Sultán de mi corazón | KM

Summary

⊰⁠⊹ฺ En el corazón del Imperio Otomano, Park Jimin, sultán doncel e hijo de la legendaria sultana Jin, es entregado en matrimonio al pasha Jeon Jungkook, un hombre mayor, astuto y temido por todos. Lo que comienza como un deber impuesto se transforma en un amor ardiente que desafía la edad, el poder y la corte. ✧⁠◝⁠ Historia completamente mía basada en la historia de la sultana Mihrimah, de la novela el Sultán ◜⁠✧ No copias, ni adaptaciones ✧⁠◝⁠ Romance, Underage, Doncel, M-preg, Explicit , Slow burn+18 ◜⁠✧ Kookmin, Namjin ⊰⁠⊹ฺ

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1


El palacio de Topkapi amanecía envuelto en un torbellino de colores y murmullos, pero para Jimin todo se había vuelto gris y pesado. Sus pasos resonaban lentos sobre el mármol helado de los pasillos del harén, como si cada uno le recordara que el mundo seguía girando aunque el suyo se hubiera detenido esa misma mañana.

La sultana Jin —su madre, siempre serena, siempre calculadora— le había entregado la noticia con esa voz suave que no admitía réplicas: un matrimonio político. Con Jungkook Pasha.

¿Casarse? ¿A los diecisiete? ¿Con un hombre que apenas conocía de vista, un guerrero leal al sultán, diez años mayor, con una reputación que llenaba los pasillos de susurros? El corazón de Jimin latía desbocado, golpeando contra sus costillas como un pájaro atrapado que buscaba escapar. No era solo miedo. Era rabia, impotencia, y algo más que no quería nombrar.

Cruzó hacia los jardines privados, donde el sol se filtraba entre las hojas de los rosales en hilos dorados. Allí estaba Hoseok, su mejor amigo, su confidente, sentado en un banco de piedra tallada, girando una rosa entre los dedos con esa sonrisa suya que parecía capaz de disipar cualquier tormenta. Al verlo llegar, se levantó de un salto, la preocupación tiñéndole los ojos.

—Jimin-ah... ¿qué te pasa? Tienes cara de haber visto al mismísimo diablo —dijo, posando una mano cálida en su hombro.

Jimin soltó un suspiro tembloroso, como si el aire le pesara.

—Es peor que un diablo, Hobi. Mi madre... la sultana... me acaba de decir que el sultán, mi padre, ha decidido que me case. Con Jungkook Pasha. ¡Jungkook! Tiene casi treinta años, y yo... yo apenas estoy empezando a entender quién soy. ¿Por qué ahora? No estoy listo. No quiero esto.

Hoseok frunció el ceño, pero no fingió sorpresa. En la corte, los secretos duraban lo que un susurro en el viento.

—Jungkook no es un mal hombre, Jimin. Es leal hasta la médula, fuerte, y dicen que respeta más de lo que impone. Tu madre nunca hace nada sin una razón. Quizás esto sea lo mejor para todos... para el imperio.

Jimin se dejó caer en el banco, escondiendo el rostro entre las manos. El aroma de las rosas le llegó dulce y asfixiante.

—No quiero ser un peón en sus juegos. Quiero... no sé, caminar por mercados lejanos, reírme contigo hasta que me duela la panza, no atarme a un matrimonio que no elegí. Además... —bajó la voz, casi un murmullo— yo pensaba decirle a mi madre que quería casarme con Taemin bey.

Hoseok suspiró, conocía esa historia demasiado bien. Desde niño, Jimin había mirado a Taemin con ojos soñadores, dejando caer insinuaciones que el bey rechazaba con gentileza infinita. Un amor no correspondido que dolía como una espina clavada hace años.

Se sentó a su lado y le dio un codazo suave, intentando aligerar el aire.

—Jungkook es bueno, Jiminnie. Y tienes a Taehyung de tu lado; quizás él pueda hablar con el sultán y ganar algo de tiempo. —Hizo una pausa, voz más baja—. Pero... Taemin bey ha rechazado todas tus insinuaciones. Lo sabes.

Jimin hizo un puchero, esos labios llenos curvándose en una mueca infantil que siempre ablandaba a Hoseok.

—Es porque nunca hemos tenido tiempo de verdad para conocernos. Mi padre siempre lo manda lejos cuando estamos a punto de hablar, o lo envía a alguna misión interminable.

Hoseok sonrió con ternura ante esa carita.

—No sé, pequeño... ¿por qué no le das una oportunidad a Jungkook? Si al final no funciona... ya sabes, en nuestro mundo basta con repetir tres veces la palabra y el lazo se rompe.

Jimin abrió la boca para protestar, pero justo entonces Taehyung apareció por el sendero, túnica ondeando como alas al viento. Su hermano mayor era la viva imagen de la calma protectora: sonrisa fácil, ojos que todo lo veían, siempre listo para mediar. Al ver la expresión de Jimin, aceleró el paso y se sentó al otro lado, revolviéndole el cabello como cuando eran niños.

—Hermanito, ¿qué te tiene con esa carita de tormenta? —preguntó, voz suave pero firme.

Jimin levantó la vista, ojos brillando de frustración contenida.

—El matrimonio, Tae. Con Jungkook. No quiero casarme tan joven. Siento que me están robando mi vida antes de que siquiera la haya vivido.

Tae suspiró, pero su sonrisa era comprensiva, cálida.

—Lo sé. Yo también me sentí así cuando me hablaron de alianzas. Pero Jungkook es honorable. Papá confía en él más que en casi nadie. Mamá dice que esto nos fortalecerá contra cualquier amenaza. No es contra ti, Jimin. Es... familia.

—Familia —repitió Jimin con amargura, la palabra sabiendo a ceniza—. ¿Y mi corazón? ¿No cuenta?

Tae le dio una palmada suave en la espalda.

—Cuenta más de lo que crees. Hablaré con papá. Quizás podamos suavizar las cosas. Mientras, ve al banquete esta noche. Conócelo. No puedes odiar a alguien sin saber quién es de verdad.

Jimin asintió a regañadientes, pero por dentro todo bullía. Hoseok y Tae lo convencieron de prepararse, y el día pasó en un torbellino de sirvientes: seda roja ajustada a su cuerpo, bordados dorados que lo hacían brillar como un príncipe de cuentos antiguos. Pero él no se sentía príncipe. Se sentía prisionero.

Esa noche, el salón principal era un sueño despierto: antorchas danzando en las paredes, mesas rebosantes de frutas maduras, carnes especiadas, dulces impregnados de miel y canela. El oud y los tambores tejían melodías que envolvían el aire. La corte entera estaba allí: visires, príncipes, risas de concubinas flotando como perfume.

Namjoon presidía desde el trono elevado, imponente pero justo, con Jin a su lado, ojos astutos observando cada detalle. Yoongi, el pasha consejero, hablaba en voz baja con el sultán, su presencia serena como siempre. Jimin lo miró de reojo, preguntándose si él también aprobaba este destino.

Y entonces lo vio.

Jungkook.

Alto, hombros anchos que llenaban la túnica negra, cabello oscuro cayendo ligeramente sobre la frente. Sus ojos... intensos, profundos, como si pudieran desentrañar secretos sin esfuerzo. Hablaba con Yoongi, quien le daba una palmada en el hombro con afecto paternal.

—Recuerda, Jungkook —murmuraba Yoongi—. El respeto se gana despacio. No presiones. Gana su confianza.

Jungkook asintió, serio.

—Lo haré, hyung. Nada forzado.

Jimin se quedó en las sombras, observando. Su corazón dio un vuelco traicionero cuando vio a Jungkook reír con una sirvienta que le servía vino —nada serio, solo cortesía—, pero algo dentro de él se retorció. Celos. Puros, irracionales. ¿Por qué le importaba? Ni siquiera lo conocía. Pero esa sonrisa cálida, dirigida a otra persona... le dolió en un lugar que no entendía.Él es un príncipe. Debería ser a mí a quien miren así. Sobre todo si voy a ser su esposo.

Apretó los puños hasta que las uñas se clavaron en las palmas.

Jin lo vio y lo llamó con un gesto elegante.

—Jimin, ven. Es hora de que conozcas a tu futuro esposo.

Se acercó, estómago revuelto. Jungkook se giró, e inclinó en una reverencia profunda, voz baja, respetuosa, casi aterciopelada.

—Mi señor Jimin, es un honor estar finalmente frente a ti.

Jimin alzó la barbilla, intentando sonar frío.

—Honor o no, esto no es mi elección. No me conoces. Yo no te conozco. ¿Crees que porque eres mayor y poderoso cambia algo?

Jin frunció el ceño.

—Jimin. No te eduqué para ser grosero.

Pero Jungkook no se inmutó. Solo sonrió —suave, sincero, con un brillo en los ojos que desarmaba—.

—No lo creo, príncipe. No busco tu obediencia. Solo una oportunidad para mostrarte quién soy de verdad . Pero mis acciones hablarán, no mis palabras.

Jimin parpadeó, desconcertado. Esperaba arrogancia incluso frialdad, no... esto. La calidez y paciencia era algo que hacía que su pulso se acelerara de forma extraña.

Namjoon intervino desde el trono.

—Mi sol y luna, este matrimonio es por el bien del imperio. Jungkook ha probado su lealtad hacia mi más de mil veces.

Yoongi añadió, calmado:

—Y yo lo respaldo sultán. Es un hombre de honor. Dale tiempo, Jimin.

Tae le guiñó un ojo desde un lado. Hoseok susurró:

—No parece tan malo, ¿eh?

Jimin, furioso consigo mismo por el revoloteo en su pecho, se alejó un poco y se sentó en una mesa apartada. La música seguía, pero sus ojos volvían una y otra vez a Jungkook, que ahora reía por algo que Yoongi le decía.

Más tarde, en sus aposentos, solo con el silencio y el eco de la noche, Jimin se tumbó en las sedas de su cama. Las palabras de Hoseok resonaban:Dale una oportunidad.

Y se dio cuenta, con un nudo en la garganta, de que su vida ya no le pertenecía del todo. El decreto del sultán era ley. Jungkook Pasha era ahora parte de su mundo.

Le gustara... o no.


























><Holaaa , debido a tanta insistencia y veo muchas interesadas en la historia decidi publicar el primer capitulo jsjsjs ... espero enserio que les guste el desarrollo como dije tome la historia de la hija de la sultana hurrem como inspiracion pero no toda la trama es exacta hay cosas que cambie no se lo tomen a mal TT ... tengo muchas historias pendientes asi que de a pocos

lxs quierooooomuak ><

-Byeori