SAKURAGAMI: EL PRECIO DE ELEGIR

Summary

Cada 100 años nace una heredera destinada a liderar el clan Sakuragami. Hiroshi fue criada para convertirse en la líder perfecta: fría, impecable y leal a un destino que jamás eligió. Pero un secreto enterrado en la sangre del linaje cambia las reglas del juego. Y cuando el destino comienza a resquebrajarse, Hiroshi deberá decidir qué está dispuesta a perder... y a quién está dispuesta a sacrificar. Porque incluso los clanes más antiguos pueden caer.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

🌙CAPITULO I🌙

El día que Hiroshi Sakuragami nació, el clan celebró como si hubiese descendido una deidad. Después de 100 años, había nacido una mujer. No lloró al abrir los ojos y los ancianos lo tomaron como una señal de fortaleza. Su padre, Tendo Sakuragami, sonrió con un orgullo que no estaba dirigido a su hija, sino al poder que ahora poseía. Con el nacimiento de la niña, él ascendía a líder del clan hasta que ella alcanzara la mayoría de edad. Diecisiete hermanos varones observaron a la recién nacida desde la distancia. No la miraban como hermana, sino como símbolo. Como herencia. Como arma.

Hiroshi creció entre pasillos silenciosos y normas estrictas. Le enseñaron a inclinar la cabeza en el ángulo exacto, a caminar sin que el dobladillo del kimono susurrara contra el suelo, a hablar solo cuando se le dirigiera la palabra. Una líder no debía ser emocional. Una líder debía ser impecable. Así aprendió a contener la risa, a suavizar la voz y a esconder cualquier deseo que no estuviera alineado con el clan.

A los ocho años conoció a Satoru Gojo.

Fue durante una reunión entre clanes. Hiroshi mantenía la postura perfecta cuando sintió una mirada insistente. Al levantar los ojos, encontró un azul imposible. Brillante. Insolente. Vivo. Satoru Gojo ya tenía esa sonrisa ladeada que parecía desafiar al mundo entero. No la observaba como reliquia ni como futura herramienta política. La miraba con curiosidad infantil.

-¿Así que tú eres la famosa niña especial? -dijo sin el más mínimo respeto por el protocolo.

Hiroshi hizo una reverencia automática.

Él soltó una risa ligera. -Qué aburrida eres.

Aquella fue la primera vez que alguien le habló sin miedo o reverencia. Y también la primera vez que quiso dejar de ser perfecta.

Con Satoru aprendió a correr por jardines que no estaban destinados a juegos. A ensuciarse las manos. A reír sin cubrirse del todo la boca. Él era arrogante incluso de niño, consciente de que era diferente por los Seis Ojos, consciente de que el mundo algún día giraría a su alrededor. Pero con ella no presumía poder; presumía libertad. Y Hiroshi, criada como un tesoro encerrado, comenzó a desearla.

A los doce años entendió lo que significaba pagar el precio de la libertad. Su hermano mayor, también llamado Tendo, se enamoró de una mujer no hechicera. Una humana común. Cuando su padre lo descubrió, lo despojó del apellido frente al clan entero. Lo declaró desenterrado, como si nunca hubiese pertenecido a la familia. Hiroshi observó la escena sin poder intervenir. Antes de marcharse, su hermano se inclinó frente a ella y susurró que esperaba volver a verla algún día. En sus ojos no había arrepentimiento, solo alivio. Esa imagen se grabó en el corazón de Hiroshi como una herida silenciosa.

Ese mismo año comenzó a notar que su corazón latía distinto cuando estaba cerca de Satoru. Convenció a sí misma de que era simple afecto. Admiración. Nada más.

A los quince años, Satoru hizo algo que nadie más se habría atrevido a hacer: enfrentó directamente a Tendo Sakuragami y solicitó que Hiroshi ingresara a la Escuela Técnica de Hechicería de Tokio. Lo hizo con esa seguridad desvergonzada que lo caracterizaba en su juventud, recostado con las manos en los bolsillos, como si estuviera pidiendo prestado un libro y no el futuro de la hija más valiosa del clan. Argumentó que su potencial debía pulirse junto a otros hechiceros de élite. En realidad, simplemente no quería que ella siguiera encerrada.

El padre aceptó porque vio oportunidad. Una unión futura entre el portador de los Seis Ojos y la niña que nacía cada cuatro siglos consolidaría un poder incuestionable.

En la escuela, Satoru ya no era el niño curioso. Era más alto, más fuerte, completamente consciente de que era el más poderoso de su generación. Caminaba con arrogancia, se burlaba de sus superiores y sonreía como si nada pudiera tocarlo. Sin embargo, cuando estaba con Hiroshi, su voz bajaba apenas un tono. No la trataba como líder futura ni como reliquia política. La trataba como igual.

Una tarde cualquiera, bajo el cielo amplio del campus, la miró fijamente y dijo sin rodeos:

-Sé mi novia.

Hiroshi parpadeó, sorprendida por la falta de ceremonia.

-¿Eso es una orden?

-Es un privilegio -respondió él, sonriendo con descaro.

Ella sintió que el mundo, por primera vez, le pertenecía un poco. Aceptó.

Durante un tiempo, todo fue ligero. Las misiones compartidas, las discusiones absurdas, las miradas cómplices. Hiroshi pensó que quizás podía equilibrar su destino con ese fragmento de felicidad.

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