Colmillo: El Depredador de Depredadores

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Summary

«Juro por Dios que haré que sean los depredadores quienes teman a las presas». Desde hace 1800 años, los humanos son capaces de transformarse en algún tipo de animal antropomórfico y volver a su forma humana a voluntad. Ya sea un cánido, un reptil, un ave, un felino o casi cualquier otra especie existente, esta capacidad dio paso a una jerarquía de dominación en donde los «Depredadores» someten a las «Presas». Ha habido guerras, religiones, cultos, odio y, sobre todo, peleas: combates clandestinos entre humanos teriofórmicos que luchan a muerte en la arena. Todos los conflictos de la humanidad se resuelven en edificios sofocantes y cerrados, en donde no solo se juega la vida de los peleadores, sino también la economía y la jerarquía del mundo entero. Colmillo es un luchador misterioso de pasado desconocido que desea, por una razón oculta, desafiar el orden establecido y acabar con el hombre más fuerte de la tierra: Alfred. Este último es un poderoso hombre tigre estadounidense que se ha mantenido invicto, defendiendo su puesto en la cima de la jerarquía durante 20 años en el torneo más importante del mundo: la Luna Sangrienta.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Desde el año 200 d. C., los humanos comenzaron a poder transformarse en animales antropomórficos a voluntad. No fue de forma inmediata, sino más bien gradual. Al principio, surgían niños con colmillos más grandes y afilados junto a sentidos más agudos; niños con huesos extrañamente ligeros y flexibles, o niños con una piel inusualmente fría y una mirada asesina sin precedentes.

Finalmente, surgió la primera transformación. No se sabe si hubo otra antes, pero es la más antigua registrada: se llamaba Zayd. Se dice que sintió tanta furia por la pérdida de su hermano que, de repente, emanó un vapor hirviente de todo su cuerpo. Se escuchaba cómo sus huesos crujían y se rompían para volver a ensamblarse; sus dientes caían y brotaban otros, afilados como cuchillos, mientras su piel se desgarraba y estiraba para hacerse más dura, cubriéndose de escamas flexibles. Al terminar, se había convertido en un hombre cocodrilo de más de cuatro metros de longitud.

Se cuenta que treinta hombres lo rodearon con lanzas; lo apuñalaron, insultaron y maldijeron, pero nada sirvió contra esa bestia. Zayd los masacró a todos con facilidad y, a partir de ese momento, cada vez más personas fueron capaces de transformarse.

En el presente, la sociedad finalmente se adaptó al cambio. Ahora, todos los humanos heredamos una afinidad animal; nuestro ADN y morfología están hechos para adaptarse a la transformación, además de obtener características físicas consecuentes a dicho animal. De hecho, siempre nos solíamos reír de las personas con alguna afinidad de ave, porque pesaban poco más de 20 kilos.

El proceso de transformación se llama Teriomorfismo. Suele durar unos pocos segundos, aunque depende de la especie; además, aunque es doloroso, te acostumbras cuanto más lo haces. Una vez completas la transición, puedes permanecer transformado el tiempo que quieras, pero a cambio de consumir una cantidad de energía y calorías extremadamente alta. Por eso, el cuerpo desarrolló un órgano específico que almacena energía para el Teriomorfismo: se llama «Terionón» y está ubicado en...

Espera, estoy siendo muy específico, ¿no? Mejor voy al punto.

Como en cualquier historia humana, hay peleas. Aunque siempre las ha habido, ahora son combates sangrientos entre bestias; por territorio, por influencia, por poder o por simple sadismo. Allí, los luchadores se juegan la vida en la arena. De todos los torneos, hay uno que es el más importante de todos: La Luna Sangrienta, donde el premio es convertirse en el Alfa de la jerarquía mundial y obtener la capacidad de dominar a todos los demás.

Les contaré la historia de Colmillo, la razón por la que ahora somos libres. La historia de cómo un «don nadie» destruyó la jerarquía de poder y, en lugar de dominarnos, nos liberó.

Empezó en el año 2016, en España, cuando se celebraba la apertura de un hospital de última generación llamado «Ala Dorada». Pero, en las profundidades, se celebraba una apertura un poco más visceral. ¿El premio? Acciones del hospital, además de dinero gracias a los cientos de ricos que apostaban miles de dólares a sus peleadores favoritos. Aunque había un problema: faltaba un luchador en la habitación de espera. Era el luchador de un misterioso emprendedor llamado William, dueño de una farmacéutica que abrió hace unos meses.

De repente, a último minuto, un hombre encapuchado caminaba en su forma humana al lado de decenas de luchadores transformados en bestias.

—¡Jajaja! ¿Te perdiste de camino a la guardería? Lárgate antes de que te arranque la cabeza de un cornazo —dijo uno de los luchadores, un Toro.

Sin embargo, Colmillo no dijo ni una sola palabra; se mantuvo en silencio, con total indiferencia ante la provocación del luchador.

—¿Estás sordo o qué, hijo de puta? ¿Te crees rudo? —dijo el Toro, furioso.

Colmillo siguió callado. El Toro, en un arranque de furia, lo empujó bruscamente, pero no logró moverlo ni un centímetro.

«¿Qué? Juraría que lo empujé... ¿por qué no se movió? ¿Quién es este hombre?» —pensó, completamente confundido.

Antes de que la discusión escalara, fueron interrumpidos por la voz del presentador:

—¡Damas y caballeros! ¡Es un honor presentarles a la cúpula de luchadores del Torneo de Combate Teriomorfista: «Frenesí»! A continuación, los luchadores emergerán de la plataforma giratoria. Si aún no conocen las reglas, se las contaré.

El presentador explicó que un Torneo Frenesí consiste en una plataforma circular gigante que surge del suelo. Allí, los veinte peleadores luchan a muerte o por incapacitación. No hay jueces, todo vale: puedes lanzar a los contrancantes por los bordes para hacerlos caer decenas de metros; incluso puedes arrancarles los ojos y no tener piedad alguna. Gana el último en pie.

—Eres nuevo en esto, ¿no? ¿Cuál es tu peleador? —preguntó un empresario a un joven emprendedor que había comprado a un luchador.

—Es ese Golden Retriever de ahí, señor —respondió.

El empresario le explicó que las posibilidades de ganar eran bajísimas, pero que el evento servía para descartar a los inútiles. Un luchador valioso vale mucho más que las acciones del hospital; por eso, el ganador pasa por una subasta donde es comprado para participar en torneos de mayor élite.

—¿O sea que pelean sabiendo que solo uno sobrevivirá? ¡Mi luchador es mi hermano! —dijo el emprendedor, aterrado.

El empresario se quedó mudo un segundo, pero luego sonrió.

—Aún no des a tu hermano por muerto. Los cuerpos humanos son extremadamente resistentes tras la evolución; a menos que le corten la cabeza o le perforen un órgano vital, no morirá... Eso creo.

—Dios... no sé por qué dejé que me convenciera de ir él a pelear en lugar de a mi representante, al que ya le había pagado... Solo espero que esté bien...

Antes de que siguieran hablando, el presentador dio la señal final. El torneo teriomórfico Frenesí estaba a punto de empezar, y el público lo sabía; estaban eufóricos por ver sangre derramarse.

—¿Quién será el último luchador en pie? ¡Antonio, alias «La Muerte Negra», es el favorito para ganar esta contienda! ¿Podrán los demás hacerle frente o se matarán entre ellos antes de enfrentarlo? ¡Averígüenlo, damas y caballeros! ¡Porque el Torneo Frenesí comienza... AHORA!