Capítulo I:
Capítulo I (fragmento)
Las manillas del reloj sonaban como cuchillas que cortaban el aire, su corazón palpitaba tan fuerte que podía oírlo dentro de su cabeza como un grito silencioso que advierte de una tormenta. Comenzó a rasguñarse las manos como si el dolor pudiese evitar esa sensación tan profunda de haberlo perdido todo, la invadió ese dolor inexplicable y esa profunda sensación de soledad.
"Nos han abandonado..." Pensó.
"Cuando éramos niñas, nos prometieron un futuro prometedor, un mundo mejor... Dijeron que si éramos valientes, que si luchábamos algún día encontraríamos aquella anhelada felicidad... ¿Dónde quedaron esas promesas vacías sin solución?"
—fue mi culpa... Fue mi culpa...— murmuraba para sí. Acariciándose suavemente el brazo tratando de aliviar la angustia.
El maestro anotaba en la pizarra haciendo un ruido insoportable con el plumón que a duras penas lograba esparcir un poco de esa seca tinta negra. Las risas y susurros bulliciosos provocados por la multitud aumentaban el tormento de sus pensamientos. Gritos alegres, travesuras y sonrisas de primavera adornaban los corazones de aquel salón.
Nadie, nadie, nadie... Nadie notaba la asistencia de esa alma alegre que inundaba el mundo de su irradiante luz, ¿Cómo se olvida tan rápido un corazón amable que estuvo allí para todos con un espíritu dulce? ¿Es tan fácil dejar atrás? Tan solo una mirada, una sola mirada de aquella alma habría aliviado ese intenso dolor que sentía.
Observando a su alrededor, tantas palabras sin sentido, tantas miradas, tantas risas, nada podía aliviar su ausencia.
"¿Es acaso que no valió nada... Ninguno de sus juegos, abrazos, consuelos y sonrisas en una sociedad que solo olvida y sigue?" Reflexionó. "Hablamos de un mundo civilizado cuando luchar por sobrevivir se vuelve un juego de lucha indeseable, en un mundo donde el depredador devora a la presa y las almas mueren en el olvido"
Su cabeza comenzó a dar vueltas y al observar sus manos las vio distorsionarse y el entorno se volvió más difuso, los rostros de las personas parecían monstruos al acecho esperando el momento de atacar. El mundo comenzó a dar vueltas en círculos irregulares mientras las voces parecían alaridos y las miradas se quedaban pegadas en su cabeza.
— No otra vez... No sé nuevo— susurró.
Justo en ese momento el timbre sonó y ella se hizo espacio entre la multitud para entrar el patio.
Entre personas de todas edades durante instantes parecía ver su rostro entre la multitud, la buscaba sin cesar tratando de responder a la pregunta
¿Dónde estás?
En su desapareció logro reconocerla, pero cuando corrió a buscarla parecí haberse esfumado. Soñando, soñando con que todo hubiese sido solo un juego, tal vez si la buscaba sería solo un juego infantil donde debía encontrarla. Finalmente agotada, se sentó junto al pequeño árbol donde habían compartido momentos tan preciosos.
Y en medio del silencio, la lluvia se hizo espacio en el cielo para acompañarla, en ese momento está era la única amiga que le quedaba, para muchos era un desastre, para ella... Era lo único que le quedaba, la única que podía escuchar su dolor.
Así que cerró los ojos, miró al cielo y pensó:
"Que no gritemos tan fuerte no significa que no estemos sufriendo"
Continuará...








