Buscando la felicidad

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Summary

Miro por la ventana, el caos es la ciudad es la misma de siempre: las largas filas de los carros, el sonido del claxon de aquellas personas quienes no pueden esperar, las luces de los grandes edificios no permiten apreciar por completo el sol ocultándose en el horizonte. Suspiro, tomando de mi copa de vino, permitiéndome cerrar los ojos para poder disfrutar del líquido recorrer por mi garganta. Mi mente comienza a divagar en la habitación de algún departamento donde se encuentra una chica igual que yo, con la diferencia que al fondo se puede apreciar el ruido de alguien más acercándose para abrazarla desde su espalda. Limpio con mi mano la primera lágrima que recorre libremente mi mejilla. Trato de calmarme ante la gran ola de emociones que emerge desde mi interior. Niego con la cabeza, mientras trato de abrazarme en busca de consuelo, de hacerme olvidar esta soledad que siento desde hace ya algunos meses. Sin embargo, mis brazos no son suficientes para lo que mi corazón necesita. ¿Alguna vez volveré a amar? No tengo idea. ¿Alguna vez alguien podrá amarme de la misma forma que deseo lo hagan? No lo sé. ¿Alguna vez cumpliré con esos sueños que anhelaba desde pequeña? Tal vez, pero no todos. ¿Alguna vez terminaré con esta búsqueda del amor? -No todos están destinados a ser amados. Existen algunas personas quienes siempre serán los espectadores del amor...

Status
Ongoing
Chapters
49
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Me permito disfrutar de mi taza de té, antes de que mi alarma suene dando inicio a un nuevo día. Mis ojos permanecen viendo el horizonte de la ciudad, aquella ciudad donde pareciera que nunca hay silencio. Dejo la taza cerca de mi nariz para perderme en el olor de la manzanilla, es uno de los olores que más disfruto. Mantengo la respiración por unos cuantos segundos, hasta que, a un costado mío comienza a sonar la alarma de mi celular.

La apago y antes de levantarme de la silla en donde estoy, me permito disfrutar por unos cuantos segundos más de la vista que tengo desde mi departamento. Suspirando, tomo la taza de té para adentrarme directo al baño y tomar una merecida ducha. Cierro los ojos metiéndome debajo del chorro del agua tibia, siento cómo el agua recorre todo mi cuerpo, pero no logro sentir la paz que tanto estoy deseando tener.

El agua solamente ha logrado dispersar mis pensamientos, pero no se los ha llevado por completo. Sin perder más tiempo, me alisto para poder irme a mi trabajo, mientras lo hago mi mente comienza a hacer un repaso sobre todos los pendientes que tengo de la oficina. Al menos saber que tengo mucho trabajo esperándome en la oficina, me ayuda a evitar enfocarme en el desastre de vida que tengo desde hace ya un año atrás.

Doy un rápido vistazo a mi departamento para asegurarme que no olvido nada. Justo cuando mi mirada cae en la mesa que se encuentra en el lado derecho de la puerta, conecto con la fotografía que está sobre de ella. Suspiro y la veo por unos cuantos segundos, pero muevo la cabeza para despejar todos esos recuerdos que empiezan a brotar desde el interior de mi mente. No es un buen momento para dejarme llevar por los viejos recuerdos.

Tomo el elevador para dirigirme al sótano donde se encuentra mi automóvil. Cuando las puertas del elevador se abren, logro ver en el reflejo de la pared un destello de tristeza en mis ojos. Por más que trato de sonreír para ahuyentar esa tristeza, siempre hay un pequeño destello en mi mirada que me recuerda que algo dentro de mí ha cambiado y no sé si algún día volveré a sentirme igual que hace un año.

-Algún día tendrás que dejarlo- susurró buscando ánimos.

Desactivo la alarma de mi coche, al menos por unos cuantos minutos mi mente se desconectará de mi corazón. Si pudiera volver a las andadas de los coches esta tristeza se desvanecería con mayor rapidez, pero mi hermano me mataría si se enterara que he vuelto. Nunca me ha dejado estar detrás del volante luego de ver las grandes velocidades a las que solía manejar.

Me adentro al tráfico de la ciudad, no me emociona tener que estar en las largas filas, pero la música de fondo hace que el camino sea más llevadero. La ventaja que tengo es que mi oficina se encuentra a las afueras de la ciudad, esto quiere decir que en algún punto podré aumentar la velocidad de mi coche. Justo lo que necesito, mi mente está siendo un desastre estos últimos días.

El trayecto a mi oficina se me hace más corto de lo usual y desearía estar detrás del volante unos cuantos minutos más. Sin embargo, es momento de volver a ser la administradora de la gran empresa de autos a la cual estoy adscrita. Han sido años de lucha para ganarme una reputación en esta empresa, poder escalar hasta convertirme en la jefa de mi área. Así que, no pienso desperdiciar esta oportunidad que me he ganado a pecho, solo por unos malos días en mi vida amorosa.

Al adentrarme al edificio donde trabajo me recibe mi asistente personal, Chelsea, con los nuevos informes del día. Hay algo en su mirada que me hace ver que algo no anda tan bien como siempre. Presto más atención a mi alrededor para darme cuenta que toda la oficina pareciera estar ansiosa, veo a varias secretarias llevando papeles de un lado para otro, otros cuantos viendo fijamente al elevador cada vez que se escucha la llegada de alguien.

-¿Sucede algo?- mi curiosidad sale a la luz.

-No estoy segura- susurra Chelsea. Esto sí que me ha impresionado, ella siempre está al tanto de las novedades de toda la oficina.

-¿Cómo puede ser eso posible? Chelsea, mi asistente, quien pareciera la asistente de todos, no tiene idea de qué está pasando.

-Está el rumor que el dueño de la empresa se va a retirar dejando a su hijo como nuevo dueño.

-¿Y eso tiene algo de malo?- la revolución que había dentro de la oficina pareciera que a todo el mundo lo fueran a despedir.

-No tengo idea. Algunos tienen miedo que se vaya a hacer recorte de personal, usualmente cuando hay un nuevo jefe pone todo patas para arriba.

-No vendría mal hacer un recorte de personal, hay algunas personas que no dan el ancho en su trabajo.

No perdí más el tiempo viendo cómo todo el mundo caminaba de un lado para el otro, fingiendo organizar todo el trabajo que no han podido hacer en dos semanas. Si tuviera la oportunidad le daría al nuevo jefe una lista de personas que solamente vienen a la oficina a perder el tiempo. Necesitamos a gente capacitada para mantener el status de la empresa, actualmente es muy complicado estar en el ranking automotriz.

-Me da miedo que esté dentro de ese listado- dijo Chelsea mientras cierra la puerta de mi oficina tras suyo.

-Tranquila, no estás en ella. Ahora, ¿cuáles son los pendientes del día?

-Tienes una reunión con Max a las 10 para ver si se cierra el trato con la empresa mexicana. A las 12 tienes una cita con un nuevo cliente para ver sobre los protocolos de seguridad de los autos eléctricos. Y me parece que es todo.

-Vale, no es un día muy ajetreado, me permitirá revisar las nuevas empresas del mercado.

Una vez que Chelsea se retiró de la oficina, fui directo a prepararme un té de manzanilla. Al contrario de cualquier oficinista, yo no tenía una fascinación por el café, lo consideraba muy fuerte para mí, así que recurría mejor al té. Además, me ayudaba a centrarme mejor en mi trabajo y tranquilizar mis nervios, especialmente en días como los de hoy.

Dirigí mi mirada hacia el gran ventanal que se encontraba a mis espaldas. La ventaja que tiene estar ubicada a las afueras de la ciudad es poder tener semejante vista de la ciudad que nunca duerme. Los grandes edificios en contraste con el paisaje, hacían que nunca fuera suficiente perderme en los atardeceres o amaneceres. Desde que era pequeña podía pasar todos los días de la semana sentada viendo al sol ocultarse y siempre lo encontraría impresionantemente.

Un toquido en mi puerta hace que me desconecte del paisaje que estaba viendo. Dejo la taza en mi escritorio para abrir la puerta, encontrándome a la persona quien menos esperé detrás de ella.

-¿Te sorprende verme?- mi hermano no espera una invitación para pasar a mi oficina.

-Si soy honesta, sí. No te esperaba, se supone que estarías en un vuelo a tu nuevo destino paradisiaco con tu novia.

-Al parecer eso va a tener que esperar, nos han citado a todos el día de hoy para poder apreciar el nuevo cambio de jefe.

-¿Todos estaban enterados?- me sorprende ser la última en saber sobre el cambio.

-¿Sorprendida? Amanda no sales de tu oficina al menos que sea necesario. La gente normal sale de vez en cuando de sus cuatro paredes para enterarse de la situación de la empresa. Deberías hacer eso de vez en cuando.

-Muy gracioso, Daniel. Si ya lo sabías, ¿por qué no me dijiste nada al respecto?

-Porque no creí que nos fueran a citar a todos. Pensé que sería un evento privado y familiar, pero al parecer quieren reunirnos a todos para presenciar tremendo acto.

-¿Tremendo acto?- no pude contener la risa ante los comentarios de mi hermano. Estaba claro que el lugar donde menos deseaba estar era aquí en la oficina-. ¿A qué hora se supone que es el tremendo acto?

-En 5 minutos, deberíamos irnos si queremos alcanzar un buen asiento.

-Paso. Tengo mucho papeleo que revisar, no creo que noten mi ausencia. Además, es solo un espectáculo.

-Solamente Amanda Jokes es capaz de quedarse en su oficina en lugar de ver quién será el nuevo dueño y jefe directo tuyo.

-Lo podré conocer en alguna otra ocasión y más personal.

-¿Hasta cuándo aprenderás Amanda que no todo es el trabajo?

-Esto no tiene nada que ver con lo que piensas.

-¿No?- mi hermano me miró directo a los ojos-. Ambos sabemos que sí, no sales de tu oficina para nada.

-Siempre he sido así, ¿por qué te sorprendes hermano?

-Porque no siempre lo fuiste, hace un año que empezaste a serlo. Amanda no creas que no me doy cuenta de cómo has perdido tu brillo.

-Daniel, no tenemos tiempo para hablar de esto- me incomodaba cada vez que tocaba el tema.

-Nunca será el tiempo suficiente para hablarlo. Desde ese día no has sido la misma, no eres capaz de hablarlo con nadie- hice el intento de interrumpirlo-. Ni se te ocurra decirme que lo hablas con Zoé porque claramente no me creo esa mentira.

-Tal vez lo hago con alguien más.

-¿Con quién?, ¿Chelsea, Max?- tras escuchar estos nombres me quedé callada. No podía mentirle a mi hermano sobre el tema porque estaba claro que no me creera nada de lo que le dijera.

-Daniel, no estoy lista para hablarlo.

-Amanda jamás será el tiempo para hablarlo, pero tienes que abrirte con alguien.

Sin poder detenerlo, mi mente comenzó a pasar todas las imágenes de aquel día donde mi vida cambió por completo. Traté de detenerlas, traté de no dejar que salieran desde el fondo de mi corazón, pero una a una iban saliendo. Mi respiración comenzó a acelerarse, los recuerdos me estaban golpeando uno a uno y no soy capaz de detenerlos ni de evitar que me lastimen.

-¿Amanda?- la voz de mi hermano se escuchaba muy de fondo.

Necesitaba salir de aquí, las paredes de la oficina se estaban volviendo cada vez más pequeñas. El aire me hacía falta, por más que lo intentaba no podía llenar mis pulmones con el suficiente aire. Frenéticamente traté de buscar la salida del lugar en donde me encontraba, hasta que la localicé. Sin perder el tiempo, me levanté del asiento y me dirigí a ella, necesitaba salir de aquí lo más pronto posible.

-¿Amanda, a dónde vas?

Abrí la puerta de un golpe y salí de mi oficina, sin importarme quién pudiera verme. Todos estaban tan estresados por la llegada del nuevo jefe que nadie sería capaz de darse cuenta de mi estado de ánimo. Diviso el elevador y mi respiración se acelera cada vez más, debo salir de aquí ya. Sin embargo, justo cuando estoy a punto de llegar a él, choco con alguien derramando su café encima.

-Maldición- decimos ambos al mismo tiempo.

-¡Amanda!- escucho a mi hermano correr hacia mí.

-No ahora, no ahora- susurró llena de desesperación.

-¿Disculpa?- una voz masculina hace que eleve mi mirada.

-Yo…- escucho a mi hermano acercarse cada vez más-. Lo siento mucho, mi asistente te ayudará. Yo tengo que irme. Chelsea- grité y me fui sin perder más tiempo dejando a aquel hombre con su camisa toda sucia de café.

Justo cuando estoy dentro del elevador, veo a mi hermano intentar alcanzarlo, fracasando en el intento. Las puertas del elevador se cierran y mi vista comienza a cristalizarse, trato de respirar lentamente para regular las emociones que siento en mi pecho.

-Tranquila, todo está bien- murmuré para tranquilizarme. Sin embargo, sabía que era demasiado tarde, los recuerdos habían sido desbloqueados y no podía volver a meterlos en el fondo de mi corazón y de mi cabeza.