CUANDO LA VIDA ME GOLPEÓ

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Summary

La muerte de Brus fue catalogada como suicidio, pero para su madre, Annet, algo no encaja. Lo que comienza como un proceso de sanación se convierte en una caza de pistas peligrosas. A medida que ata cabos sueltos, la sospecha del asesinato se vuelve una certeza amarga. Annet se enfrentará a la traición más profunda, sabiendo que encontrar la justicia para su hijo significa, inevitablemente, destruir

Genre
Drama
Author
Eveiky
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Un duelo solitario Cap 1

Anette abrió los ojos en su cama. Otra vez no había dormido. Llevaba ya cuatro meses así, desde aquel momento en que todo su mundo se había destruido.

Perder a su hijo fue lo más terrible que una madre puede sufrir. Era un dolor que no se lo desearía ni a su peor enemigo. Y aun así, la vida seguía. El corazón seguía latiendo, aunque dentro de ella todo estuviera roto.

Miró el reloj. Seguía en silencio absoluto. Ese silencio que le hacía pensar siempre lo mismo:

¿Hasta cuándo voy a sentir este vacío?

Antes de aquella noticia, todo era normal.

Era maestra en el colegio General Don Luca. Amaba su profesión. Iba todos los días con una sonrisa, feliz de enseñar a sus alumnos de quinto grado. No siempre era fácil, pero la llenaba de vida.

Hasta que llegó ese día.

Desde que despertó, algo no estaba bien. Se sentía más cansada de lo normal. El corazón le latía rápido. Sin saber por qué, pensó en sus hijos. Fue una sensación extraña, como si algo estuviera por pasar.

Entonces sonó su teléfono.

Antes de estirar la mano para contestar, sintió un mal presentimiento que le apretó el pecho. Dudó unos segundos… pero atendió.

Una voz seria preguntó su nombre.

—¿Es usted Anette Guberry?

Ella respondió que sí. Y en ese mismo instante, su mundo se cayó. Cada palabra que escuchaba era como un golpe. Cada segundo, una parte de su corazón se rompía. Desde ese momento, una parte de ella murió.

Salió del salón sin decir nada. Caminó hasta el baño y, apenas cerró la puerta, cayó al suelo. Lloró hasta quedarse sin fuerzas. Sentía que ya no podía seguir de pie.

Sus compañeras corrieron hacia ella, desesperadas por saber qué pasaba. Le hablaban, le tocaban el hombro, intentaban calmarla. Pero ella no escuchaba nada. Estaba enterrada en su propio dolor.

—Anette, ¿qué pasó? ¿Están bien tus hijos?

Y fue ahí cuando reaccionó.

Con la voz quebrada, casi sin aire, gritó:

—¡Se fue mi hijo!… ¡Mi bebé se murió!

El llanto volvió aún más fuerte. Sus compañeras la abrazaron, intentando consolarla con palabras que no alcanzaban. Porque hay dolores que ninguna palabra puede tocar.

Brus ya no estaba.

Desde ese día, su vida dejó de tener luz.

Walter se molestó cuando despertó y la vio otra vez sin dormir. Se sentó en la cama y, con tono serio, dijo:

—Cariño, ya pedí una cita con un psiquiatra. Te va a hacer bien.

Anette se dio vuelta sin mirarlo.

—No necesito eso. Solo necesito que respetes mi duelo. Sé que Brus no era tu hijo… pero al menos respeta mi dolor de madre.

Walter se quedó en silencio unos segundos. Intentó controlarse.

—Te respeto —dijo finalmente—, pero quiero que alguien te ayude antes de que caigas en una depresión y te hagas daño.

Ella no respondió. No tenía fuerzas para discutir. Solo siguió mirando al vacío, sintiendo que el mundo seguía girando… sin ella.

Porque el duelo más duro no es el que se llora en público.

Es el que se vive en silencio, completamente sola.