Wanna try out some freaky positions?
Su abuela era muy parlanchina, y una de las cosas que le gustaba decir hasta el cansancio es que su nieto era de las personas más sociables que alguien pudiera conocer. La anciana siempre que tenía la oportunidad presumía de la capacidad de su nieto para hacer amigos por todos lados y adaptarse a un sitio de forma rápida y respetuosa, ganándose la confianza de algunos y las miradas con intenciones de otros.
YunHo era alguien bueno, según su pobre abuela, pero ¿Qué dirá ella ahora al ver que su nieto ya llevaba cinco rondas saltando sobre su dedo viendo la foto de instagram de su vecino? Seguro toda la barrera buena que había creado sobre la imagen de YunHo se derrumbaria. En primer lugar porque la abuela Jeong estaba segurisima de que su nieto era de los seres humanos más inocentes y respetuosos del planeta, de aquellos que no pensaban ni un solo momento en cosas fuera de lugar; y sí era así, o al menos era hasta que conoció a su vecino.
Y en segundo lugar, quedaría totalmente decepcionada al saber que su nieto estaba totalmente avergonzado cuando del vecino de trataba, incapaz de poder acercarse aunque sea un poco para preguntarle sobre como estaba su día o de cualquier otra tontería.
Ah, el vecino, ¿Cuando será el día que no hable del vecino? ¿O que tan siquiera no piense en él un pobre segundo de su vida?
Sumergido en una ola de placer, encerrado en su cuarto con la ventana abierta permitiendo que la luz lunar entrara por ella, dejó de montar su propio dedo cuando el orgasmo llegó tan fuerte que tuvo que detenerse, aunque no duró mucho. No sabía qué tenía hoy que su entrepierna se ponía dura casi a los segundos después de correrse, como si la foto que tenía enfrente no ayudara en absolutamente nada. Y ahora que lo pensaba era jodidamente cierto, no ayudaba, ya era la sexta vez que se corría y no se sentía satisfecho.
¿Qué le ocurría? Él no era así, usualmente solo bastaba una vez para correrse y estaría bien el resto de la noche, pero no, ahí estaba esa ocasión en especial, con la foto de Song MinGi, su vecino que andaba todos los días con una moto negra, él vistiendo con prendas negras y botas pesadas, mirando mal a todo mundo.
Gimió insatisfecho, prendiendo su teléfono para buscar otra foto diferente, encontrando una donde sus ojos eran el foco de atención de la foto. Y joder, esos ojos que lo tenían loco, ojos de dragón, rasgados y penetrantes como la más filosa de las cuchillas siempre lo pondrían con las piernas de gelatina y el intelecto por el suelo.
Se levantó con ayuda de las rodillas, metiendose el dedo de nuevo para dejarse caer hasta el colchón, quedando sentado con su propio dedo dentro suyo. Enseguida se acomodó frente a su teléfono con la foto de MinGi y comenzó a saltar con ayuda de sus muslos.
Su piel comenzó a chocar entre sí por la fuerza ejercida, su interior resentido hacía que todas las sensaciones se triplicaran y su pene estaba tan rojo que no creía que pudiera ser capaz de aguantar una más, pero ahí estaba, tapándose la boca porque no sabía si su abuela ya había llegado o no, además de que ciertos vecinos eran muy chismosos.
Las veces anteriores se había estado corriendo demasiado rápido para su propio gusto, imaginando que tenía el culo alzado frente a la cara de MinGi mientras este le sonstenia de la cintura y luego chupaba su entrada con desesperación, haciéndolo delirar hasta caer de cara en la superficie más cercana, pero en esta ocasión le estaba costando más que las anteriores.
Su propio lubricante ya comenzaba a caer a chorros encima del colchón, su mano estaba empapada y sentía el cosquilleo tan cerca que a veces se iba. Entonces se sumergió en un limbo donde no podía correrse, la sensación embriagante venía y desaparecía con la misma frecuencia aún si aumentaba la velocidad de su cuerpo y dedo. Intentó meter otro, incluso mover en todas las direcciones, pero nada funcionaba.
Frustrado dejó de moverse, ya demasiado cansado pero con el pene doliendo y despierto. Quería correrse al menos una vez más, con una sola vez le bastaba, pero no sabía qué hacer.
Pensó y pensó, pero nada se le ocurria, tal vez la almohada serviría y estaba a punto de usarla cuando algo metálico brillo en medio de su habitación.
Sobre su escritorio, pegando con la luz de la luna, las llaves de una moto llamaron su atención y entonces lo recordó. MinGi había tenido que salir a un viaje familiar de fin de semana, y como la casa de al lado no tenía garaje, MinGi solía dejar su moto en el patio trasero con mucha seguridad y a veces sin dormir por estarla vigilando. Sin embargo en esa ocasión admitió que estaría un poco intranquilo con el hecho de que su moto estaría sola con la facilidad de ser robada, así que le pidió a YunHo, siendo el vecino con garaje más cercano y que mejor le caía para confiarle su moto, se la dejó para que la cuidara.
Y ahora estaba ahí, a punto de hacer algo estúpido. Se levantó de inmediato y a la misma velocidad se puso su pijama, omitiendo la ropa interior; tomó las llaves de la moto y con sigilo salió de su habitación.
Revisó con cuidado, guardando silencio en caso de que su abuela estuviera en casa, pero nada se lograba ver. Fue bajando las escaleras poco a poco, inclusive aguantando la respiración por momentos para estar atento en caso de escuchar algún ruido.
Nada.
La casa estaba vacía y no podía estar más contento con eso.
Brincó los últimos escalones y salió en dirección al garaje, encontrando el lugar semivacío y oscuro. Prendió las luces, siendo recibido por basura, botes de pintura y un lugar muy amplio para ser un garaje. Y ahí en medio, hermosa y brusca, estaba la moto de MinGi bien cuidada y completa.
Por un momento dudó de lo que hacía, era consciente de que no era la mejor de sus ideas pero no estaba pensando con coherencia. Necesitaba correrse ya y nada le estaba funcionando. Aunque estando ahí, frente a la moto que tenía pequeñas huellas del aroma de MinGi, no supo exactamente qué es lo que iba a hacer para satisfacerse.
Con las piernas temblorosas y la frente cubierta de sudor, cerró la puerta detrás suyo y guardó las llaves que no sabía para qué había tomado en primer lugar. La luz blanca del garaje era algo incómoda y la limpieza del lugar no era la mejor, todavía podía ver la huella de una mancha de un líquido que no quería descubrir, aunque tal vez estaba exagerando y era gasolina o algo por el estilo.
Admitía que no era el mejor lugar del mundo y que nada allí podía transmitir algún tipo de lujuria, pero estar cerca de la moto de MinGi le puso los pelos de punta, oliendo su perfume, percibiendo su aura a través de la moto. Y es que transmitía todos y cada uno de los aspectos relevantes de MinGi, como su tamaño corporal, su personalidad, temperamento y forma de vestir. Estaba seguro que ya se había vuelto loco porque estaba comenzando a ver a una persona en un objeto.
Su entrepierna volvió a despertarse, dejando el pantalón de su pijama algo húmedo, mandando señales de lujuria a su cerebro que colapsaron una tras otra cuando sus dedos acariciaron la superficie de la moto.
El material de la moto bajo las yemas de sus dedos se sintió diferente y no pudo evitar lo que sucedió después. Quizá si era posible evitarlo, pero no iba a pensar en lo mucho que se guiaba por los instintos, así que simplemente lo ignoró.
Se subió a la moto, acariciando con las manos el asiento sobrante, cerrando los ojos, su imaginación llevándolo de inmediato a la imagen de MinGi debajo suyo, imaginando que lo que acariciaba era su torso y no un asiento común de una moto.
Comenzó a respirar errático, moviendo la cadera de enfrente hacia atrás sin darse cuenta. Soltó un gemido cuando su pene rozó con el asiento, en su imaginación siendo la pelvis de MinGi.
Sus gemidos salieron destartalados y ruidosos, uno tras otro mientras el movimiento de su cuerpo incrementaba. Frunció el entrecejo y su boca no se detuvo al igual que los movimientos erráticos de su cuerpo. Su pene rozaba constantemente, sus uñas se enterraron en el asiento y su nariz detectando el perfume de MinGi lo llevaron al orgasmo, uno de los mejores que había tenido, al fin quedándose satisfecho cuando supo que el calor ya no volvió al minuto como en las veces anteriores.
Vio hacia abajo, no había ni una mancha en la moto en comparación con su pijama que estaba empapada. Su entrepierna flácida y sensible al fin ya había estado satisfecha. Ya podía dormir tranquilo.
—YunHo.
Una voz imponente llenó el garaje y él quiso hundirse veinte metros bajo tierra para no tener que ver al dueño de sus fantasías en el mismo escenario que él. Sin embargo no pudo evitar mirarlo, MinGi estaba de pie bajo el marco de la misma puerta por la que había entrado, vistiendo ropas oscuras pero menos agresivas que las veces anteriores, no llevaba chaquetas de cuero, pantalones rasgados o botas pesadas. MinGi vestía una sudadera con una chamarra encima y una gorra cubría su cabello.
No se movió, MinGi tampoco lo hizo, hasta que comenzó a caminar y se tuvo que bajar de inmediato de la moto.
—Y-yo, realmente lo siento, no era mi intención — tartamudeo, hablando rápido al mismo tiempo —No quería, en serio, ¿Cómo puedo arreglarlo?
—Quítate.
Y sin embargo, MinGi actuó de la misma forma que siempre con él, frío, distante, apático y sin emociones. YunHo se quedó paralizado, esperando otro tipo de respuesta que no llegó.
Entonces ¿MinGi no lo había visto?
¡Que alivio! ¡Que dios lo bendiga siempre!
Ahora podía respirar y comenzar a pensar en qué haría ese fin de semana, parecía prometedor salir por un helado en el lugar mas alejado posible de MinGi.
—S-si, lo siendo — avergonzado se apartó, dándole las llaves a MinGi quien comenzó a acomodarse el casco —Y… ¿Cómo entraste?
—Nos encontramos a tu abuela en el camino y decidimos traerla, ella me dejó pasar.
—Ya veo — carraspeo, ayudando a MinGi a subir la puerta del garaje —Oye y… lamento haberme subido a tu moto.
—No lo lamentes, para eso son — murmuró ido, revisando el casco cuando se sumió en un intenso silencio donde la curiosidad de YunHo era palpable.
Luego, MinGi levantó la cabeza, le miró con un sentimiento irreconocible por largos segundos y, para su sorpresa, sonrió de lado.
YunHo no entendía nada, hasta que MinGi se acercó de forma amenazante, sus ojos lo analizaron como a un asesino en el juzgado, su corazón comenzó a latir rápido y sus sentidos de lujuria se escondieron con el aroma del perfume varonil de MinGi.
Y al final, la sorpresa lo invadió cuando MinGi se acercó, abriendo los brazos para abrazarlo, quizá de agradecimiento. YunHo iba a desmayarse si lo hacía, pero era MinGi, ¿Cuando llegaría a abrazar a MinGi? Sin embargo el abrazo no llegó y en su lugar los brazos de MinGi lo rodearon hasta que sus manos estuvieron en su culo, y lo apretó con fuerza, sacándole un jadeo sorprendido y alto.
—Gracias por cuidar mi moto, Yun —le susurró, dándole otro apretón en la misma zona —Nos vemos.
Y así como llegó, se fue con su moto, dejando a YunHo con el corazón acelerado y las hormonas a mil.
Esa misma noche recibió un mensaje de MinGi. Ya estaba dispuesto y listo para dormir cuando vio el mensaje con el vídeo adjunto que MinGi le había mandado. Primero vio el vídeo, ahogándose de inmediato al ver las piernas largas de MinGi sobre la moto, desnudo de la parte inferior que grababa con el celular, con su mano fuerte y llena de anillos subiendo y bajando por su pene mientras al fondo se escuchaban gemidos roncos.
Y luego, un mensaje que decía “para la próxima mastúrbate conmigo en lugar de mi moto, admito que me sentí algo celoso”.