Salvaje

Summary

En el fondo lo sabía, solo alguien como él podría ayudarlo. Un hombre completamente entregado a su lado animal, a la parte más salvaje de su ser, sólo alguien como él podría enseñarle que no debía odiar lo que era. Y también podía demostrarle lo bien que se siente ser un omega estando con el alfa indicado. ✿ Pareja principal: KaiSoo ✿ Mención de ChanBaek. ✿ Cambiaforma, A/B/O ✿ Estado: Terminada ✿ Extensión: 13k

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Capítulo único

Ser un omega apesta.

¡Joder! Realmente lo odiaba.

Amaba a los omegas, la belleza pura, su dulzura y todo lo que ellos representaban, pero ser uno no era para él.

Odiaba la sensibilidad en sí mismo y la necesidad de tener la atención de un maldito alfa, necesidad que, por suerte para él, se veía opacada por el odio que le tenía a su maldito ego. Los días de calor eran una maldita tortura para su cuerpo y su humor, los dolores y la exigencia en su vientre de sentir algo, y por más supresores que tomara para eliminar su celo, solo lo ayudaban a regular su olor, y ni siquiera lo ocultaba por completo.

Eso días trataba de quedarse en casa, pero no siempre funcionaba, algunas veces se veía en la obligación de salir y odiaba la mirada de todos los alfas sobre él, como si fuera un pedazo de carne en oferta, se acercaban y eran coquetos con la intención de bajarle los pantalones, y por más que se negara y les dijera que buscaran a alguien más para molestar, ellos se volvían más insistentes. Algunos hasta se enojaban e intentaban golpearlo.

Pero no era tan débil como ellos creían y sabía cómo defenderse.

Pero pelear con un alfa no era muy buena idea, solo un golpe podía hacerlos perder el control, se ponían furiosos y se volvían imparables. Kyungsoo lo había tenido que aprender de mala manera.

Debido a ese enorme hombre, había aprendido que bajo ninguna circunstancia debía pelear con un alfa, lo había golpeado demasiado y la única razón por la que no lo mató fue porque Chanyeol interfirió y lo sometió.

Su mejor amigo duró horas regañándolo, recordándole una y otra vez que no debía hacer eso de nuevo. Pero no pudo evitarlo, y sabe que, incluso hoy, después de haber recibido una paliza, lo volvería a hacer. Ese maldito quiso besarlo, y cuando se negó, intentó obligarlo.

Él no era un debilucho, quizá su fuerza no era extraordinaria, pero era terco, y jamás bajaría la cabeza ante nadie, mucho menos ante algún idiota con complejo de superioridad.

— Estuvimos cazando toda la noche, y encontré un lugar maravilloso. Vamos saliendo de clase, sé que te va a encantar.

Dirigió su mirada hacia su mejor amigo, sonreía coqueto y se inclinaba ligeramente sobre la mesa.

— ¿En serio? Se escucha genial. —Baek sonreía emocionado y sus ojos brillaban mirando al alfa, también inclinado más cerca de este.

Baek. Byun Baekhyun, una de las razones, más bien, la principal razón del por qué amaba a los omegas. Su blanca y perfecta piel, sus delicadas manos, sus lindos ojos de cachorro y, sobre todo, sus finos labios. Todo de él lo volvía loco.

Su risa le alegraba el día y cada vez que le hablaba, sentía la necesidad de besarlo. Quería decirle cuánto le gustaba, pero cada vez que estaba a punto de hacerlo, se acobardaba o llegaba Chanyeol a arruinar el momento.

Chanyeol, ese maldito quería llevar al omega a pasear solos al bosque. Odiaba cada vez que coqueteaba con el castaño y quería golpearlo para que se alejara de él, y todo era peor cuando Baekhyun le respondía con sonrisas tímidas y sonrojos. Al igual que todo alfa estúpido, Chan sabía cómo embobar a un omega.

— Pero lo siento, Chan. Tengo planes con Kyungsoo esta tarde.

Una pequeña sonrisa tiró de sus labios y por un momento trató de ocultarla, pero cuando el alfa volteó a verlo, asesinándolo con la mirada, no pudo evitar reír. Sus ojos echaban lumbre y su mandíbula estaba tensa.

— Lo siento, amigo —secundó a Baek, acariciando su cabello. El omega se acurrucó contra su toque mientras sonreía— Otro día será.

Kyungsoo le indicó al castaño que tenían que irse, sino llegarían tarde a su última clase, la cual, por suerte, no compartían con Chanyeol, quien parecía quererlo matar a golpes.

No tardó en llegar un mensaje del alto advirtiéndole que se las pagaría, pero no le importó en lo más mínimo, observar a Baek concentrado en la clase era mejor que cualquier cosa.

De vez en cuando el castaño lo descubría y le sonreía. Sin poder evitarlo, se sonrojaba y apartaba la mirada con rapidez, odiaba las malditas feromonas, estaba seguro de que todo a su alrededor apestaba a omega necesitado por su culpa.

¡Dios, como deseaba besarlo!

— Kyungsoo...

El jadeo del omega lo hizo regresar a la realidad, se encontraba completamente rojo hasta las orejas y todos a su alrededor lo estaban viendo. Malditas feromonas.

— ¡Mierda! —Rugió.

Tomó sus cosas lo más rápido que pudo y salió corriendo de ahí, tenía que apurarse a llegar a un lugar apartado, de lo contrario, tendría a todos los malditos alfas oliendo su trasero. Llegó al sanitario del último piso y encerrado ahí pudo volver a respirar tranquilo.

Malditas feromonas. Malditos supresores. Malditos omegas.

¡No, los omegas no!

Ellos eran maravillosos y todo lo que representaban también.

Pero él no. No nació para ser un omega, no debió serlo,

Se quedó ahí encerrado, sentado en el suelo esperando a que los supresores hicieran efecto y su pestilente olor desapareciera y le permitiera salir sin atraer la atención de nadie. Para estar más seguro, se quedó ahí hasta que la clase acabó e incluso un poco más, con la intención de que ya no hubiera nadie en los pasillos al salir.

Lo primero que vio al atravesar las puertas del instituto fue al lindo omega que alteraba sus sentidos precipitarse hacia él, se veía realmente preocupado, tomó sus mejillas entre sus manos y lo escaneó de arriba abajo.

Disimuladamente y tratando de no verse grosero se separó de él, acaba de controlar sus feromonas, no quería que se desataran de nuevo por tener al chico tan cerca de su rostro. Se rascó la nuca nervioso y sonrió.

— Kyungsoo, ¿estás bien?

— Si, bien.

No muy convencido, apretó los labios y tomó su mano, tratando de medir la temperatura de su cuerpo.

— Podemos ir otro día, si quieres...

— Baekhyun, estoy bien. No tienes que preocuparte.

Con un pronunciado puchero lo envolvió en sus brazos y enterró el rostro en su cuello.

Mierda.

— Si te sientes mal me dices, ¿sí? Puedes decirme cualquier cosa, Kyung.

— Claro que sí, cariño. Cualquier cosa. Ahora vámonos o llegaremos tarde a esa aburrida película que quieres ver.

Con una pequeña y adorable risa, el castaño besó su mejilla y comenzó a caminar, tomando su mano. Kyungsoo gruñó para sus adentros y se dijo a sí mismo que tendría que comenzar a tomar mil supresores si quería seguir estando al lado de Baekhyun.

Sus caderas se movían de manera maravillosa y su pequeña cintura, ¡joder! Quería sostenerlo, acercarlo a su cuerpo y besarlo hasta que sus delgados labios estuvieran hinchados.

Pero, ¿dos omegas juntos? Eso jamás ha pasado y no creía que fuera posible, sabía que por más que lo intentara, para el castaño solo era un amigo, y no importaba lo que hiciera, no podría impresionarlo, no como un alfa lo hacía.

Y vaya que estaba dispuesto a hacer cosas por él, y una prueba de ello, era la horrible película que había aceptado ver con él. ¡Era tan horrible! Una estúpida comedia romántica a la cual, al parecer, Baek le encontraba mucho sentido, ya que reía a carcajadas.

Hace más de media hora había decidido dejar de prestarle atención a la enorme pantalla y mejor mirar a causante de que estuviera ahí metido.

Como sus ojos se volvían dos medias lunas y su rostro se tornaba rojo hasta el punto que parecía iba a explotar. De vez en cuándo volteaba a verlo y Kyungsoo fingía reír, así que el castaño volvía a ver la película, complacido de que a él también le estuviera gustando.

¡Dios! Estaría dispuesto a verla otras mil veces por él.

Pero, por suerte para él, ya había acabado. Salieron de ahí y Kyungsoo no supo a quién agradecerle. Mientras caminaban a la salida, Baekhyun no dejaba de nombrar las escenas que más le habían gustado, que, poco más y mencionaba toda la película.

Escenas de las cuales él no recordaba ni la mitad.

Y cuando el castaño le preguntó cuál había sido su parte favorita, él solo pudo reír nerviosamente y evadir su pregunta, abrazándolo por los hombros y diciendo que era imposible elegir. Para su suerte, Baek parecía estar conforme con esa respuesta.

— Aún es temprano —comentó— ¿Quieres ir por un café?

— Puaj, sabes que odio el café. —Hizo una mueca de asco, pero aun así tomó su mano y asintió emocionado— Vamos, compraré un batido.

A unas cuantas calles del cine se encontraba una cafetería que les gustaba bastante a ambos, ya que preparaban unos pastelillos deliciosos, y también vendían esos menjurjes que le gustaban al castaño.

Un lugar pequeño y acogedor, perfecto para una cita. El amigable beta que trabajaba ahí los conocía tan bien que ya no había necesidad de decirle que era lo que querían, simplemente preguntaba un “¿lo de siempre?” y se alejaba con una leve risa al ver un asentimiento de ambos chicos.

Y siempre acertaba en lo que les traía:

Un café negro sin azúcar -bebida de ancianos, según Baekhyun- para Kyungsoo.

Y un batido de frutos rojos -con toda el azúcar que encontraran, según Kyungsoo- para Baek.

Y después de dejarlos sobre la mesa se iba sin decir nada, sabiendo que tendría que esperar unos diez minutos a que pelearan para decidir el sabor del postre que compartirían. Aunque todo eso solo era tiempo perdido, ya que Kyungsoo siempre terminaba por ceder ante las exigencias del castaño.

Y mientras Baek comía alegremente, bailando por la emoción de lo bien que sabía, el pelinegro se dedicaba a observarlo atento, dando pequeños sorbos a su café a pesar de que quemara su lengua.

Esa bebida, a pesar de saber asquerosa, sobre los delgados labios del castaño se veía realmente apetecible y al otro omega se le antojaba pasar su lengua por estos, para probarlo.

— Kyungsoo...

Esa dulce voz lo trajo de nuevo a la realidad, el chico frente a él se veía realmente preocupado, sus cejas estaban unidas y mordía su labio superior, acción que significaba diría algo que incomodaría al pelinegro.

— Sobre lo que pasó en clase...

— ¡Oh, vamos, Baek! —Sintió el calor subir por sus mejillas y miró hacia todos lados, tratando de evitar su mirada— Ya te he dicho que no fue nada.

— Sé que no te gusta tocar ese tema, Kyung, que no estas conforme con esto del segundo género, pero no es la primera vez que pierdes el control con respecto a tus feromonas y...

— Baekhyun, no necesito esta plática de nuevo. No me interesa “aprender” a ser un omega.

Con un profundo suspiro, el castaño decidió que esa vez no permitiría que Kyungsoo evadiera la plática, para él era sumamente importante, por su seguridad.

— Sé que no quieres aprender, pero es necesario. Por tu bien. —Ante la evidente negación en su rostro, se levantó y acercando su silla, se sentó junto a él— No es bueno para ti que esto te esté pasando tan seguido, tienes que atender tus ciclos de celo y en su defecto, empezar a buscar un alfa para que se encargue de ti.

— No necesito un alfa.

— No creo que sea tan malo estar con uno, ellos pueden ayudarnos a...

— Basta, Baekhyun.

Gruñó, sosteniendo su cabeza, bastante irritado. No quería escuchar al castaño hablar de cómo los podían ayudar los alfas y cuánto deseaba estar con uno. Le molestaba saber que Baek tenía idealizada una futura relación al lado de un alfa, y más porque sabía quién era el protagonista de sus fantasías.

Maldito Chanyeol.

— No puedes negar nuestra naturaleza por siempre —lo regañó— Quizá más adelante encuentres al alfa que altere tus sentidos y te haga ver que esto no es tan malo.

— Pura mierda.

— Incluso pensé que ya lo habías encontrado. ¿Qué pasó con ese alfa rubio con el que salías?

— Ese maldito idiota —Se quejó desviando la mirada molesto, solo acordarse de él le daba asco.

Baekhyun soltó un suspiro mientras negaba.

— Jamás llegarás a nada si no estás dispuesto a que pase algo.

— Estaba dispuesto. De verdad.

Y lo estaba, estaba decidido a dejarse llevar por lo que su omega quería, con la idea de sacar al castaño de su mente porque, según Chanyeol, se estaba obsesionando. Pero ese maldito alfa era precisamente todo lo que Kyungsoo quería evitar cuando había decidido no entregarse a su lado sumiso.

— Pero cuando estábamos con sus amigos me trataba como un estúpido trofeo y al estar solos, solo era un juguete para saciarse. Por suerte jamás me acosté con él.

Y si, por más que había insistido en que se entregara a él, no lo hizo. Fue la única vez que estuvo de acuerdo con su omega y se sintió uno mismo con este, porque no se sentía seguro y no podía permitir que lo tocaran así.

— ¿Te dio miedo? —Levantó su mirada hacia el castaño, sabía perfectamente que a él le daba miedo, siempre decía que le aterraba no poder hacerlo y terminar llorando, en esos temas Baek era bastante inocente— Los demás chicos dicen que no hay nada más increíble que estar con un alfa, que es una experiencia inigualable.

— No me interesa. No me sentía tranquilo con él.

Y por primera vez, Baek vio algo de su lado omega salir del pelinegro, notó cierta vulnerabilidad que le apretó el pecho, pero antes de poder decir algo, este volvió a la fría expresión y rio con malicia.

— Así que lo golpeé y me fui de ahí. Ese maldito quería follarme sin protección y eso no iba a pasar, no pensaba tener su asquerosa semilla sobre mi cuerpo, mucho menos dentro de mí.

— No tiene que ser siempre así —continuó, bebiendo de su vaso.

— ¿Quieres saber lo que me dijo? —Preguntó, y al verlo asentir dudoso, siguió— Me aseguró que jamás conseguiría atraer a ningún alfa, por ser un mal omega nadie se acercaría a mí. Y créeme le dejé muy claro que no necesitaba a ningún maldito alfa.

— Pues se equivoca...

— Está bien, Baekhyun. Ya fue suficiente.

— Puedes encontrar otro alfa, alguien que de verdad valga la pena y con quien puedas sentirte seguro y...

— Baekhyun.

— No puedes vivir negando lo que eres y arriesgándote como esta tarde...

— ¡He dicho que fue suficiente! —Gruñó levantándose.

El castaño no parecía sorprendido por su exabrupto, mucho menos asustado y eso es lo que más lo hizo enojar, que esta plática se estuviera repitiendo tanto que ya predecía sus reacciones.

Así que mejor se fue de ahí.

Odiaba que el omega insistiera tanto en que encontrara a alguien, en que se relacionara con algún alfa, él no quería un alfa, quería estar con él. Pero no podía decírselo, sabía que arruinaría su amistad y no permitiría que se alejara, no quería perderlo, lo necesitaba a su lado.

Al llegar a su casa se dio cuenta de lo que había hecho y no tardó mucho en mostrarse arrepentido. Siempre era lo mismo, se alteraba por ese maldito tema y terminaba siendo grosero con Baek, cuando este sólo quería ayudarlo. Aun cuando él no necesitaba ayuda con nada.

Le mandó un mensaje para asegurarse de que hubiera llegado bien a su casa y para disculparse. Pero el castaño no estaba enojado, nunca lo estaba y menos con él. Le dijo que no tenía nada de qué preocuparse y que lo vería al siguiente día, y acompañando el mensaje, venía una foto de él sonriendo.

Y con hermosa sonrisa del omega en su mente se fue a dormir.

°°°

A la mañana siguiente, el insistente golpeteo en la puerta de su casa lo despertó, y cuando abrió se topó con un reluciente Baekhyun con demasiada energía para ser las seis de la mañana.

Vociferando un alegre saludo, dio un beso en su mejilla y lo esquivó para entrar a la casa como si fuera suya. ¡Mierda, quería dormir más!

— Ve a arreglarte, Kyung, prepararé el desayuno.

Sabiendo que no era buena idea protestar, simplemente suspiró y subió a su habitación para ducharse. El castaño había tomado de costumbre ir a su casa bastante temprano para tomar el desayuno juntos y hablar un rato antes de tener que ir a sus clases, y eso solo lograba alterar más sus nervios. Saber que el lindo omega estaba en su cocina preparando algo mientras él se duchaba solo lo ilusionaba más, con la idea de que eso se convirtiera en su día a día. Tal vez, incluso, algún día poder acercarse a él y tomándolo por la cintura besar la sensible piel de su cuello.

Tanto tiempo siendo amigos lo había llevado a descubrir que Baek tenía bastantes puntos sensibles en su cuerpo, los cuales de vez en cuando rozaba por “accidente” solo para escucharlo jadear.

¡Y joder! Le encantaba ese sonido.

Decidió desviar sus pensamientos a otro lado, de lo contrario tendría que estar más tiempo en la ducha y Baekhyun se enojaba si no lo acompañaba rápido. Ya vestido regresó a donde estaba el otro, quien le dio una mirada de desaprobación.

Siempre le insistía que debía vestirse más “sensual”. Cosa que jamás haría, prefería pasar desapercibido, así evitaba tener a los alfas detrás de él, quienes solo tenían que ver un poco de piel para comportarse como malditos perros en celo.

La platica fue amena y se rio lo suficiente como para olvidar la vergüenza que sentía con Baek por como actuó la noche anterior. Cerca de las siete de la mañana, el bastante conocido sonido de un auto llegó a los oídos de ambos omegas y el pelinegro maldijo todo al notar como los ojos del otro brillaban, su rostro pareció iluminarse.

El idiota de Chanyeol había llegado.

Bufando, siguió al castaño, quien emocionado corría hacia la puerta para saludar al alto. ¡Malditos alfas!

Su humor solo empeoró cuando el alto besó la mejilla de Baek, peligrosamente cerca de sus labios y le abrió la puerta del auto, también casi se vomita encima cuando le dio un beso a él.

Se acomodó en el asiento trasero dispuesto a dormir, pero le fue imposible por la emocionada voz del otro omega contándole al alfa la película que había ido a ver. Chan no parecía estar muy interesado en la trama de la película, pero reía junto a él y le daba miradas que sonrojaban al omega.

Kyungsoo estaba a punto de desgarrar el cuero del asiento de lo fuerte que lo arañaba.

Malditos. Alfas.

Lamentablemente ese día sus clases no coincidían con las del otro omega, así que no lo vio en toda la mañana y en la única clase que compartía con Chanyeol este le estuvo presumiendo que saliendo de ahí iría con el castaño al bosque, y estaría a solas con él. Tenía tantas ganas de lanzarse sobre el alfa y golpearlo. Si no supiera que este podría derribarlo fácilmente, lo haría.

Pero Chan ya le había demostrado antes que no podía vencerlo, claro que sin lastimarlo mucho.

Era su maldito mejor amigo, haciendo énfasis en lo maldito.

Su humor decayó bastante, hasta el punto de que comenzó a sentirse muy triste, más de una vez se vio borrando silenciosas lágrimas que bajaban por sus mejillas. Odiaba tanto ser un omega, ser tan sensible y no poder manejar sus emociones.

Chanyeol pareció darse cuenta de lo que estaba pasando con él y se mostró arrepentido, lo cual no hizo más que avergonzar al omega, así que tomó sus cosas y al igual que el día anterior, abandonó la clase.

— Espérame, yo te llevaré a casa, Kyungsoo. —Alcanzó a escuchar de parte del alfa antes de cruzar la puerta.

Y mierda que lo iba a esperar.

No se sentía bien yendo solo a casa.

Se sentó fuera y enterró su rostro en sus manos. No entendía qué demonios le estaba pasando, pero sabía que algo no estaba bien con él. Se decía a sí mismo que se trataba de Baek, intentando convencerse de que tenía que ver con su enamoramiento con el omega, pero muy en el fondo creía que no era así.

A Baekhyun lo conoció hace muchos años y no tardó mucho en caer embobado por él. Pero desde hace unas semanas algo estaba cambiando en su interior, estaba ansioso, y tenía un terrible descontrol sobre sus emociones y sus feromonas, dejándolas salir en momentos inoportunos. El hecho de que esos sucesos se desatara normalmente frente al otro omega, era solo porque le gustaba.

Y no se trataba de su celo, aún faltaba bastante para eso. Lo suficiente como para que no tuviera que preocuparse por un derrame de feromonas.

— Kyung, ¿estás bien?

La preocupada voz del castaño llegó a sus oídos y lo hizo gruñir, a la par que los bellos de su nuca se erizaban. Tenía que buscar la manera de controlarse, de lo contrario acabaría golpeando al omega o besándolo.

A él le gustaba más la segunda opción, pero con su desbalance hormonal era completamente impredecible.

— Lo estoy —murmuró.

— Has estado actuando extraño desde hace vario días.

Se sentó junto a él, demasiado cerca y le dedicó esa mirada que empezaba a molestarlo bastante, pero no se levantó, ni le pidió a él que se fuera de ahí, sabía que el castaño también esperaba a Chanyeol. Y quizás eso es lo que lo tenía tan molesto.

— Me he sentido extraño desde hace varios días, o más.

— Ven conmigo y Chan al bosque.

Kyungsoo pudo ver al alfa acercarse por detrás del castaño y notó su rostro deformarse con negación, su perfecta cita a solas con el omega podría estar arruinada si él los acompañaba. Un indicio de sonrisa apareció en su rostro, pero después de un segundo y pensándolo mejor, decidió que estaba cansado de eso.

— No, iré a casa a descansar.

— Me preocupas. Ven con nosotros, estar un poco más conectado con la naturaleza te hará sentir mejor.

La expresión del alto vaciló y con un suspiro terminó por acercarse, pasando su brazo sobre los hombros del omega y dedicándole una tranquila sonrisa al menor.

— Ven, Kyung. Así lograrás relajarte un poco.

Baekhyun comenzó a asentir frenéticamente con la cabeza, bastante emocionado y sin dejar espacio para protestas, comenzaron a caminar hacia el auto. Al pelinegro no le quedó más que seguirlos y subir al auto.

Pasaron por la casa de Baekhyun y cuando este los dejó solos, volteó irritado hacia el alfa, quien parecía divertido con la situación.

— ¿Qué es lo que pasa contigo?

— Me preocupo por ti.

— Y una mierda. ¿Quieres que vea como coqueteas con él? Tú único interés es restregarme en la cara que lo tienes a tus pies.

— ¿Y eso te molesta? —Rio mirando hacia la casa, asegurándose de que Baek no esté cerca para escucharlos.

— No, para nada, y agradezco tu interés por demostrarme lo idiota que puede ser un alfa, pero yo paso.

— Irás con nosotros —sentenció y volteó para encararlo— No te estoy preguntando.

— Mira, entiendo la estúpida necesidad tuya, como alfa, de manipular todo y mandar a todos, pero te recuerdo que, sobre mí, no tienes autoridad, ahórrate la actitud condescendiente y tus órdenes puedes metértelas donde no te da el sol.

Decidido a no seguir con su juego, trató de abrir la puerta, pero antes de hacerlo sintió un fuerte dolor en sus hombros, las manos del alfa lo mantenían quieto sobre el asiento del auto, hizo una mueca y sintió sus ojos llenarse, sus huesos se sentían como si estuvieran siendo aplastados.

— ¡No sé qué mierda te está pasando, pero no puedo permitir que sigas sintiéndote así! No entiendo que te sucede, pero tus feromonas me perturban, estas triste, ansioso todo el tiempo y luego estás enojado, feliz, excitado, y después vuelves a estar triste. ¡Joder, Kyungsoo! Estás volviéndote loco.

— Me lastimas —casi sollozó.

Los ojos del alfa se abrieron e inmediatamente lo soltó, regresó a su asiento y parecía bastante sorprendido por lo que había hecho.

— Y me dices a mí que debo controlar mis emociones —trató de bromear, Baekhyun volvería en cualquier momento y no quería que notara el olor que se había generado en el auto por culpa de las feromonas de ambos.

Chanyeol se estaba sintiendo culpable y eso solo empeoraba el pestilente olor.

— Iré con ustedes, pero si te atreves a besarlo frente a mí, juro que te arrancaré los labios mientras duermes.

El alfa soltó una pequeña risa y un aroma más dulce invadió el auto, tan potente como para eliminar lo demás. El maldito se estaba excitando con la idea de besar al omega.

Baek regresó poco después de eso, no dijo nada, pero por supuesto notó el olor dentro del auto, parecía confundido y no habló en todo el camino.

El pueblo donde vivían se encontraba completamente rodeado de miles de kilómetros de bosque, completamente alejado de cualquier otro pueblo o ciudad, pero con lo necesario para llevar una buena y tranquila vida. Y también los ayudaba para sentirse más conectados con la luna y con su lado animal.

Y aunque Kyungsoo estaba inconforme con eso, porque siempre se consideró más humano que animal y ahí sentía todo lo contrario, le gustaba vivir ahí.

Llegaron al lugar del cual Chanyeol estuvo alardeando tanto tiempo y se dio cuenta de que si era realmente hermoso.

Estaba despejado de árboles y había muchas pequeñas flores que llenaban todo el lugar de color. Baekhyun chillo emocionado y corrió hacia le pequeño campo de flores, admirándolas todas.

Se veía realmente hermoso.

°°°°

Definitivamente había sido una muy mala idea acompañarlos. Tanto que, esa noche no pudo dormir, estuvo toda la noche retorciéndose.

Mientras se encontraba en el hermoso campo de flores, observando a Chanyeol y Baek coquetear, su cuerpo había comenzado a sentirse tan caliente, estaba jadeando y le costaba respirar.

Una sensación extraña se asentó en su nuca y un escalofrió recorrió su espalda. Se vio obligado a mirar hacia atrás, porque la sensación de estar siendo observado comenzaba a asustarlo, pero ya estaba oscureciendo y no logró ver nada, solo el constante movimiento que la brisa provocaba.

Quería levantarse y buscar la causa de esa sensación, pero su instinto le indicaba que no era buena idea, aun así, no tuvo tiempo de pensar que hacer, porque una manos en sus mejillas lo sacaron de sus pensamientos y lo trajeron a la realidad, Chanyeol se veía preocupado y su toque quemaba.

— Kyungsoo, ¿qué mierda está pasando? —Gruñó, tratando de que lo mirara a los ojos.

Entre él y Baek no podían hacerlo reaccionar y no les quedó más que llevarlo a su casa y dejarlo ahí. Todo apuntaba a que su celo estaba a punto de llegar y no era buena idea que estuvieran con él, mucho menos un alfa.

Baek había insistido en quedarse a su lado, pero el pelinegro por ningún motivo iba a permitir que eso sucediera, no había nada que lo avergonzara más que su celo, se comportaba como un omega tonto y necesitado y odiaba eso. No podía tolerar que Baekhyun, entre todos, lo viera de esa manera, que se diera cuenta de cuan indefenso era en ese momento y que, aunque lo es, lo viera como un omega.

Y ahora, aún después de haber estado toda la noche en vela, retorciéndose por el calor que inundaba su cuerpo, no entendía que demonios le estaba pasando. Se negaba a siquiera considerar que era su celo, a pesar de que era más que obvio.

No había razón alguna para que su celo se adelantara, y pese a que, explicaba los cambios en su estado de ánimo, no había explicación alguna del porqué había llegado casi un mes antes.

Debido a su desprecio hacia los alfas, las feromonas de estos no lo alteraban tanto como a otros omegas más receptivos, así que su irregularidad no era provocada por algo externo, su cuerpo se sentía tan extraño, como si se estuviera preparando para algo.

Durante la madrugada ingirió tantos supresores como fueron posibles y esperó sentirse mejor como para asistir a clases por la mañana, pero fue todo lo contrario, quizá sus feromonas no eran tan intensas como antes, pero todavía se sentía tan necesitado, su cuerpo suplicaba ser atendido.

Jamás lo hacía, evitaba tocarse lo más que pudiera, prefería sentir el dolor a entregarse a sus necesidades, pero esta vez se sentía diferente, la excitación subía cada vez más y sólo podía pensar en saciarse. Metió la mano entre sus piernas y un largo gemido inundó la habitación.

Sabía que, en el momento que estuviera bien, se arrepentiría de haberlo hecho, pero lo necesitaba tanto.

Tomó su miembro, apretándolo un poco y comenzó a masturbarse. Sabía muy bien que hacer, no era un santo, simplemente no le gustaba tocarse durante su celo, lo hacía sentir tan indefenso y muy en el fondo sabía que solo sus manos no serían suficientes, que necesitaba algo más grande.

Y él no quería estar con ningún alfa, aun cuando su cuerpo se lo suplicaba.

Hacer eso comenzaba a ayudarlo, por lo menos para tranquilizarse un poco y poder levantarse de la cama, incluso se vio a sí mismo tocando más allá, empujando un poco en su entrada. Solo la sensación de la presión logró hacerlo llegar.

Su cuerpo pegajoso y los jadeos que aún se escuchaban por la habitación lo hicieron sentir tan avergonzado. Sintiendo su rostro arder, se levantó de la cama y fue al baño.

Después de ducharse con agua bastante fría, por fin la temperatura de su cuerpo parecía estar volviendo a la normalidad.

No iría a clases ese día, y se lo comentó a Baek cuando llamó para preguntarle como seguía. Era más que evidente lo que sucedía y negarlo no estaba sirviendo más que para hacerlo sufrir. No podía arriesgarse a que todos los alfas que se le atravesaran lo inundaran con sus feromonas y lo pusieran de rodillas antes de que tuviera tiempo para darse cuenta.

Mejor se quedaría en su casa por un par de días en lo que su periodo de celo acababa y todo volvería a la normalidad. Solo esos días tendría que ser un omega, porque solo en ese tiempo se sentía como uno y esa era una de las razones por lo que lo odiaba.

Además de las desmedidas ganas de que se lo follaran.

Tal vez debería seguir el consejo de Baekhyun y por lo menos comprar algunos juguetes para poder aliviarse por su cuenta, porque si los celos que seguían serían igual a este, no podría soportarlo.

Y de nuevo, estar con un alfa no era una maldita opción.

Toda la mañana se la pasó investigando, tratando de entender que le había pasado. Y leyendo encontró tantas cosas que no sabía sobre los omegas, sobre lo que él era.

Había tantas cosas que aprender sobre su celo, cómo aliviarse y a qué se debía todo lo que su cuerpo estaba sintiendo y también encontró tanto sobre los embarazos y el nudo y del cómo lo haría sentir la persona más afortunada del planeta.

Se sintió tan agobiado y cerró la computadora de golpe, su respiración comenzaba a ser errática de nuevo y quería ponerse a llorar. Dejó todo sobre la mesa y se fue a su habitación, necesitaba dormir, era la única manera de escapar de su realidad.

Más tarde ese día Baekhyun pasó por él y le dijo lo mismo que antes, que estar rodeado de naturaleza lo ayudaría a calmarse y tal vez entender mejor todo. Así que solo ellos dos, fueron de nuevo a ese hermoso campo de flores, era algo tarde y el sol comenzaba a ocultarse. El lugar no se veía tan lindo como el día anterior, debido al oscuro bosque que lo rodeaba se veía tenebroso.

Pero a Baek no le importó, parecía no notar el ambiente tan tenso que había alrededor, se dedicó a mirar las flores, inclinándose para olerlas. Kyungsoo no se preocupó por admirar lo hermoso que se veía, porque la sensación de estar siendo vigilado volvió, un escalofrío recorrió su columna y gimió asustado.

Se sentó en el césped tratando de controlar su respiración. Volteó hacia atrás, la oscuridad entre los árboles parecía nunca terminar, pero no fue como el día anterior, esta vez notó algo más, había alguien, una sombra que, de no estar tan asustado, hubiera razonado que era de algún árbol, pero podía jurar que lo estaba mirando.

— Baekhyun, ¿puedes ver eso? —Preguntó, regresando su mirada al campo de flores— ¿Baekhyun?

El otro omega ya no estaba ahí. Se levantó de golpe y miró hacia todos lados, el miedo creciendo, no había manera de que el omega se fuera sin él, mucho menos que se adentrara en el oscuro bosque. Así que, ¿dónde más podría estar?

Estaba a punto de avanzar para buscarlo, pero unos pasos detrás de su espalda llamaron su atención. Regresó su vista a la silueta, pero ya no estaba donde mismo, estaba cerca, demasiado. Apenas pudo chillar asustado cuando la silueta, que ahora parecía enorme se precipitó hacia él, cayó de espalda al suelo y un gran peso se instaló en su pecho, algo lo estaba aplastando.

Y esa mirada, a centímetros de su rostro y taladrando dentro de su cabeza.

— Mío. —El gruñido en su oído y el ardor en el cuello lo hicieron gritar.

La presión pareció disminuir en su cuerpo y le permitió sentarse, las lágrimas en sus ojos le nublaban la vista y estaba mareado, sentía que iba desmayarse. Cuando pudo enfocar, se dio cuenta de que estaba en su habitación y que todo había sido una pesadilla.

Aun sabiendo eso, el miedo seguía ahí, asentado en su estómago, lo invadieron las náuseas y corrió al baño, pero nada salió, se quedó por un rato ahí, arrodillado sobre el suelo tratando de agarrar aire.

Esto se estaba saliendo de control, se estaba volviendo loco y era culpa de su maldito omega. ¿Tantas eran sus ganas de follar que lo atormentaba con pesadillas? Sobre todo, haber visto imágenes de lo horrible que se veía una mordida de alfa no había ayudado para nada en su paranoia.

Pasó casi toda la tarde sentado en el sofá, no quería volver a dormir y soñar con eso de nuevo, solo quería pasar su celo tranquilo y cuando acabara volver a la normalidad.

Pero se encontraba de todo menos tranquilo, había algo en su interior que lo estaba molestando y quería gritar para poder sacarlo todo. Además del ardor en su nuca y la sensación de que lo estaban observando. Sensación que no había sentido antes, no hasta que llegó a ese campo con Chanyeol y Baek.

Jadeó y se levantó de golpe del sofá.

Estaba equivocado. Lo había sentido antes, hace unas semanas, cuando fue a caminar por el bosque, se había asustado tanto porque juraba que alguien lo estaba siguiendo que había corrido hacia su casa sin voltear atrás.

Había olvidado ese suceso por culpa de Chanyeol, porque lo había regañando diciéndole que un omega indefenso no debía andar solo por el bosque. Estaba tan enojado de que lo que el alfa decía fuera verdad que no le contó lo que pasaba y terminó por olvidarlo.

Hace unas semanas. Cuando todo había empezado.

Quizás, si iba ahí de nuevo lograría entender que era lo que le pasaba a su cuerpo y su cabeza, tal vez, solo tal vez ahí encontraría una explicación.

Mientras se cambiaba escuchó sonar su celular, una hermosa foto de Baekhyun adornó la pantalla.

— Hey, Kyung.

Suspiró. Necesitaba tanto escuchar la voz del omega.

— Hola, Baekhyun.

— Que alegría escucharte. ¿Cómo estás?, ¿Ya te sientes mejor?

— Si, creo que ya se está pasando. Me siento mucho mejor.

Era una mentira. ¡Joder! Cada segundo se sentía peor.

Tomó las llaves de su casa y caminó hacia la puerta.

— Me alegra tanto oír eso. Mañana iré a verte, ¿sí? Mantente dentro de casa y cierra bien las puertas.

— De acuerdo.

El castaño ya había colgado y él se quedó ahí parado, tomando el pomo de la puerta, tratando de decidir si era buena idea salir o no, sabía que lo mejor era seguir el consejo de Baek y quedarse dentro de su casa, más cuando sabía que no estaba bien aún, su celo estaba lejos de terminar y estando en la calle en ese estado, era presa fácil.

Negó, quería respuestas y él no era un omega débil que debía estar escondido en su casa.

Cuando salió ya había oscurecido, las calles estaban solas. Comenzó a caminar hacia el bosque.

No estaba tan lejos, pero si lo suficiente como para reconsiderarlo un par de ves. En todas ellas llegó a la conclusión de que era una tontería y que debería volver, sin embargo, no retrocedió, solo se envolvía más en el abrigo tratando de sentirse protegido.

Llegó al límite del bosque soltando un suspiró, el calor empezaba a volver a su cuerpo y sus piernas temblaban.

Es mala idea.

Muy mala idea.

Estaba empezando a sentirse tan húmedo que lo avergonzaba, su vientre quemaba, todo su cuerpo ardía. No podía hacerlo, iba a desmayarse en cualquier momento, tenía que volver a casa.

Se dio media vuelta, convencido de que lo mejor era volver, pero un aullido proveniente del bosque lo detuvo. Se escuchaba tan lejano y parecía estarlo llamando a él. Solo a él.

Todo su cuerpo se congeló, tomó todo de él no caer al suelo, tenía un muy mal presentimiento acerca de esto. Pero algo lo obligó a adentrarse en el bosque, como si lo jalara hacia allá.

El silencio era agobiante, sus pasos resonaban tanto y su propia respiración lo asustaba. No sabía ni siquiera a dónde se estaba dirigiendo, sus pies parecían moverse por su cuenta.

Cada segundo se adentraba más y más en el extenso bosque, solo esperaba poder encontrar el camino de regreso una vez que fuera suficiente.

En un punto durante su caminata se sintió irritado, era una maldita tontería y se había arriesgado por nada. Tenía que volver a casa y olvidarse de eso, tomar una ducha de agua fría y tal vez masturbarse un poco para que su calor disminuyera. Lo que necesitaba era descansar, eventualmente su celo terminaría.

No necesitaba nada más.

Convenciéndose de a sí mismo de eso, decidió regresar.

Sintió un escalofrío y no pudo moverse más, podía jurar que algo se acercaba por detrás de él, no podía escucharlo ni olerlo, pero sabía que estaba ahí, porque podía sentirlo.

Escuchó un leve gruñido y un frío recorrió su columna y le dio el impulso que necesitaba, comenzó a correr. Corrió lo más rápido que sus temblorosas piernas le permitían, las lágrimas le nublaban la vista, lo que provocaba que chocara con árboles y ramas, su rostro ardía y estaba seguro de que tenía una que otra herida.

De pronto, un fuerte olor lo envolvió, tan delicioso que soltó un fuerte gemido, sus piernas se detuvieron abruptamente haciéndolo caer al suelo. El olor a café y menta se abrazó a su piel y entró en su cabeza, arruinándolo.

Comenzó a gemir y babear, desesperado por encontrar al dueño de ese olor.

¡Joder, como amaba el café!

Trató de ponerse de pie, quería encontrarlo, pero sus piernas temblaban tanto, su cuerpo palpitaba ansioso y su cabeza daba vueltas.

Una sombra comenzó a aparecer entre la oscuridad, acercándose a paso lento hacia él, ahora estaba seguro que estaba ahí, aun así, no podía escuchar sus pasos, a pesar del silencio.

Como un animal cazando a su presa, tan sigiloso como peligroso.

Se detuvo frente a él, debido a su nublada vista no podía verlo bien, pero se trataba de un hombre, un enorme hombre.

— Te estaba esperando.

Y él se había convertido en su presa.

La voz del hombre lo hizo jadear y apretó las piernas tratando de aliviarse. Al ver eso, el desconocido gruño y se inclinó sobre su rostro, acariciando su mejilla. El tacto quemó, pero se sintió tan bien que su espalda se arqueó, al cerrar los ojos las lágrimas por fin salieron y soltó un pequeño grito.

— ¡Joder!

Escuchar eso solo lo empeoró todo, la voz del hombre lo estaba volviendo loco. Sus pantalones estaban tan húmedos, se había corrido solo escuchándolo.

Su vista por fin pudo enfocar el rostro del hombre, piel morena y unas preciosas facciones. Y unos ojos, ¡dios! Estaban mirándolo tan intensamente y parecían destellar rojos.

Ojos rojos...

Un alfa.

El delicioso olor emanaba de él y la necesidad que crecía dentro de su vientre era su culpa. Quería que el alfa lo tomara.

Siempre odió la poca vergüenza que tenían los alfas para andar desnudos por todos lados, pero en ese momento lo agradecía tanto. El hombre moreno no llevaba nada encima y se veía tan bien.

— Ven aquí, omega —ordenó.

Lo tomó por la cintura y lo hizo ponerse sobre sus pies, Kyungsoo estaba sufriendo, sus piernas eran incapaces de mantenerlo, pero el alfa quería tenerlo así, y él estaba dispuesto a obedecerlo.

— ¿Cómo te llamas?

Metió la mano bajo su camiseta y acarició su piel, subiendo descaradamente hacia su pecho, y pellizcando la protuberancia.

— Kyungsoo —gimió, sintiéndose desesperado, empujando su pecho contra los ásperos dedos.

Cada lugar donde su piel hacía contacto con la del alfa ardía. Estaba quemando y dolía tanto, pero se sentía tan bien, estaba más que excitado.

— Lindo nombre, y una maravillosa voz —susurró sobre su oído, mordiendo su oreja.

El dolor recorrió su nuca y bajó hasta su centro, provocando un grito y que se arqueara. Las manos abandonaron sus pezones y comenzaron a bajar lentamente, apenas rozando su piel con la yema de sus dedos. Estaba temblando, su piel se erizaba y le era imposible contener sus gemidos.

Cuando las enormes manos llegaron a sus glúteos se escandalizó.

— ¿Qué haces...?

— Soy Kai —lo interrumpió.

Y sus protestas quedaron en el olvido, de nuevo su voz lo estaba haciendo perder la razón, además, se sentía tan bien y no quería que se detuviera. Recargó su cabeza en el pecho del alfa y cerró los ojos, disfrutando las caricias. El moreno parecía estar encantado por su acción, siguió masajeando la piel, pero cuando intentó meter las manos bajo su pantalón, lo empujó.

— No —susurró, sus rostro estaba ardiendo.

Retrocedió un par de pasos, pero cuando estuvo a punto de caer al suelo, Kai tuvo que sostenerlo de nuevo.

— ¿Por qué no? —Susurró, lamiendo su cuello y pegándolo tanto a su cuerpo— ¿Temes que note lo húmedo que estás? —Le sonrió y Kyungsoo se sintió morir ante eso— No te preocupes, puedo olerlo, lindo.

Chilló avergonzado, odiaba ser un maldito omega, no poder controlar su cuerpo y actuar así.

— Hueles malditamente delicioso. Tan dulce, tan exquisito. ¡Joder! Muero por abrir tus piernas y probarte.

El omega gimió demasiado alto, el sonido hizo eco en el silencioso lugar y cuando llegó a los oídos del moreno pareció hacerlo perder el control. Gruñó, un sonido gutural que le erizó los bellos y lo empujó hacia un árbol.

Se quejó por el repentido dolor que recorrió su espalda, pero fue silenciado por los labios del alfa.

¡Lo estaba besando!

El fuego, más incontrolable que nunca subió por sus piernas y se instaló en su vientre, sus gemidos quedaron atrapados en el húmedo y descuidado beso, los fuertes brazos del hombre lo apretaron para que no cayera al suelo. El agarre tan posesivo en su cadera, la manera en que la lengua contraria lo invadía y el olor envolviendo todo su cuerpo era más de lo que podía soportar, su miembro erguido se restregaba contra el alfa, y aun cuando su ropa estaba entre ellos, se sentía muy bien.

Volvió a presionarlo con más fuerza sobre el árbol y las manos abandonaron el agarre, para continuar con las caricias, tocaba sus glúteos, metía las manos entre sus piernas y presionaba su entrada.

— Joder, como desearía tenerte en este momento en mi cama, sobre mí, brincando —jadeó el alfa.

¡Joder, estaba tan húmedo!

Podía sentirlo bajando por sus muslos y manchando su ropa.

El alfa le quitó el enorme abrigo y acarició sus brazos, la tela cayó a sus pies y las fuertes caricias volvieron, estaba siendo muy rudo. Apretaba su pecho, su cadera y sus glúteos dolorosamente, de un momento a otro tomó su cabello y lo obligó echar la cabeza hacia atrás para empezar a repartir mordidas por toda la extensión de su cuello.

Descargas explotaron en su columna. Echó los brazos sobre los hombros del moreno para mantenerse firme y sus jadeos quedaron sobre el oído del alfa.

— Por favor... —Chilló, sentía que estaba a punto de terminar de nuevo y necesitaba decírselo, necesitaba tanto que el alfa se encargara de él.

Arañó un poco la espalda del moreno, encantado por cómo se sentían sus dientes raspándole la piel, Kai estaba gruñendo, cada mordida, cada caricia le repetía una y otra vez que le pertenecía.

Lo sabía.

Los alfas siempre tomaban posesión de todo sin preguntar, tomaban a los omegas como si fueran unos malditos juguetes abandonados a su suerte, los hacían suyos y los marcaban, y para el omega ya era imposible alejarse, decidir sobre lo que su vida depararía.

Porque los alfas siempre decidían por ellos.

Pero en ese momento se dio cuenta, en ese momento él estaba decidiendo, porque quería estar con él, quería que el alfa lo tomara y tal vez, que lo marcara también.

Quizás no estaba pensando bien, quizá era el celo que hablaba por él y quizás, solo quizás, no elegiría eso de estar en sus cinco sentidos.

Pero justo en ese momento, era lo que quería. Ahí, arrinconado contra un enorme árbol y siendo casi devorado por un enorme y salvaje alfa, él había decidido que quería las cosas así.

Kyungsoo sintió un enorme alivio cuando el alfa comenzó a desabrochar su pantalón, por fin sentiría su piel directamente.

Por fin estuvo abierto y esperó, ansioso, a que se lo quitara, a que lo desnudara para él. Pero no lo hizo, estuvo a punto, pero se detuvo en el último segundo, bufó y tomándolo de la mano tiró de él, llevándolo lejos de ahí.

— ¿A dónde me llevas? —Su voz sonó tan angustiada, tan inconforme que el alfa no pudo evitar reír un poco.

— A un lugar donde pueda follarte.

Esa respuesta le gustó, y lo demostró con un leve jadeo, pero no pudo dejar de preguntarse cuanto tiempo tomaría.

¿Cuánto faltaba para llegar, para poder sentirlo?

— ¿Por qué...? —Sus voz tembló, se detuvo y cuando el gran hombre lo encaró, miró el suelo, avergonzado— ¿Por qué no aquí?

¿Qué mierda le estaba pasando? Quejándose todo el tiempo de ser considerado un objeto y ahora le pedía a un maldito alfa algo tan bajo como ser follado ahí, en medio del boque, sobre la tierra como animales.

El alfa volvió a reír, ¡dios, comenzaba a amar ese sonido!

Gritó cuando su mejilla golpeó con fuerza en un árbol, de nuevo estaba siendo aplastado contra este, pero esta vez de espaldas al hombre. Pudo sentir el enorme cuerpo cubriendo al suyo, su miembro presionando en su espalda baja y el aliento sobre su nuca.

— ¿Aquí? —Susurró coqueto, las grandes manos se aferraron a su cintura y comenzó a restregarse contra él— ¿Te tumbo sobre el piso y te hago mío aquí?

Metió la mano bajo su pantalón y tomó su miembro con fuerza, la otra mano entró en su camiseta y le acarició el abdomen y pecho, hasta subir a su cuello y apretarlo.

— Sí.

¡No!

Comenzó a masturbarlo, la presión en su cuello aumentó y su cuerpo empezó a sufrir espasmos, su cuerpo chocaba contra el del moreno tratando de escapar de la tortuosa caricia en su miembro.

— ¿Te hago gritar para que todo el bosque pueda escucharte, aquí?

— Por favor...

¡No te atrevas!

Su mano siguió el camino hacia abajo, tanteando hasta que llegó a su entrada, acarició un poco y empujó, su dígito recorrió todo el camino hasta su interior. Y el omega gritó, su garganta se desgarró y su cuerpo se arqueó.

— ¿Aquí, para que la luna vea cómo te abres para mí?

— ¡Dios, si!

Por supuesto que no.

Sus pensamientos eran tan contrarios a lo que salía por su boca, su omega y él estaban en desacuerdo con lo que querían, él no quería algo tan denigrante como hacerlo ahí, a su omega no le importaba el lugar. Pero compartían el mismo cuerpo, y su maldito cuerpo estaba tan necesitado.

Kai siguió empujando su dígito dentro del pálido.

Sería así.

Su primera vez estando con un alfa, estando con alguien, sería así, en medio del bosque a la mitad de la noche. Y estaba enojado por eso, a pesar de que lo estaba pidiendo así. Odiaba tanto ser un omega.

— ¿Sabes por qué no aquí? —Preguntó, dejando de tocarlo.

— ¿Qué? —Chilló inconforme.

— Porque mi omega merece algo mejor —dijo sobre su oído con una especie de ronroneo.

Esas simples palabras tocaron algo dentro del omega, el calor se intensificó, su estómago se retorció y su mente se quebró, cayó al suelo y arrastrándose a los pies del alfa, le suplicó. Lágrimas rodaban por sus mejillas y lloriqueaba en un intento desesperado de que el hombre lo ayudara a calmarse. Que apaciguara el ardor en su vientre y lo llenara con su semilla, que aumentara la humedad entre sus piernas y lo reclamara. Quería ser suyo, al menos esa noche.

O quizá más, si es que el alfa quería.

Los ojos de este destellaron y luego fue lo único que Kyungsoo pudo ver.

Rojo.

Su cuerpo se quemaba y solo podía ver las llamas. El alfa no estaba haciendo nada para ayudarlo, quería gritarle que se diera prisa, pero de su boca no pudo salir nada más que sollozos y gemidos dolorosos.

Iba morir, o al menos sentía que así sería.

Justo cuando estaba por desmayarse, una calma lo envolvió, el olor que emanaba del alfa cambió, la excitación aun fluía entre ellos, pero el nuevo olor parecía calmarlo.

— Shh, tranquilo. —La voz del alfa lo arrullaba.

Abrió de nuevo los ojos. Lo primero que vio fue el oscuro cielo, adornado de miles de estrellas, los árboles se movían al compás por el aire, el frío viento lo hizo notar su cuerpo empapado por completo de sudor, también notó que ya no estaba en el suelo, el alfa lo estaba cargando, sus enormes brazos lo sostenían y caminaba con él.

Acurrucándose en su pecho, suspiró su nombre. El alfa sonrió si dejar de ver al frente.

— Espera un poco, omega —pidió, llenándolo más y más con su olor— Ya casi llegamos.

— Duele —susurró, sintiéndose como si estuviese anestesiado por la presencia del moreno— Kai, me duele.

— Lo sé, ¿sí? Estarás bien. —Parecía tan seguro que le creyó— No voy a tomarte aquí, joder, jamás pasará. Pero lo voy a hacer, voy a hacerte mío y aliviaré tu celo. Solo espera un poco más.

Gimió molesto, pero no dijo más, se acurrucó más en su pecho y volvió a cerrar los ojos.

Estaba dispuesto a arder un poco más si el alfa así lo quería.

Después de unos minutos que le parecieron eternos, los sonidos de los pasos sobre la tierra cesaron. Madera crujía bajo el peso de ambos, había llegado a algún lugar, pero estaba lo suficiente mareado como para volver a abrir los ojos, confiaba en que el alfa no le haría daño.

El viento cesó y el sonido de una puerta cerrándose los siguió, cuando el alfa intentó bajarlo se quejó, no quería perder su toque.

— Está bien, Kyungsoo.

Su nombre, el sonido de su nombre de los labios del moreno. ¡Dios, lo estaba volviendo loco!

Kai lo puso sobre la cama de rodillas y antes de que pudiera decir algo lo tomó por las mejillas y lo jaló en un profundo beso.

Sus labios quemaron, todo quemaba, joder, estaba ardiendo. Estaba seguro de que el alfa lo sentía, porque las llamas parecían salir por su piel, y si era así, quemaban las manos de Kai. Y esperaba que le gustara el fuego en él, porque no quería que dejara de tocarlo.

Quería que esas manos permanecieran mucho tiempo en su cuerpo, hasta dejar marcas, hasta que su huella estuviera siempre ahí.

Él también quería participar en esto, quería que Kai se sintiera tan excitado por su toque como él, pero no sabía qué hacer, no sabía dónde ni como tocarlo. Nunca había estado con ningún alfa y rara vez tocaba su propio cuerpo.

Así que dejó que su omega tomara el control, estaba seguro de que él podría hacer sentir bien al alfa.

Puso sus manos sobre los hombros del moreno mientras trataba de seguir el beso, trataba de tomar aire, pero el fuerte agarre en su rostro se lo impedía. Sus manos siguieron por el pecho de Kai hasta su abdomen, lo sintió contraerse bajo su toque. Llegó un poco más abajo y se alejó escandalizado.

Kai rio, divertido.

Cayó de espalda a la cama y alzándose sobre sus codos lo miró. Estando en el bosque, tan distraído por su olor y esos ojos, no reparó en que, estando desnudo, el moreno tenía su miembro a simple vista.

No se había detenido a mirarlo, lo había sentido contra su cuerpo, pero aun así no había notado lo grande que era. Y ahora, teniéndolo erguido frente a él, se moría por tocarlo, por sentirlo y probarlo.

Quería probarlo, tenerlo en su boca.

Gateó hasta él y lo sostuvo con sus manos, Kai se tensó. Lamió sus labios al tenerlo a centímetros, el aroma nublaba sus sentido y lo deseaba cada vez más.

Cuando comenzó a acercarse más, el alfa negó. Tomándolo por la barbilla lo hizo levantar la cabeza y se inclinó para dejar un beso en sus deliciosos labios.

— ¿Por qué no puedo tocarte? —Preguntó, avergonzado.

Tal vez había hecho mal al tocarlo y ahora estaba molesto.

— Porque yo me encargaré de ti. —Tomó su cabello y tiró de él— Solo disfruta.

La idea sonaba bien, claro que sí, pero él quería probarlo, conocer su sabor y tenerlo en su boca.

— Pero, yo quiero...

— He dicho que no —sentenció.

¡Joder! Kai no podía permitir que el omega lo tocara así, por lo menos no en ese momento. Estaba tomando todo de él mantenerse a raya, comportarse lo más humano que fuera posible y estaba siendo tan difícil, había estado tan conectado con su lado salvaje toda su vida. Pero sabía que no todos habían hecho lo mismo, que muchos estaban más conectados con su lado humano y estaba seguro de que el omega era uno de ellos. No podía simplemente inclinarlo y tomarlo. Por más que lo deseara.

Kyungsoo sintió sus ojos picar y dibujó un puchero, estaba a nada de ponerse a llorar, arrancó su rostro del agarre del alfa y miró fijamente la cama, con las lágrimas bajando por sus mejillas.

El alfa soltó una pequeña risa y se puso de cuclillas, tratando de encontrar su rostro. acarició su mejilla, borrando la lágrima y cuando sus ojos se encontraron, gruñó.

— Eres un omega berrinchudo —susurró con burla y pasó su pulgar por el labio inferior del pálido.

Pudo notar la expresión del omega cambiar y su sonrisa se ensanchó.

— ¿Te molesta que diga que eres un berrinchudo? —El moreno parecía estar tan divertido con la situación— Es la verdad.

— No —murmuró molesto— Que digas que soy un omega.

— Pero lo eres. —Arqueó una ceja confundido.

— Si, y lo odio.

Kai pareció estar unos segundos sin entender, de pronto tensó la mandíbula y se levantó. Su expresión había cambiado tanto y Kyungsoo lo notó, se veía aterrador, salvaje y tan enojado, parecía que iba a comerlo.

— Abre la boca —ordenó, el tono relajado y burlón había desaparecido.

Gimiendo, apretó las piernas y obedeció al instante, Kai tomó su mandíbula y lo apretó tan fuerte que ya no fue capaz de cerrarla. De pronto sintió el peso sobre su lengua, el sabor explotó en su boca y sus sentidos revolotearon. Gimió ruidosamente y sus ojos rodaron hacia atrás, todo su cuerpo se sacudía por el calor que quemaba su interior.

Intentó engullirlo, pero el alfa estaba decidido a llevar el ritmo él mismo. Empezó a restregar su miembro en la lengua contraria y al escuchar al omega gemir de nuevo, comenzó a empujar.

Aún no tenía ni la mitad dentro de su boca y ya sentía su mandíbula doler, las arcadas lo invadieron, pero no tardó mucho en acostumbrarse, sentía la suave piel en su lengua y el sabor ¡joder! No lo cambiaría por nada.

Tenerlo tan cerca solo hacía que el olor fuera más intenso, sus sentidos estaban nublados y se tragó un grito cuando las enormes manos viajaron a su nuca y tiró de él, entrando por completo en su boca.

El alfa echó la cabeza hacia atrás y gimió, un sonido tan grueso y salvaje, casi primitivo, que hizo al omega desearlo más, anhelaba escuchar de nuevo y toda la noche ese sonido. Quería que se corriera en su boca.

Pero el alfa tenía otros planes y tiró de su cabello. Casi lloró al dejar de sentir la presión en su lengua, el sabor seguía ahí, así que lamió sus labios y jadeó.

— Sabe tan bien —susurró poniendo los dedos sobre sus labios.

Kai recargó las manos sobre la cama y trató de agarrar aire, sus ojos volvían a destellar y sus caninos salían a la luz, estaba perdiendo el control, iba a asustar al omega si se entregaba por completo a su celo, pero este no ayudaba, seguía lamiendo sus labios, se acariciaba a sí mismo y seguía gimiendo.

Kyungsoo comenzó a desesperarse, porque el alfa no se movía. Sabía lo que pasaba, no era tan tonto, el alfa estaba tratando de contenerse, pero él no quería eso, no quería que se contuviera.

— Kai —susurró, tembló cuando los ojos del moreno lo miraron, se veía tan salvaje— Por favor...

— ¿Por favor qué, omega?

Lo necesitaba, necesitaba que perdiera el control, no importaba si lo lastimaba, le pertenecía, podía hacer con él lo que quisiera.

— Alíviame, alfa.

Y lo vio.

Vio el momento exacto en el que su mente se rompió. El gruñido gutural que soltó alteró su cuerpo por completo, apretó las piernas tratando de calmar la necesidad y se mordió el labio.

Chilló cuando lo tumbó violentamente sobre la cama y con sus enormes manos desgarró su camiseta y lanzó los pedazos a un lado, no le dio tiempo de decir nada porque se inclinó sobre él y pescó uno de sus pezones con los dientes, haciéndolo arquearse.

Su cuerpo empezó a doler, demasiado, no podría soportar más tiempo, su cuerpo se sentía vacío, no sabía por qué anhelaba tanto tenerlo dentro si jamás había sentido algo como eso.

Estaba a punto de pedirle de nuevo que lo ayudara, pero antes de hacerlo sintió una caricia en su hombro.

— ¿Qué es esto? —Se escuchaba molesto, y Kyungsoo tuvo que seguir la mirada del alfa para entender a qué se refería.

Había marcas, enormes marcas moradas sobre sus hombros.

— Chan —susurró.

Lo que le había hecho aún dolía, pero no tenía idea de que habían quedado marcas, y se veían más dolorosas de lo que realmente eran.

La expresión del alfa se endureció y Kyungsoo temió que eso lo hiciera enojar. Y no se equivocaba, Kai estaba más que furioso.

¿Cómo se atrevía, quien quiera que fuera, a marcar su propiedad?, ¿Quién había tenido la osadía de tocar algo que le pertenecía?

Estaba a punto de preguntarle quién había sido para ir directo a matarlo, pero al dirigir su vista de nuevo al omega se dio cuenta de que no era el momento para eso. Kyungsoo se veía preocupado, pero su rostro seguía sonrojado y levantaba las caderas para restregarse contra las suyas.

El omega necesitaba que se encargara de él, que se encargara de aliviar el ardor en su cuerpo y como lo había dicho antes, estaba ahí para atenderlo.

— ¡Mierda! —Gruñó, decidido a dejar lo de las marcas para luego.

Porque claro que arreglaría eso después.

Besó los labios del pálido de nuevo, tratando de demostrarle que todo estaba bien y comenzó a bajar.

Sentir esa lengua recorriendo su piel era maravilloso y estaba perdiendo la cordura. Sus gemidos subieron de intensidad cuando notó que no se detendría, el alfa siguió bajando hasta llegar a su pantalón y tiró de él, llevándose consigo su ropa interior.

Dejándolo completamente desudo. A su merced.

Se metió entre sus piernas y los muslos los subió a sus hombros. Estaba tan avergonzado por encontrarse así de expuesto. Tal vez para el alfa era fácil, no tenía absolutamente nada de qué avergonzarse, pero él, ¡Dios! Le preocupaba tanto que a Kai no le gustara lo que veía.

Pero quería eso, quería que dejara de quemar. Así que bajó la mirada, hasta encontrarse con los ojos contrarios.

Cuando notó que el omega lo miraba, le guiñó, con una sonrisa coqueta, eso solo lo hizo sentir más húmedo y sus muslos se apretaron sin querer, manteniendo al moreno preso entre sus piernas.

El alfa le dio unos leves golpes en el muslo, pero al ver que no lo soltaba se inclinó un poco y pasó la lengua por su miembro, saboreándolo. Gritó arqueándose, eso se había sentido de maravilla, pero era tan vergonzoso y cuando esa hábil lengua bajó un poco más, no pudo soportarlo.

Intentó alejarlo, tomó su cabeza y lo empujó. Kai gruñó y dándole una fuerte nalgada le ordenó que se quedara quieto.

— Alfa... —Sollozó, su piel ardía por el golpe.

— Tranquilo, se sentirá bien.

Su voz ya no se escuchaba tranquila como cuando recién se encontró con él, se escuchaba salvaje, totalmente demandante. Su mente se perdía en el tono en el que le hablaba el alfa y lo obligaba a entregarse por completo.

El omega estaría encantado de obedecer a cada una de sus exigencias.

Dándole un pequeño asentimiento al moreno, puso su cabeza sobre la almohada y cerró los ojos. Pudo escuchar su risa, el alfa sabía lo avergonzado que estaba y se estaba burlando de él, pero no le importaba, creía en la palabra del alfa, le dijo que lo haría sentir bien, y él quería sentirse bien.

Tomando las piernas de Kyungsoo las abrió y sintió su miembro palpitar.

¡Joder! El omega era perfecto de la cabeza a los pies.

El aroma parecido a vainilla inundaba ese pequeño cuerpo, llenando sus sentidos y jugando con su control. Entre sus piernas la humedad era tan visible. El pálido estaba tan mojado y él se moría por saborearlo.

Pasó su lengua en una lenta y tortuosa caricia por los lechosos muslos y su lobo arañó, exigiendo salir y ser él quien follara al omega. El sabor explotó en su boca y jadeó, hambriento.

Separando sus glúteos, hundió el rostro en su cuerpo. El omega gritó y sus gemidos se volvieron tan escandalosos, pero él estaba más ocupado probando lo dulce que era. Más de lo que había imaginado.

Kai tenía poco que había llegado a ese bosque, se había alejado de su manada en lo que al principio fue un intento fallido de encontrar su otra mitad. Su celo estaba cerca y decidió quedarse aislado para evitar hacer algo de lo que pudiera arrepentirse, pero ese día lo olió en el busque

Ese hermoso omega caminando solo por el bosque, la luna iluminando su pálida piel y el viento atrayendo el dulce aroma directo la nariz del alfa. Quiso acercarse, decirle algo como:

“— Hola, me presento, soy tu alfa”.

Pero su control había fallado, dejó que su lado salvaje tomara el control y lo acechó, lo cazó como una presa y solo había logrado asustarlo.

Desde el momento que se perdió de su vista deseó volver a verlo, deleitarse de nuevo con su aroma e inevitablemente su celo se adelantó.

Y cuando regresó, quiso hacerlo de otra manera, no pretendía asustarlo, pero ver a ese otro alfa tocarlo lo había vuelto loco y su aroma se esparció. Sabía que el omega estaba a punto de tener su celo y que era su culpa. Así que aseguró de llamarlo, de hacerlo volver a él.

Porque solo él podía aliviarlo.

— Kai... alfa, por favor...

A Kyungsoo le era imposible dejar de gemir. Tomó el cabello del alfa y tiró de él, tratando de subirlo a sus labios, el sonido que hacía mientras lo lamía era tan sucio y húmedo, y le fascinaba como se sentía, pero su interior suplicaba sentir algo.

— Tómame, por favor —suplicó.

Asintiendo, el moreno consideró también que ya había sido suficiente de juego previo, se arrodilló entre las piernas del omega y tomando su miembro, lo alineó a su entrada.

— Kyungsoo, mírame —dijo el alfa en tono demandante, lo obedeció, luchando contra la necesidad de lanzarse sobre el miembro del moreno— Sé que en el momento que entre en ti voy a perderme por completo, y ¡mierda! No quiero asustarte, pero en verdad deseo tanto marcarte.

El omega gimió, la idea le parecía tan descabella y era de lo que pasó quejándose la vida entera, pero en el fondo también lo deseaba tanto, era lo que su ser necesitaba y tal vez negar lo que era jamás estuvo bien. Estaba seguro de que Kai sabría enseñarle a quererse a sí mismo.

— Puedes hacerlo. —El susurro fue bajo y ya no lo miraba a los ojos, el alfa se inclinó sobre su rostro y tomó sus labios, tratando de llamar su atención de nuevo.

— Tienes que estar seguro, completamente, Kyungsoo. —Acarició su cuello, ahí donde la marca quedaría— Porque una vez que tengas mi marca, serás mío para toda la vida, niño. Y de mí nunca podrás escapar.

— No quiero que me dejes ir.

Kai empezó a reír, al parecer divertido por las palabras del omega y con un movimiento de cadera comenzó a empujar, su miembro entró lentamente en él, estirando tanto al omega.

— No pensaba hacerlo, lindo —gruñó sobre su oído.

Kyungsoo abrió la boca, pero no salió ningún sonido, jamás había sentido algo como eso, algo tan maravilloso como ser llenado de esa manera, se sentía tan completo y cuando lo metió hasta el final, gritó.

— Aún sin mi marca, me perteneces. —Besó su cuello, empezando un lento vaivén— Y haré todo lo que esté en mis manos para que quieras tenerme también.

— Kai... —suplicó.

— Soy capaz de lo que sea, mi lindo omega, para que desees que sea tan tuyo como eres mío.

Las lágrimas salieron y su espalda se arqueó, el placer estaba siendo demasiado para su cuerpo y había empezado a temblar sin control. De pronto un fuerte agarre llegó a su cadera y ahí creyó perder la razón, el alfa comenzó a dar estocadas rápidas y duras, como si quisiese partirlo en dos.

Por el choque contra el cuerpo del moreno pudo sentir el nudo empezando a formarse en la base de su pene y deseó sentirlo dentro, conectado y enganchado a su cuerpo.

Ya no había nada humano en él, el movimiento violento y errático en su cuerpo, los primitivos gruñidos, el destello rojo en sus ojos y sus colmillos a la vista demostraban que Kai había perdido la batalla.

Kyungsoo estaba tan perdido en el placer que no pensó en todas las marcas que su cuerpo tendría la mañana siguiente, el fuerte agarre en sus caderas, y todas las mordidas por su pecho, cuello y brazos dejarían enormes hematomas dolorosos.

— También quiero... ¡ah, dios! Quiero que seas mío.

Kai gruñó, volvió a entrar de golpe y se quedó ahí, encantado de los espasmos en el cuerpo de su omega.

— Lo soy. Siempre lo he sido. —Con un fuerte empuje el nudo empezó a abrirse paso dentro del pálido, y con una sonrisa, susurró sobre su oído— Y para siempre, tú me pertenecerás.

Kai besó su hombro y pasó la lengua lentamente, dándole al omega tiempo de arrepentirse, quería que estuviera seguro. Pero el omega lo estaba, tomó al alfa de la nuca y tiró de él, incitándolo a que lo hiciera.

El alfa volvió a gruñir, su cuerpo se tensó y las estocadas se volvieron más torpes, estaba a punto de correrse.

— Vas a ser mío.

Kyungsoo cerró los ojos al sentir un agudo dolor en su cuello, sollozó y las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, no había sentido nada tan doloroso nunca, sentía como si le estuviera arrancando un pedazo de su cuerpo, como si un animal salvaje lo estuviera comiendo vivo, quiso alejar al alfa, pero este tomó su mano y acarició su cintura, arrullándolo, tratando de calmar su dolor.

Sus caricias estaban sirviendo para distraerlo, funcionando como anestesia y a los segundos entendió a lo que todos esos omegas se referían, realmente lo entendió porque si vio el cielo y miles de estrellas, sintió su corazón detenerse por un momento y después continuar al compás del corazón del alfa, porque ahora eran uno mismo.

Por un momento pudo sentir todo lo que él sintió, y deseo lo que él deseo.

Acarició la mejilla del alfa, sintiéndose como si estuviera flotando en una nube y la oscuridad lo cubrió.

Se sintió tan ligero y feliz hasta que abrió de nuevo los ojos, sus caderas dolían tanto y ni hablar de su cuello, tenía unas inmensas ganas de llorar y más cuando se dio cuenta de que se encontraba solo en la cama.

Miró hacia todos lados, quería buscar a Kai, pero sabía que no sería capaz de mantenerse de pie. Como pudo se sentó y tomó la manta para cubrir su cuerpo desnudo.

En ese momento de dio el tiempo de observar a dónde lo había traído el alfa la noche anterior. Se trataba de una cabaña, bastante amplia y acogedora como para estar en medio del bosque, había pasillos que posiblemente llevaban a otras habitación, pero sabía que él no se encontraba en ninguna de estas, no podía sentir su aroma, más allá del que había sombre las sábanas e impregnado en su cuerpo.

Las lágrimas brotaron y el enojo lo invadió.

¿Qué demonios le estaba pasando? Parecía un estúpido omega enamorado, ahí llorando porque el alfa con el que pasó la noche no despertó a su lado.

Tenía que levantarse e irse de ahí si quería conservar, aunque sea, un poco de dignidad.

Buscó con la mirada su ropa, solo para darse cuenta de que estaba destrozada. Bien, tendría que volver desnudo.

O tal vez podría encontrar algo del alfa.

Si, y así poder conservar algo con su aroma.

Gruñó ante el pensamiento, por supuesto que no lo hacía por eso, simplemente sabía que no era buena idea estar fuera sin nada de rompa, sin algo que cubriera todas las marcas en él.

Dispuesto a salir de ahí bajó de la cama, no prestó atención cuando la puerta se abrió, porque en el momento que sus pies tocaron el suelo un punzante dolor invadió cada centímetro de su cuerpo, sus rodillas cedieron y cayó estrepitosamente al suelo, soltando un grito.

— ¿Qué haces? —El regaño vino desde la puerta— No deberías levantarte.

Sintió unas manos en su cuerpo y el aroma del alfa envolverlo, aún tirado sobre el suelo lloriqueó, tratando de que él moreno borrara la expresión tensa y lo arrullara.

Kai lo tomó en sus brazos y lo levantó, el jalón provocó que otra oleada de dolor lo atravesara y sollozó.

¡Dios, sentía que iba a desmayarse!

El alfa comenzó a arrullarlo y lo puso sobre la cama, sonriendo al ver que el omega se acurrucaba contra su cuerpo.

— Tienes que descansar, Kyungsoo —Susurró acariciando su cabello.

“No estabas” Quiso decirle, pero le avergonzó la idea de verse dependiente a él. Así que trató de ocultar su tristeza mirando hacia otro lado, intentando evitar su mirada.

— Fui a cazar mientras dormías —aseguró como si leyera su mente, tomó su barbilla y lo hizo voltear— No creí que despertarías tan rápido.

Mordió su labio, había sido demasiado obvio y el alfa notó que estaba triste por su ausencia, al mirarlo, se perdió en esos hermosos ojos que la noche anterior destellaban rojos en la oscuridad, pero ahora, de un noto avellana, parecían atravesarlo por completo.

— ¿Estás bien?

Kyungsoo reaccionó cuando la pregunta llegó a sus oídos, sus mejillas ardieron y negó, cubriendo su rostro con sus manos.

— Me duele todo —gimió.

Y aunque la risa que soltó el alfa sonó bastante agradable para sus oídos, solo provocó que la vergüenza aumentara.

— Lo lamento —susurró, se sentó detrás de él y lo acostó contra su cuerpo, lamiendo la herida en su cuello, la cual se veía bastante dolorosa aún— ¿Tienes hambre?

Gimió una pequeña afirmación, manteniendo sus ojos cerrados, disfrutando lo bien que se sentía la atención del alfa sobre él, y su olor que, a pesar de ya no ser tan fuerte como la noche anterior, aún parecía envolverlo y arrullarlo.

Kai estuvo acariciándolo para tratar de calmar su dolor hasta que cayó dormido de nuevo, besó sus labios un par de veces y se levantó con mucho cuidado para no molestarlo.

Sabía que Kyungsoo estaba más arraigado a su lado humano que él, así que suponía que no aceptaría comer lo que había cazado así, tendría que cocinarlo o estaba seguro que el pálido vomitaría.

Mientras preparaba la carne no pudo evitar estar mirando constantemente hacia la cama, maravillado por la vista que tenía. Ese maravilloso y pálido cuerpo tendido sobre las sábanas, dejando ver todas las marcas que él le había hecho mientras lo tomaba, los moretones sobre su cadera por donde lo había sostenido mientras se hundía en él, todas las mordidas y marcas moradas en su cuello, pecho y brazos. Y sobre todo, las mordidas en sus muslos, las cuales habían provocado tantos gemidos de parte del omega que se aseguraría de volver a hacerlo.

Sabía que le dolía, porque cada vez que se movía se quejaba, y aunque estaba muy preocupado por él, un sentimiento de satisfacción lo recorría al saber que él era el causante de eso.

Pasaron muchas horas y se aseguró de prepararlo todo muy bien para el momento que su omega despertara.

Cuando la noche comenzaba a caer de nuevo el omega despertó, era normal que después del primer día de celo durmiera mucho, ocupaba recuperar demasiada energía.

Le sonrió mientras se acercaba, le fascinaba ver lo que provocaba en él, como se sonrojaba y sus piernas se apretaban. Joder, su otra mitad era perfecto y no podía estar más agradecido.

— Vamos, precioso.

Lo tomó en sus brazos y se aseguró de ser más cuidadoso esta vez, y envolviéndolo en la sábana, lo llevó a la mesa, colocándolo sobre la silla.

Kyungsoo agradeció cabizbajo, su situación lo hacía sentir tan indefenso y odiaba ser así, pero una parte de él estaba tan complacido por las atenciones recibidas y no quería que cambiara.

El alfa puso un plato frente a él y él estaba fascinado por el olor, no tenía idea de que el hombre supiera cocinar. Y no solo olía tan bien, sabía maravilloso y no podía evitar gemir de gusto cada vez que tomaba un bocado.

Cuando terminó, el moreno volvió a cargarlo y lo llevó al baño. Tenía la bañera preparada para él, cuando lo hundió en el agua tibia el dolor pareció disminuir y se le escapó un sonido de placer. Kai sonrió y con sus manos comenzó a acariciarle la piel, tratando de eliminar todo el sudor y la sangre que lo cubría.

— Kai —susurró, mirándolo a los ojos.

Eso fue lo único que dijo, pero el alfa entendió al instante que era lo que quería, se inclinó a besar sus labios y después comenzó a desnudarse, sin ningún pudor frente al omega, una vez que se encontró sin ropa, se metió también a la bañera, colocándose detrás de él y abrazándolo, acariciando su abdomen.

— Mi bello omega —dijo contra su oído.

El olor del omega comenzaba a volverse más intenso, su celo aún no había terminado y el alfa estaba más que dispuesto a aliviarlo las veces que fueran necesarias.

°°°

Los días que duró su celo estuvo encerrado en esa cabaña, siendo atendido por el moreno, pero sabía que sus amigos estaban preocupados y aunque quiso encontrarse con ellos, Kai no se lo permitió, comportándose completamente posesivo.

Pero ahora estaba bien, su calor había acabado y tenía que ver a Baek, necesitaba tanto verlo.

El alfa se encargó de guiarlo hacia donde se había citado con el otro omega, en ese hermoso capo de flores, pero se mantuvo oculto dentro del bosque en su forma animal.

Cuando se encontró de frente al otro omega lo notó, Baekhyun lo sabía, sabía lo que le había pasado sin necesidad de decir una palabra.

— ¡Felicidades, Kyung! —Chillo, lanzándose a sus brazos— Me da tanto gusto por ti.

— Baek, tenías razón, lo encontré y ¡joder! Jamás me sentí tan tranquilo y unido a esa parte de mí que quería negar.

El castaño lloriqueaba sobre su oído, tan feliz de que él aceptara lo que era y encontrara a alguien con quien compartir su vida. De que encontrara a su otra mitad.

Un fuerte gruñido los hizo separarse, un gran lobo gris caminaba hacia ellos, Chanyeol le mostraba los dientes, en una clara amenaza. Quería que soltara a Baek.

— Tranquilo, amigo, solo lo saludaba —se burló.

Siempre le había resultado gracioso lo celoso que era su mejor amigo respecto al castaño y jamás perdería la oportunidad de burlarse de él.

Chan volvió a gruñir e hizo el amago de lanzarse sobre él, pero se detuvo abruptamente, un enorme lobo negro emergía del bosque, a pasos decididos y mirándolo como si quisiera matarlo.

El gruñido de advertencia hizo retroceder.

Kyungsoo rio y se acercó al lobo, acariciando su pelaje, Kai se acurrucó en su toque y gruñó encantado, pero sin despegar la vista del otro lobo.

Le sonrió como disculpa a sus amigos cuando sintió como el alfa lo tomaba por la camiseta con sus dientes y tiraba de él de nuevo hacia el bosque.

Una vez que estuvieron alejados se zafó del agarre y lo encaró.

— Ni siquiera me dejaste hablar con él —se quejó, cruzando los brazos.

El lobo bajó las orejas y le dio un empujón con el hocico, jugueteando para tratar de que no se molestara.

— Son mis amigos, Kai, ambos. Y tengo días sin hablar con ellos.

Bajó la cabeza y volvió a gruñir, pero Kyungsoo sabía que no estaba molesto, podía sentir su angustia, quizás Kai no se había detenido a pensar en el vínculo que ahora los unía, pero ahora, para él, el sentir del alfa era tan transparente.

— Kai.

Aún con las orejas pegadas a la cabeza, el lobo le dio un empujón hacia el campo de flores, indicándole que volviera con sus amigos.

Apenas alcanzó a dar dos pasos cuando una profunda angustia lo invadió, volteó hacia Kai, parecía estar incluso asustado y aun cuando se veía tan imponente en su forma animal, para él, parecía un cachorro abandonado.

Corrió hacia él y lo abrazó por el cuello.

— Claro que volveré a ti, alfa —aseguró, riendo cuando empezó a lamerlo— Siempre volveré a ti.

Porque en ti encontré lo que buscaba.

Y me encontré a mí mismo.