Chapter 1
Capítulo 1: El Despertar de la Sangre y el Polvo.
Raeym: El Híbrido AgonizanteEl dolor fue lo primero que Raeym sintió al abrir los ojos, pero no era el dolor sordo de una resaca. Era un incendio en sus venas. Al intentar moverse, sus manos —pequeñas, delgadas y cubiertas de moretones— se hundieron en el barro frío. No estaba en su departamento, ni su hermana estaba cerca para regañarlo por llegar tarde.A su alrededor, los restos de una carreta quemada y el silencio de un bosque denso. Al verse en un charco de agua, el reflejo le devolvió una imagen imposible: un niño de unos diez años con un ojo de un azul gélido y el otro de un ámbar encendido. Sintió una energía extraña desgarrándole la espalda, como si algo quisiera brotar de sus omóplatos. “¿Qué es este cuerpo? ¿Por qué siento que mi sangre intenta matarme?”, pensó Raeym, mientras el instinto de supervivencia de un hombre de 30 años tomaba el control para no morir en esa zanja.
Alma: La Segunda Hija: A kilómetros de distancia, en el bullicio de una ciudad gris y saturada de hollín, Alma se despertó con el sonido de gritos y platos rotos. No era el departamento lujoso de su prometido, sino una habitación diminuta que olía a humedad y pan viejo. Sus manos ya no tenían el anillo de compromiso que tanto odiaba; ahora estaban ásperas, con marcas de trabajo duro.—¡Alma, deja de flojear y baja a ayudar con la colada! —gritó una mujer desde la planta baja.Alma se miró en un trozo de espejo roto. Seguía siendo ella, pero más joven, más pequeña, vestida con harapos remendados. La confusión la invadió, pero una chispa de alivio cruzó su pecho: el miedo constante a su prometido había desaparecido, reemplazado por la urgencia de una pobreza que no conocía. “Si esto es un sueño, no quiero despertar... aunque tenga que lavar ropa hasta que me sangren las manos " Raeym observó sus manos: una envuelta en un fulgor plateado que cerraba sus carnes, la otra teñida por un humo negro que todavía vibraba con el eco de la muerte del lobo. A kilómetros de allí, en un callejón olvidado por la fortuna, Alma apretó sus pequeños puños de cuatro años mientras ignoraba el hambre, jurando que esta vez nadie decidiría su destino. En mundos distintos, pero bajo el mismo cielo antiguo, ambos comprendieron la aterradora verdad: no habían muerto, pero el mundo que conocían ya era ceniza. Ahora, solo quedaba aprender a caminar entre las sombras que ellos mismos habían despertado."