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Nuestra Historia de Amor

Sinopsis

Kim Namjoon siempre ha protegido a su hermano Taehyung y a su amigo Jimin, creando un lazo indestructible con su grupo de amigos. Tras años separados por metas profesionales en el extranjero, Namjoon regresa para descubrir que los sentimientos han cambiado: Jimin guarda un amor secreto por él, mientras que entre Yoongi y Hoseok renace una atracción reprimida. Por su parte, Taehyung y su esposo Jungkook se ven envueltos en una apasionada y compleja relación con Kim Seokjin, un frío CEO cuyas certezas se desmoronan tras reencontrarlos, desatando un juego de poder, deseo y vulnerabilidad.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
MiaDartan
Estado:
hace 6 horas
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

A lo largo de sus veintiocho años, Kim Namjoon había aprendido una verdad irrevocable: amar también significaba proteger.

Desde que tenía memoria, había existido alguien por quien sentía la constante necesidad de mantenerse en alerta: su hermano menor, Kim Taehyung.

Solo tres años los separaban, pero para Namjoon aquella distancia parecía un abismo. Taehyung había llegado al mundo cuando él todavía era demasiado pequeño para comprender las implicaciones de la fraternidad; aun así, desde el primer instante, entendió instintivamente que la vida de ese recién nacido era su responsabilidad.

Al principio, se tradujo en gestos cotidianos: alcanzar un juguete fuera de su alcance, guiar torpemente la cuchara a su boca, velar sus juegos en silencio o inventar muecas ridículas hasta arrancarle una carcajada. Significaba correr tras él cuando dio sus primeros pasos, listo para amortiguar cualquier impacto contra los muebles.

Con los años, el cuidado se transformó en algo más profundo: velar sus noches de fiebre, limpiar sus lágrimas tras una caída y escuchar sus dilemas infantiles con una gravedad que ningún adulto parecía concederles. Para Namjoon, no había asunto trivial si venía de Taehyung. Absolutamente todo lo relativo a su hermano poseía una importancia crucial.

Asumió aquel rol con una naturalidad que asombraba a sus propios padres. Sin importar el lugar o el tiempo transcurrido, si Taehyung estaba cerca, la mirada de Namjoon giraba inevitablemente a su alrededor, como si velar por él fuera la razón misma de su existencia. Y aunque los años le enseñarían que es imposible proteger a alguien de todo mal, hubo un instante en su infancia en que estuvo plenamente convencido de lo contrario: el día en que lo conoció.

Namjoon aún conservaba nítido ese recuerdo. Recordaba la penumbra de la habitación, la luz tenue y un silencio casi reverencial. Recordaba haberse aproximado con curiosidad contenida, incapaz de apartar la mirada del bebé que descansaba en el regazo de su madre.

Taehyung era un ser diminuto, tanto que las manos de Namjoon parecían desproporcionadas a su lado. Con cierta torpeza, extendió un índice. El recién nacido envolvió el dedo con su puño frágil y Namjoon contuvo la respiración.

—¿Me está sujetando? —preguntó, maravillado.

Su madre le dedicó una sonrisa tibia.

—Sí, Namjoon. Creo que le gustas.

Él guardó silencio, fascinado. Taehyung abrió lentamente los ojos y le sostuvo la mirada antes de soltar un pequeño bostezo. Un murmullo suave escapó de sus labios, arrancándole a Namjoon una sonrisa instantánea.

En ese preciso instante, algo en su interior cambió de forma definitiva. Incapaz de nombrarlo o articularlo, simplemente lo sintió. Aquella criatura dependía por entero de los adultos que la rodeaban, y Namjoon decidió integrarse a ese cerco de protección. Quizá no pudiera alimentarlo ni cuidarlo como sus padres, pero estaría allí. Siempre.

Se inclinó suavemente y dejó un beso sobre su mejilla.

—Yo te voy a cuidar —susurró— Siempre.

Como respuesta, Taehyung dibujó una pequeña mueca en el rostro. Namjoon abriéndose los ojos de par en par, sorprendido.

—¿Vieron eso? —exclamó dirigiéndose a sus padres— ¡Me sonrió!

Su padre soltó una risa comprensiva.

—Probablemente fue solo un reflejo, hijo.

—No —negó Namjoon con absoluta convicción— Me sonrió a mí.

Para un niño que apenas comenzaba a descifrar el mundo, ese leve gesto bastó para convertir una promesa infantil en un juramento solemne: pasara lo que pasara, cuidaría de Taehyung.

Cuando llevaron al bebé a casa, Namjoon descubrió que proteger a alguien implicaba también la urgencia de mantenerlo cerca. Demasiado cerca, a juicio de sus padres.

—Namjoon, tu hermano tendrá su propia habitación —le explicó su madre una tarde.

—No.

La cortante respuesta tomó por sorpresa a ambos adultos.

—¿Cómo qué no?

—Quiero que duerma conmigo.

—Namjoon...

—Yo puedo cuidarlo.

Su padre contuvo una sonrisa.

—Solo le llevas tres años.

—Pero soy el mayor —sentenció, como si aquello fuera un argumento irrefutable.

—Tú también necesitas descansar —intervino la madre— Y Taehyung requiere su propio espacio.

Namjoon frunció el ceño, disconforme. Si sus padres se negaban a ceder, él encontraría la forma de salirse con la suya.

Esa misma noche, escudado en el silencio de la casa, espero a que todos durmieran para deslizarse fuera de su cama. Caminó a tientas hasta el cuarto de su hermano. La cuna resultaba inalcanzable para su estatura, así que arrastró un pequeño banco hasta el borde. Se subió con cuidado, trepó los barrotes y, tras varios intentos torpes, logró colocarse en el interior. Taehyung dormía plácidamente. Namjoon se acomodó a su lado, observándolo unos instantes antes de envolverlo con sus pequeños brazos.

—Ahora sí —murmuró con satisfacción— No estás solo.

A la mañana siguiente, sus padres presenciaron la primera de muchas escenas idénticas: ambos niños dormían entrelazados; Namjoon mantenía un brazo extendido sobre el bebé en un gesto instintivo de protección. Cualquier intento por separarlos resultó inútil. Ocurrió la noche siguiente, y la otra, y la posterior. Tras varios meses de resistencia inútil, los padres se rindieron.

Namjoon había ganado.

Le permitieron instalarse en la habitación de Taehyung, estableciendo una dinámica que los acompañaría durante años. Namjoon nunca estaría lejos.

Lo que jamás previó fue que su hermano no vendría solo. Con él llegó Park Jimin: su alma gemela.

Jimin era apenas dos meses mayor que Taehyung. Hijo único de la prominente familia Park, el vínculo entre ambas casas surgió a raíz de una alianza empresarial. Cuando los adultos se reunieron por primera vez, Jimin tenía ocho meses y Taehyung seis. Mientras los padres discutían negocios, los niños cruzaron miradas y, en ese instante mudo, parecieron reconocerse.

Desde entonces se volvieron inseparables. Donde estaba Taehyung, Jimin no tardaba en aparecer; si Jimin planeaba algo, Taehyung caminaba a su lado. Y, por consiguiente, Namjoon debía mantenerse cerca para vigilar alrededor de ambos.

—¿Por qué ahora tengo dos hermanos pequeños? —se quejó en una ocasión.

Jimin, que apenas dominaba el habla, lo observó con unos ojos enormes y brillantes.

—Hyung...

Namjoon suspiró, derrotado.

—Está bien. Tú también.

Jimin le regaló una sonrisa radiante y, desde ese momento, Namjoon asumió la carga de una doble responsabilidad: dos pequeños torbellinos a los que velar. Aunque, para ser honestos, Taehyung siempre resultaba ser el más imprudente.

—¡Taehyung! ¡Bájate de ahí!

—¡Sí puedo!

—¡Que no puedes!

Jimin contemplaba la escena desde el suelo.

—Namjoon hyung...

—¿Qué pasa?

—Creo que se va a caer.

Namjoon alzó la vista y descubrió a Taehyung de pie sobre una silla, estirándose para alcanzar la parte superior de un estante.

—¡TAEHYUNG!

—¡No me grites!

Llegó demasiado tarde. Taehyung perdió el equilibrio, pero Namjoon se lanzó al frente y logró atraparlo en el aire antes de que se golpeara contra el piso.

—¿Te volviste loco?

Taehyung apretó los labios en un puchero.

—Solo quería ese juguete.

—Pudiste habérmelo pedido.

—Pero estabas ocupado.

—Prefiero que me interrumpas a tener que llevarte a Urgencias.

Jimin se aproximó y tomó la mano de Taehyung.

—Te dije que no te subieras.

Taehyung lo miró de reojo.

—Tú tampoco me detuviste.

—Porque pensé que Namjoon hyung lo haría.

Namjoon cerró los ojos y pellizcó el puente de su nariz. Esos dos terminarían por agotarle la paciencia.

Fue Namjoon quien les enseñó a andar en bicicleta, corriendo tras ellos mientras sujetaba los asientos bajo un coro de gritos entusiastas.

—¡No me sueltes! —suplicaba Jimin.

—¡No te suelto!

—¡A mí tampoco!

—¡Taehyung, mira hacia adelante!

—¡Estoy mirando!

—¡Pues deja de mirar a Jimin!

—¡Pero si Jimin está allá!

Namjoon no pudo evitar soltar una carcajada exhausta.

—Santo Cielo...

También fue él quien los escoltó en su primer día de preescolar. Esa mañana se había propuesto actuar con la madurez que exigía su rol, pero la fortaleza le duró poco. Contempló desde el marco de la puerta cómo Taehyung y Jimin caminaban hacia el aula tomados de la mano. Antes de cruzar el umbral, ambos se giraron.

—Adiós, Namjoon hyung

—Diviértanse —alcanzó a responder con una sonrisa forzada.

La puerta se cerró. Namjoon permaneció inmóvil un segundo y, de pronto, las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas.

—Namjoon, solo serán unas horas —lo consoló su madre.

—Lo sé —murmuró limpiándose el rostro a toda prisa— Pero están creciendo demasiado rápido.

Con los años, el lazo entre los tres se volvió inquebrantable. Namjoon adoptó el rol de ancla protectora, Taehyung el de la impulsividad desmedida y Jimin se convirtió en el único bálsamo capaz de aplacar el temperamento de su amigo. Taehyung podía enfrascarse en discusiones absurdas, perder la paciencia por pequeñeces o meterse en embrollos inevitables arrastrando a Jimin en el proceso, pero el patrón siempre era el mismo:

—Taehyung, ya basta.

—¡Pero él empezó!

—No importa.

—¡Claro que importa!

—Tae.

Bastaba esa sola sílaba para que el enojo de Taehyung se disipara por completo. Namjoon observaba la escena entre la resignación y el afecto.

—No entiendo cómo lo logras.

Jimin le sonreía con inocencia.

—Porque soy su alma gemela.

—Exactamente —añadía Taehyung, irguiéndose con orgullo.

Namjoon negaba con la cabeza.

—Supongo que tendré que resignarme a lidiar con los dos.

Sin embargo, en el fondo no habría deseado otra cosa. La complicidad entre Taehyung y Jimin superaba el entendimiento común; bastaba una mirada fugaz para que se leyeran la mente, intuyendo la tristeza, el enojo o la necesidad de compañía del otro antes de articular palabra. Y ambos compartían el mismo refugio: el resguardo, la atención y el afecto incondicional de Namjoon. Para ellos, él era el lugar seguro; para Namjoon, ellos eran su universo entero.

Pero el tiempo jamás se detiene.

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