De pronto, una silueta apareció detrás de ella. No pudo distinguir de inmediato su apariencia, mas reconoció al instante la voz.

El insomnio nunca fue un problema para mí,

hasta que llegaste tú.

Ahora ese vacío tiene un nombre;

una identidad que enfrascaste en grabar

en mi corazón, alma y mente.

Te adueñas de esta infinita oscuridad

y dime: ¿Dónde yaces ahora? ¿En medio de las sombras?

¿Por qué no te quedaste conmigo?

¿Por qué huiste, como si estuviera prohibido?

En tu descaro, escapas y yo te espero...

Si tan solo dejaras atrás tus miedos;

si tan solo cumplieras tus promesas...

Nada de lo que diga será suficiente, ¿verdad?

—Tú fuiste el primero en romper nuestras promesas. Me dedicaste un corazón muerto. No merezco eso.

¿Y si esto es lo que somos?

¿Y si estamos condenados el uno al otro?

¿Y si morimos juntos?

Mi vida se convirtió en esta página en blanco,

con tu ausencia, culpándome.

Sin propósito, sin motivos

y mi cuerpo en cada segundo moribundo.

¿Podrá el amor ocultar esta obsesión?

¿Pasará este maldito tiempo inerte?

Pídeme que me quede.

¿No era nuestro destino?

—Vete. No insistas, porque no volveré; y no te atrevas a perseguirlo —le dijo otra vez, ocultándose detrás de uno de los árboles.

—¿Por qué? ¿Ahora lo amas a él? ¿Así de fácil cambias un sentimiento que me juraste sería eterno?

—Éramos unos tontos adolescentes.

—No, era la verdad.

Markus apoyó su espalda al lado opuesto del mismo árbol donde ella se escondía. Su cabello lacio, tan negro como la noche misma, le daba una apariencia igual de lúgubre. Tenía bajo su control a un ejército que fácilmente le quitaría la vida a su nuevo rival, Phillip, pero sabía que Berenice no lo perdonaría por eso. Aun así, odiaba perder.

—Dime: ¿Cómo es él? ¿Qué hizo para que en vez de matarlo le regalaras tu corazón? —le preguntó cuando ella por fin volteó a enfrentarlo.

—Mi padre mintió. Su familia no fue la culpable de la muerte de mi madre. No fue difícil averiguarlo. De todas formas, Phillip ya no pertenece a ese clan y desconoce el asesinato de mi padre. Cualquiera pudo haberlo matado. Él se llenó de enemigos, debido a su mal proceder. Mi madre solo sufrió las consecuencias por involucrarse con un sujeto así.

—¡Prefiero darte por muerta que tener que decirles a todos que eres una traidora! —la increpó, decepcionado—. Yo vengaré la muerte de tus padres, aunque a ti no te interese. Ellos se ganaron mi respeto y tú solo los desprecias. Además, ¿por qué evitas mis preguntas? Supongo que, en estas condiciones, no te molestará que yo también quiera rehacer mi vida con otra mujer.

Ella guardó silencio, aunque deseaba gritar de la rabia. Sabía la verdad y entendía completamente la razón por la cual no tardó en enamorarse de Phillip.

«Lo amo porque es igual a ti, igual a como eras cuando nos conocimos»

En el fondo de su ser, él tampoco se olvidaba de ese entonces; cuando aquel magnate lo sacó de las calles ofreciéndole un hogar. Berenice resultó ser ese hogar: tan bella, comprensiva y amable. Un nuevo mundo que no tardó en oscurecerse, pero se suponía que el amor entre ellos debía ser más fuerte.

Berenice decidió irse y dejarlo solo. Ya no tenían nada más de qué hablar. Tampoco deseaba que la viera llorar por repudiarla. Él la observó perderse entre el frondoso follaje del bosque, inmóvil. No pretendía matar a Phillip, aunque ella sí había terminado de romper su corazón.

Luego de cuatro meses desde ese último encuentro, fue uno de los guardias del castillo quien anunció novedades sobre la joven.

—Señor Markus, Berenice ha regresado. Me encantaría decirle que es para volver a ser parte de nosotros, pero no. Trajo consigo aliados de quien debió asesinar. ¡Su traición es evidente!

—¿Vino con él?

—Sí. Parece que ahora se unió a su bando.

Markus permaneció quieto en su puesto de honor cuando recibió la noticia. A su mano derecha estaba de pie la nueva estratega de los sicarios, Alina, la cual anhelaba reemplazar a la ausente Berenice no solo en su puesto jerárquico, sino también en el corazón de su nuevo Líder.

—Markus, este es el mejor momento para poner a esa gente en su lugar. ¡Berenice está dejando al descubierto todo lo que su padre erigió! ¡Tenemos que matarlos! —le sugirió la pelirroja mujer.

—¡No te atrevas a decirme cómo actuar, Alina! Yo mismo me encargaré de que cada miembro de este clan le haga sentir pavor a su oponente. Se arrepentirán de haberse atrevido a venir aquí.

Se levantó tan inexpresivo como siempre. Alina fue tras él, aunque Markus no se lo pidió, pues ella insistía en su deseo de ser su compañera, incluso después de tanto desprecio. Él descargaba contra ella toda su rabia a través de palabras hirientes, porque el recuerdo de Berenice lo seguía torturando. Por eso, Alina juró para sí misma que algún día la mataría para que Markus dejara de sufrir.

Las instrucciones del nuevo Líder fueron precisas y estrictas: eliminarlos a todos, menos a Berenice. Alina frunció el ceño ante esa última petición; gesto que no pasó desapercibido para Markus, de modo que la encaró:

—¿En serio crees que podrás contra ella? Si lo intentas, de seguro te quedarás sin una pierna.

—No le tengo miedo —refutó—. Entrenamos juntas, sé cómo pelea. ¡Deja de tenerle compasión a esa traidora!

Todos los presentes se sorprendieron por la descarada manera en la que Alina cuestionó la autoridad de su Líder. Ante tal desafío, Markus sonrió pedante e informó a todos los presentes lo siguiente:

—Alina combatirá directamente contra Berenice. Nadie podrá ayudarla. Quien se involucre será castigado por mí, ¿entendido? Fiscalizaré en persona esa pelea.

Berenice sabía que asociarse con Phillip no le aseguraba la victoria. Al contrario, era enfrentar a la muerte misma. Sin embargo, él y sus hombres la apoyaron incondicionalmente después de que les contara toda la verdad. Así como ella, ellos estaban dispuestos a luchar con tal de conseguir un futuro menos corrupto y sangriento.

En consecuencia, se atrevieron a realizar esta locura, porque confiaban en que Berenice lograría desbaratar lo que su padre construyó, o al menos desestabilizar sus cimientos.

Phillip entendía que el principal pilar de todo era Markus, quien incomprensiblemente no había mandado a decapitar a Berenice por abandonarlos. Aquello le hizo pensar que había algo entre ambos, más allá del puesto de autoridad. No obstante, Berenice se lo negó con firmeza. ¿Acaso la joven pensaba que era tonto? ¿Que no notaba lo mal que se ponía cada vez que el grupo planeaba matarlo? Markus era la razón por la cual ella no cedía a sus deseos, aunque jurara amarlo.

La cruenta batalla dejó a su paso un líquido carmesí permanente en la nieve. Aquel color aumentaba vez tras vez, provocando pánico en Berenice, quien ya no deseaba perder a más personas en su trayecto al castillo. Su caos interno aumentó cuando se encontró con Alina frente a ella, con la clara intención de despedazarla antes de cruzar la entrada.

Sin embargo, su atención se centró tras la pelirroja, exactamente en Markus. Él estaba sobre una de las murallas, observando a ambas. Ignorando a su enemiga, Berenice alzó la voz, tratando de alcanzar ese turbio corazón que alguna vez la amó.

Todos nuestros anhelos se desvanecen

en esta batalla sin final.

Mi sangre ya no corre por mis venas.

Veo al mundo gritar, clamar en su agonía

por una oportunidad,

por misericordia,

por piedad.

¿Este era tu objetivo? ¿Esta es tu gloria?

Tus manos están rojas, llenas de culpa,

llenas de almas en pena.

¿Dónde quedó tu sensatez?

¿Dónde quedó nuestro sueño de hacer justicia?

Cada corte, cada balazo

es un retroceso en lo que planeamos.

Te conozco y tú a mí.

Sabes que no somos así,

que no nacimos para esto.

Solo somos víctimas del mismo sujeto.

—¡No te atrevas a corromperlo, maldita traidora! —la insultó Alina, siendo ella la primera en atacarla con su catana electrificada.

Markus se mantuvo apacible, viendo la sangrienta batalla que se desarrollaba a los alrededores de sus dominios. No le importó tanto lo que Berenice le dijo, sino cómo lo hizo. Fue un clamor desesperado a ese joven que él creía muerto bajo la influencia de aquel anciano que llegó a considerar como su padre. Adoraba aquella dulce voz, por más que esta lo juzgara con severidad. Soñaba con su regreso, aunque no soportaba que ella ya no quisiera continuar con el legado de su familia.

Las jóvenes combatían sin control alguno. Contempló embelesado el hábil manejo que Berenice tenía sobre sus dos espadas, un estilo que solo ella y él compartían. No obstante, se preocupó al ver la rabia con la que Alina la atacaba.

—¡¿Qué estás haciendo, Alina?! ¡Nos conocemos desde niñas! ¿No quieres una vida diferente? —la cuestionó Berenice, cuando pudo librarse de sus rápidos movimientos, los cuales pretendían rebanarle o quemarle parte de su cuerpo.

—¡Si quieres abandonar esto, es tu problema, pero no te atrevas a arrastrarlo contigo! ¡Es el heredero, este es su destino y, si tú no quieres estar aquí, es mejor para mí! Yo valoro lo que tú desprecias —exclamó, con la respiración entrecortada a causa del frío y la complicada batalla.

—¡Solo quiero que intente tomar decisiones por sí mismo! ¡Mi padre ya no está! ¡Markus no tiene porqué continuar con esta masacre!

Todos sus intentos fueron en vano, ya que Alina ignoró sus palabras. El sonido de las hojas metálicas chocando una y otra vez generó un eco ensordecedor en medio de aquellos altos árboles nevados.

De pronto, Markus comprendió lo que estaba pasando: Berenice no planeaba matar a su rival. Esto era una desventaja para ella, pues Alina no pensaba igual. La nueva estratega seguía siendo una asesina y no planeaba cambiar. Por eso Markus tuvo que intervenir, pues no toleraría que aquella pelirroja le hiciera una herida grave por envidia.

No tardó en aparecer tras ella y darle un golpe certero en la nuca. La joven se desmayó de inmediato y cayó rostro a tierra sobre el gélido terreno.

—¿Con esa delicadeza tratas a tu nueva pareja? —ironizó Berenice, mientras guardaba sus espadas.

—Pensé que ya no te importaba mi vida —contestó firme, tratando de disimular la alegría que sentía al verla celosa.

—Me sigue importando lo que haces. ¡Detén todo esto! Yo soy la heredera legítima. ¡Tengo todo el derecho de reestructurar según mi criterio lo que mi padre creó!

—¡Tu criterio está desvirtuado! Es obvio que tu padre lo percibió antes que yo y por eso me eligió a mí como líder. Todavía no entiendes que nosotros ejercemos la verdadera justicia. Quitamos del camino a los poderosos, a todos los que otros temen enfrentar. Sabes perfectamente que ese tipo de personas merece morir.

—¿Y por qué estás dispuesto a manchar tus manos por la cobardía de otros? ¿Acaso es el dinero lo que guía tus pasos ahora?

—¿Quieres explicaciones? Entonces hablemos en mi habitación, como antes.

Berenice se sonrojó por completo al recordar lo que eso significaba. Ahora ya eran adultos y, aun así, su cerebro no paraba de recordarle lo que se perdía por estar lejos de él. Markus seguía siendo el verdadero dueño de su corazón y de su cuerpo, para su desgracia. Él fue quien le dio el primero de todos sus futuros besos, quien le prometió devoción eterna y quien la introdujo de forma exclusiva entre sus sábanas, vez tras vez, para confirmarle todo lo que sentía por ella. ¿Cómo podía enterrar toda una vida juntos?

Un disparo los distrajo, asustando a ambos. El hombro izquierdo de Markus comenzó a sangrar y este buscó al responsable de tamaña insolencia.

—¡Phillip, no! ¡Baja el arma! —le ordenó Berenice.

—¿Él alguna vez te tocó? ¡Dime la verdad! —la increpó Markus, indiferente a Phillip, quien seguía acercándose con el arma en alto.

—¿Qué? ¡No! ¡Phillip, ya basta! ¡Y tú no le hagas nada, Markus!

La rubia joven quedó en medio de los dos. Markus miró a su rival con un enorme desdén, alimentando sus represalias con cada gota de sangre que salía de su cuerpo. Phillip retrocedió un poco, al darse cuenta que su atrevimiento no iba a quedar sin consecuencias.

—¿Por qué me mentiste? Dijiste que no había nada entre ustedes —la acusó Phillip.

—Nos conocemos desde niños, eso es todo —explicó enfadada.

—Somos amantes hace muchos años.

—¡Markus, cállate! Cualquiera que te oiga lo puede malinterpretar —lo corrigió avergonzada.

—¿Y qué quieres que diga? ¿Que eres mi esposa? No alcancé a pedirte que te casaras conmigo, porque me abandonaste.

La expresión de horror en el rostro de Phillip luego de aquella declaración era evidente, a diferencia de Berenice, quien permaneció impávida. Ella quedó congelada en su lugar, como si una ráfaga hubiera tapado por completo su cuerpo con nieve. ¿Markus hablaba en serio o solo era una perversa manera de hacerla cambiar de opinión?

—Es que yo… no puedo… —susurró la joven, con pesar.

—¿Ves? Claramente no se dejará manipular por ti —agregó su aliado.

—Phillip, vete. La batalla terminó. Esto se acaba aquí. Dile a los demás que ganamos.

—¿Ganaron? ¿Es una broma? —intervino Markus—. Mientras siga vivo, mantendré los ideales de tu padre. Tú eres la que perdió, aunque me digas que no. Acéptalo, deseas volver a mi lado.

—No estés tan seguro de eso.

Phillip se alejó de ambos cuando iniciaron una nueva pelea. Markus solo estaba usando su brazo derecho, así que supuso que Berenice tendría la ventaja.

¿Qué hacer si ninguno de los dos mataba a su oponente? ¿Cómo actuar si Markus no cedía? ¿Y si la pelirroja despertaba? Phillip tenía su arma disponible para disparar una última vez, pero la mirada severa de Berenice lo hizo retractarse. Al parecer, ella tenía un mejor plan.

—Markus, es la última vez que te lo pido: entrégame el mando y todos obtendremos una mejor vida —le solicitó, al mismo tiempo que evadía su afilada catana. Un solo roce de aquella arma contra su piel la podía cortar o electrificar.

—No puedo creer esa mentira. ¡Somos asesinos! ¿A qué mejor vida podemos postular con tanta sangre derramada a cuestas? —la interrogó, mientras la hacía retroceder con cada palabra—. No seas ilusa. Vivir en las sombras es nuestra única alternativa.

—Si no eres capaz de verlo, pelear contra ti es inútil. —Entonces bajó sus espadas y las colgó en su espalda.

—¡No seas testaruda! Si estás molesta por lo de Alina, créeme que eso solo está en tu imaginación. Sigo atado a ti, aunque tú hace bastante tiempo que me quieres lejos.

—Porque ya no eres el de antes —le reclamó, frente a su rostro—. Ya no eres el hombre del que me enamoré. Ojalá que, algún día, recuerdes cuánto nos amábamos. Nunca te olvidaré.

Esa angustiosa despedida despertó su señal de alerta, pero ya era demasiado tarde. Un punzante pinchazo en la misma herida abierta que tenía en el hombro lo inmovilizó, quedando inconsciente segundos después. Berenice amortiguó el golpe de su caída, sujetando el cuerpo de su enemigo lo mejor que pudo.

—¿Es veneno? ¿Lo mataste? —Quiso saber Phillip.

—Algo mejor que eso. Usé en él aquello que inventé hace casi dos años, cuando me mandaban a matar a los guerreros que ya no deseaban combatir o se negaban a realizar sus misiones. Se supone que merecían la muerte, pero nadie me dijo si merecían o no vivir de nuevo.

—No te entiendo.

—No importa, yo me encargo. Solo informa que Markus está muerto y sus seguidores tendrán que obedecerme ahora, les guste o no. Alina tendrá su mismo final.

Tres semanas más tarde…

—Todavía no puedo creer que desperté de un coma que duró cinco años.

—¡Nosotros tampoco, pero estamos felices! Valió la pena esperar y no desconectarte.

—¿Recuperaré la memoria algún día? No me gusta sentir que desconozco a mi propia familia.

—Tranquilo, Markus. Eso no es relevante ahora. Lo bueno es que físicamente estás bien. ¡Te amamos y pronto formarás nuevos momentos memorables con nosotros!

—Gracias, Raquel… o hermana. No sé cómo te decía.

—Puedes llamarme como quieras. Nuestros padres están por llegar. Yo fui la primera en venir al hospital cuando nos avisaron que despertaste.

—¿Y ellas? ¿Quiénes son? —preguntó al ver a unas jóvenes de blanco a las afueras de la sala, conversando.

—Son tus enfermeras. Te han cuidado muy bien durante todo este tiempo. La rubia de ojos verdes se llama Berenice. ¿Quieres que venga a saludarte?

—¡No! Todavía no. Después, cuando me vea más decente —solicitó sonrojado, sin comprender por qué esa joven lo ponía tan nervioso.

En breves minutos, una pareja de edad avanzada entró a la sala médica. Ambos estaban emocionados hasta las lágrimas por la recuperación de su “hijo”; mientras Berenice y la otra “enfermera” seguían mirando la escena desde el marco de la puerta.

—Otra dosis eficaz, como siempre. He mantenido en observación a todos los demás antes de él y jamás recuperaron los recuerdos. Ahora son otras personas y se adaptan muy bien a su nuevo ambiente.

—Gracias por tu investigación, Karina. Markus siempre quiso crecer en una familia bien constituida. Creo que es la mejor vida que le puedo ofrecer, después del monstruo en el que mi padre lo convirtió.

—Eres bondadosa y te admiro mucho por eso. ¿Tratarás de volver a su vida?

—No por ahora. Sabes que aún tenemos muchos asuntos que solucionar. Disolveré todo y entonces… quizás para entonces me atreva a conocerlo de nuevo.