Prólogo
La casa estaba demasiado silenciosa.
Natalie lo notaba sobre todo por las noches, cuando el mundo parecía detenerse y cada sonido, el zumbido del refrigerador, el crujido de la madera, se volvía insoportablemente claro. Antes, el silencio significaba descanso. Ahora era un recordatorio constante de lo que faltaba.
Henry ya dormía. Siempre caía rendido primero, como si su mente se apagara para no pensar. Natalie lo observó unos segundos desde el marco de la puerta, asegurándose de que respirara con calma, de que estuviera bien. Era algo que hacía cada noche. No porque dudara... sino porque necesitaba convencerse.
Cerró la puerta despacio y volvió a la sala, donde las cajas sin desempacar seguían apiladas. Chuglass, Idaho, pensó con amargura. Un lugar nuevo no siempre significaba un nuevo comienzo. A veces solo era otro sitio donde cargar con lo mismo.
Se dejó caer en el sofá y apoyó los codos en las rodillas. Desde que su madre murió, el tiempo se había vuelto extraño. Los días pasaban demasiado rápido y, al mismo tiempo, parecían no avanzar en absoluto. Natalie había aprendido a sonreír cuando debía, a decir que todo estaba bien, a ser fuerte... pero nadie le había explicado qué hacer cuando la fuerza empezaba a agotarse.
Muy lejos de allí —aunque en el mismo pueblo—, alguien más observaba el techo de su habitación con esa misma sensación de vacío.
Tn no recordaba cuándo había sido la última vez que se había despertado con ganas de hacer algo. Los días se sucedían como copias mal hechas: trabajo, calles grises, conversaciones que no llevaban a nada. No había ocurrido una tragedia concreta en su vida, y quizá por eso todo pesaba más. No tenía a quién culpar, ni un punto exacto donde decir aquí se rompió todo.
Simplemente... se sentía fuera de lugar.
Se sentó en la cama y pasó una mano por su rostro. A veces imaginaba cómo sería empezar de cero en algún lugar donde nadie esperara nada de él. Donde no tuviera que fingir entusiasmo ni cargar con expectativas ajenas. Un pensamiento infantil, lo sabía. El mundo no funcionaba así.
O al menos, eso creía.
Esa misma noche, Natalie apagó la luz del salón y se dirigió a su habitación. Antes de cerrar la puerta, miró por la ventana. El cielo estaba despejado, lleno de estrellas inmóviles, indiferentes a todo lo que ocurría debajo. Por un instante, deseó poder desaparecer entre ellas.
Tn, en otro punto del pueblo, también miraba el cielo. No buscaba respuestas. Solo algo distinto.
Ninguno de los dos sabía que esa sensación compartida, ese cansancio silencioso, ese deseo de huir sin saber a dónde, era el primer hilo de algo mucho más grande.
Tampoco sabían que muy pronto, un error, un portal y un mundo imposible los obligarían a encontrarse.
Y que, entre bloques y peligro, descubrirían que a veces no se trata de arreglar el mundo del que vienes...
sino de elegir en cuál quedarte.
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Notas de la historia:
Quise escribir esta historia cuando salió la película, pero en esas épocas andaba con bloqueo creativo y responsabilidades. Así que la traigo ahora :)
La historia será casi la misma de la película, pero con varias escenas y acontecimientos cambiados, estará centrada solo en Natalie.
Será una historia corta, unos 15 capítulos aproximadamente.
Sin mucho más que decir, espero que les guste :)