VENGANZA

Summary

Park Jimin avanzaba hacia el interior de la iglesia con un ramo de rosas rojas y un impecable traje blanco. Había decidido no usar chaleco antibalas, aunque Yoongi se lo había repetido una y otra vez. Pero para él, si le alcanzaba una bala, solo añadiría más dramatismo a su mejor actuación. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado y su piel, maquillada con delicadeza, resplandecía. Para todos, era el omega más hermoso que hubiesen visto. Hoy era el gran día, ese que había planeado durante meses. La boda en sí la dejó en manos de una organizadora, pero lo que él había diseñado en secreto era otra cosa... y esperaba que saliera tal como lo había previsto. Sin embargo, pronto notó que aquel sacerdote no era el que ellos habían contratado.

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53
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18+

Prólogo




Actualidad...

-Y yo estoy aquí... ¡borracho y loco! ... No, no estoy borracho... pero sí completamente loco. Maldición, no puedo creer lo que estoy haciendo. Jamás pensé que me casaría... ¡de blanco! ¡Y con un ramo de flores en las manos! ¿En qué demonios me estoy convirtiendo? Bueno... al menos tengo claro que esta boda no es real.

Park Jimin avanzaba hacia el interior de la iglesia con un ramo de rosas rojas y un impecable traje blanco. Había decidido no usar chaleco antibalas, aunque Yoongi se lo había repetido una y otra vez. Pero para él, si le alcanzaba una bala, solo añadiría más dramatismo a su mejor actuación. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado y su piel, maquillada con delicadeza, resplandecía. Para todos, era el omega más hermoso que hubiesen visto.

Hoy era el gran día, ese que había planeado durante meses. La boda en sí la dejó en manos de una organizadora, pero lo que él había diseñado en secreto era otra cosa... y esperaba que saliera tal como lo había previsto. Sin embargo, pronto notó que aquel sacerdote no era el que ellos habían contratado.

-Veo a Yoon... a Hobi... a Kai... a Rosé - pensaba mientras avanzaba hacia el altar y miraba buscando a sus conocidos -Están todos los hombres, pero también hay gente que no reconozco... Espero que Yoongi lo tenga bajo control. Si esto se nos va de las manos... mierda, mierda.

La iglesia estaba llena hasta el último asiento, y Jimin apenas conocía a un diez por ciento de los presentes. Sabía que la lista de invitados había sido manejada por Yoongi, igual que la mayor parte de la planificación. Jennie, la organizadora, una chica encantadora, había hecho magia convencida de que todo era asunto de “extranjeros”.

El espectáculo era impecable: flores blancas, música suave, guardias discretamente armados entre los asistentes. El lujo, aunque contenido, respiraba poder y respeto.

Jimin había decidido salir de las sombras para llevar a cabo su venganza, y el primer paso era entrar en la vida de Jeon Jungkook. Para que no pareciera planeado, debía lograr que Jeon creyera que lo él había elegido, y no al revés.

-Vaya... el novio. ¡Pero qué “novio”! Wow... Me felicito por elegir semejante monumento... Se ve mejor que en las fotos... uhm -pensó Jimin al llegar junto al hombre que en instantes sería presentado como su esposo.

Era alto, musculoso, de mirada profunda. Jimin lo había contactado para aquella ocasión, y Yoongi lo convenció de aceptar el contrato. Todo estaba fríamente calculado; ni un hilo suelto... o al menos eso creían.

-Aunque, claro... no me molestaría pasar la noche de bodas con “mi esposo”. Es guapo, muy guapo... Uhm, uhm. Definitivamente me volví loco- pesó Jimin, moviendo su cabeza de un lado a otro, como si así pudiera eliminar esos pensamientos -¡Concéntrate, Jimin! Concéntrate en lo que tienes que hacer, no en lo que te gustaría.

El omega necesitaba entrar en el mundo de Jeon Jungkook, y nadie sospecharía que un ser “débil e indefenso” sería capaz de idear algo así.

El sacerdote, un hombre de semblante severo y evidentemente no aliado de Jimin, pronunció la bendición final:

- Los declaro alfa y omega. Pueden sellar su unión con un beso.

En ese instante, Jeon Jungkook se levantó. Su arma brilló bajo la luz de los candelabros. Caminó hacia el altar y, antes de que los recién casados se dieran el “beso”, disparó a quemarropa, destrozando la cabeza del supuesto novio. La sangre tiñó el altar y el traje blanco de Jimin. Los gritos rompieron el silencio solemne de la iglesia. Jimin cayó sentando al piso, con una cara de terror bien manejada.

El caos fue inmediato: los invitados desenfundaron armas, pero también lo hicieron los hombres de Jungkook, infiltrados entre los asistentes e incluso como personal de la iglesia. El sacerdote, reemplazado de antemano por uno de los suyos, apuntó con calma. Todo estaba fríamente calculado.

En medio de la tormenta de disparos, Jungkook llegó hasta el altar, el sacerdote lo escoltaba, como si su sola presencia evitara que le llegase una bala. Sus ojos se clavaron en aquel hombre de blanco que lo miraba fijamente: el viudo. Jimin, hermoso y delicado, no temblaba; una sola lágrima en sus ojos, y un fuego extraño.

Jungkook sonrió con ese filo cruel que lo caracterizaba.

- Hermoso novio... perdona por dejarte viudo el mismo día de tu boda. Pero tu esposo tenía una cuenta pendiente conmigo.

Jimin se irguió con firmeza, enfrentándolo de cara. Desde el primer instante en que sus miradas se cruzaron, algo extraño se encendió en su pecho: una sensación cálida, inexplicable.

- ¿Era necesaria su muerte? ¿Cómo te pagará las cuentas si lo has matado?

El alfa se detuvo, intrigado. Pocas veces un omega se atrevía a hablarle de frente y con tal descaro.

- ¿Tu nombre?

- De... deberías saberlo... acabas de matar a mi esposo - dijo cambiando su tono de voz a uno más tembloroso, debía mantener las apariencias.

- Tienes razón, y alguien morirá por no habérmelo dicho - Pasó la pistola por su cabeza, apartando el cabello - Y no, no lo sé. Por eso lo pregunto.

- Entonces, si no lo sabes, ¿cómo estás seguro de que mataste a la persona correcta?

- Porque lo sé y punto.

- Bien, si tú lo dices... - respondió encogiéndose de hombros - Mi nombre es Park Jimin. ¿Y el tuyo?

- ¿No lo sabes? ¿Eres de fuera de la ciudad? - preguntó Jungkook, alzando una ceja.

Jimin lo miró en silencio.

- Jeon Jungkook. Ese es mi nombre. ¿Y bien? ¿Ahora serás un enemigo que vengará la muerte de su esposo?

- No. En esta vida no puedo darme ese lujo. Solo puedo darte las gracias... por sacarme de un matrimonio arreglado - Jimin bajó la voz y los ojos, fingiendo fragilidad - Y no, no seré tu enemigo, si no lo deseas.

- Te llevaré a mi casa, y luego veremos qué hacer contigo.

- Entonces ¿ahora seré tu rehén? - preguntó Jimin, con falsa sorpresa, abriendo sus ojos.

- Solo hasta saber quién eres en realidad.

- Está bien, no tengo nada que ocultar. Pero quiero hablar con mi familia, saber de mis padres y de mi hermano. Necesito confirmar que siguen vivos.

- ¿Y eso no te molesta? Estás demasiado tranquilo...

- Como te dije, me casaban a la fuerza. Mis padres son lo que menos me preocupa. Nunca fuimos cercanos; solo me ven como una moneda de cambio, por ser un omega. Quiero hablar con mi hermano y decirle que todo está bien.

- De acuerdo, no hay problema. Pero vamos, salgamos de este lugar...

Jungkook lo tomó del brazo y lo condujo fuera de la iglesia, esquivando los cuerpos caídos en aquel tiroteo tan cuidadosamente planificado. Aún no sabía ni por qué se lo llevaba, ahora debería estar pensando en cómo recuperar su dinero y no en saber quién era ese lindo omega.

Y así fue como Park Jimin conoció finalmente a Jeon Jungkook: el hombre al que haría pagar con sangre todo lo que había sufrido.










Aclaraciones...

En este mundo, la fuerza y el poder se heredan con la sangre. Los clanes se enfrentan sin descanso por territorio, dinero y dominio, y la vida de cada individuo está marcada desde su nacimiento por la casta a la que pertenece.

Los alfas reinan en la cima de la jerarquía. Son hombres dominantes, orgullosos, hechos para gobernar y para doblegar a quienes se crucen en su camino. Su presencia inspira respeto... y miedo.

En el extremo opuesto se encuentran los omegas, vistos como frágiles, sin voz ni voto, reducidos a piezas de intercambio en un tablero de alianzas. Son quienes llevan los embarazos, tanto hombres como mujeres, y muchos olvidan que, bajo esa aparente debilidad, puede esconderse una fuerza inesperada.

Entre ambos están los betas, la mayoría de la población. Carecen del poder de un alfa o de la particularidad de un omega. Su destino, dictado por la costumbre, es servir. Solo las mujeres betas pueden concebir, aunque esa posibilidad es rara y escasa.

Existen también las marcas, un vínculo indestructible que un alfa impone a un omega. Una unión que solo se rompe con la muerte, un lazo tan poderoso como una condena.

El embarazo de un omega solo es posible durante el periodo de celo, cuando el cuerpo reclama la unión y el “nudo” sella el destino.

Para huir de esa naturaleza, algunos recurren a supresores o inhibidores, drogas que enmascaran los síntomas, debilitan instintos o prolongan la ilusión de libertad.

No todos los que habitan este mundo conservan a su lobo interior. Con el paso de las generaciones, la “voz de mando” - el eco salvaje que obligaba a obedecer - se ha ido extinguiendo, borrada por la ambición de quienes prefirieron la política al instinto.

La vida de un niño cambia para siempre durante la presentación, ese momento en que la verdadera casta despierta y revela qué lugar ocupará en la sociedad: la cúspide, la sumisión o la servidumbre.