LA HERENCIA DEL CRISTAL

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Summary

Esteban no debió entrar a la casona TENPORADA 3 +FINAL

Status
Complete
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Chapter 1

Capítulo 1: El Invitado de Colores

El motor del viejo coche de Esteban se apagó con un último suspiro mecánico frente a la verja oxidada de la casona de San Judas. El silencio que siguió fue absoluto, un silencio que pesaba más que el ruido de la ciudad. Esteban bajó del vehículo, ajustándose la chaqueta. En su mochila cargaba poco: una libreta de composición, una grabadora y la esperanza de que la soledad de este lugar le devolviera la musa que había perdido tras el lanzamiento de Colores.

—Pueblo pequeño, infierno grande —murmuró para sí mismo, mirando hacia las ventanas del segundo piso, que parecían ojos negros observándolo.

Al cruzar el jardín descuidado, el olor a gardenias podridas lo golpeó de frente. Era un olor antiguo, casi sólido. Esteban no sabía nada de Elena ni de Marcos; solo sabía que la propiedad estaba barata y que necesitaba aislamiento para su próximo proyecto musical.

Al empujar la puerta principal, el frío del interior lo recibió como un abrazo de hielo. La casa no se sentía vacía. Se sentía... expectante.

Caminó por el pasillo principal, sus botas resonando contra la madera seca. De repente, se detuvo frente a un gran espejo en el vestíbulo. Se veía cansado, pero algo en su reflejo estaba mal. Por un segundo, le pareció ver una figura golpeando el vidrio desde el otro lado, una silueta desesperada que se parecía a un chico joven, pero la imagen se desvaneció antes de que pudiera enfocar la vista.

—¿Hola? ¿Hay alguien? —preguntó Esteban, su voz rebotando en las paredes.

En ese momento, una radio vieja situada sobre una mesa polvorienta se encendió sola. No emitió estática. Emitió una melodía familiar: los primeros acordes de su álbum Colores, pero ralentizados, distorsionados, como si la música estuviera siendo tocada bajo el agua.

Una risa infantil, carente de alegría, resonó desde el piso de arriba, seguida de un susurro que pareció salir de las grietas de las paredes:

—Hola, Esteban... bienvenido a la casona donde murieron Elena y Marcos. Estábamos esperando una voz nueva para nuestro coro de sombras.

Esteban retrocedió, pero la puerta principal se cerró de golpe tras él, trabándose con un sonido metálico definitivo. El artista ya no estaba solo; la herencia de cristal lo había invitado a su función final.