1 Sofía
1
Sofía
¿Alguna vez pensaste en la manera en la que quisieras que muera cada uno de los compañeros de tu oficina? Yo sí lo he hecho,mientras los miraba con desprecio podía imaginarme como se electrocutaban con la impresora o se atragantaban con la tapita del bolígrafo. Aquella mañana de trabajo había sido particularmente insoportable. Desde que me había sentado en mi escritorio no había parado de recibir órdenes de mi coordinadora y reproches y reclamos de mis ineptos compañeros.
Mi sueño siempre había sido ser escritora, pero no de un periódico mediocre como “El Cronista Moderno”. Desde pequeña soñaba con plasmar en el papel historias fantásticas llenas de magia y romance. Allí me tenían esa mañana, mirando la hoja en blanco en la computadora sin saber cómo hacer una nota sobre la suba en el precio de los alimentos que para nada me importaba.
Ni bien el reloj marcó las cinco de la tarde, salí despavorida de aquella oficina infernal. Siempre me iba con dolor de cabeza de la misma por la mala energía que se acumula durante el día. “Solo un año más”, pensé intentando darme algo de consuelo a mí misma. Me faltaba un año de hipoteca y podría ser libre y dejar aquel trabajo que solo me traía insatisfacción. Quizás luego de eso, me dedique a escribir, quizás vuelva a estudiar, no lo sabía con certeza. Solo estaba convencida de que mi vida tenía que cambiar de alguna.
Al llegar al pequeño apartamento que poseía en el centro de la cuidad, tiré las llaves en la mesa del comedor, me quité los zapatos y me puse mi pijama. Era viernes y debería haber estado preparándome para salir de fiesta como cualquier persona que tuviera 27 años. Sin embargo no tenía ánimos para esas andanzas. Hacía años que no tenía una relación sería de ningún tipo. Incluso mi familia vivía lejos y casi ni los veía. La soledad se había convertido en mi mejor compañía y ya no me molestaba. Aunque a veces añoraba tener alguien con quien compartir la vida, un cuerpo cálido que me abrasase en las noches de frío. Pero involucrarme en una relación implicaba un esfuerzo que no estaba dispuesta a hacer.
Desganada prendí la televisión y revisé las plataformas de streaming enbusca de algo para ver. Nada me interesaba o me satisfacía lo suficiente como para prestarle mi atención. Me preparé una cena simple y que no implicara mucho esfuerzo, fideos con aceite y queso. Me di una ducha y me senté en mi cama a leer. En aquel momento me gustaba leer clásicos y aquel día estaba leyendo “Cumbres Borrascosas” un libro triste y frío con el que sin duda me sentía identificada.
No sé si fue el cansancio o que me estaba costando concentrarme en el libro pero me quedé dormida al instante.
Me desperté sobresaltada por ruidos que provenían de la calle, se escuchaban sirenas, bocinas, explosiones. Me vestí, tomé mi cartera y salí a la calle algo desorientada. Comencé a caminar sin destino pensado, solo caminé y caminé observando sin poder comprender lo que veían mis ojos. Todo estaba destruido, como si hubiera explotado una bomba y todo hubiera quedado en ruinas. Había autos en llamas, casas destruidas y abandonadas a mí alrededor. No se veía gente, solo destrucción. Caminé y caminé sin rumbo pero con la certeza de que debía encontrar a alguien. La sensación de que debía estar a su lado aquella noche.
Finalmente me detuve frente a la entrada de edificio. En la puerta había un extraño símbolo dibujado que me indicaba que era allí donde se encontraba lo que estaba buscando. Empuje con delicadeza la puerta para ver si la misma se abría y efectivamente esta lo hizo haciendo un ruido ensordecedor. Me desplacé a través de objetos en desuso y llenos de polvo, hasta que di con un cuarto. Mire la cama que se encontraba en su interior y pude divisar un cuerpo recostado sobre la misma.
Me volví a despertar esta vez con la luz del día que entraba por la persiana de mi habitación. Tenía el corazón acelerado y estaba toda empapada llena de sudor. Miré a mí alrededor, parecía que simplemente había tenido una pesadilla perturbadora. Miré el reloj en mi teléfono y marcaba las 8 am. Respiré profundamente tratando de calmarme, “solo fue un sueño” me intenté tranquilizar, pero aún me sentía afectada por aquello que no comprendía. Me sentía mareada y cansada como si no hubiera descansado lo suficiente. “Lo único que me faltaba ahora es tener sueños apocalípticos” pensé mientras me hacía un café con leche para ver si me despabilaba.