Prólogo
El mármol bajo sus pies descalzos estaba frío, incluso a través de las gruesas alfombras. Jungkook apoyó la frente en el cristal de la ventana, su aliento creando un pequeño vaho que empañaba su reflejo. Abajo, el mundo era un hervidero de puntos negros que iban y venían, libres. Él solo conocía los límites de su torre.
Hoy sin embargo sería un día diferente.
Miró hacia el patio de armas, un lugar prohibido para él, pero visible desde su privilegiada altura. Entre un mar de soldados entrenando, una figura destacaba entre los demás. Su cabello, de un color castaño oscuro, se pegaba a su frente sudada. Incluso desde tan lejos, Jungkook sintió un cosquilleo en el pecho, algo que nunca antes había experimentado.
Ese era el Comandante Park. El Alfa encargado de su seguridad. El hombre que, según sus ayas, tenía la misión de protegerlo con su vida.