Único capítulo
En el reino donde el sol parecía derramarse en tonos dorados sobre las torres y los jardines infinitos, vivía el príncipe Park Jimin, conocido por su elegancia imposible y por la manera en que su presencia podía cambiar el aire mismo de una habitación, como si llevara consigo la promesa de algo hermoso y peligroso al mismo tiempo
Su cabello caía como seda sobre sus hombros, sus ojos guardaban la calma de un lago al atardecer, pero dentro de él ardía una inquietud constante, una necesidad de escapar de los muros que lo protegían y lo aprisionaban en igual medida
Entre los caballeros de la corte había uno que nunca buscaba destacar y sin embargo eclipsaba a todos sin esfuerzo, Jeon Jungkook, joven guerrero de mirada firme y corazón dividido entre el deber y un deseo que no sabía nombrar, su armadura llevaba las marcas de incontables batallas, pero su voz siempre era suave cuando se dirigía al príncipe
Se conocieron mucho antes de que la guerra tocara las puertas del reino, cuando aún eran casi niños, Jimin escapaba a los jardines ocultos para sentir la libertad que el título le negaba, y Jungkook lo seguía desde la distancia, como una sombra silenciosa destinada a protegerlo sin ser visto
Con los años, esa distancia se volvió un hilo invisible que los mantenía unidos, cada mirada sostenida un poco más de lo permitido, cada gesto cargado de significados que nadie más parecía notar
Una tarde dorada, cuando el trigo ondulaba como un océano bajo el viento tibio, Jimin se aventuró más allá de los límites del castillo, vestido con ropas simples para no ser reconocido, fue entonces cuando el destino decidió mostrarse cruel y hermoso al mismo tiempo
Bandidos surgieron del bosque como espectros hambrientos, sus espadas brillando con intenciones oscuras, y antes de que el miedo pudiera tocar al príncipe, Jungkook apareció como una tormenta contenida, sus movimientos precisos, su furia silenciosa, su presencia una promesa de salvación
Cuando todo terminó, el silencio volvió a envolverlos, roto solo por el sonido de sus respiraciones agitadas, Jimin lo observó como si lo viera por primera vez, como si en ese instante comprendiera que el caballero que siempre había estado a su lado era más que un guardián, era su refugio
Golden brown murmuró el príncipe sin saber por qué, tal vez por el color del sol sobre la piel sudorosa de Jungkook, tal vez por la sensación cálida que se expandía en su pecho como un secreto imposible de ocultar
Jungkook bajó la mirada, temeroso de lo que sus propios ojos podían revelar, porque amar a un príncipe era una traición silenciosa, una condena disfrazada de deseo
A partir de ese día, los encuentros se volvieron inevitables, en corredores vacíos iluminados por velas temblorosas, en balcones donde el viento nocturno parecía cómplice de sus confesiones sin palabras, cada instante juntos robado al tiempo como si el mundo fuera a desmoronarse si alguien llegaba a descubrirlos
Jimin hablaba de sueños imposibles, de huir hacia tierras donde los títulos no importaran, donde pudiera ser solo un hombre con el corazón lleno de amor, Jungkook escuchaba sabiendo que su lugar siempre sería a su lado, incluso si eso significaba observarlo desde la distancia como una estrella inalcanzable
La guerra llegó como una tormenta inevitable, reclamando sacrificios y juramentos, el consejo real exigió que el príncipe se comprometiera con una princesa extranjera para asegurar la paz, y en ese instante el dorado de los días pasados se convirtió en una herida abierta
La última noche antes de la partida, se encontraron en el jardín donde todo había comenzado, las flores marchitas por el frío, las antorchas ardiendo como si quisieran memorizar cada detalle de su despedida
Jimin tomó el rostro de Jungkook entre sus manos con una ternura desesperada, como si intentara grabarlo en su memoria antes de perderlo para siempre, sus labios se encontraron en un beso que sabía a eternidad y al final al mismo tiempo
Golden brown susurró nuevamente, porque el amor que compartían no era blanco ni negro, era ese dorado melancólico que arde con dulzura y destruye con la misma delicadeza
Cuando el amanecer llegó, el príncipe se marchó hacia su destino y el caballero hacia la guerra, separados por un mundo que nunca entendería lo que habían sido el uno para el otro
Dicen que con los años el reino prosperó y las canciones celebraban la paz lograda, pero en los salones vacíos aún resonaba un nombre no pronunciado, y en los campos dorados un caballero seguía mirando el horizonte como si esperara que el pasado regresara convertido en milagro
Porque algunos amores no desaparecen, solo se transforman en leyenda, golden brown, eternos como la luz que nunca deja de existir incluso cuando el sol se ha ocultado