De principio a fin

All Rights Reserved ©

Summary

Cansada de una vida de fracasos, una mujer decide que es momento de descansar eternamente, después de todo, ya no tiene nada que la ate al mundo en el que nació. Lo que no se esperaba es que la vida, -de quien tanto renegaba-, le diera una segunda oportunidad en un mundo completamente diferente pero perfectamente conocido para ella. "¡¿Renací en una novela?!"

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Miré como caía el agua tibia en la tina, me sentía mareada, tal vez por la botella de vino que me tomé casi por completo, y que justamente yacía en la cómoda a mi lado, junto a un blíster de pastillas que parecía inofensivo.

Cerré la llave, un poco más y la dejaría rebosar y mojar el piso de loza azul. Una lastima para los vecinos de abajo y su problema de goteras.

Agarré la copa de vidrio y vertí lo que quedaba de vino en ella; con mi cuerpo ya desnudo, me dispuse a entrar en la tina, dejando escapar un pequeño suspiro de satisfacción al sentir el abrazo cálido del agua.

Intentaba no pensar demasiado en lo que estaba por hacer, de hecho, quería callar cualquier pensamiento que invadiera mi mente. Tal vez así podría conservar la poca paz interna que me quedaba.

Tomé el blíster de pastillas, jugando con él entre mis manos a pasarlo por cada uno de mis dedos.

Me sentía tan cansada...

Mi vida no era más que un pequeño grano de arena en el basto desierto que conformaba al mundo. Nunca tuve un propósito real para despertar cada día, similar a una marioneta o a un robot, vivía conforme a lo que se esperaba de mí... Y, aún así...

Fracasé...

Saqué las pastillas, una por cada fracaso.

Por mi matrimonio de casi once años que al final no pude sostener.

Por la carrera qué no llegué a finalizar al volverme ama de casa.

Por la independencia que nunca pude obtener.

Por la falta de talento y habilidad que me cerraba las puertas para trabajar.

Y también, por las vidas que jamás pude crear gracias a este cuerpo infértil.

—Bien Gema... Hasta hoy llega esta mierda —Sentencié, alzando la copa en un brindis irónico. — ¡Salud! —De un solo trago, tomé todo lo que había en la copa y la dejé nuevamente en la cómoda.

No me despedí de nadie, bueno, no es como si alguien realmente fuera a extrañarme.

El sueño llegó casi de inmediato, la tibieza del agua se sentía aún más acogedora, tanto, que ni siquiera me molestó cuando empecé a perder las fuerzas en mis músculos, causando que me sumergiera cada vez más.

Fue mi decisión, la única que tomé pensando solamente en mí. Dándome igual los inconvenientes que después causaría mi cadáver o si, al menos, llegaba a sorprender a los que alguna vez consideré cercanos.

Mi realidad me tenía harta, eso era un hecho, así que. ¿Para qué seguir así?

La bruma llegó a mi mente, me sentía súper ligera, igual que una pluma. ¿Así era la muerte?

Completamente sola en lo que parecía la nada. Vaya, que incluso mi fallecimiento era vacío, que dulce era la ironía.

«Gema...»

Una voz al fondo se escuchaba, no distinguía si era de una mujer o un niño, realmente, ni siquiera podía identificar su origen.

Miré a todas partes, la desesperación comenzaba a invadirme.

«Gema...»

Otra vez alguien me llamaba. ¿Qué estaba pasando?

— ¿Quién eres, qué quieres de mí? —Alcé por fin la voz, aunque no sabía si eso era una decisión prudente.

«Por fin estás aquí... Te estuve esperando tanto tiempo...»

Era la primera vez que podía escuchar una añoranza tan genuina. ¿Por mí?

— ¡Dime quién eres! ¡¿Por qué estoy aquí?! ¡Se supone que morí! —No pude contener mi voz alarmada, la situación era, cuando menos, extraña.

«Te estuve esperando tanto pero tanto tiempo... Y ya estás aquí...»

El hecho de que la voz no contestara mis preguntas me inquietaba demasiado. Abracé mi cuerpo desnudo, haciéndome un ovillo y por un momento quise despertar otra vez en mi depa, pensar que todo fue un mal sueño, una reprimenda del destino por mi decisión apresurada. ¿Esta sería mi nueva realidad?

«No... No te esperé para eso, ya es hora, Gema... Es hora de que vivas...»

No entiendo nada...

Definitivamente, así no fue que imaginé a la muerte...

«Ya es hora, Gema...»

Y así, sin más la voz se calló. La nada en la que estaba flotando comenzó a cambiar, como un cuadro blanco que se liga con muchas pinturas a la vez, el fondo comenzaba a tomar forma. Una oscura, lúgubre y fría para ser más exactos.

«Una celda...» Mi cerebro procesó bien el ambiente, me sentía muy pequeña, mi cuerpo tiritaba por el aire gélido que se filtraba por la ventanilla arriba de mí. Una desgastada y roída manta era lo único que me cubría.

Los barrotes de hierro me separaban de un estrecho pasillo de roca. Me recordaba mucho a esas novelas de época que me gustaba leer en mi adolescencia.

— ¡Muy bien, ratas insignificantes! —La voz cargada de desprecio me alertó, causándome un sobresalto involuntario. — ¡Su oportunidad llegó, es hora de que se larguen de una vez para que sean útiles en sus miserables vidas! —Continuaba, a eso se añadió el sonido de algo que golpeaba a los barrotes, imaginé que sería un mazo o algo así.

Cuando por fin pude darle cuerpo a la persona que gritaba me sentí todavía más aterrada. Un hombre de edad avanzada, uniforme militar y una panza prominente estaba pasando de celda en celda, previniendo a todos los que estábamos ahí.

No entendía qué estaba ocurriendo, pero la urgencia en mi pecho me decía que no era nada bueno y lo peor, no tenía escapatoria.

Otros soldados llegaron, abriendo las rejas y obligándonos a formarnos en el pasillo. Cuando pasaron por la mía, apenas si me miraron pero sabía que si me tardaba, podría irme muy mal.

Y, solo cuando me levanté caí en cuenta de un detalle muy importante... Ya entiendo porqué me sentía más pequeña de lo normal...

Este cuerpo... Era el de una niña...

Un grito de horror se me escapó; miré mis manos diminutas, mis piernas extremadamente delgadas, una maraña enredada y sucia de cabello rojizo reemplazaban lo que una vez fue mi cabello oscuro. ¡¿Qué significaba esto?!

— ¡Muévete, no tenemos todo el día! —El hombre panzón al percatarse de mi grito fue a buscarme para que saliera. —Malditos salvajes, no entienden ni una simple orden —Se quejaba, tomando bruscamente mi brazo y lanzándome a la fila, donde una señora tuvo la gentileza de atraparme pues en mi estupor, no sabía ni cómo moverme.

Tenga cuidado, princesa... —Habló en un idioma extraño y, sin embargo, pude entenderla. —Esto terminará muy pronto —Aseguró, dándome un pequeño apretón en el hombro y una sonrisa que, más que calmarme, me preocupó.

Sé que esta escena se me hace familiar pero no logro asociar porqué.

Nos llevaron encadenados y cabizbajos a lo que parecía una tarima. Murmullos se escuchaban por todas partes y, por el rabillo del ojo, podía notar una extensa multitud que nos rodeaba. Todos en trajes y vestidos de época muy elegantes; tomaban licor en copas recubiertas de oro y charlaban tranquilos como si fuera lo más normal ver a hombres y mujeres de diferentes edades encadenados y ordenados en una tarima, tal cuál animales u objetos en una subasta...

Esperen un momento...

Ay mierda...

«Tantas opciones para reencarnar... Y justamente me tocó la peor...» Pensé, aceptando que mi destino estaría sellado otra vez.

Era la villana en un cuento que tenía de todo, menos un final feliz...

Next Chapter