Capítulo 1
Lo peor de quedarse dormido dos horas en su estudio no era no haber terminado su nuevo proyecto musical. ChanYeol era un genio cuando se trataba de la música, así que no tendría mucho problema en arreglárselas al día siguiente para sacar buena parte de la canción que estaba componiendo. Lo peor era, y eso quedaría grabado a fuego en su lista de «Errores cometidos por Park estúpidoidiotaimbécil ChanYeol» quedarse dormido con el pequeño ventilador encendido sobre toda su cara.
El dolor de garganta que tenía era inhumano. Era el karma haciendo de las suyas porque no le dio unos centavos a la señora malhumorada que pedía dinero afuera del edificio donde estaba su estudio. Sentía como si hubiera tragado fuego y se hubiera quedado estancado en su garganta, reduciendo el oxígeno que entraba a sus pulmones a lo absolutamente necesario como para que no muriera en el autobús de regreso a casa.
Sumado a eso, su dolor de cabeza era tan horrible que no podía escuchar ni sus pensamientos, sus oídos ardían como el infierno y estaba seguro de que se iba a desmayar como el niño dos asientos atrás siguiera llorando y gritando tan fuerte. Estaba convencido de que tenía un micrófono escondido por ahí.
Lo único que quería hacer era llegar a su departamento y aplastarse en su cama para dormir lo necesario hasta que se sintiera bien. Estaba seguro de que BaekHyun no se molestaría, ya lo había visto enfermo varias veces durante los dos años que han compartido departamento y ChanYeol se convertía en un bebé gigante que dormía por horas y amanecía mágicamente mejor.
Cuando llegó a su casa eran casi las diez de la noche, sin embargo, el calor del verano seguía cargando el aire de una pesadez que lo cansaba el doble. Sabía que al día siguiente BaekHyun tenía que ir a la escuela, así que no se sorprendió al ver una nota en el comedor donde le decía que le había dejado comida en el horno por si tenía hambre. Francamente, ChanYeol ni siquiera podía pasar saliva sin que sintiera que se iba a quedar sin aire de lo muy inflamada que estaba su garganta, así que no le apetecía comer nada en ese momento pero agradecía el gesto de su compañero.
Después de guardar la comida y detenerse un par de minutos en la pared (porque, para variar, el dolor de cabeza lo había dejado mareado), fue a aplastarse a su cama con la esperanza de dormir lo más pronto posible.. BaekHyun ya estaba en su propia cama dormido cuando entró y cuidadosamente se puso su pijama, para luego meterse entre sus cobijas.
No habían pasado ni cinco minutos cuando se tuvo que levantar de emergencia, pues unas increíbles ganas de toser lo habían atacado y ahora estaba cubriendo su boca con su almohada, para así no despertar a BaekHyun. Maldita sea, tendría que darse una vuelta al doctor al día siguiente, por mucho que los odiara.
Durante la siguiente media hora, todos los intentos por dormir que hizo fueron en vano. O se enderezaba por la tos, o se quedaba sin aire, o el dolor de cabeza convertía su mente en una máquina que trabajaba cinco veces más rápido de lo normal. Todo estaba en su contra, por más que intentaba acomodarse en su cama no conseguía ese sueño que tanto necesitaba.
—Maldita sea —murmuró, y se escandalizó cuando lo que salió de su garganta fue un hilillo de voz. No podía creer que un simple ventilador lo haya devastado de esa manera. Harto, pateó la sábana hasta que se cubrió solo de la cintura para abajo.
—ChanYeol…
Maldita maldición, pensó en cuanto escuchó la voz de BaekHyun hablándole. Pensó que había sido cuidadoso, pero al final todos los movimientos que hizo terminaron por despertar a su compañero.
—Perdón, Baek —murmuró con la voz casi desaparecida. Estaba sentado en su cama, esperando a que llegara el almohadazo, pero como no lo hizo continuó con su sincera disculpa—. Perdón, pero me siento del asco y…
—ChanYeol… me gustas, ChanYeol…
—¿¡Qué!? —bueno, esto era nuevo. Parecía que su voz no había muerto por completo, pues su sorpresa salió en un grito en cuanto escuchó las palabras de BaekHyun. Su vista estaba fija en la cama del otro, el corazón latiéndole como loco, y observó todo el proceso de cómo BaekHyun se revolvió en su cama unos segundos antes de sentarse, completamente desorientado. Tan pronto como BaekHyun volteó en su dirección, ChanYeol giró la cabeza tan rápido que incluso escuchó cómo tronó su cuello.
—¿ChanYeol? ¿Qué sucede, por qué estás despierto? —preguntó su compañero con voz ronca y luego prendió la lámpara que estaba junto a su cama. ChanYeol no se atrevió a verlo hasta que BaekHyun continuó hablando—. ¿ChanYeol? ¿Todo bien?
—Estoy enfermo —dijo, finalmente volteándolo a ver. BaekHyun dejó de tallarse los ojos para verlo, totalmente asombrado—. Mi voz es una mierda, como podrás ver.
—Es peor que eso, estoy seguro. ¿Por qué no me despertaste antes? Espera, tengo algo de medicina en el baño. Ya vuelvo.
ChanYeol vio cómo su compañero se levantaba descalzo y corría hacia al baño, el ruido de sus manos revolviendo las medicinas en su gabinete era una miseria en comparación al estruendo que hacían las palabras de BaekHyun en su cabeza. Todo indicaba que ChanYeol había escuchado mal, pues el chico no mostraba señales de nerviosismo ni mucho menos una reacción incómoda.
O también estaba la opción donde habló dormido, donde se le confesó mientras dormía, para ser más específicos. Sin embargo, por mucho que esa versión aliviara el dolor de cabeza (y un poco de su corazón) era una utopía. Porque a diferencia de él, BaekHyun no era gay, y estaba a dos meses de casarse con su novia.
La frase que encabezaba la lista de «Errores cometidos por Park estúpidoidiotaimbécil ChanYeol», escrita con letra gruesa y una línea remarcada varias veces debajo de ella, era haberse enamorado de BaekHyun. Llevaba sufriendo un mal de amores más o menos año y medio, y todo empezó después de que se había mudado al departamento de BaekHyun cuando éste puso un anuncio de que necesitaba un compañero para compartir la renta. A ChanYeol le quedaba perfecto el lugar, pues no estaba muy lejos de su trabajo en la tienda de instrumentos, y poco después encontró un estudio que tampoco estaba tan retirado, así que todo iba bien. BaekHyun, por su parte, estudiaba gastronomía y trabajaba medio tiempo en la cafetería de una de sus tías, además de que tenía una novia de cuatro años y medio con la que estaba próximo a casarse.
ChanYeol era una persona que se enamoraba fácilmente, pero así como su idilio llegaba en un dos por tres, se iba conforme pasaban los meses, al menos la mayor parte del tiempo. Por eso, los primeros meses no se preocupó demasiado de haberse fijado en su pequeño compañero, pero la situación empeoró cuando se dio cuenta de que no lograría deshacerse de Byun BaekHyun tan fácilmente.
No podía evitar sentir celos cuando BaekHyun hablaba con YooRi, su prometida, pues ChanYeol sentía que su corazón se estrujaba cada vez que escuchaba las dulces palabras que el más pequeño le dedicaba a su novia. Lo peor de todo es que BaekHyun era demasiado brillante y gracioso, y era imposible que se enojara con él porque desde que se conocieron había sido amable con él. Sabía que ChanYeol casi siempre llegaba tarde, así que le dejaba comida que él mismo preparaba e incluso algunas veces recogía un poco su parte de la habitación. Las veces que salían juntos siempre se la pasaban muy bien, y eso solo hacía que su gusto por el muchacho aumentara cada vez más.
Su mente era un revoltijo de emociones cuando llegaba a casa temprano y BaekHyun ya estaba ahí. Por un lado era horrible tener que contenerse con todas sus fuerzas de acercarse al muchacho, abrazarlo y alzarlo entre sus brazos para luego plantarle un beso en sus bonitos labios. Su corazón latía rápidamente contra su pecho y contra sus oídos, y podía sentir cómo sus palmas sudaban cuando BaekHyun le dedicaba una enorme sonrisa. Por otro lado, le gustaba llegar y encontrar la cena recién hecha, el programa favorito de los dos en la televisión y un BaekHyun con un delantal manchado y una sonrisa en los labios que le daba las buenas noches y le ofrecía un plato de su deliciosa comida.
Se sentía familiar, casi como si fueran una pareja casada y ChanYeol divagaba mucho en esa idea varias veces por semana, con audífonos puestos y su lista de reproducción favorita justo antes de dormir. Su relación con BaekHyun había llegado al punto en que se sentía muy cómodo estando con él, era la persona a la que le podía confiar lo que fuera porque sabía que BaekHyun guardaría el secreto bajo llave y le daría el mejor consejo que pudiera tener. Ya era parte de su vida, y por eso mismo le aterraba la idea de que pronto ya no compartiría más sus días con él.
Pero regresando a la realidad, la (im)posible confesión de BaekHyun casi hizo que lo atropellara un camión escolar al cruzar la avenida que estaba antes de su trabajo esa mañana. Y eso no era todo: se equivocó tres veces de precio en un violín, cosa que provocó un gesto desagradable en su cliente, además de que estuvo a punto de estornudar sobre su reporte si no fuera porque SeHun le tendió un trozo de papel a tiempo. Todo el día había estado con la cabeza en la luna, porque a pesar de que estaba 99% seguro de que todo había sido su imaginación torcida y enamorada, ese 1% no lo dejaba en paz, provocando que SeHun chasqueara los dedos en su cara un par de veces cuando estaban en su descanso.
—El día de hoy no me has puesto ni un minuto de atención, hyung —mencionó SeHun con un tono dolido—. ¿Al menos escuchaste algo de lo que te acabo de contar?
—Conociste a un muchacho de ojos grandes el fin de semana pasado en… ¿el parque? ¿Y se llamaba KyungHyun?
—Fue en el supermercado y se llama KyungSoo, Do KyungSoo. Hyung, ¿estás seguro de que la gripa no te llegó al cerebro?
SeHun sonaba genuinamente preocupado y eso lo conmovió. Normalmente el más chico hacía comentarios descuidados y lo ignoraba, pero ahora parecía consternado. ChanYeol suspiró sonoramente antes de empezar a toser como loco. Tendría que ir al médico en cuanto saliera del trabajo; el día de hoy no pasaría a su estudio y eso le pesaba bastante.
—En realidad, ayer pasó algo… raro. Estoy casi seguro de que lo estoy inventando pero aun así no me deja en paz, sabes.
SeHun se quedó en silencio, esperando a que ChanYeol hablara. Así que, una vez controló un poco los latidos de su corazón, comenzó a contarle toda la historia a su compañero de trabajo.
Ahora que lo pensaba, solo una vez escuchó a BaekHyun hablar dormido. Había sido un año atrás, cuando ChanYeol regresó bastante tarde de su estudio pues se había quedado trabajando con un amigo suyo y BaekHyun estaba ya dormido. Escuchó que balbuceaba y murmuraba algo relacionado con una de sus clases, lo cual se le había hecho bastante adorable. A decir verdad, después de eso no lo volvió a escuchar hasta la noche anterior, pues si lo razonaba bien, ChanYeol generalmente llegaba y se quedaba dormido en cinco minutos, y otras veces escuchaba música hasta que sus ojos se cerraban de sueño.
El pensamiento de que BaekHyun pudo mencionar su nombre otras veces mientras dormía lo tenía súbitamente agitado, pero intentó controlarse antes de que SeHun lo tuviera que llevar a un hospital a que lo reanimaran.
—Wow —murmuró el muchacho una vez que terminó de contarle todo. Dio un sorbo a su refresco antes de continuar—. Creo que la gripe te hizo delirar, hyung.
—Creo que sí —contestó, algo decepcionado. Tosió un poco antes de voltear al cielo; el sol estaba a todo lo que daba y no había ni una nube que pudiera cubrirlo.
—Aunque, si tanto te inquieta, ¿por qué no te quedas despierto lo más que puedas? Quién sabe, a lo mejor BaekHyun hyung dice alguna otra cosa que te haga parecer un adolescente frente a su primer amor.
Por supuesto, SeHun no se salvó del golpe que vino después de ese comentario. Pero tenía que darle crédito, la idea no le parecía mala en absoluto.
ChanYeol salió del doctor sosteniendo una receta con una mano mientras que con la otra se sobaba la inyección que le acababan de poner. Tenía una bonita infección en la garganta que se había encargado de hacer su voz el doble de gruesa, haciendo que pareciera un pedófilo.
El doctor había sido amable al regalarle un dulce después de inyectarlo. Por alguna razón, ChanYeol cree que el médico descargó el estrés que tenía en su pobre trasero, y al final se sintió culpable y por eso le regaló la golosina. El muchacho alto recordaba con gracia cuando era niño y huía de las inyecciones, la mayor parte del tiempo escondiéndose detrás de su madre cada vez que el doctor se le acercaba con el objeto punzante. Sin embargo, como era adicto a las golosinas, el doctor siempre lo convencía de inyectarse pues le prometía una golosina luego de la tortura. En ese momento se sentía de nuevo como un niño pequeño.
La medicina que le había dado BaekHyun lo mantuvo más o menos estable durante la mitad del día, así que ahora mismo se dirigía a su casa dispuesto a prepararle una malteada de fresa. El casi chef siempre le había dicho que las malteadas de fresa que él hacía eran una de las cosas más deliciosas que había probado en su vida, y el recuerdo de la sonrisa y los ojos brillantes de BaekHyun mientras decía esas palabras siempre levantaba su ánimo en los días más grises. A pesar de que se sentía como el demonio, estaba dispuesto a sacrificar un poco de su tiempo para prepararle una bebida en agradecimiento. BaekHyun no saldría hasta las siete, así que tenía todavía un poco de tiempo para hacer la malteada.
La idea que le había dado SeHun seguía rondando en su cabeza incluso una vez que había llegado a casa y ya estaba cortando las fresas. Podría aprovechar que estaba enfermo y que era muy posible que no durmiera hasta muy tarde para ver si su compañero recitaba alguna palabra que pusiera a su corazón a correr un maratón. Sabía que la posibilidad de que todo fuera un truco de su imaginación era casi segura, pero la espinita de saber más, de comprobar que se estaba equivocando, le estaba molestando tanto como su dolor de cabeza actual. Esperaba que la medicina hiciera efecto pronto.
No escuchó cuando BaekHyun llegó puesto que la licuadora estaba prendida. Una vez que terminó, sirvió el contenido en un vaso grande, y estaba buscando un popote en las puertas de arriba cuando unas manos apretaron su cintura e hicieron que se golpeara la rodilla con la barra de la cocina. Lo único que lo detenía de maldecir al responsable del dolor infernal en su rodilla era su musical risa. Vaya que ChanYeol estaba jodido por ese sujeto.
—Sabes, no lamento nada haberte asustado. ¡Debiste ver tu cara! —dijo BaekHyun, agarrándose el estómago de la risa. ChanYeol tenía los ojos entrecerrados, pero la sonrisa que formaban sus labios indicaba que no estaba enojado en lo absoluto.
—Y yo que te hice una malteada en agradecimiento por no dejarme morir anoche. Qué malvado eres, Byun BaekHyun —respondió ChanYeol en un tono herido, y su voz de enfermo le daba el toque dramático que necesitaba. El rostro de BaekHyun cambió en un segundo cuando ChanYeol le tendió el vaso lleno de malteada, y ChanYeol pensó que estaría dispuesto a golpearse cincuenta y ocho veces más la rodilla si eso significaba ver a BaekHyun feliz.
—Vaya, te luciste el día de hoy, Yeol. Justo necesitaba una de estas, muchas gracias —murmuró el chico, ChanYeol trató de ignorar el calor en sus orejas mientras le devolvía la sonrisa—. Por cierto, ¿cómo sigue tu gripa?
—Mal, aunque creo que la inyección que casi me deja sin glúteo ya está haciendo su efecto.
BaekHyun soltó una carcajada antes de darle un sorbo a su bebida. ChanYeol se volteó hacia el fregadero, dispuesto a hacer lo que sea para que su corazón dejara de latir como si un animal salvaje estuviera dentro de él. Sin embargo, BaekHyun detuvo su acción de lavar la licuadora y los trastes que había usado con una mano firme sobre las suyas. ChanYeol sintió que el aire se le escapaba.
—Estás enfermo, idiota. Ve al sillón a descansar, yo me ocuparé de esto.
ChanYeol lo obedeció como un cachorro. Cada acción de ese tipo lo dejaba inmóvil por unos segundos en los que su mente se ponía en blanco y dejaba de ser un humano perfectamente funcional para pasar a ser un títere manejado por BaekHyun. De verdad estaba jodido, pensó una vez que prendió la televisión en la sala mientras el sonido de agua cayendo y trastes moviéndose estaba en el fondo. Demasiado jodido para ser sano.
BaekHyun se le unió no mucho después. Le gustaban esos momentos, ellos dos viendo la televisión en silencio. Eran momentos de paz, de tranquilidad y comodidad que le daban esa sensación hogareña que tanto extrañó cuando dejó su casa años atrás. Disfrutaba mucho estar así con BaekHyun, no podía negarlo aunque su mente le dijera que tenía que hacerlo si no quería sufrir tanto.
El programa se terminó demasiado rápido para su gusto. Antes de que apagara la televisión, BaekHyun llamó su atención al aventarle uno de los cojines del sillón. Francamente, era adorable.
—Hey, Yeol. Tengo algo que preguntarte —ChanYeol lo volteó a ver con desconcierto, pues estaba jugando con sus dedos mientras veía a otro lado. El año y medio de vivir con él (y su irremediable enamoramiento) habían servido para que identificara ese gesto como nerviosismo.
Lo cual, no pudo evitar que pensara en lo sucedido la noche anterior. ¿Qué era lo que BaekHyun le tenía que decir? Y lo más importante, ¿por qué su voz repitiéndole que le gustaba aparecía una y otra vez en su cabeza? ChanYeol empezaba a sentirse mareado y eso no le gustaba para nada, porque estaba seguro de que no se trataba de su enfermedad.
—Verás… mi hermano no podrá venir a la boda porque al parecer su trabajo es más importante que yo, así que quería pedirte si… si podrías ayudarme. Ya sabes, en los detalles que faltan.
No podía describir lo que sentía en ese momento. No había palabras que cargaran con el significado suficiente para encajar en las sensaciones que recorrían su piel para meterse en sus entrañas y apretar. Lo más cercano era dolor, tristeza, enojo, decepción. ChanYeol aceptó sin rechistar, e incluso mostró una sonrisa, una que se había convertido oficialmente en la más falsa que había hecho en toda su vida. Por su puesto, BaekHyun quedó satisfecho, y vio cómo su pecho subía y bajaba cuando suspiró largamente.
Una vez en su cama, no le quedaron ánimos para seguir el plan que SeHun le había propuesto. Se puso sus audífonos con la música baja porque todavía le ardían los oídos, y se quedó dormido no mucho después con una opresión en el pecho que todavía lo picoteaba con insistencia a la mañana siguiente.
—Eres un idiota.
Brutalmente honesto como un niño, Kim JongDae lo miraba con decepción en el rostro mientras movía su cabeza de un lado a otro. Él era su otro compañero en la tienda, pero el día anterior faltó porque asistió a un concierto y llegó a su casa hasta la madrugada. Por supuesto, esa no era la versión que conocía su jefe. ChanYeol a veces se preguntaba si JongDae era realmente necesario ahí porque SeHun y él podían atender perfectamente la tienda.
—Lamento esto hyung, pero esta vez JongDae hyung tiene la razón —mencionó SeHun luego de darle una mordida a una de las muchas golosinas que traía en sus bolsillos—. ¿Por qué aceptar ayudarle a tu crush con los preparativos de su boda? ¿Estás loco?
—Y no cuenta decir que es porque lo amas, o te juro que te…
—Ya, cállense los dos —dijo ChanYeol y se rascó la nuca, malhumorado. El calor del verano era horrible, y su jefe no se había encargado de reparar el ventilador de la tienda por lo que los tres estaban ahí confinados esperando a que alguna persona apareciera—. Si hago esto es porque su hermano no irá, es todo.
JongDae rodó los ojos ante su respuesta y sacó su celular, dispuesto a ignorar lo siguiente que fuera a decir. Por su parte, SeHun suspiró largamente y lo miró con una mezcla de decepción y pena. ¿Tan mala era su situación?
Sí, respondió una voz en su cabeza. Malísima.
—Si estuviera en tu lugar, trataría de alejarme lo más posible a todo lo relacionado con la boda, hyung. Creo que eso le haría bien a tu salud mental. Aunque se me acaba de ocurrir otro plan, claro, si quieres mi opinión…
Un nuevo cliente entró justo cuando ChanYeol había levantado la cabeza para escuchar lo que sea que SeHun le fuera a proponer. Tuvieron que esperar un rato en lo que el señor se decidía por la marca de baquetas que le llevaría a su hijo, y al final terminó comprando las más caras gracias a Kim JongDae y su manera de convencer a la gente inocente. Quizá esa era la razón por la que no lo habían despedido todavía.
—Como te decía, se me ocurrió otro plan, así no tendrás que desvelarte todos los días para ver si el Bello Durmiente te dedica palabras dulces.
ChanYeol rodó los ojos pero escuchó con atención. De todos modos era más divertido que jugar con su bolígrafo y comerse la cabeza cada cinco minutos.
ChanYeol ya se sentía mejor como para pasar a su estudio, así que se quedó un rato hasta que oscureció. Logró terminar sus pendientes y dejó unos más que podía hacer en el transcurso de la semana, y no se dio cuenta de que era bastante tarde ya hasta que miró el reloj. Diez treinta y dos de la noche. El último autobús de la ruta que lo llevaba a casa salía a las once, y si era sincero no tenía el dinero suficiente para darse el lujo de irse en taxi, así que tuvo que trotar varias calles hasta que llegó a la parada afortunadamente vacía excepto por dos personas. Tosió un par de veces antes de sentarse en la banca, y se recargó en su mochila mientras esperaba a que llegara el transporte.
La nueva idea que SeHun le había planteado pasaba por su mente una y otra vez como los créditos de una película. Ya que quedarse despierto en la noche para ver si decía alguna otra cosa no era un plan muy viable, existía otra opción que podía hacer él mismo sin necesidad de ser un rarito que veía a su amor platónico mientras dormía. Y eso se llamaba nada más y nada menos que provocación.
SeHun lucía tan divertido cuando le estaba contando su plan, y ChanYeol vaya que sabía por qué. Lo principal era acercarse a BaekHyun y hacer movimientos sutiles, como rozar sus manos o tocarlo por más tiempo del necesario para ver si mostraba algún tipo de reacción que le indicara que no estaba delirando la noche en que lo escuchó. Sonaba bastante simple si lo ponía así, pero ChanYeol no sabía si él mismo tendría el autocontrol suficiente como para acercarse a BaekHyun y sostener su brazo sin que le sudaran las manos.
Suspiró, sintiéndose ya derrotado a pesar de que no había hecho su jugada todavía. El autobús llegó no mucho después, y una vez dentro se acomodó en uno de los asientos del fondo. Miró por la ventana hasta que llegó su parada, el movimiento afuera lo ayudó a no quedarse dormido.
Abrió la puerta con cuidado al llegar a su departamento compartido, pues era casi medianoche y estaba seguro de que BaekHyun ya estaba dormido. Caminó de puntillas a la cocina, la única habitación encendida de todo el lugar. Sonrió cuando divisó una nota pegada en la mesa, y su corazón latió un poco más rápido cuando reconoció la letra de BaekHyun.
«Te dejé un poco de comida en el horno en caso de que no te hayas rellenado de porquerías y vengas hambriento a casa. ¡Deja de comer sopa instantánea, Park! Y buenas noches :)»
ChanYeol se cubrió la boca al terminar de leer el tierno mensaje que le dejó su compañero. Siempre se quejaba de que las sopas instantáneas destruían su estómago, pero ChanYeol a veces no tenía tiempo de comer fuera de casa y terminaba comprando una que otra. Sin embargo, esta vez solo había comido un paquete de galletas y un jugo, por lo que su estómago le reclamó todo el tiempo que había calentado su comida.
No pasó mucho para que se fuera a dormir. Un poco de televisión después de terminar su cena y de lavar los trastes, y luego ya se encontraba arrastrando los pies hacia su habitación. No era una persona muy madrugadora que digamos, la idea de que al día siguiente se tenía que levantar temprano para trabajar no parecía bastante tentadora.
Se quitó su sudadera y gorra antes de entrar a la habitación, y estaba cruzando la entrada cuando escuchó unos murmullos que interrumpieron su bostezo. Era BaekHyun, sin duda, pero no entendía muy bien lo que estaba diciendo porque estaba boca abajo. Entró en la habitación con presteza y se sentó en su cama, ansioso. De pronto, BaekHyun se volteó hasta quedar de su lado, y su corazón casi se sale de su pecho cuando lo escuchó hablar con claridad.
—ChanYeol-ah… me gustas mucho, ChanYeol-ah…
Un escalofrío le recorrió la espalda a ChanYeol, quien no hacía otra cosa más que quedarse ahí sentado con los ojos muy abiertos y las palmas sudorosas. Esta vez no había un dolor de cabeza que podría confundir sus oídos, lo cual le aterraba el doble porque existía ahora un 80% de posibilidad de que la otra noche no haya sido un producto de su imaginación. Lo que, a su vez, lo aterraba el triple. ¿Cuántas noches BaekHyun había hablado para confesar sus sentimientos sin que él se diera cuenta? Era verdaderamente aterrador.
BaekHyun murmuró unas cosas inentendibles antes de voltearse de nuevo y continuar durmiendo. Pasaron diez minutos en los que no dijo nada, y ChanYeol finalmente pudo despegar sus manos del borde de la cama para terminar de cambiarse. La duda lo asaltó todavía un rato más en el que miraba el techo desgastado de su cuarto, esta vez no traía audífonos puestos pues quería ver si BaekHyun abría la boca una vez más para hacer que quisiera correr por toda la manzana. Ahora más que nunca tenía ganas de poner en marcha el plan que SeHun le había sugerido.
—¿Sabías que hablas dormido?
BaekHyun dejó de consumir su café caliente y volteó a ver a ChanYeol, quien estaba volteado hacia el fregadero mientras cortaba las verduras que BaekHyun cocinaría más tarde, cuando llegara de la universidad. El muchacho alto había hecho el esfuerzo sobrehumano de levantarse muy temprano para alcanzar a desayunar con BaekHyun, pues él entraba una hora antes que ChanYeol.
—¿En serio? —contestó y bajó la mirada cuando ChanYeol volteó para tomar las cajitas de plástico que estaban en la mesa y así guardar la verdura que había picado—. Nunca le quise creer a mi hermano cuando me reclamaba por asustarlo en las noches.
—Pues sí, lo haces. Ayer que llegué tarde te escuché —respondió ChanYeol con un tono divertido. Eso no ayudó en absoluto a calmar sus nervios cuando terminó y fue a sentarse frente a BaekHyun a tomar su desayuno. El muchacho lo miró de reojo y sonrió antes de regresar su vista a su plato.
—¿Y qué fue lo que dije? ¿Nada raro o vergonzoso, verdad? —murmuró antes de tomar otro sorbo a su café. Una de las ventajas de estar enamorado de BaekHyun era el saber reconocer sus emociones, por ejemplo, cuando estaba ansioso. Ahora mismo no dejaba de morderse los labios.
ChanYeol sintió que iba a explotar de un momento a otro. En su lengua estaban las palabras «Confesión. Te me confesaste ayer, y quería decirte que también me gustas y te amo y casémonos ya, ¿sí?», pero su cerebro le dictaba estrictamente que no debía verse como un tonto sino actuar con cautela.
—Hablaste un poco de la universidad, y luego de cosas que francamente no entendí. Un día de estos te grabaré y subiré el video por ahí —dijo y soltó una carcajada cuando BaekHyun le lanzó un trozo de pan a la cara.
—Silencio, Park, porque entonces yo grabaré tus horribles ronquidos de oso y le pasaré el video a cada persona que conozca —lo amenazó con su tenedor antes de echarse a reír con él. Pronto, ambos se quedaron en silencio, y continuaron con sus respectivos desayunos. Eso, hasta que ChanYeol volvió a hablar.
—En realidad, dijiste algo más. Algo un poco vergonzoso, a decir verdad —murmuró, y se perdió de la mirada confundida de BaekHyun porque estaba demasiado ocupado en revolver el arroz en su pequeño tazón.
—¿Y qué fue? —preguntó BaekHyun en voz baja, pero ChanYeol no respondió—. ¿Yeol? ¿Qué fue lo que dije?
—Algo —susurró, y se encogió de hombros—. Quizá algún día te lo diga, quizá no…
ChanYeol esquivó a tiempo el trozo de pan que amenazó con golpear su cara una vez más, y a pesar de que el más bajo continuó insistiendo que le dijera, mantuvo su boca cerrada. Una vez que ambos terminaron de desayunar ChanYeol se encargó de los platos sucios, todos excepto por la taza de BaekHyun pues todavía le faltaba un poco.
—Creo que ya me voy o se me hará tarde. Nos vemos después, Yeol —sonrió y lo golpeó en el brazo, justo antes de tenderle su taza ahora vacía.
Era el momento, se dijo. La hora de poner su plan en marcha. Tomó la taza en una de sus manos, pero se aseguró de rozar sus dedos con la mano cálida de BaekHyun, todo esto, mientras lo miraba a los ojos. El muchacho lo miró algo desconcertado, pero otra vez ChanYeol fue partícipe de cómo la ansiedad dominaba a BaekHyun y lo hacía bajar la mirada y morderse los labios. No tenía idea de dónde estaba sacando todo ese autocontrol para no solo tomarlo entre sus brazos y besarlo.
—Que te vaya bien, BaekHyunnie. Nos vemos más tarde.
ChanYeol se volteó de nuevo hacia el fregadero para empezar a lavar el último traste que faltaba. Notó que BaekHyun se quedó unos segundos más ahí de pie antes de darse vuelta y subir hasta el baño para terminar de arreglarse. Una vez que el muchacho pequeño estuvo fuera de su vista, ChanYeol se permitió sacar el aire que sus pulmones estaban conteniendo debido a toda la adrenalina que recorría su cuerpo, tosiendo unas cuantas veces en el proceso. Solo esperaba que las piernas no le temblaran tanto cuando fuera hora de subir las escaleras.
ChanYeol había visto a Kim YooRi solo una vez en todo lo que había vivido con BaekHyun. El muchacho no acostumbraba llevarla a su casa, sino que él era el que se iba casi siempre los fines de semana a encontrarla en un restaurante cerca de donde ella vivía. El alto estaba agradecido por eso, no soportaría ver su cara todos los fines de semana cuando su corazón ya dolía con el solo pensamiento de que era la novia de BaekHyun.
Sin embargo, ahora que oficialmente le estaba ayudando con la boda tendría que verla más seguido, justo como ese domingo. Iban de camino hacia el lugar donde comprarían los centros de mesa que usarían, pues la chica estaba entre varias opciones y quería que le ayudaran a decidir. Conforme el autobús se acercaba a su destino, ChanYeol se arrepentía más y más de haber aceptado. JongDae tenía razón, era un idiota.
En cuanto llegaron al lugar la reconoció de inmediato. Un poco más baja que BaekHyun, delgada y con piel blanca. Lo que la hacía resaltar era su cabello rojo, incluso cuando la vio por primera vez meses atrás tenía el mismo color. Se preguntaba qué tan maltratado estaba.
Por supuesto, tuvo que aguantar toda la escena amorosa que se desarrolló desde que BaekHyun y él se acercaron, pues YooRi no tardó ni dos segundos en colgarse del cuello del más bajo mientras le besaba prácticamente toda la cara. ChanYeol terminó por mirar a otro lado, suficiente tenía con la tortura mental que serían las próximas dos horas.
Cada uno de los arreglos tenía algo en especial que los hacía lindos. Algunos tenían flores artificiales pegadas en lugares estratégicos; otros, más caros y lujosos, incluso tenían luces de colores que se movían de un lado a otro. ChanYeol sabía que BaekHyun era un fan de las cosas simples y sencillas, así que podía ver su cara estresada cuando YooRi se detenía en donde estaban unos centros grandes y extravagantes. El muchacho alto suspiró antes de seguir caminando entre todos los modelos hasta que se detuvo en uno en específico.
Se trataba de un florero mediano, redondo y transparente, que contenía arena en diferentes tonos que formaban figuras. En medio, dos rosas artificiales se alzaban, blancas también. Lo tomó entre sus manos con delicadeza por miedo a romperlo y echarse una deuda encima. Era sencillo, lindo y elegante.
—Wow, ChanYeol, no pensé que tuvieras buen gusto.
Una voz femenina lo sacó de sus pensamientos, y cuando volteó YooRi estaba frente a él, sonriendo. Una sonrisa falsa, por supuesto. Y bueno, como buen samaritano, respondió la sonrisa con una llena de dientes y también de falsedad. ¿Había mencionado ya que no soportaba la presencia de esa mujer?
—Oh, ese es muy bonito —dijo BaekHyun entrando de repente y rompiendo con la atmósfera pesada. ChanYeol estaba seguro que sus ojos empezarían a lanzar dagas en cualquier momento si no fuera porque el más bajo cortó ese sentimiento asesino—. ¿Qué opinas de ese, YooRi-ah?
—Me gusta. Creo que deberíamos comprarlo.
ChanYeol podría jurar sobre la tumba de la última cucaracha que asesinó en su casa que el sentimiento de odio entre él y YooRi era mutuo. Por alguna razón la chica lo miraba hacia abajo, como si intentara hacerlo menos, y es que una cosa era cierta: ella tenía mucho más dinero que él y BaekHyun juntos. Pero ChanYeol, con sus 186cm, jamás se dejaba intimidar, mucho menos por alguien así. Quizá era por eso que la chica no lo toleraba, debía estar acostumbrada a que todo el mundo la alabara.
Estaba repasando sus motivos por los que estaba ahí en cuanto salieron de la tienda. BaekHyun le había dicho que después de ahí irían a comer, pero si era sincero de lo único que tenía ganas era de irse a su estudio y quedarse ahí hasta que oscureciera. Ya tuvo suficiente con la hostilidad de YooRi y las escenas empalagosas que se desplegaban ante sus ojos cada dos minutos, iniciadas en su mayoría por la mujer. Sin embargo, estábamos hablando de BaekHyun, y francamente se sentiría mal si lo dejara de repente cuando le pidió su ayuda.
—Hay un restaurante aquí cerca que sirve comida deliciosa. ChanYeol, ¿te gustaría ir?
El ringtone de su teléfono súbitamente se convirtió en un coro celestial en vez de la típica canción de Eminem que tenía puesta, y con un gesto incómodo se disculpó para contestar. Jamás se había sentido más feliz de escuchar la voz de JongDae.
—¡JongDae, hola! —saludó con entusiasmo.
—¿Desde cuándo me saludas tan feliz, animal? Quería pedirte que me prestaras…
—Oh, ¿necesitas que te ayude con tu auto? No estoy muy lejos de ahí, creo que puedo ir sin problemas.
—Qué mierda estás…
—No es nada, después me pagarás. ¡Nos vemos!
BaekHyun y YooRi habían escuchado toda su conversación. Estaba casi seguro de que los dos sabían que había fingido, pero realmente eso era lo que menos le importaba. Esa era la señal que estaba esperando para largarse como un bólido de ahí, no estaba dispuesto a seguir viendo cómo le rompían el corazón una y otra vez.
—Lo lamento mucho Baek, YooRi, pero debo irme por ahora. Otro día nos reuniremos para cenar —dijo e hizo una reverencia, y cuando subió de nuevo la cabeza pudo divisar perfectamente los ojos de cachorro pateado que le estaba haciendo BaekHyun, ojos que casi hicieron que se arrepintiera de su decisión.
—No te preocupes, ChanYeol. Gracias por venir, fuiste de gran ayuda —dijo ella, recargándose en el hombro de BaekHyun. ChanYeol estuvo a punto de rodar los ojos, pero se controló a tiempo.
—Nos veremos después en el departamento, Yeol. ¡Ve con cuidado!
Y con eso, ChanYeol se despidió de los dos, fingiendo una expresión absolutamente apenada antes de darse vuelta y prácticamente huir al subterráneo. La mitad de su llamada no fue mentira; dos estaciones después y unos buenos veinte minutos de caminata, la puerta del departamento de JongDae estaba frente a él. No se sorprendió en lo absoluto cuando el chico le abrió y lo miró con cara de pocos amigos.
—Ya vine a ayudarte con tu auto imaginario, ya verás que lucirá mejor que uno real.
—Eres un idiota —respondió su amigo antes de dejarlo entrar.
El encuentro con YooRi casi hizo que se rindiera con su nuevo plan. Verla pegada como un chicle a BaekHyun por horas lo desanimó al punto en que, cuando llegó con JongDae, parecía más un cachorro atropellado que un ser humano. Lo único bueno de ese día fue que por primera vez desde que lo conoció, JongDae no lo interrumpió ni un instante mientras estaba contándole sus penas. Al menos pudo desahogarse.
Esa noche se aseguró de llegar tarde para no tener que enfrentarse a BaekHyun. Estaba seguro que el más pequeño se dio cuenta de su escapada planeada a último momento, y si era franco lo último que quería era tener que dar explicaciones. Por eso llegó hasta muy tarde, cuando BaekHyun ya estaba en el mundo de los sueños. No pudo evitar que su corazón corriera como loco cuando vio que BaekHyun le había dejado un poco de comida de la que preparó ese día. Creo que no está tan enojado, pensó.
Sin embargo, cuando despertó al día siguiente y vio que BaekHyun no estaba por ningún lado, fue entonces que se dio cuenta de que sus especulaciones eran erróneas. BaekHyun se iba más temprano que él, pero siempre se despedía aunque ChanYeol siguiera somnoliento. Pero ese día no dijo ni pío, y cuando ChanYeol llegó a la cocina para preparar su desayuno, tampoco estaba alguna nota del muchacho que le indicara que ya se iba a la escuela.
Suspiró largamente antes de hacerse su café. Sabía que le esperaba algo así durante los siguientes días, porque cuando BaekHyun se enojaba lo hacía de verdad. Por lo menos tendría más tiempo para pensar en los siguientes pasos a seguir de su plan.
Fue hasta el tercer día que tuvo señales de BaekHyun. Debía admitir que él también había sido un terco (y cobarde, en palabras de SeHun) porque se pasaba horas extras en su estudio una vez que salía del trabajo, todo para llegar a casa tarde y así no ver a BaekHyun. Pero su corazón ya le estaba reclamando: extrañaba llegar temprano y encontrarse con cierta personita capaz de quitarle todo el cansancio con una sonrisa.
Ese miércoles estaba atendiendo a su último cliente cuando SeHun le echó una mirada un tanto extraña. El chico ya estaba recogiendo sus cosas para irse cuando vio a alguien afuera de la tienda y luego miró a ChanYeol. El más alto estaba mostrándole una lista de precios al hombre que estaba frente a él, por lo que solo vio de reojo que SeHun intercambió unas palabras con el extraño de afuera antes de regresar y esperar a que ChanYeol terminara.
ChanYeol estaba intrigado, y la curiosidad crecía conforme pasaba el tiempo. Cuando por fin terminó, ni tuvo tiempo de preguntarle a SeHun con quién estaba hablando, porque de repente la cabeza de BaekHyun se asomó por la entrada, haciendo contacto visual con él. ChanYeol sintió como si le hubieran echado un balde de agua fría encima al ver al muchacho ahí, pero rápidamente se compuso y empezó a juntar sus cosas. Por supuesto, no dejó que sus nervios lo traicionaran conforme escuchaba los pasos de BaekHyun acercándose a él.
—Hey —comenzó BaekHyun. No se percató de la mirada tímida que le lanzó el muchacho.
—Hey —respondió, guardando sus cosas en su mochila antes de colgársela a la espalda, mirándolo por fin—. Creí que estarías en la escuela.
—Sí, bueno, salí temprano. Hoy iba a ver a YooRi pero… le surgió algo y ya no podrá venir. Así que… decidí pasarme por aquí, porque también pedí permiso para faltar al trabajo. Y bueno, ya que ibas a salir…
Al escuchar el nombre de esa mujer, ChanYeol se sintió ligeramente irritado. Ella había sido la causante de esos tres días de tortura, pero casualmente ella fue la que le trajo a BaekHyun de nuevo aunque no estuviera consciente de ello. Trató de ignorar el hecho de que la voz del chico se hizo más pequeña y tontamente adorable conforme seguía hablando, así que dejó de hacerse el sordo y suspiró, mirándolo de nuevo.
—Baek, no puedo salir hoy. Tengo que terminar la revisión de mi última canción y…
—Lo sé —interrumpió BaekHyun, y ChanYeol se quedó callado intentando controlar sus nervios. ¿Por qué un simple contacto visual lo alteraba tanto?— Sé que estás ocupado en tu estudio. Por eso quería preguntarte si yo… si podría quedarme contigo. Hasta que nos vayamos a casa.
ChanYeol parpadeó varias veces. Tenía mucho tiempo sin ver a BaekHyun tan nervioso e inseguro, era como si otro BaekHyun hubiera entrado por esa puerta y no el que había conocido por tanto tiempo. No podía negar que se veía adorable así, y francamente su naturaleza le prohibía estrictamente rechazar aquella propuesta. Suspiró y se rascó la nuca, tratando de ignorar el hecho de que si no fuera por su prometida, BaekHyun no estaría ahí.
—Supongo que no hay problema. Solo espero que no te asustes mucho cuando veas que mi bote de basura está lleno de envases de sopa instantánea.
Oh, qué felicidad. En esos momentos le alegraba tanto ser tan espontáneo y tontuelo, porque BaekHyun le estaba sonriendo otra vez de esa forma que logra hacerlo feliz ridículamente rápido.
Llegaron al estudio de ChanYeol más rápido de lo que pensó. El viaje no fue tan incómodo, de vez en cuando BaekHyun le contaba una que otra cosa sobre la escuela, mientras que él escuchaba atentamente y hacía solo los comentarios necesarios. La incomodidad entre ellos todavía no se iba del todo, pero por lo menos estaban avanzando.
Cuando entraron, le hizo un gesto a BaekHyun para que se sentara en el único sofá que tenía ahí. Lo malo de tener privacidad absoluta en ese estudio era que había algunas moronas en el sillón, además de una que otra envoltura de papas y dulces por aquí y por allá. Estaba seguro de que BaekHyun se lo iba a reprochar, y no pasaron ni cinco minutos en los que ChanYeol estaba encendiendo todos los dispositivos que usaría ese día cuando el más pequeño habló.
—¿En serio no puedes levantarte más temprano para hacer algo de comida, Park? —dijo con un tono entre divertido e incrédulo. ChanYeol formó una línea con sus labios antes de responder.
—No soy una persona madrugadora, Baek. Creo que lo sabes muy bien.
—Vaya que lo sé —respondió, y ChanYeol soltó una ligera carcajada—. Pero todas esas porquerías van a dañar tu estómago un día. Y no me digas que no es verdad porque yo sé más de todo esto que tú.
—Prefiero aprovechar esos minutos para acurrucarme en mi cama antes de tener que enfrentar la vida, Byun. Además, tú eres el chef, ¿por qué no me cocinas algo en la mañana?
BaekHyun no dijo nada. ChanYeol se dio cuenta de lo que dijo mucho después, y estaba a punto de sacarse de la manga alguna broma cuando el muchacho carraspeó y sacó de su mochila un pequeño tupper que contenía algo de salchichas asadas y verdura. ChanYeol sintió que se le removía algo en el pecho cuando vio a un tímido BaekHyun acercándose a él para tenderle el traste con comida, junto a un par de palillos y una servilleta. Esperaba que eso raro que sentía no fuera señal de que le iba a dar un paro cardiaco.
—La comida es mía, pero dado a que siempre estás tragando cosas que no debes, te la obsequiaré.
—Baek…
—Nada. No digas nada o me voy a arrepentir.
La sensación en el pecho de ChanYeol se extendió por todo su torso hasta llegar a su cuello y orejas. Las ganas de abrazar a BaekHyun se intensificaron tanto que no pudo retenerlas, y de repente tenía a un BaekHyun completamente tenso entre sus brazos. ChanYeol siempre se burlaba de la diferencia de altura que había entre los dos, y secretamente ponía cosas en la alacena más arriba de lo que BaekHyun podía alcanzar, todo con la intención de molestarlo (y de que le pidiera ayuda). El chico siempre estaba acomplejado por eso, pero ahora mismo ChanYeol les agradecía a todos los dioses que hicieron posible que le llevara más de una cabeza de altura a BaekHyun, porque todo el rostro del muchacho estaba en su pecho.
—Muchas gracias —dijo en un tono suave, asegurándose de que el chef lo escuchara claramente. Bajó la cabeza para ver cómo BaekHyun se despegaba de su pecho, pero inmediatamente volvía a recargarse, ahora con la cabeza de lado. ¿Por qué demonios no era ChanYeol el que se casaría con el pedacito de cielo que lo estaba abrazando?
—Ya, de nada. Para la otra no inventes excusas y mejor dime que no quieres ir conmigo y YooRi.
Auch. Eso no se lo esperaba.
BaekHyun se separó de él para regresar a su asiento no mucho después. Honestamente hubiera deseado que se quedara ahí para siempre, pero suponía que no todo se podía conseguir en esta vida. Regresó a su escritorio, ya que su computadora estaba prendida, a terminar lo que tenía que hacer.
Otro de los muchos puntos positivos de vivir con BaekHyun era que el chico nunca se callaba, así que cinco minutos después ya estaba escuchando de nuevo su voz.
—¿Es mucho lo que tienes que revisar?
Lo único que no se esperaba era escucharla tan cerca, y BaekHyun se mofó de él cuando saltó en su asiento del susto. Suponía que se la debía por su escapada.
—No es tanto, pero es tardado. Yixing hyung me avisó que vendría mañana a ver el resultado final, así que tengo que hacerlo bien si quiero que me dé el visto bueno.
—No te estreses demasiado, ¡siempre sacas cosas buenas!
Y ahí estaba de nuevo. ChanYeol sonrió de oreja a oreja al escuchar los ánimos, y BaekHyun estaba sonriendo otra vez cuando lo vio. De verdad estaba considerando la idea de levantarse y abrazarlo mil veces más.
—Bueno, yo tengo algo de tarea así que también me apresuraré, a ver si podemos salir más temprano.
ChanYeol asintió antes de regresar su atención a la computadora. BaekHyun, por su parte, regresó a su asiento, y sonrió apenas cuando ChanYeol tomó la comida y se echó casi la mitad en la boca, completamente concentrado en los últimos efectos que iban por aquí y por allá.
Tardó más de lo que esperaba. Cuando se dio cuenta ya era de noche, y BaekHyun estaba desparramado en el sillón con el celular sobre su pecho, completamente dormido. Por supuesto terminó primero que él, y se puso a jugar hasta que el sueño lo venció y así terminó. Una risita escapó de los labios de ChanYeol cuando lo vio, se levantó de su asiento para estirarse y despertar a BaekHyun cuando escuchó que murmuraba cosas sin sentido. Se quedó estático en su lugar con el corazón a mil por hora, con todos sus sentidos enfocados en BaekHyun.
—YooRi-ah… —comenzó, y ChanYeol apretó los puños. ¿Por qué tenía que estar soñando con ella y no con él?— YooRi-ah… ChanYeol-ah… lo quiero a él…
Y despertó. ChanYeol solo vio cómo sus ojos se abrían poco a poco hasta enfocarlos en su persona, y de repente el más alto se sintió como un acosador enfermo porque lo estaba viendo directamente a la cara. Quizá por eso fue que despertó.
—¿Qué sucede? —dijo con voz ronca el muchacho, tallándose los ojos—. ¿Ya terminaste?
—Otra vez hablaste dormido.
—¿Uh? ¿Y qué dije?
ChanYeol apretó los labios antes de sonreír. Después de ese día, definitivamente no habría nada ni nadie que impidiera que siguiera con su plan.
—Cosas —dijo y se volteó, guardando sus pertenencias. Extrañamente su corazón iba a un ritmo normal, pero ahora mismo quería soltarse a reír a carcajadas—. Y sí, ya terminé. Ya podemos irnos a casa.