Customize readability
Aa

Proyecto Espejo

All Rights Reserved ©

Summary

Kael y Jax entraron al laboratorio como dos completos desconocidos. Salieron de allí con una sola mente. El "Proyecto Espejo" no les dio tiempo para las presentaciones ni para construir confianza; simplemente ató sus conciencias de forma irreversible. Ahora, dos agentes que nunca antes se habían visto se ven obligados a compartirlo todo: el dolor de una herida, el instinto de matar y, lo más peligroso de todo, el deseo. Mientras huyen de la organización que los convirtió en experimentos, la línea entre la identidad de Kael y la de Jax comienza a borrarse. ¿Es posible odiar la invasión pero desear al invasor? En un mundo donde guardar secretos es cuestión de vida o muerte, Kael y Jax descubrirán que lo único más arriesgado que la misión es la atracción devastadora de sentir la piel de un extraño como si fuera propia.

Genre
Scifi
Author
Mebahiah
Status
Complete
Chapters
76
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1


El zumbido de la luz fluorescente en el techo del refugio era lo único que llenaba el silencio, un sonido eléctrico que parecía vibrar directamente en los dientes de Jax. O quizás no eran sus dientes. Quizás era la mandíbula de Kael, que al otro lado de la habitación metálica, no dejaba de apretar los molares con una furia silenciosa que Jax sentía como una resonancia sorda en su propio cráneo.

El sótano olía a aceite quemado y a la humedad del sudor que les empapaba la piel tras la incursión en los muelles. Jax se pasó una mano por el cabello oscuro, sintiendo el ardor de los cortes en sus nudillos. No eran sus cortes, sus manos estaban intactas. Eran los nudillos de Kael, destrozados contra el casco de un guardia, los que enviaban oleadas de un dolor punzante y rítmico a través del vínculo.

—Deja de hacer eso —gruñó Jax. Su voz salió más áspera de lo que pretendía, rebotando en las paredes.

Kael, apoyado contra una columna de acero, ni siquiera lo miró. Estaba ocupado tratando de encender un cigarrillo con dedos que temblaban violentamente. El encendedor se le resbaló de las manos una, dos veces. Jax soltó un soplido de irritación. Podía sentir la frustración de su compañero creciendo como una marea caliente en su propio pecho, una presión sofocante que no era suya, pero que le hacía querer golpear la pared.

—No estoy haciendo nada, Jax —respondió Kael con ese cinismo ácido que siempre usaba como escudo. Finalmente, logró encender el cigarrillo.

—Estás temblando. Y yo tengo que sentirlo —Jax dio un paso hacia él, invadiendo ese espacio que el vínculo ya hacía inexistente—. Cálmate de una vez. Tu adrenalina me está dando náuseas.

Kael levantó la vista entonces. Sus ojos claros brillaron bajo la luz artificial, desafiantes. Dio una calada profunda y soltó el humo directamente a la cara de Jax. En ese instante, el pelinegro sintió un chispazo de algo más. No era odio, no exactamente. Era una ráfaga de euforia eléctrica, un remanente de la pelea que aún corría por las venas de Kael y que, por un segundo, hizo que su corazón diera un vuelco violento.

Era una sensación física, pura y dura. Jax no sabía si Kael lo estaba mirando con desprecio o con una curiosidad retorcida, pero su propio cuerpo —traidor e interconectado— reaccionó ante la proximidad. Un calor súbito, pesado y oscuro, comenzó a instalarse en la parte baja de su abdomen.

Lo más aterrador no es el deseo. Pensó con pánico Jax .

Lo más aterrador era que no sabía si ese deseo estaba naciendo en sus propias entrañas o si simplemente estaba actuando como el espejo de una pulsión que Kael se negaba a admitir.

—¿Te pongo nervioso, Jax? —preguntó Kael con una sonrisa ladeada, aunque sus propios pulmones se contrajeron en un espasmo de ansiedad que Jax percibió con total claridad.

—Me pones enfermo —sentenció retrocediendo.

La tensión en el sótano se volvió casi asfixiante. Kael dio otra calada, dejando que la brasa iluminara su rostro cansado por un segundo antes de volver a la penumbra.

—Solo ha pasado un mes, Jax. Apenas treinta días de este infierno. Y míranos, ya estamos a punto de arrancarnos la garganta. Imagínate lo que nos queda... toda una vida para sufrir con la presencia del otro. Una vida entera siendo el eco de tus jodidos pasos.

Jax apretó los puños. El dolor de los nudillos de Kael volvió a punzar en sus propias manos, recordándole que no había escape.

—Si hubiera sabido que serías el otro extremo de esto, jamás habría firmado. Ni por todo el dinero que prometieron, ni por la mejor posición en la central. Me habrían bastado cinco minutos de tu arrogancia en la entrevista para dar media vuelta.

Kael se despegó de la columna, caminando lentamente hacia la mesa de metal donde descansaban sus armas. Su espalda estaba tensa, y Jax sintió un tirón molesto en sus propios trapecios.

—¿Dinero? —Kael soltó una carcajada amarga, sin volverse—. Qué suerte la tuya, que pudiste elegir por ambición. Yo no estoy aquí por los créditos. Tengo una deuda con el Gobierno tan grande que mis próximos tres cadáveres no alcanzarían a pagarla. Para mí, esto fue la única alternativa a una ejecución o a una celda de aislamiento de por vida.

Se hizo un silencio repentino.

De pronto, Jax sintió un golpe seco en medio del esternón. No era un golpe físico, pero fue tan real que lo obligó a tomar aire de forma entrecortada. Una presión inmensa, como si una mano invisible estuviera apretándole el corazón, empezó a expandirse por su caja torácica. Era una sensación de hundimiento, de una desesperanza tan pesada y vieja que le costaba mantenerse erguido.

Jax miró a su compañero. El colorado seguía dándole la espalda, aparentemente tranquilo, pero el pecho de Jax seguía comprimiéndose.

—Mierda... —susurró llevándose una mano al pecho, tratando de masajear un dolor ajeno—. Deja de... deja de sentir eso.

Era la primera vez que la opresión era tan nítida. Era la angustia pura de Kael filtrándose por el vínculo, una vulnerabilidad que él jamás admitiría en voz alta, pero que Jax estaba obligado a cargar como si fuera propia.

Kael se tensó al escucharlo, pero no se dio la vuelta.

—No puedo apagarlo, Jax —dijo en un susurro, sin el toque de sarcasmo que constantemente lo acompañaba—. Te dije que estamos condenados. Acostúmbrate al peso, porque yo llevo cargándolo años.

Jax se frotó el esternón, tratando de ignorar ese residuo de desesperanza que Kael le estaba contagiando. Caminó de un lado a otro, sus botas pesadas resonaban contra el hormigón.

—Sigo sin entender la finalidad de este proyecto de mierda —escupió girándose para encarar la silueta de Kael—. Un espía es un fantasma, alguien que no deja rastro. ¿Cómo diablos se supone que esto nos hace mejores? Es todo lo contrario. Si a ti te dan una paliza, yo pierdo la coordinación. Si tú entras en pánico, mi pulso se dispara cuando más necesito precisión. Es una vulnerabilidad andante, un horrible error de diseño.

Kael, recuperando el sarcasmo, rio con fuerza. Se giró lentamente, apoyando la cadera en la mesa metálica y cruzando los brazos sobre su pecho tatuado. El sudor hacía que la tinta en su piel brillara bajo la escasa luz.

—Oh, Jax... siempre tan cuadrado, buscando la lógica militar en un nido de ratas —siseó con una sonrisa que no tenía nada de amable—. Si de verdad crees que el Proyecto Espejo es solo una fábrica para hacer mejores espías, estás más equivocado de lo que pensaba.

Jax entrecerró los ojos. Sintió una oleada de frustración que le subió por el cuello como un incendio. Su propia molestia chocaba con la irritación de Kael, creando un bucle de calor insoportable en su piel.

—Entonces ilumíname —exigió dando un paso agresivo hacia él—. Porque hasta ahora solo veo dos hombres encadenados por el sistema nervioso esperando a que el otro cometa un error para morir juntos.

Kael lo observó en silencio durante unos segundos. Jax pudo sentir cómo la mente del colorado trabajaba a toda velocidad, evaluando cuánto decir. Sintió una punzada de cautela, una sensación de “retroceso” que venía de él, como alguien que se asoma a un precipicio y decide dar un paso atrás.

—Es mucho más complicado de lo que te dijeron en el reclutamiento, “soldado” —respondió Kael, bajando la voz—. No quieren agentes, ya tienen millones. Ellos necesitan algo que no pueda ser interrogado porque su voluntad no le pertenece solo a él. Pero hay capas en este proyecto que ni siquiera tus jefes conocen.

Kael apretó los labios, cerrando la boca de golpe. Jax sintió un muro físico levantarse en el vínculo, una frialdad repentina que reemplazó a la angustia de hace un momento. Sabía no iba a soltar ni una palabra más.

Su frustración llegó a un punto máximo. Sabía que Kael tenía información, que las razones de por qué les habían hecho esto divagaban por su mente, pero disfrutaba tener ese poder sobre él.

—Eres un maldito desastre, Kael —masculló temblando de rabia, sintiendo cómo sus propios músculos se tensaban en una imitación perfecta de la postura defensiva de su compañero.

La discusión escaló como un incendio en una habitación llena de gasolina.

—¡Suéltalo de una vez! —rugió Jax, acortando la distancia hasta quedar a pocos centímetros del pecho de Kael—. Si estamos condenados a morir juntos, tengo el maldito derecho de saber por qué. ¿Qué es lo que ocultan? ¿Qué te dijeron en esas celdas antes de traerte aquí?

Kael soltó una carcajada estridente, pero Jax pudo sentir el pánico punzante que nacía en el estómago de su compañero, una sensación de náusea que se replicó instantáneamente en sus propias entrañas.

—No tienes derecho a nada, Jax. Eres solo un peón con uniforme que vendió su alma por unos créditos. ¡No entenderías la magnitud de este asco aunque te lo gritara en la cara!

—¡Entiendo que me estás arrastrando contigo a un pozo de mierda que no elegí! —lo agarró por el cuello de la camiseta, sacudiéndolo.

En ese preciso instante, el Efecto Espejo se volvió contra ellos.

La rabia pura de Jax chocó de frente con el miedo defensivo de Kael, creando un bucle de retroalimentación violento. El vínculo no estaba diseñado para procesar tal intensidad de odio y desconfianza en un espacio tan reducido. De repente, el zumbido de las luces desapareció, reemplazado por un chirrido agudo dentro de sus cráneos.

—Ah... ¡Mierda! —Kael se dobló por la mitad, soltando el cigarrillo.

Jax soltó la camiseta de Kael y retrocedió, llevándose las manos a la cabeza. Sentía como si miles de agujas al rojo vivo estuvieran cosiendo sus nervios desde adentro. Sus propios dedos empezaron a curvarse involuntariamente, y la piel donde tenía los tatuajes comenzó a arder con un calor eléctrico, casi azul.

—Se está... se está rompiendo... —jadeó Jax, cayendo de rodillas.

El dolor era insoportable. Era como si el sistema nervioso de ambos se estuviera friendo, una sobrecarga estática que amenazaba con desconectar sus corazones. La única forma de detener la tormenta sensorial, lo sabían por el manual teórico que ambos habían despreciado, era la estabilización física inmediata.

Kael soltó un grito ahogado, estirando una mano hacia el suelo, buscando algo a lo que aferrarse mientras su visión se nublaba. Jax, con la mandíbula desencajada por la agonía, entendió que si no hacían nada, sus cerebros simplemente se apagarían.

A regañadientes, impulsado por el instinto más básico de supervivencia, estiró su mano hacia la de Kael.

Cuando sus dedos se rozaron, una descarga eléctrica les recorrió la columna, pero el chirrido en sus cabezas disminuyó un decibelio. Desesperado, Jax envolvió la mano de Kael con la suya, apretando con una fuerza que habría sido violenta en cualquier otro contexto.

Al contacto pleno de sus palmas —piel contra piel, sudor contra sudor—, el caos en sus nervios se detuvo en seco.

El silencio que siguió fue absoluto.

Se quedaron así, arrodillados en el frío suelo de cemento, jadeando al unísono. La mano de Kael era grande y áspera; la de Jax, aunque un poco más pequeña, apretaba de vuelta con una urgencia aterradora. El dolor agudo se transformó en un calor sordo, un pulso rítmico que viajaba de un brazo al otro, estabilizando sus corazones hasta que latieron como uno solo.

Jax levantó la vista, encontrándose con aquellos ojos celestes a escasos centímetros. El odio seguía ahí, pero ahora estaba mezclado con una confusión eléctrica que ninguno de los dos sabía cómo procesar. Eran dos hombres que se habían jurado desprecio, forzados a sostenerse la mano como si fueran su único anclaje al mundo.

—No me sueltes... —susurró Kael, y Jax no supo si era una orden o una súplica—. Todavía no.

Jax apretó más fuerte, sintiendo la textura de los tatuajes de la muñeca de Kael bajo su pulgar. Odiaba lo bien que se sentía el alivio. Odiaba que su cuerpo estuviera empezando a agradecer el contacto de la única persona a la que deseaba ver muerta.

Le escalofriaba poder sentir el pulso de Kael a través de la palma de su mano. Era un ritmo constante que se acompasaba con el suyo hasta que no se podía distinguir de quién era cada latido. El dolor agudo había desaparecido, reemplazado por una calidez sedante que recorría sus brazos y se instalaba en su pecho, apagando el incendio de sus nervios.

Era una sensación obscena.

Jax observó sus dedos entrelazados con los de Kael. La piel del colorado estaba húmeda, caliente, y el contacto enviaba ráfagas de una calma artificial que su cerebro empezaba a devorar con desesperación. Intentó aflojar el agarre, solo un milímetro, pero en cuanto el contacto se hizo menos firme, una punzada de estática volvió a morderle la base del cráneo.

Su cuerpo, de forma instintiva y aterradora, volvió a apretar la mano de Kael.

—Maldita sea... —susurró con la voz quebrada.

Era un horror silencioso. Se suponía que debía odiar ese contacto, que debía sentir asco por la cercanía de ese tipo cínico y problemático que le habían encadenado. Pero sus células no entendían de odio. Sus células solo entendían que, sin Kael, estaban muriendo, y que con él, por fin podían respirar.

Kael, por su parte, tenía los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás contra la columna de acero. Su respiración, antes errática y cargada de angustia, ahora era profunda. Jax sintió a través del vínculo cómo la marea de desesperación de Kael se retiraba, dejando una estela de agotamiento y... algo más. Una especie de gratitud física que le revolvió el estómago.

—Es como una droga, ¿verdad? —la voz de Kael apenas fue un soplido, pero Jax la sintió vibrar en sus propios huesos.

El colorado abrió los ojos y lo miró. No había rastro de la sonrisa burlona de antes, solo una mirada cruda, despojada de defensas por el cansancio.

—Sientes cómo se apaga el ruido —continuó, observando cómo Jax luchaba contra la necesidad de acercarse más—. Sientes cómo tu sangre deja de quemar porque yo estoy aquí.

Jax quiso soltarlo. Quiso levantarse, escupir al suelo y alejarse hasta que el vínculo los matara, solo para demostrar que aún era dueño de sí mismo. Pero su mano se negaba a moverse. Era como si sus dedos se hubieran fundido con los de Kael. El alivio era tan profundo, tan absoluto, que la idea de volver a la soledad de su propio cuerpo le producía un terror físico que nunca había experimentado.

—Es el diseño del proyecto, Jax —Su mano libre subió, dudando un segundo antes de rozar su antebrazo tatuado—. El dolor compartido de la conexión es solo una consecuencia secundaria. Nos conectaron para que el único lugar seguro en el mundo sea el cuerpo del otro.

Jax sintió el roce de los dedos de Kael en su brazo como una descarga eléctrica. Fue como si una pieza de un rompecabezas encajara después de años de estar perdida. Odiaba esa sensación. La odiaba más que al propio Kael.

—No te acostumbres a esto —masculló Jax, aunque no se movió ni un centímetro—. En cuanto los niveles se estabilicen, te soltaré.

—Mentira —respondió Kael, y por primera vez, hubo algo parecido a la compasión en su voz—. Estás tan asustado como yo porque acabas de darte cuenta de que ahora... ahora eres mi prisionero de una forma que ninguna celda podría igualar.

Con un gruñido que fue mitad rabia y mitad agonía, Jax tiró de su brazo con violencia, rompiendo el contacto como si se estuviera arrancando una venda pegada a una herida abierta.

—¡Basta! —rugió, retrocediendo trastabillado hasta chocar contra la mesa de metal.

El efecto fue instantáneo y brutal. Al separarse tan repentinamente mientras sus frecuencias aún se estaban sincronizando, el “latigazo” sensorial los golpeó como una descarga de alto voltaje.

Jax sintió un sabor metálico estallar en su boca y sus oídos pitaron con fuerza. A través del vínculo, recibió el impacto del dolor de Kael: un vacío repentino, una sensación de caída libre que le revolvió las tripas. Pero se obligó a mantenerse en pie, apretando los dientes hasta que le dolió la mandíbula, negándose a mostrar cuánta falta le hacía volver a tocarlo.

Kael, por el contrario, no se esforzó en ocultar el impacto. Se quedó en el suelo un momento más, jadeando, con la mano que el pelinegro había soltado aún extendida en el aire, como si todavía pudiera sentir el fantasma del calor. Luego, soltó una risa ronca y sin aliento, levantando la vista hacia Jax con calma forzada.

—Vaya... —dijo limpiándose un rastro de sudor de la frente—. Tienes un sentido de la autocrítica muy destructivo, Jax. Podríamos habernos quedado en ese estado cinco minutos más y nos habríamos ahorrado la migraña.

—No voy a ser un adicto, Kael. Mucho menos a ti —escupió señalándolo con un dedo tembloroso que intentaba ocultar—. Esto es una herramienta de trabajo, nada más. Si los niveles bajan de la zona roja, se acabó el contacto. No hay “nosotros”, no hay “paz”. Solo existe la misión.

Kael se puso en pie con lentitud. Se sacudió el polvo de los pantalones y caminó hacia Jax, deteniéndose justo en el límite donde el aire empezaba a vibrar de nuevo. No retrocedió ante la mirada asesina de su compañero.

—Eres gracioso cuando intentas convencerte a ti mismo —comentó encogiéndose de hombros—. A mí no me importa si eres un puritano o un santo, Jax. Yo ya acepté que mi vida es una mierda y que tú eres el parásito que me toca cargar. No me asusta que nos toquemos... de hecho, prefiero eso a sentir que mis nervios se fríen.

Kael dio un paso más, quedando peligrosamente cerca, obligando a Jax a decidir si huir de nuevo o mantenerse firme.

—Pero entiendo tu miedo —añadió bajando la voz hasta que fue casi un susurro—. Te aterra darte cuenta de que, por mucho que me odies, tu cuerpo me va a buscar cada vez que las cosas se pongan feas. Y la próxima vez, no seré yo quien estire la mano primero. Serás tú.

Jax sintió una punzada de pura verdad filtrándose desde Kael, una certeza que no necesitaba el vínculo para ser comprendida. Se quedó ahí, rígido como una estatua, mientras Kael pasaba por su lado para recoger su chaqueta, dejándolo solo con el eco de sus latidos y el vacío abrasador donde antes estaba la mano de su compañero.

Let Mebahiah know what you thought about this chapter!
Love this

9

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

1

Spicy

Suspenseful

1

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

2

Shocking

Good Writing

1

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Read Now
Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Take the reins

Vicky_young205: Vicky_young205. 🤔, there's alot to say about this story but I will focus on the morals I learnt. First of all , the story is a wow, so wonderful, perfect storyline, perfect characters and themes, it's just too perfect, kudos to the author, she did a wonderfully excellent job.Okay now what I learnt;...

Read Now
Ruthless Lord

dgkillner1: Didn't dislike anything. This is a great book and I'm enjoying it immensely.

Read Now
Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Read Now
My Blacksmith Savior

NinaK: Un amour simple et construit

Read Now
The Wrong Carter (A Contract Marriage Romance)

Teri: I felt the beginning was a bit rushed, but after that, the flow evened into a steady rhythm. Good plot, great writing. Kept me intrigued.

Read Now
The Mafia's Chef

Maya: Sehr gute Geschichte und mehr realistisch als ich gedacht

Read Now
Nothing Between Us

Suzu: Belle histoire. On s'attache aux personnages et j'ai du mal à la lacher. Du 🌶️ et de beaux sentiments.

Read Now