OF-00

All Rights Reserved ©

Summary

La grieta no hizo ruido cuando apareció. Pero el mundo sí cuando empezó a romperse. Las personas no murieron. Cambiaron. Algo invisible se extendió en el aire. Algo que todos respiraron. Ahora… ya no son humanos. Y lo peor no es lo que se convirtieron. Es que, en algún lugar… algo está respirando a través de ellos.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝓒𝓪𝓹𝓲𝓽𝓾𝓵𝓸 1 — 𝓓𝓲𝓪 𝓓𝓮 𝓛𝓪 𝓡𝓾𝓹𝓽𝓾𝓻


Un 16 de enero del año 2280 era un día cálido.

Los termómetros marcaban 27 grados.

Perfecto para vacacionar.

Las playas vibraban con la energía del sol.

Las olas golpeaban suavemente las rocas.

La gente llenaba la arena, riendo, viviendo…

Ignorando lo que estaba por venir.

A las 11:34 de la mañana, todo cambió.

La grieta se abrió sin aviso.

No hubo explosión.

No hubo sonido.

Simplemente… apareció.

Y se tragó la Ópera de Sídney.

Donde antes había estructura…

solo quedó una herida.

Profunda.

Imposible.

Bajo ella, algo brillaba.

Rojo.

Amarillo.

Como si la tierra estuviera viva…

y abierta.

Nadie entendió lo que estaba viendo.

Nadie reaccionó a tiempo.

Porque no había nada a lo que reaccionar.

A la 1:05 de la tarde, el mundo se detuvo.

Los pájaros desaparecieron.

El mar…

se calmó.

Demasiado.

Como si todo estuviera conteniendo la respiración.

Entonces…

algo emergió.

No tenía forma.

No tenía cuerpo.

Pero se movía.

Una sombra.

Demasiado grande para ser real.

Se deslizó fuera de la grieta…

y comenzó a extenderse por la ciudad.

No hizo ruido.

No dejó rastro.

Pero estaba ahí.

A las 3:40 de la tarde empezaron las explosiones.

No eran bombas.

Era la gente.

La primera vez que lo vi…

pensé que estaba teniendo un ataque.

Era una mujer.

Trabajaba en una cafetería donde iba casi a diario.

Café.

Panqueques.

Siempre la misma sonrisa.

Siempre la misma calma en sus ojos azules.

Y ahí estaba.

No muy lejos de mí.

Cayó de rodillas.

Se sujetó el pecho.

Como si no pudiera respirar.

—No… no…—

Su voz no sonaba bien.

Como si algo la estuviera apretando desde dentro.

Di un paso hacia ella.

No debí hacerlo.

Sus dedos se tensaron contra el suelo…

y entonces crujieron.

Uno por uno.

No como huesos rompiéndose.

Como algo reorganizándose.

Ella gritó.

Pero su boca no se quedó como estaba.

Se abrió más.

Demasiado.

Sus labios se desgarraron en las comisuras mientras su mandíbula descendía más de lo posible, temblando…

como si no supiera hasta dónde debía detenerse.

—Ayu…—

Intentó decir algo.

No terminó.

Sus dientes…

comenzaron a multiplicarse.

No crecían en orden.

Salían donde no debían.

Encías.

Lengua.

Incluso…

más atrás.

Sus ojos se fijaron en mí.

Y por un segundo…

seguía siendo ella.

Había miedo ahí.

Dolor.

Súplica.

Entonces su cuello se torció.

No de golpe.

Lento.

Como si algo invisible lo estuviera girando desde dentro.

El sonido…

no era seco.

Era húmedo.

Incorrecto.

Su cuerpo se arqueó hacia atrás…

y luego hacia adelante con una fuerza que no le pertenecía.

Cuando volvió a levantarse…

ya no era una persona.

Era una masa de carne temblorosa, sostenida por extremidades que no coincidían entre sí.

Demasiados brazos.

Demasiadas articulaciones.

Y todos…

se movían.

Buscando algo.

Buscándome.

Retrocedí.

No podía dejar de mirarla.

Porque sabía…

que hacía unos segundos…

seguía viva.

Se lanzó hacia mí.

No fui yo.

No fui lo suficientemente rápido.

Se lanzó…

pero algo más se movió primero.

Un chico.

No tendría más de dieciséis.

Una camiseta de algún equipo.

Una mochila colgando de un solo hombro.

—¡Oiga!—

No sé si intentaba ayudarla…

o detenerla.

No entendía lo que estaba viendo.

Nadie lo entendía.

La cosa lo alcanzó en un segundo.

Demasiado rápido.

Uno de esos brazos —si es que podían llamarse así— se estiró más de lo que debía…

y lo sujetó del cuello.

El chico dejó de gritar.

Sus pies dejaron de tocar el suelo.

Sus manos se aferraron a esa cosa, intentando soltarse…

No pudo.

Escuché el primer sonido.

Un crujido seco.

Luego otro.

No gritó.

No le dio tiempo.

La criatura acercó lo que quedaba de su rostro al suyo…

y entonces…

comió.

No fue rápido.

No fue limpio.

Fue…

desesperado.

Como si no supiera cómo hacerlo.

Como si estuviera aprendiendo.

La sangre cayó al suelo en gotas pesadas.

El cuerpo dejó de moverse…

pero ella no se detuvo.

Seguía.

Como si el hambre no tuviera fondo.

Retrocedí.

Tropecé.

No podía respirar.

Porque en algún lugar dentro de esa cosa…

sabía que ella…

aún estaba ahí.

Corrí.

No sé cuánto tiempo.

Hasta que mis pulmones ardieron.

Hasta que el mundo empezó a girar.

Me detuve en un callejón.

Sucio.

Oscuro.

Lleno de basura.

Vomité.

Sentí la bilis quemar mi garganta mientras intentaba recuperar el aire.

Entonces lo vi.

El polvo.

Una capa fina flotando en el aire.

Invisible…

hasta que dejabas de ignorarlo.

Estaba en todas partes.

Lo respiré.

Todos lo respiramos.

Y entonces lo sentí.

Una presión.

No en el cuerpo.

Más profundo.

Como si algo…

nos estuviera mirando.

A todos.

Al mismo tiempo.

A las 6:45 de la tarde, la ciudad ya no existía.

Solo quedaban incendios.

Ruinas.

Gritos.

Y ellos.

No eran humanos.

Eran masas de carne, dientes y extremidades que no deberían existir…

abalanzándose sobre cualquiera que aún…

lo fuera.

Como si odiaran lo que nosotros éramos.

Como si ya no compartiéramos lo mismo.

Y entonces…

lo vi.

No con los ojos.

No completamente.

Pero estaba ahí.

Sobre la ciudad.

En todas partes.

Sin forma.

Sin cuerpo.

Pero presente.

Una presión que respiraba.

Lenta.

Constante.

Imposible.

Y en ese momento entendí algo…

Algo que no tenía sentido.

Algo que no debería ser posible.

Pero lo era.

Porque lo sentí.

Porque lo escuché.

Porque…

lo vi respirar...

Aún cuando no tenía derecho a hacerlo