Insomnio
4:44. Esa es la hora. El insomnio me mantuvo despierta toda la noche, bueno, también tiene otros nombres. Miedo, ansiedad, pena, recuerdos.
El cansancio causa estragos en mi cuerpo, no me deja pensar bien, alimenta mi dolor de una manera impresionante. Me duele. ¿Porque no puedo dormir? Estoy tan cansada, sólo quiero descansar.
Ahí es donde viene la idea de irme, porque estoy fatigada de todo esto, porque no he podido parar en ningún momento.
Las cicatrices se van acumulando en mi piel, haciendo de él un lugar lleno de recuerdos. Paso mi mano por ellas y llega enseguida su memoria. Más dolor.
Lloro porque hay demasiadas conexiones de mi alma arrastrándome de vuelta a la realidad.
Sin ellas, me habría ido con el primer corte.
Esa idea me ronda la mente, casi como una linterna alumbrando la oscuridad. Llevo ya una hora escribiendo, el sueño no llega por mas que lo llame, y si llegara, no estoy segura de querer recibirlo, porque significaría tener pesadillas de nuevo. Casi siempre es la misma.
Estoy en la mitad del mar, el oleaje es alto, bajo la superficie no hay más que secretos, todo parece perdido. Pero a lo lejos, se ve una intensa luz, dirijo mi mirada hacia ella,parece un faro que me ayuda a ver el camino hacia tierra. Empiezo a nadar en mi desesperación, pero antes de que pueda llegar a la orilla, una ola me consume, siento como se escapa el aire de mis pulmones. Luego, todo es negro.
Despierto con la respiración acelerada y mi pulso no está mejor. Intento aclarar mi garganta cada vez que despierto, quizás sea un reflejo, pero el resultado siempre es el mismo, no puedo hablar de inmediato.
Deduzco que es la manera que tiene mi cuerpo de decirme que me tome mi tiempo, que cuando caigo, no me puedo levantar enseguida, “la herida está aún abierta”, creo escuchar.
Enciendo la luz para descansar de la oscuridad, en general, debería ser todo lo contrario, la gente apaga la luz para descansar. ¿Yo? Supongo que quiero momentos sin sombras, sin voces. Todo en mi pieza sigue igual, mis fotos colgadas, los dibujos que me han regalado, mi escritorio cuidadosamente ordenado, nada cambió, que decepción.
Las cartas que tanto leo descansan en mi velador, su contenido me obsesiona, las he repasado incontables veces.
Es simbólico, alguien se dio el trabajo de plasmar sus ideas en un papel y dármelo a mi. Me siento responsable de ellas, tengo la necesidad de cuidarlas, porque son una pequeña puerta a la mente de alguien. Todo en la carta me dice algo, desde lo que dice hasta como esta escrita, es mi tipo de lectura favorita.
Mi mirada va más allá, hasta la ventana, la cortina está abierta, ojalá siempre lo estuviera. Veo la luna, tan confidente como siempre, pero igual de impredecible. Le confieso con la mirada mis inquietudes, mis miedos, los nombres de las personas que amo, mi ansiedad, el lugar de cada una de mis cicatrices, el nombre de esa persona que hace latir con fuerza mi corazón. Siento su energía, tan sincera, algo muy raro en mi burbuja, porque en eso estoy, en un pedazo muy pequeño del mundo en el que me desenvuelvo. Me pierdo en la forma en que brilla, tan única, tan lejana, por suerte esta lejos de aquí, la romperían si pudieran.
Siento una punzada en mi cabeza, no le doy importancia.
Me levanto sin cuidado de marearme, ¿que más da? Ya me he caído otras veces, desde una altura mucho más aterradoraque esta. Doy un paso a la vez, como si de un principiante se tratara. La causa no es tan clara en mi mente, sólo sé que cada paso es más difícil que el anterior. Después de ser asaltada por una inquietante sensación, llego al baño.
Veo mi rostro en el espejo, demacrado, con ojeras, con pozos por ojos. Aparto la mirada, esa no soy yo. Con precaución de no cruzar mirada con ella, me lavo la cara, quiero que el agua se lleve el dolor para poder quedarme dormida. Naturalmente, eso no sucede, sigo tan angustiada como antes, sólo que ahora mis lágrimas se confunden con el agua.
Mi pregunta ya no es el porque me pasa esto a mi, es ¿Acaso se va a acabar algún día?
No tengo idea. ¿Qué pasa si es algo con lo que tengo que vivir, con lo que cargar?
Ese pensamiento me perturba, me bloquea. Por eso cuando los cortes aparecen en mi piel, no me sorprendo, ni siquiera lloro, me limito a poder sentir.
La herida arde, pero no me detengo, no hasta que quede una marca. Quiero recuerdos en mi piel, quiero poder ver mi dolor, no quiero olvidar lo que sentí, lo que siento. Mi pasado quema la mayor parte del tiempo, pero hay pequeños momentos en los que es un alivio.
Me consumo en algún ritmo, una canción que me lleve lejos. Y lo hago, un corte se vuelve dos, cuando me doy cuenta, ya cubren todo mi antebrazo.
Siento que hay heridas emocionales mucho mas dolorosas, más profundas. ¿Esto? Es superficial, van a sanar. Aunque es una perdida de tiempo porque las voy a volver a hacer, estas marcas se van a quedar conmigo.
Sigo tan cansada como antes, quizás más, pensar no le ayuda a mi ansiedad. Violentamente ella llega a mi mente, lo inunda todo con su presencia, y me encanta. Pienso que la encontré porque ella esta tan rota como yo, “yo creo que mi alma le pertenece a la tuya, así tanto como tú buscas la mía”. Es lo que me escribió. Puedo jurar que en el momento que la leí supe que ya no había vuelta atrás, había caído tan fuerte por ella que se convirtió en una parte de mi. Me salvó con su aura, tan hermosa, tan real. A veces pienso que, por ella, vale la pena quedarse, pero es un pensamiento breve, que duele, las esperanzas duelen.
Me pidió que lo intentara por ella. ¿Cómo le digo que ya no quedan pedazos que recoger? ¿Cómo le explico que ya hice mis cartas de despedida? Haría cualquier cosa por ella, lo es todo para mi. Pero he vivido haciendo cosas por los demás toda mi puta existencia. ¿Cuándo voy a hacer algo por mi? Si irme es lo que quiero, ¿Por qué no me voy y ya?
La gente entiende tan poco de todo esto. ¿Por qué se escandalizan cuando alguien llora? Es lo mismo que reír, es una emoción a expresar, y esta bien. Imagino que, si digo que me quiero morir, se preocuparían hasta el cansancio, no me dejarían respirar. Pero esta bien, nada de lo que siento es inválido ¿Por qué se empeñan en cambiar eso?
Es cierto que hay días en los que me siento mal, que sólo quiero llorar, que sólo quiero morir. También hay días que son mejores, que me distraigo con las personas que amo, me olvido un rato de todo lo que me atormenta. Déjenme tener ambos días, expresarme es todo lo que me queda, es lo único que es mío y está totalmente en mi control.
Me duelen muchas cosas. Cuando me siento mal, mi mirada se pierde, lo real carece de importancia. Cuando me siento herida o traicionada, me cierro completamente. Cuando tengo pena, escribo para calmarme. Cuando no quiero vivir, me corto para no volverme loca. Y hacer todo eso, es lo más cerca que estoy de mi misma.
Me tomo mi tiempo en volver, llegar donde hace dos horas desperté. Pero la punzada vuelve, esta vez más fuerte. No entiendo lo que quiere decir, sólo necesito que pare.
Estoy tan cansada que me acuesto en el piso antes de llegar a mi cama, ahí sólo me concentro en respirar, pero no lo logro, todo llega a mi como un fuerte golpe, todos los rostros, todas las veces que lloré, que reí, todas las noches de insomnio que me atormentan desde hace dos años, las veces que pensé que iba a estar bien, las veces que la realidad me sobrepasaba, todas las marcas que me hice, todo llegó a mi, después de escapar por mucho tiempo, me alcanzó.
Miedo, eso sentí. En grandes cantidades, cada vez llegaba más de el. Todas mis inseguridades se agruparon para darme un golpe, todas las voces se juntaron para gritarme al oído, todas las cicatrices ardieron al mismo tiempo. “No otra vez” me repetía a mi misma, no estoy lista. Llorar era todo lo que hacía, el mundo dejó de existir, sólo podía pensar en todo lo que odio de mi misma. No lograba respirar, el aire se rehusaba a entrar. No podía parar de temblar, todos mis músculos se contraer hasta doler. No entendía nada. Perdí toda perspectiva, no veía nada, sólo negro.
Desperté con todo el cuerpo adolorido, habían pasado unos minutos, pero se sintieron horas. Me levanté con cuidado esta vez, me senté en la cama y lloré. Lloré por todo y por nada, me sentí devastada, rota. El dolor en mi piel ya no era suficiente, necesito más para seguir viva.