Chapter 1
La lluvia caía sobre la ciudad como un velo gris, mezclándose con las luces de neón que reflejaban un mundo de lujo y peligro. En lo alto de un rascacielos, la mansión de la familia Hwang se alzaba como un castillo de cristal y acero, silencioso y frío, sus ventanales gigantes brillando tenuemente bajo la tormenta. Cada pasillo, cada escalera, parecía medido para recordar a quienes entraban quién gobernaba allí.
Hyunjin caminaba solo por uno de esos pasillos, su traje negro impecable pegado al cuerpo, su porte rígido y calculador. Cada paso resonaba como un martillazo sobre mármol. La reunión de la noche había terminado hacía apenas unos minutos, pero algo le decía que nada sería igual desde ahora.
-Alguien nuevo ha solicitado entrar en nuestras operaciones -dijo Han desde la puerta del salón principal, su voz grave rompiendo el silencio.
-¿Quién? -Hyunjin frunció el ceño, inclinando apenas la cabeza.
-Se llama Félix. Afirma ser un negociador financiero. Viene de la familia Lee y es el hermano menor de Minho.
El nombre hizo que un frío recorriera la espalda de Hyunjin, aunque su expresión permaneció impasible. La familia Lee y los Hwang tenían un pasado complicado: alianzas tensas, traiciones silenciosas y miradas siempre cargadas de amenaza, ya tenía a un Lee trabajando para el y dos sería demasiado.
-Que lo traigan -dijo finalmente, con la calma que siempre helaba la sala.
Minho permanecía en el fondo, sus ojos oscuros evaluando la escena. Sabía algo que nadie más en ese salón conocía: Felix no era un Beta, como todos creían. Era su hermano, un Omega entrenado desde niño para sobrevivir entre lobos, y cada gesto suyo estaba calculado para atraer, convencer y ocultar su verdadera naturaleza. Minho sentía orgullo y miedo a la vez. Su hermano estaba entrando a la boca del lobo.
Cuando Felix apareció, el aire pareció detenerse por un instante. La primera impresión fue devastadora: su cabello rubio caía con elegancia sobre la frente, sus ojos claros brillaban con una intensidad que era casi dolorosa de mirar,su rostro lleno de pecas y perfectamente simétrico irradiaba una belleza que confundía a cualquiera. La mandíbula marcada, la piel tersa y pálida, los labios finos que se curvaban en una sonrisa tranquila pero letal... cualquiera habría jurado que era un Alfa.
Los murmullos fueron apenas audibles, pero suficientes. Algunos lo miraban con respeto, otros con cautela; nadie podía ignorar la presencia que emanaba poder y magnetismo, aunque aún no lo supieran.
Hyunjin se levantó, sus pasos medidos y seguros mientras avanzaba hacia Felix. Sus ojos grises se encontraron con los de aquel joven que parecía flotar sobre la alfombra del salón, y por un momento, algo inesperado ocurrió: una tensión sutil, imposible de ignorar. Una reacción que Hyunjin no podía explicar, pero que sentía en cada fibra de su cuerpo.
-Felix, ¿verdad? -dijo con calma, pero cada palabra cortaba el aire como un cuchillo.
-Así es -respondió, su voz suave, elegante, con un tono que transmitía control absoluto-. He venido a ofrecer mis servicios. Mi hermano me recomendó trabajar para usted y ceo que podemos ayudarnos mutuamente.
Cada movimiento de Felix estaba calculado: la forma en que se enderezaba, cómo sostenía la mirada de Hyunjin sin vacilar, cómo sus manos descansaban sobre la carpeta de documentos que traía, mostrando confianza y refinamiento. Era imposible no percibir la fuerza silenciosa de alguien acostumbrado a manipular a otros sin esfuerzo.
Minho se acercó discretamente, con la mirada fija en su hermano:
-Recuerda tu inhibidor. No queremos que Hyunjin descubra tu secreto...
Félix asintió con apenas un gesto, imperceptible para cualquiera más, y ajustó ligeramente su cuello de camisa. La corriente invisible de feromonas permanecía contenida, bajo control. Nadie más podría percibir su verdadera naturaleza, y eso le daba una ventaja peligrosa en aquel juego silencioso de poder.
Hyunjin lo estudió con atención: cada detalle, cada gesto, cada movimiento. La perfección de Felix era desconcertante. No solo era hermoso; era hipnotizante, como si todo en él hubiera sido diseñado para llamar la atención, para confundir, para dominar sin levantar un dedo. Los murmullos comenzaron a aumentar: algunos susurraban que debía ser un Alfa, por su porte y seguridad; nadie sospechaba que era un Omega que controlaba cada una de sus señales con precisión militar.
-Bien -dijo finalmente Hyunjin, su voz firme-. Te daré una oportunidad para demostrar tu valía. Pero te advierto: la familia Hwang no tolera errores.
Félix inclinó ligeramente la cabeza, la elegancia en cada gesto, la sonrisa apenas perceptible que prometía control absoluto:
-Lo entiendo. Y no se arrepentirá.
Hyunjin sintió algo dentro de él tensarse de nuevo, una reacción que no podía explicar, y que se repetía cada vez que el joven lo miraba fijamente. Cada segundo que pasaba cerca de Felix era un desafío silencioso, un juego invisible de poder y atracción que ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.
Minho observaba desde un lado, respirando con cuidado. Su hermano estaba entrando en un territorio peligroso, pero Minho estaba allí, vigilante, listo para intervenir si algo salía mal. Nadie más debía descubrir la verdad; si Hyunjin supiera que Félix era un Omega, todo cambiaría, y no necesariamente a su favor.
La lluvia continuaba golpeando los ventanales de la mansión, como un acompañamiento rítmico al inicio de un juego silencioso y mortal: un juego de poder, deseo, secretos y traiciones que apenas comenzaba.
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