Capítulo 1 — El comienzo de un nuevo final
Prólogo
El rugido atravesó el cielo.
No era un sonido.
Era una presión. Algo que hacía temblar el pecho desde dentro.
El niño tropezó y cayó al suelo. Se giró con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Mamá…!
Todo se estremecía.
Los edificios crujían. El suelo vibraba.
Y entonces algo gigantesco descendió entre las calles.
Cada paso hacía temblar el mundo.
Su madre lo agarró del brazo y lo empujó detrás de ella.
—¡Corre!
Pero el niño no podía moverse.
El miedo lo había congelado.
—¡CORRE! —gritó ella otra vez.
Un fragmento de edificio cayó desde arriba.
Ella no dudó.
Se puso delante.
El impacto fue seco.
El niño gritó.
—¡¡MAMÁ!!
Otro trozo de escombro salió despedido y le golpeó la ceja derecha.
Dolor.
Sangre.
Pero no le importó.
—¡¡MAMÁ…!! ¡¡MAMÁ!!
Levantó la mirada.
Y la vio.
La criatura bajó lentamente la cabeza.
Sus fauces se abrieron.
Demasiado grandes.
Demasiado oscuras.
Su madre lo empujó una última vez y el niño cayó hacia atrás.
Ella lo miró apenas un instante.
Y entonces la criatura la engulló de un solo movimiento.
El grito del niño se rompió.
Su boca quedó abierta, pero no salió ningún sonido.
El mundo entero se volvió silencio.
Sus ojos no se movían.
Su cuerpo tampoco.
Solo temblaba.
La criatura levantó la cabeza.
Y lo miró.
Directamente.
El niño no huyó.
Ni siquiera podía respirar.
La criatura dio un paso hacia él.
Luego otro.
Y entonces algo se movió entre el humo y las llamas.
El niño parpadeó.
Había alguien detrás de la criatura.
Una figura alta.
Inmóvil.
Difícil de distinguir entre el fuego.
Pero aun así podía verla.
Una mujer.
Dos cuernos rojos sobresalían entre el humo.
Y una sonrisa.
Pequeña.
Tranquila.
Como si estuviera observando una escena hermosa.
El niño abrió ligeramente los ojos.
No entendía qué estaba viendo.
Pero aquella presencia le dio más miedo que el propio monstruo.
Y entonces—
BOOM.
Un impacto brutal sacudió el suelo.
Algo cayó entre ambos.
Gigante.
Pesado.
Un mecha.
El aire se partió cuando una enorme espada atravesó al monstruo de lado a lado.
Un solo golpe.
Limpio.
La criatura quedó inmóvil.
Y cayó.
La escotilla del mecha se abrió.
Un hombre descendió entre el humo y los restos.
Caminó hasta el niño.
Se detuvo frente a él.
Lo observó unos segundos.
El niño seguía en el suelo.
Vacío.
Roto.
—Levántate.
No respondió.
—…¿Por qué…?
La voz del niño apenas existía.
El hombre lo miró fijamente.
—Porque los héroes no pueden quedarse para siempre en el suelo.
Las manos del niño temblaban.
Sus piernas no respondían.
Pero aun así…
se levantó.
EAMVerse: La grieta entre mundos
Volumen 1 — Conexión
Capítulo 1 — El comienzo de un nuevo final
El bosque estaba demasiado silencioso.
No se oían pájaros.
Ni viento.
Ni insectos.
Solo el sonido de las botas y las armaduras avanzando entre las raíces húmedas.
Los árboles se alzaban sobre el camino como gigantes oscuros, cubriendo casi por completo la luz del cielo.
Los caballeros avanzaban despacio, apartando ramas y raíces mientras la maleza rozaba sus armaduras.
Gladia caminaba junto a Erin con la mano cerca de su daga.
—Te lo dije.
Murmuró Gladia.
—Cuando el bosque está así de callado… algo va mal.
Erin miró alrededor.
—Mantente alerta.
Uno de los caballeros al frente levantó el puño.
—¡Alto!
Todo se detuvo.
Erin oyó algo entre los árboles.
Ramas rompiéndose.
Respiraciones.
Ojos brillando en la oscuridad.
Y entonces—
Todo estalló.
Algo salió disparado desde el bosque.
Luego otro.
Y otro más.
Hombres bestia.
Docenas de ellos.
—¡Emboscada!
Gritó uno de los caballeros.
Las espadas chocaron.
Los gritos llenaron el bosque.
Los hombres bestia no luchaban como soldados.
Se lanzaban sobre los caballeros como animales salvajes.
Mordían.
Arañaban.
Destrozaban la formación sin ningún orden.
Erin saltó sobre uno de ellos, girando en el aire.
Su espada atravesó el cuello de la criatura.
—¡Gladia!
Gladia levantó la mano.
La magia blanca comenzó a rodearla.
Pequeñas partículas de luz flotaron alrededor de su cuerpo.
Una explosión de luz lanzó a varios enemigos contra los árboles.
Pero eran demasiados.
Uno tras otro, los caballeros comenzaron a caer.
Gritos.
Sangre.
Armaduras golpeando el suelo.
El bosque se convirtió en un caos.
Y luego…
A su alrededor… solo quedaban cadáveres.
Erin estaba cansada.
Y Gladia respiraba con dificultad.
—Bueno…
Miró alrededor.
—Eso ha salido peor de lo que esperaba.
Erin no respondió.
Porque algo más estaba llegando.
Un sonido profundo resonó entre los árboles.
Pesado.
Lento.
Como si algo gigantesco estuviera aplastando el bosque a cada paso.
Erin levantó la mirada.
Algo salió de la oscuridad.
Primero fueron los ojos.
Rojos.
Brillando entre los árboles.
Luego apareció el cuerpo.
Un lobo.
Pero no uno normal.
Era enorme.
Su pelaje negro parecía tragarse la poca luz del bosque.
El vapor salía lentamente de sus fauces.
Y entonces Erin lo vio.
Entre los colmillos de la criatura…
había algo metálico.
Gladia entrecerró los ojos.
—Ese… no estaba en el informe.
El lobo gruñó.
Grave.
Antinatural.
Y entonces abrió lentamente la mandíbula.
Erin sintió un escalofrío.
Porque entre los colmillos de la criatura…
había una espada.
Oxidada.
Antigua.
Sujetada entre sus dientes como si supiera usarla.
Erin frunció el ceño.
—¿Ese monstruo… está usando una espada?
Gladia murmuró.
—Esto ya me parece demasiado raro...
El lobo cargó.
Erin levantó su arma justo a tiempo.
CLANG.
La espada del lobo chocó contra la suya.
Gladia parpadeó.
—¡¿En serio pelea con una espada?!
—¡Gladia concéntrate!
—¡S-Sí!
El monstruo volvió a atacar, moviendo la cabeza con violencia para lanzar cortes torpes pero brutales.
Erin bloqueó otro golpe.
—¡Es fuerte!
Gladia se movió a su lado.
—Entonces luchemos juntas.
El lobo retrocedió un paso.
Y de pronto su cuerpo se encogió.
Erin abrió los ojos.
—Espera…
El monstruo se encogió de golpe.
Sus músculos se tensaron.
Y empezó a girar sobre sí mismo.
Cada vez más rápido.
Una bola negra con un filo oxidado atravesando el bosque.
La espada cortaba el aire como una cuchilla descontrolada.
Erin se apartó.
Y—
—¡CUIDADO!
El impacto golpeó a Gladia en el costado.
—¡GH—!
Su cuerpo salió despedido contra un árbol.
Erin apretó los dientes.
—¡GLADIA!
—Estoy bien…
Gruñó ella levantándose.
—Solo me tomó por sorpresa.
El lobo volvió a atacar.
Erin se plantó delante.
—Tengo un plan.
Gladia arqueó una ceja.
—¿Ah sí?
Erin asintió.
—Ya sabes qué hacer.
Gladia tardó un segundo en entender y después sonrió.
—Entiendo.
Gladia extendió la mano.
—Necesito unos segundos.
Una luz blanca comenzó a reunirse en su palma.
Pequeñas partículas de energía giraban lentamente.
Erin avanzó.
—Entonces yo te cubro.
El lobo cargó otra vez.
Erin desvió el primer ataque.
CLANG.
Luego otro.
CLANG.
Y un tercero.
CLANG.
Salían chispas de las espadas.
Tres espadazos seguidos que bloquearon los golpes salvajes del monstruo.
—¡Gladia! ¿Cómo vas?
—Un poco más…
Dijo Gladia concentrada.
—¡Necesito unos segundos más!
El lobo rugió.
Giró de nuevo como un erizo.
La espada entre sus colmillos cortaba el aire.
Esta vez no solo golpeó.
La espada le abrió un corte en el brazo a Erin.
—¡UGH!
La chica salió despedida y cayó de espaldas.
Se tocó el brazo izquierdo.
Sangre.
Cuando reaccionó—
El lobo ya estaba sobre ella.
La espada descendía directo hacia su pecho.
Gladia levantó la mirada.
—¡ERIN!
Erin lo bloqueó apenas.
El lobo seguía haciendo presión.
El corte no la ayudaba.
De repente—
Gladia gritó.
—Tú maldito…
Frunció el ceño.
—Los lobos negros siempre habéis sido unos idiotas.
Captó la atención del monstruo, miró hacia ella por un instante.
Y en ese instante bastó.
Erin lanzó un puñetazo directo al hocico del lobo.
—¡Atrás!
El golpe lo hizo retroceder.
—¡Ahora!
Gladia lanzó una bola de energía.
—¡LIGHT BLIND!
El lobo quedó mirando la bola de luz.
Gladia cerró el puño con fuerza.
—¡JAAAA!
Un destello blanco recorrió su brazo.
Y entonces—
La esfera explotó.
Una onda de luz cegadora golpeó al lobo de frente.
El monstruo rugió.
La luz lo cegó.
Retrocedió tambaleándose.
Erin se levantó.
Corrió.
Hacia un árbol cercano.
Saltó.
Y, con un grito, hundió su espada hacia abajo.
—¡HAH!
La hoja atravesó el pecho del monstruo.
El lobo negro cayó con un golpe seco contra el suelo.
Durante un segundo…
nadie se movió.
El bosque volvió a quedarse en silencio.
Erin levantó lentamente su mano hacia su brazo herido.
—Cura.
Una luz amarilla cubrió la herida.
La sangre se detuvo.
La piel empezó a cerrarse lentamente.
Erin respiró hondo.
Luego miró al lobo.
—Eso… no era un lobo normal.
Gladia caminó hacia la criatura con cautela.
—No… definitivamente no.
Entonces lo vio.
La espada sobresalía entre los colmillos del animal.
Gladia frunció el ceño.
—Esa espada… es rara.
Erin se agachó.
Apartó con cuidado la mandíbula del lobo.
Y vio la espada mejor.
La hoja estaba rota y cubierta de marcas antiguas.
En la empuñadura brillaba una gema azul.
Gladia entrecerró los ojos.
—Eso no me gusta.
Erin levantó la espada.
—Los hombres bestia usan armas a veces.
Erin siguió.
—Y algunas bestias...
Gladia negó.
—Pero...
—no espadas como esa.
Frunció el ceño.
—Aunque...
Antes de que Gladia pudiera continuar…
El bosque comenzó a temblar.
Primero fueron pasos.
Muchos.
Demasiados.
Entre los árboles comenzaron a aparecer criaturas.
Decenas.
Hombres bestia.
Monstruos.
Bestias deformes.
Gladia levantó la daga.
—Genial…
—Más.
Pero entonces Erin lo notó.
Ninguna las estaba mirando.
Ninguna quería luchar.
Corrían.
Huían.
Como si algo las estuviera persiguiendo.
Gladia bajó lentamente el arma.
—Erin…
Erin también lo vio.
—Sí… Gladia...
Todas corrían en la misma dirección.
Lejos de algo.
Gladia tragó saliva.
—Algo está pasando...
De repente—
El aire se volvió pesado.
Una sombra gigantesca cubrió el bosque.
Erin levantó la mirada.
Y su respiración se detuvo.
Un dragón descendía del cielo.
Gigantesco.
Sus alas atravesaban la niebla como si cortaran el propio aire.
La luz se reflejaba sobre su piel naranja, ausente de escamas, brillando como metal fundido.
El monstruo aterrizó frente a ellas.
BOOM.
El suelo tembló.
Los árboles se inclinaron por el impacto.
Y el bosque entero quedó en silencio.
Erin y Gladia se quedaron completamente inmóviles.
El dragón las observó.
Sus ojos no parecían los de una bestia.
Eran antiguos.
Inteligentes.
Como si estuviera observándolas desde hacía muchísimo tiempo.
Entonces ocurrió algo extraño.
La espada vibró.
Primero levemente.
Luego con fuerza.
La gema azul comenzó a brillar entre las grietas de la hoja oxidada.
El aire alrededor empezó a deformarse.
Erin seguía en shock por el dragón.
Gladia vio la espada primero.
—Erin… suéltala.
Erin se fijó en la espada.
Y por reacción la tiró.
La gema brilló.
La espada se levantó lentamente en el aire.
Sin que nadie la tocara.
Gladia dio un paso atrás.
—…¿Qué…?
El dragón inclinó ligeramente la cabeza.
Como si hubiera estado esperando ese momento.
Erin extendió la mano.
Como si la gema la llamase.
—¡ERIN, NO!
Gritó Gladia.
—¡Ese no es el objeto perdido que buscamos!
Pero Erin ya estaba tocando la gema.
El mundo se quebró.
Durante un instante—
Erin dejó de sentir el bosque.
Y vio otra realidad.
Erin vio una instalación gigantesca enterrada bajo una ciudad.
Un hangar.
Enorme.
Lo suficientemente grande como para albergar mechas completos.
Luces rojas parpadeaban entre estructuras destruidas.
Había brazos mecánicos colgando del techo.
Cápsulas abiertas.
Restos de metal.
Sangre.
Y enormes siluetas incompletas conectadas a cables gigantescos.
Algunas parecían mechas.
Otras…
no parecían humanas.
En otro lugar…
Ese mismo piloto estaba tocando un cristal.
Y, desde el otro lado…
en el reflejo del cristal,
apareció el bosque.
El piloto levantó la mirada.
Erin sintió que la veía.
Se apartó.
Y entonces…
la visión desapareció.
Erin cayó de rodillas.
La espada se deshizo en polvo.
El dragón abrió lentamente las alas.
Antes de alzar el vuelo, volvió a mirar a Erin.
Como si acabara de confirmar algo importante.
Luego desapareció en el cielo.
El bosque volvió a quedar en silencio.
Gladia corrió hacia ella.
—¡Erin!
Erin respiraba con dificultad.
Gladia la sacudió.
—¿Qué has visto?
Erin levantó lentamente la cabeza en shock.
—Otro mundo.
Y en ese otro mundo—
La ciudad ardía.
Entre los rascacielos rotos se movían sombras gigantescas.
Criaturas deformes avanzaban entre los edificios destruidos.
Sus cuerpos eran grotescos.
Mitad carne.
Mitad máquina.
Placas metálicas sobresalían de su piel, cables colgaban como venas artificiales y sus ojos brillaban con una luz roja enfermiza.
Los llamaban Kaijutech.
Monstruos nacidos de biología alterada y tecnología militar.
En el cielo nocturno descendieron varias siluetas metálicas.
Los mechas del escuadrón Drako.
—Contacto visual con cinco betas
Informó Nyx desde su cabina, en el mecha de color morado.
Su voz era tranquila, calculadora.
—Distribución irregular.
—Patrón de ataque impredecible.
Dentro de su mecha de color azul, Eick activó su arma.
Una pistola-espada modular.
El arma estándar del escuadrón.
Misma arma.
Distinta escala.
Una para mechas.
Otra para soldados.
Una hoja de energía que podía disparar ráfagas de plasma desde el guardamanos.
—Escuadrón Drako…
Eick activó la espada-pistola.
—Entramos.
Los mechas descendieron.
Eick — el líder
El mecha de Eick cayó al suelo con un impacto brutal.
Uno de los Kaijutech cargó hacia él.
Su cuerpo estaba cubierto de placas metálicas y su brazo derecho terminaba en una sierra rotatoria.
Eick sonrió.
—Vienes directo al líder.
Eick giró el arma.
Modo espada.
La criatura atacó.
Eick bloqueó el golpe.
El choque metálico sacudió la calle.
Apretó los dientes.
—Es más resistente de lo normal.
El Kaijutech lanzó otro ataque.
Eick esquivó.
Activó el modo pistola.
Dos disparos.
Los proyectiles de plasma atravesaron la rodilla del monstruo.
La criatura cayó.
Eick saltó hacia delante.
—Se acabó.
Su espada atravesó el núcleo mecánico del Kaijutech.
Explotó.
—Fácil.
Nyx respondió por radio.
—Como siempre… demasiado dramático.
Eick sonrió.
—Es parte del espectáculo.
Rika — la protectora
Otro Kaijutech saltó desde un edificio.
Directo hacia Eick.
Rika lo vio.
—¡Eick!
El mecha naranja de Rika apareció entre ambos.
Activó su pistola-espada.
Modo pistola automática.
Una lluvia de disparos impactó contra el Kaijutech.
Pero el Kaijutech resistía.
Rika se sorprendió.
—Es muy resistente.
Rika cambió el arma a modo espada.
Sonrió.
—Entonces lo hacemos a la vieja manera.
El filo de energía se extendió desde el arma.
Un solo golpe.
La hoja atravesó el pecho del monstruo.
—Neutralizado.
Rika suspiró.
—Eick, intenta no morir en cada misión.
—No prometo nada.
Kairo — el bromista
Un Kaijutech volador descendió desde las nubes.
Sus alas metálicas estaban llenas de cañones.
—Oh, genial
Dijo Kairo.
—Uno que vuela.
Su mecha rojo salió disparado hacia el cielo.
Sonrió.
—Veamos quién vuela mejor.
El Kaijutech disparó misiles.
Kairo giró entre los edificios.
—¡Y ahora la lección del día!
Activó su pistola-espada.
Modo ráfaga.
Disparó varias veces.
Uno de los disparos destruyó el ala del monstruo.
La criatura cayó.
Kairo descendió en picado.
—Clase de vuelo terminada.
Clavó la espada directamente en el núcleo del Kaijutech.
Y explotó.
El mecha de Kairo subió un puño a modo de victoria.
—¡Y otro punto para el equipo!
Nyx — la estratega
Nyx no luchaba como los demás.
Su mecha permanecía elevado sobre un edificio.
Su visor analizaba cada movimiento del último Kaijutech.
—Blindaje frontal reforzado.
Se ajustó las gafas.
—Pero articulaciones expuestas.
Sonrió.
Cogió la radio y habló.
—Ilya.
—¿Sí?
—Distráelo.
Ilya — la prodigio
El mecha blanco de Ilya descendió como un relámpago.
—¡Hey, monstruo!
El Kaijutech giró hacia ella.
La criatura lanzó tentáculos mecánicos.
Ilya esquivó saltando entre los edificios.
Su mecha se movía con una agilidad increíble.
—¡Vamos!
El Kaijutech quedó expuesto.
Sonrió ligeramente.
—¡Dagan!.
Dagan — el tanque
El mecha verde de Dagan cayó desde el cielo.
Como un meteorito.
Dagan levantó su espada-pistola.
Modo espada pesada.
Un golpe.
BOOM.
El Kaijutech fue partido en dos.
El impacto hizo temblar la calle.
Dagan habló con voz tranquila.
—Objetivo neutralizado.
Kairo rió por radio.
—Siempre tan ruidoso.
El combate terminó.
Los restos de los Kaijutech se evaporaban.
En el canal de radio se escuchó otra voz breve.
—Zona trasera limpia.
Era Solen, la nueva integración del equipo, la más silenciosa del escuadrón Drako.
Con su mecha negro, casi nadie la veía combatir.
Prefería permanecer en los sistemas, revisando datos o vigilando sensores.
Kairo comentó:
—Ah, el fantasma sigue vivo.
Rika intentó suavizarlo.
—Va, Kairo. Tampoco seas así.
Es su tercera expedición con nosotros.
Kairo se encogió de hombros.
—¿Y?
Rika alzó una ceja.
—¿Te tengo que recordar cuánto tardaste tú en soltarte?
Kairo la miró.
Luego apartó la vista.
—Vale, vale.
Lo retiro.
El grupo empezó a reír.
Todos menos Solen.
Ella simplemente apartó la mirada.
Minutos después, los mechas aterrizaron frente a una estructura enterrada bajo la ciudad.
Una entrada metálica.
Antigua.
Sellada con símbolos de clasificación militar.
Eick abrió la cabina de su mecha y saltó al suelo.
—Equipo de recuperación conmigo.
Rika descendió también.
Ilya saltó desde su mecha.
Dagan caminó tras ellos.
Kairo levantó la mano.
—Yo revisaré si existe otro acceso.
—No te pierdas
Dijo Rika.
Kairo sonrió.
—Nunca.
Nyx abrió un panel y comenzó a tocar.
—Y... listo.
Se abrió la puerta metálica.
Había un ascensor.
Eick sonrió.
—Buen trabajo Nyx.
Nyx se sonrojó.
—Oh.
Giró ligeramente la cabeza.
No fue nada.
Ilya se acercó a Eick.
Ladeaba su cuerpo.
—Jooo, yo también quiero que me digas lo bien que lo hago...
Rika frunció el ceño con envidia.
—Nininini.
Eick se puso una mano en la nuca.
—Mejor entremos...
El ascensor descendía lentamente.
Las paredes metálicas vibraban con un zumbido eléctrico constante...
mientras las luces rojas del interior parpadeaban.
Dentro de la cabina, los pilotos permanecían en silencio.
—Nivel subterráneo siete.
Anunció la voz automática.
Eick habló directo.
—Recordad el objetivo.
—Recuperar el chip de datos y salir.
Rika respondió.
—Entendido, Eick.
Frunció el ceño.
—Y procura no romper nada raro esta vez.
Eick sonrió.
—No prometo nada.
Rika suspiró.
—Nunca cambiarás...
Dagan seguía de brazos cruzados serio.
Ilya ladeó la cabeza forzando la sonrisa.
—Es el capitán...
Las puertas del ascensor se abrieron.
Un pasillo oscuro apareció ante ellos.
El laboratorio era antiguo.
Muy antiguo.
Las paredes estaban cubiertas de cables arrancados y pantallas rotas.
El aire olía a metal y humedad.
Ilya comentó.
—Este lugar me da mala espina.
—Terminamos rápido y nos vamos
Respondió Eick.
Un sonido surgió de la oscuridad.
Algo se movía.
Entonces aparecieron.
Criaturas.
No eran gigantes como las de la superficie.
Estas criaturas tenían el tamaño de un humano adulto.
Sus cuerpos estaban deformados.
Sus movimientos eran erráticos.
—Contacto.
Mencionó Rika.
Los pilotos levantaron sus pistola-espadas.
Disparos.
Las ráfagas de plasma iluminaron el pasillo de azul.
Las criaturas saltaron entre las sombras.
Pero el escuadrón estaba entrenado.
En pocos segundos, todo terminó.
Solo quedaban los cuerpos en el suelo evaporándose.
Las luces del pasillo iluminaron el lugar.
Era un hangar gigantesco.
Había mechas dañados repartidos por todas partes.
Algunos estaban abiertos por la mitad.
Otros parecían haber sido arrancados desde dentro.
Viscosidad negra cubría parte del suelo y las paredes.
Eick rompió el silencio.
—Bien deberíamos separarnos.
Ilya se tensó.
—En las películas esto siempre acaba mal…
Eick suspiró.
—No estamos en una película.
Ilya se acercó más.
Demasiado.
—Va, capitán…
—vayamos juntos.
Apoyó su cuerpo contra su brazo.
Eick se sonrojó ligeramente.
Carraspeó.
—Bueno…
—supongo que no hay problema.
Rika parpadeó.
Y se fue quejándose ella sola.
Escuchándose de fondo.
Nininini.
Dagan inhaló.
—Bien yo iré por aquí.
De repente…
Uno de los cadáveres se movió.
La criatura abrió los ojos.
Saltó directamente hacia Rika.
Rika abrió los ojos.
—No puede ser...
—¡RIKA!
Un disparo atravesó la cabeza del monstruo.
La criatura cayó.
Kairo estaba detrás de ella.
Sonriendo.
—Siempre tienes fans.
Rika suspiró.
—¿No estabas en el otro acceso?
—Llegué hasta aquí
Rika alzó la ceja.
—Ah...
Kairo bajó la cabeza suspirando.
—Así me lo agradeces...
Rika activó la radio.
—Tranquilos.
—Estoy bien...
Miró a Kairo.
Kairo me echó una mano.
Kairo le guiñó un ojo.
Mientras tanto—
Eick avanzó junto a Ilya entre los restos del laboratorio.
Las paredes estaban llenas de símbolos extraños y terminales rotos.
Ilya preguntó.
—¿Qué estaban haciendo aquí?
Eick observó una puerta blindada abierta.
—Experimentos biológicos.
La radio volvió a sonar.
—Recuerda el objetivo
Dijo Rika.
—Buscamos el chip de datos.
Se oyó de fondo a Kairo.
—Eso, eso.
Eick asintió.
—Sí...
Al fondo del laboratorio había una sala pequeña.
Las luces parpadeaban débilmente.
El techo estaba parcialmente derrumbado.
Entonces—
—Achís.
Eick se detuvo.
Ilya también.
Eick parpadeó.
—…Salud.
Silencio.
Un segundo después—
—Gracias.
Eick se quedó completamente quieto.
Giró la cabeza lentamente hacia Ilya.
Ilya levantó las manos al instante.
—No he sido yo.
Silencio incómodo.
Eick frunció el ceño.
—Vale…
—Eso ha sido raro.
Empezó a caminar hacia la sala.
—Hola…
Ilya abrió los ojos.
—¿Pero tú estás loco?
Dio un paso atrás.
—Ni loca voy ahí.
Eick siguió.
En el centro de la habitación había una mesa metálica.
Y sobre ella…
Algo brillaba.
Un cristal.
Pequeño.
Azulado.
Eick se acercó lentamente.
La luz del cristal pulsaba como si estuviera vivo.
Ilya miró confundida.
—No estarás pensando en tocarlo.
Eick levantó los hombros.
Ilya habló por radio.
Un segundo después—
—Eick.
Dijo Rika por radio.
—Sí.
—No toques nada extraño.
—¿Por qué?
—Las órdenes dicen que este laboratorio puede tener materiales radiactivos.
Eick observó el cristal.
—Solo voy a mirarlo.
Ilya reaccionó.
—Eick, espera...
Pero ya era tarde.
Sus dedos tocaron el cristal.
Y el mundo desapareció.
Por un instante…
Eick vio otra realidad.
Un bosque.
Dos chicas.
Una con cabello blanco y orejas de gato.
La otra con un rubio dorado.
Un dragón gigantesco se alzaba frente a ellas.
La chica rubia estaba tocando con su mano, una espada con una gema.
Sus miradas se cruzaron.
Como si pudieran verse.
Entonces…
la chica se echó para atrás.
Y la visión se rompió.
El cristal se desintegró en polvo.
Eick dio un paso atrás.
—¡EICK!
Gritó Rika por la radio.
—Estoy bien.
Ilya estaba en shock.
—¿Qué ha pasado?
Eick miró su mano.
Como si aún pudiera sentir aquella luz.
El cristal ya no existía.
Solo polvo.
Ilya tragó saliva.
—Capitán…
—¿Qué has visto?
Eick no respondió al instante.
Miró la oscuridad del laboratorio.
Luego…
habló.
—Creo…
Miró al frente.
—Creo que acabo de ver otro mundo.





