Capítulo 1: El Combate Doméstico Más Peligroso del Multiverso
Capítulo 1: El Combate Doméstico Más Peligroso del Multiverso
Parte 1: El Deber y la Negación
El apartamento de Homa Giri era un santuario precario de la normalidad. La sala de estar, a pesar de ser el punto de encuentro de tres de las mujeres más poderosas y singulares del mundo (y un Rango F inmortalmente molesto), estaba cubierta de cojines mullidos, mantas de lana y el olor persistente a palomitas de maíz.
Homa Giri, el único Explorador Rango F con el poder de un dios enfadado, estaba recostado en el sofá, como cualquier otro veinteañero, con la mirada perdida en la pantalla del televisor.
—¡Oh, mira! —dijo Homa, empujando suavemente con el codo a la mujer a su lado—. ¡La publicidad de ese nuevo videojuego de mazmorras es genial!
A su lado, Lilo Miau (La Asesina Vaga) no se inmutó. La Mujer Gato, con su pelo negro corto, orejas erguidas y ojos felinos cerrados por el placer, estaba semidesmayada sobre un montón de mantas. Su mano, hábil con el cuchillo de hielo forjado con cuerno de unicornio, ahora solo se movía para llevar papas fritas a su boca, masticando con el silencio mortal de una depredadora satisfecha. Un vaso de gaseosa se balanceaba peligrosamente en el borde de la mesa de café, ignorado por completo.
—Nyan... —ronroneó Lilo, su respuesta tan elocuente como siempre—. ¿Hay más salsa picante, Homa? Si tengo que moverme, quiero que sea por una buena razón, o al menos por la promesa de caprichos.
Homa soltó una risa seca, sintiendo la obligación de ser útil. Su Nexo Girigiri se irritaba cuando estaba en inactividad prolongada.
—¡Ciris! —llamó Homa hacia la cocina, su voz resonando con una familiaridad reconfortante a pesar de su físico grande y su voz resonante—. ¿Necesitas que te ayude con algo? Lo que sea, solo dilo.
Ciris Aquiles (La Santa y Pecadora de la Espada) estaba en la encimera. Su intenso cabello rojo flameaba alrededor de su rostro concentrado mientras, con una precisión casi quirúrgica, cortaba vegetales para la cena. Ciris, una maestra de la manipulación de maná, usaba una pequeña daga de cocina en lugar de su espada de combate, pero la energía sutil que la rodeaba era suficiente para saber que era una fuerza a tener en cuenta.
Ella se giró solo lo suficiente para negar con la cabeza, una sonrisa suave en sus labios.
—Estoy bien, querido. Solo estoy controlando la energía de la cebolla para que no nos haga llorar. Es un truco avanzado de maná, pero...
Homa, impulsado por su incurable Deber Girigiri de cargar con todo, ignoró su negación y se levantó de un salto.
—¡No importa! Yo puedo ayudarte a organizar esos vegetales. Mi Deber como esposo es aligerar tu carga, aunque no lo pidas —declaró Homa, su tono reflejando su frase característica: “Si debo cargar con todo, lo haré. Ese es mi Girigiri.”
En el momento exacto en que Homa puso un pie en la cocina, su mano fue agarrada con la fuerza innegable de una Exploradora Rango S.
—Homa Giri. Mi esposo. Detente.
Era Akalna Asura (La Lancera de la Autoridad). Akalna, la guerrera noble de 22 años, con su impecable armadura ligera plateada sobre la ropa casual, su cabello rojo intenso y sus ojos celestes fijos en Homa, exigía su atención con la autoridad de una reina.
—Necesito tu ayuda ahora. Estoy haciendo el inventario de las runas de protección del sótano. Es una tarea compleja que requiere la sensibilidad de un Explorador Multiclase y la fuerza de un Rango F, y tú eres el único idiota que encaja en esa descripción.
Homa se encogió, apartando suavemente su mano para terminar de ayudar a Ciris, que había soltado una risita por lo bajo.
—Akalna, estoy ocupado ahora, ¿no ves? Le dije a Ciris que la ayudaría a reconfigurar la energía de estas cebollas. Termino aquí y voy.
El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier batalla contra un Soberano. El aura de Paladín Lancero de Akalna, generalmente protectora, se encendió con un matiz carmesí y peligroso.
—Exijo tu presencia inmediata, Homa. No pidas, no sugieras, exijo. Tu deber de esposo me incumbe a mí en este momento, sobre cualquier cebolla.
Homa, el hombre que resucitaba de la muerte, se congeló. Su instinto de supervivencia, ese que lo había mantenido vivo en los planos astrales, le gritaba que obedeciera. Pero el orgullo, ese pequeño demonio humano, se rebeló.
—No. Y deja de exigirme cosas como si fuera tu subordinado, Asura. ¡Soy tu esposo! —replicó Homa, desafiando el rango S con la estúpida arrogancia de un marido.
Akalna dio un paso adelante, y la atmósfera se convirtió en algo denso y opresivo.
—Si no vienes a ayudarme a equilibrar las runas ahora mismo, Homa Giri... no vas a cenar hoy.
El mundo de Homa se detuvo. El miedo a las alturas y a los gusanos era trivial comparado con la amenaza de la hambruna culinaria. Se congeló por completo.
—¿Qué... dijiste? —Su voz fue un susurro hueco.
—Que si no vienes, no hay cena. Y no tienes permitido usar tu habilidad de Regeneración Instantánea para recrear comida. Es una violación de las reglas del hogar —afirmó Akalna, con la lanza de su voluntad clavada en el corazón de Homa.
Parte 2: Destrucción y Disputa Familiar
El silencio fue reemplazado por el ruido de una discusión en escalada. Homa se descongeló, y su Nexo Girigiri se activó con una furia irracional, no por peligro, sino por la injusticia.
—¡Eso es crueldad! ¡Abuso de poder marital, Akalna! ¡No puedes usar el control de la alimentación como arma! ¡Estoy constantemente salvando el mundo! ¡Merezco mi cena! —gritó Homa, agitando sus brazos.
—¡Tu deber no termina en el campo de batalla, Homa! ¡Tu deber es también en esta casa! ¡Estoy tratando de evitar que el sótano se convierta en una puerta dimensional incontrolable! ¡Y tú eliges cebollas! —respondió Akalna, su paciencia colapsando.
De repente, la energía explotó. La irritación de Akalna se manifestó en su mano: con una chispa roja y dorada, creó su arma, la Lanza de Caballero Explorador, de casi dos metros, cuyas runas ardían con el poder de un Rango S.
Homa no se quedó atrás. El Nexo Girigiri se activó, liberando el poder concentrado de su Deber Acumulado en un pico de ira. Con un grito, usó su habilidad de Forja de Armas de Energía Pura. En su mano apareció la legendaria Espada Anosblaket, la hoja ancha y gris que solo él podía invocar, ahora vibrando con la furia de su estómago vacío.
—¡Entonces ven por mí! ¡Veremos quién cena y quién duerme en el sofá, Asura! —rugió Homa, sus ojos marrones ardiendo con una resolución fría, aunque completamente estúpida.
La primera estocada de Akalna fue un latigazo sónico de Danza de la Lanza, una técnica que combinaba elegancia y fuerza. Homa, activando temporalmente la clase de Maestro de Espada, contrarrestó con un corte lateral en el estilo Río Zigzag, desviando la punta de la lanza a centímetros de su rostro.
Ciris, que había estado observando el intercambio, gritó con la desesperación de quien ya había pasado por esto antes. Su cabello rojo parecía vibrar.
—¡Fuera! ¡Fuera de la casa! ¡Saben que el sistema de calefacción es sensible al maná inestable!
La advertencia de Ciris llegó tarde. El impacto del maná de Akalna contra la energía de Homa creó una onda expansiva que pulverizó la mesa de café, las ventanas y envió a Lilo Miau a volar (junto con el último paquete de papas).
—¡Gatito! —chilló Lilo, más preocupada por el destino de su comida que por la destrucción del apartamento.
Homa y Akalna, con el calor de la batalla dominándolos, se detuvieron. Akalna tomó la iniciativa, usando su Exploración de Rango S para abrir una fisura temporal en la pared.
—¡El tejado, Homa! ¡Podemos terminar esto con honor! —exclamó Akalna, saltando a través del agujero.
—¡Con gusto! ¡Y esta noche duermo en tu lado de la cama! —replicó Homa, saltando tras ella, su regeneración instantánea ya reparando los rasguños en su ropa.
Ambos salieron disparados. Su pelea, inicialmente una disputa sobre el orden y la cena, se elevó a los cielos de Neo Tokio.
Al cabo de un rato, Ciris, que ahora limpiaba los restos de la mesa con un trapo impregnado de maná, y Lilo, que lamía tranquilamente el residuo de salsa picante de una papa salvada, escucharon el familiar zumbido en el televisor.
La pantalla parpadeó, y el logo del Canal 666 (el noticiero que siempre transmitía desastres sobrenaturales) apareció con un titular urgente: “¡EXPLOSIÓN EN EL DISTRITO CERO! CAOS Y DESTRUCCIÓN EN EL CORAZÓN DE LA METRÓPOLIS.”
En la toma aérea, se veía un cráter humeante de casi cien metros en lo que había sido un parque de rascacielos. Y en el centro, dos figuras se atacaban mutuamente: una silueta con una lanza y otra con una espada de energía pura, chocando y liberando pulsos de poder.
La reportera, con el casco de contención mágina puesto, informaba con voz temblorosa:
—... Las autoridades del Comité de Exploración Nacional insisten en que este nivel de destrucción se debe a una falla catastrófica en un experimento de energía. Sin embargo, no podemos ignorar que dos individuos no identificados están literalmente destruyendo el distrito.
Lilo se acomodó la cola y se puso cómoda en el sofá, viendo la carnicería en vivo con total desinterés.
—¡Mira, Ciris! Están usando la habilidad Aura de Paladín Lancero de Akalna para contener la explosión de ese ataque en área. Es un poco irresponsable de su parte.
Ciris suspiró, agotada, mirando a su esposo y a su otra esposa haciendo el equivalente a una guerra nuclear por un tema de tareas domésticas.
—Nadie más que nosotros cuatro, Lilo... —dijo Ciris, mientras las noticias mostraban otro choque que vaporizaba un minibús—. Nadie más que ellos 4 saben por qué realmente pelean.Suspira — Un día de estos me van a dar un ataque cardíaco. Lilo no rasgues el sillón.—