Capítulo 1
El partido de los sábados
El sol pegaba fuerte en la cancha de fútbol 5.
Nacho se bajó del auto y agarró el bolso.
—¿Segura que querés venir? —preguntó mirándome.
—Obvio. Me dijiste que jugaban todos los sábados.
Yo nunca había visto a su grupo de amigos. Sabía que después del partido siempre se juntaban a comer algo y hablar de River, así que me intrigaba conocerlos.
Cuando entramos a la cancha ya estaban casi todos.
—¡Nachoooo! —gritó Mariano desde el arco.
Todos se dieron vuelta.
Nacho levantó la mano.
—Les presento a mi hermana —dijo señalándome.
Lo miré de reojo.
—¿Hermana? —susurré.
—Es por tu bien —contestó en voz baja—. Este grupo es terrible.
Los chicos empezaron a acercarse.
El primero en saludar fue Luciano, que venía con Estefanía agarrada del brazo.
—Hola, yo soy el novio oficial del grupo —dijo riéndose.
Después vino Alan, que directamente dijo:
—Ah, la famosa hermana de Nacho.
Y detrás de todos apareció Leonardo.
Alto, confiado, con esa mirada de alguien que está acostumbrado a que todo le salga bien.
Me miró de arriba abajo.
—Hola —dijo—. Leonardo.
Algo en su tono parecía más un análisis que un saludo.
—Micaela.
Pero antes de que siguiera hablando, otro chico apareció caminando más tranquilo.
—¿Vas a jugar o viniste a modelar? —le dijo a Leonardo.
Leonardo sonrió.
—Callate, Leandro.
Ahí fue cuando lo vi bien.
Leandro no dijo nada más.
Solo me miró un segundo y levantó la mano en saludo.
—Leandro.
No sé por qué, pero su mirada fue distinta.
Más tranquila.
Más real.
Y justo en ese momento apareció Soraya, de la mano de Pedro.
Me miró...
y frunció la cara.
—¿Y ella?
—La hermana de Nacho —contestó Alan.
Soraya soltó una risa corta.
—Claro...
No dijo más nada. Pero quedó claro que no le caí bien desde el primer segundo.
Mientras los chicos empezaban el partido, me senté con Rocío y Cynthia en el costado de la cancha.
—Prepárate —me dijo Rocío.
—¿Para qué?
—Para Leonardo.
—¿Por?
Cynthia se rió.
—Porque cuando algo le gusta... no para hasta conseguirlo.
Miré hacia la cancha.
Justo en ese momento Leonardo metió un gol y levantó la cabeza hacia donde yo estaba sentada.
Sonrió.
Y señaló con el dedo como diciendo "ese fue para vos".
Pero sin querer mis ojos se fueron para otro lado.
Leandro, que estaba parado en mitad de cancha, me miraba...
como si estuviera pensando algo.
Algo que todavía no entendía.