Capítulo 1
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Antes del Decreto del Tigre Blanco, las mujeres como mi madre eran las joyas más codiciadas del imperio. Las llamabanCortesanas de la Flor Roja, artistas de la poesía, la música... y sí, también del placer. Pero un día, al emperador se le ocurrió que eran demasiado ‘impuras’ para manchar la corte con sus labios rojos. Bastó una pluma y un sello para clausurar los burdeles, arrojar a las flores al polvo y llamarlo ‘moralidad’.
Claro... moralidad. Lo curioso es que al poco tiempo los mismos ministros que gritaban virtud comenzaron a aparecer con nuevos acompañantes. No doncellas, no.Jóvenes de rostro delicado, bailarines de jade, aprendices de actores con piernas más finas que las de cualquier concubina. El imperio prohibió las flores, pero cultivó un jardín secreto de lotos masculinos. Y ahora ese mercado florece más vivo que nunca, escondido entre abanicos y biombos, fingiendo que no existe.
¿Y yo? Soy Zhing Fey. Hijo de una cortesana caída en desgracia y aprendiz de médico. O al menos eso intento... Porque últimamente, cada vez que me miran, no ven mis manos de curar, sino mis labios. Y me pregunto... ¿será que el imperio también quiere arrancarme como una flor?

El mercado del placer masculino... creció como bambú tras la lluvia. Al principio eran solo jóvenes delicados, los llamadosLotos de Jade, con sus rostros pintados y sus caderas delgadas, pero pronto los clientes pidieron variedad. Y el mercado respondió. Ahora, lo que antes se llamaba pecado es negocio legítimo en la clandestinidad: fieros guerreros con pechos como escudos, machos imponentes con garras y colmillos, que en las noches se visten de seda y venden no solo su fuerza, sino su cuerpo. Ironías del imperio: los mismos generales que hablan de disciplina se pasean entre biombos buscando ser abrazados por brazos más fuertes que los suyos.
Lo más gracioso... o más triste, según se mire, es lo que ocurrió con las mujeres. Las que antes estaban encadenadas a la belleza y al placer, ahora son ganaderas, agricultoras, incluso descargan sacos de arroz en los muelles. Yo he visto a más de una, sudando con la frente cubierta de tierra, sonreír con orgullo porque ya no tienen que fingir ser flores para sobrevivir. Y sin embargo... esas mismas mujeres, libres de su cárcel de seda, ahora consumen el mercado masculino con una voracidad inesperada. Compran citas con guerreros musculosos, o pagan para ver a un felino afeminado cantar. El imperio prohibió el perfume de las flores, y terminó embriagándose con el sudor de los machos.
Y yo... yo solo quiero ser médico. Aunque a veces siento que mis pacientes esperan que además de coser heridas, les ofrezca algo más.
Zhing Fey se encuentra en una sala modesta, con jarras de hierbas, hilos y agujas, un leopardo alto, musculoso y de acento extranjero, se sienta frente a él con una herida en el brazo, todavía sangrando. El humano empieza a limpiar la herida con calma, mientras continúa narrando en voz interna.

Este en particular vino desde las fronteras del sur. No por comercio, sino por una hembra tigresa que, según me dijo, ‘valía más que todo su reino’. Lo que no me contó de inmediato es que la tigresa le estampó un garrotazo en el brazo cuando intentó acortejarla. La segunda ironía de este mundo es que los mismos que antes presumían de ser conquistadores, hoy son rechazados como gatos callejeros.
El leopardo gruñe entre dientes, mirando a Zhing Fey mientras este cose la herida.
Leopardo: “Tienes manos muy delicadas para ser un macho humano... No me sorprende, seguro eres uno de esosLotos de Jade, ¿eh?” *Dijo con un tono que no ocultaba su doble intención.*
Zhing: *Zhing suspira, sin levantar la vista.* ¡No! Soy médico, aunque cada día debo repetir esa frase como si fuera un mantra. *Dice con un tono resignado ya que era muy común que siempre le insinuaran lo mismo.*
Leopardo: *El leopardo sonríe con esos colmillos que no ocultaban sus intenciones.* “Médico, bailarín, cortesano... ¿Qué más da? Lo importante es que tienes rostro bonito, apostaría que hasta las viudas del mercado pagarían por verte recitar una receta medica como si fuera poesía.”
Zhing no reacciona, pero por dentro su molestia le hacia hervir la sangre, se había olvidado de ponerse su maquillaje para atender de los pacientes, pero el anciano no le había permitido salir de aquí en un buen rato.
Ese es mi maldición: ser visto como un plato en el banquete del imperio, incluso mientras sostengo una aguja. A veces creo que mi bata de médico es solo otro disfraz erótico en esta ciudad enferma de placer. Olvidé mi maquillaje... Ese polvo cenizo que uso para esconder los rasgos finos que heredé de mi madre. Ahora luzco tal como soy: un rostro demasiado delicado para un médico, demasiado valioso para mi propio bien y este leopardo ya lo notó.
Zhing Fey terminaba de vendar la herida cuando notó como el felino lamió sus colmillos, inclinándose hacia él.
Leopardo: “Podría pagarte con monedas... o podrías dejar que yo te dé algo más valioso~” *Dijo, dejando que su cola se deslizara sobre la pierna de Zhing.*
Zhing: *Zhing alzó una ceja, sin dejar de apretar el vendaje.* “Lo único que necesito es que mantenga el brazo quieto, no su cola jugueteando como si fuera una serpiente de tierra.”
Leopardo: *El leopardo rio analizando el rostro delicado del humano con tanto detenimiento como si se lo estuviera devorando con la mirada.* Eres más atrevido de lo que pareces, eso me gusta~ Quizás podrías curar también mi soledad esta noche~ *Se inclino mas hacia Zhing Fey, pero el humano solo lo aparto.*
Zhing: *Zhing suspiró, secándose las manos con un paño.* “Su soledad no es una herida abierta, aunque por lo insistente que es, debería recetarle reposo... y agua fría.” *Responde en un tono frío y cortante.*
Leopardo: *El leopardo soltó una carcajada ante el sarcasmo del humano.* “¡Ah, humano! Si fueras un Loto de Jade, serías el más caro de todo Hanlong.”
Zhing: *Zhing pensó con fastidio mientras terminaba su trabajo con el Leopardo y cobraba las monedas.* (Y yo solo quería estudiar anatomía en pergaminos, no en camas ajenas...)
De pronto, la puerta corrediza se abrió y apareció la imponente figura del Maestro Wen, un venado musculoso de unos sesenta años, sus astas como ramas plateadas y sus brazos aún más fuertes que los de muchos jóvenes soldados.

Wan: “¡Zhing Fey!” *Grito con voz grave.* “¡Hay alguien esperándote!”
Zhing creyó que se trataba de otra herida grave, se levantó rápido, recogiendo su maletín de hierbas y medicamentos, se despide educadamente del Leopardo y sale al pasillo con Wan.
Zhing: “¿Qué pasó? ¿Otra pelea de mercado? ¿Un corte en el pecho?” *Pregunto esperando un trabajo de verdad emocionante o algo que mejore su día.*
Wan: *El venado soltó una risa profunda que resonó en el pasillo.* “No exactamente~ Es... un cliente especial, ha pagado bastante para verte~”
Zhing: *Zhing frunció el ceño.* “¿Cliente? Wan... Cuantas veces debo decírtelo... Soy médico, no un cortesano...”
Pero antes de protestar más, el venado ya lo empujaba hacia otra sala adornada con biombos y lámparas suaves. Allí, sentado con una mesa de juegos de mesa chinos frente a él, estaba un cocodrilo enorme, musculoso, con la armadura de un soldado a un lado para ponerse cómodo. Sus garras tamborileaban nerviosas sobre el tablero. Al ver entrar a Zhing Fey, se sonrojó visiblemente.

Cocodrilo: “¡Ah! ¡E-eres tú!...” *Balbuceó el cocodrilo, poniéndose de pie de inmediato, casi tirando las piezas del juego.*
Zhing: *Zhing miró primero al reptil, luego al venado, y alzó una ceja con incredulidad.* “¿En serio, Maestro Wan? ¿Otra vez me está vendiendo como si fuera un cortesano de su casa?”
Wan: ” Jiji, sabes que no puedo negarme ante una cifra muy alta, solo, haz lo tuo jugando y entretenlo hasta que acabe el tiempo, diviértete~” *El venado solo sonrió y cerró la puerta tras ellos.*
Zhing Fey miro con molestia la puerta donde el venado gigante desapareció y lo maldijo en su mente, para después suspirar e ir a sentarse frente al cocodrilo.
Cocodrilo: *El cocodrilo se rascó la nuca, avergonzado.* “Yo... yo solo quería pasar un rato contigo, pagué... mucho, dicen que... que tu belleza recuerda a Meilan, la cortesana más codiciada de todas.”
Zhing: *Zhing lo miró con los brazos cruzados.* “Es verdad... era mi madre. Pero si esperaba que yo recitara poesía entre sorbos de vino, lo siento: solo sé recetar medicamentos y soluciones para el dolor de estómago.”
Cocodrilo: *El cocodrilo soltó una risa nerviosa y acomodó las piezas del tablero.* “Podemos... jugar un par de rondas de Xiangqi, no necesito más. Solo quería... compañía.”
Zhing: *Zhing suspiró y se acomodo en la mesa, acomodando sus piezas del juego.* “Bien... Te advierto que soy alguien que no se deja ganar como los demás por agradar, esto será sencillo rápido y sin piedad, ok?~” *Usa su papel de cortesano como aprendió en la casa.*
El cocodrilo asintió con un rostro serio, sin embargo, lo miraba con ojos brillantes, como si cada movimiento de Zhing colocara piezas invisibles en su corazón. Mientras tanto, desde el pasillo, el anciano venado reía por lo bajo, satisfecho de haber hecho un buen trato.
El tablero de Xiangqi estaba listo, las piezas acomodadas. Zhing Fey se sentó frente al cocodrilo, observando cómo el reptil sudaba a pesar de su imponente armadura. El soldado movió una pieza temblando y luego, casi sin darse cuenta, su rodilla rozó la de Zhing bajo la mesa.
Zhing: *Zhing Fey apartó la pierna con un gesto brusco, fingiendo concentrarse en el tablero.* “Tu pieza está en peligro, soldado. ¿Tan distraído estás?” *Dijo con voz fría, moviendo su pieza para amenazar la pieza contraria. Por dentro, maldecía a Wan.* (¿Cuántas monedas valgo hoy, viejo astuto? ¿O acaso le debes favores a este cocodrilo?) *Su dedo índice golpeó la madera con impaciencia.* “Tu turno.” *Zhing suspiró y pensó.* (Otra vez... ni siquiera puedo poner una ficha en el tablero sin que alguien intente acariciar mi pierna como si fuera parte del juego. No importa cuánto lo niegue: nací con los dotes de un cortesano. Sé sonreír en el momento justo, inclinar la cabeza con gracia, sostener la mirada hasta que el cliente tiemble... Y todo eso, lo aprendí sin querer, solo de vivir bajo el mismo techo que mi madre, Meilan.)
Cocodrilo: *El cocodrilo tragó saliva, sus escamas brillando bajo la luz de las lámparas de papel mientras movía torpemente un caballo para proteger su general.* “D-debes pensar que soy ridículo... yo, un general, con miedo de hablarte.”
Zhing: *Zhing colocó una pieza en el tablero y, con un leve giro de muñeca, dejó que su manga de seda cayera revelando parte de su muñeca blanca y delicada.* “¿Ridículo? No. ¿Tierno?, quizá, aunque si sigue jugando así, perderá más rápido de lo que cree.”
Cocodrilo: *El cocodrilo se sonrojó aún más, apoyando su enorme mano sobre la mesa... y luego, torpemente, sobre la mano de Zhing.* “Perder... no me importa. Solo quería tocarte.” *Su voz era un susurro ronco, casi ahogado por el ruido de su propia respiración agitada. Las escamas de sus dedos eran ásperas contra la piel suave del humano, y Zhing sintió el calor de esa garra como una marca.*
Zhing: *Zhing no retiró la suya, pero arqueó una ceja.* “General... ¿así es como intenta mover a su oponente en el tablero?” *El humano deja casi al cocodrilo perdiendo la partida.*
Cocodrilo: *El reptil retiró la garra como si hubiera tocado fuego.* “¡Perdón! Solo... nunca había tocado una piel tan suave.” *Sus ojos verdes se fijaron en la muñeca de Zhing como si fuera una reliquia sagrada.*
Zhing suspiro resignado a cumplir ese papel de cortesano una vez mas, suspirando y maldiciendo al venado, pero un brillo de ambición crece en sus ojos al saber que si cumple muy bien su trabajo el anciano le otorgara una buena parte del dinero para comprar mas hierbas raras para sus medicamentos, así que comienza a actuar como un cortesano del sueño, mientras sigue pensando sobre la sociedad de ahora en su mente.
Es gracioso... en la época de mi madre, las cortesanas eran medidas solo por su castidad. Una flor intacta valía oro, pero en cuanto quedaban embarazadas o envejecían, las tiraban como pétalos marchitos. En el caso masculino, el mercado inventó sus propias reglas: los Lotos pasivos guardaban su virginidad como un tesoro, pues cada noble quería ser el primero en reclamarla. Los Lotos activos, en cambio, nunca perdían valor. Su precio dependía de qué tan bien dominaban el arte de entretener, de bailar, de provocar... y de cuánto placer podían otorgar entre las sábanas. El único enemigo verdadero de un cortesano era la enfermedad. Una mancha invisible que lo convertía en ceniza social. Por eso, todos eran entrenados como perros de caza: capaces de detectar a simple vista, o incluso con el olfato, los rastros de un cliente enfermo. El mercado es cruel, pero sabe cuidar sus piezas más caras.
Cocodrilo: *El cocodrilo, todavía con la mano sobre la de Zhing, respiró hondo.* “Entonces... ¿tú...?” *Quiere preguntar algo intimo, pero Zhing lo lee fácilmente, no era la primera vez que alguien le hacia esa pregunta.*
Zhing: *Zhing lo interrumpió con una sonrisa cargada de ironía.* “No soy virgen, si eso iba a preguntar y no me desagrada la intimidad. Solo me molesta que me obliguen a perder mi tiempo de médico para saciar caprichos carnales que otros creen merecer.” *Retiró su mano con suavidad, como si apartara una flor marchita, y movió otra pieza con decisión.* “Gane.” *Sus ojos ámbar brillaron con astucia, El reptil se quedó mudo, pero sus mejillas seguían encendidas. Zhing, con la naturalidad de un cortesano de élite, retiró suavemente su mano, dejando al general jadeante como si aquella jugada fuera un beso..* “¿Sabe, general? Mi madre decía que el juego es como el amor: quien pierde el control, pierde todo.” (Ese es mi destino: no importa cuánto me resista, cada gesto mío se convierte en un anhelo para los ojos de algún cliente. Y yo... sigo maldiciendo al anciano venado por venderme como si fuera uno de sus preciados Lotos de Jade.)
Cocodrilo: *El reptil tragó saliva, sus ojos verdes clavados en el rostro de Zhing como si fuera un oasis en el desierto.* “Eres... increíble, más hermoso que las leyendas de Meilan.” *Su garra tembló al intentar tocar de nuevo la mano del humano, pero se detuvo a medio camino.* “Si... si quisieras, podría pagar más, para que estés solo conmigo, soy un general de alto rango, podría protegerte de todo esto...” *Su voz era un susurro ronco, lleno de una esperanza infantil que contrastaba con su imponente armadura.* “Puedo darte un techo, lujos, incluso una escolta personal, no tendrías que venderte más, ni atender heridas ni a escuchar a viejos o mujeres sin respeto. Serías un cortesano exclusivo.”
Zhing: *La mirada de Zhing se endurece, no era la primera vez que le ofrecían eso, en su mente se molesto al tener que lidiar de nuevo con este tipo de clientes, Apoyó su barbilla en la mano y dejó que la luz de las lámparas resaltara la finura de su rostro, tan parecido al de su madre, la legendaria cortesana Meilan. Con voz suave, casi acariciando las palabras, respondió.* “Ah... lo que usted ofrece es tentador, General. Pero yo no soy un pájaro para vivir en una jaula, ni aunque esté hecha de jade.” *Pero solo suspira y se levanta de la mesa, para oler al reptil buscando algún indicio de enfermedad, por suerte no había ninguna.* “Escuche general... Le agradezco la oferta, pero yo no soy un Loto de Jade que se pueda comprar así de fácil, pero...” *Zhing se acerca al cocodrilo y se sienta en su regazo sorprendiendo al cocodrilo.* “Lo que sí puedo ofrecerle...” *Dijo, su dedo delgado deslizándose por el tablero hasta tocar la garra del reptil.* “Es una noche que recordará hasta en sus sueños de guerra. Una noche donde no necesitará comprarme, porque cada moneda que deje en esta mesa será una inversión en un recuerdo que ningún enemigo podrá arrebatarle. ¿Cuánto me ofrecería si paso la noche con usted, haciendo lo que usted desee?~” *La mirada de Zhing Fey era tanto como delicada como de tiburón ambicioso, había absorbido muchas de las costumbres de Wan y no iba a dejar pasar una oportunidad así.* (Un poco de oro extra no me vendría mal, así podre comprar mas hierbas raras~)
Cocodrilo: *El reptil traga saliva con fuerza, sus manos temblorosas se posan sobre la cintura delgada de Zhing mientras lo mira con ojos desorbitados.* “T-todo lo que tengo... Trescientas monedas de oro...” *Su voz se quiebra cuando Zhing apoya una mano en su pecho escamoso, sintiendo el corazón acelerado bajo la armadura de escamas.* “Solo... dime que sí, por favor.”
Zhing: *Zhing no necesitaba abrir las piernas ni mostrar más piel, su juego era psicológico, erótico en cada pausa y en cada suspiro, como un cortesano de elite que conoce los hilos invisibles del deseo. Mientras hablaba, en su mente analizaba como médico: la respiración acelerada del cocodrilo, el sudor en la nuca, la tensión en sus mandíbulas. Sí, lo tenía atrapado.* “Una noche conmigo, General.” *Continuó, su voz bajando a un susurro cargado de miel.* “Y le prometo que ningún recuerdo de batalla, ningún triunfo en el campo, tendrá el mismo sabor.”
Cocodrilo: *El cocodrilo ya no jugaba, ni pensaba en sacarlo de la Casa Jade, sus garras temblaban al soltar un saco de monedas pesadas sobre la mesa.* “T-toma... todo. Ahora... ¿Q-Qué quieres que hagamos?” *Su mirada era de devoción ciega, como un soldado entregando su espada al emperador.*
Narrador: Zhing sonrió internamente, otro cliente atrapado, no por promesas vacías, sino por la certeza de que su cuerpo y su mente sabían cómo enredar a un hombre hasta dejarlo pidiendo más. Mientras lo conducía hacia la habitación adornada con sedas carmesí, Zhing pensó con ironía.
Zhing: (No me desagrada la intimidad... pero qué fastidio que siempre me robe tiempo de mis investigaciones medicas... Le dire al anciano que solo le daré una cuarta parte de esto...) *Piensa sabiendo como se va a poner de reina el venado anciano.*
La puerta se cerró, risas nerviosas, caricias robadas durante el cortejo, y la promesa de una noche en que un cocodrilo militar conocería que un humano delgado podía domar a un coloso solo con inteligencia, placer y un rostro que recordaba a la cortesana más cara de la historia.
La habitación estaba iluminada apenas por velas, las cortinas de seda roja ondeaban suavemente con la brisa nocturna y el aroma a loto impregnaba el aire. El cocodrilo, enorme, con músculos marcados como los de un guerrero de mil batallas, se sentó al borde de la cama baja, torpe como un novato. Zhing Fey caminó con gracia, cada movimiento medido como una danza, Se dejó caer frente a él, acomodando el tablero de mesa en el suelo entre ambos, aunque ya no iban a jugar, al menos ese juego~ El gesto era teatral, un recordatorio de que todo aquí era un juego... uno donde él controlaba las piezas.
Zhing: *Con un suspiro que sonó como música, Zhing deslizó sus dedos sobre la piel escamosa del cocodrilo, sintiendo el calor bajo las escamas.* “General~” *Susurró, inclinándose hasta quedar a pocos centímetros de su hocico.* “¿Siempre tiembla así en el campo de batalla?~”
Cocodrilo: *El reptil jadeó, sus garras enterrándose en el suelo de madera mientras Zhing trazaba círculos en su muslo, el cocodrilo apretó la mandíbula.* “En el campo de batalla... nunca. Pero contigo... Contigo no es una batalla que pueda ganar.”
Zhing sonrió, ladeando el rostro con una coquetería natural, sus dedos, delgados y suaves, recorrieron lentamente la gruesa piel del reptil, rozando el cuello ancho, bajando hasta su pecho duro como piedra, la diferencia de tamaños era abismal, un muchacho frágil frente a un coloso con escamas, sin embargo, el poder estaba en las manos del humano.
Zhing: “Entonces ríndase~” *Dijo Zhing, con voz tan dulce como venenosa.* “Le aseguro que la derrota conmigo se siente mejor que cualquier victoria~”

El cocodrilo soltó una risa nerviosa, interrumpida cuando Zhing, sin previo aviso, se sentó en su regazo, el contraste fue tan intenso que el militar perdió el aliento, la delicadeza del humano contra su cuerpo bruto. Los labios de Zhing no lo besaron aún, pero su respiración se mezclaba con la del cocodrilo, una espera calculada, que hacía que cada segundo se alargara como una eternidad, sus caderas se movieron apenas, rozando con malicia la entrepierna del reptil.
Zhing: “¿Lo siente?~” *Preguntó, casi en un murmullo.* “Esa tensión... es solo el comienzo~”
El cocodrilo cerró los ojos, exhalando con fuerza, cuando quiso abrazarlo con sus fuertes brazos, Zhing lo detuvo colocando un dedo en sus labios.
Zhing: “No tan rápido, General~ Aquí las reglas son mías~” *Su voz era una caricia peligrosa, mientras sus dedos bajaban por el pecho escamoso, encontrando los broches de la poca armadura que un tenia puesta.* “Permítame... desarmarlo primero~”
La escena se volvió un juego erótico, caricias interrumpidas, labios que se buscaban pero se negaban en el último segundo, roces que encendían más que cualquier contacto completo, el cocodrilo jadeaba, atrapado en esa tortura deliciosa, mientras Zhing mantenía la calma de un cortesano veterano, jugando con la respiración, el deseo y la ansiedad de su cliente. Finalmente, los labios de Zhing rozaron la comisura del hocico del reptil, apenas un beso incompleto que provocó un estremecimiento que recorrió todo el cuerpo de reptil, su voz resonaba como el mas dulce de los venenos.
Zhing: “Y ahora, General... Le daré la mejor derrota de su vida~” *Susurró, mientras sus manos ya desabrochaban el último broche, dejando al descubierto la piel escamosa del pecho del cocodrilo, su respiración acelerada se mezclaba con la de Zhing, el ambiente cargado de tensión erótica y promesas de placer.*
El cocodrilo, con toda su fuerza de guerrero, parecía un gigante que se derretía en las manos del humano, Zhing Fey se movía con gracia, como si cada gesto suyo fuese una coreografía ensayada mil veces en el teatro del deseo y el placer. Cuando el reptil lo tumbó suavemente sobre la cama de seda, fue como ver a un angel ofreciendo un cálido abrazo el cual sabias que iba a ser la mejor sensación de tu vida, devorándolo con hambre contenida. La respiración de ambos se mezcló en un baile en el caliente en el aire, jadeos que recordaban la intensidad del deseo en el cocodrilo, mientras las velas proyectaban sombras que danzaban en las paredes como espectadores silenciosos de esta intimidad comprada.
La habitación se llenó de suspiros ahogados y movimientos rítmicos, el cuerpo escamoso del general envolvía el pequeño cuerpo de porcelana del humano, quien le brindaba a la ahora entrepierna desnuda del cocodrilo un masaje tan suave que hacia temblar y sentirse frágil al coloso escamoso, pero no lo detenía, la suavidad en los toques de Zhing Fey eran muy medicos e intencionales, sabia como tocar las fibras sensibles de sus clientes, los cuales mostraban su debilidad pero no se atrevían a detener al humano.
Cuando el cocodrilo estaba cerca de sentir que su cuerpo estaba a punto de explotar sobre el humano, Zhing Fey con una astucia maliciosa detuvo sus movimientos, brindándole al cocodrilo una tortura deliciosa la cual a uno le hacia sentir tanto como frustración, como emoción, el cocodrilo gimió audiblemente, sintiendo que el humano lo estaba torturando con un placer que se sentía muy adictivo.
Cocodrilo: *El reptil gimió, sus garras enterrándose en las sábanas mientras Zhing detenía sus movimientos justo en el borde del éxtasis.* “¡No pares ahora, por favor!” *Suplicó con voz ronca, sudor frío recorre sus escamas, en su mente, confundía la tortura con el placer, deseando que Zhing lo llevara al límite pero temiendo que el humano lo dejara allí, suspendido en una agonía dulce.*
Zhing: *Con una sonrisa que mezclaba inocencia y malicia, Zhing aplicó una suave presión con su pulgar en la base del vientre del cocodrilo, un punto que conocía bien como médico.* “La paciencia, General~” *Susurró, sintiendo cómo el cuerpo del reptil se arqueaba bajo su toque.* “¿Acaso no sabe que lo mejor siempre llega... cuando se espera?” *Su voz era seda sobre acero, calculando cada jadeo del cliente.* “Pero también recuerde que usted yace derrotado, mi deber como su verdugo del placer es llevarlo al límite, pero no le prometo que lo haré llegar a la cima~”
Zhing después masajea los puntos sensibles del cocodrilo, lo hace temblar y gemir como nunca antes se había visto en un general tan respetado como el, su boca era mágica y eso Zhing lo sabia, porque estaba entrenado para ello, fue una tortura para el cocodrilo tan longeva y emocionante que su cuerpo musculoso ya se sentía mas sensible, listo para lo que Zhing tenía planeado hacer.
Zhing: *El humano finalmente se coloca y comienza a desabrochar su haori medico, donde su piel blanquecina y casi de apariencia de porcelana reluce ahora desnuda frente al coloso escamado, quien mira a Zhing con esos ojos hambrientos que suplican como si quisiera probar un platillo tan exquisito que tenía frente a el desde tantos años.* “General, ¿Sabe usted que los humanos brindamos una sensibilidad mas aguda que cualquier bestia humanoide?~” *Susurra mientras se acerca, su cuerpo frágil rozando contra el pecho escamoso del cocodrilo, sintiendo el calor que irradia.* “Permítame demostrárselo~”
El cocodrilo gimió cuando Zhing se deslizó sobre él, sus manos explorando cada curva de escama con una precisión que solo un médico podría tener, encontrando puntos de tensión y placer que hacían temblar al guerrero. La habitación se llenó de jadeos entrecortados y el crujido de la cama bajo su peso combinado, mientras las sombras de las velas bailaban en las paredes, Zhing finalmente coloco su rosada entrada al placer a la misma altura que la espada palpitante del reptil, quien jadeaba impaciente al notar como el humano le hacia esperar como una tortura inigualable.
Cocodrilo: *El reptil gruñó, sus garras arañando las sábanas mientras Zhing se movía con lentitud calculada, rozando sin penetrar.* “¡Por los dioses, muchacho! ¿Ese es tu castigo? ¡Me estás matando de agonía!~” *Su voz era un rugido ahogado, cuerpo arqueado en busca de contacto completo, sudor mezclándose con el aroma a loto, en su mente, solo existía la necesidad de poseer esa fragilidad que lo dominaba.*
Zhing: *Con un suspiro teatral, Zhing aplicó presión en las caderas del cocodrilo, manteniéndolo inmóvil.* “Castigo sería negarle esto por completo, General~” *Susurró, inclinándose hasta que su aliento caliente acarició las escamas del cuello del reptil.* “Pero un guerrero debe aprender a valorar cada gota de placer... como el agua en el desierto.” *Sus caderas descendieron un centímetro, provocando un gemido gutural en el reptil, mientras sus dedos trazaban venas palpitantes en el pecho escamoso, saboreando el poder que ejercía sobre el coloso tembloroso.* “Jejeje~ Sabes, me gusta hacer sufrir a aquellos que roban mi tiempo en la medicina, pero no puedo negar que ahora yo también lo deseo~ Solo por eso sere muy generoso contigo~”
El cocodrilo arqueó su espalda con un rugido ahogado cuando Zhing finalmente permitió la unión completa, la sensación era como si al cocodrilo finalmente le hubieran abierto las puertas pesadas al cielo, Zhing lo hacia despacio ya que sabia que las bestias humanoides eran mas difíciles de soportar en su interior que los humanos, pero con su experiencia, sabia como manejar la situación, cada movimiento de sus caderas era calculado, lento al principio, luego con una cadencia que imitaban las olas de un barco en aguas tormentosas, sus manos ancladas en los hombros escamosos del reptil mientras sus propios jadeos, antes controlados, se mezclaban con los gruñidos del militar, el aire espeso con aroma a cera derretida y sudor animal, las sombras en las paredes retorciéndose en una danza frenética que reflejaba la batalla entre fragilidad y fuerza, dominio y rendición, donde Zhing, con una sonrisa de triunfo cruel, apretó las piernas alrededor del torso del cocodrilo para profundizar el ritmo, provocando un gemido que resonó como un trueno en la habitación cerrada.
Cocodrilo: “¡Por los dioses, muchacho!” *Jadeó el reptil, sus garras enterrándose en las caderas frágiles de Zhing mientras sentía cómo cada embestida lo llevaba más cerca del borde, su mente nublada por el placer solo podía enfocarse en esa belleza que lo montaba como un jinete cruel.* “Eres... un demonio disfrazado de ángel...” *Gruñó, intentando levantar sus caderas para tomar el control, pero Zhing, con un movimiento rápido de sus dedos presionando un punto sensible cerca de su columna, lo inmovilizó de nuevo, obligándolo a aceptar el ritmo impuesto, la frustración y el éxtasis mezclándose en sus ojos vidriosos mientras maldecía entre dientes la astucia del humano que lo tenía atrapado en su propia juego de debilidad.*
Zhing: *Con una risa suave que sonaba como campanillas en medio de la tormenta, Zhing inclinó su rostro cerca del oído del cocodrilo, su aliento caliente rozando las escamas.* “¿Querías un Loto de Jade, General?~” *Susurró con voz melosa mientras sus caderas aceleraban el ritmo, cada movimiento preciso como una aguja de acupuntura buscando el punto de máximo placer.* “Pues aquí lo tiene... un demonio que florece en el campo de su deseo~” *Su cuerpo, cubierto de un sudor como diamante que brillaba a la luz de las velas, se arqueó como un arco tenso, mostrando la elegancia brutal de su dominio, sabiendo que cada gemido del reptil era una moneda más en su bolsa y un clavo en el ataúd de su orgullo militar.*
El cuerpo de Zhing se arqueó, recibiendo la embestida con la delicadeza de una copa de porcelana que, sin romperse, sabe sostener el vino más ardiente. Sus dedos se clavaron en los hombros duros del cocodrilo, buscando equilibrio entre el dolor y el éxtasis. El reptil lo penetraba como si fuera una danza de guerra: firme, rítmica, cargada de poder, sin embargo, Zhing devolvía cada movimiento con astucia, moviéndose bajo él con la elegancia de un cortesano entrenado, un amante que sabía que la verdadera victoria estaba en hacer caer al otro primero. Sus cuerpos se unían y separaban como olas en un mar muy agresivo, cada choque era un estruendo de placer que llenaba la habitación con ecos carnales, la seda bajo ellos se arrugaba, atrapando el calor de la unión carnal.
El cocodrilo murmuraba su nombre como un mantra, y Zhing, con una sonrisa que apenas lograba mantener entre gemidos, lo apretaba más fuerte contra sí, asegurándose de que ningún rincón de su cuerpo quedara sin ser reclamado por el reptil, el clímax llegó como un trueno avisando la llegada de una tormenta, un rugido del cocodrilo, seguido del arqueo sublime de Zhing Fey, quien lo recibió como si ese instante ardiente fuese un destino que había planeado desde el inicio, el jade y el acero, la delicadeza y la brutalidad, fundidos en un mismo instante. Cuando todo terminó, los cuerpos aún temblaban, brillando de sudor bajo la luz de las velas, el cocodrilo cayó exhausto, como un guerrero que por fin soltó su espada al terminar una guerra muy severa, mientras Zhing, todavía envuelto en la seda, sonrió con el aire satisfecho de alguien que había ganado otra partida de un juego de mesa.
Cocodrilo: *El reptil jadeaba, su cuerpo escamoso reluciente bajo el sudor, mientras sus garras se relajaban lentamente sobre las caderas de Zhing.* “Por los dioses... nunca había sido... derrotado así...” *Sus palabras salían entrecortadas, como si cada sílaba le costara un esfuerzo sobrehumano, sus ojos, antes llenos de fuego, ahora reflejaban una mezcla de asombro y agotamiento profundo.* “Eres... un maestro del arte, muchacho... un maestro cruel...” *Sus dedos temblorosos acariciaron la espalda del humano, sintiendo cada vértebra bajo la piel suave, mientras su mente aún nadaba en el remolino de sensaciones que Zhing había desatado, preguntándose si alguna vez volvería a sentir algo igual.*
Zhing: *Con un suspiro que simulaba cansancio pero ocultaba triunfo, Zhing se deslizó del regazo del reptil, su cuerpo moviéndose con la gracia de un gato.* “La derrota tiene su propio sabor, ¿no es así, General?~” *Recogió su haori médico del suelo, vistiéndose con lentitud deliberada, cada movimiento un recordatorio de lo que el cocodrilo ya no podía tocar.* “Pero no se preocupe... en la Casa Jade, siempre hay una revancha esperando.” *Sus ojos, fríos como el jade, se encontraron con los del militar.* “Por el precio adecuado, claro~” *Extendió una mano, palma hacia arriba, sin ninguna pizca de timidez.* “Mientras mas elevado sea el precio, mas tiempo tendrá conmigo~” *Toma la bolsa pesada de dinero y sale de la habitación dejando al cocodrilo solo, con una satisfacción inigualable.*
Cocodrilo: *El reptil observó cómo Zhing se vestía, una mezcla de admiración y frustración en sus ojos.* “Esa lengua afilada... debería ser declarada arma de guerra.” *Gruñó, intentando incorporarse pero fallando, sus músculos aún temblorosos.* “Pero escucha, muchacho... si algún día quieres cambiar ese delantal por una vestimenta cara y elegante...” *Su voz se quebró, revelando una vulnerabilidad inesperada.* “Mi fortaleza siempre tendrá las puertas abiertas para ti.” *Quedó tendido entre sábanas arrugadas, rastreando con la mirada cada paso de Zhing hasta que la puerta se cerró, dejándolo solo con el eco de su propia derrota.* “Que chico tan impresionante...”
La luz de las velas parpadeó débilmente cuando Zhing cerró la puerta tras de sí, el peso de las monedas en su mano resonando como un tambor en la soledad del pasillo. Su cuerpo, aún caliente y vibrante por la reciente unión, se tensó al enfrentar el frío mármol bajo sus pies descalzos.
Zhing: (Trescientas monedas... suficiente para comprar esos textos médicos de la región sur y aún me sobra para el alquiler de la botica.) *Pensó, pero una sombra cruzó sus ojos al imaginar las manos de Wan contando ese oro. Respiró hondo, el aroma a loto y sudor animal aún pegado a su piel, y comenzó a caminar hacia los baños comunes, cada paso un esfuerzo por borrar la sensación de escamas contra su fragilidad. En un reflejo de una ventana, vio su rostro, revelando la piel de porcelana bella heredada de Meilan.* “Ughhh... otra vez me olvidé de aplicar los polvos...” *Susurró con rabia, frotándose las mejillas con fuerza hasta enrojecerlas.*
Pasamos a un lugar lleno de vapor caliente que llenaba el aire como una niebla espesa, cargada del aroma mineral de las aguas termales. Zhing Fey hundió su cuerpo delgado en el agua caliente, cerrando los ojos con un suspiro cansado. Su piel aún enrojecida por la noche con el cocodrilo agradecía la calidez que relajaba cada músculo.
Zhing: “Ah~” *Murmuro.* “Ojalá los clientes pagaran también por el descanso~”
Un chapoteo repentino lo hizo abrir los ojos. Una figura enorme irrumpió en el agua como un bloque de hielo cayendo en un lago. El agua salpicó hasta los bordes, obligando a Zhing a cubrirse el rostro con molestia, reconociendo a la figura al instante, era Bao.
Bao: “¡Jajajaja! ¡Siempre tan delicado, Zhing Fey!” *Se burlo con una voz profunda y alegre.*
Frente a él emergió Bao, el oso polar de pelaje níveo y cuerpo musculoso, tan imponente como juguetón. Su sonrisa descarada era casi tan famosa como sus servicios en la Casa de Jade. Era el favorito de las mujeres ricas y de los hombres poderosos, un cortesano de élite que no solo vendía placer, sino diversión.

Zhing: “Bao...” *Gruñó Zhing, apartando el agua de su rostro.* “¿Acaso sabes entrar a un baño sin hacer un desastre?”
Bao: *El oso se recargó contra la piedra, dejando que su torso ancho brillara bajo el vapor.* “¿Y perder la oportunidad de ver cómo frunces el ceño molesto?~ ¡Nunca!” *Se acercó nadando lentamente, hasta quedar a su lado, sin pedir permiso, pasó un brazo pesado por encima de los hombros del humano, como un hermano mayor descarado.* “Mmm... hueles a cocodrilo....” *Susurró cerca de su oído, con voz burlona.* “Así que fue cierto, ¿eh? ¿El General finalmente se rindió a tus encantos?~”
Zhing: *Zhing suspiró, con esa paciencia entrenada solo para soportar a Bao.* “Fue trabajo, nada más. Si tu hubieras atendido a ese cliente, yo estaría ahora estudiando mis hierbas en lugar de aquí, aguantando tus comentarios.” *Se zafó del brazo, hundiéndose más en el agua hasta que solo sus ojos y cabello flotaban como algas negras.*
Bao: *Bao soltó una carcajada que retumbó en el baño.* “¡Ah, Zhing! Siempre tan frío, tan serio... ¿Cómo alguien tan guapo puede ser tan amargado? ¡Deberías disfrutar más de estas cosas!” *Sus garras juguetonas salpicaron agua hacia el rostro del humano.*
Zhing: *El humano lo miró de reojo, serio.* “No todos queremos revolcarnos con cada cliente como si fuera un festival.”
Bao: *Bao, en lugar de ofenderse, sonrió aún más, apretando a Zhing contra su costado musculoso.* “¡Pero es divertido! Además, ¿no es mejor que estar contando hojas secas?” *Su voz bajó, volviéndose más seria.* “Pero tampoco puedes negar que fue conmigo que aprendiste lo que significa perder la virginidad.” *Dejó la frase en el aire, sus ojos azules brillando con diversión.* “Y vaya que gritaste aquella vez~”
Zhing: *Zhing se tensó, un rubor inesperado cubriendo sus mejillas, Zhing cerró los ojos, llevándose una mano a la frente, como si soportar a Bao fuera peor que lidiar con soldados ebrios.* “¿Y sigues con eso?, Eres insoportable.” *Hace un puchero.*
Bao: *El oso se rio, un sonido cálido que hacía vibrar el agua alrededor.* “¡Soy inolvidable nene!~” *Replicó Bao, carcajeando mientras revolvía el cabello húmedo del muchacho con una manaza cariñosa.*
Zhing: *A pesar de sus palabras, en el rostro de Zhing se dibujó una sonrisa pequeña y casi oculta. Bao era molesto, sí, pero también era de los pocos que lo trataban con un cariño sincero, sin pretender comprarlo ni medir su valor en monedas.* (La primera vez que compartí mi cuerpo no fue por deseo, ni por pasión, ni mucho menos por amor... sino por cálculo.) *Así pensaba Zhing Fey mientras dejaba que el vapor del baño le acariciara el rostro.*
En la Casa de Jade, los cortesanos pasivos conservan su virginidad como un tesoro. Una sola noche con ellos puede costar más que un carruaje lleno de seda. El problema es que un tesoro siempre atrae cazadores... y yo no quería ser cazado.
Zhing: *Fue entonces que miró al enorme oso polar que chapoteaba feliz a su lado, Bao.* (Así que tracé un plan: si perdía mi virginidad, dejaría de ser el premio más codiciado, y los clientes mirarían hacia otro lado. Ganaría menos, sí... pero con eso también ganaría tiempo. Tiempo para mis hierbas, mis medicamentos, mis estudios. Y qué mejor cómplice que Bao, el favorito de todos, el eterno bufón de esta casa. Él siempre estaba dispuesto a ‘ayudar’ en esas cosas.)
Zhing suspiró. El recuerdo era fresco aun en su mente, esa primera vez había sido torpe, bulliciosa, cargada de la risa del oso y de su insistencia juguetona. No fue desagradable, pero tampoco es algo que quisiera repetir muy seguido. Y lo había logrado, tras esa noche, su valor en el mercado cambió. Ya no era el objeto de obsesión de los clientes que exigían ‘ser los primeros’.
Zhing: (Fue un buen movimiento, un sacrificio estratégico, una jugada de ajedrez con mi propio cuerpo como pieza.) *Giró la cabeza para mirar a Bao, que ahora le lanzaba agua al rostro como un niño grande.* (El único error en mi plan... fue no prever las consecuencias.)
Bao: “¡Zhing, despierta!” *Rio Bao, sacudiéndolo como si fueran hermanos jugando en un río.* “¿Recuerdas cuando gritaste tan fuerte que pensé que se iba a caer el techo de la Casa Jade con solo tus gritos?~”
Zhing: *Zhing cerró los ojos con resignación, aunque sabia que el oso polar solo estaba exagerando algunos detalles, eso fue cierto, en su mente jamás se le cruzo en la mente en ese momento que tal vez no era algo seguro hacerlo con una bestia tan grande como Bao en la primera vez.* (Sí, el error fue darle a Bao una anécdota eterna con la que molestarme cada día de mi vida.)
Bao: *El oso polar lo abrazó de costado, restregando su torso húmedo contra el delgado humano con descaro.* “No te hagas, Zhing, desde entonces me sigues mirando distinto~” *Susurró juguetonamente, sus garras rozando la cintura del muchacho para molestarlo.*
Zhing: *Zhing resopló, empujando la garra con una mezcla de irritación y cariño, su cara se torna con fingida frialdad..* “Te miro como se mira a un desastre natural, Bao. Predecible, ruidoso, y que siempre deja un reguero de problemas.” *Sus dedos se hundieron en el pelaje blanco del oso, fingiendo un intento de ahogarlo.* (Y así es como terminé con una mosca blanca, enorme y musculosa, revoloteando en mi sopa diaria.)
El agua caliente rodeaba a ambos como un manto de seda. Zhing Fey intentaba limpiar el cansancio de la noche que acababa de pasar, pero Bao no parecía tener intenciones de dejarlo tranquilo. Como dos cachorros, chapoteaban, empujándose y salpicándose con risas y carcajadas. Cada movimiento del oso polar era exagerado, juguetón y descarado, y Zhing no podía evitar maldecir en su mente con cada gesto del oso.
Bao: “¡Vamos, Zhing!” *Gruñó Bao, acercándose demasiado.* “No me digas que después de lidiar con ese viejo cocodrilo, no tienes fuerzas para jugar conmigo.” *Sus garras grandes pero hábiles encontraron la cintura de Zhing, haciéndole cosquillas mientras el oso reía como un niño.* “¡No te hagas el tímido!~”
El humano suspiró, notando algo más que agua en el aroma del oso. Los rastros de la noche anterior, de la pasión con el cocodrilo, flotaban en el aire, y Bao los olfateó con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas: estaba excitado, no solo juguetón.
Zhing: (Los hombres cortesanos tienen permitido darse cariño, después de todo. Una vez que pierden la virginidad, pueden estrechar lazos sin restricciones. Pero a quienes arrancan esa virginidad de sus compañeros... la disciplina cae sobre ellos. No tan severa, pero suficiente para que aprendan la lección.) *Zhing observó a Bao, que ahora rozaba su torso musculoso contra el delgado cuerpo del humano, jugueteando como si quisiera provocarlo hasta enloquecerlo.* (Aunque este oso molesto afortunadamente, estaba libre de castigo, era uno de los favoritos de la Casa Jade y su valor superaba cualquier regla.) *Noto como Bao actuaba ya no juguetón, sino como si quisiera provocarlo de una manera intima.* “¿Otra vez quieres...? *Suspiró Zhing, con los ojos entrecerrados y la voz cargada de resignación.* “¿Otra vez quieres intimidad...?”
Bao no respondió con palabras. Su pelaje blanco brillaba bajo el vapor del agua, y sus ojos azules se oscurecieron con un deseo que ya no podía ocultar. Las garras del oso se deslizaron hacia las caderas de Zhing, apretando con una fuerza que no era dolorosa pero sí innegable. El aroma a cocodrilo que aún impregnaba la piel del humano parecía excitar aún más al oso polar. Bao se acercó, su aliento caliente rozando la oreja de Zhing mientras un gruñido bajo, casi animal, resonaba en su pecho. Era una invitación silenciosa, con una sonrisa que era a la vez un desafío y un canto de triunfo al mismo tiempo.
Zhing: *Zhing sintió el roce de las garras en su piel, un contacto que ya conocía demasiado bien, y cerró los ojos con resignación.* “Bao, no es el momento...” *Susurró, intentando apartarse, pero el oso lo mantuvo firme contra su torso musculoso.* “Eres insoportable...” *Gruñó Zhing, frotándose la cara con frustración fingida.* “Esta bien... Pero rápido, no quiero que Wan nos regañe otra vez por quedarnos demasiado tiempo en los baños.”
Bao: *Bao ronroneó, una vibración profunda que hizo temblar el agua alrededor, y envolvió a Zhing con ambos brazos, hundiendo su hocico en el cuello del humano.* “Rápido, dice... ¡Como si pudiera contener el huracán!” *Bromeó, sus garras trazando círculos lentos en la espalda de Zhing mientras lo levantaba con facilidad, sentándolo sobre su regazo bajo el agua.* “Pero para ti, mi pequeño médico amargo... haré un esfuerzo heroico.” *Su voz se volvió un susurro cálido, lamiendo la oreja de Zhing con picardía, cada roce, cada empujón, cada gesto de Bao se volvía un recordatorio de que la frágil estrategia de Zhing, diseñada para alejar a los clientes, ahora debía lidiar con un compañero demasiado consciente de su poder sobre él. Y mientras el vapor envolvía sus cuerpos, Zhing pensó con ironía.*
Zhing: *Zhing resopló, sintiendo cómo el oso lo acomodaba como un juguete en una esquina de la piscina caliente, mientras siente que otra vez debe lidiar con su compañero mas molesto a su parecer.* (Si esto es lo que significa la libertad de los cortesanos masculinos... la libertad puede ser muy molesta.)

El vapor rodeaba sus cuerpos como un velo, escondiendo sus movimientos mientras sus cuerpos se entrelazaban en la tibia corriente. Bao, enorme y seguro de sí mismo, guiaba la danza sexual con firmeza, disfrutando cada reacción del humano entre sus brazos, quien lidiaba de nuevo con algo grande y palpitante en su interior, el cual maldecía pero disfrutaba en secreto y Bao lo sabia.
Zhing: *Zhing Fey, delgado y frágil, apenas podía moverse sin que Bao lo arrastrara, sus manos firmes sosteniéndolo como quien abraza un tesoro delicado. Cada empuje del oso era un recordatorio de quién tenía el control esta vez.* “¡Maldito oso!” *Gruñó Zhing, su voz cargada de frustración y una pizca de placer que no podía ocultar.* “¡Eres irritante!~”
Bao: *Bao soltó una carcajada ronca, rozando su hocico contra el cuello de Zhing, atrapando su fragancia y disfrutando del aroma que aún llevaba del cocodrilo.* “¡Pero qué buen trasero tienes, doctor!~” *Susurró con picardía, sus garras trazando círculos en la espalda del humano.* “¿No es esto mucho mejor que lidiar con esos viejos reptiles?~”
Zhing: *El humano se arqueaba involuntariamente, cada contacto un juego de fuego y agua, la fuerza del oso contra su cuerpo fino, sus caricias llenas de deseo y descaro. Zhing continuaba insultándolo, reprimiendo palabras más suaves que se le escapaban entre los dientes, mientras en su interior admitía disfrutarlo, con una mezcla de vergüenza y deleite:* (Esto... es diferente~ y no puedo hacer nada para detenerlo...) *Sus manos se aferraban a las paredes del baño, sin fuerza para empujarlo, solo para sostenerse.* “¡Bao, no seas tan bruto!~”
Bao, con un rugido bajo, parecía disfrutar de cada reacción, cada gemido ahogado, cada tirón y cada roce de sus dedos. Mientras Zhing trataba de mantener la compostura, su cuerpo respondía solo, entregándose a la fuerza del oso, resignado a ser el juguete de Bao por esta noche. El agua se agitaba a su alrededor, vapor y espuma mezclándose con jadeos y risas suaves. En el juego de control y sumisión, Bao tenía la ventaja, y Zhing lo sabía, aunque su mente no podía evitar disfrutar en secreto.
Zhing: “¡Maldito...!” *Zhing murmuró, con un hilo de voz quebrado de placer, mientras su cuerpo se tensaba y relajaba a la vez al sentir las poderosas embestidas del oso debajo del agua.* “¡Oso... Pervertido!~”
Bao: *Bao gruñó con satisfacción, sus garras hundiéndose en las caderas de Zhing para mantenerlo en su regazo mientras el agua se agitaba alrededor de ellos.* “¿Pervertido?” *Susurró con picardía, su hocico rozando la oreja del humano.* “Solo estoy disfrutando de una reunión amigable entre compañeros~” *Su voz era un ronroneo bajo, vibrante como el agua misma, mientras aceleraba el ritmo, haciendo que Zhing se arquease involuntariamente con cada empuje profundo.* “Después de todo, ¿Quién más te hace gemir así?” *Añadió, orgulloso y juguetón, sintiendo cómo el cuerpo delgado temblaba contra el suyo.*
Y entre insultos, risas y suspiros, el baño se convirtió en un juego perfecto de deseo: el oso dominando, el humano resistiéndose solo en palabras, pero rindiéndose en cada roce, cada movimiento y cada instante de placer compartido. No paso mucho tiempo para que en el agua caliente, el jugo del amor del humano se dispara y el oso dispara dentro del humano, llenando el rosado interior del placer del humano que ya tenia jugos de cocodrilo con los suyos, en un climax compartido y amistoso.
Después de recuperar el aire y ambos se limpian los residuos de sus trabajos y su reciente encuentro, Bao y Zhing caminaban ya vestidos con túnicas ligeras, aún húmedas por el vapor del baño por los pasillos de la casa de Jade, charlando como si nada hubiera pasado... aunque ambos sabían muy bien lo que había sucedido.
Zhing: “¡Maldito oso!” *Gruñó Zhing, empujando juguetonamente a Bao mientras trataba de mantener la dignidad.* “No puedo creer que hayas hecho tanto ruido, ¡casi nos descubren!”
Bao: *Bao solo soltó una carcajada, apoyándose en el hombro del humano.* “Relájate, doctor, nadie se enteró. Y admito... fue divertido verte otra vez intentando mantener tu ‘rostro serio’.”
De pronto, un sonido de pasos firmes y decididos resonó desde el final del pasillo. Wan, el venado musculoso, apareció con su habitual porte severo, pero con los ojos brillando de preocupación y algo de avaricia.
Wan: “¡Zhing Fey!” *Rugió el venado anciano con molestia.* “¿Dónde está mi parte del oro del General Cocodrilo?”
Zhing: *Zhing frunció el ceño, cruzando los brazos con el aire de alguien que no estaba dispuesto a ceder ni un centavo.* “¿Tu parte Wan?” *Replicó, con una mezcla de ira fingida y sarcasmo.* “¿Qué crees?, ¿Que me obligas a acostarme con un general y luego me lo quitas todo?” *Sus ojos se estrecharon mientras calculaba su siguiente movimiento.* “Te dije que no soy un loto de jade, soy médico.” *Sus dedos se aferraron a la bolsa de monedas oculta bajo su túnica.*
Wan: *Sigue el juego de hechos, Wan avanzó, su cornamenta desgastada proyectando sombras amenazadoras en la pared.* “¡Yo crío y cuido de ti, pequeño humano! Ese oro es mi recompensa también. He velado por tu seguridad, he enseñado, alimentado y entrenado tu cuerpo y mente...” *Su voz bajó a un susurro peligroso.*
Zhing: *Zhing lo miró con ojos entrecerrados, apretando los puñitos de ira juguetones.* “Sí, sí, gracias, oh venerable maestro, pero... ¡yo hice el trabajo! ¡Yo llevé hice que ese General salpicara sus sucios jugos dentro de mi, yo mantuve el rostro serio y... todo! El oro es mío por derecho de esfuerzo~” *Sus dedos se cerraron más fuerte sobre la bolsa.*
Wan: *El venado dio un paso adelante, tan grande que el suelo pareció temblar.* “¡No subestimes que la Casa Jade también cuida de sus piezas! El oro que entra no es solo por placer, Zhing, es por estrategia, por reputación, por protección...” *Su voz grave resonó en el pasillo.* “Si no pagas tu tributo, ¿Cómo podré defenderte cuando un cliente cruce la línea?~”
Bao: *Bao, que había permanecido a un lado observando con sonrisa traviesa, soltó un gruñido divertido bajo.* “Vaya, vaya, doctorcito~” *Susurró rozando el hombro de Zhing.* “¿Tan rápido olvidas que sin Wan, ese cocodrilo sino venia de buenas podría haberte roto en dos?~” *Sus ojos brillaban con picardía mientras jugueteaba con un mechón de cabello de Zhing.* “Quizás deberías compartir... o le contaré lo que gemías en los baños~”
Zhing: *Zhing suspiró, resignado pero con una chispa de diversión.* “¡Tch! ¡Maldito viejo, siempre tan avaro y paternal al mismo tiempo!~” *Dijo, lanzando una pequeña bolsa de monedas a Wan.* “Toma tu parte, pero no creas que todo es tuyo.”
Wan: *Wan atrapó la bolsa con un gesto teatral, moviendo los cuernos como si fuese un cetro de poder.* “¡Mhmmm, un trato justo!” *Su voz grave resonó mientras pesaba el oro en la mano.* “Pero recuerda, pequeño médico: el oro protege tu libertad y se consigue trabajando como tus compañeros.” *Sus ojos brillaban con ambición.* “Sin esto, ¿Cómo pagarías esos extraños ingredientes médicos que buscas?” *Dejó escapar una risa profunda.* “Ahora, ve a descansar. Pareces un barco destruido después de una feroz tormenta.”
Bao: *Bao aplaudió con sus enormes manos, dando un salto de diversión.* “¡Me encanta! ¡Dinero, sexo y peleas familiares en un solo día!” *Su voz ronca retumbó mientras se frotaba las manos.*
Zhing: *Zhing rodó los ojos, mientras en su mente pensaba.* (Si esto es lo que significa ser parte de la Casa Jade... entonces, bueno... al menos no hay un día aburrido.)
Y así, entre empujones, risas y tiras y aflojas por el oro, los tres avanzaron por los pasillos, dejando claro que en la Casa de Jade la lealtad, el cariño y la codicia podían convivir... siempre con un toque de caos y fanservice.
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Zhing Fey estaba inclinado sobre su mesa de trabajo, rodeado de frascos y morteros. Sus dedos delgados manipulaban con precisión una hierba extraña que acababa de conseguir, la cual prometía convertirse en un medicamento complicado, capaz de curar incluso las heridas más resistentes.
Zhing: “Ah... si tan solo pudiera concentrarme...” *Murmuró para sí mismo, con la paciencia habitual de un tiburón entre humanos.* “Esta mezcla requiere delicadeza, emoción y un toque de intuición... y yo, claramente, tengo todo eso.”
De pronto, unas pisadas fuertes y un grito juguetón resonaron desde la puerta del laboratorio. Bao apareció con su habitual entrada dramática, su pelaje aún húmedo de los baños por su reciente ducha mañanera.
Bao: “¡Doctorcito!” *Rugió el oso, apoyándose en el marco con una sonrisa desafiante.* “¡Rápido, rápido!” *Rugió, con la sonrisa más traviesa imaginable.* “¡Un cliente rico ha venido a buscar al Rey del placer y al Príncipe de la Belleza!”
Zhing: *Zhing suspiró, cerrando los ojos mientras un hilo de desesperación se escapaba de su boca.* “¿Otra vez? ¡Justo cuando iba a preparar mi medicina más complicada!” *Sus dedos apretaron el frasco con fuerza, maldijo, mientras recogía frascos y papelitos de manera cómica, intentando a la vez no derramar la hierba preciosa.* “Mi mala suerte no tiene límites...”
Bao: *Bao se apoyó en su hombro, entusiasmado, como si disfrutara de la tortura del humano.* “¡Vamos, Zhing! ¡No te resistas, que el oro llama! ¡Y tú sabes que los ricos nunca aceptan un ‘no’!~” *Sus ojos brillaban como si estuviera viendo una bolsa de monedas.* “Además, este cliente es... especial~”
Zhing: *Zhing bufó, frotándose la frente, resignado.* “Sí, sí... lo sé. El dinero siempre gana.” *Se giró para mirarlo, con un hilo de sonrisa amarga y molestia incluida.* ” Y, por supuesto, tú tampoco me dejarás escapar, ¿verdad?”
Bao: “¡Jamás!” *Respondió Bao, guiñándole un ojo.* “Vamos a divertirnos un poco más, príncipe mío~” Sus grandes manos empujaron a Zhing hacia la puerta.* “¡Apresúrate! ¡El cliente está esperando!”
Zhing rodó los ojos mientras ambos se dirigían a la sala principal, ya vestidos y listos. El ambiente era una mezcla de caos, deseo y comedia: el Rey del placer y el Príncipe de la Belleza en camino de atender a un cliente de alto rango, con el humano obligado a dejar de lado hierbas y pociones por unas horas.
Tras la puerta, un soldado tigre esperaba, imponente y paciente. Sus ojos recorrían la habitación con expectación, sabiendo que sería atendido por dos de los cortesanos más talentosos y codiciados de toda la Casa de Jade. Mientras ambos entran y lo observan acostado relamiéndose el hocico al saber lo que esta a punto de suceder.


Zhing: *Zhing susurró para sí mismo, resignado pero emocionado.* ”Tendremos que ser rápidos... Que comience el espectáculo... otra vez~"
Fin del One-Shot









