Eres especial《CharlieBabe》

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Summary

En el competitivo mundo de las carreras de Tailandia, Charlie, un talentoso mecánico con un secreto que solo su hermano Jeff conoce, se une al equipo X Hunter para trabajar en los autos del corredor estrella: Babe, conocido como el Rey de la Pista. Desde el primer momento, Charlie queda profundamente atrapado por la fría y magnética presencia de Babe. Sin embargo, este último mantiene una actitud distante y dura, mientras su novio Sakda ejerce un control tóxico sobre él. Entre tensiones en el taller, choques de personalidades y conflictos inesperados, la historia explora temas como el amor a primera vista, la superación personal y la valentía de ser uno mismo en un entorno exigente.

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

Ojos Grises en la Pista

La Recomendación

En el taller principal de X Hunter, el sonido de las herramientas y los motores llenaba el aire.

Jeff limpiaba sus manos con un trapo mientras observaba a Alan, su novio y jefe del equipo, revisar unos planos.

—Alan, tengo a la persona perfecta para el puesto.— dijo Jeff con una sonrisa confiada.— Mi hermano Charlie. Es uno de los mejores mecánicos de Bangkok. Rápido, preciso y tiene un instinto natural con los autos. Nadie lo iguala.

Alan levantó una ceja, cruzándose de brazos.

—¿Tu hermano? ¿El qué siempre está moviéndose como si tuviera pilas eternas?

Jeff soltó una risa nerviosa. Sabía que Charlie tenía TDAH, pero ese era un secreto que solo ellos dos compartían.

—Es un genio con los motores. Confía en mí. Lo necesitamos urgentemente si queremos que los autos de Babe sigan siendo imbatibles.

Alan suspiró y finalmente asintió.

—Está bien. Tráelo mañana. Pero que sea bueno.

La Advertencia

Esa misma noche, en el pequeño departamento que compartían los hermanos, Jeff entró a la habitación de Charlie mientras este organizaba sus herramientas por enésima vez.

—Charlie, escúchame bien.— dijo Jeff con tono serio, sentándose en la cama.— Mañana empiezas en X Hunter. Es una gran oportunidad, pero hay una regla importante: no te acerques demasiado a Babe.

Charlie levantó la mirada, curioso.

—¿Babe? ¿El rey de la pista?

—Sí. El mejor corredor de Tailandia. Tiene un carácter fuerte, poca paciencia y es muy duro con la gente. No tolera errores ni distracciones. No quiero que te coma vivo el primer día. Mantén distancia profesional, ¿entendido?

Charlie sonrió de forma despreocupada, aunque por dentro sentía esa energía hiperactiva que siempre lo acompañaba.

—Tranquilo, hermano. Solo voy a trabajar en los autos, no a hacer amigos.

Jeff lo miró fijamente.

—Lo digo en serio, Charlie.

El Primer Día

Al día siguiente, el taller bullía de actividad.

Charlie llegó temprano, con su uniforme nuevo y una mochila llena de sus herramientas personales. Caminaba rápido, observando todo con ojos brillantes. El olor a aceite y caucho lo emocionaba.

De pronto, las puertas del taller se abrieron con fuerza. Babe entró, vestido con su traje de carreras parcialmente bajado hasta la cintura, el cabello revuelto por el casco y esos ojos gris-azulados fríos como el acero. Su presencia parecía dominar todo el espacio.

Charlie se quedó congelado. El tiempo pareció detenerse. Esos ojos...fríos, intensos, casi imposibles de leer. Sintió un golpe en el pecho, un calor que subía por su cuello.

"Mierda", pensó. Era amor a primera vista.

Nunca había sentido algo tan fuerte y tan inmediato.

Babe se detuvo cerca del auto principal y miró alrededor hasta que sus ojos se posaron en el chico nuevo.

—¿Tú eres el hermano de Jeff?— preguntó con voz grave y cortante.

Charlie tragó saliva y se acercó, intentando mantener la compostura a pesar de que su corazón latía descontrolado.

—Sí, soy Charlie. Encantado de conocerte. Jeff me habló mucho de ti...quiero decir, de tu auto y cómo lo manejas.

Babe lo miró de arriba abajo con expresión impasible.

—Más te vale ser tan bueno como dice Jeff. No tengo tiempo para incompetentes. El próximo gran evento es en dos semanas y mi auto tiene que estar perfecto. ¿Entendido?

Charlie asintió, sin poder evitar mirar esos ojos un segundo más de lo necesario.

—Entendido. Haré que vuele aún más rápido.

Babe bufó ligeramente y se dio la vuelta, pero antes de irse añadió:

—Y no me mires así. No soy tu amigo. Solo soy el piloto.

En ese momento, la puerta del taller se abrió nuevamente. Sakda entró con paso firme, vestido de forma impecable. Se acercó directamente a Babe y lo tomó por la cintura de forma posesiva, besándolo en la sien delante de todos.

—Cariño, ¿ya terminaste aquí? Te estaba esperando.— dijo Sakda con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Babe se tensó visiblemente pero no se apartó.

—Sakda, estoy trabajando.

Charlie sintió un nudo en el estómago al ver la escena. La forma en que Sakda sujetaba a Babe era demasiado firme, casi como si lo reclamara como propiedad. Babe parecía incómodo, aunque intentaba disimularlo.

Sakda miró a Charlie con desdén.

—¿Nuevo mecánico? No lo distraigas, Babe necesita concentrarse.

Babe se soltó del agarre con un movimiento seco.

—Puedo manejarlo solo, Sakda. Vete.

Sakda apretó la mandíbula, pero forzó una sonrisa.

—Como quieras. Te llamo después.

Cuando Sakda se fue, Babe suspiró profundamente y pasó una mano por su cabello. Por un segundo, su máscara fría se resquebrajó y Charlie vio algo más: cansancio.

Charlie, a pesar de la advertencia de Jeff y sabiendo que era peligroso, no pudo quedarse callado.

—Si necesitas algo con el auto...o si quieres desahogarte...estoy aquí. Sin preguntas.

Babe lo miró fijamente con esos ojos gris-azulados. Hubo un largo silencio.

—No necesito nada de nadie.— respondió finalmente, aunque su voz sonó menos dura que antes.— Solo haz tu trabajo, Charlie.

Mientras Babe se alejaba hacia la pista de pruebas, Charlie se quedó mirando su espalda, con el corazón latiendo fuerte. Sabía que Jeff tenía razón: acercarse a Babe era peligroso.

Pero ya era demasiado tarde. Esos ojos fríos lo habían atrapado por completo.

Silencio Gris

En el taller de X Hunter, el ambiente estaba cargado de tensión y ruido de herramientas.

Habían pasado tres días desde que Charlie empezó a trabajar. Desde entonces, Babe había cumplido su palabra implícita: Charlie prácticamente no existía para él.

Charlie estaba inclinado sobre el motor del auto principal de Babe, ajustando el sistema de refrigeración con movimientos rápidos y precisos. Sabía que Babe estaba a solo unos metros, revisando unos datos en una tablet junto a Alan y Jeff.

—Jeff, dile al nuevo que revise la presión de los neumáticos delanteros otra vez.— dijo Babe con voz fría y cortante, sin ni siquiera mirar en dirección a Charlie.— No quiero sorpresas en la prueba de hoy.

Jeff suspiró discretamente y se acercó a su hermano.

—Charlie, Babe quiere que revises la presión de los neumáticos delanteros.

Charlie levantó la cabeza, con una sonrisa esperanzada, y miró directamente hacia Babe.

—Está bien. Ya los revisé esta mañana, pero los vuelvo a chequear ahora. Babe, ¿quieres qué también ajuste la alineación? Noté que…

Babe ni siquiera giró la cabeza. Siguió mirando su tablet como si Charlie no hubiera hablado. El silencio fue incómodo.

Jeff carraspeó.

—Babe, Charlie preguntó si también quiere que ajuste la alineación.

Solo entonces, Babe respondió, con la mirada aún fija en la pantalla y tono seco:

—Dile que sí. Y que lo haga rápido. No tengo todo el día.

Charlie sintió una punzada en el pecho, pero asintió y volvió al trabajo. Sus manos se movían con más rapidez de lo normal, producto de la mezcla de nervios y esa atracción que no podía controlar.

Minutos después, Babe se acercó al auto para inspeccionar. Se detuvo al lado de donde Charlie estaba trabajando, pero miró solo el motor, ignorando por completo al chico que tenía al lado.

—Más torque en el tornillo superior izquierdo.— ordenó Babe con voz baja y autoritaria, señalando con el dedo sin mirarlo.— Y no toques la válvula de escape. La última vez alguien la aflojó y perdí décimas en la recta.

Charlie tragó saliva y respondió con cuidado:

—Entendido. Ya lo ajusté a 48 Nm. ¿Quieres qué te muestre los valores de temperatura que registré?

Babe se quedó en silencio unos segundos, revisando el motor con ojos críticos.

Finalmente habló, sin apartar la vista del auto:

—Solo dime los números. Rápido.

Charlie se limpió las manos en el trapo y leyó los datos:

—Temperatura del aceite a 92°C, refrigerante a 78°C. Todo dentro del rango óptimo. Si quieres, puedo…

—No necesito nada más.— lo cortó Babe con frialdad, dando un paso atrás.— Termina y avísale a Jeff cuando esté listo. No me hables directamente a menos que yo te pregunte.

Charlie se quedó callado, mordiéndose el interior de la mejilla. Babe ya se había dado la vuelta y caminaba hacia la salida del taller, donde Sakda lo esperaba apoyado contra un muro con una sonrisa posesiva.

Antes de salir, Sakda miró hacia dentro del taller y levantó la voz:

—Babe, ¿ese nuevo mecánico ya sabe cuál es su lugar? No quiero que te moleste.

Babe respondió sin emoción:

—No molesta. No existe.

Las palabras llegaron claras hasta Charlie.

Este sintió cómo su corazón se apretaba, pero siguió trabajando en silencio, con la mirada fija en el motor.

Jeff se acercó discretamente y le puso una mano en el hombro.

—Te lo advertí, Charlie...Babe es así. No lo tomes personal.

Charlie sonrió con tristeza, sin dejar de trabajar.

—Lo sé. Pero esos ojos...es difícil ignorarlos.

Desde la distancia, Babe subió al auto de pruebas. Antes de cerrar la puerta, miró una sola vez hacia el taller. Sus ojos gris-azulados se encontraron accidentalmente con los de Charlie por un breve segundo.

No dijo nada.

No sonrió.

Solo cerró la puerta y arrancó el motor con fuerza.

La Paciencia Rotada

Habían pasado exactamente siete días desde que Charlie empezó en X Hunter. El taller estaba más silencioso de lo habitual esa tarde. La mayoría del equipo había salido a una reunión con patrocinadores, dejando solo a Babe, Jeff y Charlie trabajando en el auto principal.

Babe estaba de pie junto al capó abierto, con los brazos cruzados y expresión seria. El auto había presentado un problema extraño en la última prueba: pérdida de potencia en curvas cerradas. Por primera vez en la semana, Babe se vio obligado a hablar directamente con Charlie.

—Escúchame con atención.— dijo Babe con voz fría y cortante, señalando el motor.— El problema está en la admisión. Hay una fuga intermitente que hace que pierda presión. Quiero que revises las juntas, cambies los sellos del colector y ajustes la válvula de recirculación. ¿Entendiste?

Charlie asintió rápidamente, pero ya estaba moviéndose. Sus manos no paraban quietas: tocaba una herramienta, luego otra, movía el peso de un pie al otro y sus ojos saltaban de un lado a otro del motor.

—Sí, sí. Entendí. Juntas, sellos y válvula de recirculación. Pero…¿no crees qué también podría ser el sensor MAP? Porque la semana pasada noté que los valores fluctuaban un poco y…

Babe frunció el ceño.

—No te pregunté por el sensor MAP. Concéntrate en lo que te dije.

Charlie siguió hablando mientras buscaba las herramientas, incapaz de quedarse quieto.

—Es que estoy pensando en voz alta, ¿sabes? A veces cuando arregló algo me viene otra idea y…— se movió hacia el otro lado del auto, agachándose y levantándose casi al mismo tiempo.—…y creo que si cambiamos también el filtro de aire de alto flujo podría mejorar el flujo. ¿Quieres qué lo haga también? Traje uno nuevo que…

—¡Charlie!— lo interrumpió Babe, levantando la voz con evidente irritación.— Te estoy dando instrucciones claras. Solo haz lo que te dije. No necesito tu opinión ni que hables tanto. Haz el trabajo y punto.

Charlie se detuvo un segundo, pero su pierna derecha no paraba de moverse en un tic nervioso. Tomó una llave pero la dejó de nuevo, agarró un trapo y empezó a limpiar una parte que ya estaba limpia.

—Es que es difícil quedarme callado cuando veo varias cosas al mismo tiempo…Mi cabeza va muy rápido y…— siguió hablando mientras intentaba enfocarse.—…por ejemplo, ahora mismo estoy viendo que el cableado de la ECU también está un poco suelto y podría…

Babe golpeó con la palma de la mano el borde del capó, claramente perdiendo la paciencia.

—¿Puedes quedarte quieto un maldito segundo y concentrarte? ¡Mírame cuando te hablo!

Charlie levantó la mirada, pero sus dedos seguían tamborileando sobre la herramienta que tenía en la mano.

—Lo siento…es que no lo hago a propósito. Intento concentrarme, de verdad. Es solo que…— se movió de nuevo, cambiando de posición.—…a veces mi cerebro se va solo a otras cosas y hablo para ordenar las ideas. Pero puedo arreglarlo, te lo juro. Dame cinco minutos y…

Babe soltó una risa seca y sin humor, pasándose una mano por el cabello con frustración.

—¿Cinco minutos? Llevas dos minutos hablando sin parar y todavía no has tocado lo que te pedí. ¿Sabes cuántos mecánicos matarían por estar en tu lugar? Y tú estás aquí moviéndote como si tuvieras hormigas en el cuerpo y soltando ideas que nadie te pidió.

Charlie se quedó callado por un momento, pero su cuerpo seguía inquieto. Bajó la mirada al motor, intentando enfocarse, pero las palabras salieron solas:

—Es que no es tan fácil…A veces quiero hacer todo bien y mi cabeza no se calla y…

—¡Pues haz que se calle!— explotó Babe, con los ojos gris-azulados brillando de molestia.— No tengo tiempo ni paciencia para esto. Si no puedes hacer un trabajo simple sin distraerte y hablar como loro, entonces dile a Jeff que busque a otro mecánico. No necesito payasos en mi equipo.

El silencio cayó pesado entre ellos. Charlie apretó la llave con fuerza, visiblemente afectado, pero intentó mantener la calma.

—No soy un payaso…Solo…trabajo diferente. Pero soy bueno. Muy bueno. Jeff no me habría recomendado si no lo fuera.

Babe lo miró fijamente, frío y distante.

—Entonces demuéstralo callándote y haciendo lo que te ordeno. No me importa cómo lo hagas, solo hazlo bien y rápido. Y deja de moverte tanto, me estás poniendo nervioso.

Jeff, que había estado observando desde lejos, se acercó con preocupación, pero no intervino. Sabía que revelar el TDAH de Charlie no era una opción.

Charlie respiró profundo, mordiéndose el labio, y finalmente se enfocó en el motor sin decir nada más. Sus manos trabajaban rápido, pero su pierna seguía moviéndose sin control.

Babe lo observó unos segundos más, con el ceño fruncido, antes de dar media vuelta.

—Cuando termines, avísale a Jeff. No quiero oír tu voz a menos que sea para decirme que está arreglado.

Y se alejó hacia la oficina sin mirar atrás.

Charlie se quedó solo frente al auto, con el corazón latiendo fuerte y una mezcla de vergüenza y atracción que no podía controlar.

—Malditos ojos azules grisáceos…— susurró para sí mismo.

La Humillación Pública

Era un día caluroso en el taller de X Hunter. Babe estaba en la pista de entrenamiento, haciendo vueltas de práctica, por lo que el ambiente en el garaje principal era más relajado. Jeff, Alan, Sonic, North, Dean y Way estaban reunidos cerca de la zona de herramientas, revisando piezas y bromeando.

Charlie se encontraba un poco apartado, organizando su caja de herramientas personales, como siempre inquieto.

Sakda entró al taller con su habitual actitud arrogante. Había venido a buscar a Babe, pero al no encontrarlo, se quedó merodeando. Sus ojos se posaron en Charlie y notó cómo este miraba hacia la pista con una expresión suave y anhelante cada vez que se oía el motor del auto de Babe.

Sakda se acercó lentamente, con una sonrisa falsa

—Así que…el nuevo mecánico.— dijo Sakda en voz alta, llamando la atención de todos.— Te he visto mirando a mi novio. ¿Crees qué no me doy cuenta? Esa cara de idiota enamorado cada vez que Babe pasa por aquí.

Charlie se tensó visiblemente y se dio la vuelta, nervioso.

—No sé de qué hablas…Solo hago mi trabajo.

Sakda soltó una risa burlona y se acercó más, invadiendo su espacio personal.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué te pones tan nervioso? ¿Crees qué tienes alguna oportunidad con él? Babe es mío. No te acerques ni en tus sueños.

El resto del equipo empezó a prestar atención. Jeff frunció el ceño y dio un paso adelante, pero Sakda levantó la mano.

En ese momento, Sakda vio la mochila de Charlie abierta sobre una mesa. Dentro había varios blísteres de medicamentos. Tomó uno rápidamente y leyó la etiqueta en voz alta

—¿Metilfenidato? ¿Esto qué es?— preguntó Sakda, levantando el frasco para que todos lo vieran.— ¡Oh! Medicamentos para TDAH. ¡El chico nuevo tiene problemas para concentrarse como un niño de cinco años!

El silencio cayó sobre el taller.

Charlie palideció por completo. Intentó arrebatarle el frasco, pero Sakda lo levantó más alto, riendo.

—¡Mírenlo! Por eso no para de moverse y hablar como loro. No es que sea raro, es que está medicado porque su cabeza no funciona bien. ¿Por eso Jeff te recomendó? ¿Piedad familiar por el hermano defectuoso?

Jeff dio un paso adelante, furioso.

—Sakda, ¡basta! Eso es privado. Devuélvele sus cosas.

Alan también intervino, con voz seria:

—Esto no es asunto tuyo. Deja de humillar a mi empleado.

Pero Sakda no se detuvo. Miró a todos con una sonrisa cruel y siguió hablando en voz alta:

—¿Escucharon? Charlie tiene TDAH. Por eso Babe se quejaba de que no se concentra, de que habla demasiado y no para quieto. ¡Es un pobre chico medicado que se enamoró del rey de la pista! Patético. ¿De verdad creíste qué Babe te miraría? Él ni siquiera te ve como persona.

Sonic murmuró incómodo:

—Sakda, ya párale…

North y Dean se miraron entre sí, visiblemente molestos por la escena. Way negó con la cabeza.

Charlie estaba temblando. Sus ojos se llenaron de lágrimas de humillación. Sentía todas las miradas sobre él. Su mayor secreto había sido expuesto de la forma más cruel posible.

—No…— susurró Charlie con la voz quebrada.— No tenías derecho…

Sakda tiró los medicamentos sobre la mesa con desprecio.

—Ahora todos saben qué clase de persona eres. Un mecánico mediocre que solo está aquí porque su hermano es el novio del jefe. Vete antes de que Babe se entere de lo ridículo que eres.

Charlie respiró profundo, apretando los puños. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero levantó la cabeza con dignidad rota.

—Renuncio.— dijo con voz temblorosa pero clara.— No voy a quedarme donde me humillan de esta forma. Dile a Babe…que el auto está listo. No hace falta que me despida.

Jeff se acercó rápidamente, angustiado.

—Charlie, no…Por favor, no renuncies. Podemos arreglar esto.

Charlie negó con la cabeza, recogiendo sus herramientas con manos temblorosas.

—No, Jeff. Ya fue suficiente. No quiero seguir aquí.

Se dirigió hacia la salida del taller sin mirar a nadie. Alan intentó detenerlo:

—Charlie, espera. No tienes que irte. Sakda se pasó de la raya.

Pero Charlie ya había tomado su decisión. Se detuvo un segundo en la puerta, con la voz rota:

—Gracias por la oportunidad…Lo siento.

Y salió del taller, dejando un silencio pesado atrás.

Sakda sonrió satisfecho, cruzándose de brazos.

—Problema resuelto. Ahora mi Babe podrá concentrarse sin distracciones inútiles.

Jeff lo miró con furia contenida.

—Eres un hijo de puta, Sakda.

La Línea Que Se Rompió

Apenas habían pasado tres minutos desde que Charlie salió del taller con los ojos llenos de lágrimas y la dignidad hecha pedazos. El ambiente seguía cargado de tensión. Sakda estaba recostado contra una mesa con una sonrisa arrogante, mientras el resto del equipo lo miraba con evidente rechazo.

Las puertas del taller se abrieron de golpe.

Babe entró todavía con el traje de carreras puesto, el casco bajo el brazo y el cabello húmedo de sudor por el entrenamiento. Se detuvo al notar el silencio incómodo y las miradas que todos dirigían hacia Sakda, especialmente Jeff, quien lo observaba con puro odio.

—¿Se puede saber qué pasa aquí?— preguntó Babe con voz firme, frunciendo el ceño.— ¿Por qué tienen esas caras?

Jeff no esperó ni un segundo. Dio un paso adelante, visiblemente alterado, como un hermano defendiendo a su familia.

—Sakda humilló a Charlie frente a todos.— dijo Jeff con tono acusador.— Encontró sus medicamentos para el TDAH en su mochila y lo expuso delante de mí y los demás chicos. Lo llamó “defectuoso”, “patético” y “mediocre ”. Se burló de él por moverse mucho, por hablar demasiado…Charlie se sintió tan humillado que renunció y se fue.

Babe se quedó quieto, procesando la información. Su expresión pasó de confusión a molestia profunda.

Sakda intentó sonreír.

—Solo le estaba poniendo en su lugar, cariño. Ese chico te miraba como idiota enamorado. Tenía que saber quién manda aquí.

Babe lo miró directamente, con sus ojos gris-azulados fríos como nunca.

—No sé qué ganas haciendo eso, Sakda…Pero solo demostraste ser una mierda de persona. Cual sea tu problema con Charlie, no tenías que haberlo humillado así. Era innecesario y cruel.

Sakda se rio con sarcasmo, aunque se notaba que empezaba a perder el control

—¿Tanto te importa el enfermo ese?

Babe dio un paso hacia él, con voz cortante y clara.

—No lo llames así. Ya sea que me preocupe o no por él, no soy tan mierda como para humillarlo de la misma manera en que lo hiciste tú. Lo que hiciste fue bajo, Sakda. Muy bajo.

Sakda intentó tomar el control como siempre lo había hecho. Se acercó a Babe y bajó la voz, usando ese tono manipulador que solía funcionar:

—Babe, cariño, estás exagerando. Solo te protejo. Sabes que sin mí te distraes y…

—No.— lo cortó Babe con firmeza, apartándose.— Esta vez no vas a manipularme. Se acabó, Sakda. Terminamos.

Sakda abrió los ojos con sorpresa y rabia.

Intentó agarrar a Babe del brazo con fuerza.

—¡Tú no puedes dejarme! ¡Después de todo lo que he hecho por ti! ¡No seas estúpido!

Babe se soltó bruscamente del agarre y lo enfrentó sin miedo, mirándolo a los ojos.

—Charlie, teniendo TDAH, demostró ser mil veces más hombre de lo que tú eres. Que irónico, ¿no crees, Sakda? Él viene aquí a trabajar duro a pesar de sus dificultades, mientras tú solo sabes destruir y controlar.

Sakda, rojo de furia y celos, intentó volver a sujetarlo del brazo con más fuerza.

—Babe, escúchame…

En ese momento, Alan intervino junto con North y Dean. Lo apartaron rápidamente de Babe.

—Suéltalo.— ordenó Alan con voz grave.— No vamos a permitir que lo lastimes más de lo que ya lo has hecho.

Sonic y Way se posicionaron también, creando una barrera clara.

Babe respiró profundo y miró a Jeff.

—¿A dónde fue Charlie?

Jeff se cruzó de brazos, aún furioso, pero respondió:

—Tuvo que haber ido al departamento. Te paso la ubicación.

Babe asintió, tomó las llaves de su moto y se dirigió a la salida sin mirar atrás a Sakda.

Antes de que Babe saliera, Jeff miró a Sakda con una sonrisa fría y satisfecha.

—Humillaste a Charlie, pero lograste que Babe terminara contigo y fuera en busca de él…Al final, el “enfermo” como tú le dices, tiene a Babe de su lado.

Sakda se quedó solo en medio del taller, con la cara descompuesta por la rabia y la humillación, mientras el equipo lo observaba con desprecio.

Ojos que Desarman

El departamento de Charlie era pequeño pero ordenado, aunque en ese momento reflejaba su estado emocional: herramientas dispersas sobre la mesa y una taza de café a medio beber. Babe llegó en su moto, todavía con parte del traje de carreras puesto. Subió las escaleras y golpeó la puerta dos veces con los nudillos, firme pero no agresivo.

Charlie abrió la puerta y se quedó congelado al ver quién estaba del otro lado. Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Babe…?

Babe lo miró directamente, con esa intensidad característica en sus ojos gris-azulados.

—¿Puedo pasar?

Charlie dudó solo un segundo antes de hacerse a un lado y dejarlo entrar. Cerró la puerta detrás de él. El ambiente se volvió inmediatamente más tenso y cargado.

—¿Qué haces aquí?— preguntó Charlie, cruzándose de brazos, todavía con la voz algo ronca por haber llorado antes.

Babe se quedó de pie en medio de la sala, mirándolo con seriedad.

—Se lo que pasó. Jeff me lo dijo todo. Lo que hizo Sakda…cómo te humilló frente a todos. Enfrenté a Sakda en el taller. Terminé con él.

Charlie lo miró con sorpresa genuina. Por un breve instante, un destello de felicidad cruzó por sus ojos al saber que Babe ya no estaba con Sakda, pero lo ocultó rápidamente. Se encogió de hombros, intentando parecer indiferente.

—Eso no quita cómo me humilló…

Babe suspiró profundamente y se pasó una mano por el cabello.

—Sí, lo sé…Pero no puedes darle el gusto, Charlie. No dejes que gane.

Charlie caminó hasta el sofá y se sentó, encarándolo con cansancio y dolor en la mirada.

—Me humilló, Babe…Me trató como si fuera algún tipo de fenómeno. No es mi culpa ser así. No lo pedí, pero lo sobrellevo todos los días. Y de repente lo gritó frente a todos como si fuera algo gracioso.

Babe se acercó lentamente y se arrodilló sobre una rodilla frente a él para quedar más a su altura. Su voz bajó, más suave de lo que Charlie jamás había escuchado.

—Lo sé, Charlie…Pero debes luchar. Eres más que eso. Demuestra que eres más que un chico con TDAH. De todos los hombres que he estado, incluyendo a Sakda, tú eres especial, Charlie. Tienes una bonita personalidad y un gran corazón. No dejes que sus comentarios te hagan ver lo contrario.

Charlie lo observó en silencio. Las palabras de Babe lo golpearon con fuerza. Era la primera vez que escuchaba algo así de él, alguien tan frío y distante normalmente. Sus ojos se perdieron en esos ojos gris-azulados que tanto lo habían enamorado desde el primer día.

Babe ladeó ligeramente la cabeza, notando la intensidad de su mirada.

—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

Charlie tragó saliva y, sin poder contenerse más, habló con voz suave y sincera:

—¿Te han dicho lo hermoso qué son tus ojos?

Babe parpadeó, un poco nervioso, pero mantuvo su postura firme.

—Es lo normal, no es la gran cosa.

Charlie negó con la cabeza y continuó, mirándolo directamente:

—No…no es solo normal. Son como un cielo nublado justo antes de llover. Grises con destellos azules, fríos por fuera, pero cuando los miras bien…tienen una profundidad que te hace querer quedarte ahí. Son intensos, casi imposibles de ignorar. Me atraparon desde el primer día que te vi. No son solo bonitos, Babe…son fuertes, como tú. Y cuando te miran, siento que el mundo se detiene un segundo.

Babe se quedó callado. Poco a poco, un leve sonrojo apareció en sus mejillas. Intentó disimularlo, pero la comisura de sus labios se elevó en una sonrisa genuina, algo tímida pero real. Era una sonrisa coqueta, suave, que transformaba completamente su expresión normalmente dura. Por primera vez, Babe parecía vulnerable.

—Eres…demasiado sincero.— murmuró Babe, bajando la mirada un segundo antes de volver a subirla, todavía con esa sonrisa pequeña en los labios.— Nadie me había dicho algo así.

Charlie sonrió débilmente, aún con los ojos brillantes.

—Es la verdad. Y esa sonrisa…es aún más peligrosa que tus ojos.

Babe soltó una risa baja, casi incrédula, mientras se levantaba lentamente de su posición arrodillada. El sonrojo seguía ahí, sutil pero visible.

—No te acostumbres a decirme estas cosas, Charlie.

Charlie lo miró con calidez.

—No prometo nada.

Marcas que Hablan

Charlie seguía sentado en el sofá, observando a Babe con una mezcla de gratitud y esa atracción que no podía ocultar.

Su mirada bajó lentamente por el cuerpo de Babe y se detuvo en su muñeca izquierda. La manga larga del traje de carreras estaba subida por el calor del entrenamiento, revelando claramente unas marcas rojizas de dedos marcados en la piel pálida.

Babe notó hacia dónde miraba Charlie y rápidamente intentó bajar la manga para taparlas, poniéndose de pie.

—No es nada.— murmuró Babe.

Pero Charlie fue más rápido. Se levantó del sofá, tomó suavemente la muñeca de Babe con ambas manos y pasó los pulgares con cuidado sobre las marcas, acariciándolas con delicadeza.

—¿Qué te pasó?— preguntó Charlie, con voz baja pero preocupada.

Babe negó con la cabeza, intentando quitar la mano.

—No es nada, Charlie. Déjalo.

Charlie lo miró con seriedad, sin soltar su muñeca.

—Babe.

Babe suspiró profundamente, derrotado por esa mirada insistente.

—Fue Sakda…Me tomó del brazo dos veces cuando intentaba hacerme “entrar en razón” para que no lo dejara. Me apretó fuerte.

Charlie sintió una oleada de furia y susurró entre dientes:

—Se atrevió a lastimarte…

Babe desvió la mirada hacia un lado, incómodo.

—Ya pasó, Charlie.

Charlie no lo soltó. Con la otra mano tomó suavemente la barbilla de Babe y levantó su rostro para que lo mirara a los ojos.

—¿Alguna vez Sakda te golpeó?

Babe se quedó en silencio unos segundos.

Se mordió el labio inferior con fuerza antes de responder con voz apenas audible:

—Sí…Una vez, porque no quise tener sexo con él. Luego de golpearme…abusó de mí.

Charlie sintió como si algo se rompiera dentro de su pecho. Su expresión se llenó de dolor y rabia contenida.

—Babe…lo que te hizo es gravísimo. ¿Cómo pudiste seguir con él? Tendrías que haberlo denunciado.

Babe sonrió con tristeza, con los ojos brillando por lágrimas que no quería dejar caer.

—Tenía miedo, Charlie…Mucho miedo. A comparación de ahora, antes tenía más control sobre mí.

Sin que Babe se diera cuenta, se había acercado más a Charlie mientras hablaba, buscando inconscientemente el calor de su presencia. Charlie notó la cercanía. Su mano subió desde la barbilla hasta acariciar suavemente la mejilla de Babe, mientras la otra mano se posaba en su cintura, atrayéndolo con cuidado.

Sus rostros estaban tan cerca que sus labios casi se rozaban.

Babe fue quien no pudo aguantar más. Se inclinó y besó a Charlie con intensidad. Charlie, a pesar de no tener experiencia, respondió con naturalidad y tomó el control del beso rápidamente. Devoró la boca de Babe con pasión, inclinando la cabeza para profundizarlo. Babe jadeó contra sus labios cuando sintió las manos de Charlie bajar y apretar firmemente su trasero, atrayéndolo más contra su cuerpo.

—Charlie…— susurró Babe entre besos, con la respiración agitada.

Charlie no respondió con palabras. Siguió besándolo con hambre, saboreando cada reacción de Babe, mientras sus manos mantenían ese agarre posesivo pero cuidadoso.

Confesiones en la Pared

Charlie no podía detenerse. Siguió besando a Babe con pasión, guiándolo con cuidado hasta que la espalda de Babe chocó suavemente contra la pared. Sus labios bajaron lentamente por la mandíbula hasta el cuello de Babe, dejando besos cálidos y lentos. Babe soltó un jadeo suave, inclinando la cabeza para darle más acceso.

Una de las manos de Charlie se deslizó bajo la manga larga del traje de Babe, rozando su pecho y tocando con delicadeza su pezón, apretándolo ligeramente entre sus dedos.

Babe arqueó la espalda contra la pared, respirando más agitado.

Charlie se separó apenas unos centímetros, con los labios aún rozando los de Babe, y susurró con voz ronca y llena de sentimiento:

—Estoy enamorado de ti, Babe…Desde el primer día en que te vi, caí por ti totalmente. No pude evitarlo.

Babe se sonrojó intensamente, mordiéndose el labio inferior mientras lo miraba a los ojos.

Su voz salió baja, casi tímida:

—Yo también…

Charlie lo miró con sorpresa, parpadeando.

—¿Tú también?

Babe asintió lentamente, todavía con las mejillas rojas.

—Algo despertó en mí cuando te vi…pero decidí ignorarlo. Sea como haya sido Sakda, no soy del tipo infiel. Disculpa mi manera de ser contigo, lo frío que fui…me era muy difícil manejar mis sentimientos y tampoco quería que Sakda se las agarrara contigo. Sin embargo, al final pasó…Pero valió la pena, si estamos así ahora.

Charlie sonrió con los ojos brillantes de emoción. Acarició con el pulgar el labio inferior de Babe, mirándolo como si fuera lo más preciado del mundo.

Babe lo observó un momento y luego lo abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en su cuello. Charlie rio suavemente y, sin esfuerzo, lo levantó un poco del suelo, sosteniéndolo contra la pared mientras Babe rodeaba su cintura con las piernas.

—Charlie…— murmuró Babe contra su piel, con una sonrisa en la voz.

—No pienso soltarte ahora.— respondió Charlie, besando su sien.— No después de tanto tiempo conteniéndome.

Se quedaron así unos segundos, abrazados, con las respiraciones aún agitadas y los corazones latiendo fuerte. Babe levantó la cabeza y lo miró a los ojos, esa sonrisa coqueta y suave regresando a sus labios.

—Eres peligroso, ¿lo sabías?— susurró Babe.

Charlie sonrió ampliamente, todavía sosteniéndolo.

—Y tú eres imposible de olvidar.

La Condición

Charlie bajó lentamente a Babe hasta que sus pies tocaron el suelo, pero no lo soltó por completo. Sus manos seguían en la cintura del corredor. Babe lo miró a los ojos, todavía con las mejillas ligeramente sonrojadas, y preguntó con una pequeña sonrisa:

—¿Cuál es tu respuesta, Charlie? ¿Regresarás a X Hunter?

Charlie lo observó en silencio por un momento, con una mirada intensa y juguetona. Acarició suavemente el labio inferior de Babe con su pulgar de forma íntima.

—Con una condición.

Babe ladeó la cabeza, curioso.

—¿Condición?

Charlie asintió, sin dejar de mirarlo.

—Sí, una condición que debes aceptar.

Babe entrecerró los ojos al ver la forma en que Charlie lo tocaba y lo miraba. Soltó una risa baja y preguntó directamente:

—¿Acaso la condición tiene qué ver con una mamada?

Charlie quiso reírse pero se contuvo, solo estaba jugando con él. Respondió con una sonrisa pícara:

—Sí, ¿cómo lo supiste?

Babe afirmó con la cabeza, divertido.

—En la manera en que me tocas el labio y me miras.

Charlie dejó de bromear y su expresión se volvió sincera. Tomó el rostro de Babe con ambas manos y lo miró con ternura.

—No es eso. Solo quiero que aceptes ser mi novio, Babe.

Los ojos gris-azulados de Babe brillaron con intensidad, como si hubiera estrellas dentro de ellos. Una sonrisa genuina y feliz se dibujó en sus labios.

—Sí…Sí quiero.

Charlie sonrió ampliamente, lleno de felicidad, y besó sus labios con cariño.

—Te amo, mi amor.

Babe correspondió el beso y respondió contra sus labios:

—Yo también te amo, Cachorro.

Charlie se detuvo y lo miró con sorpresa, pero con una sonrisa.

—¿Cachorro?

Babe rio suavemente y acarició su mejilla.

—Eres igual a uno. Inquieto, cariñoso y con mucha energía.

Charlie soltó una carcajada y lo abrazó más fuerte.

—Me gusta el apodo.

Babe lo miró con picardía y añadió:

—Entonces…¿no quieres una mamada?

Charlie arqueó una ceja, siguiéndole el juego.

—¿Quieres dármela?

Babe sonrió con coquetería y respondió:

—Cuando quieras, Cachorro…Pero aquí no. Jeff puede venir en cualquier momento y a mí me encanta tener privacidad con mi pareja.

Babe rio al sentir cómo Charlie mordía suavemente su cuello y luego lo besaba en el mismo lugar, antes de abrazarlo con fuerza, levantándolo un poco del suelo otra vez.

—Eres peligroso, Babe…— susurró Charlie contra su piel.

—Y tú eres mío ahora, Cachorro.— respondió Babe, abrazándolo con la misma intensidad.

Una Invitación Inesperada

Babe se separó lentamente del abrazo, aunque sus manos aún descansaban en los brazos de Charlie. Miró hacia la puerta y luego hacia él con una expresión suave pero realista.

—Es mejor que me vaya, Charlie…Es tarde y Jeff de seguro vendrá pronto. No quiero que nos encuentre así de repente.

Babe se inclinó y dejó un beso tierno y prolongado en los labios de Charlie, como una despedida dulce. Cuando se dio la vuelta para dirigirse a la puerta, Charlie estiró la mano rápidamente y lo tomó con suavidad del brazo, deteniéndolo.

—¿Y si no quiero qué te vayas?— preguntó Charlie, con voz baja y cargada de emoción.

Babe se giró de nuevo hacia él, observándolo con esos ojos gris-azulados que ahora parecían más cálidos. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—¿Y si vienes a mi casa?

Charlie arqueó una ceja, sorprendido por la propuesta repentina, aunque su corazón latió más rápido.

—¿A qué te refieres?

Babe respiró profundo, mostrando una vulnerabilidad que rara vez dejaba ver. Se acercó un paso más y tomó la mano de Charlie entre las suyas.

—Te estoy pidiendo que vengas a vivir conmigo…Solo si tú quieres. No quiero presionarte. Si no te sientes listo, podemos esperar el tiempo que necesites. Pero después de todo lo que pasó hoy, después de haber terminado con Sakda y de admitir lo que sentimos…no quiero seguir perdiendo tiempo. Quiero tenerte cerca, Charlie. Despertar y saber que estás ahí.

Charlie se quedó en silencio unos segundos, procesando las palabras. Su pulgar acariciaba distraídamente el dorso de la mano de Babe mientras lo miraba con intensidad.

—¿Hablas en serio? ¿Quieres qué vivamos juntos tan pronto?

Babe asintió, sin apartar la mirada.

—Sí. Mi departamento es grande, tiene espacio de sobra y…me gusta la idea de compartirlo contigo. Pero solo si tú también quieres. No quiero que te sientas obligado por nada.

Charlie sonrió con ternura, dando un paso más cerca hasta que sus frentes se rozaron suavemente.

—Babe…me encantaría. De verdad. Pero tienes razón, todo ha sido muy rápido. Aunque después de hoy…tampoco quiero separarme de ti. ¿Podemos intentarlo? ¿Ir paso a paso?

Babe soltó una risa suave y apoyó su frente contra la de Charlie, cerrando los ojos un momento.

—Paso a paso suena bien, Cachorro. Pero la oferta está abierta. Cuando estés listo, solo dímelo y preparó espacio para tus herramientas y esa energía tuya que no para quieta.

Charlie rio bajo y lo abrazó por la cintura, atrayéndolo contra su cuerpo.

—No sé cómo lograste pasar de ignorarme por completo a pedirme que viva contigo en un mismo día…pero me gusta este Babe.

Babe levantó la mirada y besó la comisura de sus labios.

—Este Babe solo aparece contigo. No lo arruines.

Se quedaron abrazados unos segundos más, disfrutando del silencio cómodo y de la nueva conexión que empezaba a formarse entre ellos.

Máscara que Cae

Babe todavía estaba entre los brazos de Charlie, con una sonrisa suave en los labios.

Se separó un poco y abrió la boca para decir algo más, pero justo en ese momento se escuchó el sonido claro del picaporte de la puerta girando.

Jeff entró al departamento, todavía con su ropa del taller. Se detuvo en seco al ver a Babe y Charlie tan cerca, prácticamente abrazados. Arqueó una ceja con evidente sorpresa.

—Pensé que ya no estarías aquí.— dijo Jeff, mirando directamente a Babe.

La expresión de Babe cambió por completo en un segundo. La calidez y la suavidad que le había mostrado a Charlie desaparecieron.

Su rostro se endureció, sus ojos gris-azulados volvieron a ser fríos y distantes, y su postura se tensó. Charlie notó el cambio inmediatamente y sintió una mezcla de sorpresa y fascinación.

Babe dio un paso atrás, recuperando su habitual frialdad.

—Sí, pasaron cosas…— respondió con voz neutra y fría.— Ya me voy. Nos vemos mañana, Charlie. Buenas noches a ambos.

Sin esperar respuesta, Babe se dirigió hacia la puerta con paso firme. Antes de salir, miró una última vez a Charlie, y por una fracción de segundo, sus ojos se suavizaron solo para él. Luego cerró la puerta detrás de sí.

El departamento quedó en silencio.

Jeff se cruzó de brazos y miró a su hermano menor con una expresión entre curiosa y seria.

—Tienes algo que decirme, ¿no es así?

Charlie sonrió ampliamente, todavía con las mejillas algo sonrojadas. Se pasó una mano por el cabello, inquieto como siempre, y se dejó caer en el sofá.

—Sí…, muchas cosas. Babe y yo…estamos juntos. Le confesé lo que sentía y él también siente lo mismo y…bueno, ahora soy su novio.

Jeff parpadeó, claramente sorprendido, pero luego soltó una risa baja.

—¿En serio? ¿El mismo Babe qué te ignoraba y te trataba como si no existieras?

Charlie asintió, con una sonrisa enamorada.

—Sí. Pero cuando estamos solos…es completamente diferente. Es lindo, coqueto, cariñoso. Me llama “Cachorro”, me besa, me abraza…Es como si tuviera dos personalidades. Con los demás sigue siendo el mismo de siempre: frío, directo, impaciente. Pero conmigo es otra persona. Yo soy la excepción en todo para él.

Jeff se sentó frente a él, todavía con los brazos cruzados, pero su expresión se suavizó.

—Me alegra que por fin alguien logre llegar a ese lado suyo. Babe ha pasado por mucho con Sakda…Pero ten cuidado, Charlie. Aunque me alegre por ti, Babe sigue siendo complicado. Y tú…bueno, ya sabes cómo eres.

Charlie rio suavemente y se inclinó hacia adelante.

—Lo sé. Pero me encanta esa diferencia. Me hace sentir especial. Es como si solo conmigo se permitiera ser vulnerable. Cuando me dijo que me ama…fue real. Y cuando le conté lo del TDAH y todo lo que pasó, no me miró con lástima. Me apoyó.

Jeff suspiró y le revolvió el cabello con cariño.

—Solo quiero que seas feliz. Pero sí Babe te hace daño, le voy a partir la cara.

Charlie sonrió con ternura.

—No creo que lo haga. Hoy vi cómo cambió cuando Sakda apareció en la conversación. Y cómo me mira solo a mí…Es diferente. Muy diferente.

Jeff se levantó y le dio una palmada en el hombro.

—Está bien. Mañana hablaremos con Alan para que vuelvas al taller. Pero no le cuentes todo a los demás todavía. Deja que Babe decida cómo manejar eso.

Charlie asintió, con la mirada perdida y una sonrisa boba en el rostro.

—Sí…Mi novio es el Rey de la Pista. Y soy el único que puede ver su lado suave.

El Regreso y la Declaración

Al día siguiente, el taller de X Hunter volvía a tener su ritmo habitual. Charlie llegó temprano, aún un poco nervioso, pero con una determinación clara. Apenas entró, Jeff se acercó y le dio una palmada en la espalda.

—Alan ya sabe que vuelves. Todo está bien.

Charlie asintió con una sonrisa agradecida y empezó a organizar sus herramientas. Poco después, Babe entró al taller con su habitual expresión seria y fría. Todos los presentes estaban reunidos revisando el calendario de carreras.

Babe se detuvo en medio del taller, miró brevemente a Charlie y luego se dirigió al grupo con voz firme y directa:

—Escuchen todos.

El equipo se quedó en silencio, sorprendidos por la seriedad de Babe.

—Charlie vuelve al equipo de forma definitiva. Y hay algo más que deben saber.— Babe hizo una pausa corta y miró directamente a Charlie antes de continuar.— Charlie y yo estamos juntos. Somos novios.

Un silencio sorprendido llenó el taller.

Sonic fue el primero en reaccionar, con los ojos muy abiertos.

—¿Qué? ¿En serio? ¿Tú y Charlie?

North soltó una risa baja, cruzándose de brazos.

—Vaya… eso sí que no me lo esperaba.

Dean y Way se miraron entre sí, igualmente sorprendidos.

Babe levantó una mano, cortando cualquier comentario adicional.

—No voy a dar más detalles. Solo quería que lo supieran para evitar rumores o malentendidos. Respeten nuestra relación. No quiero comentarios estúpidos ni chismes en el taller. ¿Está claro?

Alan asintió con una pequeña sonrisa.

—Está claro. Felicidades a ambos.

Jeff miró a su hermano con una ceja levantada y una sonrisa cómplice, pero no dijo nada.

Babe se giró hacia Charlie, y por un breve segundo su mirada se suavizó visiblemente.

—Bienvenido de nuevo.— dijo en voz baja, solo para él.

Charlie sonrió ampliamente, sintiendo mariposas en el estómago.

—Gracias, Babe.

Ritmo Normal

El resto del día transcurrió con normalidad en el taller. Babe se cambió y salió a la pista de entrenamiento para hacer varias vueltas de práctica. El rugido del motor se escuchaba a lo lejos mientras Charlie se concentraba en su trabajo.

Charlie estaba inclinado sobre el capó del auto principal de Babe, revisando el motor con atención. Sus manos se movían rápido, ajustando piezas y comprobando presiones.

Jeff se acercó con una botella de agua y se la pasó.

—¿Todo bien por aquí?

Charlie tomó la botella, sonriendo.

—Sí. El auto de Babe está casi perfecto. Solo quiero mejorar un poco más la respuesta en las curvas. Quiero que vuele para él.

Desde la distancia, se escuchó el motor del auto de Babe acelerando en la recta. Charlie levantó la mirada hacia la pista, con una expresión llena de cariño.

Sonic pasó por su lado cargando neumáticos y bromeó:

—Oye, Charlie, ¿ahora vas a tratar el auto de Babe cómo si fuera tu novio también?

Charlie rio y negó con la cabeza.

—Solo hago mi trabajo. Aunque sí…quiero que esté impecable para él.

Más tarde, cuando Babe regresó de su sesión de entrenamiento, entró al taller quitándose los guantes. Su cabello estaba húmedo de sudor y su expresión seguía siendo seria con los demás. Se acercó directamente al auto donde estaba Charlie.

—¿Cómo va?— preguntó con tono profesional.

Charlie levantó la vista y sonrió con calidez.

—Todo en orden. Cambié los sensores de temperatura y ajusté la suspensión trasera como te gusta. Debería responder mejor en las curvas cerradas. ¿Quieres probarlo ahora o después del almuerzo?

Babe lo miró fijamente. Por un momento, sus ojos se suavizaron solo para Charlie.

—Después del almuerzo. Buen trabajo.— dijo en voz baja, casi tierna.

North, que estaba cerca, murmuró sorprendido:

—Vaya…realmente solo es suave contigo.

Babe le lanzó una mirada fría a North, recuperando su actitud habitual.

—Sigue trabajando y no te metas.

Charlie contuvo una risa y volvió a concentrarse en el motor, pero su corazón latía fuerte. Le encantaba ser la única persona que podía ver ese lado más suave de Babe.

Mientras Babe se alejaba para hablar con Alan, Charlie lo observó con una sonrisa enamorada.

—Mi novio…— susurró para sí mismo.

La Nueva Rutina

Los días siguientes en X Hunter se establecieron en una cómoda rutina. Por las mañanas, Charlie llegaba temprano al taller y se ponía manos a la obra con los autos. Babe entrenaba en la pista durante varias horas y solo regresaba al taller para revisiones técnicas.

Esa mañana, Charlie estaba revisando los frenos del auto de Babe cuando este regresó de su sesión de entrenamiento. Babe entró con el traje bajado hasta la cintura, sudoroso y con expresión seria.

—Charlie.— llamó Babe con voz firme y profesional, aunque sus ojos se suavizaron al verlo.— ¿Cómo están los frenos delanteros?

Charlie levantó la mirada y sonrió con cariño, pero mantuvo el tono profesional delante de los demás.

—Están perfectos. Los ajusté al nivel que te gusta. Deberías sentir más estabilidad en las curvas de alta velocidad. ¿Quieres que te muestre los datos?

Babe se acercó al auto y se detuvo a su lado, mirando el motor.

—Muéstrame.

Mientras Charlie le explicaba los números, Babe bajó la voz para que solo él pudiera escuchar:

—Te ves bien trabajando así concentrado, Cachorro.

Charlie se sonrojó ligeramente y murmuró:

—Babe…no aquí.

Momentos Robados

Por la tarde, cuando la mayoría del equipo salió a comer, Babe y Charlie se quedaron solos en el taller. Babe se acercó por detrás mientras Charlie limpiaba sus herramientas y lo abrazó por la cintura, apoyando la barbilla en su hombro.

—Extrañé esto.— susurró Babe contra su cuello.

Charlie soltó una risa suave y se giró entre sus brazos.

—Solo han pasado tres horas desde que te vi por última vez.

—Demasiado tiempo.— respondió Babe, besándolo lenta y cariñosamente en los labios.— Eres mi única paz en este lugar.

Charlie correspondió el beso y acarició su mejilla.

—Me encanta cuando eres así solo conmigo. Con los demás sigues siendo el Rey de la Pista frío y serio…pero conmigo eres dulce. Me hace sentir especial.

Babe sonrió de esa forma coqueta que solo Charlie conocía y apoyó su frente contra la de él.

—Porque eres mi excepción, Charlie. Solo tú puedes ver este lado mío.

En ese momento se escucharon voces fuera del taller. Babe se separó rápidamente, recuperando su expresión fría justo antes de que North y Sonic entraran.

—¿Ya terminaste la revisión, Charlie?— preguntó Babe con tono seco y profesional.

—Sí, todo listo.— respondió Charlie, conteniendo una sonrisa.

North miró a ambos con desconfianza.

—Se siente raro verlos así…tan normales.

Babe le lanzó una mirada fría.

—Sigue con tu trabajo y no te preocupes por lo nuestro.

Noche Tranquila

Esa misma noche, después del cierre del taller, Babe y Charlie se quedaron un rato más. Estaban sentados en el sofá de la pequeña sala de descanso del taller, con las luces tenues.

Babe tenía la cabeza apoyada en el hombro de Charlie, algo raro de ver en él.

—¿Cómo te sientes volviendo al equipo?— preguntó Babe en voz baja.

—Bien…mucho mejor ahora que estamos juntos.— respondió Charlie, acariciando su cabello.— Aunque todavía me pongo nervioso cuando me miras delante de todos con esa cara seria. Siento que me vas a regañar.

Babe rio suavemente y levantó la cabeza para mirarlo.

—Es que tengo que mantener mi imagen. Si todos supieran lo débil que me pones…perdería autoridad.

Charlie sonrió y lo besó en la frente.

—Me gusta ser el único que sabe que el gran Babe puede ser cariñoso y tierno.

Babe lo miró a los ojos con intensidad.

—Te amo, Charlie. Gracias por volver. Y gracias por entenderme.

—Yo también te amo.— respondió Charlie, abrazándolo más fuerte.— Y me encanta esta rutina contigo. Trabajar juntos, verte entrenar…y tener estos momentos solo nuestros.

Babe se acurrucó más contra él.

—Mañana tengo una prueba importante. Quiero que estés ahí revisando el auto personalmente.

—Siempre.— prometió Charlie.— Para eso estoy aquí.

Se quedaron un rato más en silencio, disfrutando de la tranquilidad y de la nueva conexión que crecía entre ellos día a día.

Victoria Dulce

La pista estaba llena de energía y tensión.

Era una de las carreras más importantes de la temporada: el Gran Premio de Bangkok, con equipos fuertes y mucha presión. Babe corría en la categoría principal, mientras North, Dean y Way competían en sus respectivas clases.

El rugido de los motores llenaba el ambiente.

Cuando las luces se apagaron, Babe salió como un rayo. Su auto, perfectamente ajustado por Charlie, respondía de forma impecable en cada curva. El Rey de la Pista demostró una vez más por qué era el mejor: adelantamientos precisos, frenadas perfectas y una concentración letal.

Al final de la última vuelta, Babe cruzó la meta en primer lugar. North quedó segundo en su categoría, Dean tercero y Way cuarto. El equipo X Hunter había dominado la jornada.

El equipo entero explotó en celebraciones cuando Babe bajó del auto. Alan lo abrazó primero, luego Jeff le dio una palmada fuerte en la espalda. Sonic, North, Dean y Way lo rodearon entre risas y gritos.

—¡Lo hiciste de nuevo, Babe! ¡Eres una bestia!— gritó North, levantando el trofeo.

—¡Primer lugar y el equipo en el podio! ¡Esto hay que celebrarlo!— añadió Dean, emocionado.

Babe mantenía su expresión seria frente al equipo, pero sus ojos buscaban a alguien en específico. Cuando vio a Charlie acercándose con una sonrisa enorme, su mirada se suavizó visiblemente.

Charlie se abrió paso entre los chicos y se detuvo frente a él.

—Felicidades, campeón.— dijo Charlie con orgullo.— El auto se comportó perfecto, tal como querías.

Babe lo miró directamente y, delante de todo el equipo, tomó a Charlie por la cintura y lo acercó para darle un beso corto pero firme en los labios. Los chicos silbaron y aplaudieron.

—Gracias a ti, Cachorro.— murmuró Babe solo para él.— No lo habría logrado sin tu trabajo.

Sonic bromeó desde atrás:

—¡Ya basta de besos, que nos vamos a poner celosos!

Babe le lanzó una mirada fría al grupo, aunque con un leve toque de humor.

—Celebren lo que quieran, pero respétennos.

En el Sofá de la Victoria

Más tarde esa noche, después de la fiesta inicial con el equipo, Babe y Charlie se escaparon al área VIP del circuito. Se sentaron juntos en un sofá amplio y cómodo, lejos del bullicio principal. Babe todavía llevaba parte del traje de carreras, con el cabello despeinado y una cerveza en la mano. Charlie estaba recostado contra él, con la cabeza apoyada en su hombro.

Babe pasó un brazo alrededor de los hombros de Charlie y lo atrajo más cerca, besándolo en la sien.

—Hoy estuviste increíble.— susurró Charlie, mirándolo con admiración.— Ver cómo manejabas el auto…es como si fueras parte de él. Me tienes enamorado cada vez más.

Babe sonrió de esa forma suave y coqueta que solo le dedicaba a él. Acarició la mejilla de Charlie con el pulgar.

—Y yo me enamoré más de ti viéndote trabajar en el auto antes de la carrera. Estabas tan concentrado…moviéndote de un lado a otro con esa energía tuya. Me gusta que seas mi excepción, Charlie.

Charlie levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.

—¿Sabes? Me encanta que seas frío y serio con todos…pero conmigo seas así. Tierno, cariñoso…mío.

Babe soltó una risa baja y lo besó en los labios, esta vez más lento y profundo.

Cuando se separaron, apoyó su frente contra la de Charlie.

—Te amo, Cachorro. Gracias por volver al equipo. Gracias por no rendirte conmigo.

—Yo también te amo, Babe.— respondió Charlie, sonriendo feliz.— Ganaste la carrera…pero para mí, el verdadero premio eres tú.

Babe lo abrazó más fuerte, dejando que Charlie se acurrucara contra su pecho. Se quedaron en silencio un rato, disfrutando del momento, mientras afuera se escuchaban las voces lejanas del equipo celebrando.

—Quédate conmigo esta noche.— susurró Babe contra su cabello.— No quiero que termine este día todavía.

Charlie asintió, besando su cuello suavemente.

—No pienso ir a ningún lado, mi Rey.

Apoyo en Silencio

Habían pasado dos meses desde que Babe y Charlie comenzaron su relación. Dos meses en los que la rutina del taller, las carreras y los momentos robados se habían convertido en algo sólido. Sin embargo, el TDAH de Charlie a veces le pasaba factura: días de bajones emocionales donde se sentía abrumado, inútil y ansioso. Ese día era uno de esos.

Estaban en el departamento de Babe después de un largo día. Charlie estaba sentado en el sofá, con las rodillas pegadas al pecho y la mirada perdida. Sus manos no paraban de moverse, tirando de los hilos de su pantalón. Babe acababa de llegar de la cocina con un vaso de agua y se sentó a su lado.

—Hey…— dijo Babe suavemente, dejando el vaso en la mesa.— Háblame. ¿Qué está pasando en esa cabeza tuya tan rápida?

Charlie suspiró profundamente y se pasó las manos por el cabello, inquieto.

—Hoy fue un mal día, Babe. Me siento…inútil. A veces siento que a pesar de que trabajo bien en los autos, mi cabeza no coopera. Me distraigo, hablo de más, me muevo demasiado…y pienso que algún día te vas a cansar de esto. De mí.

Babe frunció el ceño y se acercó más. Tomó una de las manos inquietas de Charlie entre las suyas y la apretó con firmeza.

—Mírame, Cachorro.

Charlie levantó la mirada, con los ojos brillando por lágrimas contenidas.

—No eres inútil.— dijo Babe con voz calmada pero intensa.— Eres el mejor mecánico que ha tenido X Hunter. Y eres mucho más que tu TDAH. Sí, tienes días malos. Sí, tu cabeza va a mil por hora. Pero eso no te hace menos. Me enamoré de todo eso también.

Charlie soltó una risa amarga y bajó la mirada.

—Hoy casi arruinó el ajuste de la suspensión porque me distraje pensando en otras tres cosas al mismo tiempo…Me siento una carga.

Babe tomó su rostro con ambas manos, obligándolo a mirarlo.

—No eres una carga. ¿Sabes cuántas veces me has salvado en la pista con tus ajustes? ¿Cuántas veces tu forma de pensar rápido ha encontrado soluciones que nadie más vio?

—Babe acarició sus mejillas con los pulgares.— Tus bajones son parte de ti, y yo estoy aquí para acompañarte en ellos. No solo en los buenos días.

Charlie se inclinó hacia adelante y apoyó la frente en el hombro de Babe, respirando tembloroso.

—Mañana tengo cita con el psicólogo…No quiero ir solo.

Babe besó su cabello y lo abrazó con fuerza.

—No vas a ir solo. Te acompaño. Siempre que lo necesites, estaré ahí. Cancelo lo que sea.

Charlie levantó la cabeza, sorprendido.

—¿De verdad? No quiero ser una molestia…

Babe negó con la cabeza y lo miró directamente a los ojos, con esa intensidad gris-azulada que ahora estaba llena de calidez.

—Eres mi novio, Charlie. No eres molestia. Quiero estar contigo en lo bueno y en lo difícil. Si tienes un bajón, me avisas. Si necesitas silencio, te doy silencio. Si necesitas que te abrace mientras tu cabeza no para, te abrazo hasta que te calmes.

Charlie sonrió débilmente y se acurrucó más contra él.

—Gracias…No sabes cuánto significa esto para mí. Nadie había sido tan paciente conmigo.

Babe lo abrazó más fuerte y besó su sien.

—Porque te amo. Y voy a seguir amándote aunque tengas días malos. Mañana iremos juntos a la cita. Después podemos comer algo rico y volver aquí. ¿Te parece?

Charlie asintió, sintiendo que parte del peso en su pecho se aliviaba.

—Me parece perfecto…Te amo, Babe.

Babe sonrió de esa forma suave y coqueta que solo le dedicaba a él, y susurró contra su cabello:

—Yo te amo más, Cachorro. Ahora respira conmigo, ¿sí? Uno…dos…tres…

Charlie cerró los ojos y siguió la respiración de Babe, sintiéndose más tranquilo en sus brazos. Por primera vez en mucho tiempo, sus bajones no se sentían tan solitarios.

Pasos Hacia Adelante

Al día siguiente, Babe cumplió su palabra.

Canceló una sesión ligera de entrenamiento y acompañó a Charlie a su cita con el psicólogo. Esperó pacientemente en la sala de espera, revisando algunos datos del auto en su teléfono, pero su mente estaba en su novio.

Cuando Charlie salió de la consulta casi una hora después, se veía más ligero. Tenía los ojos un poco rojos, pero una pequeña sonrisa en los labios. Babe se levantó inmediatamente y se acercó.

—¿Cómo te fue?— preguntó con voz suave, solo para él.

Charlie respiró profundo y asintió.

—Bien…Hablamos mucho sobre los bajones y cómo manejarlos. Me dio nuevas estrategias. Dijo que estoy progresando.

Babe sonrió con orgullo y tomó su mano, entrelazando sus dedos.

—Me alegra oír eso. Estoy muy orgulloso de ti, Cachorro. Vamos a comer algo, ¿sí? Como te prometí.

Llegaron a un restaurante pequeño y tranquilo que a Charlie le gustaba, lejos del bullicio.

Babe pidió el plato favorito de Charlie y lo observó comer con atención.

—¿Quieres contarme qué hablaron?— preguntó Babe mientras compartían un postre.— Solo si te sientes cómodo.

Charlie pinchó un trozo de mango con el tenedor y respondió:

—Hablamos de cómo el TDAH afecta mi autoestima algunos días. Y de que no tengo que sentirme culpable por necesitar apoyo. Me gustó que estuvieras afuera esperando…me dio seguridad.

Babe extendió la mano sobre la mesa y apretó la suya.

—Siempre voy a estar ahí. No tienes que pasar por esto solo nunca más.

Más tarde, ya en el departamento de Babe, ambos se acomodaron en el sofá grande de la sala. Las luces estaban tenues y una suave melodía sonaba de fondo. Babe se quitó la chaqueta y se acurrucó contra el cuerpo de Charlie, apoyando la cabeza en su pecho y rodeando su cintura con un brazo.

Charlie pasó los dedos suavemente por el cabello de Babe, sonriendo.

—Estás muy cariñoso hoy.— murmuró.

Babe levantó ligeramente la cabeza para mirarlo, con esa sonrisa suave y coqueta que solo le mostraba a él.

—Porque estoy feliz. Muy feliz por ti. Después de la cita de hoy, se nota que estás mejor. Tus ojos están más tranquilos. Me gusta verte así, Cachorro…progresando, sonriendo más.

Charlie lo abrazó más fuerte, besando su frente.

—Gracias a ti. Tenerte a mi lado hace todo más fácil. No me siento tan abrumado cuando sé que llegas a casa y me abrazas así.

Babe se acomodó mejor contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón.

—Estás mejorando, Charlie. Lo noto cada día. Sigues siendo ese mecánico inquieto y brillante que no para quieto…pero ahora manejas mejor los días difíciles. Y yo estoy aquí para recordarte lo increíble que eres cuando lo olvides.

Charlie soltó una risa suave y acarició su espalda.

—Nunca pensé que el Rey de la Pista sería tan bueno cuidándome.

Babe levantó la cabeza y lo miró directamente a los ojos, con sinceridad.

—Contigo no soy el Rey de nada. Solo soy tu novio. Y quiero seguir siéndolo por mucho tiempo. Te amo, Charlie. Y estoy orgulloso del hombre que eres, con TDAH y todo.

Charlie sintió un nudo en la garganta de emoción. Besó los labios de Babe con ternura y susurró:

—Yo también te amo, Babe. Gracias por acompañarme hoy…y por quedarte.

Babe sonrió y se acurrucó nuevamente contra su pecho, cerrando los ojos con tranquilidad.

—Aquí me quedo. Donde pertenezco.

Se quedaron así un largo rato, envueltos en un silencio cómodo y cálido, con Babe acurrucado contra el cuerpo de Charlie, celebrando en silencio cada pequeño avance.

Malentendido y Verdad

Habían pasado siete días desde la cita con el psicólogo. Charlie estaba mejorando notablemente: sus bajones emocionales eran menos frecuentes e intensos, y cada vez que aparecían, Babe estaba ahí para sostenerlo.

Lo abrazaba, le recordaba lo valioso que era y lo acompañaba sin quejas.

Pero ese día todo cambió.

Babe estaba en la pequeña cocina del taller preparando un café cuando Sakda logró colarse aprovechando que la puerta principal estaba abierta. Al verlo, Babe se tensó inmediatamente.

—Sakda, ¿qué carajos haces aquí?— dijo Babe con voz fría y cortante.— Sal del taller. Ahora.

Sakda sonrió con arrogancia y se acercó.

—No vine a pelear, cariño. Solo quería hablar contigo. Te extraño.

—No me llames así. Ya no somos nada. Vete.

Sakda ignoró sus palabras y se acercó más, acorralándolo contra la encimera.

—Sigues siendo mío, Babe. Solo necesitas recordarlo.

Intentó besarlo a la fuerza. Babe giró la cara y lo empujó con fuerza en el pecho.

—¡No me toques! ¡Te dije que te largues!

En ese preciso momento, Charlie pasaba por el pasillo y vio de reojo la escena: los dos muy cerca, casi pegados. No alcanzó a ver cómo Babe lo rechazaba. Solo vio la cercanía y sintió que el mundo se le venía abajo. Se dio la vuelta rápidamente y se alejó con el corazón latiendo descontrolado.

Babe se dio cuenta de la presencia de Charlie y palideció.

—Charlie…—murmuró, pero este ya se había ido.

Charlie encontró a Jeff cerca de las herramientas.

Jeff notó su rostro afectado.

—¿Charlie? ¿Estás bien?

Charlie tragó saliva, con los ojos llenos de dolor.

—Vi a Babe con Sakda…Creo que se besaron.

Jeff abrió los ojos con furia.

—¿Qué?

Charlie se había adentrado a la oficina de Alan para poder calmarse.

En ese momento, Babe salió de la cocina buscando a Charlie. Jeff lo vio y se le fue encima, furioso.

—¿Qué carajos crees que estabas haciendo?— gritó Jeff, empujándolo del pecho.— ¡Mi hermano te vio con ese hijo de puta!

Babe intentó mantener la calma, pero su expresión era helada.

—No te metas, Jeff. No sabes cómo pasaron las cosas.

Los demás chicos se acercaron rápidamente al escuchar los gritos. Alan también se acercó.

Jeff, cegado por la rabia, soltó:

—¿No sé nada? ¡Te comportas como una puta queriendo tener a Charlie y a Sakda al mismo tiempo!

Babe vio rojo. Sin pensarlo dos veces, le dio un fuerte puñetazo en la cara a Jeff, quien retrocedió tambaleándose.

—¡¿Por qué carajos querría volver con mi violador?!— gritó Babe, con la voz rota de furia y dolor.

El silencio que cayó sobre el taller fue sepulcral.

Jeff palideció. Todos los presentes se quedaron congelados. Sonic murmuró un “mierda…” apenas audible.

Jeff susurró, tocándose la mejilla:

—Babe…yo…

Babe tenía lágrimas acumulándose en sus ojos, pero no las dejó caer. Su voz temblaba de rabia.

—Váyanse a la puta mierda todos.

Empujó a quienes estaban en su camino y se dirigió hacia la salida. Alan intentó detenerlo:

—¡Babe, espera!

Pero Babe lo ignoró y siguió caminando.

Dean, que había llegado al final pero había visto toda la escena desde lejos, intervino con voz clara:

—Jeff, escúchame. Babe no hizo nada malo. Fue Sakda quien se le lanzó encima. Babe lo rechazó. Ese infeliz intentó besarlo a la fuerza.

Charlie, que había salido de la oficina de Alan atraído por los gritos, escuchó las últimas palabras de Dean. Se quedó paralizado, con el rostro lleno de culpa y dolor.

Jeff se sintió terriblemente culpable y bajó la cabeza.

—Mierda…¿Qué hice?

Charlie no dijo nada. Solo respiró profundo y, sin dudarlo, salió corriendo detrás de Babe.

—¡Babe! ¡Espera!— gritó mientras corría.

Lágrimas en el Asfalto

Charlie salió corriendo del taller con el corazón en la garganta. Sus piernas se movían lo más rápido que podían, ignorando el temblor en sus manos por la ansiedad.

—¡Babe! ¡Babe, espera!— gritó desesperado mientras cruzaba el estacionamiento.

Pero ya era demasiado tarde.

Babe ya estaba dentro de su auto negro. El motor rugió con fuerza cuando lo encendió.

Charlie alcanzó a ver su rostro a través de la ventana: tenía la mandíbula apretada, los ojos llenos de lágrimas y golpeaba el volante con fuerza una y otra vez con el puño cerrado.

—¡Babe! ¡Por favor, detente! ¡Hablemos!— volvió a gritar Charlie, corriendo hacia el auto.

Babe ni siquiera lo miró. Sus ojos estaban fijos al frente, llenos de dolor y rabia. Pisó el acelerador con furia y el auto salió disparado, dejando marcas de llantas en el pavimento.

Charlie se detuvo en seco, respirando agitado, viendo cómo el auto se alejaba a toda velocidad.

—¡BABE!— gritó una última vez, pero el auto ya doblaba la esquina y desaparecía.

Sacó su teléfono con manos temblorosas y marcó el número de Babe. Sonó…sonó…y entró al buzón de voz. Lo intentó de nuevo.

Nada.

—Mierda…Babe, contesta…— susurró con la voz quebrada.

Volvió al taller con pasos pesados. Al entrar, todos los chicos estaban reunidos en el centro, con expresiones graves. Jeff tenía la mejilla roja por el golpe y se veía profundamente culpable, con la mirada baja.

Jeff fue el primero en hablar, con voz ronca:

—¿Pudiste hablar con él?

Charlie negó con la cabeza, pasándose las manos por el cabello con desesperación. Sus ojos estaban brillantes por las lágrimas que intentaba contener.

—No…No se detuvo cuando le grité. Ya estaba en el auto y arrancó como si lo persiguiera el diablo. Estaba llorando, Jeff…Lo vi golpeando el volante con fuerza mientras se iba. Golpeaba y sollozaba. Nunca lo había visto así…Tengo miedo de lo que pueda llegar a hacer. ¿Y si tiene un accidente? ¿Y si está tan mal qué …?

Su voz se quebró. Sonic se acercó y le puso una mano en el hombro.

—Tranquilo, Charlie. Babe es fuerte, pero…después de lo que Jeff dijo, es normal que esté destrozado.

Jeff se pasó las manos por la cara, visiblemente arrepentido.

—Dios…¿Qué carajos hice? No sabía lo de Sakda…No sabía que era su violador. Solo vi rojo cuando me dijiste que los viste besándose. Perdí el control y dije cosas horribles. Soy un idiota.

Charlie lo miró con dolor, pero sin rabia.

—Yo solo vi una parte y malinterpreté todo. Ahora Babe cree que todos pensamos que es un traidor…o peor.

Dean intervino desde atrás, con voz seria:

—Tenemos que encontrarlo. Babe no suele llorar frente a nadie. Que lo hayas visto así significa que está realmente mal.

Alan suspiró profundamente, cruzado de brazos.

—Llamémoslo todos. Alguien tiene que contestar. Y si no, iremos a su departamento. No podemos dejarlo solo después de esto.

Charlie miró su teléfono de nuevo, marcando por tercera vez. Buzón.

—Babe…por favor…contesta.— susurró para sí mismo, con la voz rota.— No fue tu culpa. Yo soy el que malinterpretó. Vuelve…te necesito.

El taller quedó en un silencio pesado, solo interrumpido por el sonido del teléfono de Charlie llamando sin respuesta.

No Voy a Dejarte Ir

Habían pasado más de treinta minutos y Babe seguía sin contestar ninguna llamada.

Charlie no aguantó más. Se levantó de golpe, tomó las llaves del auto de Jeff y se dirigió a la salida.

—Ten cuidado, Charlie…— dijo Alan con preocupación.

Jeff lo miró con culpa, pero solo asintió.

—Tráelo de vuelta.

Charlie condujo lo más rápido que pudo hasta el departamento de Babe. Al llegar, golpeó la puerta con insistencia. Escuchó pasos lentos y la puerta se abrió solo una rendija. Los ojos de Babe estaban rojos e hinchados, con una mirada cansada y rota.

Babe intentó cerrar la puerta, pero Charlie la detuvo con la mano.

—Hablemos, mi amor…por favor.

Babe dudó varios segundos, pero finalmente abrió la puerta y lo dejó pasar. Le dio la espalda a Charlie. Solo llevaba puesta una camisa larga de Charlie, que apenas cubría sus muslos. Charlie intentaba no mirar sus piernas desnudas, pero era difícil.

Cuando Babe se giró, Charlie notó una pequeña marca rojiza en su mejilla.

—¿Y esa marca?— preguntó Charlie, preocupado.

Babe se encogió de hombros, intentando parecer indiferente.

—Sakda me golpeó. Vino al departamento…forcejeamos y llegamos a los golpes.

Charlie sintió cómo la ira recorría todo su cuerpo, pero se contuvo.

Babe bajó la mirada y luego la levantó, con los ojos llenos de lágrimas.

—Creo que lo mejor es que terminemos, Charlie.

Charlie lo miró con sorpresa.

—¿Cómo dices?

Babe sintió que sus ojos picaban.

—Soy un maldito problema en tu vida…Créeme, es lo mejor.

Charlie negó con la cabeza y se acercó. Tomó suavemente el rostro de Babe entre sus manos.

—No eres un problema. No lo fuiste antes, y mucho menos ahora.

Charlie intentó besarlo, pero Babe giró el rostro. Los labios de Charlie terminaron en su mejilla, su aliento cálido golpeando la piel de Babe.

—No me lo hagas más difícil, Charlie…Será mejor que te vayas.

Charlie tomó su barbilla con delicadeza y lo obligó a mirarlo. Sus labios se rozaban.

—No me iré.

La tensión entre ellos era palpable. Babe se mordió el labio inferior, luchando consigo mismo. Quiso apartarlo, pero sus manos se aferraron a la camisa de Charlie.

—Terminemos, Charlie…Es mejor así.

—No.— respondió Charlie con firmeza.— No voy a terminar contigo. Joder, mi amor…te amo.

Charlie tomó el rostro de Babe con ambas manos y lo besó con necesidad. Babe resistió solo un segundo antes de corresponder el beso con la misma intensidad, gimiendo suavemente contra su boca.

Las manos de Charlie bajaron por su espalda y se colaron bajo la camisa. Al descubrir que Babe no llevaba ropa interior, gruñó contra sus labios y apretó su trasero con posesión.

—Charlie…esto no está bien…— jadeó Babe, rompiendo el beso por un momento.

—Lo que no está bien es la idea de que terminemos.— respondió Charlie con voz ronca.

Babe le quitó la camisa a Charlie con urgencia. Charlie lo alzó sin esfuerzo, haciendo que Babe enredara las piernas alrededor de su cintura, y lo presionó contra la pared. Babe jadeó al sentir la fría superficie en su espalda.

Charlie besó su cuello con hambre, chupando y mordiendo suavemente la piel mientras una de sus manos bajaba entre sus cuerpos. Sus dedos encontraron la entrada de Babe y empezaron a acariciarla con círculos lentos.

—Ahh…Charlie…— gimió Babe, arqueando la espalda.

Charlie introdujo un dedo con cuidado, moviéndolo lentamente dentro de él, explorando su interior con movimientos precisos. Babe jadeó agudamente y apretó los hombros de Charlie.

—Te sientes tan bien…— susurró Charlie contra su cuello, añadiendo un segundo dedo y curvándolos con delicadeza para alcanzar ese punto sensible.

Babe soltó un gemido más fuerte, temblando entre sus brazos mientras los dedos de Charlie lo masturbaban con ritmo constante, entrando y saliendo, abriéndolo con paciencia pero con clara posesión.

—Charlie…más…— suplicó Babe entre jadeos, moviendo las caderas contra su mano.

Charlie lo besó profundamente, devorando sus gemidos mientras sus dedos continuaban su trabajo, curvándose y frotando ese punto una y otra vez. Babe temblaba, aferrándose a él con fuerza, con la respiración entrecortada.

—No voy a dejarte ir.— murmuró Charlie contra sus labios, dominante pero lleno de amor.— Eres mío, Babe. Solo mío.

Lleno de Ti

Charlie seguía moviendo sus dedos dentro de Babe con ritmo constante, curvándolos y frotando ese punto sensible que hacía temblar a su novio. Babe arañaba su espalda con fuerza, soltando gemidos bajos y entrecortados justo en su oído.

—Charlie…ahh…más profundo…— jadeaba Babe, con la voz ronca.

Esos sonidos estaban volviendo loco a Charlie. Su respiración se volvía más pesada con cada gemido que Babe soltaba contra su oreja.

Babe echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello. Charlie aprovechó de inmediato y atacó la garganta con besos húmedos, chupando y mordiendo suavemente la piel sensible.

—Charlie…— gimió Babe.

De pronto, Charlie sacó sus dedos lentamente. Babe se quejó al instante, con voz necesitada.

—Cachorro…Tus dedos, no los saques…por favor…

Charlie no respondió con palabras. Llevó los dedos a su propia boca y los lamió lentamente, saboreando el gusto de Babe frente a él. Babe jadeó fuerte al ver la escena, con los ojos vidriosos de deseo.

Charlie desabotonó la camisa de Babe y la abrió por completo. Bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones con la boca, chupando y mordiendo con cuidado mientras su mano atendía el otro.

—Ahh…Tus dedos, mi amor…— se quejó Babe de nuevo, moviendo las caderas buscando más fricción.

Charlie se detuvo al escuchar esas palabras y levantó la mirada, con los ojos brillantes.

—¿Cómo me has llamado?

Babe lo miró con intensidad, respirando agitado.

—Mi amor…Tú eres mi amor.

Charlie lo besó con pasión renovada, devorando su boca. Babe empezó a hacer un pequeño berrinche, moviéndose inquieto contra él.

—No me dejes vacío…por favor…te necesito…

Charlie sonrió contra sus labios y se desabotonó el pantalón con urgencia. Sacó su miembro duro y, sin previo aviso, alineó la punta contra la entrada de Babe y lo embistió de una sola vez, llenándolo por completo.

—Ahh…¡Charlie!— gimió Babe fuerte, clavando las uñas en sus hombros.

—Ahora ya estás lleno nuevamente, mi amor.— gruñó Charlie con voz ronca y posesiva.

Empezó a moverse con embestidas lentas pero profundas, saliendo casi por completo antes de volver a entrar hasta el fondo. Cada movimiento era deliberado, intenso y brutal al mismo tiempo. Charlie lo sostenía contra la pared con fuerza, sujetando sus muslos mientras lo penetraba.

—Te sientes tan bien…tan apretado…— susurró Charlie contra su cuello, mordiéndolo suavemente.

Babe gemía con cada embestida, rodeando el cuello de Charlie con los brazos.

—Más…mi amor…más fuerte…— suplicaba.

Charlie aumentó el ritmo, follándolo con embestidas profundas y poderosas, golpeando ese punto sensible una y otra vez.

Mientras tanto, besaba, chupaba, lamía y mordía el cuello de Babe, bajaba a su boca para besarlo con hambre y luego chupaba sus pezones con devoción.

—Eres mío, Babe…Solo mío.— gruñó Charlie, acelerando las embestidas, penetrándolo con fuerza y profundidad.

—Sí…tuyo…solo tuyo…— jadeaba Babe, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos entrecerrados de placer.— No pares…Charlie…te amo…

Charlie lo besó con intensidad mientras seguía follándolo contra la pared, sus caderas moviéndose con ritmo constante y brutal, llenándolo por completo con cada embestida.

—No voy a terminar contigo…nunca.— prometió Charlie entre besos y jadeos.— Te amo demasiado.

Promesa

Charlie siguió penetrando a Babe contra la pared con embestidas profundas y poderosas, aumentando el ritmo poco a poco.

Cada vez que entraba por completo, Babe soltaba un gemido ronco y arañaba su espalda. El placer iba acumulándose rápidamente en ambos.

—Charlie…estoy cerca…— jadeó Babe, apretando las piernas alrededor de su cintura.

—Yo también, mi amor…— gruñó Charlie, acelerando sus movimientos, follándolo con fuerza y precisión.

Con unas cuantas embestidas más, Babe llegó primero. Su cuerpo se tensó, arqueándose contra la pared mientras soltaba un gemido largo y tembloroso, corriéndose entre sus cuerpos. Charlie lo siguió casi inmediatamente, empujando profundo y derramándose dentro de él con un gruñido gutural, llenándolo por completo.

Ambos respiraban agitados, frente contra frente.

Charlie siguió moviéndose lentamente dentro de él, prolongando el placer, y habló contra sus labios:

—No vamos a terminar, ¿verdad? Vamos a seguir juntos, mi amor.

Babe jadeó, aferrándose con más fuerza a sus hombros.

—Seguiremos juntos, Cachorro…Te quiero a mi lado siempre…Solo te necesito a ti.

Charlie sonrió, mordió suavemente su labio inferior y lo besó con ternura. Sin salir de él, se alejó de la pared cargándolo en brazos y lo llevó hasta la habitación. Lo depositó con cuidado sobre la cama.

Babe se quitó la camisa que aún llevaba puesta y se recostó boca arriba. Abrió las piernas lentamente, ofreciéndose solo para Charlie. Este lo miró con deseo y fascinación.

Charlie se quitó las zapatillas, las medias, el pantalón y la ropa interior, quedando completamente desnudo. Se masturbó un par de veces frente a Babe, quien se mordió el labio inferior observándolo con hambre.

Charlie sonrió al notar su mirada y se posicionó entre sus piernas abiertas. Introdujo dos dedos en su interior, moviéndolos con lentitud, disfrutando de la humedad y de su propio semen dentro de Babe.

—Ahh…Charlie…— jadeó Babe, echando la cabeza hacia atrás.

Charlie sacó los dedos, tomó su miembro y lo alineó nuevamente. Lo penetró de una sola embestida profunda, llenándolo por completo.

Se acercó hasta que sus cuerpos quedaron pegados, rostros a solo centímetros. Charlie observó fascinado cómo los ojos gris-azulados de Babe se veían vidriosos y brillantes por el placer.

Empezó a moverse con embestidas profundas, rudas y brutales. Cada golpe era fuerte, haciendo que la cama crujiera. Babe comenzó a sollozar de placer por la sobreestimulación, aferrándose a la espalda de Charlie.

—Te sientes tan perfecto…tan mío…— gruñó Charlie, besando, chupando y mordiendo su cuello con posesión.

—Más fuerte, mi amor…por favor…— suplicó Babe entre sollozos de placer.

Charlie lo complació, follándolo con fuerza y profundidad, saliendo casi por completo para volver a entrar con brutalidad. Bajó la boca hasta sus pezones, chupándolos y mordiéndolos mientras sus caderas no dejaban de embestir.

—Eres solo mío, Babe…Dilo.—exigió Charlie contra su piel, dominando cada movimiento.

—Soy tuyo…solo tuyo, Charlie…— gimió Babe, con la voz rota de placer.

Charlie lo besó con intensidad, devorando sus gemidos mientras seguía penetrándolo sin piedad, profundo y rudo. Sus cuerpos chocaban con fuerza, sudorosos y desesperados. Charlie mordía su cuello, chupaba su boca y lamía sus pezones, marcando su piel mientras lo follaba sin descanso.

—Te amo…— jadeó Charlie contra sus labios, aumentando aún más la intensidad de sus embestidas.— No voy a dejarte ir nunca.

Babe solo pudo responder con gemidos y sollozos de placer, completamente entregado al hombre que lo estaba llenando con tanto amor y posesión.

Hasta el Amanecer

La noche se convirtió en madrugada y luego en las primeras luces del amanecer. Charlie no había parado. Llevaba horas haciendo el amor con Babe de forma intensa y constante.

Ahora estaban de costado. Babe daba la espalda a Charlie, quien lo abrazaba desde atrás con el pecho pegado a su espalda.

Charlie seguía moviéndose dentro de él con embestidas profundas y lentas, pero firmes.

Una de sus manos sujetaba la cadera de Babe, manteniéndolo en su lugar mientras entraba y salía con ritmo constante.

Babe estaba hecho un completo desastre: su cuerpo temblaba, lágrimas de placer corrían por sus mejillas, tenía marcas de besos y mordidas en el cuello y pectorales, y su trasero estaba rojo por el constante choque de las caderas de Charlie.

—Charlie…ahh…— sollozaba Babe de placer, aferrando la sábana con fuerza.— Es demasiado…pero no pares…

Charlie besó su nuca y mordió suavemente su hombro, penetrándolo más profundo en esa posición.

—No puedo parar…te sientes demasiado bien, mi amor.— susurró contra su piel, acelerando ligeramente sus embestidas.

Cada movimiento era profundo, rozando ese punto sensible una y otra vez. Babe lloraba y gemía sin control, completamente entregado.

Después de casi ocho horas, ambos volvieron a llegar al orgasmo casi al mismo tiempo.

Babe se corrió con un sollozo ahogado, mientras Charlie empujaba hasta el fondo y se derramaba dentro de él con un gruñido bajo y largo.

Charlie salió lentamente de Babe. Este respiraba con dificultad, exhausto. Charlie observó con fascinación cómo la entrada de Babe, roja e hinchada, dejaba escapar su semen, que corría por los muslos de Babe y manchaba las sábanas.

Con dos dedos, Charlie recogió el semen que escapaba y lo empujó suavemente de nuevo hacia adentro. Babe gimió débilmente ante la sensación.

—Charlie…

Babe se giró con esfuerzo y se acurrucó contra el pecho de Charlie, subiendo una pierna sobre su cintura. Charlie los cubrió a ambos con la frazada y lo abrazó con fuerza.

Charlie acarició su espalda con ternura y habló con voz suave:

—Sobre lo sucedido con Sakda…Me disculpo por no haber esperado y que me explicaras la situación, mi amor. Reaccioné mal.

Babe suspiró contra su pecho, todavía recuperando el aliento.

—Está bien…tu reacción es entendible.

Charlie tomó su barbilla con delicadeza y lo besó lentamente, con amor. Cuando se separaron, Babe sonrió con picardía a pesar del cansancio.

—Por cierto…me convenciste con sexo. Buena jugada, Cachorro.

Charlie soltó una risa baja y lo abrazó más fuerte.

—Solo tenía ganas de hacerte el amor.

Babe mordió su labio inferior y lo miró con ojos brillantes.

—Se nota. Me has follado por casi ocho horas…¿Tantas ganas me tenías?

—Bastante.— admitió Charlie con una sonrisa.— Especialmente al verte con mi camisa puesta y esas piernas desnudas…eran una distracción muy peligrosa.

Babe negó con la cabeza, divertido y agotado.

—Quién diría que mi Cachorro, siendo su primera vez, se convertiría en una bestia insaciable en la cama.

Charlie rio suavemente y confesó:

—Me informé bastante sobre eso. No quería lastimarte.

Babe alzó una ceja, impresionado.

—Interesante dato…

Luego se acercó más y susurró contra los labios de Charlie:

—Me encanta cómo me haces el amor, Cachorro.

Babe escondió su rostro en el cuello de Charlie, respirando su aroma. Estaba exhausto, con un delicioso dolor en todo el cuerpo, pero se sentía seguro y amado.

Charlie lo abrazó protectoramente, besando su cabello mientras el amanecer entraba por la ventana.

—Descansa, mi amor.— susurró Charlie.— Estoy aquí.

Tentación de la Tarde

Eran las dos de la tarde cuando Charlie terminó de ducharse junto con Babe. Se puso un pantalón simple de algodón y dejó que Babe se vistiera. Bajó a la cocina y preparó un desayuno tardío: arroz frito, huevos y fruta.

Cuando terminó, subió al dormitorio con una bandeja.

Al entrar, se detuvo en seco.

Babe estaba acostado boca abajo en la cama, usando solo una remera grande que apenas cubría sus muslos. La prenda se ajustaba a su figura, marcando especialmente su trasero redondo y firme. Charlie se cruzó de brazos, intentando no mirar demasiado.

—Babe, la comida está lista. Vamos, levántate.

Babe lo ignoró deliberadamente y se acomodó un poco más, haciendo que la remera se subiera lentamente, revelando más piel suave de sus muslos y parte de su trasero. Charlie tragó saliva y desvió la mirada.

—Babe…en serio. Tienes que comer algo.

Babe se giró con lentitud hasta quedar boca arriba. La remera se levantó lo suficiente para dejar ver la curva inferior de su trasero. Lo miró con ojos provocadores y preguntó con voz suave:

—¿Y no quieres comer otra cosa?

Charlie parpadeó, confundido.

—¿Qué cosa?

Babe sonrió con picardía y levantó un poco más la remera, revelando claramente que no llevaba ropa interior. Su miembro y su trasero quedaron parcialmente expuestos.

Charlie lo regañó, aunque su voz sonaba ronca:

—Babe…estás jugando con fuego.

Babe se encogió de hombros con inocencia fingida.

—Voy a comer…pero primero hazme el amor.

Sin vergüenza alguna, Babe abrió las piernas lentamente, dejando una posición obscena y provocativa. Sus ojos gris-azulados brillaban con deseo.

En cuestión de segundos, Charlie dejó la bandeja a un lado y estuvo encima de él, colocándose entre sus piernas abiertas. Sus manos subieron por los muslos de Babe, levantando la remera hasta su cintura.

—Eres imposible…— gruñó Charlie antes de morder su cuello con posesión.

Babe jadeó y arqueó la espalda, rasguñando la espalda de Charlie con las uñas.

—Te quiero dentro de mí otra vez, Cachorro…— susurró seductoramente.

Charlie besó, chupó y mordió su cuello, bajando hasta su boca para devorarla en un beso profundo. Sus manos subieron hasta los pezones de Babe, pellizcándolos y frotándolos con los pulgares. Babe gimió agudamente en su oído, mordiendo y chupando la barbilla y el cuello de Charlie mientras arañaba sus pectorales.

Charlie se bajó el pantalón lo suficiente y alineó su miembro, penetrándolo lentamente pero con profundidad. Babe soltó un gemido largo cuando lo sintió entrar por completo.

—Ahh…Charlie…más profundo…— suplicó Babe, moviendo las caderas.

Charlie empezó a moverse con embestidas lentas, profundas y violentas. Cada vez que entraba, lo hacía con fuerza, golpeando contra su interior con intensidad. Sus caderas chocaban contra el trasero de Babe con sonidos húmedos y fuertes.

—Te sientes tan caliente…tan apretado…— gruñó Charlie contra su boca, mordiendo su labio inferior.

Babe rasguñaba su espalda con fuerza, gimiendo agudamente en su oído cada vez que Charlie lo penetraba con brutalidad.

—Más fuerte, mi amor…quiero sentirte todo el día…— provocó Babe, chupando su cuello y dejando marcas.

Charlie lo follaba con ritmo intenso: salía casi por completo y volvía a entrar con fuerza, profundo y violento. Besaba su boca con hambre, chupaba sus pezones y mordía su cuello mientras sus manos apretaban sus muslos, manteniéndolo abierto para él.

—Eres mío, Babe…Solo mío.— susurró Charlie con voz dominante, acelerando las embestidas.

—Sí… tuyo…— jadeaba Babe, con los ojos entrecerrados de placer.— Fóllame más fuerte, Cachorro…no pares…

Charlie obedeció, penetrándolo con embestidas rudas y profundas, haciendo que la cama se moviera con violencia. Sus cuerpos sudorosos se deslizaban uno contra el otro mientras se besaban y mordían mutuamente, completamente perdidos en el placer.

Después de la Tormenta

Charlie y Babe llegaron juntos al orgasmo una vez más. Sus cuerpos se tensaron al mismo tiempo, compartiendo gemidos y respiraciones agitadas. Se quedaron abrazados durante varios minutos, recuperando el aliento. Charlie acariciaba la espalda de Babe con ternura mientras este temblaba ligeramente entre sus brazos.

Cuando se calmaron, Charlie salió lentamente de Babe y se limpió con un papel higiénico.

Babe permanecía acostado con las piernas aún abiertas, respirando con dificultad.

Charlie no podía evitar mirar su entrada, roja e hinchada.

—Mi amor…cierra las piernas.— dijo Charlie, afectado pero firme.

Babe sonrió con picardía y obedeció, cerrando las piernas lentamente. Charlie parpadeó, sorprendido.

—Increíble que me hayas hecho caso.— comentó Charlie.— Normalmente te encanta discutir y provocarme.

Babe se levantó con esfuerzo y lo miró con una sonrisa juguetona

—Después del servicio que me diste, cualquiera lo haría…Te dejo propina enseguida, Cachorro.

Charlie lo miró con el ceño fruncido.

—¿Cómo dices?

Babe repitió con tono burlón:

—Tus servicios, Cachorro…Debo pagarlo.

Charlie lo miró mal y, cuando Babe se dio la vuelta, le dio una nalgada firme pero juguetona. Babe soltó un quejido y rio.

—Soy tu novio, no un acostón de una noche.— dijo Charlie con seriedad.

Babe suspiró con una sonrisa amplia y se acercó.

—Lo sé…solo quería joderte y funcionó a la perfección. Qué sexy te ves enojado.

Charlie gruñó y lo atrajo bruscamente hacia su cuerpo, levantándolo un poco del suelo.

Babe rio contra sus labios.

—Te amo, Cachorro.— susurró Babe.

Charlie lo miró con intensidad y respondió:

—Yo también te amo, mi amor.

Lo besó con cariño, profundo y lleno de sentimiento. Cuando se separaron, Charlie lo soltó con suavidad.

Babe fue al baño a limpiarse. Al salir, ambos se vistieron cómodamente y se sentaron en la pequeña mesita con dos sillas que había en la habitación. La bandeja con la comida que Charlie había preparado seguía allí, aunque ya estaba un poco fría.

Mientras comían, Babe pinchó un trozo de huevo y miró a Charlie con cariño.

—Gracias por preparar todo esto…y gracias por no rendirte conmigo ayer.

Charlie extendió la mano sobre la mesa y tomó la de Babe.

—No voy a rendirme nunca. Lo que pasó con Sakda fue un malentendido, pero ya está aclarado. Solo quiero que estemos bien.

Babe apretó su mano y sonrió suavemente.

—Estamos bien. Más que bien. Aunque…creo que hoy no voy a poder sentarme correctamente.

Charlie soltó una risa avergonzada y negó con la cabeza.

—Fue tu culpa por provocarme tanto.

Babe se inclinó sobre la mesa y le dio un beso rápido en los labios.

—Y lo volvería a hacer. Me encanta cuando te pones dominante, Cachorro.

Comieron en un ambiente tranquilo y lleno de complicidad, intercambiando miradas y sonrisas, disfrutando de la calma después de una noche y mañana intensa.

Regreso y Heridas Abiertas

Por la tarde, Babe y Charlie regresaron juntos al taller de X Hunter. El ambiente estaba algo tenso, pero nadie se atrevió a preguntar directamente sobre lo sucedido el día anterior.

En cuanto Babe entró, el equipo se acercó con expresiones sinceras.

—Qué bueno verte de vuelta, Babe.— dijo Alan con una sonrisa tranquila.

—Nos alegra que estés aquí.— añadió Sonic.

North y Dean asintieron.

—Sí, el taller no es lo mismo sin ti en la pista.

Babe asintió con su habitual expresión seria, aunque su mirada era más suave de lo normal.

—Gracias. Estoy bien. Vamos a seguir trabajando como siempre.

Los chicos respetaron su espacio y volvieron a sus tareas. Babe se dirigió a la mesa de herramientas y empezó a revisar los datos de rendimiento de su auto en la tablet.

Jeff se acercó con paso dudoso y se aclaró la garganta.

—Babe, quería decirte algo.

Babe levantó la vista y le hizo una seña con la cabeza para que continuara.

Jeff respiró profundo.

—Sobre lo que te dije ayer…lo lamento. Admito que se me pasó la mano al llamarte de esa manera. No tenía derecho.

Babe lo miró con indiferencia, aunque sus ojos mostraron un destello de dolor.

—No te preocupes. Estoy acostumbrado a que me llamen así gracias a Sakda.

El golpe bajo fue directo. Jeff se quedó sin palabras. Babe dejó la tablet sobre la mesa y se alejó hacia la pista sin decir nada más.

Jeff suspiró con fastidio y se pasó una mano por la cara. Charlie se acercó a él preocupado.

—¿Todo bien entre ustedes?

Jeff negó con la cabeza.

—No lo sé muy bien…Solo quería disculparme por cómo lo llamé.

Charlie lo miró confundido

—¿Cómo lo llamaste?

Jeff se mordió el labio inferior y bajó la voz hasta convertirla en un susurro:

—Le dije que era una puta por estar contigo y con Sakda a la vez.

La expresión de Charlie cambió por completo, pasando de confusión a sorpresa y molestia.

Jeff se adelantó rápidamente:

—Sé que estuvo mal. Me dio un puñetazo cuando se lo dije. Pero por lo visto sí le afectó, porque Sakda se lo decía a diario…Eso me dijo Babe. Babe necesita ayuda, Charlie.

Charlie se quedó callado un momento, procesando todo. Luego, sin decir nada más, se dirigió hacia la pista.

Encontró a Babe de pie junto a su auto, observando el motor con la mirada perdida.

—Babe.— lo llamó suavemente.

Babe giró la cabeza.

—¿Qué pasa, Charlie?

Charlie suspiró y se acercó con seriedad.

—Con todo lo que ha pasado…Creo que sería bueno que vieras a un psicólogo. Debes tratar tus traumas, especialmente con lo que te hizo ese infeliz.

Babe frunció el ceño y respondió de inmediato:

—No es necesario. Puedo solo.

Charlie lo regañó con firmeza:

—Babe, hablo en serio.

Babe lo miró fijamente.

—Yo también.

Charlie se acercó más y habló con cariño pero decidido:

—Es por tu bien, mi amor. No tienes que cargar con todo esto solo. Yo te acompañaré, como tú me acompañaste a mí.

Babe se quedó en silencio unos segundos, mirando hacia el suelo. Finalmente suspiró y aceptó:

—Lo haré.

Charlie sonrió con alivio.

—Dame un beso, mi amor…Saca esa mala cara.

Babe se acercó con fastidio fingido y le dio un beso corto en los labios.

—Ahí tienes. ¿Estás contento?

Charlie sonrió ampliamente.

—Eres tan lindo cuando te pones así.

Babe intentó mantener su expresión seria, pero una pequeña sonrisa se escapó de sus labios. Charlie lo notó y, satisfecho, lo atrajo por la cintura y lo tomó suavemente del cuello para besarlo con más profundidad.

Cuando se separaron, Babe sintió la mano de Charlie bajar y apretar su trasero. Lo miró con una sonrisa de advertencia.

—Si no quieres que te deje en abstinencia por una semana, controla tu mano, Charlie.

Babe se dio la vuelta para irse, pero en ese preciso momento Charlie le dio una nalgada juguetona. Babe se detuvo en seco, contó hasta tres en voz baja y siguió caminando mientras soltaba maldiciones entre dientes.

—Maldito Cachorro…

Charlie se quedó sonriendo con diversión, pero alcanzó a ver cómo Babe sonreía ligeramente mientras se alejaba hacia el taller.

Voces que Duelen

Babe cumplió su promesa. Esa misma semana, Charlie lo acompañó a su primera cita con el psicólogo. Esperó afuera durante casi una hora, respetando su espacio.

Cuando Babe salió de la consulta, tenía la mirada perdida y los ojos algo hinchados, pero no había llorado. Caminaba en silencio, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta.

Charlie no preguntó nada. Solo se acercó y tomó su mano con suavidad, entrelazando sus dedos. Babe apretó su mano en respuesta, pero no dijo una palabra en todo el camino a casa.

Al llegar al departamento, se sentaron en el sofá grande, uno frente al otro en posición de indio, mirándose directamente. Charlie esperó con paciencia, sin presionar. Sabía que Babe necesitaba su tiempo.

Después de varios minutos en silencio, Babe levantó la mirada y habló con voz baja:

—Hablé de mis sentimientos…de los pensamientos malos que tengo sobre mí mismo. Le dije que a veces siento que no valgo nada, que soy un problema para todos.

Babe suspiró profundamente y continuó:

—También le hablé de mi abuso…de lo que me hizo Sakda.

Charlie sintió un dolor agudo en el pecho al ver cómo los ojos gris-azulados de Babe se volvían brillantes por las lágrimas que empezaban a acumularse.

Babe tragó saliva con dificultad antes de seguir:

—Me dijo que no fue mi culpa…que lo que hizo Sakda fue abuso, independientemente de lo que yo dijera o hiciera. Que nadie tiene derecho a tomar el cuerpo de otra persona por la fuerza.

Una lágrima solitaria rodó por la mejilla de Babe. Su voz se quebró cuando continuó:

—Y quiero creerle, Charlie…de verdad quiero creerle. Pero hay una parte de mí, una pequeña parte muy jodida, que dice lo contrario. Que yo lo provoqué…que no debí haber dicho que no esa noche. Que si hubiera aceptado, nada de esto habría pasado.

La voz de Babe se rompió por completo. Sin poder contenerse más, se lanzó hacia adelante y se abrazó fuertemente a Charlie, enterrando su rostro en el cuello de su novio.

Sus hombros empezaron a temblar mientras lloraba en silencio.

Charlie lo abrazó con fuerza, una mano en su espalda y la otra en su nuca, sosteniéndolo protectoramente.

—Shh…estoy aquí, mi amor.— susurró Charlie con la voz llena de ternura.— No fue tu culpa. Nunca fue tu culpa. Sakda fue el único responsable. Tú no provocaste nada. Solo querías que te respetara.

Babe apretó más el abrazo, su voz ahogada contra el cuello de Charlie:

—Me siento tan sucio a veces…tan roto. Pensé que podía guardarlo todo y seguir adelante, pero…duele mucho.

Charlie besó su cabello y lo meció suavemente.

—Lo sé. Y está bien que duela. Está bien que llores. No tienes que ser fuerte todo el tiempo. Yo estoy aquí para sostenerte cuando tú me sostuviste a mí en mis días malos. No estás solo en esto, Babe. Nunca más.

Babe sollozó más fuerte, dejando salir todo lo que había guardado durante tanto tiempo.

—No quiero que me veas como alguien débil…— murmuró.

Charlie negó con la cabeza y lo abrazó aún más fuerte.

—No eres débil. Eres la persona más fuerte que conozco. El hecho de que estés aquí, hablando de esto, yendo al psicólogo…eso es valentía, mi amor. Y yo te amo más por eso.

Se quedaron abrazados durante un largo rato.

Babe llorando en silencio contra su cuello, y Charlie sosteniéndolo con todo el amor y la paciencia del mundo, acariciando su espalda con movimientos suaves.

Noches de Terror y Cariño

Habían pasado varios meses desde aquella noche intensa. La relación entre Charlie y Babe se había fortalecido de una forma que ninguno de los dos esperaba. Charlie ya se había mudado oficialmente al departamento de Babe, llenando el espacio con sus herramientas, su energía inquieta y su calidez. Ambos continuaban con sus sesiones de psicólogo, que les estaban haciendo mucho bien. Babe había denunciado formalmente a Sakda por abuso sexual y agresión física, y gracias a las pruebas y testimonios, Sakda estaba ahora tras las rejas.

La comunicación era ahora el pilar más importante de su relación. Hablaban de todo: de sus miedos, sus inseguridades, sus logros y sus días difíciles.

Esa noche, los dos estaban acurrucados en el sofá de la sala, viendo una película de terror que Charlie había elegido con mucho entusiasmo. Las luces estaban apagadas y solo la pantalla iluminaba sus rostros.

Charlie tenía un plan: en cuanto Babe se asustara, lo abrazaría fuerte y lo protegería.

Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba.

—Esto es ridículo.— comentó Babe con tono crítico, cruzado de brazos.— ¿En serio? ¿La chica corre en línea recta en vez de zigzaguear? ¿Quién hace eso en la vida real?

Charlie lo miró de reojo, algo frustrado.

—Babe…es solo una película. Se supone que da miedo.

Babe soltó una risa seca cuando el asesino apareció en pantalla.

—Por favor…El asesino camina más lento que mi abuela y aun así los alcanza. Esto es cómico, no terrorífico.

Charlie suspiró y se pasó una mano por el cabello, inquieto.

—Mi amor, al menos finge tener un poco de miedo. Yo quería abrazarte cuando te asustaras…pero tú estás aquí criticando todo como si fueras un director de cine.

Babe giró la cabeza hacia él, con una ceja levantada y una sonrisa divertida.

—¿Querías qué me asustara para abrazarme?

Charlie se sonrojó ligeramente y admitió con honestidad:

—Sí…Tenía todo planeado. Ibas a saltar del susto, yo te abrazaba, te besaba en la frente y te decía que yo te protegería. Pero no…tú estás aquí destrozando la película.

Babe lo miró por unos segundos y luego soltó una carcajada genuina, inclinándose hacia él.

—Eres tan tierno, Cachorro…— dijo entre risas, acariciando su mejilla.— ¿De verdad querías protegerme de una película mala?

Charlie hizo un puchero y lo abrazó por la cintura, atrayéndolo más cerca.

—Sí. Pero tú no cooperas. No tienes ni un poquito de miedo. Me siento estafado.

Babe siguió riendo suavemente y se acurrucó contra su pecho, pasando una pierna sobre las de Charlie.

—Perdón por arruinar tu plan romántico. Pero es que esta película es terrible. El guión es malo, los actores exageran y la trama no tiene sentido.

Charlie suspiró dramáticamente, pero sonreía mientras acariciaba la espalda de Babe por debajo de su camiseta.

—Eres imposible. Yo aquí queriendo ser tu héroe de película de terror y tú analizando los errores de producción.

Babe levantó la cabeza y lo besó en los labios con cariño.

—No necesito que me protejas de una película, Cachorro. Ya me proteges en la vida real todos los días. Eso es mucho mejor.

Charlie lo miró con ojos brillantes de amor y lo besó de nuevo, más lento.

—Te amo. Incluso cuando arruinas mis momentos cursis.

Babe sonrió contra sus labios.

—Y yo te amo a ti. Gracias por ser tan paciente conmigo…y por mudarte aquí. Me gusta tenerte en casa.

Se quedaron abrazados en el sofá, con la película todavía reproduciéndose de fondo, pero ninguno de los dos le prestaba atención.

Babe seguía haciendo comentarios sarcásticos de vez en cuando, y Charlie solo reía y lo abrazaba más fuerte, disfrutando de su novio exactamente como era: fuerte, sarcástico y completamente suyo.

Placer en la Oscuridad

Charlie intentó concentrarse nuevamente en la película, aunque su atención estaba más en el cuerpo cálido de Babe pegado al suyo.

De pronto, Babe se movió con fluidez y se sentó a horcajadas sobre su regazo, escondiendo el rostro en su cuello. Charlie sonrió y lo dejó estar, acariciando su espalda con ternura.

Minutos después, sintió suaves besos en su cuello. Un jadeo ronco escapó de su garganta cuando Babe mordió suavemente ese punto sensible.

—Babe…— susurró Charlie, con la voz ya más grave.

Babe se apartó lo suficiente para mirarlo a los ojos, con una sonrisa seductora.

—¿Quieres hacer algo más divertido?

Charlie arqueó una ceja, aunque sus manos ya bajaban por la cintura de Babe.

—¿Qué propones?

Babe se mordió el labio inferior y respondió con voz baja y tentadora:

—Montarte, Cachorro.

Sin esperar respuesta, Babe empezó a moverse lentamente encima de él, frotándose con sensualidad. Se quitó el boxer con rapidez, quedando solo con la camisa puesta.

Charlie observó con deseo cómo Babe sacaba su miembro duro de su pantalón y lo guiaba hacia su entrada.

Charlie gruñó profundamente al sentir cómo Babe descendía lentamente, envolviéndolo centímetro a centímetro con su calor apretado.

—Joder, Babe…— jadeó Charlie, apretando los dientes.

Babe empezó a moverse con movimientos sensuales y profundos, haciendo rebotar su trasero contra las caderas de Charlie. Cada bajada era lenta pero firme, provocando que Charlie perdiera la cabeza.

—Te sientes tan bien…— gimió Babe, con los ojos entrecerrados de placer.

Charlie, dominado por el deseo, agarró la camisa de Babe y la rompió de un tirón, haciendo saltar los botones. Sus manos subieron hasta los pezones de Babe, pellizcándolos y frotándolos mientras se inclinaba para chuparlos con hambre.

—Eres mío.— gruñó Charlie contra su piel, mordiendo suavemente uno de sus pezones antes de pasar al otro.

Babe gimió agudamente y aceleró sus movimientos, cabalgándolo con más intensidad. Charlie tomó sus nalgas con ambas manos, amasándolas y abriéndolas para penetrarlo más profundo con cada rebote.

—Más fuerte, mi amor…— suplicó Babe, moviéndose con entrega total.

Charlie lo sujetó con posesión y empezó a embestir hacia arriba, encontrándose con cada bajada de Babe. El ritmo era una mezcla perfecta de lento y sensual, pero también profundo y brusco. Cada embestida era potente, llenando a Babe por completo.

—Así…justo así.— jadeaba Babe, arañando los hombros de Charlie.

Charlie besaba su boca con intensidad, chupaba y mordía su cuello, y lamía sus pezones mientras sus manos no dejaban de apretar y abrir su trasero, controlando el ritmo. Babe gemía agudamente en su oído, completamente entregado y seductor.

—Te amo…— susurró Charlie contra sus labios, embistiéndolo más profundo y brusco.— Me vuelves loco cuando te mueves así.

Babe sonrió entre gemidos y lo besó con pasión, moviendo sus caderas en círculos sensuales antes de volver a subir y bajar con fuerza.

—Quiero sentirte todo…más adentro, Charlie…por favor.

Charlie gruñó y aumentó la fuerza de sus embestidas, follándolo desde abajo con posesión y amor, mientras Babe cabalgaba sobre él con entrega absoluta, llenando la sala con sus gemidos y el sonido de sus cuerpos chocando.

¡FIN!

Dedicado a @patricia19898 ide que pediste, espero te guste y disculpa la demora…