ONE SHOT
La Ira de los Enigmas
El almacén donde Tony celebraba la subasta se había convertido en un campo de batalla.
El caos era total. Entre el humo y los disparos, Charlie se movía como una exhalación, usando su habilidad para desviar cada ataque que se dirigía a Babe. De repente, una fuerza arrolladora irrumpió en el edificio. La lucha se detuvo por un instante.
Un hombre de presencia imponente y mirada letal, Hua Yong, y otro hombre, igualmente poderoso y sereno, Sheng Shaoyou, observaron la escena. Sus ojos se posaron en Charlie, y el mundo se detuvo para ellos.
Sheng Shaoyou con la voz quebrada por la emoción, sin apartar la mirada de Charlie.
—Yong...míralo. Ese poder...esa energía... es él. Es nuestro hijo.
Hua Yong con los puños apretados y una mezcla de furia y alegría contenida.
—Lo sé. Lo sé. Después de tantos años...y ese desgraciado lo tenía. Mira lo que le ha hecho.
Tony, desde un segundo piso, observaba la escena con creciente pánico. Reconocía a esos hombres. Eran una leyenda. Y ahora estaban allí, por Charlie.
Mientras los secuaces de Tony intentaban reagruparse, Hua Yong no esperó más. Se volvió hacia su compañero, una sonrisa fría y peligrosa curvó sus labios.
Hua Yong a Sheng Shaoyou, con una calma aterradora.
—Cariño, encárgate de que nadie entre. Yo voy a tener una pequeña conversación con el señor Tony y sus muchachos. Voy a recordarles lo que significa criar a un Enigma lejos de los suyos.
Lo que siguió no fue una pelea, sino una pesadilla. Hua Yong se movió entre los hombres de Tony como una sombra imparable. No solo los noqueaba, los torturaba con su poder, alargando cada segundo de sufrimiento.
Hombre de Tony siendo levantado del suelo por una fuerza invisible, retorciéndose.
—¡¿Qué...qué diablos eres?! ¡Duele! ¡Duele! ¡Suéltame!
Hua Yong inclinándose, susurrando junto al oído del hombre mientras sus venas se oscurecían.
—Soy el padre del chico al que intentaste matar. Esto es por cada segundo que mi hijo sufrió lejos de nosotros.
El hombre cayó al suelo, inconsciente y con el rostro desencajado por el dolor. Otro intentó huir, pero Sheng Shaoyou, con un simple movimiento de su mano, lo bloqueo, haciéndolo chocar contra una pared.
Sheng Shaoyou a Tony, que intentaba escapar por una puerta trasera.
—Tony. ¿No vas a invitarnos a tu fiesta? Hemos venido a buscar a nuestro hijo.
Tony, acorralado, sudaba frío. Intentó apelar a la razón.
Tony tartamudeando.
—Señores, hay un error. Yo...yo lo crié. Lo hice fuerte. Deberían agradecerme...
Hua Yong apareciendo detrás de Tony, haciendo crujir sus nudillos.
—¿Agradecerte? ¿Por separarnos? ¿Por usarlo? No, Tony. Te vamos a mostrar el verdadero significado del dolor.— Agarró a Tony por el cuello, y sus ojos brillaron con un tono rosa.— Vas a rogar por la muerte, pero no te la daré tan rápido. Vamos a saborear esto.
Mientras tanto, Babe y Charlie, protegidos por los hombres de Sheng Shaoyou, observaban atónitos.
Charlie con los ojos muy abiertos, a Babe.
—Esos...son mis padres. Y están...destruyéndolos.
Babe tomándolo de la mano, sin poder creerlo.
—Parece que no solo tú tienes un poder increíble, Charlie. Tu familia...es de otro nivel. Ya todo terminó. Estás a salvo.
La escena concluía con Tony y sus hombres reducidos a nada, su organización hecha polvo en cuestión de minutos por la furia de dos padres que, finalmente, habían encontrado a su hijo perdido.
🏥El Descubrimiento
El polvo de la batalla aún no se había asentado del todo, pero el perímetro estaba seguro. Los hombres de Sheng Shaoyou controlaban la entrada. En un rincón del almacén, lejos de los restos de la lucha, Charlie estaba frente a sus padres. Por primera vez en su vida, sentía un vacío que nunca supo que tenía, finalmente lleno. Las palabras se agolpaban en su garganta, pero una sonrisa inmensa iluminaba su rostro, a pesar del hollín y la sangre (que no era suya).
De repente, recordó. Miró a su alrededor, buscando a la persona más importante.
Charlie con los ojos brillantes de emoción, tocando suavemente el brazo de su padre Hua Yong.
—Papá...papá, esperen. Hay alguien que tienen que conocer. Quiero presentarles a Babe, mi novio.
Hua Yong y Sheng Shaoyou intercambiaron una mirada cálida. La palabra "novio" en labios de su hijo sonaba a música.
Charlie sonriendo con ternura, buscando con la mirada.
—Es un poco gruñón, ya saben, de esos que se hacen los duros...pero es amoroso cuando se lo propone.— Soltó una risa suave, casi privada.— Bueno, solo conmigo.
Hua Yong sonrió con complicidad y deslizó un brazo por la cintura de Sheng Shaoyou, apretándolo contra sí.
Hua Yong con una sonrisa pícara, mirando a su compañero.
—Suena exactamente como tu papá Shaoyou. Un alfa de clase S, todo seriedad y poder...pero conmigo es un osito de peluche.
Sheng Shaoyou rodó los ojos con afecto, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.
—Ve a llamarlo, Charlie.
Charlie asintió, emocionado.
—¡Claro! Lo voy a llamar.— Se dio la vuelta, la sonrisa aún en los labios, pero al buscar a Babe entre los escombros y los chicos, su expresión cambió radicalmente.
Vio a Babe unos metros más atrás. Estaba solo, apoyado contra una pared. Se llevó una mano a la cabeza, parpadeando con fuerza.
Su vista se nublaba. Dio un paso inseguro, tambaleándose.
Charlie sintió un vuelco en el corazón, la voz entrecortada.
—¿Mi amor?
Babe, al oírlo, levantó la cabeza con esfuerzo.
Sus ojos, normalmente tan vivos y feroces, parecían apagados, vidriosos. Intentó enfocar la figura de Charlie y una sonrisa débil, casi un reflejo, se dibujó en su rostro.
Babe con un hilo de voz, apenas un susurro.
—Cachorro...
Intentó dar un paso hacia él, pero sus piernas ya no respondían. El mundo comenzó a girar y una oscuridad fría empezó a invadirlo desde los bordes de su visión. Sus ojos, justo antes de cerrarse, perdieron ese brillo característico, esa chispa de desafío que Charlie tanto amaba.
Charlie soltó un grito desgarrador.
—¡BABE!
Su cuerpo se movió antes de que su cerebro procesara la orden. La velocidad de un Enigma es incomparable. Cuando Babe comenzaba a caer, ya estaba en sus brazos.
Charlie cayó de rodillas con él, sosteniéndolo como si fuera lo más frágil del mundo, acunando su cabeza contra su pecho.
Charlie con la voz rota, acariciando su mejilla.
—No...no, mi amor. Babe, mírame. ¡BABE! Despierta, por favor. ¡BABE!
En segundos, un tropel de pasos resonó en el suelo metálico. Los chicos, que estaban reagrupados no muy lejos, llegaron corriendo.
Alan, Jeff, Kim, todos rodearon a la pareja con caras de pánico. Pero entre ellos, uno destacó. Way, el ex mejor amigo de Babe, con el rostro pálido como el papel y los ojos llenos de lágrimas de culpa, se arrodilló al lado de Charlie.
Way con voz temblorosa, extendiendo una mano hacia Babe.
—¿Babe? Babe, no...¿Qué le pasa? ¡Tiene que estar bien! ¡Por favor!
Charlie sintió una oleada de ira pura recorrer su espina dorsal. La presencia de Way, tan cerca de Babe, despertó el recuerdo de la traición. De cómo lo había drogado y quiso abusar de Babe. Un gruñido profundo, animal, escapó de su garganta mientras apretaba a Babe con más fuerza contra sí, apartándolo instintivamente del alcance de Way. Sus ojos, por un instante, brillaron con un destello carmesí.
Charlie con una voz baja y peligrosa, sin mirarlo, pero dejando clara la amenaza.
—Aléjate de él.
Way se encogió, las lágrimas cayendo por sus mejillas. No dijo nada. No podía. Sabía que se lo merecía.
En ese momento, Hua Yong y Sheng Shaoyou se abrieron paso entre los chicos con la autoridad que daba su presencia. Hua Yong se arrodilló junto a Charlie, ignorando por completo la tensión con Way. Puso una mano firme pero suave en el hombro de su hijo.
Hua Yong con voz serena pero autoritaria, la de un líder.
—Charlie. Mírame. Tranquilo. No va a pasar nada, ¿entendido? Pero tenemos que moverlo. Ahora.
Sheng Shaoyou ya estaba hablando por un comunicador, su tono imponente.
—Que preparen el coche. Ruta directa al hospital más cercano. Inmediatamente.
Sheng Shaoyou a Charlie, con una calma que transmitía seguridad.
—Hijo, levántalo con cuidado. Te seguimos. Nosotros nos encargamos de que nadie nos moleste.
Charlie asintió, tragándose el miedo y la rabia. Miró a Babe, pálido e inerte en sus brazos, y todo lo demás dejó de importar. Lo levantó con una facilidad que sorprendió a todos, protegiendo su cabeza contra su hombro. Mientras se dirigían hacia la salida, Charlie se detuvo un segundo junto a Way.
No lo miró, pero sus palabras fueron claras.
Charlie en voz baja, helada.
—Si se despierta y quieres hablar con él, será su decisión. Pero si te acercas a él sin su permiso, ni tus remordimientos te salvarán de mí.
Y sin esperar respuesta, siguió a sus padres, dejando atrás el almacén y a los chicos, que se miraban unos a otros sin saber qué hacer.
En el hospital, la espera fue una eternidad de varios minutos. Charlie no se había separado de la camilla hasta que lo obligaron a esperar fuera de la sala de urgencias. Sus padres estaban a su lado, en silencio, ofreciendo su presencia como único consuelo.
Finalmente, una doctora salió con una tabla en la mano y una expresión seria que a Charlie casi le paraliza el corazón.
Doctora mirando el expediente.
—¿Familiar de Babe Phuwadol?
Charlie levantándose de un salto.
—Soy su novio. ¿Qué pasa? ¿Está bien? ¿Por qué se desmayó? ¿Tiene alguna herida interna?
Doctora levantando una mano para calmarlo, con una pequeña sonrisa.
—Tranquilo, joven. Está estable. No tiene ninguna lesión grave. Hemos hecho los análisis de sangre completos.— Hizo una pausa, mirando el papel.— Hemos encontrado la causa de su desmayo.
Charlie tragó saliva.
—¿Qué...qué es?
Doctora con una sonrisa profesional pero amable.
—Su novio está embarazado. De aproximadamente una semana. Los cambios hormonales, sumados al esfuerzo físico y al estrés de lo que sea que hayan pasado, le han jugado una mala pasada. Necesita reposo y cuidados.
El mundo se detuvo. Las palabras de la doctora rebotaron en la mente de Charlie una y otra vez. Embarazado. Una semana.
Reposo.
Una oleada de emociones lo inundó. Primero, una alegría tan inmensa, tan pura, que sintió que el corazón se le salía del pecho. Iba a ser papá. Él y Babe...iban a tener un bebé. Pero inmediatamente después, como una ola de agua fría, llegó el miedo. La tristeza. Conocía a Babe. Conocía su carácter, su independencia, su forma de ser. ¿Cómo iba a reaccionar el Alfa más orgulloso y testarudo al enterarse de qué estaba esperando un hijo? ¿Y en medio de todo este caos?
Las lágrimas que había estado conteniendo asomaron a sus ojos. Una sonrisa temblorosa y una mueca de preocupación lucharon por el control de su rostro.
Hua Yong, que lo observaba todo, se acercó y puso una mano en su nuca, atrayéndolo para un abrazo fugaz pero reconfortante.
Hua Yong en voz baja, para que solo Charlie lo oyera.
—Felicidades, hijo. Y no temas. Sea lo que sea que pase, le harás entender. Con amor, todo se puede.
Sheng Shaoyou asintió desde atrás, una sombra de orgullo en sus estrictos ojos.
—Ahora tienes una familia que te respalda, Charlie. Para lo bueno y para lo malo. Incluyendo a tu gruñón.
Charlie los miró, agradecido, pero su mirada se volvió hacia la puerta de la habitación donde Babe descansaba. La alegría y el temor bailaban en su pecho mientras susurraba, solo para sí mismo:
Charlie con la voz quebrada.
—¿Cómo le digo? Mi amor…¿cómo voy a decirle a mi amor qué va a ser papá?
🏥 La Noticia
El pasillo del hospital olía a antiséptico y a silencio. Charlie había pasado lo que le parecieron horas mirando la puerta de la habitación, ensayando mentalmente las palabras. Nada le parecía suficiente. Nada sonaba bien. Al final, con un último respiro profundo que infló sus pulmones y un nudo en el estómago, empujó la puerta.
La habitación era pequeña, blanca, iluminada por la tenue luz del atardecer que entraba por la ventana. Y allí, en la cama, estaba Babe.
Ya había despertado. Estaba incorporado, apoyado contra las almohadas, con una bata de hospital y le hacía parecer más vulnerable.
Tenía la mirada perdida en la ventana, pero al oír la puerta, giró la cabeza. Sus ojos, aún un poco apagados por el cansancio, se fijaron en Charlie.
Hubo un instante de silencio. Solo el bip bip constante del monitor rompía la calma.
Babe con voz ronca, aún débil, pero con ese tono directo que lo caracterizaba.
—Ya era hora. ¿Me vas a decir qué me pasa? ¿Qué te dijeron?
Charlie dio un par de pasos lentos hacia la cama. Su corazón latía tan fuerte que estaba seguro de que Babe podía oírlo. Se detuvo al borde de la cama, mirándolo a los ojos. No podía mentirle. No en esto.
Charlie con una voz suave, temblorosa al inicio, pero que se fue asentando.
—Estás...estás embarazado, mi amor.— Hizo una pausa, dejando que la palabra flotara en el aire.— Tienes una semana de embarazo.
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
Babe no dijo nada. Simplemente, bajó la mirada. Sus pestañas se posaron sobre sus mejillas y Charlie vio, con el corazón partiéndose en mil pedazos, cómo una lágrima solitaria se deslizaba lentamente por su pómulo. Una, y luego otra. No sollozaba.
No hacía ruido. Solo lloraba en silencio, con la cabeza gacha, y eso era mucho más devastador que cualquier explosión de ira.
Charlie sintió que el aire se le acababa. Dolía.
Dolía verlo así. Quería abrazarlo, borrar esa tristeza, pero algo le decía que esperara, que dejara que Babe procesara.
Pasaron unos segundos eternos. Babe respiró hondo, temblorosamente, y levantó la vista. Sus ojos estaban rojos, pero en ellos ya no solo había tristeza, también una extraña calma.
Babe con la voz apenas un susurro, pero firme.
—Lo sospechaba.
Charlie parpadeó, descolocado. De todas las reacciones que había imaginado, esa no estaba en la lista.
Charlie confundido.
—¿Cómo?
Babe lo miró directamente a los ojos. Ya no había evasión. Había verdad.
Babe comenzó a explicar, con la mirada perdida por un momento en el recuerdo.
—Cuando fingiste tu muerte...cuando te fuiste con mi padre para ese plan estúpido que no me contaste…— Una sombra de dolor cruzó su rostro, pero continuó.— Ya tenía sospechas de que podría estarlo. No sé cómo explicarlo. No había hecho una prueba ni nada, pero...sentía mi cuerpo extraño. Diferente. Más sensible. Más...no sé. Solo lo sentía.— Se encogió de hombros débilmente.— Luego vino todo el caos y lo aparté de mi cabeza. Pero cuando me desmayé...en el fondo, lo supe.
Charlie sintió una mezcla de alivio y una ternura inmensa. Se acercó lentamente, sentándose al borde de la cama. Con cuidado, como si Babe fuera de cristal, tomó una de sus manos entre las suyas. Babe no la retiró.
Charlie con voz queda, acariciando sus nudillos.
—Mi amor...
Babe interrumpió, soltando lo que realmente le pesaba.
—Tengo miedo, Charlie.
Charlie lo miró, esperando.
Babe tragando saliva, la voz quebrada por la emoción contenida.
—Miedo de no ser un buen padre.— Bajó la mirada a sus propias manos, unidas a las de Charlie.— Después de todo...fui criado por Tony. Él me moldeó. Me enseñó a ser frío, a ser fuerte, a no mostrar debilidad. ¿Qué sé yo de querer a un hijo? ¿Qué sé yo de cuidarlo? Lo único que conozco es el control, la lucha, la supervivencia.— Levantó la vista, y en sus ojos había una vulnerabilidad que Charlie jamás había visto.— ¿Y si salgo como él? ¿Y si lastimo a nuestro hijo sin querer?
Charlie sintió que su corazón se expandía hasta dolerle. Soltó una de sus manos y levantó la otra para acariciar su mejilla, secando los restos de lágrimas con el pulgar.
Charlie con una certeza absoluta, mirándolo fijamente.
—Escúchame bien, Babe Phuwadol. Tú no eres Tony. Nunca lo has sido. Tony te crió para ser un arma, pero tú elegiste ser un líder. Elegiste proteger a los tuyos. Elegiste amarme a mí, a pesar de todo.— Su voz era un susurro firme y cálido.— ¿Qué tienes miedo? Bien. Yo también. Tengo miedo de no saber cambiar un pañal, de no poder protegerlos a los dos de todo lo que viene. Pero de algo estoy seguro: no vamos a estar solos. Vamos a aprender juntos. Cada día. Vamos a equivocarnos, y vamos a levantarnos. Y nuestro hijo o hija va a crecer sabiendo lo que es el amor de verdad, porque nosotros se lo vamos a dar. Los dos. Juntos.
Babe lo escuchó en silencio, sin apartar la mirada. Algo en sus ojos cambió. La tensión en sus hombros disminuyó, y una pequeña, minúscula sonrisa comenzó a formarse en sus labios. Miró hacia abajo, a su propio abdomen, y con una lentitud casi reverencial, llevó su mano libre y la posó sobre su vientre, justo donde la bata de hospital formaba un pliegue.
Negó con la cabeza suavemente, pero esta vez con una sonrisa que empezaba a iluminar todo su rostro. Una expresión de asombro genuino.
Babe con un tono de incredulidad y maravilla.
—Es increíble...Seré padre.— Soltó una risa corta, ronca, pero sincera.— Jamás se me pasó por la cabeza. En mi mundo, solo existía la siguiente pelea, el próximo enemigo. Y ahora...esto.— Miró a Charlie con un brillo pícaro en los ojos.— Bueno, supongo que le digo adiós a las bebidas alcohólicas por el momento…— Hizo una pausa teatral, su sonrisa ampliándose.— Pero aún puedo ir a un bar, ¿no? Solo a mirar, a tomar un refresco. Eso no me lo quita nadie.
Charlie no pudo evitar reír. Una risa liberadora, que mezclaba el alivio y la felicidad. Pero inmediatamente después, su expresión se volvió una mezcla de diversión y firmeza. Arqueó una ceja.
Charlie con tono de reprensión, aunque sus ojos reían.
—¿A un bar? ¿Tú? ¿Solo a mirar?— Negó con la cabeza.— No irás a esos lugares. No sin mi permiso. Y definitivamente no solo.
Babe arqueó una ceja a su vez, el desafío brillando en sus ojos. Esa era la chispa que Charlie amaba. La vuelta de su Babe.
Babe con tono de suficiencia.
—¿Perdona? Eres mi novio, Charlie. No mi padre. Puedo ir a donde quiera…
No había terminado la frase cuando Charlie se inclinó sobre él. Con una mano, le sujetó la nuca con firmeza, pero sin brusquedad, acercándolo. Sus labios estaban a escasos centímetros.
Charlie con voz grave, un ronroneo posesivo.
—Sí, soy tu novio. Y precisamente por eso, mi deber es cuidarte. Porque eres un terco de primera, un testarudo que no se cuida lo suficiente, que se lanza al peligro sin pensar, y que ahora…— Su mirada bajó un instante al vientre de Babe y luego volvió a sus ojos.— Ahora tiene una razón más para vivir. Mi razón.
Y sin darle tiempo a replicar, Charlie devoró su boca.
El beso fue intenso, profundo, una mezcla de posesión, ternura y promesa. Babe, sorprendido al principio, respondió de inmediato. Pero en medio del beso, no pudo evitarlo. Una pequeña risa se escapó de sus labios, ahogado contra la boca de Charlie.
Una risa de felicidad, de esas que nacen del alma y no se pueden contener.
Charlie se separó lo justo para mirarlo, con una sonrisa radiante, y Babe, con los ojos brillantes y la sonrisa más sincera que le había visto en mucho tiempo, negó con la cabeza.
Babe riendo entre dientes.
—Eres un tonto.
Charlie besando la punta de su nariz.
—Tu tonto. Y tú, mi gruñón embarazado. Ahora, a descansar. Porque cuando salgas de aquí, la lucha va a ser otra: convencerte de que te comas la sopa.
Babe rodó los ojos, pero se dejó caer contra las almohadas, sin soltar la mano de Charlie, que seguía posada sobre la suya, encima de su vientre.
Babe murmurando, con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios.
—No pienso comer sopa.
Charlie susurrando, acomodándose a su lado en la cama, rodeándolo con cuidado.
—Ya veremos, mi amor. Ya veremos.
🏡El Encuentro en la Guarida del Alfa
La casa de Babe era, para decirlo sin rodeos, impresionante. Una mansión minimalista de líneas rectas y enormes ventanales que dejaban entrar la luz de la mañana. El salón principal era enorme, con muebles de diseño italiano, un televisor que ocupaba media pared y, presidiendo la estancia, una vitrina acristalada que guardaba decenas de trofeos de carreras y los cascos personalizados de Babe. Olía a café recién hecho y al leve aroma del cuero de los sillones.
Definitivamente, el corredor profesional de X Hunter no pasaba apuros económicos.
Charlie, que ya conocía la casa, se sentía orgulloso de traer a sus padres a ese espacio que era tan de Babe. Babe, por su parte, estaba apoyado en la encimera de la cocina americana, con un vaso de agua en la mano y una bata de seda negra que le daba un aire de elegancia relajada. Aún estaba pálido por el desmayo, pero su mirada había recuperado todo su filo.
La puerta se abrió y Charlie entró primero, con una sonrisa radiante, seguido de Hua Yong, que vestía impecable de negro, y Sheng Shaoyou, más sobrio con un jersey gris que suavizaba su imponente presencia.
Charlie avanzando hacia Babe, dándole un beso rápido en la sien.
—Mi amor, ya llegaron. Te presento formalmente a mis padres.— Se giró hacia ellos, señalando.— Él es Hua Yong, mi padre...el Enigma. Y él es Sheng Shaoyou, mi otro padre.
Hua Yong sonrió con cortesía, sus ojos recorriendo la casa con aprobación profesional.
—Vaya, vaya. Así que esta es la guarida del famoso Babe. Impresionante. Tienes buen gusto, chico.
Babe arqueó una ceja, enderezándose. Dejó el vaso en la encimera con un golpe seco y se acercó lentamente, con la seguridad de un depredador que inspecciona el territorio. La bata de seda se movía con cada paso.
Babe mira a Hua Yong de arriba abajo, con una sonrisa cortés pero afilada.
—Señor Hua Yong. Encantado.— Luego desvió la mirada a Sheng Shaoyou y su tono se suavizó genuinamente.— Señor Sheng Shaoyou, un honor. Charlie me ha hablado mucho de ustedes...bueno, de usted sobre todo. Dice que es la voz de la razón en esa familia.
Sheng Shaoyou esbozó una mínima sonrisa, asintiendo con la cabeza.
—Encantado, Babe. Charlie solo dice la verdad.
Hubo un instante de silencio cómodo.
Demasiado cómodo para el gusto de Hua Yong, que decidió romperlo con un comentario que consideró ingenioso.
Hua Yong con una sonrisa ladina, cruzando los brazos.
—Así que tú eres el famoso Alfa gruñón que doma a mi hijo. Charlie nos dijo que eres un poco...¿cómo lo puso? Ah, sí. 'Un gruñón, pero amoroso cuando se lo propone'. Me pregunto cuánto de amoroso y cuánto de gruñón hay en realidad.
El comentario flotó en el aire. Charlie contuvo el aliento. Sheng Shaoyou miró al techo con resignación. Y Babe...Babe sonrió. Pero no era una sonrisa amable. Era la sonrisa de un tiburón que huele sangre en el agua.
Babe inclinando ligeramente la cabeza, con una calma letal.
—Ah, ya veo. Ya entiendo todo.
Hua Yong confundido.
—¿Qué entiendes?
Babe dando un paso al frente, metiendo las manos en los bolsillos de la bata con una elegancia insultante.
—De dónde sacó Charlie eso de ser mentiroso y manipulador. Es una copia exacta de usted, señor Hua.
El rostro de Hua Yong pasó de la suficiencia a la sorpresa en una fracción de segundo. Abrió la boca para replicar, pero Babe no le dio tiempo. Se giró hacia Sheng Shaoyou, que observaba la escena con una expresión que intentaba ser neutral, pero en la que bailaba un brillo de diversión mal disimulado.
Babe con una sonrisa cómplice, bajando la voz como si compartieran un secreto.
—Señor Sheng, dígame la verdad...debe ser una auténtica lucha vivir y estar casado con él, ¿no es así? Quiero decir, tener que soportar ese ego, esas salidas ingeniosas que siempre le salen mal...Usted es un santo. Un verdadero santo.
El silencio fue absoluto. Charlie se llevó una mano a la boca, intentando contener la risa.
Los ojos de Sheng Shaoyou, normalmente estoicos, se abrieron un poco más y luego, para sorpresa de todos, una sonrisa lenta y genuina se extendió por su rostro. Una sonrisa que decía "Por fin alguien lo entiende".
Sheng Shaoyou mirando a Babe con una nueva luz de respeto y complicidad.
—¿Lucha? No sabes la mitad. Treinta años soportando sus bromas pesadas, sus comentarios inapropiados y su necesidad constante de atención.— Negó con la cabeza, pero su tono era cálido.— Es un milagro que no lo haya estrangulado en sueños.
Hua Yong indignado, girándose hacia su esposo.
—¡Oye! ¡¿Me estás traicionando?! ¡Es nuestro primer encuentro con la pareja de nuestro hijo y ya te estás confabulando con él contra mí!
Sheng Shaoyou encogiéndose de hombros con una tranquilidad olímpica.
—Solo digo la verdad, querido. Él preguntó.
Babe soltó una carcajada. Una risa sincera, profunda, que iluminó todo su rostro. Se dobló ligeramente, agarrándose el estómago, y luego señaló a Hua Yong con una mezcla de burla y afecto.
Babe riendo aún.
—¡Me encanta! ¡Me encanta esta familia! Señor Sheng, usted y yo vamos a llevarnos de maravilla.
Hua Yong cruzándose de brazos, con un mohín de niño enfadado que no pegaba nada con su imponente presencia.
—No le hagas caso. Yo soy el padre divertido. El que vino a ayudar, el que torturó a los hombres de Tony por ti, pero claro, eso no cuenta.
Charlie, que ya no podía contener la risa, se acercó a su padre y le dio una palmada en el hombro.
Charlie entre risas.
—Papá, papá, tranquilo. Babe es así. Si te ataca es que le caes bien. Si no le importaras ni te miraría.
Hua Yong murmurando, con dignidad fingida.
—Menuda forma de demostrar cariño...
Babe secándose una lágrima de la risa.
—Bueno, voy a por un zumo. Necesito hidratarme después de conocer al suegro.— Pasó junto a Hua Yong y le dio dos palmaditas condescendientes en el brazo.— No se preocupe, señor Hua. Usted y yo vamos a tener una relación muy divertida. Ya lo verá.
Y dicho esto, se dirigió a la cocina con la misma elegancia felina, dejando un rastro de diversión a su paso.
En cuanto Babe desapareció en la cocina, Hua Yong se giró hacia Charlie con los ojos abiertos como platos y el gesto ofendido.
Hua Yong en un susurro indignado.
—¿Charlie? ¿Hijo? ¿Este es el novio del qué nos hablaste con esos ojitos de gato enamorado? ¿Este ser con lengua de víbora y mirada de asesino?
Charlie sonriendo con orgullo.
—Él mismo. ¿No es increíble?
Hua Yong sin escucharle, girándose hacia Sheng Shaoyou, que seguía de pie con una sonrisa.
—Y tú. TÚ. Mi esposo. Mi compañero de vida. Mi alma gemela. ¡¿Me traicionas así?! ¿En el primer minuto de conocerlo? ¿Te pones de su lado cuando dice qué soy un pesado?
Sheng Shaoyou sin perder la sonrisa, acercándose a él y pasándole un brazo por la cintura.
—No te he traicionado. Solo he confirmado lo que ya sabes. Eres un pesado.— Le dio un beso en la sien.— Pero eres MI pesado. Y Babe tiene razón. Es rápido, es listo y no se deja amedrentar por nadie. Me cae bien.
Hua Yong ablandándose a regañadientes, apoyando la cabeza en el hombro de su esposo.
—Eso no quita que sea un borde de primera...
Charlie miró hacia la cocina, donde se oía a Babe canturrear mientras se servía el zumo.
—Sí, pero es nuestro borde.
En ese momento, Babe asomó la cabeza desde la cocina, con el vaso de zumo en la mano y una sonrisa ladina.
—Oye, Hua Yong, ¿quieres zumo? O prefieres seguir haciendo pucheros ahí como un niño pequeño.
Hua Yong soltándose de Sheng Shaoyou, con dignidad recuperada.
—Tomaré zumo. Pero que sepas que no me has ganado. Esto no ha hecho más que empezar, Babe.
Babe riendo mientras llenaba otro vaso.
—Por supuesto que no. Sería muy aburrido si te ganara en el primer asalto. Tengo nueve meses de embarazo para seguir dándote guerra. ¡Toma el vaso!
Hua Yong, a pesar suyo, sonrió. Una pequeña rendija en su fachada ofendida. Tomó el vaso que Babe le tendía y, por un instante, sus miradas se encontraron. No hubo palabras, pero hubo un entendimiento: la guerra estaba declarada, pero era una guerra divertida. Una guerra de familia.
👥 Reacciones y Perdones
La Despedida de una Amistad
Habían pasado cuatro días desde el incidente en el hospital. Babe ya estaba en casa, recuperándose, aunque Charlie no le permitía hacer absolutamente nada. Eso incluía conducir, algo que Babe llevaba especialmente mal.
La mañana estaba soleada. Babe estaba sentado en el sofá, con una manta sobre las piernas y un libro de carreras en las manos, cuando Alan llamó a la puerta. No venía solo.
Alan con voz seria, desde la entrada.
—Babe, hay alguien que quiere hablar contigo. Si no quieres, le digo que se vaya.
Babe levantó la vista del libro. No necesitó preguntar quién era. Lo supo.
Babe suspirando, cerrando el libro.
—Que pase.
Alan asintió y se hizo a un lado. Detrás de él, con la cabeza gacha y los hombros encogidos, apareció Way. Entró en el salón con pasos lentos, como si el suelo fuera a tragárselo en cualquier momento. Llevaba la ropa arrugada y las ojeras marcadas. No había dormido bien en días.
Charlie, que estaba en la cocina preparando un batido de frutas para Babe (porque "los nutrientes son importantes, mi amor"), sintió el cambio en el ambiente. Dejó lo que estaba haciendo y se apoyó en el marco de la puerta, en silencio. No intervendría. Esto era cosa de Babe.
Way con voz temblorosa, sin atreverse a levantar la vista del suelo.
—Babe...yo...sé que no tengo derecho a estar aquí. Sé que lo que hice no tiene perdón.
Babe lo observó en silencio durante unos segundos. Su expresión era ilegible. Luego, con un movimiento pausado, señaló el sillón individual frente a él.
Babe con voz neutra.
—Siéntate.
Way obedeció como un autómata. Se sentó al borde del sillón, las manos retorciéndose sobre las rodillas. Finalmente, levantó la vista.
Sus ojos estaban enrojecidos.
Way con la voz quebrada.
—Te drogué. Casi...casi te...No hay palabras para decirte cuánto lo siento. No te pido que me perdones, porque yo no me perdono a mí mismo. Solo...solo quería que lo supieras. Que lo siento. Y que si pudiera volver atrás...mataría a ese Way que fui.
Babe lo escuchó en silencio. Sus dedos acariciaban el lomo del libro, pero su mirada estaba fija en Way. Cuando Way terminó, hubo un largo silencio. Luego, Babe habló.
Babe con voz calmada, pero firme.
—Te perdono.
Way levantó la cabeza de golpe, los ojos abiertos de par en par. No podía creerlo.
Way incrédulo.
—¿Qué?
Babe encogiéndose de hombros levemente.
—Has oído. Te perdono. Tony manipuló tu miedo. Usó tu debilidad. Eso no justifica lo que hiciste, pero lo entiendo.— Hizo una pausa.— No te odio, Way.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Way. Una mezcla de alivio y dolor.
Way sollozando.
—Gracias...gracias, Babe. No sabes lo que significa...
Babe levantando una mano para detenerlo, su tono se volvió más frío, más distante.
—Pero.
La palabra cayó como una losa. Way se quedó helado.
Babe mirándolo directamente a los ojos, sin odio, pero con una verdad inapelable.
—No quiero tenerte cerca. Nuestra amistad...la de antes...esa murió el día que me traicionaste. Puede que yo te perdone, pero no puedo olvidar. Y no puedo fingir que todo está bien. Cada vez que te vea, recordaré lo que pasó. Y no quiero vivir con eso. No quiero que tú vivas con eso.
Way bajó la mirada, las lágrimas cayendo silenciosamente. Asintió lentamente, aceptando.
Way con un hilo de voz.
—Lo entiendo. Lo entiendo, Babe. De verdad.
Babe su voz se suavizó ligeramente.
—Vete en paz, Way. Reconstruye tu vida. Pero lejos de la mía.
Way se levantó con dificultad, como si le pesaran los años. Miró a Babe una última vez, con gratitud y tristeza infinita.
Way susurrando.
—Cuídate, Babe. Y...y felicidades. Por el bebé. Sé que serás un buen padre.
Babe no respondió. Solo asintió una vez.
Way se giró y caminó hacia la puerta. Al pasar junto a Charlie, se detuvo un instante.
Sus miradas se cruzaron. Charlie no dijo nada, pero su expresión ya no era de odio.
Era solo...distancia. Way asintió, aceptando también eso, y salió de la casa.
Cuando la puerta se cerró, Charlie se acercó lentamente al sofá. Se sentó junto a Babe y le pasó un brazo por los hombros. Babe apoyó la cabeza en su pecho.
Charlie en voz baja.
—¿Estás bien?
Babe suspirando, con los ojos cerrados.
—Estoy en paz. Eso es lo importante.
Charlie le besó el pelo.
—Te amo.
Babe murmurando.
—Ya lo sé, cachorro. Ahora, ¿dónde está mi batido? Que me tienes abandonado.
Charlie rió suavemente.
—Sí, mi rey. Ahora mismo.
La Reacción del Grupo
Esa misma tarde, los chicos de X Hunter se reunieron en casa de Babe. Alan, Jeff, Kim, Sonic y algunos más llenaban el salón con su energía habitual, aunque hoy había un aire de expectación.
Babe estaba en su trono habitual (el sillón central) y Charlie a su lado, con una mano posesiva pero suave en su rodilla. Los chicos los miraban con una mezcla de curiosidad y emoción contenida.
Sonic rompe el silencio, impaciente como siempre.
—Bueno, ¿¡nos van a contar algo o qué!? Porque Alan nos ha reunido aquí con una cara de misterio que no me gusta nada.
Alan desde la cocina, donde servía refrescos.
—No es mi historia. Es de Babe. Que él lo cuente.
Todas las miradas se volvieron hacia Babe. Él rodó los ojos, incómodo con tanta atención, pero una pequeña sonrisa asomaba en sus labios.
Babe con su tono habitual de fastidio fingido.
—Vale, vale. No se pongan dramáticos. Es simple: estoy embarazado.
El silencio fue absoluto. Durante tres segundos completos, nadie se movió. Luego, el caos.
Sonic saltando del sofá.
—¿¡QUÉ!?
Kim con los ojos como platos.
—¿Embarazado? ¿Cómo? Bueno, ya sé cómo, pero ¿CUÁNDO?
Jeff con una sonrisa enorme.
—¡Babe, eso es increíble! ¡Vas a ser papá!
Alan dejando los refrescos y acercándose con una sonrisa genuina.
—Felicidades, de verdad. Se lo merecen.
Babe levantó una mano para calmar el griterío.
—Basta, basta. Que todavía no ha nacido y ya me duele la cabeza.
North se lanzó sobre el sofá, arrodillándose frente a Babe con una expresión de devoción exagerada.
—Dios mío, Babe. Un mini Babe. Un pequeño gruñón correteando por ahí. El mundo no está preparado.
Kim riendo.
—O un mini Charlie. Un encanto de persona con poderes de Enigma. Va a ser imparable.
Charlie sonriendo, orgulloso.
—Sea como sea, será perfecto.
Sonic con curiosidad.
—¿Ya sabes si será niño o niña? ¿O eso se sabe después?
Babe negando con la cabeza.
—Todavía no. Vamos a la primera ecografía mañana. Descubriremos cómo va todo.
Alan levanta su vaso de refresco.
—Entonces, brindemos. Por Babe, por Charlie, y por el nuevo miembro de la familia X Hunter. ¡Por el bebé!
Todos levantaron sus vasos, con sonrisas y vítores.
Todos a coro.
—¡Por el bebé!
Babe negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír. Charlie, a su lado, lo apretó un poco más contra sí.
Charlie susurrándole al oído.
—¿Ves? Tu familia. Te quieren.
Babe murmurando.
—Ya. Son unos pesados, pero...son los míos.
La Primera Ecografía
A la mañana siguiente, Babe y Charlie estaban en la consulta de la obstetra. La doctora Lee era una mujer mayor, de aspecto amable y manos firmes. La habitación era acogedora, con luz tenue y una camilla cómoda.
Babe estaba tumbado, con la camisa levantada y el gel frío extendido sobre su abdomen. Charlie estaba a su lado, de pie, agarrándole la mano con fuerza. Demasiada fuerza, quizás.
Babe quejándose.
—Charlie, me vas a romper los dedos.
Charlie sin soltar, con los ojos fijos en la pantalla del ecógrafo.
—Perdón. Estoy nervioso.
Doctora Lee sonriendo, moviendo el transductor sobre el abdomen de Babe.
—Es normal. Vamos a ver qué tenemos aquí...Ah, sí. Aquí está.
En la pantalla apareció una imagen borrosa, en tonos grises y negros. Una pequeña forma, aún diminuta, con un diminuto parpadeo en el centro.
Doctora Lee señalando la pantalla.
—Ese es su bebé. Y ese parpadeo que ven...es su corazón. Late perfectamente.
Charlie sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Miró la pantalla, luego a Babe, luego otra vez a la pantalla. Sus ojos se humedecieron.
Charlie con la voz temblorosa.
—Es...es real. Es nuestro hijo.
Babe no dijo nada. Estaba mirando fijamente la pantalla, con una expresión que Charlie nunca había visto. Asombro. Miedo. Y un amor tan inmenso que parecía no caber en su pecho.
Babe en un susurro, casi para sí mismo.
—Hola, pequeño.
Doctora Lee midiendo en la pantalla.
—Todo está perfecto. El tamaño es el correcto para una semana de gestación. El saco gestacional está bien implantado. Y el latido...fuerte y claro. Su bebé está sano.
Charlie apretó la mano de Babe, pero esta vez con suavidad. Se inclinó y besó su sien.
Charlie con la voz rota por la emoción.
—Lo estamos haciendo bien, mi amor. Nuestro hijo está sano.
Babe levantó la mano libre y tocó la pantalla, como si pudiera acariciar ese pequeño punto parpadeante.
Babe con una sonrisa temblorosa.
—Es tan pequeño...y ya tiene carácter. Mira cómo late. Fuerte. Como su padre.
Charlie rió entre lágrimas.
—¿Su padre? ¿Quién, tú o yo?
Babe mirándolo con una sonrisa burlona.
—Los dos, tonto. Somos sus padres. Los dos.
La doctora Lee imprimió varias imágenes y se las entregó.
Doctora Lee con amabilidad.
—Estas son para ustedes. La primera foto de su bebé. Y recuerden: reposo relativo para la primera semana, mucha hidratación y nada de estrés. El padre…— miró a Charlie con una sonrisa cómplice.— El padre no estresado tiene que asegurarse de que el otro padre no haga locuras.
Charlie asintiendo con solemnidad.
—Puede contar con ello, doctora. No va a mover ni un dedo sin mi permiso.
Babe bufando.
—Ya empezamos.
Ya en el coche, de vuelta a casa, Charlie no podía dejar de mirar la ecografía. La sostenía como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Babe conducía (Charlie había perdido esa batalla), pero de vez en cuando lanzaba miradas de reojo a la imagen.
Babe rompió el silencio.
—Charlie.
Charlie sin apartar la vista de la foto.
—Dime, mi amor.
Babe con voz inusualmente suave.
—Estoy feliz.
Charlie levantó la vista por fin. Babe tenía los ojos fijos en la carretera, pero una sonrisa pequeña y sincera curvaba sus labios.
Charlie sonriendo, con el corazón lleno.
—Yo también, Babe. Yo también.
Babe extendió una mano y Charlie la tomó, entrelazando sus dedos. El coche siguió su camino, llevando a casa a una familia que empezaba a ser de tres.
🏡Semanas de Cambios – Antojos, Familia y Reconciliaciones
El Festival de los Antojos (Semana 3)
Habían pasado tres semanas desde el descubrimiento del embarazo. Tres semanas en las que Charlie había descubierto que ser el compañero de un Alfa embarazado era, para decirlo suavemente, una misión de alto riesgo.
Eran las tres de la madrugada. La casa estaba en silencio. Charlie dormía profundamente, abrazado a Babe, cuando un codazo en las costillas lo devolvió al mundo de los vivos.
Babe con voz exigente, sin abrir los ojos.
—Cachorro."
Charlie parpadeando, confuso.
—¿Mmm? ¿Qué pasa, mi amor? ¿Estás bien? ¿El bebé?
Babe con los ojos aún cerrados, pero el tono firme.
—Quiero sushi.
Charlie se incorporó lentamente, frotándose los ojos. Miró el reloj de la mesilla. 3:14 AM.
Charlie con cautela.
—¿Sushi? ¿A las tres de la mañana?
Babe abriendo un ojo, con mirada asesina.
—¿Problemas?
Charlie levantando las manos en señal de paz.
—¡No, no, ningún problema! Es solo que...cariño, la doctora dijo que el pescado crudo no es recomendable durante el embarazo.
Babe se incorpora de golpe, con el entrecejo fruncido y el pelo revuelto, mirándolo con una mezcla de indignación y dolor.
—¿Me estás diciendo qué no puedo comer lo que quiero? ¿Qué tengo que pasar hambre? ¿Tú sabes lo qué es tener antojo y no poder comerlo? ¿Tú sabes el sufrimiento qué es esto, Charlie?
Charlie contuvo la risa. Babe estaba exagerando de una forma tan dramática que era adorable. Pero sabía que si se reía, moriría.
Charlie suavemente, acariciando su mejilla.
—Tranquilo, mi amor. No te preocupes. Podemos pedir sushi, pero de los que llevan vegetales y pescado cocido. ¿Te parece bien? Mientras te vistas, busco un sitio que abra a esta hora.
Babe lo miró, evaluando la oferta. Luego, lentamente, asintió.
Babe con dignidad.
—Vale. Pero que tenga aguacate. Y mucho arroz.
Charlie besando su frente.
—Lo que tú digas, mi rey. Lo que tú digas.
Una hora después, Babe devoraba un rollo de sushi de vegetales con la satisfacción de un depredador. Charlie lo miraba desde el otro lado de la mesa, con una sonrisa de puro amor.
Babe con la boca llena.
—¿Qué miras?
Charlie con ternura infinita.
—Miró al padre de mi hijo. Al hombre más guapo del mundo, comiendo sushi a las cuatro de la mañana como si no hubiera un mañana.
Babe tragando, con una pequeña sonrisa.
—Eres un tonto. Pero un tonto útil. Tráeme otro rollo."
Charlie levantándose obediente.
—Sí, señor.
La Visita de los Suegros (Semana 6)
Las visitas de Hua Yong y Sheng Shaoyou se habían convertido en una constante. Y cada visita era un campo de batalla dialéctico entre Babe y Hua Yong, con Sheng Shaoyou de espectador y cómplice ocasional.
Esa tarde, estaban todos en el salón. Babe estaba en el sofá, con los pies en alto y un cuenco de fresas en el regazo. Charlie estaba a su lado, masajeándole los tobillos (porque "se hinchan, mi amor, es normal"). Hua Yong entraba con una bolsa de diseño carísimo.
Hua Yong con una sonrisa radiante, dejando la bolsa en la mesilla.
—¡Buenas tardes, familia! Les he traído un regalo para el bebé. Es un conjunto de la nueva colección de Balenciaga para recién nacidos. Es edición limitada.
Babe mirando la bolsa con escepticismo.
—¿Balenciaga? ¿Para un bebé qué va a vomitar y hacer caca encima? ¿Estás loco?
Hua Yong ofendido, con la mano en el pecho.
—¡Es diseño! ¡Es arte! ¡Tu hijo va a ser el bebé mejor vestido del mundo!
Babe tomando una fresa y mordiéndola con desgano.
—Mi hijo va a estar cómodo. No soy yo el que va a cambiar pañales mientras intento no manchar un body de mil euros.
Hua Yong sentándose frente a él con dignidad.
—Claramente no tienes estilo.
Babe sonriendo con sorna.
—Claramente no tengo mil euros para gastar en algo que mi hijo va a usar dos veces.
Sheng Shaoyou, que estaba sentado en el otro sofá con una taza de té, intervino sin levantar la vista.
Sheng Shaoyou con calma.
—Tiene un punto, Yong. El año pasado le compraste un traje de Armani a nuestro sobrino y se lo manchó con papilla a los cinco minutos.
Hua Yong girándose hacia su esposo, indignado.
—¡TÚ! ¡Siempre te pones de su lado! ¿Es qué no hay lealtad en este matrimonio?"
Sheng Shaoyou levantando la vista, con una sonrisa mínima.
—Solo digo la verdad. Y Babe me cae bien.
Babe riendo, levantando su cuenco de fresas en un brindis.
—Salud por eso, señor Sheng. Usted es mi suegro favorito.
Hua Yong cruzando los brazos, con un mohín.
—Soy el único suegro que tienes. Pero ya veremos quién ríe el último cuando el bebé nazca y yo le llene de regalos carísimos.
Charlie besando la frente de Babe.
—Papá, Babe te quiere. Solo le gusta picarte.
Hua Yong murmurando.
—Menuda forma de querer...
Babe con una sonrisa genuina, esta vez sin malicia.
—Venga, siéntese aquí y enséñeme ese body de mil euros. Quiero ver qué disparate ha comprado.
Hua Yong, sorprendido por la tregua, se acercó y se sentó al otro lado de Babe.
Mientras sacaba el conjunto, Babe lo observaba con atención.
Babe con sinceridad.
—Es bonito, la verdad. Un poco ridículo, pero bonito.
Hua Yong con una sonrisa triunfal.
—¿Lo ves? Tienes esperanza.
El Padre Reval (Semana 8)
La relación con Reval, el padre de Babe, había sido complicada durante años. Pero la fingida muerte de Charlie y la lucha contra Tony habían obrado un milagro: la reconciliación.
Esa tarde, Reval llegó a la casa con una bolsa de una conocida cadena de supermercados. Era un hombre mayor, con el mismo porte orgulloso que Babe, pero con una suavidad en la mirada que delataba años de arrepentimiento.
Reval desde la puerta, con voz fuerte pero cálida.
—¡He traído provisiones! La vecina me dijo que las embarazados necesitan hierro, así que he comprado espinacas, lentejas y...no sé, esto.— Sacó un paquete de galletas de chocolate.— Esto es por si acaso.
Babe levantándose del sofá con dificultad, porque la panza ya empezaba a notarse.
—Papá, no tenías que traer nada. Charlie ya me tiene controlado con la dieta.
Reval dejando la bolsa en la cocina y acercándose a abrazarlo con cuidado.
—Déjame mimarte un poco, hijo. He perdido demasiados años sin hacerlo.
Babe se dejó abrazar, apoyando la cabeza en el hombro de su padre por un instante. Luego se separó, un poco incómodo con tanta muestra de afecto, pero con una sonrisa pequeña.
Babe señalando el sofá.
—Siéntate. Charlie está preparando algo en la cocina, no sé qué, pero huele bien.
Charlie asomó la cabeza desde la cocina, con un delantal puesto y harina en la mejilla.
Charlie sonriendo.
—¡Reval! Qué alegría verle. Estoy haciendo crepes. ¿Quiere?
Reval sentándose, con una sonrisa amplia.
—Claro que quiero. El yerno cocinando para el suegro. Esto es vida.
Babe bufando.
—No le des cuerda, que luego se le sube el éxito a la cabeza.
Reval mirando a Babe con orgullo.
—Estás radiante, hijo. El embarazo te sienta bien.
Babe tocó instintivamente el vientre, ahora redondeado.
—¿Radiante? Parezco un globo.
Reval negando con la cabeza.
—Pareces feliz. Y eso es lo único que importa.
Hubo un momento de silencio cómodo.
Luego, Reval habló de nuevo, con voz más seria.
—Babe, quería decirte...lo siento. Por todos esos años. Por no estar. Por dejarte con Tony. Por no protegerte.
Babe lo miró, y por un instante, su expresión se suavizó por completo.
Babe con voz calmada.
—Ya lo hablamos, papá. Lo superamos. Tuviste tus razones, y yo las entiendo. No justifican todo, pero...entiendo.— Puso una mano sobre la de su padre.— Lo importante es que ahora estás aquí. Y vas a conocer a tu nieto o nieta.
Reval con los ojos brillantes.
—No sabes lo que significa eso para mí.
Charlie entró en ese momento con una bandeja de crepes humeantes, sirope de arce y fresas frescas.
Charlie con alegría.
—¡Comida! Y tú, Babe, no te pases con el sirope, que luego te duele el estómago.
Babe poniendo los ojos en blanco.
—Sí, sí, enfermero Charlie.
Reval riendo, tomando un crepe.
—Me gusta este chico. Te tiene controlado.
Babe mordiendo un crepe con desgana fingida.
—Eso es lo que él cree.
La tarde transcurrió entre risas, crepes y conversaciones. Reval contó historias de cuando Babe era pequeño, antes de Tony.
Charlie escuchaba embobado. Babe fingía vergüenza, pero en realidad estaba disfrutando cada segundo.
Cuando Reval se despidió, ya entrada la noche, Babe lo acompañó a la puerta. Se abrazaron largo rato.
Reval susurrando.
—Te quiero, hijo.
Babe con la voz un poco ronca.
—Yo también, papá.
Al cerrar la puerta, Charlie estaba detrás de él, con los brazos abiertos. Babe se dejó abrazar.
Charlie besando su pelo.
—¿Ves? Familia. Mucha familia.
Babe murmurando contra su pecho.
—Demasiada. Me van a volver loco.
Charlie riendo suavemente.
—Pero te quieren. Y yo más que nadie.
Babe levantando la cabeza y besándolo.
—Lo sé, cachorro. Lo sé.
Esa noche, ya en la cama, Babe estaba recostado contra el pecho de Charlie, con la mano de Charlie sobre su vientre. De repente, Babe se rió.
—¿Qué pasa?
—Nada, es que...pienso en todo. En Tony, en Way, en mi padre, en tus padres..en todo lo que ha pasado. Y ahora estamos aquí. Tú y yo. Y este pequeñajo.— Apretó la mano de Charlie contra su panza.— Es una locura.
Charlie sonriendo en la oscuridad.
—Es nuestra locura. Y es perfecta.
Babe bostezando.
—Eres un cursi.
Charlie besando su hombro.
—Soy tu cursi. Y tú eres mi gruñón favorito.
Babe ya casi dormido.
—Apaga la luz, cursi.
Charlie obedeciendo.
—Buenas noches, mi amor. Buenas noches, bebé."
Y en el silencio de la noche, con la luna entrando por la ventana, la pequeña familia encontró la paz que tanto había costado conseguir.
👶Semana 14 – Es Una Niña
La Ecografía
La sala de ecografías ya les resultaba familiar. La doctora Lee los recibió con su sonrisa amable de siempre. Babe se tumbó en la camilla con la soltura de quien ya ha pasado por esto varias veces, aunque Charlie seguía poniéndose nervioso cada vez.
Doctora Lee aplicando el gel en el abdomen de Babe.
—Vamos a ver cómo está el bebé. ¿Listos?
La doctora movió el transductor y la imagen apareció en la pantalla. El bebé había crecido muchísimo desde la última vez. Ya se distinguía claramente la forma de la cabeza, los brazos, las piernas...y un movimiento constante.
Doctora Lee señalando la pantalla.
—Miren qué activa. No para de moverse. Y todo está perfecto: el tamaño, el latido, los órganos…— Hizo una pausa, ajustando el ángulo.— ¿Quieren saber el sexo?
Babe y Charlie al unísono.
—Sí.
La doctora sonrió y enfocó la imagen. Señaló una zona concreta.
—Pues tienen una hija. Es una niña. Felicidades.
El silencio duró apenas un segundo. Luego, Charlie soltó el aire que había estado conteniendo y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Charlie con la voz quebrada.
—Una niña...vamos a tener una niña, Babe.
Babe no dijo nada. Estaba mirando fijamente la pantalla, con una expresión de asombro y ternura que rara vez se veía en su rostro.
Babe en un susurro, como si hablara con la pequeña.
—Hola, princesa.
De repente, como si hubiera escuchado a su padre, la bebé movió un brazo y luego una pierna, dando una pequeña voltereta en la pantalla.
Doctora Lee riendo.
—Parece que ya reconoce la voz de papá. O quizás es que es muy movida.
Charlie con una sonrisa radiante, apretando la mano de Babe.
—Se parece a ti.
Babe mirándolo con una mezcla de incredulidad y diversión.
—¿Movida? ¿A mí? Tú eres el que tiene superpoderes.
Charlie besando su mano.
—Pero tú eres el que no se queda quieto ni un segundo.
La doctora les dio unas imágenes impresas y el informe. Mientras Babe se limpiaba el gel del abdomen, Charlie no podía dejar de mirar las ecografías.
Charlie con los ojos brillantes.
—Mira, Babe. Aquí está su perfil. Tiene tu nariz.
Babe asomándose a la foto, con una sonrisa pequeña.
—Pobre, con lo bonita que es tu nariz. Podría haber heredado la tuya.
Charlie riendo.
—¿Mi nariz? Si es igual que la tuya, solo que más pequeña.
Babe terminando de arreglarse la ropa, de pie junto a la camilla.
—Bueno, da igual. Es perfecta.
Hubo un momento de silencio cómodo, mientras ambos miraban la foto. Luego, como impulsados por el mismo pensamiento, hablaron al mismo tiempo.
Babe y Charlie a la vez.
—Se llamará Malee.
Se miraron, sorprendidos. Luego, Babe soltó una carcajada. Charlie lo imitó, y pronto estaban los dos riendo a carcajadas en medio de la consulta.
Charlie entre risas, secándose una lágrima.
—¿Cómo...cómo hemos hecho eso?
Babe aún riendo, negando con la cabeza.
—No tengo ni idea. Pero...¿Malee? ¿Estamos de acuerdo?
Charlie sonriendo con ternura infinita, acariciando la mejilla de Babe.
—Completamente de acuerdo. Malee. Flor. Nuestra pequeña flor.
Babe apoyando su mano sobre la de Charlie, que aún sostenía la ecografía.
—Malee Phuwadol. O Malee...¿Cómo hacemos con los apellidos?
Charlie encogiéndose de hombros, feliz.
—Da igual. Malee, a secas. Será nuestra.
Doctora Lee interrumpiendo con amabilidad desde su escritorio.
—Los dejo para que sigan celebrando. Pero recuerden: próxima cita en cuatro semanas. Y Babe, siga con el reposo relativo, nada de esfuerzos.
Babe con un saludo militar burlón.
—Sí, doctora. Bajo estricta vigilancia de mi niñero personal.— Señaló a Charlie con el pulgar.
Charlie sin ofenderse, orgulloso.
—Encantado de ser su niñero.
Salieron de la consulta cogidos de la mano, con la ecografía guardada como un tesoro en el bolsillo de Charlie.
La Noticia a los Chicos
Esa misma tarde, reunieron a los chicos en casa de Babe. Alan, Jeff y los demás estaban sentados en el salón, expectantes. Babe y Charlie entraron juntos, con una sonrisa que lo decía todo.
Sonic impaciente.
—¡Venga, no nos tengan en suspenso! ¿Qué ha dicho la doctora? ¿Cómo está el bebé?
Babe dejándose caer en el sofá con cuidado, porque la panza ya empezaba a notarse.
—Todo perfecto. Y es una niña.
El griterío fue inmediato.
Kim saltando de su asiento.
—¡UNA NIÑA! ¡Voy a tener una sobrina!
Jeff con una sonrisa enorme.
—¡Felicidades! ¿Y cómo van a llamarla?
Charlie sentándose junto a Babe, pasándole un brazo por los hombros.
—Malee. Se llamará Malee.
Alan asintiendo con aprobación.
—Malee. Flor. Precioso.
Sonic con los ojos brillantes.
—Malee...La pequeña Malee. Va a ser la niña más mimada de todo X Hunter. ¡Ya le estoy comprando un casco diminuto para cuando sea mayor!
Babe bufando.
—¿Un casco? ¿Para qué va a necesitar un casco? No va a correr.
North con fingida indignación.
—¿Que no va a correr? ¿Hija del mejor corredor de X Hunter y no va a correr? ¡Eso es delito!
Kim riendo.
—North, déjalo. La niña tendrá tiempo de decidir. Ahora lo importante es que nazca sana y feliz.
Sonic levantando su vaso de refresco.
—Por Malee. La nueva princesa de la familia.
Todos a coro.
—¡Por Malee!
Babe negó con la cabeza, pero no pudo evitar una sonrisa. Charlie lo besó en la sien.
Charlie susurrando.
—¿Ves? Ya tiene un ejército de tíos locos que la adoran.
Babe murmurando.
—Pobre criatura.
La Noticia a los Padres de Charlie
Al día siguiente, fueron a casa de Hua Yong y Sheng Shaoyou. Era un ático impresionante en el centro de la ciudad, con vistas panorámicas y una decoración minimalista pero cálida.
Hua Yong abrió la puerta antes de que llamaran, como si los hubiera estado esperando.
Hua Yong con una sonrisa radiante.
—¡Pasen, pasen! Tengo champán sin alcohol preparado para Babe y el bueno para los demás. ¿Qué ha dicho la doctora?
Entraron al salón, donde Sheng Shaoyou estaba sentado leyendo un libro. Al verlos, lo dejó a un lado y se levantó para saludarlos.
Sheng Shaoyou con una sonrisa cálida.
—Babe, siéntate, ponte cómodo. ¿Quieres algo? ¿Agua? ¿Zumo?
Babe sentándose en el sofá con alivio.
—Zumo, gracias. Esto de tener una panza cada día más grande es agotador.
Charlie se sentó a su lado, sin soltarle la mano. Hua Yong se sentó frente a ellos, con los ojos brillantes de emoción.
Hua Yong impaciente.
—Bueno, ¡cuenten! ¿Cómo está? ¿Qué es? ¿Niño o niña?
Charlie con una sonrisa radiante.
—Es una niña. Todo perfecto. Sana, fuerte y muy movida.
Hua Yong soltó un grito de alegría y se levantó de un salto para abrazarlos. Sheng Shaoyou se acercó con más calma, pero con una sonrisa igual de genuina.
Hua Yong con los ojos brillantes.
—¡Una niña! ¡Voy a tener una nieta! ¡Ya estoy pensando en todos los vestidos que voy a comprarle!
Sheng Shaoyou abrazando a Charlie y luego a Babe con cuidado.
—Felicidades, hijos. Es una noticia maravillosa.
Babe sonriendo, cómodo ya con la cercanía de sus suegros.
—Y hay más. Ya tenemos nombre.
Hua Yong sentándose de nuevo al borde del sillón.
—¿Nombre? ¿Cuál?
Charlie mirando a Babe con complicidad.
—Malee. Se llamará Malee.
El silencio fue de pura emoción. Hua Yong se llevó las manos al corazón.
Hua Yong con voz temblorosa.
—Malee...Flor. Es precioso. Perfecto para ella.
Sheng Shaoyou asintiendo, con una sonrisa.
—Malee. Bienvenida, pequeña Malee.
Hua Yong levantándose de nuevo.
—¡Esto hay que celebrarlo! Voy a preparar algo de comer. Babe, ¿qué te apetece? ¿Antojos? ¿Algo en especial?
Babe riendo.
—Tranquilo, Hua Yong. No hace falta que me mimes tanto.
Hua Yong con dignidad.
—No te mimo a ti. Mimo a mi nieta. Y si para llegar a ella tengo que pasar por ti, pues pasaré. Así que, ¿qué quieres comer?
Babe negando con la cabeza, pero sonriendo.
—Unos sándwiches. Con queso. Y pepinillos.
Hua Yong asintiendo serio.
—Pepinillos. Anotado. Sheng, ayúdame.
Mientras los dos padres se dirigían a la cocina, Charlie y Babe se quedaron en el sofá, observándolos.
Charlie susurrando.
—¿Ves? Te quieren. Te han aceptado como uno más.
Babe apoyando la cabeza en su hombro.
—Ya. Es raro. Pero...bonito.
Charlie besando su pelo.
—Te mereces todo esto, mi amor. Y más.
La Noticia a Reval
Esa noche, fueron a casa de Reval. Era un piso más modesto que el de Hua Yong, pero acogedor, lleno de fotografías de Babe de pequeño y recuerdos familiares.
Reval los recibió con los brazos abiertos y una bandeja de galletas recién horneadas.
Reval con una sonrisa amplia.
—¡Pasen! He hecho galletas. No sé si las embarazados pueden comerlas, pero por si acaso.
Babe entrando y abrazando a su padre.
—Claro que puedo, papá. No estoy enfermo, solo embarazado.
Se sentaron en el pequeño salón. Reval no podía apartar la mirada de la creciente panza de Babe.
Reval con emoción contenida.
—Cuéntamelo todo. ¿Qué ha dicho la doctora?
Charlie sacando la ecografía del bolsillo.
—Todo perfecto. Y mire.— Le tendió la foto.— Es una niña.
Reval tomó la ecografía con manos temblorosas. La miró largo rato, con los ojos brillantes.
Reval con la voz ronca.
—Una niña...voy a tener una nieta.— Levantó la vista, con una sonrisa temblorosa.— ¿Y nombre? ¿Ya pensaron en el nombre?
Babe sonrió, con una suavidad que solo mostraba con su padre.
—Malee. Se llamará Malee.
Reval repitiendo el nombre, saboreándolo.
—Malee...Flor. Es precioso. Perfecto para ella.— Miró a Babe y luego a Charlie.— Son unos padres maravillosos. Y ella va a ser la niña más feliz del mundo.
Babe sintiendo un nudo en la garganta.
—Gracias, papá.
Reval levantándose y abriendo los brazos.
—Ven aquí, hijo.
Babe se levantó y se dejó abrazar por su padre. Fue un abrazo largo, cálido, lleno de años de dolor que finalmente se estaban curando.
Reval susurrando.
—Tu madre estaría tan orgullosa de ti...
Babe apretando los ojos, conteniendo las lágrimas.
—Lo sé.
Charlie se acercó y puso una mano en el hombro de Babe. Reval lo miró y le tendió un brazo, incluyéndolo en el abrazo.
Reval con voz firme.
—Y tú, Charlie. Cuídalos. A los dos.
Charlie con seriedad.
—Con mi vida, señor. Se lo prometo.
Reval sonriendo.
—Ya no me llames señor. Llámame papá. O Reval. Pero papá me gusta más.
Charlie sonrió, con los ojos brillantes.
—Gracias...papá.
Pasaron el resto de la noche viendo álbumes de fotos de Babe cuando era pequeño, riendo con anécdotas y planeando el futuro de la pequeña Malee.
Cuando volvían a casa, ya tarde, Babe iba dormido en el asiento del copiloto, con la mano apoyada sobre su vientre. Charlie conducía despacio, mirándolo de reojo con una sonrisa de puro amor.
Charlie susurrando para sí mismo, mirando la carretera y luego a su familia.
—Malee. Nuestra pequeña flor. Te esperamos, princesa.
Y la luna brillaba sobre el coche que llevaba a casa a la familia más feliz del mundo.
🏡Semana 28 – Antojos y Nidos
El Antojo de las 3 AM (Versión Sándwich Múltiple)
Eran las tres y media de la madrugada cuando Charlie sintió un codazo en las costillas. No era la primera vez. Ya llevaban siete meses de embarazo y los antojos nocturnos se habían convertido en una rutina casi sagrada.
Babe con voz exigente, aunque aún medio dormido.
—Cachorro.
Charlie abriendo un ojo, con una sonrisa de resignación amorosa.
—Dime, mi amor. ¿Qué quieres esta vez?
Babe sentándose en la cama, con la panza prominente y el pelo revuelto, mirando al frente con determinación.
—Sándwich.
Charlie incorporándose también, frotándose los ojos.
—Vale. ¿De qué? ¿Jamón y queso? ¿Pollo? ¿Vegetal?
Babe pensando seriamente, como si estuviera resolviendo un problema matemático complejo.
—Sí.
Charlie parpadeando.
—¿Sí? ¿Sí qué?
Babe mirándolo con una mezcla de impaciencia y deseo insaciable.
—Sí. Todos. Quiero uno de jamón y queso, uno de pollo, uno de vegetal, y uno de nutella con plátano.
Charlie se quedó mirándolo un momento.
Luego soltó una risa suave.
Charlie besando su frente.
—Mi amor, ¿estás segura de qué no te cabe todo en un solo sándwich?
Babe con mirada asesina.
—¿Te estás quejando?
Charlie levantando las manos en señal de paz.
—¡No, no, para nada! Tu deseo es una orden. Pero…— Hizo una pausa, con una sonrisa pícara.— ¿Puedo cobrar con besos?
Babe bufando, pero con una pequeña sonrisa.
—Tráeme los sándwiches y hablamos.
Charlie saltó de la cama con una energía que solo el amor (y siete meses de práctica) podían proporcionar. Media hora después, volvió con una bandeja humeante: cuatro sándwiches perfectamente preparados, un vaso de leche caliente y otro de zumo de naranja.
Babe lo miró con aprobación.
Babe tomando el de jamón y queso.
—Aceptable.
Charlie sentándose a su lado, acariciando su panza mientras Babe devoraba.
—¿Solo aceptable? Después de mi obra maestra culinaria?
Babe con la boca llena.
—Si te digo que es perfecto, se te sube el éxito a la cabeza y mañana me traes solo uno.
Charlie riendo.
—Tramposo.
Babe terminó el primer sándwich y pasó al de pollo. Charlie aprovechó para apoyar la cabeza en su hombro, con una mano siempre en contacto con su vientre.
Charlie susurrando.
—Malee, ¿estás viendo a tu papá? Devorando como un campeón. Vas a salir con antojos de sándwich.
En ese momento, una patada resonó en la palma de Charlie. Babe también la sintió y se quedó quieto.
Babe con una sonrisa suave.
—Te ha oído.
Charlie con los ojos brillantes.
—Me encanta cuando se mueve. Es como si nos dijera 'estoy aquí, os escucho'.
Babe apoyando su mano sobre la de Charlie.
—Es una cotilla. Igual que su padre.
Charlie besando su hombro.
—Su padre somos nosotros dos. Los dos son mis cotillas favoritos.
Babe rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír. Terminó los cuatro sándwiches con una eficiencia impresionante y luego se recostó contra Charlie, satisfecho.
Babe murmurando, ya casi dormido.
—Eres un tonto.
Charlie abrazándolo con cuidado, sin dejar de acariciar su panza.
—Tu tonto. Y el de Malee. Buenas noches, mis amores.
Babe con un hilo de voz.
—Limpia la cocina mañana...
Charlie riendo en silencio.
—Sí, mi rey.
El Descubrimiento del Nido (Dos Días Después)
Charlie había salido a comprar más pepinillos (el último antojo de Babe) y algo de fruta.
Cuando volvió a casa, notó algo extraño.
Había un rastro de ropa desde la entrada hasta el dormitorio. Una camiseta de Charlie por aquí, una sudadera de Babe por allá, una bufanda...
Charlie deja las bolsas en la cocina, extrañado.
—¿Babe? ¿Mi amor? ¿Estás bien?
Silencio.
Subió las escaleras con cautela, sin saber qué iba a encontrarse. Al llegar a la puerta del dormitorio, se detuvo en seco y una sonrisa inmensa se dibujó en su rostro.
La cama había desaparecido. Bueno, no la cama en sí, pero sí la superficie. Estaba cubierta por una montaña de ropa. Toda la ropa de Babe. Toda la ropa de Charlie. Sudaderas, camisetas, chaquetas, bufandas, incluso alguna manta. Y en el centro de ese nido improvisado, con la expresión más satisfecha del mundo, estaba Babe.
Tenía el pelo revuelto, llevaba una de las sudaderas favoritas de Charlie (enorme sobre su panza) y estaba rodeado de prendas, acariciándose el vientre con una sonrisa de pura paz.
Charlie apoyado en el marco de la puerta, con el corazón derritiéndose.
—¿Babe? ¿Qué...qué haces?
Babe levantó la vista, sin ningún atisbo de vergüenza. Al contrario, parecía orgulloso.
Babe con toda la naturalidad del mundo.
—Estoy haciendo un nido.
Charlie entró lentamente, sin poder dejar de sonreír.
—Ya veo. ¿Y por qué?
Babe encogiéndose de hombros, acariciando una de las camisetas de Charlie.
—No sé. Me desperté y necesitaba...esto. Tu olor. Mi olor. Algo suave y cálido. Y empecé a sacar ropa del armario y...bueno, ya ves.— Señaló el nido con un gesto amplio.— Quedó bien, ¿no?
Charlie se acercó lentamente y se sentó al borde de la cama-nido. Miró a Babe con una ternura infinita.
Charlie con voz suave.
—Mi amor, ¿sabes lo qué es esto?
Babe con una ceja arqueada.
—¿Un nido?
Charlie asintiendo, acariciando su mejilla.
—Sí. Es instinto de anidación. Muchas embarazadas lo hacen. Preparan un espacio seguro y cómodo para el bebé, con cosas que huelan a ellos y a su pareja. Es completamente normal.
Babe con un dejo de sorpresa.
—¿Normal? ¿Esto es normal?— Miró a su alrededor, a la montaña de ropa que lo envolvía.— Porque parece que ha explotado una bomba en una tienda de ropa.
Charlie riendo suavemente.
—Es normal. Y es precioso.— Se tumbó con cuidado a su lado, rodeándolo con un brazo.— Huelo mi colonia, tu perfume, el suavizante...es como estar en una nube.
Babe apoya la cabeza en su pecho, satisfecho.
—Eso he pensado. Una nube suave y calentita para nuestra princesa.
Charlie besó su pelo y luego deslizó una mano bajo la sudadera para acariciar su panza. Malee respondió con una patadita.
Charlie susurrando.
—¿Ves? A ella también le gusta.
Babe con una sonrisa pequeña.
—Claro que le gusta. Es su nido. Y el mío.— Hizo una pausa y luego, con un tono ligeramente defensivo:— Pero esto no significa que me haya vuelto blando, ¿eh? Sigo siendo un Alfa de cuidado.
Charlie riendo contra su pelo.
—Por supuesto, mi amor. El Alfa más duro de X Hunter, acurrucado en un nido de ropa con su pareja. Muy duro, sí.
Babe dándole un codazo suave, pero sin moverse.
—Cállate o te echo del nido.
Charlie abrazándolo más fuerte.
—No me eches, por favor. Es el lugar más cómodo del mundo.
Pasaron un rato en silencio, acurrucados entre la ropa. De repente, Babe habló.
—Charlie.
—Dime.
Babe con voz seria, aunque sus ojos brillaban con diversión.
—¿Vas a contarle esto a alguien?
Charlie fingiendo pensar.
—Bueno, a mis padres les haría ilusión saber que tienes instinto paternal...
Babe incorporándose de golpe, con mirada asesina.
—Ni se te ocurra.
Charlie tirando suavemente de él para que vuelva a tumbarse.
—Tranquilo, tranquilo. Es nuestro secreto. El nido es solo nuestro.
Babe volvió a apoyar la cabeza, satisfecho.
—Eso está mejor.
Charlie acariciando su panza.
—Pero, Babe...¿de verdad has sacado TODA la ropa de los armarios?
Babe con orgullo.
—Toda. Hasta los jerséis de invierno que no usamos desde hace meses años.
Charlie mirando la montaña que los rodeaba.
—Vale. Pues supongo que mañana tenemos plan: doblar ropa.
Babe bostezando.
—Mañana. Ahora dormimos.
Charlie besando su frente.
—Como tú digas, mi amor. Buenas noches, Babe. Buenas noches, Malee.
Babe ya casi dormido.
—Buenas noches, cachorro tonto.
Y así, en su nido de amor y ropa, la pequeña familia durmió el sueño más reparador de los últimos meses.
A la Mañana Siguiente
Charlie se despertó con el sol entrando por la ventana y una sensación de calor y paz. Babe seguía acurrucado contra él, con la mano sobre su vientre. El nido seguía intacto a su alrededor.
De repente, sonó el timbre de la puerta.
Charlie murmurando.
—¿Quién será a estas horas?
Babe gruñendo, sin abrir los ojos.
—Diles que se vayan.
El timbre sonó de nuevo. Y otra vez.
Charlie suspirando, intentando levantarse con cuidado.
—Voy, voy.
Babe lo agarró del brazo.
Babe con voz peligrosa.
—No. Te quedas. El nido no se rompe.
Charlie con una sonrisa.
—Mi amor, es el timbre. Tengo que abrir.
Babe incorporándose con dignidad, aunque con el pelo como un erizo.
—Vamos los dos. Pero si es alguien que no nos cae bien, los echo yo personalmente.
Bajaron las escaleras lentamente, Babe agarrado de Charlie y protegiendo su panza.
Al abrir la puerta, se encontraron con Hua Yong, Sheng Shaoyou y Reval, los tres con bolsas de compra y sonrisas expectantes.
Hua Yong al verlos, con una sonrisa radiante.
—¡Buenos días, familia! Hemos venido a prepararos el desayuno y a mimar a la futura mamá...digo, papá.— Hizo una pausa, mirando a Babe de arriba abajo.— ¿Por qué llevas puesto el jersey de Charlie? ¿Y por qué tienes...? ¿Eso es una etiqueta de ropa en el pelo?
Babe se tocó el pelo y, efectivamente, sacó una etiqueta de una de las prendas del nido.
Charlie contuvo la risa.
Babe con toda la dignidad que pudo reunir.
—Hemos dormido mal. Charlie ha hecho un nido. Con ropa. Para estar cómodos.
Charlie lo miró con sorpresa. Babe le había echado la culpa a él.
Charlie abriendo la boca para protestar.
—Oye, yo no...
Babe pisándole el pie con suavidad pero firmeza.
—Tú has hecho el nido, ¿verdad, Charlie?
Charlie lo miró, vio el brillo de advertencia en sus ojos y suspiró, aceptando su destino.
Charlie con una sonrisa forzada.
—Sí, yo. Yo hice el nido. Soy muy...acogedor.
Sheng Shaoyou y Reval intercambiaron una mirada de complicidad. Sabían perfectamente lo que pasaba, pero decidieron no decir nada.
Reval entrando con una sonrisa.
—Bueno, sea quien sea que haya hecho el nido, hemos traído comida. Vamos a desayunar todos juntos.
Sheng Shaoyou pasando junto a Babe y dándole un golpecito cómplice en el hombro.
—El nido está muy bien hecho, por cierto. Muy acogedor.
Babe lo miró, y Sheng Shaoyou le guiñó un ojo. Babe no pudo evitar una pequeña sonrisa.
Hua Yong entrando sin dejar de hablar.
—Bueno, yo voy a hacer tortitas. Babe, ¿tortitas? ¿Con sirope? ¿Con fruta?
Babe dejándose llevar hacia la cocina, con Charlie siempre a su lado.
—Con todo.
Y así, entre risas, tortitas y complicidades, la familia celebró una nueva mañana juntos, con el secreto del nido a salvo...o eso creía Babe.
Más tarde, cuando los padres se fueron, Charlie y Babe subieron a ordenar el nido.
Mientras doblaban ropa, Babe habló.
—Lo siento por echarte la culpa.
Charlie sonriendo.
—No pasa nada. Prefiero que piensen que soy un blando acogedor a que sepan que mi duro Alfa tiene instinto de anidación.
Babe lanzándole un calcetín.
—Cállate.
Charlie atrapando el calcetín y riendo.
—Nunca.
Babe con una sonrisa, acariciándose la panza.
—Malee, tu padre es un tonto.
Una patada. Charlie rió.
—¿Ves? Ella opina lo contrario.
—Ella opina que los dos somos tontos.
Charlie acercándose a abrazarlo.
—Pues seremos tontos. Pero tontos felices.
Y la risa de ambos llenó la habitación mientras la ropa volvía a los armarios, dejando espacio para las próximas aventuras de la familia.
👶 El Nacimiento de Malee
La Llegada (Hospital, Sala de Partos)
Nueve meses habían pasado desde aquel primer día en la consulta. Nueve meses de antojos nocturnos, de nidos de ropa, de risas, de miedos y de un amor que crecía más cada día. Y ahora, finalmente, el momento había llegado.
La cesárea había sido programada para las diez de la mañana. Charlie estaba junto a Babe, vestido con el traje estéril, sujetando su mano con fuerza mientras los médicos trabajaban detrás de una sábana que les impedía ver la intervención.
Babe con voz tensa, apretando la mano de Charlie.
—Si me desmayo, te mato.
Charlie besando su frente por encima de la mascarilla.
—No te vas a desmayar, mi amor. Eres el Alfa más fuerte que conozco.
Babe bufando, aunque el dolor de la anestesia era mínimo.
—Eso no quita que tener a alguien cortándote la tripa sea una experiencia agradable.
De repente, un llanto. Potente, agudo, lleno de vida. El corazón de Charlie dio un vuelco.
Babe abrió los ojos de par en par.
El médico con una sonrisa tras la sábana.
—Ha nacido. Es una niña preciosa. En un momento se la traemos.
Charlie sintió que las lágrimas le ardían en los ojos. Miró a Babe y vio que él también estaba conteniendo la emoción.
Charlie con la voz quebrada.
—Lo hicimos, mi amor. Está aquí. Malee está aquí.
Babe tragando saliva, sin soltar su mano.
—Ya…ya lo sé, tonto. No me aprietes tanto la mano.
Pero no se soltaron. Ni siquiera cuando la enfermera apareció con un pequeño bulto envuelto en una manta blanca y lo depositó con cuidado sobre el pecho de Babe.
El mundo se detuvo.
Malee era pequeña, de pelo negro y los ojos cerrados. Respiraba suavemente, acurrucada contra la piel de su padre.
Babe susurrando, con una voz que Charlie nunca le había escuchado.
—Hola, Malee. Hola, princesa.
Charlie se inclinó sobre ambos, rodeándolos con sus brazos, llorando sin pudor.
Charlie con la voz rota por la felicidad.
—Es perfecta. Es absolutamente perfecta. Tiene tu nariz.
Babe con una sonrisa temblorosa.
—Tiene tus orejas.
Charlie riendo entre lágrimas.
—¿Mis orejas? ¿En serio?
Babe acariciando suavemente la mejilla de la bebé.
—Mírala. Es pequeñísima. Y ya tiene carácter. Mira cómo se queja.
Malee, efectivamente, había empezado a hacer pequeños sonidos de protesta, moviendo los bracitos.
Charlie besando la frente de Babe y luego la de Malee.
—Se parece a ti en eso. Exigente desde el primer día.
Babe mirándolo con una mezcla de amor y cansancio.
—Cállate y dame un beso.
Charlie obedeció. Y allí, en la habitación del hospital, con Malee entre ellos, los tres comenzaron su nueva vida.
La Primera Toma (Habitación de Babe, Dos Horas Después)
Ya en la habitación, Babe estaba incorporado en la cama con Malee en brazos. La enfermera les había explicado cómo darle el biberón con fórmula y ahora estaban solos.
Babe sostenía el biberón con una mano mientras con la otra acunaba a Malee. Ella succionaba con avidez, los ojitos entrecerrados.
Charlie sentado en una silla junto a la cama, mirándolos embobado.
—Mira cómo come. Es una campeona.
Babe con una sonrisa suave.
—Como su padre. Yo también como con ganas.
Charlie riendo.
—Eso es cierto. Recuerdo tus antojos de las tres de la mañana.
Babe lanzándole una mirada asesina, pero sin poder evitar sonreír.
—Cállate o te quedas sin conocer a tu hija.
Charlie levantando las manos en señal de paz.
—¡No, no! Perdón. Es la niña más maravillosa del mundo y su padre es un ser perfecto.
Babe bufando, volviendo a mirar a Malee.
—Eso está mejor.
Malee terminó el biberón y soltó un pequeño eructo que hizo reír a ambos.
Charlie con los ojos brillantes.
—¿Has oído? Ese eructo es arte.
Babe acomodando a Malee contra su pecho.
—Eres un tonto. Pero es mi tonto.
Llamaron a la puerta. La enfermera asomó la cabeza.
La enfermera con una sonrisa.
—Señores, tienen visita. ¿Los dejamos pasar?
Babe mirando a Charlie, luego asintiendo.
—Sí, que pasen.
La puerta se abrió y el caos entró en la habitación.
La Visita de los Chicos
Alan, Jeff, Kim, Sonic y North irrumpieron en la habitación con una energía que hizo que Babe instintivamente protegiera a Malee contra su pecho.
Sonic en un susurro exageradamente alto.
—¡Cállense todos que está la bebé! ¡No la despierten!
Kim susurrando también, aunque con una sonrisa enorme.
—Sonic, tú eres el que está gritando.
Jeff acercándose con cautela, con los ojos brillantes.
—Babe, ¿podemos verla? ¿Podemos?
Babe, a pesar de su fama de gruñón, sonrió y separó un poco la manta para que pudieran ver el rostro de Malee.
Alan con una voz inusualmente suave.
—Es preciosa. Pequeñísima.
Jeff con lágrimas en los ojos, para sorpresa de todos.
—Es...es la cosa más bonita que he visto en mi vida. Babe, has creado un ser humano. Estoy llorando.
Kim riendo, pero también con los ojos brillantes.
—Jeff, no llores, que vas a despertarla.
Sonic señalando suavemente.
—Mira, los deditos. Son diminutos. Parecen de juguete.
Malee, como si supiera que era el centro de atención, abrió los ojos un momento. Eran grandes, oscuros, y miraron a su alrededor con curiosidad.
Jeff susurrando.
—Me ha mirado. Me ha mirado, soy su tío favorito.
Alan con una sonrisa.
—Jeff, ha mirado al techo. No te la creas.
Jeff ofendido.
—¡Ha sido a mí!
La risa general fue suave, para no molestar a la bebé. Babe los observaba, con una sensación cálida en el pecho. Estos eran su familia. Los chicos de X Hunter. Sus hermanos.
Babe con voz calmada.
—Van a ser sus tíos. Así que compórtense.
Kim con solemnidad.
—Prometemos mimarla, consentirla y protegerla de cualquier peligro.
Sonic asintiendo.
—Y de Jeff cuando se ponga pesado.
Jeff gritando en susurro.
—¡Oye!
La Visita de los Padres de Charlie
Media hora después, los chicos se despidieron para dejar paso a los siguientes visitantes. Hua Yong y Sheng Shaoyou entraron con la solemnidad de quien entra en un templo. Hua Yong llevaba una bolsa enorme de diseño y Sheng Shaoyou una expresión de orgullo contenido.
Hua Yong acercándose con pasos lentos, como si caminara sobre huevos.
—¿Podemos? ¿Está despierta? ¿Puedo verla?
Charlie riendo suavemente, haciendo un gesto para que se acerquen.
—Claro, papá. Pasa.
Hua Yong se acercó a la cama y, al ver a Malee, se le cayó la bolsa al suelo. No le importó. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.
Hua Yong con la voz quebrada.
—Es...es igual que Charlie cuando nació. El mismo pelo. La misma cara.
Sheng Shaoyou colocando una mano en el hombro de su esposo, con una sonrisa tierna.
—Cálmate o vas a asustar a la niña.
Hua Yong secándose las lágrimas con dignidad.
—No me calmo. Es mi nieta. Mírala, Sheng. Es perfecta.
Sheng Shaoyou se inclinó para verla mejor y una sonrisa suave apareció en su rostro.
Sheng Shaoyou con ternura.
—Bienvenida, Malee. Te hemos estado esperando.
Babe mira a sus suegros con cariño.
—¿Quieren tenerla un momento?
Hua Yong contuvo el aliento.
—¿Podemos?
Charlie tomó a Malee con cuidado de los brazos de Babe y la depositó en los de Hua Yong, que la recibió como si fuera de cristal.
Hua Yong murmurando, meciéndola suavemente.
—Hola, princesa. Soy tu abuelo Yong. Te voy a comprar tantos vestidos...tantos juguetes...que tus padres van a tener que mudarse a una casa más grande.
Sheng Shaoyou apoya la cabeza en el hombro de Hua Yong para mirarla.
—Y yo seré el abuelo que te enseñe a ser fuerte y sabia. Pero también a querer.
Charlie con los ojos brillantes, apretando la mano de Babe.
—Míralos. Están hechos polvo.
Babe sonriendo.
—Como nosotros.
La Visita de Reval
El último en entrar fue Reval. Lo hizo con pasos lentos, casi tímidos, como si no estuviera seguro de merecer estar allí. Pero cuando vio a Malee en brazos de Hua Yong, toda su inseguridad desapareció.
Reval con voz temblorosa.
—¿Puedo...?
Babe haciendo un gesto a Hua Yong para que se la pasara.
—Claro, papá. Es tu nieta.
Hua Yong, con cuidado, pasó a Malee a los brazos de Reval. El hombre mayor la sostuvo como si sujetara el universo entero.
Reval con lágrimas rodando por sus mejillas.
—Es igual que tú cuando naciste, Babe. El mismo pelo. La misma carita seria.— Soltó una risa temblorosa.— Mira, ya está frunciendo el ceño. Igual que tú.
Babe con una sonrisa suave.
—Sale a mí en eso.
Reval acariciando suavemente la mejilla de Malee con un dedo.
—Malee...Flor. Tu madre estaría tan orgullosa. Tan orgullosa de ti, Babe. Y de ti, Charlie. Y de esta pequeña.
Charlie acercándose a ellos, poniendo una mano en el hombro de Reval.
—Gracias, papá. Por estar aquí. Por todo.
Reval levantó la vista y miró a su hijo, luego a Charlie, luego a la bebé.
Reval con voz firme, aunque emocionada.
—Voy a ser el mejor abuelo del mundo. Se los prometo. Voy a estar para ella. Para ustedes. Siempre.
Babe extendiendo una mano, que Reval tomó.
—Lo sé, papá. Lo sé.
La Familia al Completo
Un rato después, todos estaban reunidos en la habitación. Los chicos habían vuelto (no podían estar lejos), los padres de Charlie y Reval estaban sentados, y Malee estaba de nuevo en brazos de Babe, dormida plácidamente.
Jeff levanta un vaso de agua de la mesilla.
—Quiero hacer un brindis. Por Malee. La nueva integrante de nuestra familia. La niña más querida y mimada del mundo"
Todos levantando lo que tienen, vasos, tazas, manos.
—¡Por Malee!
Kim con una sonrisa.
—Y por Babe y Charlie. Los mejores padres del mundo.
Babe rodando los ojos, pero sonriendo.
—Vale, vale, ya basta. Que van a despertarla.
En ese momento, Malee se movió un poco y soltó un pequeño suspiro, pero no se despertó.
Sonic susurrando.
—Es tan bonita...
Hua Yong con orgullo.
—Es mi nieta. Por supuesto que es bonita.
Sheng Shaoyou con una sonrisa cómplice a Babe.
—No le des cuerda, que luego no lo paras.
Babe riendo suavemente.
—Ya lo sé.
Reval mirando a todos, con el corazón lleno.
—Esto es una familia. Una familia de verdad.
Charlie besando la frente de Babe y luego la de Malee.
—Sí. Y es perfecta.
La tarde cayó sobre el hospital, y la habitación se llenó de risas suaves, conversaciones en susurros y, sobre todo, de amor. Malee había llegado al mundo, y lo había hecho rodeada de las personas que más la querían.
Ya de noche, cuando todos se habían ido, Charlie estaba acurrucado en la cama con Babe, con Malee en una pequeña cuna al lado, visible desde donde estaban.
Charlie susurrando.
—¿Estás cansado?
Babe con los ojos cerrados, pero una sonrisa en los labios.
—Mucho. Pero feliz.
Charlie besando su hombro.
—Eres increíble, Babe. Lo has hecho increíble.
Babe abriendo los ojos y mirándolo.
—Lo hemos hecho. Los dos.
Charlie sonriendo.
—Los tres.
Miraron a Malee, que dormía plácidamente, y luego se miraron el uno al otro.
Babe con voz suave.
—Te amo, Charlie.
Charlie con el corazón lleno.
—Te amo más, Babe. Y bienvenida al mundo, Malee. Te amamos infinito.
Y así, con la luna entrando por la ventana y la paz de una familia recién formada, los tres se quedaron dormidos, listos para comenzar su nueva vida juntos.
🧑🧑🧒Meses Después – La Vida con Malee
Una Mañana Cualquiera (Casa de Babe, 6 AM)
El sol entraba suavemente por las cortinas del dormitorio. Charlie estaba dormido, con un brazo extendido hacia el lado donde normalmente dormía Babe. Pero su mano sólo encontró sábanas frías.
Charlie murmurando, aún dormido.
—¿Babe?
Silencio.
Luego, desde el otro lado de la casa, un sonido inconfundible: el gorjeo alegre de Malee y la voz ronca de Babe intentando ser paciente a las seis de la mañana.
Babe desde la habitación de Malee.
—No, princesa, no se come el pie del pijama. Eso no se hace. Mira, aquí tienes tu sonajero. ¿Ves? Sonaja, no pie.
Charlie sonrió sin abrir los ojos. Se estiró perezosamente y se levantó, deslizándose hacia la habitación de su hija.
La escena que encontró era digna de una postal. Babe estaba sentado en la mecedora con Malee en brazos, aún en pijama, con el pelo revuelto y una expresión de cansancio infinito mezclada con amor incondicional.
Malee, con sus cuatro meses, lo miraba con esos ojos enormes mientras intentaba llevarse el puño a la boca.
Charlie apoyado en el marco de la puerta, con una sonrisa tierna.
—Buenos días, mis amores.
Babe levantando la vista, con una mezcla de alivio y fastidio.
—Por fin. Tu hija lleva una hora despierta. Una hora, Charlie. Y ha decidido que mi dedo es un mordedor.
Charlie acercándose y tomando a Malee en brazos.
—Venga, princesa, deja a papá en paz. Vamos a cambiar ese pañal y a desayunar, ¿eh?
Malee, al sentir a Charlie, soltó un gorjeo de felicidad y le agarró un mechón de pelo con una fuerza sorprendente.
Babe levantándose con dificultad, estirando la espalda.
—Te lo dije. Te tiene manía. Yo soy el divertido, pero ella te prefiere a ti.
Charlie riendo mientras intentaba liberar su cabello.
—No te preocupes, cuando sea adolescente y quiera dinero, vendrá a ti.
Babe bufando, pero con una sonrisa.
—Eso espero. Ahora, dame un beso.
Charlie se inclinó, con Malee en un brazo, y besó a Babe con suavidad. Luego, los tres se dirigieron a la cocina para comenzar el día.
La Rutina Familiar
La mañana transcurrió entre biberones, pañales y risas. Charlie preparó el desayuno mientras Babe sostenía a Malee en su trona, entreteniéndola con un juguete de colores.
Babe señalando el plato de Charlie.
—¿Me das un trozo de tortilla?
Charlie levanta una ceja.
—¿Tortilla? ¿A las siete de la mañana?
Babe con dignidad.
—Estoy reponiendo energías. Tu hija no me dejó dormir.
Charlie riendo y sirviéndole un trozo.
—Nuestra hija. Y sí, tienes razón. Aquí tienes, campeón.
Malee, viendo que sus padres comían, empezó a golpear la bandeja de su trona con la mano, exigiendo atención.
—¡Ah! ¡Ah!
Babe mirándola con una sonrisa.
—¿Ves? Exigente. Como su padre.
Charlie dándole un trozo de plátano machacado en una cuchara.
—Su padre eres tú. Así que...
Babe abriendo la boca para replicar, pero cerrando al ver la lógica.
—Tienes razón. Es culpa mía.
Malee devoró el plátano con entusiasmo, manchándose toda la cara. Babe suspiró, pero con una sonrisa.
—Después del desayuno, baño. Y luego, siesta. Para los tres.
Charlie besando su mejilla.
—Suena perfecto.
La Siesta Familiar
Dos horas después, los tres estaban en la cama grande. Malee, recién bañada y con su pijama de ositos, dormía profundamente entre sus padres, con un brazo extendido hacia Charlie y un pie apoyado en la pierna de Babe.
Babe susurrando, con los ojos cerrados.
—¿Crees qué siempre será así?
Charlie acaricia suavemente el pelo de Malee.
—¿El qué?
—Esto. La paz. La felicidad.
Charlie abriendo los ojos y mirándolo.
—Sí. Porque nosotros la vamos a cuidar. Siempre.
Babe sonriendo sin abrir los ojos.
—Eres un cursi.
Charlie sonriendo también.
—Y tú me quieres por eso.
Babe murmurando, ya casi dormido.
—Sí, te quiero, tonto.
Charlie lo miró un momento, con el corazón lleno, y luego cerró los ojos, dejándose llevar por el sueño junto a su pequeña familia.
Noche de Padres (La Intimidad)
Eran las diez de la noche. Malee llevaba dos horas dormida en su habitación, con el monitor de bebés encendido en la mesilla de Charlie y Babe. Por primera vez en semanas, estaban solos y despiertos a la vez.
La habitación estaba iluminada solo por la tenue luz de una lámpara. Babe estaba sentado en la cama, con un libro en las manos, aunque hacía rato que no leía.
Charlie salió del baño, con el pelo aún húmedo y una camiseta holgada.
Charlie sentándose a su lado en la cama.
—¿Qué lees?
Babe cerrando el libro y dejándolo a un lado.
—Nada. No podía concentrarme.
Charlie arqueando una ceja, con una sonrisa pícara.
—¿Ah, no? ¿Y por qué?
Babe mirándolo fijamente, con esa mirada intensa que Charlie conocía bien.
—Porque llevo semanas sin tener un momento a solas contigo. Y ahora que Malee duerme…— Deslizó una mano por el muslo de Charlie.— No pienso desperdiciarlo.
Charlie sintió un escalofrío. El deseo, que había estado latente durante meses por el cansancio y los cuidados, despertó de golpe.
Charlie con voz más grave.
—¿Estás seguro? ¿No estás demasiado cansado?
Babe inclinándose para besarlo, un beso lento y profundo.
—Cansado de esperar, sí.
El beso se intensificó. Charlie deslizó una mano por la nuca de Babe, atrayéndolo más cerca, mientras la otra buscaba el borde de su camiseta.
Charlie entre besos.
—Te he echado de menos. Así.
Babe respondió al beso, mientras sus manos recorrían la espalda de Charlie.
—Yo también. Ha sido demasiado tiempo.
Charlie empujó suavemente a Babe contra la cama, quedando sobre él. Sus cuerpos se encontraron, y el calor fue inmediato.
Charlie susurrando contra su cuello, mientras besaba la piel sensible.
—¿Recuerdas la primera vez? En el casillero.
Babe riendo entrecortadamente, mientras arqueaba el cuello para darle más acceso.
—¿Cómo olvidarlo? Estuvo increíble.
Charlie rió también, pero sin dejar de besar.
—Mereció la pena.
Babe tiró de la camiseta de Charlie, despojándolo de ella. Luego, con movimientos rápidos, se quitó la suya. Sus pieles se encontraron, y ambos suspiraron.
Babe mirándolo a los ojos, con una mezcla de deseo y amor.
—Te amo, Charlie.
Charlie acariciando su mejilla, con ternura infinita.
—Te amo más, Babe. Eres mi todo.
El beso que siguió fue profundo, lento, lleno de significado. No era solo deseo, era la necesidad de reconectarse, de recordarse que seguían siendo amantes además de padres.
Charlie recorrió el cuerpo de Babe con besos, deteniéndose en cada lugar que sabía que lo hacía temblar. El cuello, el pecho, el estómago, donde aún se notaba la suave cicatriz de la cesárea. Besó esa línea con reverencia.
Charlie murmurando contra su piel.
—Eres increíble. Lo que hiciste...dar a luz a nuestra hija...eres mi héroe.
Babe con la voz entrecortada por las sensaciones.
—Para...para de hablar y...hazme tuyo.
Charlie sonrió contra su piel y obedeció.
Lo que siguió fue una danza lenta al principio, casi reverente, redescubriendo los cuerpos del otro después de meses de sequía. Luego, la pasión fue creciendo, convirtiéndose en algo más urgente, más desesperado.
Los gemidos de Babe llenaban la habitación, mezclados con los suspiros de Charlie y el sonido de sus cuerpos moviéndose juntos.
Babe con la voz rota, aferrándose a la espalda de Charlie.
—Charlie...más... por favor...
Charlie con la frente apoyada en la suya, los ojos cerrados.
—Estoy aquí, mi amor. Siempre aquí.
El clímax llegó para ambos casi al mismo tiempo, una explosión de luz y calor que los dejó temblando, abrazados, sin aliento.
Durante un largo rato, solo se oyó su respiración entrecortada y el latido de sus corazones. Charlie se dejó caer a un lado, pero sin soltar a Babe, atrayéndolo contra su pecho.
Babe murmurando, con los ojos cerrados.
—Te quiero.
Charlie besando su pelo.
—Yo también. Más que a nada en el mundo.
De repente, un pequeño sonido por el monitor.
Malee a través del monitor.
—¡Ah!
Ambos se quedaron rígidos un segundo.
Luego, Babe suspiró.
—Tu hija tiene un radar. Sabrá que estamos disfrutando y viene a interrumpir.
Charlie riendo suavemente.
—Nuestra hija. Y voy yo.
Babe sujetándolo del brazo.
—No, espera. Déjala un minuto. A veces se vuelve a dormir sola.
Esperaron. El sonido no se repitió. Silencio.
Charlie aliviado.
—Se ha dormido.
Babe sonriendo contra su pecho.
—Por fin.
Charlie lo abrazó más fuerte, acariciando su espalda.
—Ha sido perfecto.
Babe bostezando.
—Sí. Pero ahora duerme, que mañana tu hija se despierta a las seis.
Charlie besando su frente.
—Sí, mi amor. Buenas noches.
Babe murmurando, ya casi dormido.
—Buenas noches, cachorro tonto.
Y así, con el amor recién renovado y la paz de saber que su hija dormía tranquila al lado, se quedaron dormidos, listos para enfrentar juntos un nuevo día.
A la Mañana Siguiente
A las seis y diez de la mañana, Malee anunció su despertar con un gorjeo alegre a través del monitor. Charlie y Babe se miraron, con ojeras pero sonriendo.
—Se acabó dormir.
Charlie besándolo rápidamente antes de levantarse.
—Pero mereció la pena.
Babe incorporándose también, con una sonrisa.
—Sí. Cada segundo.
Y juntos, fueron a recibir a su princesa, listos para un nuevo día de aventuras familiares.
🧑🧑🧒La Vida con Malee –
La Primera Palabra (8 Meses)
Ocho meses habían pasado desde el nacimiento de Malee. La pequeña ya gateaba a velocidad de vértigo, se sentaba sola y estaba empezando a explorar el mundo con una curiosidad infinita. Y, para orgullo de sus padres, estaba a punto de decir su primera palabra.
Era una tarde tranquila en el salón. Babe estaba en el sofá, con una revista de coches en las manos, aunque en realidad estaba mirando a Malee por encima de las páginas.
Charlie estaba en el suelo, sentado con las piernas cruzadas, jugando con ella con un peluche.
Charlie sosteniendo un peluche de osito.
—Mira, Malee, es un osito. O-so. ¿Puedes decir osito?
Malee gateando hacia él, con una sonrisa enorme que mostraba sus dos únicos dientes.
—¡Ah! ¡Ah!
Charlie riendo.
—No, no es 'ah'. Es o-so.
Babe desde el sofá, con una sonrisa burlona.
—Charlie, tiene ocho meses. No va a decir 'osito'.
Charlie fingiendo indignación.
—¡Mi hija es una superdotada! Lo dirá cuando quiera.
Malee, ignorando la discusión, siguió gateando hasta llegar a Charlie. Se agarró a su camiseta para incorporarse y, mirándolo fijamente a los ojos, soltó:
—¡Papá!
El silencio fue absoluto. Charlie se quedó congelado. Babe dejó caer la revista.
Charlie con la voz temblorosa.
—¿Qué...qué ha dicho?
Malee orgullosa, repitiendo.
—¡Papá! ¡Papá!
Charlie sintió que el corazón le explotaba de amor. Las lágrimas brotaron de sus ojos sin aviso. Agarró a Malee y la levantó en el aire, haciéndola reír.
Charlie con la voz rota por la emoción.
—¡Ha dicho papá! ¡Babe, ha dicho papá! ¡Soy papá!
Babe levantándose del sofá y acercándose, con una sonrisa enorme aunque un punto celosa.
—Claro que eres papá, tonto. Pero...¿a mí no me dice nada?
Se arrodilló junto a Charlie y miró a Malee con expectación.
Babe con voz suave, esperanzada.
—Malee, ¿y yo? Yo soy papá también. Di 'papá'.
Malee lo miró, inclinó la cabeza con curiosidad, y luego soltó:
—¡Bah!
Babe parpadeó. Charlie soltó una carcajada.
Charlie riendo a lágrima viva.
—¡Bah! ¡Te ha llamado Bah!
Babe fingiendo indignación, aunque con una sonrisa.
—¿Bah? ¿Yo soy Bah? ¡Eso es discriminatorio!
Malee, al ver reír a Charlie, se contagió y empezó a reír también, un sonido agudo y adorable que llenó la habitación.
Babe negando con la cabeza, pero con ternura infinita.
—Vale, vale. Soy Bah. Pero cuando crezca y quiera dinero, que sepa que Bah soy yo.
Charlie, aún riendo, se inclinó y besó a Babe.
—Te amo, Bah.
Babe besándolo de vuelta.
—Y yo a ti, papá de superdotada.
Y así, entre risas y nuevas palabras, la familia siguió creciendo.
La Primera Comida con Papás (10 Meses)
Diez meses. Malee ya comía sólidos con entusiasmo, aunque el ochenta por ciento de la comida acababa en la trona, en el suelo o en su pelo. Pero eso no impedía que sus padres la miraran como si fuera la criatura más perfecta del universo.
Esa noche habían invitado a cenar a Hua Yong, Sheng Shaoyou y Reval. La mesa estaba llena de platos y risas. Malee, en su trona alta, presidía la escena como una pequeña reina.
Hua Yong mirando a Malee con devoción.
—Mírala, qué bonita. Se parece a Charlie, pero tiene el carácter de Babe. Mira cómo mira la comida. Exigente.
Babe con una sonrisa.
—Sale a mí en eso.
Reval riendo.
—Y a mí. Yo también era un niño exigente.
Sheng Shaoyou con una sonrisa suave.
—Todos los niños son exigentes. Es parte del encanto.
Malee, como si entendiera que hablaban de ella, golpeó la bandeja de su trona con la cuchara.
—¡Papá! ¡Bah!
Charlie riendo.
—Mira, nos ha presentado. Papá y Bah.
Hua Yong confundido.
—¿Bah?
Babe con dignidad.
—Soy Bah. Es mi nombre de padre.
Hua Yong soltando una carcajada.
—¡Bah! Me encanta. Yo quiero ser algo. Malee, ¿cómo me llamas a mí?
Malee lo miró, estudió su rostro un momento, y luego soltó un sonoro:
—¡Ñam!
La mesa entera estalló en risas. Hua Yong se llevó la mano al corazón, fingiendo dolor.
—¿Ñam? ¿Soy Ñam? ¿Cómo comida?
Sheng Shaoyou riendo, pasándole un brazo por los hombros.
—Claro, cariño. Eres el abuelo que siempre le da caprichos. Eres Ñam.
Reval con una sonrisa.
—Yo soy... ¿cómo me llamas, princesa?
Malee lo miró y, con una sonrisa enorme, extendió los bracitos hacia él.
—¡Uuu!
Reval con los ojos brillantes.
—Uuu. Me gusta. Soy Uuu.
La cena transcurrió entre risas, historias y la alegría de una familia unida. Malee, feliz en su trona, era el centro de todas las miradas y de todo el amor.
Eran las once de la noche. Malee llevaba dos horas dormida profundamente, después de una batalla épica para que se durmiera (porque había descubierto que gatear era más divertido que dormir). Charlie y Babe estaban en el salón, con una copa de vino (para Charlie) y un zumo (para Babe, que seguía sin beber por precaución).
La televisión estaba encendida, pero ninguno miraba. Estaban acurrucados en el sofá, Charlie detrás de Babe, con los brazos rodeándolo y la barbilla apoyada en su hombro.
Charlie susurrando contra su oído.
—¿Cansado?
Babe apoyando la cabeza hacia atrás, contra su hombro.
—Sí. Pero feliz.
Charlie besando su sien.
—Ha sido un buen día. Tu padre dijo que vendrá el fin de semana a cuidar a Malee para que podamos salir.
Babe sonriendo.
—Qué bien. Una cita. Como antes.
Charlie riendo suavemente.
—Casi como antes. Ahora volvemos a casa a las diez porque no podemos estar sin ella.
Babe girándose un poco para mirarlo.
—Pero volvemos juntos. Eso es lo importante.
Charlie lo miró a los ojos. Esa luz tenue, el calor del sofá, la cercanía...el deseo despertó lentamente.
Charlie con voz más grave.
—Babe...
Babe reconoció ese tono, con una sonrisa pícara.
—¿Sí?
Charlie inclinándose para besarlo, un beso lento y profundo.
—¿Te apetece...?
Babe respondiendo al beso, enredando una mano en su pelo.
—Siempre me apetece. Pero últimamente no tenemos tiempo.
Charlie separándose apenas un centímetro, con la respiración entrecortada.
—Ahora tenemos. Malee duerme. Y no se despertará hasta las seis.
Babe con una sonrisa ladina.
—Seis horas. Tenemos tiempo de sobra.
No dijeron nada más. El beso se intensificó, y las manos empezaron a explorar. Charlie deslizó las suyas bajo la camiseta de Babe, acariciando la piel caliente. Babe se estremeció.
Charlie murmurando contra sus labios.
—Te amo.
Babe respondiendo entre besos.
—Yo también. Pero deja de hablar.
Charlie rió y obedeció. Se levantó del sofá y tendió una mano a Babe, que la tomó.
Subieron las escaleras lentamente, besándose en cada escalón, sin prisas, saboreando cada momento.
La habitación estaba a oscuras, solo iluminada por la luna que entraba por la ventana. Charlie cerró la puerta con cuidado y se volvió hacia Babe, que ya estaba desabrochándose los botones del pijama.
Charlie acercándose, deteniendo sus manos.
—Déjame. Quiero hacerlo yo.
Babe asintió, con la mirada intensa. Charlie desabrochó cada botón con lentitud, besando la piel que iba quedando al descubierto. El pecho, el estómago, la suave línea de la cesárea, que besó con reverencia.
Charlie murmurando contra su piel.
—Eres tan increíble...
Babe con la voz entrecortada.
—Charlie...
Charlie lo empujó suavemente hacia la cama, y Babe cayó de espaldas, con Charlie sobre él. Sus cuerpos se encontraron, y el calor fue inmediato.
Charlie besaba su cuello, mientras sus manos recorrían su cuerpo.
—Te he echado tanto de menos...
Babe arqueándose contra él.
—Yo también. No pares.
Charlie no paró. Recorrió cada centímetro de su piel con besos y caricias, redescubriendo su cuerpo después de semanas de sequía.
Babe gemía, se retorcía, aferrándose a sus hombros.
Babe jadeando.
—Charlie...por favor...
Charlie levanta la cabeza, mirándolo a los ojos.
—¿Qué quieres, mi amor?
Babe con una sonrisa entre dientes.
—Eres un poco sádico.
Charlie riendo.
—Solo contigo.
Pero obedeció. Se alineó con él y entró lentamente, con cuidado, dándole tiempo para adaptarse. Babe soltó un gemido profundo, de placer, de alivio, de conexión.
Babe con la voz rota.
—Sí...así...
El ritmo fue lento al principio, casi reverente.
Luego, la pasión fue creciendo, volviéndose más urgente, más desesperada. Los gemidos de Babe llenaban la habitación, mezclados con los suspiros de Charlie y el sonido de sus cuerpos moviéndose juntos.
Charlie golpeaba ese exacto lugar que volvía a Babe loco con fuerza.
Charlie con la frente apoyada en la suya, los ojos cerrados.
—Te amo, Babe. Te amo tanto...
Babe aferrándose a él, con las uñas clavándose en su espalda.
—Charlie...Charlie...
El clímax llegó para ambos casi al mismo tiempo, una explosión de luz y calor que los dejó temblando, abrazados, sin aliento.
Charlie se dejó caer a un lado, pero sin soltar a Babe, atrayéndolo contra su pecho.
Durante un largo rato, solo se oyó su respiración entrecortada y el latido de sus corazones. Babe apoyó la cabeza en el pecho de Charlie, escuchando ese sonido que tanto amaba.
Babe murmurando.
—Eres un tonto.
Charlie besando su pelo.
—Tu tonto.
—Pero te amo.
—Y yo a ti. Más que a nada en el mundo.
Se quedaron así, abrazados, en silencio, escuchando la noche. Hasta que, de repente, un pequeño sonido por el monitor.
Malee a través del monitor.
—¡Papá! ¡Bah!
Ambos se rieron en silencio.
—Tu hija tiene un radar.
—Nuestra hija. Y voy yo.
Charlie sujetándolo.
—No, voy yo. Tú quédate, que mañana tienes que estar fresco para la batalla del desayuno.
Babe sonriendo.
—Como quieras, papá.
Charlie se levantó, se puso unos pantalones y salió de la habitación. Babe lo vio irse con una sonrisa, y luego cerró los ojos, escuchando a través del monitor.
Charlie a través del monitor, con voz suave.
—Venga, princesa, ¿qué pasa? ¿Has tenido una pesadilla? No pasa nada, papá está aquí.
Malee arrullos suaves.
—Ah...papá...
—Sí, papá. Y Bah está durmiendo. Vamos a mecerte un poquito, ¿vale?
El sonido de la mecedora y la voz suave de Charlie cantando una canción de cuna llenaron el monitor. Babe sonrió en la oscuridad, con el corazón lleno de amor.
Minutos después, Charlie volvió, deslizándose en la cama con cuidado.
Babe murmurando.
—¿Se durmió?
Charlie abrazándolo.
—Sí. En cinco minutos. Solo quería un poco de atención.
Babe riendo suavemente.
—Sale a ti.
Charlie besando su hombro.
:Sale a los dos.
Babe bostezando.
—Buenas noches, Cachorro.
—Buenas noches, mi amor. Buenas noches, princesa.
Y así, con la paz de una familia unida, se durmieron, listos para un nuevo día de aventuras.
A las seis y cuarto de la mañana, Malee anunció su despertar con un grito de guerra:
—¡PAPÁ! ¡BAH! ¡ÑAM!"
Charlie y Babe se despertaron sobresaltados y se miraron, con ojeras pero sonriendo.
—¿Ha dicho Ñam?
—Sí. Creo que quiere desayunar.
—O quiere que venga Hua Yong.
Babe riendo.
—Las dos cosas.
Se levantaron, cogieron a Malee de la cuna y bajaron a la cocina. Un nuevo día comenzaba, con biberones, risas y el amor de una familia perfectamente imperfecta.
¡FIN
Dedicado a @poojahh4 la idea que me pediste…Hice lo que pude, espero que te guste….