Prólogo
Me di cuenta de que tenerlo tan cerca antes de una carrera no era la mejor idea. Aunque mi cuerpo gritaba que no me separara de él y que permitiera que sucediera cualquier cosa, mi mente estaba lejos de donde nos encontrábamos; estaba enfocada en la línea de meta, observando a la única persona a la que derrotar sería la mejor recompensa de todas.
Por eso me alejé y permití que su suspiro de frustración momentáneamente nublara mi mente. La persona que tenía frente a mí representaba un peligro latente, un peligro al que mi cuerpo se resistía a renunciar. Aunque mi corazón se negaba a aceptar cualquier acusación, cada vez que sus brazos rodeaban mi cintura, cada vez que sentía su aliento en mi piel o recibía un mensaje, latía con más fuerza. Me resultaba difícil discernir si mis latidos eran una señal de que me estaba perdiendo en él y quedando a su merced.
Así que, cuando bajé del capó del carro y me encontré con su mirada inquisitiva pero desafiante, le sonreí con plena confianza, a pesar del caos que se desataba en mi mente.
—Suerte, la necesitas— le dije mientras golpeaba suavemente su pecho con el dedo. Su sonrisa al principio vaciló, pero luego se hizo clara, mostrando que mi amenaza había sido entendida como debía.
—Creo que tú la necesitas más que yo— respondió, guiñándome un ojo. Le devolví la sonrisa exactamente como él lo había hecho conmigo y, justo antes de alejarme, recibí otro beso fugaz en los labios. Sus manos se negaban a soltarme y, mientras me alejaba caminando hacia mi carro, me di cuenta de que tal vez, solo tal vez, esta misma persona me llevaría a cantar
"Set Fire To The Rain"
al final de lo que sea que esto fuera.