Por ustedes
Cuando era joven no tenía nada, no recuerdo tener familia, amigos o alguien que siquiera me mirara.
Solía rondar por las calles y solar con vivir en un gran castillo lleno de gente y…
Quizás un amigo.
Fue entonces que aquel hombre guapo y fuerte me encontró.
-¿Tu eres un vagabundo?- esas fueron sus primeras palabras, y su mano tomando mi mano sucia fue todo lo que necesite para tener esperanza.
Me llevo a su entonces pequeña casa, dónde su amigo especial me recibió con algo de comida.
No podía entender su idioma, pero si sonrisa y las tonterías que hacía me hicieron reír por primera vez en años.
-te llamaras Juan, y serás mi mano derecha-
Fue así como mi vida dentro de la familia de Vegetta comenzó.
En ese entonces solo habían tenido dos niños, Roier el pequeño niño tonto que adoptaron, y había una niña más, una pequeña llamada Leonarda a quien no pude conocer.
Roier era un pequeño hiperactivo que corría de un lado al otro, le encantaba jugar y seguir a sus papás para vivir aventuras.
A veces venía un hombre mayor al que llamaba abuelo, el abueloier como lo llamamos todos aquí, un hombre grosero, divertido y lleno de gran sabiduría.
A veces traía a una pequeña niña llamada Melisa, al parecer es la gemela de Roier, aunque nunca he sabido el porque no vive con su hermano.
Aún así ella es agradable, y le gusta mucho bailar, seguro será una hermosa bailarina cuando crezca.
-he traído algo, y se que solo ustedes pueden hacerse cargo-dijo en una de sus visitas abueloier.
En sus brazos cargaba dos pequeños bultos, los cuales se movían y gimoteaban.
Vegetta fue el primero en tomarlos entre sus brazos.
-los rescate, no pude encontrar a sus padres-
-¿Babies?-
Vegetta se sentó en su gran sillón morado, acunando lentamente a la pequeña niña, la cual tenía una simpática y tierna colita.
-te llamarás Molly, y tú pequeño serás Aldo, y desde hoy son parte de mi familia.
Roier corrió para abrazar al pequeño niño, el cual comenzó a reírse y acariciar su rostro.
Yo sonreí al ver la escena, sin saber que esto significaría más trabajo para mí.
Vegetta es un hombre con un gran corazón, pero una vez que inicia un proyecto se olvida hasta de comer, y Foolish por su parte es un tonto que se toma todo a juego, y no sabe nada de bebés.
Así que me tocó como mano derecha de Vegetta encargarme de cuidar a sus hijos.
Con solo 15 años tuve que hacerme cargo del pequeño Roier de 8, Aldo y Molly de 3.
-Roier no embarres popo en las paredes-
-estas leyendo mis pensamientos -
-aldo deja la bolsa de tu padre, no puedes jugar con sus armas-
-Molly eres una buena niña, te prometo que iremos a tomar el té más tarde-
Si, los pequeños demon….príncipes eran difíciles de controlar, Roier sobre todo con sus poderes de araña, a veces trepaba las paredes y había travesuras, y lo peor es que Aldo lo imitaba.
Pero podía con ellos tres.
Así que nunca pensó que Vegetta quisiera más hijos, y peor aún los adoptará.
Foolish trajo a la pequeña Tina, la cual por suerte era la pequeña más tranquila y adorable, siempre que Aldo no estuviera cerca de ella.
Aldo y Roier solían traer a tres niños prácticamente a diario a la casa, elMariana , Missa y Robleis, y Vegetta no veía problema en ello.
Después Molly trajo a Quackity y Alondrisa, los cuales eran gritones, hiperactivos y propensos a meterse en problemas.
También estaban esos dos niños coreanos que se aparecieron una vez en la casa. Y Vegetta dijo que adoptó a uno, aunque después no lo volvieron a ver.
Ishan y Graf fueron los siguientes en unirse, el primero muy talentoso para construir vehículos, el segundo tenía un gran don para los idiomas, y una fuerte debilidad con el karaoke, al punto de hacer un drama si alguien cantaba karaoke sin invitarlo.
Y era Juan quien pagaba los platos rotos cuando eso ocurría.
Sobre todo cuando todos llegaron a la adolescencia, las hormonas volvieron aún más locos y extraños a sus pequeños niños.
De estos adorables niños a quienes cuidaba, solo quedaban adolescentes rebeldes que buscaban pelear y divertirse.
Quizás por eso le sorprendió cuando Vegetta trajo a spider senpai, su niño pequeño y elegante, el pequeño de papá.
Listo, con un gran estilo para decorar, y el que menos le causaba problemas.
A veces solo pedía que le contara cuentos para dormir, las aventuras de su padre Vegetta eran sus favoritas.
Y muchas veces solo pedía un abrazo para calmarse.
Era el más unido a Roier, lo admiraba por ser su hermano mayor arácnido, aunque a veces no pudiera jugar con él ya que este prefería a Aldo o Mariana.
Lo único que podría quejarse era que le gustaba pelear con la pequeña Tina, quien al haberse juntado tanto tiempo con Aldo, no se dejaba intimidar de nadie.
Y claro ahora también había un último principito, el pequeño Pac.
Lamentablemente no se si llegaré a cuidar de él, me hubiera gustado conocerlo más y darle el amor que siendo el hijo de mi salvador merece.
Por eso, si él o alguien de mi familia encuentra este diario.
Los amo familia, y quiero que sepan que lucharé hasta mi último aliento por volver a verlos.