Un Reino en las Sombras.

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Summary

En un mundo de magia y misterio, Rachel se encuentra atrapada en un ciclo de renacimiento perpetuo, condenada a repetir su vida una y otra vez sin lograr recordar nada de sus vidas pasadas. Despertando en un cuerpo nuevo, Rachel siente una fuerza interior que la impulsa a romper el ciclo de su maldición. Con la ayuda de aliados inesperados y poderes que apenas comprende, se embarcará en un viaje para desentrañar los secretos de su pasado y descubrir el camino hacia su redención. Rachel enfrentará peligros inimaginables, luchará contra antiguas fuerzas oscuras y descubrirá el verdadero significado del sacrificio, todo en su búsqueda para liberarse de su destino eterno.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

La Sinfonía de un mundo olvidado.

Dejó pasos de sangre tras de sí.

El profundo eco de sus pisadas rebotó en las paredes, por encima del sonido de la batalla afuera del palacio; gritos de guerra antes de lanzarse a la muerte, creando pesadillas que invadirán y perturbarán su sueño. Los pasillos que había recorrido durante años ahora le parecían distintos a como se mostraban en su memoria, no había rastro de los días alegres, ahora tenían manchas de sangre en señal de la rebelión que se vivió ese día.

La punta de su espada se deslizó por el suelo, dejando un rastro carmesí, un camino de victoria y sacrificio, recorrido una y otra vez. Dejaba de sentirse genuino al repetirse tantas veces.

Sin embargo, esta vez podría ser diferente. Pues finalmente acabaría con el ciclo de sufrimiento al que estaba condenada a vivir, solo debía terminar con el causante de todo, el hombre frente a ella.

Al levantar la mirada la joven pudo observar el océano de estrellas en sus ojos, unos que alguna vez lamentó no poder recordar el tono exacto al inicio de sus vidas. El hombre, a pesar de su posición desventajosa, se mantenía tranquilo, ni siquiera la sangre que salía de su boca lo inmutó, tampoco la armadura manchada de la chica, ni su poderosa espada afilada encaminándose hacia él.

Destellos de magia iluminaron por momentos la escena, creando sombras en su rostro, su verdadero rostro. Ella rogó dentro de sí no equivocarse, el hombre tenía que morir, era necesario para salvar el mundo. Pero en el fondo quería darle una oportunidad de arrepentirse y olvidarse de todo.

—¿No vas a decir nada?

Silencio. Pasaron unos minutos que se sintieron eternos hasta que él abrió la boca, dejando salir un leve flujo de sangre azul.

—¿Por qué dudas?

Ella no esperaba esa pregunta, de hecho, ni siquiera sabía qué esperar. Estaba claro que el hombre no iba a regalarle la forma de cómo romper la maldición, así como así.

—Esta vez estuviste muy cerca, pero fallaste.

—No —contestó ella tratando de mantener la voz firme—, gané.

El hombre negó con la cabeza lentamente.

—Tú perdiste. Esto —levantó un brazo señalándola a ella y a él mismo—, no es ganar. No salvas a los que debías salvar, no te salvaste a ti misma. Perdiste.

Acercó el filo a su garganta provocándole una fina cortada, un movimiento y acabaría con él. Solo necesitaba tener el valor de hacerlo, pero era incapaz de moverse, sus ojos se habían llenado de lágrimas imposibilitando su vista, algunas gotas resbalaron por sus mejillas dejando un rastro limpio en su rostro sucio de sangre seca y tierra.

—Sacrifiqué todo, perdí a Demir, entregué mis poderes para salvar el mundo. Solo quedas tú.

—Cometiste un único error, esa es la diferencia, es la clave para romper la maldición.

—Mi error fue haber confiado en ti —repuso.

—Y el mío haber llegado tarde.

Tan pronto como terminó la frase, su cuerpo se agitó, ni siquiera pudo mover la espada o quitarse de en medio, solo sintió su presencia tan cerca de ella. Intentó levantar su arma, pero se había atascado y no fue sino hasta sentir un líquido caliente en su mano que se dio cuenta de que su espada estaba dentro de él.

Lo había atravesado, no, se había atravesado a sí mismo.

Y también a ella.

La sangre brotó de su propia boca, roja, y su respiración se volvió dolorosa, sintió el dolor provenir del abdomen, luego la calidez vital manchando aún más su armadura. La espada cayó con un sonido metálico seguida de la daga con la que la había atacado.

La debilidad de sus piernas y el peso mutuo los hizo caer de rodillas, ella estaba por derrumbarse completamente, pero el hombre la sostuvo en sus brazos recargando su espalda contra la pared. Incluso en momentos así se mantuvieron juntos por un rato, sin decir nada más, sin importarle que el mundo ardiera a su alrededor.

Podría soltarse y curarse a sí misma de quererlo, no obstante reconocía que ya no valía la pena, ese mundo ya estaba perdido por culpa suya, y él, él la abrazaba con fuerza, negándose a alejarse en los pocos minutos que le quedaban, hasta que ella se dio cuenta de que ya no respiraba.

Ni siquiera había notado cuando dejó de hacerlo, pero sabía que, tan pronto como también dejara de hacerlo, todo se reiniciaría.

Otra vida. ¿Cuántas veces había muerto ya? ¿Cuántas había renacido? ¿Cuántas tendría que repetir todo? ¿Cuál era el error que estaba cometiendo? No importaba que lo supiera ahora, porque si volvía a renacer olvidaría todo.

Lo olvidaría a él, y él la olvidaría a ella.

Demasiadas oportunidades en vano.

Vio, a través de los ventanales, la belleza de un mundo al ser olvidado, las estrellas se volvieron líneas arremolinándose en el cielo, creando un vórtice, el ruido exterior había desaparecido y todo se estaba borrando. Era un espectáculo magnífico para alguien acostumbrada a verlo, terrorífico la primera vez que fue testigo de ello.

El reinicio del mundo.

En silencio y con pocas esperanzas, la mujer les rogó a los arcanos que le permitieran encontrar la verdad en su siguiente vida. A pesar de que no hubieran escuchado sus plegarias antes, de haberla traicionado y abandonado.

Yo sí la escuché.