Customize readability
Aa

Daidoria El legado Valgren

All Rights Reserved ©

Summary

En un mundo donde la magia y la tecnología conviven, el planeta Daidoria fue conquistado por los despiadados invasores Drexenitas. Hace quince años, los príncipes Cillian, un joven mago con un talento excepcional, y Kendrick, un guerrero formidable, fueron separados durante la caída de su reino. Ahora, los dos hermanos se reencuentran y emprenden un peligroso camino para recuperar su hogar. Juntos deberán enfrentar un imperio implacable, traiciones inesperadas y enemigos más poderosos de lo que imaginaban. ¿Podrán dos príncipes rotos por la guerra liberar su planeta… o morirán en el intento?

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Hijos de Drakoria

El reino de Drakoria despierta lentamente bajo la luz dorada del amanecer. Desde las altas murallas del castillo, la capital se extendía como un mar de tejados de piedra antigua, surcado por estandartes que ondeaban perezosamente con la brisa matutina. Más allá de las murallas, los campos comenzaban a cobrar vida: los campesinos salían con sus herramientas al hombro, y el rumor distante de las primeras actividades del día se mezclaba con el canto de los pájaros. Era un reino próspero, cargado de historia y orgullo silencioso.

Pero en el patio de entrenamiento del castillo, el orgullo no se proclamaba con palabras: se forjaba con acero y esfuerzo.

El choque metálico de las espadas rompió la calma de la mañana. Kendrick avanzó con determinación, su espada trazando un arco agresivo y cargado de toda su fuerza juvenil. El golpe fue poderoso, resonante, pero Thomas lo detuvo con una facilidad casi insultante, como si hubiera anticipado cada detalle del movimiento antes de que se completara.

—No —corrigió Thomas, retrocediendo apenas un paso mientras mantenía la guardia alta—. Estás dejando que la fuerza dirija cada movimiento.

Kendrick apretó los dientes, el sudor ya le corría por la frente y le pegaba el cabello a la nuca. El aire del patio parecía más pesado con cada respiración.

—Pero si golpeo más fuerte… —empezó a protestar.

Thomas alzó una mano, cortando la frase antes de que terminara de formarse.

—No todo se resuelve golpeando más fuerte.

Se colocó nuevamente en posición, firme e inamovible, como una roca frente a la marea. Su voz sonó calmada, pero cargada de esa autoridad que solo un padre guerrero podía tener.

—Un buen guerrero piensa antes de atacar.

Kendrick sintió el peso de esas palabras sobre el pecho. Tomó aire profundamente, intentando calmar el fuego que le ardía en las venas, y volvió a lanzarse. Esta vez intentó algo distinto: seguir el ritmo de su padre, no solo atacar, sino comprender. Observar. Anticipar.

Thomas respondió al instante. Bloqueó el golpe, giró la muñeca con precisión quirúrgica y, en un movimiento limpio y casi elegante, desarmó a su hijo. La espada de Kendrick voló por el aire y golpeó el suelo con un sonido metálico que se expandió por todo el patio.

Kendrick exhaló con frustración, dejando caer los hombros mientras intentaba recuperar el aliento. Thomas lo observó en silencio durante unos segundos, el pecho subiendo y bajando con calma. Luego, una sonrisa suave apareció en sus labios.

—Pero fue mejor que el intento anterior.

Kendrick levantó la mirada, sorprendido.

—¿En serio?

—Mucho mejor —confirmó Thomas. Se inclinó, recogió la espada del suelo y se la extendió con gesto firme—. Tu problema no es la fuerza.

Kendrick tomó el arma, aún jadeando.

—¿Entonces cuál es?

Thomas apoyó su propia espada sobre el hombro, mirándolo con esa mezcla de severidad y cariño que solo él sabía transmitir.

—Tu temperamento. Eres impulsivo. Cuando te dejas llevar, atacas sin pensar… y un enemigo inteligente no necesita más que eso.

Las palabras cayeron con más peso que cualquier golpe recibido esa mañana. Kendrick bajó la mirada, sintiendo cómo la verdad se clavaba en su orgullo.

—Lo intento, padre.

Thomas apoyó una mano firme sobre su hombro, apretándolo con calidez.

—Lo sé. —Hubo una breve pausa, y luego añadió con una leve sonrisa—: Y créeme… el día que aprendas a controlarlo, serás un guerrero temible.

Kendrick levantó la vista. Por un instante, en sus ojos brilló un orgullo más intenso que el sol de la mañana.

Mientras tanto, en la cocina principal del castillo, el ambiente era completamente distinto. El aire estaba impregnado del aroma cálido del pan recién horneado y de las hierbas que burbujeaban suavemente en una gran olla sobre el fuego. El calor del hogar envolvía el lugar como un abrazo, haciendo que pareciera un refugio apartado del resto del mundo.

Martha removía la sopa con una cuchara de madera, probó un poco y frunció ligeramente el ceño.

—Le falta sal… —murmuró para sí misma.

A unos pasos de ella, sentado a la mesa de madera gastada, Cillian dibujaba en silencio. Su cuaderno estaba lleno de símbolos extraños, criaturas etéreas y formas de energía que parecían girar alrededor de pequeñas figuras. No eran meros garabatos infantiles; en cada trazo había una intención profunda, una curiosidad que parecía desbordar el papel.

Martha lo observó de reojo.

—Cillian.

No hubo respuesta inmediata.

—Cillian.

—¿Sí? —respondió él por fin, sin levantar la vista.

—¿Por qué no estás entrenando con tu padre y tu hermano?

El niño siguió dibujando.

—Porque no me gusta pelear.

La respuesta salió tan natural y tranquila que Martha dejó escapar un suspiro suave, casi nostálgico.

—A tu padre tampoco le gustaba cuando era joven.

Eso sí captó la atención de Cillian. Levantó la mirada, curioso.

—¿De verdad?

—Sí. —Martha esbozó una sonrisa leve—. Entonces… ¿por qué lo hace?

—Porque a veces las personas hacen cosas que no quieren… para proteger a quienes aman.

Cillian guardó silencio, dejando que las palabras calaran en él. Sus dedos se detuvieron sobre el papel por un momento, como si estuviera sopesando esa idea. Luego volvió a dibujar.

—A mí me gusta más la magia.

Martha se acercó y se apoyó en la mesa, observándolo con cariño.

—Lo sé. Y eres bueno en eso.

Cillian giró el cuaderno hacia ella. Había dibujado una figura suspendida en el aire, rodeada por una tenue luz azul que parecía palpitar en el papel.

—Estoy intentando entender cómo canalizar energía sin usar un catalizador.

Martha alzó las cejas, genuinamente sorprendida.

—¿Tu maestro te está enseñando eso?

—No —respondió él encogiéndose de hombros—. Lo pensé.

Martha soltó una pequeña risa.

—Tu mente es peligrosa, niño.

Pero la sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco. Su expresión se volvió más seria.

—Cillian… hay algo que debemos hablar.

El niño cerró el cuaderno con calma, como si ya esperara esa conversación.

—¿Otra vez?

Martha suspiró.

—Algún día tendrás que asumir ese papel.

Cillian negó con la cabeza, firme.

—No quiero.

—No siempre podemos elegir nuestro destino.

Él la miró directamente a los ojos.

—¿Tú elegiste el tuyo?

La pregunta la tomó por sorpresa. Martha se quedó en silencio unos segundos, buscando palabras que no fueran tan simples.

—No exactamente.

Cillian volvió a abrir su cuaderno.

—Entonces yo tampoco quiero hacerlo.

—Cillian…

—Solo quiero vivir tranquilo —continuó el niño, levantando la mirada con una determinación tranquila—. No quiero… puedo ser príncipe porque ya lo soy… pero mi hermano será rey… y yo seguiré siendo príncipe… pero no quiero vivir como uno.

Martha no respondió de inmediato. Solo lo observó con una mezcla profunda de tristeza y cariño, un sentimiento que no necesitaba palabras para expresarse.

En ese momento, la puerta de la cocina se abrió.

—Espero que haya comida —dijo Thomas al entrar, con una sonrisa relajada que aún conservaba el calor del entrenamiento.

Kendrick venía detrás, todavía sudado y con el cabello revuelto.

—Siempre tienen hambre después de pelear —comentó Martha, dejando escapar una risa suave mientras se secaba las manos en el delantal.

—Eso significa que entrenamos bien —respondió Thomas.

Se acercó a ella y le dio un beso tierno en la mejilla antes de sentarse a la mesa. Poco a poco, todos ocuparon sus lugares. Durante unos minutos, el único sonido fue el de los cubiertos y la comida sirviéndose, un momento de calma sencilla y hogareña.

Entonces Thomas miró a su hijo menor.

—¿Cómo van tus estudios de magia?

Cillian dudó un instante, removiendo la sopa con la cuchara.

—Bien… creo.

—¿Crees? —preguntó Thomas con una ceja ligeramente alzada.

—Mi maestro dice que tengo potencial.

Thomas asintió, satisfecho.

—Eso es bueno.

Cillian bajó la mirada hacia su plato.

—Pero también dice que me distraigo demasiado.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Thomas, cargada de comprensión y un toque de diversión paternal.

El ambiente en la mesa se mantuvo ligero, aunque cargado de esa calidez familiar que solo surge después de un largo día.

—Eso también es cierto —dijo Thomas con una media sonrisa.

Kendrick soltó una pequeña risa y miró a su hermano menor.

—Ayer lo encontré intentando hacer levitar una cuchara durante una hora.

Cillian lo miró indignado, con las mejillas ligeramente sonrojadas.

—¡Casi funcionaba!

—La cuchara apenas se movió —replicó Kendrick, divertido.

—Se movió.

—Un centímetro.

—Eso sigue siendo moverse.

Thomas levantó una mano, imponiendo orden con gesto firme pero sin dureza.

—Basta.

El silencio volvió de inmediato. Thomas miró a Cillian con seriedad serena.

—La magia requiere disciplina —dijo con calma—. Igual que la espada. No importa cuál camino elijas… tendrás que esforzarte.

Cillian asintió lentamente, aunque en el fondo de su mente aún flotaba la misma incertidumbre, esa pregunta sin respuesta sobre cuál era realmente su lugar.

La noche cayó sobre el castillo con una calma inusual, casi demasiado tranquila. En la habitación que compartían los hermanos, Kendrick estaba sentado en el suelo, concentrado en limpiar su espada de entrenamiento. Pasaba el paño con movimientos meticulosos, como si cada pasada puliera no solo el acero, sino también su propio orgullo.

—Padre dice que estoy mejorando —comentó sin levantar la vista, con un dejo de satisfacción en la voz.

Cillian permanecía acostado en su cama, mirando el techo donde las sombras jugaban con la luz de una única vela.

—Lo noté —respondió en voz baja.

Kendrick esbozó una leve sonrisa.

—Pero también dice que debo controlar mis impulsos.

Cillian giró apenas la cabeza hacia él.

—Eso también lo noté.

Kendrick frunció el ceño, tomó una almohada y, sin pensarlo dos veces, se la lanzó. Cillian la atrapó a medias y soltó una risa breve que resonó en la habitación antes de desvanecerse rápidamente. El silencio regresó, más denso esta vez.

Kendrick levantó la mirada hacia su hermano.

—Anoche te escuché otra vez.

Cillian no respondió de inmediato. Su expresión se tensó.

—Te estabas quejando —añadió Kendrick con suavidad.

Cillian dejó escapar un suspiro largo.

—Tuve otra pesadilla.

Kendrick dudó solo un instante. Se levantó del suelo, se acercó a la cama y se sentó frente a él, apoyando los brazos sobre las rodillas.

—Cuéntame.

Cillian se incorporó despacio, como si al moverse tuviera que arrastrar también el peso de las imágenes. Su voz salió baja, casi un susurro.

—Vi… a Drakoria arder. Había explosiones… y disparos. La gente gritaba, corría por todos lados… —tragó saliva con dificultad—. Padre estaba en el suelo… sin vida.

El aire de la habitación pareció volverse más pesado, cargado de un temor que ninguno de los dos quería nombrar.

—Y entonces… una gran explosión lo sacudió todo. —Bajó la mirada—. Y desperté.

El silencio que siguió ya no fue tranquilo. Fue incómodo, denso, cargado de todo lo que no se decía.

—Solo fue una pesadilla —dijo Kendrick al fin, aunque su voz se quebró ligeramente.

Cillian apretó las sábanas entre sus dedos.

—No pude hacer nada…

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos. Kendrick se acercó un poco más y apoyó una mano firme sobre el hombro de su hermano.

—Escúchame —dijo, y su tono se volvió más fuerte, casi como el de su padre—. Eso nunca va a pasar. Nuestro padre es el guerrero más fuerte de Drakoria. Nadie puede derrotarlo. —Luego sonrió, intentando aligerar la carga del momento—. Y yo tampoco soy tan fácil de matar.

Cillian dejó escapar una pequeña risa nerviosa.

—Supongo.

Kendrick se levantó y regresó a su cama. Cillian alzó una mano hacia las luces mágicas de la habitación; un instante después, estas se apagaron suavemente. Ambos sonrieron en la penumbra.

—Buenas noches, hermano.

—Buenas noches.

La oscuridad envolvió la habitación, y el castillo entero pareció sumirse en el silencio.

Let Nicolas Aravena know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

Silvia: Sehr schön geschrieben, mit Spannung von Anfang bis Ende. Tolle Geschichte .

Read Now
The Orc's Pet

Xonereth: I really enjoyed this story. It was pretty straightforward plot wise, uncomplicated. Loved the characters and the world. It unfolded at a good pace. Keep writing and I will definitely check out your other works!

Read Now
Mystic Wolf

Akthea: Fantastica

Read Now
Alien Claim: Book 1

Noor jahan: THE NOVEL WAS TRULY AMAZING, SO AMAZING THAT I WISHED FOR ME BEING KIDNAPPED BY SUCH ALIEN 🤣🤣🤣

Read Now
Luna de Verano - Die Gefährtin des Alphas (Band 1)

C.: Ich habe so oft herzhaft gelacht. Was für eine tolle Geschichte. So schön geschrieben. So schön, flüssig lesbar. Ich lieb‘s. Mir tun die Herren in der Geschichte fast leid, die Frauen sind reine Naturgewalten. Lustig, verschmitzt, offen, direkt. So schön. Danke für diese Geschichte und das wir sie l...

Read Now
SECRET BILLIONAIRE

Janet: Very heart warning, shows what a kindness will be rewarded. Good reading.

Read Now
La louve enchaînée

lamia housni: Ce n’est pas un histoire d’amour Plutôt intrigue

Read Now