Capítulo 1 Estrés
Por lo regular no recuerdo mis sueños, no sé cómo llamarle; tal vez “variaciones oníricas": durante un mes, sufro terribles problemas para dormir, al siguiente, la primera mitad de la noche soy como un bebé y la otra mitad, mi cabeza inventa problemas que nunca han de suceder y el sueño se va de vacaciones. La felicidad llega sin anuncio, de pronto la era se torna agradable y la noche entera el cuerpo se relaja, descansa y produce sueños extraordinarios que puedo recordar. A veces sueño personas de mi alrededor en situaciones comunes de un sueño común, otras, lo que llamamos pesadillas, un asalto con pistola, en ocasiones fantasmas aterradores, en resumen sueños y pesadillas comunes y corrientes. En una ocasión iba por la calle, el sueño era en blanco y negro; en penumbras: alguién a mis espaldas expresaba una amenza inexplcable, más que miedo, sensaciones extrañas solo existentes allí, en el mundo onírico, el mundo REM. Avanzaba debajo de un tacaño arbotante, apenas dejaba ver el sardinel de la banqueta, el miedo fue tal que extendí mis brazos, “aleteé” y comencé a volar, el alivio ahuyentó al miedo, voltear y ver al agresor se tornó en escarnio, una burla placentera. En adelante nada me detendrá, ¡puedo volar! La sensación por el empuje de mis brazos en cada “aleteada” es indescriptible; puedo ver la calle y los cables sobre los postes, al final me poso sobre una barda conocida; viví en esa casa cuando tenía once años, la reconozco a la perfección, puedo ver el terreno vacío del otro lado y las azoteas adyacentes, hay personas mirándome; tomo la posición de un ave, en cuclillas, miro a mi alrededor y siento la necesidad de volar de nuevo. Esta vez vuelo solo por placer, ya no huyo. De pronto sucede, me doy cuenta, es verdad, es un sueño lúcido, soy consciente de estar soñando, recuerdo estar tendido en la cama; pretendo seguir en la historia y manipularla sin embargo, al mismo tiempo la conciencia me saca del sueño, ¡es increíble! Maldita frustración, justo cuando se pone interesante todo termina. Ahí voy de nuevo a la vida real; me levanto de la cama, día transcurrido; nada importa, mi deseo crece por alcanzar la noche, llegar a la cama y dormir, dormir para soñar, soñar de nuevo, volar y alcanzar la certeza del sueño; controlar, dirigir, manipular. No sé si mi deseo es gozar el sueño o el poder, el omnipotente poder de controlar un mudo por mi creado; eso me convierte en un dios, todos queremos ser dios. O tal vez la sublime sensación por escapar, escapar del mundo, ese donde se puede respirar; el reemplazo perfecto del antro guardián de mis rutinas y las crueles tribulaciones que me azotan a diario. ¡Cómo odio este pinche mundo!, por eso quiero volar, ir a donde sea, sentir el aire en la cara y su empuje para rasgar el cielo, estar lejos del suelo y posarme en sigilo sobre los ladrillos de un gran muro. Pero no puedo, los hombres no podemos volar; pero sí puedo, en los sueños. He notado un patrón: el día me regala una escena desagradable, tuve un altercado con un imbécil. Salí a correr, como lo hago tres veces por semana, me encontré al tipo de frente, parecía no ceder el paso, me hice a un lado y alcancé a ver una sutil pero cínica sonrisa de triunfo. ー¡Pendejo! ーpensé y no le di importancia, o tal vez sí. Seguí corriendo, derroté dos kilómetros más. Otra vez el mismo imbécil de frente: esta vez le tocaba a él ceder el espacio, nos acercamos el uno al otro, la trayectoria de choque mengua con cada zancada, solo crucé los brazos y lo golpeé con todo mi cuerpo, el enano imbécil ーporque soy más altoー rebotó, solo escuche un “ouch”. No sé si cayó, pero sí calló, ¡me importa madres lo que le haya pasado!, el cobarde no dijo nada, solo seguí corriendo, mi furia se aplacó y sentí placer de haberle dado su merecido. Mantuve en secreto la historia, era solo para mi, le solté las riendas a mi cerebro y le dejé repetirla a sus anchas, es como cuando cometes una travesura y nunca te descubren. Esa noche soñé. El enano imbécil me persigue para vengarse, no solo corría, tenía una pistola, la persecución era junto al lago, justo donde lo golpeé de frente. Soltó un tiro, lo escuché impávido, plantado en la certeza del sueño y el cobijo de mis poderosas extremidades. Justo en ese momento desplegué los brazos y volé. Ya no hubo disparos, solo lo vi haciéndose pequeño, me miraba como arrepentido de haber disparado, gocé el momento de volar cada vez más alto, el lago mostraba su belleza desde las alturas y el inmovil imbécil ya solo era un pequeño punto, sin nubes, un hermoso cielo azul, la ciudad a mis pies, ¡ah qué experiencia! El patrón se llama estrés: situaciones estresantes de la vida me llevan a sueños lúcidos, y este constructo se transformó en un círculo vicioso. Mi sed de soñar obligaba a buscar este tipo de situaciones, de no existir éstas, los sueños cesan o se vuelven comunes, vulgares sueños pertenecientes a la parte más baja de la cadena alimenticia. Formado para pagar en el centro comercial, aproveché para pelear con un sujeto. Usaba un tono de voz altanero y grosero en contra de la cajera. ーNo debes hablarle así a la señorita, ella solo hace su trabajo ーdije. ーPues que lo haga bien ーcontestó el sujeto. ーSi lo vuelves a hacer te voy a hablar de la misma forma. No soy una persona violenta, tampoco me gustan los conflictos, prefiero evitarlos, suelo intervenir solo si lo considero en extremo necesario; pero esta vez, el motivo era provocar un sueño. Resultó. El tipo me consideró peligroso, terminó sus compras sin pronunciar una sola palabra y se marchó. El estrés no viene de la posibilidad de pelear, lo he hecho en el pasado, la pelea en sí es liberadora, cuando hay golpes refuerzas la virilidad ーsi sales triunfadorー, si eres inteligente, debes provocarla solo si estás en ventaja, al menos en tamaño o corpulencia; otras veces la ventaja es intelectual, pero igual funciona. El estrés es provocado por el conflicto, la discusión, el enfado de enfrentar a alguien, eso es lo que odio, la confrontación y los argumentos falaces de una persona que se siente superior pero amenazada, eso es lo que odio y me provoca un estrés insoportable. Esa noche el sueño comenzó. Retomé las últimas vacaciones en una hermosa playa, un mar de diversas tonalidades, la brisa sobre mi cara, puedo sentir el calor húmedo y la arena entre los dedos de los pies descalzos. Alguien toca mi hombro, al voltear veo la cara del tipo del centro comercial. ーVengo a pedir una disculpa. ーNo es a mí a quién debes pedirla ーcontestéー, sino a la persona que insultaste con tu actitud. Por alguna razón la palabra “actitud”, me hizo tomar conciencia del sueño. Ya no me importó continuar con un discurso ético moralista. Solo extendí los brazos y emprendí el vuelo; decidí hacer un experimento, esta vez volaré hacia un lugar real, sé que estoy dentro de mi sueño, en Cancún. Por ser un sueño, las distancias no importan, mucho menos si vas volando, solo importa el lugar. Decidí ir al centro histórico de la capital, sus icónicos monumentos me darán certeza. Vi la playa hacerse cada vez más pequeña, ni rastro del tipo grosero, luego tierra árida, casas y por fín ahí estaba, majestuosa, la Ciudad de México; solo tardé unos segundos en llegar. La Torre Latinoamericana sobresale por encima de los sutiles tonos ámbar del Palacio de Bellas Artes. Si me voy a posar en un monumento que sea en uno grande. Me posé sobre el pararrayos, en la imponente cúspide, me sentí como Kong con una mano sostenida de la antena, inclinado hacia el poniente, la otra en pos de acción. Las multitudes cruzan la calle bajo el ritmo impuesto por los semáforos, los pequeños puntos hollan el pavimento y les perturba mi presencia; lo sé porque han desafinado en el concierto de los semáforos, pequeños deos me apuntan, voces caóticas se ponen de acuerdo en la incertidumbre de mi presencia. De nuevo soy un dios, digno de admiración. El espectáculo dará muestras de mi poder. Aleteo mis brazos con hermosura y los muevo con lentitud, flotar sobre la calle crea un murmullo el cuál alimenta a dios, sí a mí, el dios. Ahora los puedo salvar, seré su salvador, solo yo puedo hacer lo que hago, solo yo rasgo los cielos, solo yo rompo el tiempo y lo menosprecio, solo yo puedo volar, soy único, soy incomparable. Vuelo en picada, recorro muy de cerca los 41 pisos al ras de los cristales, escucho un coro de murmullos de admiración, debo volar por encima de sus cabezas para que puedan mirarme, admirarme. Gran frustración, la emoción me saca del sueño, justo a las 4:45. No soporto las sábanas, es necesario iniciar el día, un baño caliente, desayuno, ergo con el volante a la mano rumbo al trabajo.