Chapter 1
El zorro de piedra en la entrada del recinto Hyūga tenía los ojos tallados con una expresión tan severa que ________ desvió la mirada de inmediato.
El aire estaba quieto, demasiado puro. Todo allí olía a orden, a silencio.
A juicio.
______ sostenía su pequeña maleta con ambas manos, las mangas largas de su kimono color lavanda cubriéndole casi los dedos. El dobladillo estaba perfectamente planchado, su cabello peinado con esmero. No temblaba, pero solo porque había aprendido a no hacerlo cuando lo observaban.
A su lado, un anciano de su clan hablaba con uno de los Hyūga mayores.
—Lamentamos que Hinata-sama ya estuviera comprometida, pero como muestra de respeto, nuestro omega menor ha sido ofrecido para cumplir el acuerdo.
_______ bajó la cabeza cuando sintió que lo nombraban.
No como persona. Como ofrenda.
"Nuestro omega menor".
Había sido preparado para esto desde que tenía memoria.
Había practicado reverencias, té, plegarias, silencios.
Nunca pensó que lo entregarían a un alfa.
Mucho menos a ese alfa.
—_______ —llamó el anciano.
Él dio un paso al frente, inclinándose suavemente.
—Es un honor... servir —dijo, apenas audible.
Del otro lado del pasillo, un joven alto con el cabello largo y una túnica blanca los observaba. No dijo nada.
Solo lo miró.
Y ________ deseó no haber alzado la vista.
Porque ese era Neji Hyūga.
El shinobi prodigio. El alfa que su clan había descrito como frío, preciso, demasiado orgulloso.
Y sin embargo... no tenía los ojos llenos de superioridad.
Solo estaban tranquilos. Demasiado tranquilos.
La ceremonia fue breve. Dos genins entregaron documentos y sellos, los ancianos pronunciaron frases antiguas sobre "vínculos duraderos" y "fortaleza de clanes". _______ firmó con una mano que apenas podía sostener el pincel.
Una hora después, caminaba detrás de Neji hacia la casa que le habían asignado juntos.
No hablaron.
Ni una palabra.
La casa era tradicional, de madera clara, impecable. ________ entró descalzo, como le habían enseñado, y dejó su maleta al lado de la puerta sin moverse.
Neji lo miró de reojo.
—Puedes elegir una habitación —dijo con voz baja—. La de la derecha da al jardín.
________ asintió con rapidez.
—Gracias, Hyūga-sama.
—Neji. —Corrigió él, sin brusquedad.
El omega tragó saliva.
—Gracias... Neji-sama.
Neji pareció a punto de corregirlo de nuevo, pero no lo hizo.
_______ fue hasta la habitación sin levantar la vista. Cerró la puerta detrás de sí y se dejó caer de rodillas junto a la cama baja.
Respiró hondo.
Su corazón golpeaba tan fuerte que temía que se escuchara a través de las paredes.
No porque Neji le hubiera gritado. No porque lo hubiera mirado con desprecio.
Sino porque no sabía cómo actuar con alguien que no lo trataba como nada.
Ni como inferior, Ni como valioso.
Solo... como alguien que estaba ahí.
Más tarde, esa noche, mientras doblaba su ropa para guardarla, escuchó la puerta principal abrirse con suavidad.
Neji debía haber salido.
_________ miró sus dedos. Temblaban. Muy poco, pero temblaban.
Recordó cómo lo había mirado.
Sin deseo. Sin asco. Solo con... curiosidad.
Y por primera vez, se preguntó si en esa casa, en ese mundo ajeno a todo lo que conocía...
iba a poder aprender quién era, sin tener que pedir perdón por ello.
POV: ______
No pudo dormir esa noche.
La habitación era demasiado silenciosa, aunque era hermosa. Las paredes limpias, el futón amplio, las sábanas blancas con bordado de nubes grises. Pero no había aroma a incienso, ni a flores de su clan. Solo a madera nueva.
Y un rastro lejano... de alfa.
No intenso. Pero estaba. Como si Neji hubiera estado cerca alguna vez. Como si el aire recordara su presencia.
________ se tapó hasta el cuello, con las manos cruzadas sobre el pecho. Respiraba muy despacio.
No quería hacer ruido.
No quería molestar.
Había sido entregado sin ceremonia personal. No hubo palabras de despedida.
Su madre le dijo: "haz lo correcto". Su tía le colocó el lazo en el obi. Nadie preguntó si tenía miedo.
Y ahora, estaba en casa de un alfa.
Un alfa que apenas le habló.
Que no lo tocó.
Que no lo miró como lo hacían los hombres de su clan —con juicio o deseo.
Y eso lo confundía más que cualquier cosa.
> "¿Estoy haciendo algo mal...? ¿O él solo no me quiere aquí?"
Pensó en ofrecerle té al día siguiente. En preparar algo dulce, aunque no sabía si a Neji le gustaban los sabores suaves.
También pensó en pedirle perdón, aunque no supiera por qué.
Y luego se odió un poco por eso.
POV: Neji
Despertó antes del amanecer, como siempre. Su cuerpo entrenado no necesitaba mucho descanso.
La casa estaba en silencio.
El otro lado del pasillo seguía igual: la puerta cerrada, sin sonido. No escuchaba pasos, ni movimiento. Solo una respiración suave.
Ligera.
Asustada.
Se apoyó en la pared, cruzando los brazos.
> "Es un cachorro."
"No debería estar aquí."
Y sin embargo... lo estaba.
Con manos pequeñas que se aferraban a su maleta como si temiera que se la quitaran. Con una reverencia que duró más de lo necesario.
Con un nombre demasiado bonito para ser pronunciado por los ancianos como si fuera un objeto.
_______.
El sonido seguía repitiéndose en su mente.
Y el instinto... había reaccionado.
Como un leve empujón desde dentro. Una alarma tranquila.
"Protégelo."
Pero ¿de qué? ¿De quién?
> "¿De ti mismo, Neji?"
Se detestaba por no saber qué hacer.
Por no poder mirarlo más de unos segundos.
Por pensar en cómo se sentía su aroma: sutil, contenido... como una flor obligada a crecer en una maceta demasiado estrecha.
> "No lo lastimes."
Esa mañana, cuando _______ salió de su cuarto con los ojos bajos y el cabello recogido con esmero, se encontró a Neji de pie junto al shōji, mirando hacia el jardín.
Neji giró levemente el rostro.
_______ bajó aún más la cabeza.
—...Buenos días, Neji-sama.
El alfa no respondió de inmediato.
Luego dijo, con voz serena:
—No tienes que llamarme "sama".
Silencio.
—Tampoco tienes que pedirme permiso para estar aquí.
________ alzó la mirada, confundido.
—Este es tu hogar también ahora —añadió Neji, sin mirarlo—. Nadie te está juzgando.
Eso era mentira. ________ lo sabía.
Pero en ese momento... por alguna razón, quería creerlo.








