Don’t Let Me Heal / CastielxSucrett

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Summary

El amor nunca fue el problema. El problema fue todo lo que vino después. Castiel Veilmont sobrevivió a su propia caída. Madison Bennett aprendió a mantenerse firme cuando nadie miraba. Pero cuando sus caminos vuelven a cruzarse, no lo hacen solos. Lo hacen con una verdad que no puede esconderse. Y con un mundo dispuesto a observar cada paso. Mientras intentan construir algo real en medio de la presión, una presencia del pasado regresa con una sola intención: demostrar que algunas historias no merecen un final feliz. Y esta vez, no se trata de quién tiene razón. Se trata de quién está dispuesto a romper más.

Genre
Romance
Author
_MjcAt_
Status
Complete
Chapters
40
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Historias que no se cierran

✧ ────── ⋆ ────── ✧

La oficina principal de la disquera estaba bañada por la luz fría de la mañana. El vidrio de los ventanales reflejaba el movimiento de la ciudad, mientras dentro reinaba una tensión elegante, de esas que anunciaban decisiones enormes.

ChiNoMiko revisaba un expediente grueso con expresión severa. Frente a ella, Jim descansaba una mano sobre el respaldo de la silla, tranquilo por fuera, pero con la atención afilada.

—Te lo repito, Jim —dijo ChiNoMiko sin levantar la vista—. Madison Bennett no necesita distracciones. Mucho menos una banda de rock y metal que vive provocando titulares.

Jim sonrió apenas.

—Y yo te repito que Crowstorm no necesita otra colaboración vacía para vender entradas. Necesitan algo que sacuda de verdad a la industria.

ChiNoMiko cerró el expediente con un golpe seco.

—¿Y crees que unir a Madison con Castiel es una buena idea? Ella es la reina del pop y del K-pop de esta generación. Su imagen es impecable. Su público es enorme. Su agenda está llena. Su vida también está llena.

—Precisamente por eso —respondió Jim—. Porque está en la cima. Y Crowstorm también. Estamos hablando de los dos nombres más poderosos de este momento. Si unimos sus mundos, no solo hacemos historia... la reescribimos.

ChiNoMiko lo observó en silencio. Conocía ese tono. Jim no hablaba por hablar. Cuando proponía algo así, ya lo había medido desde todos los ángulos.

—La prensa se va a volver loca —murmuró ella.

—Ya lo está —contestó Jim—. Los fans llevan años teorizando sobre ellos. Las canciones, las indirectas, los encuentros del pasado. Si lo hacemos bien, el resultado será enorme.

ChiNoMiko entrecerró los ojos.

—O un desastre.

—Un desastre rentable —corrigió él, con una media sonrisa.

Ella soltó una exhalación lenta y se levantó de la silla.

—No me gusta que hables como si esto fuera una apuesta.

—No lo es. Es estrategia.

ChiNoMiko caminó hasta la ventana. Desde arriba, la ciudad parecía más pequeña de lo que realmente era. En cambio, la presión sobre Madison siempre parecía gigante.

—Madison no puede verse atrapada en algo que no controle —dijo al fin.

—Tampoco Castiel —replicó Jim—. Pero ambos tienen algo que no se compra: química artística. Y eso no se puede fingir.

ChiNoMiko giró despacio.

—Si hago esto, necesito garantías.

—Las que quieras.

—Que no habrá filtraciones.

—Priya puede revisar cualquier cláusula.

—Que Madison tenga la última palabra sobre la imagen, el concepto y la campaña.

—Aceptado.

—Que Castiel no convierta esto en una guerra personal.

Jim soltó una risa breve.

—Eso dependerá de él... y de ella.

ChiNoMiko lo miró con frialdad.

—No me gustó ese comentario.

—No pretendía gustarte. Pretendía ser honesto.

Hubo un silencio breve. Finalmente, ChiNoMiko tomó el expediente, hojeó algunas páginas y dijo:

—Haré la reunión. Pero si esto sale mal, Jim, te aseguro que no habrá campaña que salve a nadie.

Jim inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces hagámoslo bien.

✧ ────── ⋆ ────── ✧

En otra parte de la ciudad, Madison Bennett caminaba descalza sobre la alfombra de su vestidor privado mientras Nina terminaba de acomodar algunos juguetes de Celine en una cesta pequeña. La habitación olía a perfumes suaves, flores frescas y algo dulce que venía de la cocina.

—Mami —dijo una voz diminuta desde el sofá—, ¿ya puedo ver el vestido otra vez?

Madison sonrió al girarse.

Celine estaba sentada con las piernas cruzadas, abrazando una muñeca de tela que Nina había ayudado a vestir esa misma mañana. Sus rizos oscuros caían sobre la frente y sus ojitos brillaban con una curiosidad casi imposible de controlar.

—Ya te lo enseñé dos veces, mi amor.

—Pero yo lo quiero ver una vez más.

—¿Y después otra?

Celine asintió con total seriedad.

Madison soltó una risa suave.

—Eres igualita a un viejo conocido cuando quiere ganar una discusión.

Nina alzó las cejas con una sonrisa cómplice, pero no dijo nada. Era una de las pocas personas que podía permitirse escuchar esas referencias sin preguntar de más.

Madison se acercó al sofá y se sentó junto a su hija.

—Está bien. Solo una vez más.

—¡Sí!

Celine dejó la muñeca a un lado y levantó las manos con entusiasmo cuando Madison le mostró en su tableta una imagen del vestuario que usaría esa noche para una sesión privada. Era un diseño elegante, oscuro, con detalles sutiles en tonos violetas.

—Es bonito —dijo la niña, inclinando la cabeza—. Pero a mí me gusta cuando tienes vestidos que brillan.

—¿Ah, sí?

—Sí. Porque pareces una reina.

Madison sintió algo cálido en el pecho.

—¿Y tú qué eres entonces?

Celine sonrió ampliamente.

—Yo soy tu princesa.

Nina se llevó una mano al pecho con dramatismo.

—No, eso sí está demasiado tierno para ser legal.

Madison rió y abrazó a su hija con suavidad.

En ese momento sonó el teléfono de Madison. Sobre la pantalla apareció el nombre de Chani.

Madison respondió con el altavoz activado.

—¿Hola?

—Necesito verte en veinte minutos —dijo ChiNoMiko instante, sin rodeos—. Es importante.

Madison se incorporó un poco.

—Estoy con Celine.

—Entonces déjala con Nina por un rato. Quiero hablar contigo personalmente.

Madison intercambió una mirada con Nina.

—¿Pasa algo?

ChiNoMiko guardó un segundo de silencio antes de contestar.

—Todavía no. Pero puede pasar.

Madison frunció el ceño.

—Esa respuesta no me tranquiliza.

—No era mi intención tranquilizarte.

La llamada terminó.

Celine miró a su madre con inocencia absoluta.

—¿Vamos a salir?

Madison le acomodó un mechón detrás de la oreja.

—Parece que sí, pequeña.

—¿Puedo ir contigo?

Madison dudó apenas un instante.

—Esta bien, Nina, por favor arregla su maleta.

✧ ────── ⋆ ────── ✧

El ensayo de Crowstorm estaba en pleno apogeo cuando Jim entró al estudio. La batería de Gabin retumbaba con fuerza, Jules ajustaba el bajo con una expresión de concentración feroz, Lysandro revisaba una libreta llena de letras tachadas y Nathaniel discutía algo con Castiel cerca del micrófono principal.

—Si sigues cambiando la armonía en el último segundo, te voy a matar —gruñó Nathaniel.

—Si sigues hablando, te voy a dejar sin voz para que no protestes —respondió Castiel, seco.

—Qué tierno, como siempre —murmuró Jules, sin apartar la vista de las cuerdas.

Jim golpeó dos veces la puerta del estudio.

—Interrumpo la pelea antes de que uno de ustedes rompa algo.

—Eso depende —dijo Castiel, girándose—. ¿Traes café o problemas?

—Traigo una oferta.

Lysandro levantó la mirada de inmediato.

—Eso casi siempre termina siendo lo mismo.

Jim caminó hasta el centro de la sala, ignorando el humor hostil de Castiel.

—ChiNoMiko quiere una colaboración entre Madison Bennett y Crowstorm.

El estudio quedó en silencio.

Gabin dejó de mover las baquetas. Nathaniel alzó las cejas. Jules giró lentamente hacia Jim con una mezcla peligrosa de sorpresa y curiosidad. Lysandro cerró la libreta.

Y Castiel... Castiel no dijo nada.

Demasiado nada.

—¿Perdón? —preguntó Gabin al fin.

Jim repitió, con paciencia:

—Una colaboración. Pop y rock alternativo. Un proyecto grande.

—¿Madison Bennett? —Nathaniel soltó una risa incrédula—. ¿La Madison Bennett?

—La misma.

Castiel soltó una carcajada breve y sin humor.

—No.

Jim lo miró sin pestañear.

—No es una pregunta.

—Pues debería serlo.

Castiel dio un paso al frente, los brazos cruzados, la expresión tan dura que cualquiera habría jurado que la propuesta le molestaba de verdad.

—No voy a convertirme en la cuota rebelde de una campaña comercial.

—Nadie te pidió que lo hagas por la campaña —dijo Jim—. Te lo pido porque musicalmente tiene sentido. Y porque tu banda necesita algo de esa escala.

—Nuestro nombre ya es grande.

—Sí —intervino Lysandro con calma—. Pero esto no va solo de grandeza. Va de impacto.

Castiel apretó la mandíbula.

Jules observó su rostro con una atención extraña, como si supiera leer entre las líneas de su furia.

—A ti te molesta otra cosa —dijo ella, directa.

—No sé de qué hablas.

—Claro que sí —replicó Jules con una media sonrisa—. Te molesta que sea ella.

Nathaniel soltó una risa baja.

—Uy.

—Cállate —murmuró Castiel sin mirarlo.

Jim se cruzó de brazos.

—¿Vas a decirme que no te importa verla después de tantos años?

—Me importa la música —respondió él, tajante.

Pero sus dedos se tensaron apenas al costado.

Lysandro lo notó.

Siempre lo notaba.

—Mientes fatal cuando estás nervioso —dijo el escritor, sin crueldad.

Castiel lanzó una mirada feroz.

—No estoy nervioso.

—Claro —murmuró Gabin—. Y yo soy el rey de la elegancia.

—Esto no es gracioso —espetó Castiel.

—No, no lo es —dijo Jim—. Porque si aceptas, vas a tener que verla. Y si no aceptas, vas a parecer el único idiota capaz de rechazar una oportunidad que el resto del mundo aplaudiría.

Castiel se quedó inmóvil.

Luego desvió la mirada, y por un segundo nadie en la sala vio al líder de Crowstorm.

Solo a un hombre que llevaba demasiado tiempo tratando de no romperse.

—Dame un minuto —dijo al fin.

Jim asintió.

—Tómate dos.

Castiel salió del estudio con paso firme. Demasiado firme.

En cuanto la puerta se cerró, Jules exhaló despacio.

—Está peor de lo que pensaba.

—Está enamorado —corrigió Nathaniel, cruzándose de brazos—. Eso es peor todavía.

Lysandro bajó la vista, serio.

—No solo quiere verla.

—¿No? —preguntó Gabin.

—Quiere que ella acepte.

Jim se pasó una mano por la cara.

—Entonces rezad para que ChiNoMiko no haya calculado mal el desastre.

✧ ───── ⋆ ───── ✧

Madison estaba en el camerino cuando Chani entró con ese rostro que solo aparecía cuando tenía noticias demasiado importantes para esperar.

Rosalya estaba de pie junto a la mesa de maquillaje, repasando algunos bocetos. Priya revisaba documentos legales en su tablet. Nina, sentada cerca de Celine, le ayudaba a peinar una muñeca con extremo cuidado.

Madison alzó la vista al ver a Chani.

—Esa cara no me gusta.

—Más te va a disgustar lo que voy a decirte.

—Eso tampoco ayuda.

ChiNoMiko apareció detrás de Chani, cerrando la puerta con suavidad.

—Necesitamos hablar contigo.

Rosalya dejó de dibujar.

—Eso ya suena a problema.

—Y grande —añadió Priya.

Madison se quitó una hebilla del cabello con gesto lento.

—Hablen.

ChiNoMiko no perdió tiempo.

—Queremos unir a Madison Bennett con Crowstorm en una colaboración especial.

El silencio duró apenas un segundo.

Luego Celine levantó la cabeza.

—¿Crowstorm? —preguntó con voz curiosa.

Madison se quedó completamente quieta.

Rosalya giró lentamente hacia ChiNoMiko.

—¿Está hablando en serio?

—Completamente.

Priya apoyó el tablet sobre la mesa.

—¿Y eso se decidió sin consultarla antes?

—Estoy consultándola ahora.

Chani se acercó a Madison con cuidado, casi como si temiera tocar una herida invisible.

—Es una oportunidad enorme. La mezcla de estilos sería histórica. Y ambas bases de fans ya están especulando desde hace meses.

Madison apenas escuchó las últimas palabras.

Crowstorm.

Castiel.

Su pecho se apretó con una fuerza que le cortó el aire por un segundo.

—¿Castiel lo sabe? —preguntó, aunque ya temía la respuesta.

ChiNoMiko la miró con una neutralidad muy bien ensayada.

—Sí.

Madison bajó la vista, sintiendo cómo un recuerdo que creía enterrado se abría paso sin permiso.

Celine, que estaba junto a Nina, la observaba con sus ojos enormes y atentos.

—Mami, ¿te pusiste triste?

Madison reaccionó de inmediato, forzando una sonrisa suave.

—No, cariño. Solo estoy pensando.

Celine se acercó a ella con su curiosidad habitual.

—¿Es un tío nuevo?

Rosalya soltó una risa breve a pesar de la tensión.

—No exactamente, pequeña.

Priya cruzó los brazos.

—Madison, ¿quieres que hablemos a solas?

Ella negó despacio.

—No.

Su voz salió más baja de lo que esperaba.

—Si esto va a cambiar algo en mi vida, prefiero escucharlo con todas las personas que realmente me importan aquí.

Chani asintió con un gesto suave.

—Entonces te lo digo claro: esto puede funcionar muy bien, pero también puede remover muchas cosas.

Madison se tragó el nudo en la garganta.

—Ya lo sé.

ChiNoMiko la observó con atención.

—No te estoy pidiendo que olvides nada. Te estoy pidiendo que trabajes con ello.

Madison soltó una risa pequeña, casi amarga.

—Eso suena mucho más fácil dicho así.

Nina acarició la cabeza de Celine con ternura.

—Madison...

—No —dijo ella, bajando la voz—. No todavía.

Rosalya entendió sin necesidad de más palabras.

Porque allí, enterrado en todo ese miedo, estaba el verdadero problema.

No era la colaboración.

Era Castiel.

Y era Celine.

Madison cerró los ojos un segundo.

Había pasado tanto tiempo imaginando ese reencuentro que ahora, cuando estaba a punto de suceder, el cuerpo entero le temblaba por dentro.

—Necesito pensarlo —dijo al fin.

ChiNoMiko inclinó la cabeza.

—Tienes hasta mañana.

—Eso es cruel —murmuró Rosalya.

—La industria lo es.

Madison volvió a mirar a Celine, que la observaba con una seriedad adorable y demasiado parecida a la de su padre.

Y esa pequeña semejanza terminó de desarmarla.

✧ ───── ⋆ ───── ✧

Más tarde, ya en casa, la noche había caído sobre la ciudad con una calma extraña. La mansión de Madison no era fría, aunque sí enorme; había cuadros, flores, juguetes repartidos con cariño y la presencia constante de alguien que intentaba que todo siguiera siendo un hogar y no solo un lugar bonito.

Celine estaba sentada sobre una alfombra suave, rodeada de peluches y dibujos.

—Mami, mira —dijo, levantando una hoja con un garabato de colores—. Soy yo con los tios.

Madison sonrió y se sentó junto a ella.

—¿Y quién es quién?

Celine señaló con total seguridad.

—Esta eres tú. Esta es Nina. Este es Ken. Esta es títa Rosa. Esta es títa Chani. Este es tito Armin y Alexy. Y este...

Frunció el ceño, pensativa.

—No sé.

Madison inclinó la cabeza.

—¿Y cuál no sabes?

Celine señaló una figura más alta, de cabello oscuro y algo desordenado.

—Ese.

Madison se quedó inmóvil.

Su hija no lo sabía. No podía saberlo. Pero aun así, había dibujado algo demasiado parecido.

—¿Por qué crees que no sabes quién es? —preguntó Madison, intentando mantener la voz estable.

Celine se encogió de hombros.

—Porque lo siento cerca aunque no está.

El corazón de Madison dio un vuelco.

Nina, que estaba ordenando algunos juguetes a unos metros, la miró en silencio, entendiendo al instante que esa frase había golpeado más fuerte de lo que parecía.

—Eres muy lista, princesa —dijo Nina suavemente.

Celine sonrió.

—Lo sé.

Madison soltó una risa pequeña, aunque los ojos le ardían.

—Claro que sí lo sabes.

La niña se levantó para mostrarle otro dibujo.

—Mami, ¿mañana me lees el cuento de siempre?

—Todos los que quieras.

—¿Y me haces trenzas?

—Sí.

—¿Y cantas?

Madison besó su frente.

—También.

Celine se acomodó felizmente entre sus brazos y bostezó.

—Te amo, mami.

Madison la apretó con cuidado.

—Y yo a ti, mi vida.

Por un instante, todo lo demás desapareció.

La música, las negociaciones, la prensa, Castiel.

Solo existía Celine.

Pero incluso en esa paz pequeña, el miedo seguía ahí, escondido en alguna esquina de su pecho.

Porque cuando Castiel apareciera de nuevo en su vida... todo lo que había mantenido en silencio corría el riesgo de estallar.

✧ ────── ⋆ ────── ✧

En otro extremo de la ciudad, el estudio de Crowstorm seguía encendido.

Castiel estaba apoyado contra una pared, los brazos cruzados, la expresión cerrada. Frente a él, Lysandro permanecía tranquilo con esa calma irritante que lo convertía en la única persona capaz de hablarle sin que la conversación terminara en desastre.

Jules estaba sentada sobre una mesa, balanceando una pierna. Gabin intentaba fingir que no escuchaba. Nathaniel ya había dejado de fingir y los observaba con descaro.

—Habla —dijo Lysandro al fin.

—No tengo nada que decir.

—Mentira —respondió Jules.

Castiel la fulminó con la mirada.

—No estoy de humor.

—Nunca estás de humor cuando se trata de ella —replicó Nathaniel.

—Nathaniel...

—No, déjalo —intervino Gabin, levantando una mano—. Todos sabemos que te importa demasiado.

Castiel se tensó.

—No se trata de eso.

Lysandro lo miró con paciencia.

—Claro que sí.

Castiel apartó la vista.

Y allí estuvo la verdad, desnuda y molesta.

—No sé qué cara va a poner cuando me vea —admitió al fin, en voz baja.

Nadie dijo nada de inmediato.

La confesión parecía haberle costado más de lo que estaba dispuesto a mostrar.

Jules fue la primera en suavizar el gesto.

—La misma cara que tú, probablemente.

—No ayudarás mucho así —murmuró él.

—No —dijo ella—. Pero sí voy a decirte algo que no te conviene ignorar: no has dejado de escribirle.

Castiel alzó la mirada.

Lysandro no pareció sorprendido.

—Y ella tampoco —añadió el escritor.

Nathaniel soltó una risa corta.

—Entonces esto ya era inevitable.

Castiel cerró los ojos un segundo.

—Si acepta, la veré otra vez.

—Eso esperamos —dijo Gabin, con delicadeza.

—Y si no acepta, me quedaré con la sensación de haber estado a un paso de recuperar algo que dejé morir por idiota.

El silencio que siguió fue diferente.

Más honesto.

Más pesado.

Más suyo.

Lysandro se acercó un poco.

—No la mires como una herida.

Castiel abrió los ojos, lento.

—¿Y cómo quieres que la mire?

—Como una persona que también sobrevivió a lo mismo que tú.

Jules bajó la vista.

—Y como alguien que todavía te importa, lo admitas o no.

Castiel se quedó quieto.

Entonces, por primera vez en la noche, su voz salió sin filo.

—Tengo miedo de verla.

Nathaniel dejó escapar un suspiro corto.

—Eso ya lo sabíamos.

—No de verla —corrigió Castiel, con la mandíbula apretada—. Tengo miedo de que me mire como si yo fuera el único culpable.

Lysandro lo observó con una comprensión limpia.

—Entonces no le des razones para pensarlo.

Castiel no respondió.

Pero el silencio que dejó era, en sí mismo, una promesa.

Una amenaza.

Una herida todavía viva.

Y en alguna parte de esa misma ciudad, sin que ninguno de los dos lo supiera todavía, el destino estaba acomodando sus piezas para obligarlos a enfrentarse otra vez.

✧ ────── ⋆ ────── ✧

La noche avanzó.

Madison abrazó a Celine hasta que la niña se durmió.

Castiel siguió en el estudio, en silencio, oyendo en su cabeza una canción que todavía no tenía nombre.

Mañana, ambos recibirían la confirmación.

Mañana, ambos volverían a escuchar el nombre del otro en voz alta.

Y mañana, sin saberlo, el mundo entero empezaría a girar otra vez alrededor de una historia que nunca terminó de cerrarse...

porque algunas historias no se acaban,solo esperan el momento de volver a romperte.