0.1- La Inquisidora y el Hereje
MENSAJE DEL AUTOR
¡Hola, queridos lectores! Soy Dorian, el autor en su totalidad de esta historia. Espero que les guste. Cualquier tipo de sugerencia es bienvenida.
Solo me queda agradecerles por apoyar a un latino y por tomarse el tiempo de leer esto. Para mí es un sueño que las personas lean lo que escribo. Tal vez no sea el mejor escritor ni mis historias las mejores, pero les prometo que llegaré lejos.
Si alguien está interesado en colaborar para que esta historia pueda convertirse en un manga, manwha, en una animación o cualquier sugerencia, me pueden contactar por:
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No existe paz sin sacrificios
Temporada 1 Fecha de inicio:1/Marzo/2024
Todo inicia con la pantalla de un monitor en negro. Al encenderse, comienza a reproducirse un audio en el que suena la voz de una mujer. A medida que avanza el audio, la pantalla se va llenando de letras que transcriben lo que la voz dice.
—Soy la doctora Elizabeth —dice la voz—. Es el año 2049 y la humanidad está por caer. Los misiles nucleares han sido lanzados. Los responsables de nuestra extinción somos los propios humanos. La razón: una guerra mundial. Todo se ha terminado. No tenemos salvación.
De pronto, viajamos al pasado y vemos a personas de todo el mundo entrando en búnkeres: políticos, millonarios, las mentes más brillantes y ciudadanos comunes refugiándose en búnkeres públicos.
El monitor se aleja lentamente, el cual se apaga después de reproducir el mensaje.
El entorno cambia y nos encontramos en una ciudad completamente en ruinas. La vegetación se ha apoderado de ella, llenando los edificios con enredaderas. Pero algo extraño ocurre: un sonido metálico resuena entre las calles.
Al girar, descubrimos que se trata de Mekas: enormes máquinas de unos diez metros de altura. Cada paso que dan revientan el concreto bajo sus pies. Son un grupo de cinco, aunque no son idénticos. Cada uno tiene un diseño distinto y armamento personalizado: uno porta un lanzallamas, otro una minigun gigantesca, y así sucesivamente. Sin embargo, todos comparten un mismo rasgo: están ridículamente armados. Llevan lanzamisiles en la espalda, miniguns montadas en los hombros, una sierra giratoria en un brazo y un lanzagranadas en el otro.
Mientras recorren la ciudad, de pronto, comienzan a sonar disparos de alto calibre.
En la cabina del Meka que lidera el escuadrón se encuentra un hombre de aproximadamente 24 años, de cabello blanco. Es K, el capitán del grupo.
—Escuadrón Omega, alto. Los enemigos deben estar cerca, aproximadamente a tres kilómetros —ordena K.
El enfoque cambia hacia otra cabina, donde se encuentra la piloto del Meka con lanzallamas. Esta máquina destaca por su aspecto llamativo: es de color naranja y está decorada con llamas pintadas por todo su blindaje. En el interior, se encuentra Serena, una mujer de 22 años con el cabello color carmín.
—¿Qué quieres hacer, K? Podríamos atacar. No creo que se lo esperen —dice Serena.
El piloto del Meka más distinto por sus colores llamativos y por su arma principal, un cañón bastante extraño, interviene.
—Concuerdo con Serena. Deberíamos acabar con esto rápido —dice Eco.
Eco, de 24 años, tiene el pelo negro con algunos mechones pintados de rojo. Después de hablar, se coloca los audífonos que lleva colgados en el cuello, Eco parecía ser muy despreocupado.
La voz del último piloto suena por la radio.
—Podría ser una buena opción. Ahora mismo parecen entretenidos luchando. Si atacamos, no lo esperarán —comenta Trevor.
En su cabina vemos a un hombre de pelo negro con una cicatriz en la cara y de unos 29 años aproximadamente.
Después de unos segundos de reflexión, K toma una decisión.
—Dejemos que la horda los mate. Nosotros esperaremos y guardaremos munición. Si sobreviven, los eliminamos —dice K—. Pongan sus Mekas en modo centinela. Yo subiré y veré qué está pasando. Esperen mis órdenes.
En ese momento, todos los Mekas se colocan protegiendo al de K, quien procede a abrir la cabina y bajar.
K porta un traje bastante extraño. Es completamente negro pero altamente tecnológico. Extiende su brazo, apuntando a la cima de un edificio, y su traje libera un gancho que se engancha en el techo. K se asegura de que esté bien sujeto y, con ayuda del traje, asciende hasta la cima.
Una vez en la cima, intenta ver en dirección al lugar donde escuchó los disparos, pero está demasiado lejos y hay edificios de por medio. Entonces, en su mano derecha traía un visor que le permitió ver más lejos.
Así logra ver a un enemigo. Se trata de otro Meka, pero muy diferente a los que ellos usan. Se mueve en cuatro patas y tiene como arma principal un cañón gigante. Hay muchos de ellos, todos exactamente iguales.
K pulsa el botón del radio en su traje para hablar con sus compañeros.
—Parece que la información es correcta. Se trata de la Inquisición. En total, hay aproximadamente quince Mekas.
—¿Logras ver a qué se están enfrentando? —pregunta Trevor.
K mueve el visor y observa una horda inmensa de arañas de distintos tamaños. Algunas son gigantes, incluso más grandes que los Mekas inquisidores.
—Son arañas —responde K.
—Mierda, cómo odio esas malditas cosas. Mi Meka siempre se atasca con sus telarañas —se queja Trevor.
—A mí me encanta quemarlas —dice Serena.
—¿A ti qué no te encanta quemar? —replica Trevor.
Mientras los pilotos hablan, K sigue analizando la situación con el visor. Lo que ve es una masacre. Los Mekas enemigos generan una lluvia de balas contra las arañas, pero no importa cuántas maten: aparecen más y más.
Las arañas están tan cerca de los Mekas inquisidores que comienzan a atacarlos. Con sus enormes colmillos, arrancan partes enteras de los Mekas, dejándolos inservibles para que las arañas más pequeñas devoren vivos a los pilotos.
Arrinconados, los inquisidores comienzan a separarse para aumentar sus posibilidades de supervivencia. Así logran disminuir el número de enemigos y poco a poco los exterminan, pero hay muchas bajas. De los quince Mekas inquisidores, sólo quedan ocho.
Mientras los inquisidores terminan con los pocos enemigos restantes, vemos el interior de una de sus cabinas y a su piloto: una mujer de cabello rubio y ojos color escarlata. Mientras analiza el terreno, ve a K, quien sigue observando la batalla desde la cima de un edificio. Sin pensarlo, alinea su cañón y dispara.
K ve el cañón apuntando hacia él y rápidamente intenta moverse del lugar. Sin embargo, el disparo destruye el techo del edificio y una nube de polvo lo cubre todo.
—¿K? ¿Estás bien? ¡Responde! —grita Serena por la radio.
—Tranquilos, estoy bien. Escuadrón, prepárense. Ya saben que estamos aquí. No dejen a ninguno de esos malditos vivos —ordena K.
Rápidamente, los pilotos preparan sus Mekas, recargan sus armas y alistan sus misiles.
Mientras K baja del edificio, da órdenes a su escuadrón.
—Serena, tú irás al frente. Quema todas las telarañas del camino. Cuando encuentres a los inquisidores, deja que Trevor los aniquile con su minigun. Después irá Eco, y yo hasta atrás para cubrir la retaguardia y asegurar que no quede ninguna araña.
Una vez en el suelo, K se monta en su Meka y alista su cañón principal. Es bastante extraño y, al recargarlo, emite rayos de energía.
El escuadrón avanza en la formación acordada. Los edificios están completamente envueltos en telarañas y los caminos obstaculizados, pero Serena disfruta quemarlo todo con su lanzallamas. Así, poco a poco, avanzan.
De pronto, al quemar una telaraña, se muestra una zona muy amplia sin obstáculos. Algunos sensores en el Meka de Serena se encienden.
—Están por aquí —avisa Serena.
Pero antes de que lograra decir algo más, frente a ella aparece un Meka enemigo y le dispara con su gran cañón, pero la defensa del Meka de Serena era tan buena que ni siquiera le provocó daño. Antes de que el enemigo lograra disparar de nuevo, Serena procede a moverse a un lado y, a sus espaldas, aparece el Meka de Trevor con su gran minigun lista. De pronto, una lluvia de balas comienza a impactar contra el Meka del inquisidor, el cual terminó completamente perforado por las balas, y el piloto se encontraba sin vida dentro.
—Eco, es tu momento, utiliza el sonar —dice K.
—Muy bien —responde Eco.
Al terminar de decir eso, el Meka de Eco coloca su cañón en la espalda y, colocando uno de sus brazos en el suelo, comienza a producir ondas de sonido por toda la ciudad.
En la cabina de Eco, vemos que estaba presionando varios botones y frente a él se comenzaban a marcar varios puntos rojos.
—Listo, parece que se separaron en dos grupos, tres en la zona noroeste y tres en el noreste, pero hay algo extraño —dice Eco.
—¿Qué pasa? —pregunta K.
—Parece que el que teníamos enfrente solo era una distracción, y hay uno detrás de nosotros que nos quiere emboscar —explica Eco.
—Muy bien, nos vamos a separar. Ustedes encárguense primero de la zona noroeste y después vayan por los demás. Yo me encargaré del que tenemos atrás —ordena K—. Eco, ya sabes, mientras estamos divididos, tú eres el capitán.
Eco, al escuchar eso, con un poco de disgusto, procede a colocarse bien en el asiento y parece tomárselo con más seriedad.
—Muy bien, cuando acabes con el enemigo, avisa por el radio y tal vez podamos tenderles una emboscada por dos flancos al otro grupo —dice Eco.
—Claro —responde K.
Al terminar de hablar, ambos se separan. K regresa por el camino del que venían para enfrentar al inquisidor.
Lo único que lograba ver K eran edificios destruidos por el tiempo y mucha telaraña, pero sus sensores detectan movimiento a su derecha. Al girar con su arma, no había nada. K seguía buscando, muy alerta.
Pero, sin esperarlo, en su espalda algo impacta contra su Meka. Inmediatamente, él se cubre con un edificio, para después salir y, con la minigun de su hombro, comenzar a dispararle al enemigo, el cual rápidamente intenta escapar y evitar las balas. Mientras el Meka enemigo intenta evadir a K entre los edificios, vemos que poco a poco iba tirando aceite por el daño recibido, así que K comenzó a seguir el rastro.
Se observa que, en la cabina del Meka inquisidor, se encontraba la mujer de pelo rubio que había intentado matar a K antes. En su cabina vemos muchos sensores, los cuales estaban indicando que el Meka estaba muy dañado.
Volvemos con K, que rápidamente llega al callejón donde se encontraba el Meka inquisidor y, sin pensarlo, comienza a dispararle. El Meka había quedado completamente perforado por las balas, pero de pronto los sensores en su cabina comienzan a volverse locos; parecía que algo andaba mal, y es ahí donde vemos que, en realidad, no había piloto en el Meka inquisidor, pero había una luz roja y un sonido con una cuenta regresiva. Al darse cuenta de esto gracias a los sensores, K acciona una palanca debajo de su asiento, la cual hace que la cabina del Meka se cierre y salga eyectada. Pero no recorrió mucho antes de que viéramos una gran explosión.
Los compañeros de K, los cuales ya habían acabado con los dos grupos de enemigos, de pronto ven la gran explosión. Al instante, piensan en su capitán y comienzan a llamarlo por la radio.
—¡K! Responde, ¡K RESPONDE CARAJO! —grita Eco.
Pero lo único que se escuchaba era ruido blanco.








