Capítulo 1: Le garçon pâle aux yeux bleus.
Estaba justo ahí, frente a mí: La Royal Opera House, tan impresionante e imponente como siempre. Con sus enormes vitrales que dejaban atravesar la luz interior de sus grandes lámparas y sentir el alma de todas aquellas bailarinas y bailarines que tuvieron el privilegio de danzar sobre el suave y fino escenario de roble.
Todos los días paso frente al teatro y no dejo de quedarme anonadada, pero hoy era diferente. Hoy sería un gran día. La audición para la Beca Royal, que abriría las puertas de La Royal Ballet School para mí, era hoy.
Mis mejillas estaban congeladas del frío que hacía y mi corazón latía fuerte de la emoción y los nervios. Desde que tengo uso de razón he querido ser bailarina; mi sueño más grande es ser Giselle y bailar para una compañía renombrada. Me mudé a Londres hace poco, pero nací y crecí en Pensilvania, Estados Unidos. Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeña, crecí con mi madre y eventualmente veía a mi padre. Mamá siempre me compraba grabaciones de bailarinas y fue así como aprendí ballet, pues las clases en academia eran demasiado costosas. Aun así, eso no fue impedimento para que aprendiera lo básico del ballet y mi curiosidad me llevara a saber más.
De repente, el sonido brusco de un auto negro al estacionarse me hizo salir de mis recuerdos. Del auto bajó un chico alto y pálido, vestido con una larga gabardina negra que, dada su apariencia, cualquiera pensaría que venía de un funeral. Sacudió su cabello rubio, medio largo, dejando a la vista unos profundos y grandes ojos azules. Era bastante atractivo, pero irradiaba una vibra fría y sombría.
—Adelante, joven —escuché decir a quien parecía su asistente cuando le abrió la puerta de entrada al teatro.
No parecía alguien que necesitara una beca para estudiar, por lo que asumí que no era un bailarín. Volví en mí y entré al teatro justo después de que el chico desapareciera. Me dirigí a la recepción para preguntar dónde sería la audición y de ahí me redireccionaron a la sala de espera.
Caminé un largo pasillo antes de toparme con un grupo de bailarines. Era una escena increíble. Frente a mis ojos, aparecieron varias personas diferentes entre sí. La altura, el color de piel y cabello, las facciones, era un mundo de diversidad. Estudiar en La Royal Ballet School era un sueño que muchos compartíamos, y este día, solo uno de nosotros se acercaría más a su meta de cumplirlo.
Uno por uno pasaban los bailarines a presentar su arte. La convocatoria indicaba que el tipo de baile o danza era libre; no tenía que ser ballet clásico o break dance específicamente, sino un género que expresara la naturaleza y pasión de cada participante.
Comenzaba a ponerme nerviosa que no me llamaran al escenario y hasta pensé que me habían olvidado, pero fue entonces cuando escuché mi nombre:
—Edris Warhol, su turno señorita —llamó la organizadora de las audiciones.
Todo mi tiempo en la sala de espera lo invertí calentando mis músculos y articulaciones para la presentación, así que únicamente retiré la sudadera que me cubría y seguí a la mujer. Mi piel blanca resaltaba en el leotardo negro y mi cabello castaño oscuro cubría mi espalda con libertad. Lucía algo diferente a las bailarinas que se encontraban en la sala, con sus cabellos recogidos y colores claros. Sin embargo, mi presentación requería un estilo más libre pues eso es la danza contemporánea y es lo que mostraría hoy. Quería que los jueces olvidaran por un momento las reglas estrictas en cuanto a técnica y movimientos específicos del ballet, y demostrarles mi forma de expresión artística, libre y creativa.
Salí de la sala de espera y caminé hasta llegar al centro del escenario. Era majestuosa la vista que se tenía desde ahí, todo era enorme y elegante. Me encontraba tan maravillada que había olvidado por completo mis nervios. Miré tan segura a los jueces que sentía que esa beca era mía. Todo era tan perfecto hasta que una voz grave se escuchó a lo lejos interrumpiendo mi presentación.
—Basta de esto —dijo con una calma aterradora el chico rubio que vi hace unas horas—. Deberían marcharse todos, ahora.
Me quedé helada, no sabía que hacer, los propios jueces estaban desconcertados y la mirada de la directora era una mezcla de terror e incredulidad.
—Disculpe joven, pero estamos evaluando a los candidatos para otorgar la Beca Royal, no me parece apropiado que llegue de esa manera a interrumpir —exclamó una de las jueces.
—Hay muchas cosas que no han sido apropiadas aquí —contestó el chico mientras se acercaba a las butacas de los jueces.
—William…—susurró apenas la directora de La Royal School —… es imposible.
—Damian —corrigió el chico, su tono era como un hielo que calaba hasta los huesos —. Ha pasado tiempo, veinte años para ser exactos, desde que mi padre murió.
La directora Leonor Burke De Valois recuperó la postura tras parecer que había visto un fantasma. Cambió su actitud y expresión a la de una persona que estaba contenta de ver a alguien.
—Que alegría verte Damian, luces muy bien. Debiste avisarnos que volvías, con gusto te habríamos dado una bienvenida digna —dijo la directora con un aire disfrazado de cordialidad.
La conversación seguía mientras yo continuaba parada en el centro del escenario con la luz blanca en mi cara.
—Sugiero hablar en un lugar más apropiado —propuso el chico —.Las audiciones terminaron, pueden retirarse.
El chico hizo una señal con su mano para que todos salieran del teatro, no podía hablar en serio.
—Es imposible —contesté con firmeza ante su orden—. Soy la última en la lista, ya no hay nadie más. Fue mucho tiempo de espera, por favor, permítanme hacer mi presentación.
El chico notó que el escenario no estaba vacío. Me miró con una curiosidad fría, como quien ve un insecto interesante que se atreve a responderle. Todos los jueces esperaban su respuesta, parecía tener poder sobre todos, incluso la directora Leonor parecía incómoda.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el chico con curiosidad gélida.
—Edris, Edris Warhol —contesté.
Damian, como se presentó ante la directora Leonor, se giró dando la espalda a todos y subió los escalones del pasillo hasta que encontró una butaca, donde parecía tener buen ángulo, y se sentó.
—Solo por respeto a tu tiempo, puedes empezar —dijo seriamente apoyando su barbilla en sus manos.
Los demás jueces tomaron asiento y la música comenzó a sonar. Rocket Man de Sara James resonaba en las paredes del teatro. Por fin estaba en la Royal Ópera House dejando mi alma sobre el suave roble al igual que todos aquellos bailarines que habían tenido el privilegio de mostrar su arte en este lugar.
La pasión y emoción que sentía no tenían más espacio en mi pecho, querían salir por cada parte de mi ser. Mis manos, piernas y cuerpo entero sabían que hacer, me atrevería a decir que se regían por sí solos, eran incontrolables. Estaba perdida en la música que sonaba, me convertí en aire oscilante.
Al terminar, recuperé mi aire y recordé que estaba en medio de una audición, las luces se centraron de nuevo en mi cara y recuperé mi postura.
—Contemporáneo, bastante arriesgado considerando que quiere ingresar a una academia la cual su fuerte es el ballet clásico y elegante —dijo la directora Leonor de manera irónica.
—Muchas gracias, señorita Warhol por su tiempo, procederemos a tomar una decisión y en unos días recibirá una notificación sobre los resultados de la prueba —comentó de manera amable una de las juezas.
El chico que seguía sentado en su lugar mirándome fijamente se levantó de manera abrupta y se dirigió a la salida. No sabía si él debía o no participar en la decisión, pero me sentía muy satisfecha del trabajo que había realizado.
Di las gracias y fui a buscar mis cosas, mi corazón aún estaba acelerado, de verdad lo hice y fue increíble. Al salir del teatro me di un momento para meditar lo que acaba de pasar y no pude evitar reír, que era más una risa nerviosa que de gracia.
—Lo hice. ¡Lo hice! —exclamé en voz alta. Estaba sorprendida y satisfecha.
DAMIAN BURKE
Mi corazón se aceleraba con cada movimiento que hacía esa chica sobre el escenario, cada latido era incómodo, una sensación ajena se apoderaba de mi cuerpo. No sabía si era el rencor que sentía por Leonor o la pasión que me estaba transmitiendo esa pequeña chica al bailar.
Lleve mi mano a mi pecho mientras trataba de entender lo que estaba pasando y fue entonces cuando la música paro de sonar, me levanté confundido y rápidamente salí de ahí.

🖤 🦢🖤
“Gracias por darle una oportunidad a esta historia. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!”