Uno
Hay un intenso y extraño zumbido que molesta incansablemente sus oídos; las vibraciones sobre la madera son incontenibles y Louis gime molesto ante ello. No debería despertar hasta varias horas después.
El cansado hombre rueda sobre su espalda con notable agotamiento y obtiene un vistazo de la hora en la pantalla de su celular: 7:40 am.
¿Qué diablos hace despierto tan temprano?
Con un solo movimiento de pulgar, desactiva la alarma con fastidio y se aprieta con insistencia contra las suaves mantas que lo arropan. Probablemente transcurre un minuto más, a Louis no le importa en realidad, y el estridente sonido irrumpe en la tranquilidad de la habitación una vez más.
—¿Por qué mierda sigues sonando, aparato del demonio?— farfulla y se sienta con fastidio, recostando su espalda contra el respaldo de madera de la cama.
Sus ojos se agrandan cuando la realización lo atrapa y lee el nombre de la alarma que había programado la noche anterior en su celular:
“Estás a cargo de Jules. ¡DESPIERTA!“.
Su mandíbula cae un poco al notar las seis alarmas anteriores que, al parecer, intentaron alertarlo y él simplemente ignoró. Louis no es un buen madrugador, lo sabe de primera mano, y es por esa razón que suele sincronizar incontables alarmas cada mañana.
Louis se desplaza por su dispositivo y lee el nombre de cada una de sus alarmas perdidas.
“¿Dónde está tu sentido de responsabilidad?”
“Mamá se enfadará”
El suspiro que suelta es completamente normal, porque ya puede escuchar la voz de su madre en su cabeza cuando su hermanita inocentemente se acerque a ella y le diga todo lo que Louis hizo mal en su ausencia.
Otra alarma resuena en el espacio de la habitación: “¡¡¡JULES LLEGARÁ TARDE!!!”
Bien. Es suficiente, ¡él está perdiendo tiempo valioso sintiendo lástima por sí mismo!
Sin esperar un segundo más, Louis salta de la comodidad de su cama, sin retirar correctamente los tentáculos blancos que suele llamar sábanas, para caer de bruces un segundo después sobre el frío suelo de su habitación.
Así que es uno de esos días, vaya inicio de semana.
De todas formas, el hombre consigue deshacer el problema de telas suaves de su cuerpo antes de correr apropiadamente —y sin tropiezo alguno— por el pasillo del segundo piso hasta llegar a la habitación que designó hace mucho tiempo para la reina de su corazón.
—¡Jules!— habla en voz alta, tocando la puerta color turquesa que de alguna manera consiguió encajar bien con sus paredes grises—. ¡Amor, es tarde, me quedé dormido!
No hay respuesta desde el otro lado, así que el hombre ingresa a la infantil habitación, y lo primero que nota es el pequeño cuerpecito que respira pesadamente bajo su adorable cobertor de estampado floral hawaiano, que él mismo le compró unas semanas atrás.
Con mucho cuidado, el hombre se acerca hacia su hermana —evitando pisar los Legos desparramados por el suelo, o cualquier cosa que pueda lastimar sus descalzos pies— y le retira el cabello de su rostro cuando está a la altura de su cama.
Él habla de nuevo con tono suave.
—Jules, despierta— la niña frunce el ceño y su nariz de botón cuando escucha su nombre.
—Papi, cinco minutos más, por fis— murmura, aún con los ojos cerrados, sin diferenciar al emisor de su petición y cubriendo su cabeza con su cobertor.
—Soy Lou, pequeña— el ojiazul toma el borde del cobertor y lo retira hasta los hombros de su hermana—. Jules, despierta o llegaremos tarde a la escuela.
Las palabras parecen tener un efecto sobre la niña, porque de un momento al otro ella está tallando sus ojos y, al siguiente, le está dirigiendo una mala mirada al mayor.
—¡Louis, no puedo llegar tarde, tengo un récord que mantener!— el hombre la mira con absoluto temor y sorpresa, esto no estaba dentro del trato sobre cuidar a su hermana. Para ser justos ¡nadie le advirtió que había este tipo de responsabilidades en juego!—. Ahora Romina será la primera en la clase por tu culpa.
—¡Lo siento, no sabía que tenían una competencia de puntualidad!— se disculpa, llevando sus manos hacia arriba y frente a su pecho. Si Louis debe ser realista, ser puntual no es una descripción que se ajuste adecuadamente a él.
—Pues ahora lo sabes— la niña lo fulmina con la mirada cuando patea fuera su cobertor y huye hacia el cuarto de baño anexo a su habitación.
—¿Puedes lavar tus dientes sola?
—¡No soy un bebé!— escucha el grito molesto de Jules y asiente hacia la nada. ¿En qué momento creció tanto su pequeña hermana de cinco años para responder como una adolescente enfurecida?—. ¿Me puedes ayudar con el uniforme, por favor?
Louis sonríe cuando la mocosa regresa y se sienta sobre la cama, balanceando sus piernas con notable expectación en su rostro.
—Sí— él responde, buscando la ropa en la cajonera, y ayudando a vestir a su hermana un minuto después.
Cuando Jules está completamente uniformada y Louis le ha preparado el desayuno (un simple tazón de cereal porque no había tiempo para hacer algo mejor), él se encuentra con la tarea más difícil de todas: peinarla.
Sólo Dios sabe cómo Louis se las arregla para atar de la manera más prolija el cabello lacio de su hermana. Es una tortura para sus brazos que cuelgan en el vacío y sus pobres dedos amortiguados que intentan mantener los mechones en su sitio, ¿cómo es posible que las personas hagan esto a diario.
—¿Ya terminas, Lou? —pregunta la chiquilla con impaciencia, ella ya puede escuchar la tonta voz de Romina jactándose por haber llegado primero.
—Un segundo, amor— responde él con dificultad, Louis sabe que si aparta por completo su atención de la coleta todo se arruinará.
—¿Ya?— repite la niña sentada en el mesón de la cocina, Louis no responde—. ¿Ahora sí?
—Estoy terminando, lo juro— Louis gira el elástico del moño con sus temblorosos dedos, tirando un poco más fuerte del cabello de Jules, lo que provoca una queja de la niña—. Lo siento, lo siento... creo que ya está.
—¡Genial! ¡Ahora vámonos que quiero ver a Harry!
Louis no tiene idea sobre quién habla, pero tan sólo asiente mientras la baja del mesón y toma su mochila.
¡Jesús, él ni siquiera tuvo tiempo para cambiarse el pijama!
El ojiazul toma una sudadera que cuelga en la entrada de la casa, antes de salir del lugar, siendo tirado por su hermana hacia su auto. La puerta se cierra poco después, y es cuando él se da cuenta que no está listo para hacer esto durante unas cuantas mañanas más.
...
Afortunadamente su viaje hasta ”Bright Smiles” no es tan largo como Louis esperaba, el tráfico no fue un absoluto desastre como había previsto; probablemente porque estaban llegando unos minutos tarde hacia la institución educativa, lo cual, en realidad era un problema gigante para Jules.
—Mamá siempre me lleva temprano— la niña dijo desde su asiento de niños en la parte trasera del vehículo—. Ella y papá nunca van en pijama a la escuela. ¿A ti te gusta mucho usar siempre tu pijama, cierto, Lou?
—Lo hago— sonrió el ojiazul a través del retrovisor cuando finalmente se había estacionado en la acera frente a la escuela—. Bien, llegamos— anunció tras apagar el vehículo y salir del mismo, para, segundos después, ayudar a Jules con su cinturón.
Ambos hermanos caminaron tomados de las manos a través del pasillo principal —una vez que el guardia de la institución confirmó los datos del par— y siendo totalmente dirigidos por Jules hacia su salón de clases.
—¿Tienes todo, cierto?
—Sí, lo revisé tres veces— sonrió Jules, mostrando el espacio vacío de sus dos dientes delanteros faltantes.
—Bien, yo vendré a recogerte cuando salgas de clases, ¿de acuerdo? No te vayas con nadie más— advirtió el ojiazul mientras apretaba la mano de su hermana.
—Lo sé, Lou— la niña rodó los ojos divertida, sus padres siempre le hablaban de los peligros al hablar con desconocidos y nunca ir con un extraño a ningún lugar.
Los pasillos de la escuela estaban por completo libres de niños, y Louis se sintió inmediatamente mal por hacer que Jules llegase tarde a sus clases; era su responsabilidad después de todo actuar como un adulto frente a ella.
—¿Mañana sí vendremos a tiempo?— preguntó su hermana con su mirada fija en los zapatos de su hermano. Necesitan una lavada, pensó la pequeña.
—Sí, amor, hoy fue un descuido.
—¿Y me prepararás pancakes como lo hace papá?
Si Jhon hacía aquello era de total desconocimiento para Louis, así que el castaño asintió, esperando no estar siendo manipulado por una niña de cinco años.
—¡Mira, Lou, ese es mi salón!— gritó la pequeña, tirando de la mano de su hermano para que se acercaran un poco más a una brillante puerta blanca decorada con pegatinas de colores, las que se podrían ver sin duda desde el espacio.
—Jules, despacio, amor.
—¡Tenemos que ir pronto, Lou, quiero ver a Harry!
Louis frunció el ceño ante la mención del nombre por segunda vez.
—¿Harry es un amigo tuyo?— preguntó, cuando sus pasos se aceleraron a mitad de camino.
—¡Sí, Harry es amigo de todos!— afirmó con entusiasmo.
Jules siguió tirando de Louis, hasta que ambos llegaron a la puerta del salón de la niña y él pudo escuchar con claridad las risas de varios niños.
Él acomodó el cabello de la pequeña lo mejor que pudo, y esperó que, quien sea que le diese clases a su hermana, retirase el seguro a la madera pintada.
—Yo le explico a Harry porque llegamos tarde— escuchó decir a la niña antes de que la puerta por fin se abriese. Y Louis ni siquiera pudo responder a aquello porque unos segundos después un par de ojos verdes estaban fijos en él.
Había un hombre, un bellísimo hombre con cara de confusión frente a él; probablemente no tenía más de veinte y cinco años, y se veía precioso con sus cejas medio fruncidas y sus regordetes labios estirados en una fina línea. Decir que Louis no quedó cautivado por los pequeños bucles que se hacían al final del cabello marrón y peinado de lado de aquel hombre es una farsa gigantesca, él juró que ese ser era la criatura más dulce y linda que había visto nunca.
Todo él gritaba delicadeza y amabilidad, desde sus largas pestañas hasta el lunar cerca de su boca.
—Hola, buenos-
El hombre no pudo decir nada más, porque Jules ya estaba abrazando sus piernas y gritando su nombre.
—¡Harry!
—¡Jules!— se sorprendió cuando detectó la presencia de su hermana alrededor de sus largas extremidades inferiores. Una gran mano se colocó un instante después sobre el cabello de la niña y el sujeto le sonrió a la pequeña con cariño cuando habló. Maldita sea, tiene hoyuelos—. Pensé que no vendrías, linda, estaba a nada de llamar a tus padres.
—Eso nunca— ella dijo con firmeza, creyendo totalmente sus propias palabras—. Todo fue culpa de Pato— susurró la niña, indicándole a Harry que se agachase para contarle sólo a él su historia; el rizado obedeció al instante—. No conseguimos mermelada para el sándwich de Pato, porque en casa de Lou no hay, así que tuvimos que ir a comprar y por eso llegamos tarde. Mi hermano sólo tenía atún, y yo no le pudo atún a Pato, ¿sabes por qué?— Harry negó, aunque ya sabía hacia dónde se dirigía la conversación—. Porque Pato es un pez y-
—Jules, no digas mentiras— reprendió Louis, observando a su hermana y el que él supone es su maestro.
—¿Entonces quieres que le diga a Harry que llegamos tarde porque te quedaste dormido y no conseguiste peinarme bien?— la niña parpadeó hacía él con ojitos de cachorro.
—Eh...— se lo pensó, realmente lo hizo, pero debía dar el ejemplo, ¿no?—. Creo que sería lo ideal— dijo con vergüenza y las mejillas sonrojadas.
Jules asintió con convicción.
—Llegamos tarde porque Louis se quedó dormido y no pudo peinarme bien— ella tomó el rostro de Harry para que ninguna palabra pasase desapercibida por su maestro—. Y también está usando pijama.
¿Por el amor de Dios, los niños no tienen filtros?, pensó Louis cuando su hermana por fin dijo la verdad y se alejó de su maestro.
Harry asintió, aguantando sus ganas de reír, y poniéndose de pie.
Él conectó su mirada con la de Louis y poco después delineó su atuendo, en efecto, aquello que el hombre vestía no era adecuado como para dejar a Jules en la escuela. Y, esperen un segundo, ¿eso en sus pantalones de chándal era una mancha de pasta dental?
—Soy Harry, maestro de Jules— se presentó el rizado, extendiendo su mano hacia el ojiazul.
—Louis, su hermano. Un gusto— correspondió el castaño, apretando la mano de Harry y sintiendo una extraña electricidad recorrerle el cuerpo.
El maestro asintió y sonrió cuando sus extremidades se alejaron.
—Jules, ¿por qué no tomas tu lugar? Yo iré en seguida, ¿sí?— habló Harry con dulce voz, y la niña asintió antes de despedirse de Louis con un abrazo e ingresar al salón de clases.
—Disculpa que hayamos interrumpido tu clase, pero, bueno... creo que ya sabes lo qué pasó— se rió de sí mismo, rascando su nuca.
Su hermana lo había tirado a la fosa de los leones sin pensárselo dos veces.
—No se preocupe, son cosas que suelen suceder— tranquilizó el rizado, usando el mismo tono que había empleado con Jules.
—Oh, por favor, no me digas así— Louis negó, ellos sólo debían tener unos años de diferencia entre sí—. Las formalidades no son necesarias, sólo soy su hermano, no su representante legal y, además, no creo ser mucho mayor a ti.
Él se encogió de hombros cuando notó que Harry se lo estaba pensando.
—De acuerdo, supongo que puedo hacer una excepción— el maestro dijo con una coqueta sonrisa. Los nervios de Louis aumentaron inmediatamente.
—¿En serio? Quiero decir, eso estaría bien, sí— concordó el ojiazul, aún hipnotizado por lo verdes que eran los ojos del rizado.
—Harry— el maestro sintió un tirón en sus pantalones y regresó su atención a una niña de cabello negro y lentes rojos que requería su ayuda—. George y Mily están discutiendo de nuevo.
Louis tomó aquellas palabras como su boleto de salida de la escuela.
—Creo que debería dejarte hacer tu trabajo— comentó el castaño, colocando sus manos tras su espalda y retrocediendo un poco.
—Oh, sí— él dijo sin ver a Louis realmente, y observando hacia las mesas pequeñas de sus alumnos—. Un gusto conocerte, Louis, espero no llegues tarde a recoger a Jules— bromeó y el ojiazul rio.
—No lo haré, nos vemos, Harry.
El rizado asintió en su dirección y cerró la puerta segundos después, dejando un corazón acelerado en el corredor.
Louis no tenía ni idea de lo que acababa de pasar, ni mucho menos era consciente sobre los sentimientos que pronto empezarían a florecer en su interior y le harían creer en el amor por primera vez.
Él se mantuvo estático en el pasillo, sintiendo que el tiempo avanzaba demasiado rápido y los segundos se transformaban en siglos; probablemente estaba iniciando la Revolución Francesa cuando fue consciente que debía regresar a su casa y salir al trabajo.
—¿Qué mierda fue eso?— susurró para sí mismo cuando tomó asiento detrás del volante y condujo hacia la autopista.
Un semáforo se pintó de rojo a unas cuadras de su casa, y él miró su rostro con atención por primera vez esa mañana. No era una bonita vista, tenía ojeras oscuras bajo sus ojos y se notaba el cansancio en su azul mirada.
¿Aquella había sido la primera impresión que el maestro de Jules había tenido sobre él? ¡Que la tierra lo trague y jamás lo escupa de vuelta! Louis no puede creer que haya vestido su pijama frente a aquel hombre, y sinceramente... ¿por qué tan siquiera le importa lo que Harry piense sobre él?
Oh, Dios. Harry, es un bonito nombre para una cara bonita. Además, tiene hoyuelos, un rasgo que a Louis le gusta mucho en las personas.
—Genial, Tommo, te gustó el maestro de tu hermana— bufó el ojiazul, cuando atravesó la puerta de su casa y cambió su ropa.
La maldita mancha de pasta dental se hizo notoria para él, cuando retiró sus pantalones, y él gimió de frustración un milisegundo después de sólo imaginar que el rizado la hubiese notado.
Louis evitó —sin mucho éxito— pensar en el maestro de su hermana durante su primera junta por la mañana. Y está de más decir que fue un fracaso total, porque él perdió el hilo de las conversaciones en más de una ocasión tan solo al recordar la suave sonrisa que se había dibujado en aquellos labios color fresa.
Para la tarde, una vez que Jules fue recogida de la escuela, su enamoramiento a primera vista por el maestro tan sólo consiguió incrementar, ¿y cómo no hacerlo cuando el hombre le había sonreído con gentileza y había abrazado amorosamente a Jules?
Louis estaba jodido por esos preciosos hoyuelos.
...
Durante la mañana del día siguiente, las cosas entre los hermanos fueron mejor; Louis consiguió despertar a buena hora y Jules pudo desayunar los pancakes que su hermano había prometido preparar.
En cuanto al aspecto de la niña, Louis había permanecido un par de horas viendo vídeos y practicando con el cabello de su hermana para conseguir una adecuada coleta de caballo. Él se mantuvo alejado totalmente de las trenzas, ¿a quién demonios se le ocurrió que enredar el cabello de esa manera era adecuado?
Como si de una racha de buena suerte se tratase, la autopista estuvo mayormente despejada mientras Louis conducía hacia la escuela de la menor, escuchando música infantil elegida por Jules la noche anterior porque en palabras de ella: “su mami siempre ponía ′Baby Shark′ al menos una vez”.
El auto se vio inundado de rimas y ritmos divertidos todo el viaje a la escuela, y Louis se aprendió un par de canciones que descubrió eran las favoritas de su hermana; la pequeña relataba todo lo que esperaba hacer con sus amigos y Harry aquel día.
Louis escuchó atentamente a cada detalle que ella comentó, y él, como el buen hermano mayor que era, la animó a participar más en las actividades escolares.
—Espero que Natalie ya se sienta mejor— dijo la niña, sujetando firmemente la mano de Louis mientras saltaba en un solo pie—. Ayer Harry dijo que ella estaba enferma, y que probrablemente hoy regrese.
—¿Natalie es tu mejor amiga?— Jules tarareo en confirmación.
—¿Tú tienes un mejor amigo, Lou?
—Sí, su nombre es Liam y nos conocemos desde niños.
—Mmm— Jules contempló la información con cuidado—. Eso suena a que fue hace muchos años.
—Podríamos decir que sí, fue hace un tiempo.
—¿Unos ciento quinientos años?— Louis rio, parece que Harry aún tiene mucho trabajo que hacer con respecto a los números.
—Yo diría que menos.
—¿Cien años?
—No, amor, eso sigue siendo mucho.
Jules detuvo sus saltos y colocó su mano derecha frente a su rostro intentando contar.
—¿Tal vez esto?— preguntó y extendió todos sus dedos hacia Louis, esperando una respuesta afirmativa.
—Creo que sí.
Ella asintió a sus palabras y sonrió cuando notó la presencia de su maestro en la puerta de su salón.
—¡Lou, vamos rápido, Harry ya está esperando!
—Tranquila, amor, él no va a ir a ninguna parte— pero, aún así, soltó su mano y le permitió correr hacia su maestro.
Louis vio a la distancia el momento exacto en que el rizado notó la presencia de Jules y se agachó para poder abrazarla, los ojos de ambos brillaron de felicidad al intercambiar palabras.
El ojiazul caminó lentamente hacia ambos y sonrió al maestro cuando este fijó su mirada en él.
—Harry— saludó, conteniendo un suspiro en cuanto los hoyuelos del maestro hicieron acto de presencia.
—Louis. Hola, ¿cómo estás?
—Bien— dijo, viendo cómo Jules aún se mantenía en los brazos de su maestro y se mantenía muy atenta a su conversación—. Hoy sí tuvimos mermelada para Pato.
—¡No debemos decir mentiras, Lou!— regañó Jules, colocando un brazo sobre el hombro de Harry.
—¡Oh! Cierto, cierto. Tienes toda la razón, amor, mi error por completo— se rió y le guiñó un ojo a Harry tras eso, el hombre encontró atractivo el tono que había empleado el castaño.
—Hoy Louis no trae su pijama, ¿ya viste, Harry?— comentó Jules inocentemente.
—¡Jules!— el ojiazul dijo con indignación y sus ojos abiertos de par en par.
La fosa de los leones estaba a la vuelta de la esquina.
—¡Pero es verdad! ¡Hasta te pusiste perfume y peinaste!
Harry se rio y cubrió su boca al instante, no es de buena educación reírse frente a la persona que están delatando tan descaradamente.
Por otro lado, Jules miró mal a Louis por no permitir que le contase a Harry lo que había hecho antes de ser llevarla a la escuela. Por lo general, ella siempre hablaba con su maestro de lo que ocurría en su casa durante las mañanas y sus padres no tenían ningún problema con ello, ¿tal vez ella debía reparar el error y, en su lugar, elogiar el aspecto de su hermano?
—Jules, no debemos decir ese tipo de cosas.
—Pero es la verdad— un pequeño puchero se instaló en sus labios—. Además, luces muy lindo, Lou, ¿no es así, Harry?
El ojiazul quería morir en ese instante, ¿su racha de buena suerte había terminado? ¿Qué había hecho mal en su otra vida?
—Eh... ¿creo que sí? Es decir, sí, Louis luce lindo— escuchó decir al maestro con una sonrisa tímida y un ligero rubor en sus mejillas.
Bien, Louis puede trabajar con aquello.
—Oh, gracias, rizado— le sonrió descaradamente cuando una mujer se despedía de su hijo—. Déjame decirte que tú también te ves bien, y que tus lentes te hacen lucir encantador.
—A Harry le queda bien todo— estuvo de acuerdo Jules, cuando notó la mirada coqueta de su hermano sobre su maestro.
—Supongo que sí, pero creo que tendré que ver más de él para comprobarlo de primera mano.
Harry tosió ante el comentario y eludió los ojos añiles de Louis con eficiencia.
—Yo... eh, supongo que sí...— las palabras salieron arrastradas desde su garganta mientras su rostro se tornaba por completo rojo, aquello no pasó desapercibido por Jules.
—¿Harry, estás bien?— ella preguntó con preocupación—. Tu cara parece un tomate.
La risa de Louis fue inevitable cuando las palabras llegaron hasta él. ¡Gracias a Dios que su hermana se ponía por fin de su lado!
—¿No tienes fiebre?— cuestionó la niña colocando una mano sobre la frente de Harry—. Mamá dice que puede significar que una persona está enferma. ¿Te sientes mal, Harry?
—No, linda, tranquila, no estoy enfermo— respondió, sintiendo la atenta mirada de Louis sobre sus movimientos—. Tan sólo es un reflejo normal de mi cuerpo.
—¿A qué?— cuestionó ella con inocencia. No entendía del todo lo que estaba sucediendo.
—Sí, Harry, ¿a qué reaccionó tu cuerpo?— la manera en que Louis lo dijo dejaba una infinidad de posibilidades y él claramente lo sabía.
—A estímulos— murmuró más para Jules que para su hermano. Él impidió que Louis dijese algo más cuando notó que este empezaba a abrir la boca, probablemente para dejar en el aire otro comentario que lo haría lucir como Marte—. Miren la hora, creo que ya es momento de empezar la clase. Jules despídete de tu hermano.
—¡Adiós, Lou!— ella movió su manito en señal de despedida y el ojiazul negó con diversión.
—Adiós, amor, vendré por ti a la salida— Jules le lanzó un besito volado y él fingió guardarlo en el bolsillo de su traje—. Nos vemos, rizado. Espero verte en unas horas y que puedas explicarme cómo funciona el rubor en las mejillas— la sonrisa ladina que le dedicó, provocó que las piernas de Harry temblasen y tuviera que apretar su agarre a la cintura de Jules para evitar que ella resbalase al suelo.
—Nos vemos, Louis.
Como ayer, el ojiazul no se movió durante unos segundos de su lugar, sujeto a sus zapatos clavados en la madera del edificio.
Él tomó como un logro cuando escuchó a Jules decir:
—Harry.
—¿Sí, linda?— podía notar con facilidad la tranquilidad en el tono que el maestro empleaba desde el otro lado de la puerta.
—Tú no tienes reloj.
Si Louis condujo rumbo a su trabajo aquella mañana, con canciones infantiles de fondo y una sonrisa en el rostro, nadie más que él es testigo de aquello.