Rechazada por el alpha

All Rights Reserved ©

Summary

Nada ha sido normal en la vida de Anne desde que tiene uso de memoria, pero encontrar a su destinado de forma imprevista es sin duda el colmo. O eso pensaba ella En una ciudad nueva y con un secreto, debe evitar enamorarse del alfa que dice ser su mate. Y tratar de sobrevivir como ha hecho toda su vida. Fuiste ingenua, Anne. ¿De verdad creías que ese era un gran problema? Que no se te olvide nunca que los problemas nunca vienen solos, sino en manada.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
4.5 22 reviews
Age Rating
16+

1

Las mudanzas siempre eran duras para Anne, pero ésta en particular había sido la peor con diferencia. En apenas unas semanas su mundo había dado una vuelta de tuerca en el peor sentido. No solo había tenido que mudarse de casa con su madre, sino de país también.

Tampoco es como si hubiera tenido opción. Su madre había estado esperando a su paso por la universidad para el cambio, así que se hizo a la idea de que no podría establecer relaciones de amistad ni confianza en sus ciudades de paso.

Llegaba el punto en la vida de una chica de 18 años en el que no tener amistades de verdad, el no tener a nadie a quien acudir excepto a su madre, le causaba una gran congoja. Su mamá le había animado a hacer algunos amigos para tratar de sobrellevar la vida; algo así como un par de amigos en los que únicamente confías para ir de fiesta y hacer trastadas, pero, ¿qué haces cuando los intentos acaban en desastre?

Su mente iba decidida a centrarse en su carrera y en nada más, aunque su madre pareció notarlo cuando vio la mirada tan sombría y perdida que poseía mientras conducían hacia la Universidad de Chicago.

-¿Pasa algo Annie? Pareces nerviosa- habló en un suave tono.

Annie volvió a la realidad y miró a su madre preguntándose si se estaba burlando de ella.

- ¿De verdad me lo preguntas? Hemos cruzado un maldito océano y me estoy mudando a un país justo cuando empiezo la universidad.

-No te preocupes, el idioma no es un problema. Te desenvolverás bien, cariño.

Annie resopló cansada.

-Sabes muy bien que el problema no es el idioma, mamá... Cuatro años en un lugar, para luego abandonar y volver a largarse. Estoy harta-espetó.

Roseanne observó a su hija con preocupación. Anne era una niña todavía. Obligada desde joven a no tener un lugar seguro al que volver, sin amistades ni familiares además de ella, sin recuerdos duraderos. Pero era la vida que les había tocado.

-Lo siento mucho- Roseanne se disculpó tras aparcar el coche en la entrada del campus.

-No es tu culpa, es la mía por haber nacido- fueron las ultimas palabras de Anne antes de salir del coche y dejar a su madre con el rostro blanco.

Como esperaba, su entrada en el campus no destacó nada, parecía un fantasma entre los vivos. Mientras andaba por el verde césped camino a la facultad de derecho solo un par de miradas se dirigieron a ella. Estaba agradecida por ello.

-Tu puedes Anne- se dijo mientras entraba por la puerta de la facultad. Pero la esperanza le duró poco.

Tal y como pensaba, quince minutos después tuvo que parar a respirar un momento. Observó el mapa de la universidad que la señorita de recepción le había dado. Con un resoplido cansado, se dio la vuelta para volver a preguntar en la recepción porque no encontraba su primera clase, que se encontraba supuestamente en el segundo piso. Tenía veinte minutos para encontrar su clase o llegaría tarde.

La recepcionista la observó de mala manera.

-Ya le dije donde tenía que ir señorita, hay personas haciendo cola que necesitan ayuda también. Busque un poco.

-Pero...

-Dije que fuera-replicó la señora con el rostro lleno de rabia.

Anne respiró hondo y salió de ahí. Trató de calmarse; no era momento para un ataque de ansiedad.

Volvió al segundo piso y comenzó a buscar la maldita clase de nuevo pero el tiempo pasaba y seguía perdida.

-Maldita señora amargada de mierda. Ojalá le bajen el sueldo- murmuró entre dientes.

-No sé qué estás diciendo pero suena mal, ¿necesitas ayuda?

Anne se giró ante la voz femenina desconocida.

Ante ella había un chica morena, de ojos azules y muy alta. Muy alta.

- ¡Hola! Soy Anne, y nueva aquí, como has podido comprobar. Pregunté en la recepción sobre la clase de Derecho Penal pero llevo quince minutos tratando de encontrarla. Tengo diez minutos para ir o perderé la clase.

-Yo soy Sarah. Soy de segundo año pero te puedo decir donde queda. La verdad es que está un poco escondida. Vamos, te llevo- comentó la chica comenzando a caminar.

Anne siguió reticente a la desconocida.

-Y dime Anne, ¿de dónde eres? Se nota que no eres de por aquí.

-Oh, claro me oíste hablar en español.

Sarah rio por lo bajo.

- Si, el idioma es otra de las razones. ¿De qué país eres?

Anne elevó una ceja ante la pregunta. Podía parecer una simple pregunta inocente, pero ella no estaba acostumbrada, a ser tan abierta con los desconocidos, y no sabía si el mal presentimiento era por el cambio de cultura o por que algo raro había en este lugar.

-España

Sara paró frente a una pequeña puerta sin identificación.

- Aquí es. -señaló la extraña puerta. Espero que te adaptes bien Anne. A las once la facultad hace el descanso de una hora, ¿te parece si nos vemos en la cafetería?

Anne alzó una ceja.

- ¿Sueles invitar a comer contigo a todos los desconocidos, o es que yo te doy mucha pena?

La chica giró la mirada hacia el pasillo y volvió a dirigirla sus ojos.

-Es deber de los senior cuidar de los nuevos. Espero que vaya bien tu mañana; hasta más tarde.

Y un minuto después la chica había desparecido entre la multitud de los estudiantes.

Quizás Sara pensaba que no se había dado cuenta, pero la última mirada que le había dirigido había sido demasiado precavida como para querer decir lo que dijo.

Abrió la puerta vieja y se adentró en la clase tratando de hacer el menor ruido para pasar desapercibida. Pero tal y como presentía no fue así.

En cuanto puso un pie dentro del aula todos los alumnos ya presentes giraron sus cabezas en sintonía hacia la desconocida de la entrada, es decir, ella.

Trató de no mirar a nadie mientras caminaba hacia el fondo del salón y se sentaba en el asiento más cercano a la ventana. Abrió sus libros de texto tratando de no tomar en cuenta los susurros y miradas que le estaban dirigiendo.

Una mirada en particular le estaba helando la sangre así que alzó sus ojos hacia donde se encontraba la dueña. Una chica rubia de rostro multi-maquillado que la observaba con completo asco.

Pero si se creía que por ser nueva iba a permitir eso estaba equivocada. Le devolvió una mirada de hastío y aburrimiento.

- ¿Qué mierda miras, nueva?

Lo susurros de la clase pararon de golpe ante el comentario.

Anne volvió a posar su mirada en ella.

- ¿Por qué me miras tú a mí? - replicó.

La niña se levantó de su asiento en un intento de parecer amenazante.

-No sé qué mierda haces aquí niñata, pero será mejor que salgas de aquí y no vuelvas si no quieres ser comida como la porquería que eres.

¿Pero qué cojones? Si lo único a lo que aspiraba era a la tranquilidad estaba claro que no lo conseguiría.

- ¿No tienes mejores cosas que hacer que tocarme los cojones? - contratacó.

Justo en ese momento el profesor entró por la puerta, acabando con la disputa, o eso pensaba.

-Cara, ya basta. Las cosas no se hacen así- habló un chico de primera fila.

-Mira, Jake el patético... Será mejor que te calles, no tienes ni voz ni voto.

El profesor se sentó en su silla y dio un golpe en la mesa. No parecía preocupado de la pelea, sin embargo.

-Señorita Harrison, por favor, vuelva a su asiento. Si quieren pelea el lugar no es mi clase.

La niña se sentó tras darle otro intento de mirada amenazante.

-Señorito Carter, siéntese con la nueva.

Anne se levantó de la mesa.

-Soy Anne, señor.

El hombre bufó.

- ¿Crees que me importa como te llamas? Usted y el señor Carter deberían sentarse ya sino quieren que le envíe a dirección por hacerme perder tiempo.

Ella se sentó con un golpe seco y el rostro blanco. A su lado una presencia se sentó también.

-Hola soy Jake, y tú eres Anne ¿cierto?

¿Qué hacia ese chico hablándole después de la amenaza del profesor? Estaban al final de la gran sala, en una esquina casi, pero eso no significaba que ella quisiera conversar de hecho, no quería pero no podía ser grosera con alguien que había tratado de defenderla. O algo así.

-Si, un placer conocerte.

-Y bien Anne, ¿qué haces aquí? No me malinterpretes, le has plantado cara a Cara y eso es admirable. Pero no estamos acostumbrados a gente como tú.

La chica cada vez sentía que iba a peor.

- ¿Te refieres a extranjeros?

Y ahí estaba la misma mirada que esa chica llamada Sarah tenía.

-Si... a extranjeros, claro.

-Pues estudiar, por eso estoy en la universidad claro.

La reacción del chico de una especie de asombro.

-Claro claro, que pregunta más tonta, perdona- dijo con tono sombrío.

Y como era de esperarse, de nuevo Jake la acompañó a todas las clases y en todas estuvo hablando con ella. El chico estaba claro que era mayor (y conocido por los senior que le saludaban por el pasillo) así que le pregunto que por qué tenía la mismas clases que una junior de primero y, aparentemente, había suspendido todas las asignaturas de primer año.

No pudo despegarse de él, aunque trató de hacerlo, ni siquiera yendo al baño tras la última clase antes del descanso. Así que, con él pegado a su espalda, se dirigió a la cafetería. Y de nuevo, fue poner un pie en la cafetería y que todos pusieran un ojo en ella.

Los pelos de sus brazos se erizaron de forma automática. Había pasado mucha mierda en la vida como para saber que algo estaba ocurriendo de lo que no se daba cuenta.

Al fondo una mano se alzó, así que tras comprar su comida Jake y ella se dirigieron al fondo dónde Sarah se encontraba y, por su rostro, supo que ella y Jake se conocían.

-Oh... Veo que os habéis conocido. -comentó Sara.

-Si, un chico muy simpático.

Sarah se rio escandalosamente.

-Si si mi primo es muy simpático. Y dime, ¿Qué tal tu día? ¿Se portó bien, Jake?

-Tan bien que insultó a la estúpida de Cara.

Sarah se llevó asombrada una mano al pecho.

- ¿Qué has hecho qué? -alzó la voz. - No me lo puedo creer, eres una necia que no aprecia su vida. Pero valiente al fin y al cabo.

-Bueno, perdonad -resopló- ¿se suponía que debía dejar que me hablara mal? Que le den.

-Tal y como dije deberías tener cuidado con quién hablas y de quién. Este sitio es peligroso para alguien como tu así que deb...

El celular en su bolsillo sonó, era su madre.

-Perdonad, tengo que cogerlo.

Sin esperar una respuesta, salió al campus y cogió la llamada.

- ¿Pasa algo mamá?

-No, no hija. Llamaba para ver que tal estabas.

-Pues mal-admitió- este sitio me da escalofríos. La gente es muy rara. Todos me miran como si fuera un puto extraterrestre.

Su madre rio divertida.

- ¡Hija! Eso es normal.

- ¿Qué? -pregunto indignada

-Vamos hija, los hombres-lobo suelen ser un poco reacios a las personas normales. Dales tiempo.

A Anne casi se le salen los ojos de las órbitas.

- ¿De qué mierda hablas? -gritó. - ¿¿Cuándo pensabas decirme que era una Universidad de lobos??

-Oh vamos hija, te dije que te leyeras el folleto. Además, también hay unas pocas personas como tú. Ya verás que con el tiempo todo pasa.

-¡¡Mamá¡¡ ¡¡ No me leí el puto folleto y acabo de pelearme con una posible licántropo!!

-Ten cuidado hija. Procura ir con personas normales y mantenerte alejada de ellos. Tengo que irme, te quiero.

Y de esa manera su madre le colgó el teléfono dejándola petrificada.

No es que una escuela con hombres-lobo fuera una barbaridad. Desde que numerosas razas habían salido a la luz, entre ellos los licántropos, estos se habían acoplado por su bien al resto. Aunque solían evitar mezclarse de más con humanos, se suponía que ambos podían aparentar tranquilidad y paz.

No estaba asustada porque hubiera algunos hombres-lobo en la escuela, estaba asustada porque su madre había dicho que había unas pocas personas normales. Es decir, que su madre había inscrito a su única hija en una Universidad habitada mayoritariamente por lobos. Perfecto.

Mientras caminaba de nuevo hacia la cafetería, tuvo la lucidez de buscar información sobre la Universidad, algo que por otro lado tendría que haber hecho hace meses pero, estaba tan desilusionada que ni se le ocurrió.

Y efectivamente, era una Universidad en la que el ochenta por ciento de alumnos y profesores eran lobos. Y además impartían asignaturas especificas para ellos. Los humanos estaban ahí para aparentar convivencia.

Bien, osea que sería comida por un lobo en breve, perfecto.

Cuando se sentó en la mesa de nuevo supo que tenía que empezar de nuevo con ambos chicos.

-Jake, Sara, iré al grano. ¿Sois lobos o humanos?

Ambos parecieron palidecer.

- ¿Qué? - respondió Jake en un susurro.

-Resulta que me acabo de enterar de dónde mierda estoy. ¿Vosotros sois lobos o humanos? Es solo por asegurar, puedo jurar que se la respuesta.

-Lo siento Anne, somos lobos- respondió Sara.

-Vaya, perfecto. ¿Y porque estáis conmigo? -inquirió a la defensiva.

-Bueno, nos caes bien. Los lobos no pueden tener amistad con los humanos ¿o qué?

Anne pareció pensarlo.

-No lo sé....

-Anne, ¿ves esa mesa del centro con tanta gente?

Anne giró la cabeza y vio la mesa indicada. Y como no, estaba la estúpida de la chucha de Cara.

-Sí, la veo.

- ¿Y ves a ese chico rubio y de ojos azules que te está mirando como un psicópata?

-Puf...pues claro que lo veo, a él y a toda su mesa. ¿Por?

Sara se acercó como si fuera a contarle un secreto.

-Es el beta de la manada de Chicago, Andy.

Anne sintió el mundo derrumbarse, de nuevo.

- ¿Me estás jodiendo? ¿El jodido beta de la manada que gobierna Chicago estudia aquí?

Jake soltó una carcajada.

-Si eso te parece una locura, espera a ver al Alfa. A veces me arrepiento de vivir en este sitio por su culpa. Es la persona más narcisista y clasista que he conocido. Será mejor que no te acerques a él mientras estés aquí.

Sara le mandó callar.

-No hables así del alfa en público, Jake, o sabes lo que pasará.

-Puf... por Dios está bien- accedió Anne- Trataré de no meterme en líos. Mierda- se quejó- yo solo quiero estudiar.

Y fue entonces cuando la puerta se abrió y todos en la sala quedaron en silencio rotundo. De nuevo, parecía una costumbre. Cuando ella giró la cabeza para mirar a la puerta pensó que se moría

¿Conocéis la sensación de tener una opresión en el pecho, algo parecido al miedo al ver a alguien?

Pues eso era lo que ella sentía, y entonces comprendió por qué la gente trataba de mantenerse lejos de los alfas; porque ella no necesitaba ser un lobo para saber que ese espécimen era un alfa y de los poderosos.

Un metro noventa de altura, cuerpo musculoso y rostro anguloso de facciones duras. Las tintas que parecían recorrer sus brazos y cuello le daban un halo aún más peligroso. Su pelo negro se movía sobre su frente y tapaba de cierta manera sus ojos.

Todos observaron como si fuera un sueño en el momento en el que el alfa puso sus ojos azules y fríos sobre ella, aunque solo duró un segundo. Pues el azul frío dio paso al rojo, y este pareció ser el indicador de que era mas lobo que hombre. Cuando el lobo se acercó a pasos agigantados a donde ella se encontraba, por fin comprendió entonces lo que estaba pasando en esos momentos, y no sabía si llorar o reír por tener esa mala puta suerte.

Todos sabían lo que significaba que una humana pudiera oler el olor de un lobo, concretamente azufre y chocolate.