Secret in Church

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El sacerdote Park oculta un gran secreto en su bendita iglesia.

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Please forgive me god

—Perdóneme padre porque he pecado —escuchaba Jimin todos los sábados, cuando era turno de las confesiones del muy pequeño pueblo.

—Habla hijo mío ¿qué pecado haz cometido?

—He robado, pero fue por mantener a mi familia.

Jimin siempre pensaba en toda esa gente que robaba por necesidad, orando por su perdón cómo con el hombre frente a él.

—Dios sabe lo que hace hijo, son obstáculos para probar la fe y tu amor por tus seres queridos —Jimin tomó sus manos como en todas las confesiones— Señor, por favor, perdona a tu hijo por su pecado, él es bueno y cree en ti, oh padre todopoderoso bendice su hogar y a su familia con abundancia.

Por lo general, la iglesia era silenciosa, las mujeres de avanzada edad del pueblo rezaban en las bancas de madera frente al crucifijo más grande en el centro, todo el pleno silencio.

Pero los aleteos de las palomas en el campanario, muy arriba, se escuchaban hasta el confesionario. Eso era malo.

Porque no eran palomas.

—Puedes volver a tu trabajo hijo, haz sido perdonado, ve con Dios —despidió Jimin amablemente, manteniendo siempre una sonrisa cálida en la cara.

Pasos urgentes y golpeteos hicieron que las señoras voltearan hacia arriba, donde el sonido era fuerte en la cúpula "vacia", justo por encima de sus cabezas.

—Las aves deben estar hambrientas —distrajo el padre a las señoras, estas asintieron conmovidas por la generosidad del joven padre el cual subía las escaleras con una bolsa de maíz "para las pobres palomitas hambrientas"

Los pasos resonaron en el eco de la gran escalera, chiflidos de viento y una melodía reconocida de las aves y de alguien más.

—Te he dicho que no debes hacer ruido, podrían descubrirte —regañó apenas abrió los dos candados y cerrojos necesarios. No tenía un prisionero, era algo peor.

—Vamos padrecito, de algún modo tenía que llamar tu atención, tengo mucha hambre~ —respondió alargando la "u" haciendo énfasis en su necesidad.

La cosa que se encontraba ahí no podía ser llamado persona pues su piel pálida, largas uñas que parecían garras y sus característicos colmillos le daban su título de vampiro bien ganado. Un chupasangre que más parecía incubo que vampiro.

—Por favor, te he pedido una y mil veces que abandones mi iglesia y vuelvas a tu castillo del mal ¿qué más quieres de nosotros? —rogó Jimin, ya rezando por su alma si es que el vampiro se ponía caprichoso.

—Corrección padre, ¿qué es lo que quiero de ti? —el vampiro caminó alrededor del padre, pareciendo un cazador, con su mirada penetrante y esa sonrisa arrogante de dientes afilados y la punta de su lengua saboreando el aire pesado— tu sabes... que me encanta jugar...

Y tal como una presa, el padre fue acorralado contra la pared, con una velocidad inhumana, casi como una ráfaga de viento gélido.

El vampiro había estudiado a su víctima, observando desde las penumbras una oportunidad, un destello de esperanza para clavarle los colmillos en su lechoso cuello y devorarlo, pero no lo malentiendan, no lo mataría. Él necesitaba beber su sangre. Él deseaba enterrarse con fuerza dentro, muy dentro de su ser en todas las maneras posibles. Él quería tenerlo para siempre.

Y Jimin sabía de sus planes, haciendo hasta lo imposible por impedir cada ocasión de riesgo.

—No tengo tiempo para juegos, mañana habrá una boda y debo prepararme para...

—¡Y por el poder que me dio Dios padre, los declaro marido y mujer! —se burló, hacer enojar a Jimin siempre era divertido.

—No puedes profanar esas palabras en mi iglesia ni en ningún otra —Jimin tenía miedo, estaba apoyado contra una fría pared con un ser demoníaco enfrente, imponente, seductor, maligno, él era todo lo malo.

—Cuando estés con mi pene hasta dentro tuyo lo menos que te importará será profanar tu quería iglesia —le dijo al oído, lujurioso y socarrón, lamiendo una fina línea desde su oreja hasta el inicio de las clavículas— Lo vas a gozar tanto que lo único que podrás gemir será "oh Dios" y mi nombre —soltando una pequeña carcajada burlesca dejó un beso en su mandíbula y se retiró, admirando el bello desastre que había logrado.

—¡N-no podrás tomarme!

—¿Quieres apostar, padre? —el rojo carmesí en sus ojos era hipnotizante, dos rubíes brillando, tan atrayentes como sirenas entonando un dulce cántico, esos orbes luminosos bañados en líquido escarlata le llamaban al pecado, centrado en negarse, sintió como una de las largas piernas del alto vampiro se colaron entre las suyas, rozando directamente con su centro, el estremecimiento natural delató que podía controlar su mente pero no su cuerpo.

—S-suéltame —pidió, víctima de mil y un escalofríos por las nuevas sensaciones.

—¿A que le huyes? ¿Al pecado? Eres la persona más sucia en este podrido pueblo, te encanta cuando te tengo así porque te gusta ser dominado por mi —el vampiro, más que excitado, recorrió su cuello con pequeñas succiones placenteras— ¿O negarás que te masturbas pensando en todo lo que podría y voy a hacerte? No eres más que un pequeño y necesitado esclavo de tus sucios deseos, condenado a rebajarte en un insignificante y falso padre, dándole fraudulentas esperanzas a esa gente perdida —el masaje con la pierna se volvió intenso, Jimin apretó los muslos, decepcionado de si mismo por encontrar satisfacción cuando había fricción— Sólo tienes que cooperar, hacerlo por las buenas para que no tenga que usar mi fuerza contra ti mientras te tomo.

Jimin tembló, su anatomía siendo presionada contra la firmeza de la pared y la dureza del miembro contrario.

—¿Sientes eso, padre? ¿Puedes notar lo tan excitado que me pones? ¿Por qué no sólo te dejas llevar por la lujuria y lo disfrutas?

Una exclamación de placer lo hizo aferrarse a los hombros del contrario, el rígido falo opuesto se restregó en el suyo con brío, tan vigoroso soltando un gruñido inhumano de gusto. Tomó sus caderas para continuar el roce con enjundia, desabrochándando la sotana, haciéndola hacia un lado para besar con ferocidad las lechosas clavículas, se dedicó a lamerlo hasta causarle temblores de gozo absoluto.

—¿Te gusta eso? —los besos subieron a su cuello, dejando succiones rojizas por toda esa zona, pequeños ruiditos de agrado sonaban como música para el vampiro que se abstenía de encajar sus colmillos, quería disfrutarlo antes de beber un poco de su vida— ¿Tan difícil era entregarte? Ahora gozas con mi toque ¿Qué opinas? ¿Deberíamos llevarlo a mayores? —el pelinegro movió con ahínco la pierna, arrancando más jadeos y suplicas.

Sus manos hechas puño en la desgastada camisa del mayor se aprehendieron ante cada fricción dura contra su dolorosa erección, tan rudo que apenas podía pensar en lo pecaminoso del acto.

—Por favor, d-déjame... —suplicó con un hilo de voz, aferrado a la espalda del más grande, no pudiendo retener el líquido que se escapó en una explosión de dulce liberación, Jimin gimió alto, mordiendo el hombro del contrario con fuerza sacándole un gutural jadeo.

—¡Eso cariño, muérdeme más! —gritó extasiado el vampiro, con unas increíbles ganas de hundirse de dos maneras, igual de placenteras, en el padre— ¿Sientes eso? Estoy apunto de adueñarme de tu cuerpo y alma, pronto tendrás que venir conmigo y ser mío por toda la eternidad —Jimin sollozó excitado por la mano traviesa del mayor en su miembro, sobreestimulándolo, esperando a por las palabras mágicas, el permiso para tomarlo.

Jimin se lo dio con la llegada de un rápido pero arrasador orgasmo.

—¡T-tomame!

Sólo eso necesitó para atacar sus labios, por fin descubriendo el acaramelado sabor del placer, el miedo y el regocijo juntos, una mezcla que supo deliciosa cuando raspó con sus colmillos el belfo inferior, una sola gotita de plasma lo hizo gemir grave, sosteniendo su nuca y profundizando el húmedo ósculo, absorto en su disfrute, apenas notando la urgencia de Jimin por bajar sus pantalones y palpar ese gran pedazo de carne hirviendo, sólido y goteante, tan a la espera de atención.

Jimin estaba bajo el hechizo hipnotizante de sus ojos, siguiendo las órdenes dictadas en su cabeza, totalmente entregado a ese nuevo sentimiento de libertad, de placer.

—Dime tu nombre... —le pidió empuñando la base del pene, dejándose llevar por ese repentino arranque de lujuria, impulsado por el gusto besó el pálido cuello del vampiro— Quiero saber que voy a gritar mientras me tomas —ese fue el empujón al abismo del pecado, y nunca saldría de allí.

—Jeongguk —le respondió gustoso, disfrutando del buen trabajo manual, hacerlo solo no era tan genial como sentir las cálidas palmas del padre sobre él.

—Mmm... eso sonará bien, me aseguraré de gemirlo en tu oído cuando me hagas venir —escuchar hablar así a alguien que decía "ve con Dios" era algo excitante.

Y el calor sólo subía en sus anatomías, la sotana había desaparecido y en un parpadeo se encontraba bajo el imponente cuerpo del vampiro, con este desnudo e impresionante, tocando todo, encantado con la cremosa piel y la preciosa figura que ocultaban las telas, la detallada curva de su cintura era perfecta para sus manos y sino fuera porque lo tenía inmovilizado en el suelo estaba seguro que el volumen de sus glúteos a la vista sería delicioso.

Y no sólo su figura era atrayente, esos ojos bañados en suplica, dorados como el cielo al atardecer, le llamaban, parecía que el hechizado era él y no el padre el cual recorría el torso trabajado del mayor con una sonrisa insinuante.

Tres dedos propios tantearon los abultados labios del rubio, con una expresión de gozo y burla a la vez se los hundió en la boca, chupando sin romper el contacto visual, ruidos de succión y saliva tenían al pálido imaginando esos belfos en otra parte. Siendo tan atrevido guió los dedos mojados por su pecho, haciendo el camino húmedo, ignorando olímpicamente el miembro erguido y punzante para llegar a su destino y masajear por fuera, dulces gemidos temblaron en su garganta la cual estaba siendo atacada a base de chupetones por el vampiro, metió uno quejándose un poco, no era nueva la sensación, pues el castaño tenía razón de acuerdo a su conducta pecadora, pero el ardor seguía ahí, introdujo otro en un suspiro placentero, ya sintiendo el peso del contrario sobre él. El último dígito fue sumergido en un gemido, rápidamente comenzando con la preparación entre súplicas por más y el incesante roce de sus miembros juntos. Jimin descubrió que eso le encantaba más que pararse tras una mesa y darle pedacitos de oblea a gente igualmente perdida como él.

El glande goteante del mayor tanteo terreno junto a sus dedos, manchando sus nudillo pero aliviando esa sensación de vacío cuando se clavó hasta la mitad. Un alarido de placer resonó por toda la cúpula y más le siguieron pues el vampiro no estaba ahí para ser cuidadoso, él, bien situado con los tobillos del menor en los hombros, embistió cual animal siguiendo sus instintos, dando poderosas arremetidas profundas, clavando su pene tan dentro que Jimin le rasguñaba los brazos y pequeñas lágrimas de placer se asomaban en la esquina de sus ojitos entrecerrados.

Los gemidos ardientes pululaban alrededor, llegó a oírse hasta abajo, donde las señoras se preguntaban que clase de palomas alimentaba el padre Park. Unas muy hambrientas tal vez.

Jimin yacía con el pecho contra el suelo mientras Jeongguk se esmeraba en estrellarse fuertemente. Los embates nocivos hacían del menor una presa exquisita, tan indefenso y seductor a la vez con su espalda arqueada, las manos hechas puños y esa voz incitadora, empujándolo a clavarle los dientes de una buena vez. Pero tendría que esperar un poco más.

El crepúsculo dando sus últimos rayos del sol le quemaban la espalda pero eso no lo detuvo, el incesante vaivén lo tenía lo suficientemente concentrado y lujurioso como para notar su lomo carbonizado, rugiendo apasionado, provocando más espasmos en el pobre humano que estaba siendo casi doblado y follado con rapidez y fuerza por un ser de sangre, los gritos desgarradores tenían en alerta a los pueblerinos que se aglomeran en las puertas de la iglesia, listos para derribarla y salvar al padre Park de cualquier cosa.

—¡J-jeongguk, ahí! —vociferó extasiado, mandando las caderas hacia atrás en el encuentro de sus anatomías calurosas, abrasadoras caricias y fogosos besos mientras el incremento de placer los mantenía al límite. Jimin intentó tocarse, fallando pues el vampiro fue más veloz y alivió su miembro con repetitivos roces calientes, el impacto de sus cuerpos haciendo ruidos chapoteantes, el ambiente lleno de bruma sexual, el pecado, todo hacía de su encuentro el más intenso en la vida del vampiro. Jimin era el mejor humano que había conocido y ya decidió que lo conservaría por siempre.

—Se mío —le gruñó lujurioso, lamiendo una fina línea en su cuello.

—¡Más, m-más profundo! —rogó, mirando directo a esos ojos escarlatas brillando en el más puro deseo.

Jimin gemía preso del gusto, retorciéndose entre sus brazos ante las muy intensas sensaciones nuevas, sus dedos ni de chiste alcanzaban ese punto de sublime y ardiente satisfacción, hacía que sus ojos se pusieran blancos y de su boca salieran sollozos necesitados.

—Entrégate a mi y tendrás placer por el resto de la eternidad.

Una inesperada embestida, más acentuada que las demás le sacó un grito elevado, la pelvis del vampiro se movía con ahínco, fuerte y rápido, alzándolo para estamparlo contra la puerta y seguir arremetiendo.

Su cuerpo, de menor tamaño que el del pálido, ardía por todas las marcas pero lo único que podía hacer era gemir y pedir por más, como si nunca fuera suficiente, como si su anatomía supiera que el vampiro podía darle más.

Ya ni siquiera sabía cuando tiempo había pasado pues la luna ya casi estaba en lo alto, por fin era hora de reclamar por lo que tanto cuido.

De repente, golpes en la puerta principal, abucheos y un par de antorchas enfrente de la iglesia, al parecer los pueblerinos estaban decididos a ayudar al padre que estaba siendo cruelmente herido por alguna entidad maligna. Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro, los ventanales de la cúpula abiertos le daban una idea.

—¿Estas listo, dulzura? —cuestionó Jeongguk tomándolo de la cintura, apegándose.

—S-si —ni siquiera sabía para qué tendría que estar listo pero no podía pensar con el glande del mayor masajeando rudamente su próstata.

Una ráfaga de viento gélido le dio de lleno en la cara y para cuando abrió los ojos sólo pudo vislumbrar a todo el pueblo reunido a las afueras de la iglesia, viéndolo con cara de espanto.

Fue empotrado contra la ventana abierta, y follado con fiereza.

Lágrimas de placer resbalan por sus rojizas mejillas mientras que Jeongguk lo mantenía encarcelado entre sus brazos, con sus cuerpos pegados y su miembro hasta el fondo del menor.

—P-perdóname padre p-porque he pecado... —jadeo Jimin absorto en la lujuria a la vista de todos.

—Es momento, di que me aceptas —le ordenó el vampiro, sus estocadas disminuyeron de velocidad pero nunca de fuerza— di que quieres pasar el resto de tu vida conmigo —mordió su lóbulo, sacándole un gemido alto —dilo, debes decirlo para saciar tu sed de placer —Jimin enredó las manos en la cabellera pelinegra del pálido.

—¡A-acepto a Jeongguk! —gritó extasiado, manchando el muro con su esencia.

La gente del pueblo se asustó al ver al vampiro sacar sus colmillos al aire, relucientes y peligrosos, este los miró burlón para finalmente clavarlos de un mordisco en el lechoso cuello del menor, un gemido sonoro resonó por todo el campo, miles de sensaciones electrizantes lo recorrieron, sentía claramente la sangre salir de su cuerpo y ser llenado con la semilla del mayor, un proceso delicioso que sólo podía hacerlo gritar en un total éxtasis.

—Sabes delicioso, te disfrutaré a detalle todos los días —Jeongguk besó su mejilla, entre romántico y perverso, saliendo del interior del rubio con un jadeo ronco.

Al vampiro le salieron unas preciosa alas negras de los omóplatos, las mismas que habían desaparecido al llegar su maldición.

"La oscuridad te acechara hasta encontrar algo que haga latir tu seco corazón"

Jimin las miró hipnotizado, nunca había visto algo tan hermoso.

Jeongguk cargó al menor, embelesado con su blanca piel resplandeciente a la luz de la luna llena y en su punto más alto. Tomando carrera hasta salir volando por la ventana, a la vista de todos, hurtó su mayor tesoro, dispuesto a protegerlo y aprender a amarlo.

Por el resto de la eternidad se cuenta su historia: el padre pecador y el vampiro que habitaba en su iglesia.