Susurros de la Tierra / Universos Continuos

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Summary

Cada historia sucede en un universo distinto. Algunas historias son acontecimientos ocurridos dentro de otras obras, las cuales se publicaran en su momento. Pueden describir: hechos previos, menciones breves o simplemente son parte del mismo mundo. Una que otra, nos va contando más sobre la historia principal de la "Obra", creada por Lebh y Kebh. © indautor.

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Complete
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9
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n/a
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18+

La Orden del Alba: Las Cinco Cortes de Ahisa

“Que el albor glorifique la Obra y evite que atenten contra la verdad. Que todo aquel que intente corromper tu creación, se desplome, incluso nosotros; tus hijos. Que la palabra sea la clave y los mandamientos el camino. Juramos lealtad a la luz antes del amanecer. Juramos lealtad ante ti”

En los primeros pasos de la existencia, el Señor de las Esencias —creador del Todo— desterró de las siete esferas a su mano derecha; al Señor de las Sustancias, por rehusarse a seguir el camino y las normas con la que se estructuró la Obra Divina, y sobre todo, por atentar contra él. «Inadmisible», lo catalogó el Grandísimo. En el acto, el Señor de las Sustancias terminó perdiendo un pedazo de ser —un racimo—. Este trágico hecho, fue un ejemplo para conseguir la obediencia de todos los seres que habitan en la Obra, y quienes no gustaron de seguir bajo el régimen, saltaron junto al desterrado para convertirse en renegados, en rassayas.

Con el desvanecimiento del Señor de las Sustancias y sus adeptos, el señor de las Esencias creyó que la deslealtad había acabado. Presumió que sería imposible que alguien cometiese la misma estupidez de traicionarle, sin embargo, se equivocó. Al tiempo, una de sus aves; una de las más hermosas creaciones que existió en la copa del gran árbol Dalmara, se le acercó con sigilo y velozmente le hizo una abertura a su espina dorsal. Rebuscó entre sus vertebras espirituales el preciado racimo, y al obtenerlo, huyó. Intentaba llegar a la parte tangible de la creación. «Posiblemente con la intención de ir a sembrar discordia», concluyó el Todopoderoso. Y al observar quien era el ladrón, no dudó en retumbar su nombre a través de todas las esferas, con la intención de marcarlo como un renegado; un rassaya. Advirtiendo que ya había atravesado a los terrenos tangibles, invocó a su mejor ballestero. Le ordenó detenerle antes de que el ave escapase. El magnífico arquero, previo a disparar titubeó; se trataba de una de las mejores aves de la cima del árbol universal, pero al Señor de las Esencias ya no le importó la seguridad de la hermosa criatura que había creado desde en el principio de los tiempos, incluso, si perdiese el tan valioso ramillete, lo que quería era detenerle.

El soldado se situó en el límite de lo visible e invisible y lanzó su mejor flecha espiritual. La bendita que resplandeció al andar, recorrió una parte del carrusel universal de forma veloz hasta dar en el blanco. Inmediato que hizo contacto con el objetivo, se dispersó una luz azul que iluminó esa parte del espacio. Desdichada Ave de Luz, que tal colisión, desintegró todo su hermoso cuerpo, y sus restos, fueron inmediatamente absorbidos por un agujero negro. Para el Altísimo era lo justo, que las sobras del ave quedaran en el vacío, en la nada. Y del ramillete, debido a la naturaleza única de su dueño, volvió a su estado primitivo y fue devuelta al Señor de las Esencias, y él, a su vez, reflexionó del acto. Que magnánima lección se había llevado; que después de haber sido extremadamente riguroso para evitar futuras traiciones, caía en una segunda y con otro de sus más preciados allegados, uno que indudablemente renacería por ser un inmortal. El Señor de las Esencias se llenó de tanto resentimiento, que decidió enviarle al Rector Rashiel, un ejército exclusivo de guerreros Dalmaras, para establecerlos en la parte tangible como una organización destinada a encargarse de suprimir al Ave en sus futuras reencarnaciones, y a su vez,darle fin a todos los rebeldes que se llegaran a levantar en los distintos planetas de los universos.

Hecho esto, el Señor de las Esencias separó una parte de su ser para dejarla a cargo de las esferas espirituales, de ello, se elevó por encima de la copa del árbol Dalmara —donde nadie puede llegar—, para recluirse hasta el final de los días, o eso señaló.

Y del otro lado, Rashiel acató las órdenes. Dispersó al ejército por todos los bastos universos de todas las esferas materiales, con la intención de que ellos instruyeran a seres magníficos y seres inferiores con habilidades sobrenaturales, para erradicar a los rassayas.

A través de los eones de tiempo, todos los miembros del ejército concluyeron con su misión, y en su mayoría, volvieron al árbol Dalmara, y solo unos cuantos, se quedaron para seguir instruyendo. En cuanto a los seres adiestrados, ellos consolidaron la cofradía, a la que se le nombró como “La Orden del Alba”.

Fuera de los planes iniciales, ésta terminó conformándose en su mayoría de seres inferiores, llevando el precepto de lealtad hacia su Dios, a la luz, y a la verdad, con el primordial mandato de erradicar a los traidores, por los medios que fuesen necesarios, en cualquier lugar del plano físico. Dejando en último, suprimir al Ave de Luz, y no porque fuera menos importante, sino que, el Ave tardaría en reencarnar. Se hablaba hasta de milenios.

Y a ojos de sus integrantes, la sociedad siempre ha existido, se ha mantenido oculta de cualquiera y perdurará hasta el final de los días. Por ley divina, la Orden del Alba nunca terminará sus labores. Su permanencia recae en las descendencias aptas o en el destino, y en cualquiera de las dos, las condiciones se acomodarán naturalmente para continuar con la labor religiosa.

Perpetuamente habrá:

Líder/mentor: al ser elegido será sometido a un ritual para la obtención de poderes sobrenaturales con el propósito de combatir a los infieles y liderar a su hermandad. Solo hay un líder por cada grupo.

Propagadores: de la carne; fecundadores, la palabra; oráculos, y de la acción; cazadores.

Ascendidos —de carácter bélico—: magníficos e irrefrenables, que mantienen la honra de la Orden tomando puestos de alto rango, ya sea políticos o militares. Siempre el más eminente se coloca como líder/mentor de su agrupación. Ellos son los que procrean nuevos modelos.

Modelos: hijos de los ascendidos. Muy pocos se vuelven ascendidos, mientras que los demás se volverán propagadores.

Seguidores: familias que se han vinculado a la Orden por generaciones y luchan por ella. Entre ellas están las Tribus: de ahí salen los pequeños que se convertirán en propagadores, sea de clase 1, 2 o 3.

Simpatizantes: aquellos que han encontrado en la organización una verdad o son afines a sus planes.

Los diferentes grupos de la Orden del Alba se han mantenido separados unos de otros para no entrometerse en asuntos ajenos, operando de distinto modo y centrándose en cuidar sus respectivos territorios, aunque bien, existe una excepción. El Señor de las Escenas localizó el lugar donde el Ave de Luz se desplomó, en donde resurgirá; en un universo de la mitad de la cuarta esfera, en un planeta llamado Daman, específicamente en el continente de Ahisa. Entonces, por instrucción colocó un grupo de la Orden por cada país. Para mantenerse en la espera e impedir que resurja totalmente el Ave. Las veces que sea necesario, y así, evitar que continúe con su insurrección.

Y en un principio, los cinco grupos no tuvieron inconvenientes, ya que se tenía clara la misión. Entre ellas se relacionaron y fraternizaron, apoyándose mutuamente para erradicar a los rebeldes —rassayas—, aunque fueron más los massayas —engendros— que eliminaron. Todo gracias a las energías demoniacas que rodeaban Ahisa. A través de la experiencia, los grupos aprendieron bastante sobre las diferentes variedades de massayas, mejoraron sus técnicas cuerpo a cuerpo, con armas modificadas, con hechizos e invocaciones para su eliminación. Y el conocimiento se intercambió. He de ahí, que surgieran grandes figuras de líderes, oráculos y guerreros. Desafortunadamente, con el pasar del tiempo, todos ellos terminaron siendo personajes históricos en los archivos de sus arcaicas bibliotecas, a su vez, se fue perdiendo el objetivo principal, dejando que las nuevas generaciones de autoridad obraran en base a sus deseos personales, con cuya consecuencia fue la desunión y desigualdad de los cinco grupos. Y cuando el grupo de Mwang Tai predominó, el líder y sus descendientes impusieron su voluntad sobre todos, obligándolos a operar bajo su mando por casi ciento veinte años.

Arus Mun resultó ser el último Líder de Mwang Tai en mantener esa tradición. Igual que su padre, su abuelo o bisabuelo, predominaba en el uso de la magia, de entre todos los miembros de los cinco clanes, y así los mantenía a la raya. Era un hombre particularmente ambicioso, que no solo pretendía dominar a las cinco cortes sino también utilizar todos sus recursos para controlar a cada país hasta hacerse del continente, luego pasaría a otros continentes donde la magia casi no se practicaba, y usaría a todos los miembros de la Orden como un ejército para conquistarlos hasta dominar el mundo. La mayoría de los integrantes de los demás grupos estaban en desacuerdo, temían de sus planes por ser diferentes a los que se les encomendó en un inicio, pero nadie se opuso por miedo. Fue hasta que Surleim Hakem, Líder de Donesie convocó a escondidas a Faris Vah-Liuz, la Líder de Ganea y Duran Dava, el Líder de Tanah, descartando a Dezaley Genova, Líder de Tawan, que para ese momento no se presentaría por estarse debatiendo la vida al ser maldecida por un rassaya.

En dicha reunión, Surleim trató de persuadirlos a detener a Arus Mun de la dominación, por medio de un plan en el que había estado trabajando desde un par de años atrás. Les contó que había robado uno de los pergaminos prohibidos de las catacumbas de la biblioteca de su sede, con el propósito de invocar a un massaya de alto rango para asesinar a Arus. Tanto Vah-Liuz como Dava se negaron, por considerar una insolencia su ultraje a las tumbas de los difuntos fundadores y por intentar liberar a un ser maligno, una acción muy contraria a su deber. Posterior a una larga discusión, Surleim los convenció ofreciéndose a ser quien cometiese la falta, todo para deshacerse del opresor.

A las semanas y sin que nadie supiese, Surleim viajó a las orillas de Mwang Tai. Y durante toda la noche realizó el calamitoso ritual. Liberó al engendro; una gigantesca y azulada oruga, que en la parte superior, tenía cuatro ojos esféricos de color negro, y en su cuerpo, muchos agujeros, por los cuales salían tentáculos que al latiguear, generaba ventarrones. La criatura, consciente de estar en una esfera tangible, se agitó de un lado a otro e hizo temblar el suelo, y Surleim, pese a estar estremecido de aquel ser, tuvo que agarrar valor y continuar con el plan, ya que de lo contrario, perdería la vida a manos del massaya. Con las pocas energías que le quedaron, ejecutó un hechizo para teletransportar al monstruo a las afueras de recinto de la Orden de Mwang Tai. Al lograrlo, la bestia continuó con lo suyo; se agitó y comenzó a destruir todo a su alrededor. Y Arus Mun lideró a su gente para eliminar al monstruo.

La mayoría de los cazadores de Mwang Tai poseían grandes habilidades, eran los mejores en el campo de batalla. Al hacerle frente, los guerreros cuerpo a cuerpo lo atacaron y le cortaron varias extremidades, los mixtos además de ayudar en cercenarlo, le lanzaron hechizos, y los magos, desde lejos hacían segunda. Llegó un momento, en el que la aberración se encolerizó. Con los tentáculos que le quedaron, destruyó otros edificios y estructuras. Fragmentos de piedras y otros materiales volaron, aplastando o hiriendo a varios magos, y quienes estuvieron cerca, les cortó en pedazos. Algunos perdieron la vida, mientras que a otros, los dejó fuera de combate. «Esto era una batalla perdida», dedujo Arus Mun, al ver correr sangre por doquier. Ellos no se enfrentaban a un massaya común, por su alta vibración y persistencia, determinó que se trataba de un massaya de alto rango, uno que había sido Dalmara. Arus inmediatamente mandó a su hija Valah y a algunos hechiceros, a hacer un ritual de invocación para teletransportar agentes de las demás agrupaciones. Ella era una de las mejores cazadoras especializada en los conjuros, y aunque se negó a dejarlo, tuvo que hacerlo por la supervivencia, mientras que él seguiría haciéndole frente al demonio. Arus concluyó que, posiblemente de esta batalla no saldría, y por un instante pensó en el Benefacto, pero en este caso no aplicaba, porque la obtención del poder era solamente para combatir un rassaya de alto grado como el Ave. Aun sabiendo que estaba en desventaja, le enfrentó. Muy aparte de que Arus Mun fuera un sujeto extremadamente ambicioso, también era aguerrido y arrojado, muy propio de un ascendido, y por ello se quedó combatiendo a lado de su gente.

Valah tardó en alejarse de la ajetreada batalla, la razón era para poder hacer la invocación, y en ese lapso, de todo el batallón, unos cuantos quedaron. Mun dio todo de sí para intentar derrotarle, y para cuando los refuerzos llegaron, solo remataron al engendro. En ese punto, él ya agonizaba.

Cuando Surleim, Faris y Duran se le acercaron, constataron con sus propios ojos como la dictadura concluía con su partida. Y respecto a los soldados de Mwang Tai que sobrevivieron, también lo consideraron así. Para ellos, su gran Líder había caído como cualquier otro soldado en esta batalla, y curiosamente ninguno objetó respecto al ataque del massaya.

Y como cualquier jornada que concluye, este capítulo también terminó con el sepulcro del mártir.

Como consecuencia, el grupo de Mwang Tai quedó debilitado a falta de la gran parte de sus elementos, y eso los llevó a regularse con los otros grupos, sin embargo, Valah Mun no quedó satisfecha, para ella había sido muy evidente la traición, no obstante, silenció. Gracias a la dura educación que había recibido desde niña por parte de su difunta madre; una destacable cazadora de su tribu Aranon, pacientemente ideó un plan para vengarse de la muerte de su padre. Estaba posicionada como una sobresaliente cazadora, y no dudó en cortejar al ascendido Jhorn Bessa, que por su transparencia y sus aptitudes en batalla, fue elegido nuevo Líder de Mwang Tai. Se casaron y al poco tiempo, tuvieron un varón, a quien nombraron Judvey.

En el transcurso de veintinueve años, Valah educó a su hijo a su modo; rencoroso y ambicioso. Fingía ser de buenos valores ante la sociedad para tener la aceptación y así lograr ser el siguiente sucesor de Líder. Y al ser considerado un virtuoso modelo, no dudó que lo lograría. Judvey ansiaba la posición, no importando si tuviese que matar a su padre, le irritaba demasiado su personalidad voluntariosa y permisiva ante las otras Cortes, siendo que Mwang Tai era superior en todos aspectos. Llegaron a discutir muchas ocasiones por esta razón, aunque por amor, Jhorn nunca consideró a su hijo como alguien peligroso o malvado, sino solo con falta de madurez. En realidad, Judvey si era alguien de malos sentimientos, a quien se le metió en la cabeza retomar el plan de controlar a las cinco Cortes, dominar Ahisa y después a los demás continentes.

Por aquel entonces, los mejores oráculos de los cinco grupos tuvieron la visión del resurgimiento del Ave de Luz. No se sabía cómo ocurriría, pero sí hubo un indicio de cuando sucedería. La oráculo prodigio de Asyam Tanah; Kerling Dava de doce años, hija de Duran Dava, anunció que aquel demonio se manifestaría en su forma más pura en Mwang Tai, en el solsticio de verano, dentro de treinta y un años. Y con tal aportación, las Cortes intensificaron los entrenamientos para sus cazadores, y a las tribus, se les solicitó entregar a menores de edad con aptitudes para que fuesen adiestrados, y así redoblar el número de combatientes. En el caso de Mwang Tai, Jhorn le dejó a Valah la labor de adiestrar a las nuevas generaciones de cazadores en sus habilidades mágicas. La mujer se tomó su tiempo en recorrer las tribus. De ahí adquirió un par de niños con potencial, y de Aranon se llevó al doble, entre ellos a una joven cazadora llamada Mesalina.

En privado, Valah le contó a su hijo sobre la importancia de la joven de Aranon, que por tener la triada de cualidades de propagadora, su sangre era efectiva en potencializar los poderes de sus descendientes. Al principio Judvey se negó por ser un mujeriego, pero aceptó la unión para seguir con “el plan”.

Mesalina, era una joven hermosa y refinada, muy honesta, aunque algo interesada, es decir, al momento de escuchar la propuesta de matrimonio, aceptó sin dudar, por ser con uno de los hombres más íntegros —eso creía— de la Orden de Mwang, que a futuro se convertiría en Líder, y con ello, la volvería parte de la alta sociedad, viviría entre lujos y llevaría una cómoda vida, contraria a la de una cazadora.

Ya en la boda, Jhorn se alegró por ambos. Supuso que de este modo su hijo cambiaria. En medio del festejo, entre asistentes de otras cortes y los conocidos, les deseo lo mejor. Esa misma noche, tras cruzar la puerta de la habitación, Judvey volvió a mostrar su personalidad. Sin tacto y con una actitud muy déspota, la hizo su amante. Pobre Mesalina, se sintió defraudada, y este, sería el empiezo de una vida muy lamentable.

Un secreto que guardaban Valah y su hijo, es que el plan era invocar el alma de un massaya de alto grado (uno de los primeros Dalmaras) para usarlo a su voluntad y así, eliminar a los otros grupos, igual como ellos lo hicieron con su padre. Valah ya llevaba varios años estudiando a profundidad a los massayas, encontrando que el ente adecuado para el trabajo sería Bikaivel; una fuerza destructiva que lamentablemente no contaba con un cuerpo físico. La única manera de atarlo a la realidad era usando un recipiente que tuviese un alma fresca —un infante—, y que poseyese grandes aptitudes sobrenaturales. Por medio de un ritual de unión los fusionaría —aunque Valah no tenía bien en claro el ritual—. Ambos acordaron que cuando consiguieran entender a totalidad el ritual, usar al primer descendiente de Judvey como recipiente.

Meses más tarde, Mesalina dio a luz a una niña.

Seis años después, Valah Mun consiguió entender todo el ritual. Justamente en ese tiempo, Jhorn falleció, y sin dar pormenores de la muerte de su padre, Judvey pasó a ser el nuevo Líder de Mwang Tai. En cuanto a Mesalina, sin tener pruebas, concluyó que su esposo había sido quien asesinó a su suegro, y poco más tarde, descubrió que él y su suegra llevaban un camino de prácticas de la magia oscura —muy prohibida y penada por su doctrina— en las catacumbas del monasterio. Mesalina estaba en contra de que aleccionaran a su hija, pero entendía que habría consecuencias si se negaba a cooperar o si revelaba su secreto, así que no se opuso a sus prácticas. Entregó en totalidad a su hija y fue recluida en una ala del monasterio por orden de Judvey.

Madre e hijo llevaron a la niña lejos del recinto, a un lugar que contaba con todos los preparativos para traer al massaya. Se hizo varios intentos que rayaron con lo anhelado, sin embargo, no lo lograron. Valah concluyó que dos cuerpos sería lo ideal, y a su vez, determinó que en un futuro, quien tuviese mayor capacidad de poder, podría hacerse de todo el ente Bikaivel. Le pareció perfecta la idea. Y Judvey, considerando que el siguiente recipiente sería momentáneo, utilizó a Duran Segundo Dava, hijo del Líder Duran Dava. Él, junto con su hermana Kerling, llevaban tres años en el monasterio como embajadores; para mejorar sus técnicas de guerrero y de oráculo, respectivamente. Judvey estaba al tanto de que el joven Duran estaba enamorado de Mesalina, así que, para sus fines personales, los manipuló para que concibieran el otro recipiente.

En cuanto a ellos, desde el primer momento que se conocieron mantuvieron la cordialidad, pero cuando Duran fue elegido su guardián personal, reforzaron mucho su relación. Aunque para Mesalina, él era su mejor amigo y confidente. Ella quedó muy entristecida del error que cometió al meterse con Duran, más al quedar embarazada.

Le ocultó la verdad, pues supuso que Duran haría un alboroto y los delataría ante su grupo —era muy penado la infidelidad en la Orden del Alba—. Se centró en enemistarse con él, y a la larga, Duran terminó regresando a Asyam Tanah, descorazonado de no ser correspondido por Mesalina. Y Kerling, su hermana, se quedó en Mwang Tai, para seguir con sus estudios y su aprendizaje de vidente. Era común que la niña se llegara a encontrar por los pasillos a Mesalina. En una de esas tantas veces, Kerling tuvo la visión de que aquel que cargaba Mesalina en su vientre, era de su hermano. Inocentemente cometió el error de enviarle una carta a Duran, donde le contó sobre su visión. Y un mes más tarde, él se presentó de nuevo a Mwang Tai, y confrontó a Mesalina. Ella le explicó que no quería que tuvieran problemas por su imprudencia, y a su vez, le hizo jurar por su amor, que no haría alguna tontería ni revelaría nada de lo suyo a la Corte. Con bastante indecisión, Duran aceptó. Se quedaría con ella, a sabiendas de que nunca podría atribuirse ser el padre de la criatura ni ser el hombre que Mesalina amaba. Ellos creyeron que esta sería la desgracia más grande de sus vidas.

Cuando fue la hora de la concepción, por instrucción de Valah, sacaron a Mesalina de sus aposentos en contra de su voluntad. Siendo mitad de la noche, la transportaron hasta unas instalaciones a las orillas del rio que colindaba con el monasterio. Para ella fue desconsolador, que estando en labor de parto, su esposo y su suegra la llevaran cómo un animal, tirándola al suelo y amarrándole las extremidades mientras se desangraba. Lo peor fue que, su hija menor, espectó todo.

Y cuando el ritual comenzó, Mesalina comprendió todo, pero ya era tarde. Valah le dio a beber una infusión para que el bebé aceptara de inmediato al huésped; esta era la fase de consentimiento. En tanto, Judvey, le pintó unos símbolos demoniacos en las extremidades de su cuerpo y los selló con canticos para llamar a Bikaivel. Esos símbolos también los llevaba puestos la niña, que entre el miedo de observar a su madre sufrir, no dejó de retocarse la pintura de sus manos. Mesalina gritó todo el tiempo del insoportable dolor de pujar, y entre sus lamentos, juró que sé que vengaría del mal que les estaban haciendo. Y Valah la ignoró, se dedicó a esperar a la criatura, uniéndose junto a su hijo, en los canticos. Pudo ser los líquidos que ingirió o la desesperación, que la concepción de Mesalina se dio. Desde aquí, el ambiente se tornó aterrador; por encima de ellos se creó un portal lúgubre, desatando una especie de tormenta. Entre ráfagas de viento, las voces y varias extremidades de entidades parecidas a insectos, queriendo emerger de otra dimensión, descendió la esencia de Bikaivel; una masa parecida a la lava. Entre estruendos que se generaban por el cambio de frecuencia, éste se introdujo en los símbolos de las ofrendas. La niña se terminó desmayando por la presión de recibir al huésped, y del bebé, igual se dejó de escuchar sus chillidos. Después de una descarga que se expandió en el lugar, la unión se efectuó; el rassaya estaba dentro de los contenedores.

En tanto Duran, sabiendo que el bebé nacería pronto, constantemente se acercaba a vigilar la habitación de Mesalina, y esta noche, cuando notó más movimiento de lo usual a las afueras del edificio, no pudo evitar ir a verificar con sus propios ojos, que ella siguiera dentro de los aposentos. Al no hallarla, fue detrás de la comitiva que había visto. De primera cuenta no sabía por dónde se habían ido, pero al percibir una energía demoniaca que se generaba cada vez más, se encaminó hasta ella, temiendo de que algo malo le fuera a pasar a Mesalina y al bebé.

Para cuando llegó, la explosión ya se había efectuado e inmediatamente ingresó al lugar. Empezó a buscar a Mesalina, y al hacerlo, se heló al descubrir que su amada había perdido la vida en el acto. La desató, la tomó entre sus brazos y le lloró. Y sin dejar que hubiese una digna despedida de ambos, Judvey los interrumpió. Salió entre los escombros, muy lastimado, e intentó ponerse de pie, pero Duran no lo dejó. Por el dolor que sintió de la muerte de Mesalina, se vengó. Le apuñaló el corazón, dándole muerte rápida. En ese momento, Valah se expuso; llevaba ambas criaturas, e iba a huir. Y Duran entendía que no había vuelta atrás, decidió continuar. Detuvo a la anciana, y poco antes de matarla, algunos cazadores de la Corte lo evitaron. Se habían presentado por aquella aura maligna que se manifestó momentos atrás.

Valah no tardó en tergiversa los hechos, diciendo que Duran había planeado asesinarlos a todos ellos, y los presentes, notando la sangre de Judvey en sus manos, le creyeron. Lo iban a apresar, sin embargo, Duran se les escapó llevándose al bebé consigo. Con la experiencia que tenía de la magia, dedujo que los símbolos puestos en Mesalina y su hija, eran para invocar entes demoniacos e introducirlos a sus cuerpos. Y por el momento ya no pudo averiguar más, pues tuvo que huir hasta Asyam Tanah.

Para cuando llegó a su Corte, recibió la noticia de haber sido marcado como un asesino. La Corte de Mwang Tai lo quería de vuelta para juzgarlo, con cuya consecuencia sería la pena de muerte. Pero su padre, Duran Dava y los dirigentes le conocían. Le escucharon y le creyeron. Más al evaluar a la nacida.

De aquí, las dos Cortes entraron en conflicto, pero hubo una solución ante la negativa de enviar a Duran y de llevar el caso a las demás Cortes. Los dirigentes de Mwang Tai decidieron que Kerling Dava se quedaría de por vida en su territorio, que dispondría sus habilidades únicamente para ellos. Y pese al enojo de su padre, como Líder, tuvo que aceptar el acuerdo.

De aquel incidente, Valah continuó con su cargo de adiestradora. Se mantuvo dentro del círculo de dirigentes, por ser la madre del mártir de su hijo. Y ahora, además de guardarle rencor a los otros grupos, también repudió a Duran Segundo, por quitarle la vida a su hijo y robar al bebé. Juró que lo destruiría.

Muchos años después, Duran Segundo fue nombrado Líder de su natal Tanah, por destacarse entre los otros aspirantes al puesto, por sus hazañas y su compromiso a la Orden. Gracias a él, la paz de los grupos continuó por un largo periodo, pero los problemas no se detendrían, en las sombras se preparaban planes para controlar a todos los grupos, para obtener la dominación global, tal como Arus Mun lo pensó alguna vez.


Glosario

Rassayas. Quienes se reniegan a seguir la estructura del Señor de las Esencias. Los de alto rango, alguna vez fueron Dalmaras.

Retumbar su nombre. Una indicación menor a una Nueva Ley. Se retumba una orden por toda la creación para que los subordinados celestiales del Señor de las Esencias estén enterados.

Inmortal. Son los que derivan de la cadena de Celestiales. Están por debajo del Señor de las Esencias y el Señor de las Sustancias. Dalmaras —divinos—: los primeros, segundos, terceros y algunos que delimitan a los cuartos de celestialidad.

Seres magníficos. Los seres magníficos se dividen en dos: Criaturas fantásticas, compuestas de seres como Las ruedas o los anticuarios místicos. Y los Seres en Órbita, como Helios —el sol—, Selah —la luna—, o las estrellas.

Seres inferiores. Los seres inferiores constan de seres con alma, que viven en los planetas del plano tangible, como los humanos o los animales en la Tierra.

Massayas. Alguna vez fueron rassayas, pero estos decidieron oscurecer su ser, se transformaron en seres aberrantes que no cumplen ni las órdenes del Señor de las Esencias ni las del Señor de las Sustancias. Estos seres solo desean el mal y tienden a dañar a todo ser vivo.

Benefacto: Beneficio por factores (elemento condicionante que contribuye a lograr un resultado). Una petición divina que consiste en obtener por un periodo corto, el poder semejante al de los primeros Dalmaras para hacerle frente a un rassaya. Primeramente diseñado para usarse en contra del Ave de Luz y así silenciarlo.

Modelo: Hijos de los ascendidos. Muy pocos se vuelven ascendidos, mientras que los demás se volverán propagadores.

Cazadores. Los cazadores se dedican a combatir seres malignos; rassayas y massayas. Puede variar su forma de combate y sus habilidades. Algunos tienen gran fuerza sobrehumana, otros usan hechizos, algunos otros tienen poderes; pueden usar elementos naturales o hacer uso de habilidades de control: hacer invocaciones, controlar el tiempo, teletransportarse, entre otros.

Tribus. Se dice que aquellos del ejercito que mandó el Señor de las Esencias en un inicio para asentar a la Orden del Alba, se quedaron para tener descendientes y estos son los que rigen las tribus. Ellas se dispersan por el continente de Ahisa, y se dedican a vivir en base a las leyes del Señor de las Esencias. De ellos se derivan los agentes con poderes sobrenaturales que conformaran en un futuro a la Orden del Alba. Una de las tribus más sobresalientes es la tribu de Aranon, pero existen otras igual de poderosas.

Triada de cualidades de propagadora. De la carne; quienes tienen la sangre y genes para tener descendientes con gran poder, la palabra; oráculos que pueden ver eventos pasados, presentes y futuros. Tener visiones celestiales, y de la acción; cazadores que se dedican a exterminar rassayas y massayas.