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One shots//Gewis

Summary

Recopilación de OS con temática Gewis ☝🏻✨️ Boys Love. +18 y comportamientos cuestionables, por lo que si eres sensible esto no es para ti. Omegaverse y más... mpreg. No pretendo dañar la identidad de las personas involucradas, meramente ficción.

Genre
Lgbtq
Author
Abril
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Infidelidad

Au: OMEGAVERSE y +18.

------------

La lluvia caía con una fuerza implacable. George ya no sabía cuánto tiempo llevaba corriendo; había perdido la noción del tiempo y de la distancia. En su mente solo se repetía una imagen una y otra vez: su alfa en brazos de una omega, entregándose a ella como si él jamás hubiera existido.

Las lágrimas se mezclaban con el agua que resbalaba por su rostro, mientras su corazón se hacía añicos con cada paso. Incluso sus feromonas, que normalmente desprendían un delicado aroma a chocolate y menta, se habían vuelto amargas, reflejando el dolor que lo consumía.

Fue entonces cuando divisó un bar. El lugar tenía un aspecto peculiar, envuelto en luces tenues y elegantes, pero al mismo tiempo desprendía un aire de lujo que contrastaba con la tormenta del exterior.

Sin pensarlo dos veces, entró completamente empapado. El murmullo de la música llenaba el ambiente. Había varias parejas de alfas y omegas compartiendo tragos, risas y caricias discretas. George ignoró todas las miradas que se posaron sobre él y tomó asiento frente a la barra.

-Sírveme lo más fuerte que tengas -pidió con la voz quebrada.

El bartender asintió en silencio mientras preparaba la bebida.

No muy lejos de allí, un hombre de piel morena, con pequeñas trenzas pequeñas pegadas al cuero cabelludo y varias joyas que resaltaban su atractivo, no dejaba de observarlo con curiosidad.

George lo notó de inmediato. Cansado de sentirse observado, levantó la vista y lo enfrentó.

-¿Qué tanto me miras? -preguntó con frialdad, sosteniéndole la mirada.

El hombre liberó lentamente sus feromonas. Un delicado aroma a uva madura y roble francés se mezcló con el olor a licor y madera del bar. Era un perfume elegante, cálido y profundo, idéntico al de las antiguas barricas de los viñedos que George había recorrido años atrás junto a Alex, cuando todavía creía que el amor podía durar para siempre.

El recuerdo le atravesó el pecho como una cuchilla.

Apretó con fuerza el vaso entre sus manos y cerró los ojos por un instante. No necesitaba preguntarlo; aquellas feromonas eran inconfundibles. El desconocido era un alfa.

El hombre lo observó durante unos segundos más. No había lástima en su mirada, solo una curiosidad tranquila, como si estuviera intentando descifrar el origen de aquella tristeza que parecía envolver al joven omega.

Finalmente se levantó de su asiento y caminó hasta la barra. Sus botas resonaban suavemente sobre el piso de madera mientras varias personas seguían la escena con discreción.

-Sírveme lo mismo que a él -le pidió al bartender con una sonrisa cordial.

-Enseguida.

El hombre tomó asiento junto a George, dejando una distancia prudente entre ambos. No invadía su espacio ni intentaba intimidarlo; simplemente permanecía allí, acompañándolo en silencio mientras el bartender terminaba de preparar la bebida.

Cuando los vasos quedaron frente a ellos, el alfa tomó el suyo y giró ligeramente la cabeza hacia George.

-Vi entrar a un omega completamente empapado bajo una tormenta como esta. Cualquiera pensaría que venías huyendo de algo... o de alguien.

George soltó una risa vacía, sin rastro de alegría.

-Tal vez de las dos cosas.

El alfa apoyó un codo sobre la barra.

-También vi tus ojos. Los reconocería en cualquier parte. Son los ojos de alguien al que acaban de romperle el corazón.

George guardó silencio durante unos segundos. Después dio un largo trago al licor, sintiendo cómo el ardor descendía por su garganta sin lograr calmar el vacío que llevaba dentro.

-Ya no creo en el amor -murmuró con la voz quebrada-. Hoy entendí que algunas promesas solo sirven para ilusionar a los tontos.

El alfa no respondió de inmediato. Se limitó a observar el líquido de su vaso antes de darle un pequeño sorbo.

-Es curioso... La mayoría de las personas que cruzan esa puerta vienen buscando olvidar algo. Un mal día, un fracaso, una pérdida... Tú, en cambio, pareces haber perdido una parte de ti.

George desvió la mirada hacia las parejas que reían al fondo del bar. Ver a aquellos alfas y omegas abrazados solo hacía que el dolor creciera.

En ese momento, el bartender dejó otra ronda de bebidas frente a ambos.

-Aquí tiene, jefe.

George levantó la vista, sorprendido.

-¿Jefe...? ¿Eres el dueño de este lugar?

El hombre sonrió con tranquilidad y asintió.

-Así es.

Extendió la mano con amabilidad.

-Lewis. Mucho gusto.

George dudó unos segundos antes de estrecharla.

-George.

Lewis se acercó despacio, dándole a George el tiempo suficiente para alejarse si así lo deseaba. Cuando estuvo frente a él, sus ojos verdes se encontraron con los profundos ojos cafés del alfa. Durante unos segundos ninguno habló; el bullicio del bar pareció desvanecerse alrededor de ellos.

Entonces Lewis sonrió con suavidad.

-Eres muy hermoso, George. No entiendo cómo ese alfa fue incapaz de ver el tesoro que tenía frente a él.

George bajó la mirada. Hacía apenas unas horas aquellas palabras lo habrían hecho sentir incómodo, pero ahora, con el corazón hecho pedazos, solo despertaban una extraña calidez en su pecho.

Lewis continuó con un tono sereno, sin presionarlo.

-Ven conmigo. Mi departamento está justo encima del bar. No quiero que pases la noche solo... y prometo que no haré nada que tú no quieras.

George permaneció en silencio.

Su omega anhelaba consuelo, alguien que le recordara que todavía era digno de ser querido. Lewis era un alfa atractivo, seguro de sí mismo y sorprendentemente amable. Por un instante, la imagen de Alex volvió a cruzar por su mente, acompañada de todos los recuerdos que habían construido juntos.

Pero enseguida apareció otra imagen: Alex abrazando a aquella omega.

Sintió un nudo en la garganta.

"Ya no somos nada", pensó. "Él tomó su decisión... y yo soy libre de tomar la mía."

Respiró hondo y, después de unos segundos, levantó la vista.

-Está bien... iré contigo.

Una sonrisa discreta apareció en el rostro de Lewis.

-Gracias por confiar en mí.

Ambos se pusieron de pie. Lewis lanzó una breve mirada hacia el bartender, quien respondió con un leve asentimiento, como si aquella conversación silenciosa fuera suficiente para entender que el dueño se retiraba por el resto de la noche.

Caminaron hasta la salida del bar.

Al abrir la puerta, una ráfaga de viento húmedo los recibió. La lluvia seguía cayendo con la misma intensidad, golpeando el pavimento y formando pequeños ríos que recorrían la calle.

Sin pensarlo dos veces, Lewis se quitó la chaqueta y la acomodó con cuidado sobre los hombros de George.

-Te vas a enfermar si sigues empapado.

George sujetó la prenda contra su pecho. Aún conservaba el cálido aroma de las feromonas de Lewis, uva y roble francés.

-Gracias... -murmuró con una tímida sonrisa.

Lewis le sostuvo la puerta del edificio y esperó a que entrara primero.

-Vamos. Ya has tenido una noche demasiado difícil.

Cuando Lewis abrió la puerta, George se quedó inmóvil.

El departamento era mucho más lujoso de lo que había imaginado. Los techos eran altos, una enorme lámpara de cristal iluminaba la sala principal y un ventanal dejaba ver la ciudad cubierta por la lluvia. Los muebles de madera oscura, las estanterías repletas de libros y varias pinturas de paisajes daban al lugar un ambiente elegante, pero acogedor. Una escalera de diseño moderno conducía al segundo piso, donde se encontraban las habitaciones.

George observó todo con asombro.

-Vaya... este lugar es increíble.

Lewis sonrió con modestia.

-Gracias. Ven.

Con delicadeza tomó la mano de George y comenzó a subir las escaleras.

-Te prestaré algo de ropa. Deberías darte un baño caliente antes de que termines resfriado.

George asintió, todavía algo nervioso.

-¿Y después? ¿Tienes hambre? Puedo preparar algo de cenar. Debes estar hambriento.

El omega sonrió por primera vez en toda la noche.

-Sí... algo ligero estará bien.

Aquellas pequeñas atenciones hacían que el omega de George se sintiera extrañamente tranquilo. Después de una noche llena de dolor, la calidez con la que Lewis lo trataba era casi reconfortante.

Al entrar en la habitación principal, un suave aroma a uva y roble francés lo envolvió por completo. Las feromonas del alfa impregnaban cada rincón del cuarto, transmitiendo una sensación de calma y seguridad. Lewis abrió el armario y sacó una sudadera gris, un pantalón deportivo y una toalla limpia.

-El baño está al fondo. Tómate el tiempo que necesites.

-Gracias, Lewis.

El agua caliente relajó poco a poco la tensión que había acumulado durante todo el día. Cuando terminó de bañarse y se puso la ropa prestada, la tela le quedaba un poco grande, pero era cómoda y conservaba el inconfundible aroma del alfa.

Al bajar al primer piso, encontró a Lewis en la cocina. Con sorprendente habilidad preparaba una ensalada con espinacas frescas, arándanos, nueces caramelizadas y queso de cabra, mientras una suave melodía sonaba de fondo.

-Espero que te guste. Es una de mis cenas favoritas cuando llego tarde del trabajo.

George tomó asiento en la isla de la cocina.

-Sabe muy bien.

Mientras cenaban, la conversación fue fluyendo con naturalidad. Hablaron del bar, de los vinos que Lewis coleccionaba y de algunos viajes que había hecho. Por primera vez desde que había abandonado su antigua vida bajo la lluvia, George sintió que podía hablar sin que el dolor lo ahogara.

Cuando terminaron de cenar, Lewis recogió los platos y George lo ayudó a llevarlos al fregadero.

Después de un momento de silencio, el omega habló con cierta timidez.

-Lewis... ¿podrías prestarme algunas cobijas? Dormiré en el sillón. No quiero incomodarte.

El alfa giró hacia él con una expresión de sorpresa y negó con la cabeza.

-Claro que no.

George parpadeó.

-Pero...

-Dormirás en mi habitación.

El omega abrió un poco más los ojos.

-¿Y tú?

Lewis sonrió con tranquilidad.

-Yo dormiré en la habitación de al lado. Tengo un cuarto de huéspedes que casi nunca uso. Quiero que descanses en una cama de verdad.

George sintió un nudo en la garganta. Desde que había conocido a Lewis, aquel alfa no había intentado aprovecharse de su vulnerabilidad. Al contrario, cada uno de sus gestos había estado lleno de respeto y consideración.

-No tenías que hacer todo esto por mí... apenas me conoces.

Lewis se encogió ligeramente de hombros.

-No necesito conocerte desde hace años para saber que esta noche necesitas un lugar donde sentirte seguro.

George bajó la mirada, incapaz de ocultar la emoción que le provocaban aquellas palabras.

-Gracias... de verdad.

Lewis le dedicó una sonrisa cálida.

-Descansa, George. Mañana las cosas se verán un poco menos grises.

La noche transcurría con tranquilidad pero de repente empezó a sentir un calor sofocante, su celo se había adelantado por el estrés, se removia entre las sábanas por el dolor.

-No... no ahora por favor.

El lubricante empezó a bajar por sus muslos, de repente se levantó y fue directo al cuarto donde dormía Lewis.

Se acercó con cuidado entonces Lewis abrió los ojos, las feromonas de George chocolate y menta se sintieron más intensas, el alfa se asustó.

-Alfa, ayúdame me siento caliente... por favor.

Lewis no podía aprovecharse pero su alfa, gruñia, arañaba por tener a George, marcarlo y hacerlo su omega pero quería hacerlo bien, cortejarlo.

-No puedo...George no me voy aprovechar de ti.

-Hazlo, alfa tómame, cogeme ponme tu cachorro en mi útero.-George se sentó sobre el regazo de Lewis moviendo sus caderas.-Aún estoy bien... te quiero a ti Lewis.

Sin darle tiempo de contestar George lo besó con prisa, con hambre, mordía los labios del alfa.

Lewis quería detenerse pero las feromonas de George lo envolvían, claro que quería un cachorro y quería tener al omega.

Las lenguas se buscaron en una guerra, se separaron y Lewis le quito la ropa que le presto, comenzando a chupar sus pezones.

-Más alfa quiero más... no pares.

Lewis chupaba, mordía y tocaba a George, para el alfa ese omega era maravilloso.

De repente George hizo que Lewis se sentara, quitó el pantalón de la pijama y lo vio su miembro ya erecto, con presemen en la punta, sin tapujos lo metió.

Lewis lanzó un gemido gutural, cerró los ojos mientras tomaba el cabello castaño del omega.

-La chupas tan bien, oh oh Georgie

...

George empezó a aumentar la velocidad el lubricante ya había mojado el pantalón.

Chupaba de abajo hacia arriba mientras sus ojos verdes miraban con intensidad a los de Lewis.

-G...George creo que me voy a venir... o por Dios la chupas tan bien.

Poco después Lewis se vino en la boca del omega, este se pasó el semen del alfa.

George se quitó el pantalón y se subió sobre Lewis empezaron a frotar sus miembros, los gemidos se escuchaban fuerte hasta que ambos se vinieron llenando sus vientres de su semen.

George tomó un poco con dos dedos se lo llevó a la boca y susurró.

-Que rico...alfa ahora tómame.-tomó el miembro de Lewis y con cuidado lo metió en su agujero bajando despacio.- Hazme un cachorro, alfa.

El agujero de George estaba tan estrechó que cuando entró el miembro de Lewis ambos gimieron de placer.

Lewis tomó las nalgas del omega y las separaba mientras lo embestia con fuerza un pequeño bulto en el vientre sobresalía. El alfa cerraba los ojos el placer llegaba mientras golpeaba el punto dulce de George.

-Ah ah ah aaaa....alfa me voy a venir.

El semen del omega volvió a llenar su vientre.

Fue entonces que Lewis lo puso en cuatro, ya no tenía cordura quería marcarlo, llenarlo de cachorros y vivir con él. Fue cuando entró nuevamente en él tomando las caderas de este, las embestidas empezaron fuertes, marcadas mientras Lewis metió dos dedos en la boca.

-Te dije que no quería hacerlo, pero por Dios George eres tan sexy y te haré mío...

La glándula de George palpitaba en el cuello, el aroma de chocolate con menta se intensificó mientras el alfa seguía embistiendo con más fuerza. Los gemidos de placer de ambos se mezclaron.

Hasta que el omega saco los dedos de Lewis.

- Ahh por Dios Lewis marcamé no aguanto más... ahh dame más.

Con una última embestida Lewis se vino dentro de George, en ese momento los colmillos del alfa salieron hundiéndose en la glándula del omega.

-¡Sí sí sí! Alfa soy todo tuyo.

Lewis lo anudó, de repente lo acostó con cuidado, lamiendo ahora la marca recién hecha.

Así se quedaron dormidos.

A la mañana siguiente, Lewis abrazaba por la cintura a George, este se levantó y miró al alfa.

Después se tocó la marca.

Fue cuando Lewis se levantó y se disculpo inmediatamente.

-George... no hay disculpa suficiente... yo no debí marcarte...

George llevó 2 dedos a la boca de Lewis.

-No te disculpes, Lewis yo quise que sucediera así... me gusta como eres conmigo, quiero conocerte mejor.- miró su vientre.- No nos cuidamos quizá seamos padres pronto.

Lewis sonrió y asintió, quedándose todo el día en la cama.

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Ame escribir esto dedicado especialmente para los que aman el ship Gewis como yo. ❤️🩵🖤

Abril 💜

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